Los cimientos de la anarquía

Es increíble como una simple decisión, tomada por una persona, puede desencadenar tal destrucción.
Lo que tardamos en evolucionar y construir, lo que tanto queremos y odiamos no son más que ruinas perdidas entre el caos y la desesperación de sobrevivientes. Todo gracias a un invento bélico recién desarrollado: La bomba H. Siempre nos hemos sentido superiores a otros seres pero nunca una fusión de núcleos de átomos de hidrógeno, algo que parece simple, nos provocó tanto miedo.
Ahora vago por las calles, si se pueden llamar así, en busca de recursos para sobrevivir. Evitando cualquier persona para no contagiarme de duras enfermedades o quedarme sin mi traje anti-radiación. Empieza a anochecer así que lo mejor será volver al refugio. En este mundo sin gobierno, donde reina aun más la anarquía por la noche, hay que tener cuidado con las bandas que, sin piedad, acaban contigo y todos tus bienes, al igual que podrían quemar este diario.
Ya, a salvo de bandas, empiezo a cocinar una lata de fabada encima del fuego.
Sigo arrepentido de haber pertenecido a las fuerzas militares del gobierno. Siempre defendían la nación pero creerse superior a otros acabó con lo que podía haber sido una gran amistad y acabo como una gran guerra.
Acabo de escuchar un ruido. Es una banda que me ha seguido, así que mejor voy a coger todas las provisiones que pueda y buscar un nuevo refugio. Mientras intentan abrir la puerta delantera, yo salgo por la de atrás.
He cogido mi coche o lo que queda de él para desplazarme hasta las afueras, en el campo. Dormiré en el coche hasta que amanezca.
Me despierto y lo primero que veo es una niña con deformaciones golpeando la luna del coche. Me pide entrar porque unos bandidos la persiguen así que le deje entrar ya que los bandidos estaban aproximándose. Arranqué el coche y nos fuimos hacia la costa.
La niña me cuenta que se llama Mary y que perdió a sus padres cuando cayó una de las miles de bombas. Tras esa breve historia el resto del trayecto estuvimos en silencio.
Una vez en la costa, dejé el coche a las afueras de un pueblo y nos hicimos con una casa abandonada. Preparé otra vez fabada, fabada que esta vez pude disfrutar al igual que Mary, que parecía muy hambrienta. Mientras Mary dormía yo montaba guardia por si venían bandas. Pero de repente noto como un cuchillo se clava en mí, me giro y veo a Mary riéndose mientras escapa con todas mis provisiones. Al fin y al cabo me lo merecía, porque lo que hice no estuvo bien. Y si alguien encuentra este diario, quería pedirle perdón a él y a todo el mundo. Sé que no fue una buena decisión, porque nadie quería esto. Yo fui el que empezó este caos, yo tomé la decisión de pulsar el botón. Pero al igual que el ciclo del agua todo se renueva, aunque haya que empezar de cero. Ahora puedo morir en paz.