EL PRECIO DE SER UN SÚPER-HOMBRE

¡Qué paradoja! En un quirófano fue donde me convirtieron en lo que hoy en día llaman "súper-hombre" y en ese mismo quirófano mi mujer perdió la vida dando a luz a aquello que se convertiría en lo más valioso de mi vida.

Durante muchos años me he considerado un hombre muy afortunado, y ya me ves, sentado en el suelo de mi despacho con la mirada perdida en la pared repleta de diplomas, títulos y premios en los que se puede leer: "Orden Estatal de Mérito Científico de Massachusetts", "Premio Internacional de Biología", "Medalla Darwin".... Todos estos reconocimientos científicos a mi nombre: Matthew Brown, y sin embargo, ya me ves...

Nací en una familia humilde como la de muchas otras, mi juventud se caracterizó por su monotonía, como la de muchos otros, y ahora en cambio daría lo que fuera por haber seguido siendo como uno más de aquellos otros...

Fueron mis ganas de cambiar esa vida y mis ansias de ser alguien mejor lo que me llevaron a centrarme de forma obsesiva en mis estudios de biología, especializándome en la rama de la genética. Siempre me llamó mucho la atención el área de los transgénicos, hasta entonces los podíamos encontrar en plantas y animales, pero yo fui más allá, y persiguiendo mi propósito por destacar sobre los demás, conseguí la forma de aplicar estas modificaciones en el ADN humano, que garantizaban la ausencia de enfermedades además de unas condiciones físicas de "súper-hombre" que permitían disfrutar de una vida larga y saludable. Esa obsesión me pudo más que el miedo a las posibles consecuencias y decidí entrar en quirófano para probar estas modificaciones en mi propio cuerpo.

Ante los espectaculares resultados, mi descubrimiento tuvo una gran aceptación, hasta tal punto que a pesar del elevado coste económico del complejo proceso de transformación, gran parte de la población quiso dar todo lo que tenia por conseguir someterse a ese tratamiento. Es fácil imaginar, la riqueza que con todo esto acumulé, proporcionándome una vida rodeada de lujos y abundancia desmesurada que no supe controlar y pronto me llevó a una vida desordenada y de derroche excesivo, que me hizo perderlo todo, haciéndome volver a la situación humilde y monótona de la que siempre había huido.

Fue entonces cuando conocí a mi mujer, a la que tanto le debo, ya que me enseñó a valorar y a ser feliz con esa vida que tanto había despreciado. Consiguió que yo me olvidara por un tiempo de mi condición de "súper-hombre" hasta que ella falleció al nacer nuestro hijo que con tanta ilusión esperábamos.

Desde entonces cada vez que me miraba al espejo y recordaba lo que era, no podía evitar culparme por su muerte, ya que nuestro bajo poder adquisitivo no nos permitió que ella pudiera someterse a mí mismo tratamiento, el cual la hubiera salvado. En esos momentos mi vida se centró en mi hijo, que era lo único que me quedaba. Esa angustia se agravó cuando leí un artículo sobre recientes estudios científicos, que revelaban las horribles consecuencias que mi descubrimiento causaba a los descendientes de todas aquellas personas transgénicas, que al poco tiempo se manifestaron en mi hijo.

De inmediato me puse en contacto con los investigadores que habían descubierto esas alteraciones, proponiéndoles trabajar con ellos en busca de una solución para el problema. Mis grandes conocimientos sobre el tema y la urgencia por encontrar el método para salvar a la población afectada hizo que aceptaran sin pensarlo dos veces mi ayuda. Mi propuesta fue basar nuestros estudios en analizar los animales transgénicos ya que en sus crías no se producían estos efectos.

El tiempo pasaba, el estado de salud de mi hijo empeoraba cada vez más, y las investigaciones no daban sus frutos, la cura no llegaba....

Mi ojos se inundan de lágrimas. Recordar mi historia se me hace muy duro pero aún más cuando pienso que por mi culpa otras muchas personas han sufrido lo mismo que yo. Como te decía, ya me ves.... Sigo aquí sentado en el suelo de mi despacho con la mirada perdida, tras haber recibido hace unos minutos la llamada del laboratorio confirmando los resultados positivos de nuestra investigación, por fin hemos hallado la solución a la enfermedad que afecta a los hijos de los transgénicos.

Mañana hará seis años que murió mi hijo.

Vuelvo a mirar los reconocimientos a mi trabajo y esfuerzo, que de nada me ha servido para salvar a mi hijo. Ya me ves... Aquí, lamentándome por haber querido buscar la perfección de un ser humano, y no haber sido capaz de comprender, que la perfección del hombre se consigue cuando es feliz. Y yo he desaprovechado esa oportunidad.

Ya ves qué precio tan alto he tenido que pagar por querer ser un "súper-hombre".