Caminando hacia la autodestrucción.

Mi madre a menudo me repite que no quería que yo hubiese nacido, que no fui una hija deseada. Esto no quiere decir que no me quiera, ni mucho menos. Por el contrario, cada vez que me dice que hubiera preferido no haberme concebido, me recuerda que me quiere más que a su vida. Y yo la creo. Entre ella y yo no hay mentiras, no hay secretos. Desde pequeña me ha contado las cosas tal y como son, suavizándolas acorde a mi edad en ese momento, claro, pero nunca me ha ocultado el verdadero porqué de mi existencia en este horrible mundo.
En el año 2023 el planeta Tierra sufrió una crisis mundial por superpoblación, la cual a su vez vino acompañada de una crisis económica y política internacional. Todo empezó cuando el petróleo, después de muchos años de advertencias y búsqueda de fuentes de energía alternativas, se agotó. No quedaba ni una sola gota. Los vehículos constituían un gran problema, por supuesto, pero cuando el planeta entero se vio en la situación real, se percató de que el petróleo estaba mucho más presente en nuestras vidas que solamente en forma de combustible. Además, dejando a un lado la crisis del petróleo, hasta el actual año 2023 la población mundial se había disparado, llevando al límite la explotación de los pocos recursos naturales de los que disponía lo que en un tiempo fue un bello planeta.
Hasta que un día, pasando prácticamente inadvertida, como si de una asesina sigilosa se tratase, una fuerte sequía azotó decenas de países a lo largo y ancho del planeta. En los países desarrollados, la población no fue debidamente informada de los cortes en el suministro del agua que pronto acaecerían, limitando el uso del agua a tan solo 3 horas diarias y una asignación concreta de litros por persona. En los países subdesarrollados, pues aún lo eran muchos, directamente no se advirtió a la población de la falta de agua; al fin y al cabo llevaban sufriendo sequía cerca de 2 años, sobre todo en el continente africano.
Como es lógico, sin agua tampoco se podían regar los extensos campos de cultivo, ni se podían satisfacer las necesidades de la industria ganadera. La falta de lluvia hizo que aumentase la cantidad de contaminación en la atmósfera, haciendo el aire de las ciudades altamente tóxico y prácticamente irrespirable. De hecho, los casos de afecciones pulmonares derivadas de la contaminación aumentaron en un 65%.
Ahora estamos en el año 2052. Sí, la humanidad sigue en pie. Bueno, se podría decir que sigue en pie pero coja, manca y tuerta. En el colegio nos enseñaron los errores que cometieron nuestros antepasados, supongo que con la esperanza de que no volviésemos a autodestruirnos los unos a los otros ni a nuestro planeta, pues es la mano que nos alimenta. Pero viendo los libros de historia, está claro que el ser humano es el único animal que tropieza no dos, sino cien veces con la misma piedra hasta que la coge para lanzársela a un igual.
Mi madre no quería tener hijos, y cada vez comprendo mejor por qué. Yo tampoco quiero tenerlos. No es justo traer obligado a alguien a este mundo en el que sabes que va a sufrir, que no va a ser completamente feliz, que va a vivir una vida que no le va a pertenecer al 100%. Pero me veo obligada a procrear, al igual que se vio obligada mi madre hace 17 años.
Cuando se desató la crisis mundial, los gobiernos eran sumamente frágiles. Pero apenas 10 meses después, lo único que importaba en esos momentos era mantenerse con vida. La población se redujo drásticamente (y lo haría aún más) debido a la inanición y a la deshidratación, además de las enfermedades que causó la contaminación, pero seguía sin haber suficientes recursos para todos. Cada cual sacaba adelante a su familia como podía, el mundo estaba sumido en un completo caos, hasta que se desató la 3ª Guerra Mundial. No fue una guerra con un armamento increíble, con tanques por las ciudades y bombarderos sobrevolando el firmamento. No. Fue aún peor. En apenas 5 años, mediante el uso de armas biológicas, el 97% de la población murió. Mucha gente cree que todo estaba planeado, que cuando nos viéramos sin recursos deberíamos recurrir al genocidio masivo, donde solo los más fuertes, biológicamente hablando, sobrevivirían. Y mi madre fue una de ellas.
Después de aquel exterminio era necesario repoblar el planeta para garantizar la supervivencia de la especie, y todas las mujeres se vieron obligadas a dejarse fecundar en contra de su voluntad, tuvieran 13 o 60 años. El mundo se volvió aún más cruel y sádico. No me sorprende que mi madre no quisiera haberme engendrado. A mí tampoco me gustaría haber nacido.