Memorias de un futuro lejano

El abuelo Mowak carraspea entre palabras mientras continúa con su narración. Las pausas para coger aire cada vez son más prolongadas, castigo de sus décadas como fumador, característica de aquellas generaciones anteriores imperfectas donde prevalecían los vicios sobre lo correcto. Afortunadamente esto ya no pasa.

Esta vez ha parado durante un periodo más largo de lo habitual y ha podido mirar alrededor, esbozando una mueca de desaprensión más que comprensible ante las podridas paredes de madera que nos rodean.

Finalmente prosigue y su voz suena alta y grave, atrayendo la atención de todo el mundo, como cuando era orador en una de esas conferencias en las que armado solo con un micrófono defendía el sentido común de las barbaridades que algunos se empeñaban en vendernos como nimiedades, "simples caprichos sin importancia", "accesorios con un fin estético" decían, "¿no le parece bien que todos seamos distintos señor Berg? ¿Acaso preferiría que todos llevasen uniforme y cabezas rapadas?".

Como iba diciendo, continua narrándonos una historia cuyo final conocemos, pues vivimos en él.

-"... Todo empezó con pequeñas decisiones, aunque poco habituales, y económicamente difícilmente accesibles para la gente de a pie. Podías elegir el color de ojos, el del pelo y poco más. La población lo veía como una divertida extravagancia de aquellos famosos que decidían recurrir a estas técnicas, pero pronto, cambió".

De nuevo para y tose y posa sus ojos en mí, permitiéndome apreciar la tristeza encerrada en su mirada. Pasa la mano por su pelo canoso, otro rasgo de esos que nacieron antes.

-"La gente, la p*** gente, siempre tienen que hacer lo que hagan los malditos famosos... Los que acudían a estos métodos empezaron a contarse por miles y millones. Las empresas ganaban y ganaban dinero, los laboratorios se multiplicaron y se extendieron como un incendio veraniego. Cada día salían al mercado nuevas posibilidades. El progreso fue meteórico. En veinte años podías elegir la altura, los principales rasgos de la personalidad, una amplia gama de colores para piel, ojos, pelo... . Era fácil ver niños plateados, pequeños de pelo turquesa y hasta recién nacidos de iris gris que ya median su buen medio metro".

Se levanta y nos da la espalda. Hunde sus manos en los bolsillos de su gruesa gabardina, lanza un suspiro y continúa.

-"Algunos nos alzamos en contra de esta aberración: manifestaciones, recogidas de firmas, revueltas... todas fueron aplacadas por los gobiernos, que se estaban enriqueciendo enormemente. La fuerza policial era tremenda, nos aplastaban como si fuéramos nosotros la amenaza, como el dueño que reprende a su perro por ladrar cuando este le intenta avisar de la presencia de un ladrón. No gané nada, solo perdí. Perdí al amor de mi vida, perdí mi norte y perdí mi todo. Una pelota de goma. Algo tan tonto como eso. Un golpe en la sien dejo tendida en el suelo a mi Lara, madre de mi hijo, con sus ojos verdes abiertos de par en par..."

Hace una pausa y se lleva la mano a los ojos, para contener las lágrimas, esta vez no ha sido el aire, sino un nudo gigante en la garganta. No hace falta que continúe porque todos sabemos lo que pasó entonces, mi abuelo se lanzó contra la policía e hirió a dos de gravedad antes de ser detenido y encarcelado durante tres años. Mi padre Oblak fue llevado con los servicios sociales pero poca gente quería adoptar a un "uniformado" que es como llaman a los no modificados. Tardarían en reencontrarse.

Parece haber podido rehacerse, aclara la garganta, y gira para vernos a todos aún callados, incapaces de movernos, con la vista fija en él.

-"Cinco años más tarde una nueva puerta se abrió, la modificación genética en personas ya nacidas. Los seres ya no eran solo "perfectos", inmunes a cualquier enfermedad sino que ahora podían modificar por completo su cuerpo en cuestión de una semana. Era un descontrol y, como el universo, tendía al caos.

Finalmente, hace cinco años se introdujeron las características animales. La gente podía tener piel de leopardo, alas como las águilas, colas como los monos, dientes felinos... Esto se les fue de las manos. Estas modificaciones transferían a las personas un instinto animal primario fortísimo."


"Y así concluimos la clase de hoy chicos, mañana continuaremos la lectura de las memorias de capitán Gael Berg y veremos la estrategia que tomó su abuelo, el general Mowak Berg, para acabar con la sublevación de los modificados, y la sucesiva reconquista de la minoría uniformada."