VIAJE INOPORTUNO

Anna era una joven adolescente, que se sentía muy sola por la muerte de sus padres seis meses atrás, por lo que ahora vivía con su abuela.
Anna se había juntado con un grupo de tres chicas más en el instituto las cuales también echaban en falta algunos familiares. Estaban muy deprimidas, por lo que las cuatro chicas decidieron ir a vivir a una isla desierta para medio año, quizás así desconectarían de la vida en el pueblo y se olvidarían de las recientes muertes.
Aquella isla parecía que nunca había sido descubierta por ningún explorador. Estaba en medio del océano Índico y poseía fauna y flora muy extraña y distinta de lo normal. Desde tortugas marinas con pinchos en el caparazón, hasta delfines rosas y lilas que parecían sacados de la misma China. Plantas de aloe vera con purpurina, arbustos multicolores…La vida en esa isla era totalmente diferente. Anna y sus amigas lo pasaban bien allí y cada día se topaban con algo distinto, cada animal era un amigo y cada planta un ser de compañía.
Hasta la fecha, todo iba en orden, hasta que un día dos de las chicas desaparecieron mientras habían ido a coger cocos. Anna y la única amiga suya que quedaba estaban muy preocupadas tras haber estado buscándolas tres horas y media. Al anochecer encontraron los cuerpos de sus dos compañeras, a su alrededor había un tipo de luciérnagas chupándoles la sangre. Asustadas, Anna y la muchacha decidieron que sería mejor regresar al pueblo y contar los últimos sucesos, por lo que aquella cálida noche tomaron el bote y se pusieron en marcha, sin dejar de estar extrañadas y asustadas por las dos últimas muertes.
En mitad del camino por el océano, un haz de luz se hizo en el cielo, y una gran ola consiguió atrapar a la amiga de Anna y llevarla al fondo del agua. Anna no pudo coger a su amiga, por lo que estaba sola, más que nunca, ya la presencia de sus padres cada vez se echaba más en falta.
Anna se armó de valor e intentó remar más fuerte para llegar pronto a su casa, lo que ella no sabía es que eso nunca llegaría a suceder.
Unos fuertes brazos saltaron por detrás de Anna y estrangularon su cuello fuertemente. En sus últimas palabras, solo pidió ayuda y susurró, -papás, ojalá pudierais estar aquí, conmigo, dónde la muerte se haría menos dolorosa-.

A la mañana siguiente, Anna amaneció sudorosa entre sus sabanas, todo había sido una pesadilla, la peor de su vida, junto cuando presenció la muertes delante de sus ojos.