EL GRAN GOLPE DE ESTADO TRANSGÉNICO

Alrededor del año 2440, cobró una gran importancia la manipulación humana con ingeniería genética para diseñar a los futuros policías de la ciudad de Nueva York. Así nació un varón llamado Scott, cuya información genética fue corregida para evitar problemas hereditarios, como la miopía, el cáncer...; y proporcionarle una mejor resistencia física. Scott empezó a asistir a la escuela y desde pequeñito ya tenía claro que su sueño era ser policía. Soñaba con patrullar las calles de la ciudad, persiguiendo y deteniendo a delincuentes, haciendo justicia en aquel lugar, especialmente en el barrio de Brooklyn, lugar que le traía malos recuerdos a la cabeza.

Pasaron los años y más años y, cuando el joven hubo acabado sus estudios, decidió alistarse en la lista a candidatos para realizar las oposiciones a guardia, pero para el momento que quiso hacerlo, su madre ya le había inscrito en una determinada academia. Se presentó allí el primer día, rellenó todo el papeleo sobre el curso y le pidieron una muestra de su ADN, él se extrañó pero no hizo demasiadas preguntas el primer día. Además, conoció al que sería su profesor y tal vez algún día futuro jefe, el señor Watson. Este le ordenó quedarse hasta que finalizarán varias pruebas a las que debían de ser sometidos sus muestras para confirmar su posible aceptación y así hizo. Más tarde, al leer los resultados, desconocía una parte, así que al regresar a casa le preguntó a su padre, ya que también era policía y se había formado en la misma academia en la que él iba a hacerlo. En ese momento fue cuando Scott descubrió el secreto que sus padres le habían ocultado durante toda la vida, su primera reacción fue de enfado pero varios segundos después se le olvidó y comenzó a hacer preguntas serias como si de un interrogatorio se tratara. Su padre le contó toda la historia con todo detalle. Consistía en que, cada año, un determinado número de niños serían modificados para poder trabajar para la CIA (Agencia Central de Inteligencia) y ahí tal secretismo porque nadie podía enterarse de que ese pequeño niño algún día estaría buscando a traficantes, mafiosos, ladrones... Pero Scott no era un niño cualquiera, ya que su padre, ya retirado de dicho puesto de comisario, había sido uno de los soldados que más medallas de honor y méritos había conseguido, así que la CIA tras enterarse de su futuro niño no quiso perder esa oportunidad.

El muchacho comenzó las prácticas en el cuerpo de policía varios días después y no podía estar más encantado, no sólo porque le interesaban esos temas sino por el simple hecho de haber sido seleccionado antes de haber nacido. Le aburría un poco tener que estudiarse todas las leyes, sanciones, etc. pero solo con pensar en el futuro que tenía por delante, se motivaba más y más para asegurarse que conseguiría seguir los pasos de su padre. Pasados duros años de entrenamientos físicos, largas noches en vela estudiando y diversos proyectos, Scott se graduó. Fue destinado a trabajar en la central de la CIA, que estaba situada en las afueras de la ciudad. Llegó allí el primer día y al ver todo lo que sucedía a tan solos unos kilómetros de su casa, se quedó atónito con la boca abierta. Jamás hubiera podido imaginar tal cosa y menos en la cantidad de personas que se encontraban haciendo en ese momento o pruebas atléticas, o experimentos... El señor Watson fue su guía, le resolvió toda las dudas que tenía y le contó un poco como funcionaba todo. Tenían alredor de unas 5.000 personas transgénicas trabajando para ellos, con grandes habilidades e impresionantes coeficientes intelectuales. Watson le mostró su equipo de compañeros y el camarada que sería su nuevo profesor. Scott aprendía rápido, tanto que tuvo que ser cambiado varias veces de nivel por el increíble avance que había tenido en tan poco tiempo. Además, aparte de los entrenamientos, en alguna ocasión había salido con los profesionales a cumplir las misiones.

Años más tarde, tras Scott haber adquirido todas las técnicas de perfeccionamiento de su trabajo fue nombrado jefe supremo de la CIA, cosa que a su padre no le pudo hacer más feliz en la vida. Todo parecía genial, la vida le iba bien, había conocido a una chica, tenía un buen trabajo... pero a él con eso no le bastaba, ya que nunca había llegado a entender la injusticia de que él fuera una persona transgénica y el resto no, siendo que eso conllevaría una mejor vida. Sin pensárselo mucho más, reclutó a las 5.000 personas modificadas e hicieron un golpe de Estado proclamando la igualdad para todos. Finalmente, toda la sociedad se modificó genéticamente produciendo así grandes mejorías en la vida de aquella ciudad de Nueva York.