¡Qué me embarro!

Era más rápida y más fuerte y todo del día a la mañana… Al principio todo fue muy raro y todo desde aquel “accidente”, no me podía imaginar cómo caer en aquella especie de piscina llena de barro (a simple apariencia) podía causarme semejante reacción.
Al despertar en el hospital vi que mis músculos eran más fuertes y mis movimientos más rápidos, en ningún momento pensé que sería por el barro. Al principio creí que era porque perdí el conocimiento y al despertar aún me estaba acostumbrando a la luz, pero al ver que los días y las semanas pasaban y todo seguía igual, supe que era real.
En ningún momento lo vi como una desventaja, al contrario era tener el cuerpo que siempre quise. Yo desde pequeña aspiré a ser atleta profesional, sin embargo era débil y el ser atleta era un sueño al que nunca había podido llegar, eso no significa que no hubiese luchado por él, pero mi nuevo cuerpo me lo iba a poner mucho más fácil.
Enseguida hice las pruebas para entrar en el mejor club de atletismo que hay en toda España, el Rapis, muchos de sus atletas han conseguido llegar a campeonatos del mundo. ¡Impresionante! Alguno, como mi amigo Pedro ha conseguido quedar primero de Europa, es un claro ejemplo a seguir. Desde que fui admitida paso mucho tiempo entrenando con él, pero veo que cuanto más tiempo pasamos juntos, más débil está. Cada vez coge más resfriados, su madre le ha llevado al médico y le han dicho que es porque ha estado expuesto a una radiación. En cuanto me lo contó el jueves entrenando sospeché que era culpa mía.
Al llegar el viernes, fui en bici al lugar donde me caí, pero esta vez fue distinto. Diez metros antes de llegar al lugar de la piscina, vi un cartel que decía, ¡Atención, no pasar! Sabía que no debía continuar, pero el ansia por conocer la verdad sobre lo que me sucedió de alguna manera me mataba por dentro. Entré en el recinto y la piscina ya no estaba, asía que me dispuse a entrar al edificio al que iba a entrar la última vez que estuve, pero mi despiste hizo que no me fijase en la piscina y cayese en ella. Aunque por fuera pareciese antiguo y abandonado, dentro estaba lleno de artilugios que no había visto nunca, lleno de científicos, con trajes de los típicos que aparecen en las películas que son para la radiación. No obstante lo que más me sorprendió fue una sala llena de ratones. Algo raro pasaba, había uno más grande y más fuerte y todos los que estaban a su alrededor parecían desnutridos, enfermos y eso me recordó a mi situación. La verdad que esta primera impresión no hizo nada más que dejar a mi imaginación volar y no fue nada bueno ya que las ideas que se pasaban por mi cabeza eran disparatadas. Me colé en el despacho del que parecía mandar allí y oí una conversación que podía salvarme a mí y a Pedro. Resultaba que la “pócima” no era eficaz y el efecto de rapidez y fuerza en unos meses se pasaba, pero el cuerpo seguía emitiendo radiación durante tres años. El director le preguntó sobre el antídoto que habían estado creando y probando, para mi buena suerte, este era eficaz y en apenas unos días podía estar recuperada. Fui a la sala donde lo guardaban, cogí uno me lo llevé a casa.
Algunos de los que conocen mi historia pueden pensar que dudé antes de tomar la fórmula, ya que con ello dejaba atrás mi sueño, pero no podía hacerle eso a Pedro y a todos mis seres queridos ya que solo sería cuestión de tiempo que ellos también se vieran afectados y me tomé, sin pensármelo dos veces. Pasaron tres días y ya vi el efecto, volvía a mi cuerpo inicial. El siguiente miércoles fui a comisaría a denunciar lo sucedido. Les guié al lugar y enseguida pusieron remedio. Me acompaño Pedro, quien apoyó mi valentía de haber sacrificado mi sueño por no hacer mal a mis seres queridos, yo sigo pensando que no fue para tanto porque… ¿quién no habría hecho lo mismo en mi lugar?
Por mi parte, seguí con el atletismo, aunque no en el Rapis, ahora en el club de mi instituto. Lo único que me quedaba de allí era Pedro, un amigo para toda la vida y muchos recuerdos.