Transgénicos vs inteligencia

Me despierto, lo único que veo a mi alrededor son escombros, como si hubieran pasado por ahí millones de elefantes con la única intención de destrozar nuestra bonita ciudad. ¡Oh no, Esa odiosa melodía otra vez no! Ya creo haberla escuchado antes, esas odiosas notas que no dejan espacio en mi mente pipiripiripi.... ¡Dios mío! Tan solo ha sido otra de esas repetitivas pesadillas que no dejo de tener últimamente. Me doy media vuelta y apago el despertador, otra mañana más a las 7 de la mañana, debería haberme despertado hace por lo menos media hora, pero aquí estoy con ninguna gana de la misma rutina, o ruina como prefiero yo llamarlo, de siempre. No me gusta nada mi trabajo, de hecho he planteado en dimitir varias veces pero al final siempre reaccionó y actuó con madurez pensando en que es la única forma de la que puedo conseguir el dinero suficiente para subsistir porque, ¿quién va a querer darle trabajo a una chica como yo, que no sigue el patrón establecido por esta sociedad, de ser alta rubia y delgada con unos ojos de color azul cielo y una tez blanca? Desde que se implantó esa normativa de alterar los genes para que todos los niños y niñas del mundo sean perfectamente agradables a la vista y mejorar sus habilidades, las cosas no han hecho más que empeorar, ya que las personas como yo, nacidas de manera natural, sin ningún tipo de alteración genética, nos hemos quedado aislados, tenemos menos oportunidades de trabajo, ya que para los trabajos físicos cogen a aquellas personas más fuertes y para los trabajos de cara al público a aquellas más guapas, pero bueno, es lo que toca.

Tras este pequeño lapsus, salgo de casa y voy de camino a buscar a mi compañero y mejor amigo, para ir juntos al curro. Pero cuando llegó a su portal y le llamo como siempre dos veces para que baje no baja. No debo preocuparme, tal vez ha tenido un apretón de última hora, espero cinco minutos y vuelvo a llamar. Nada. Me estoy empezando a preocupar, así que opto por coger la llave escondida en su buzón y subir a ver qué pasa. ¡No puede ser! Me lo encuentro tendido en la entrada de su casa con un fuerte golpe en la cabeza. Esto ha ido ya demasiado lejos, le tomó el pulso y menos mal, todavía está vivo. Lo meto en casa, ya que ir al hospital no es una buena opción porque los más débiles no se merecen ser atendidos médicamente ya que es un malgasto de medicamentos y de tiempo porque según las autoridades, tienen menos esperanzas de vida y un mayor porcentaje de caer otra vez enfermos.

Cuando recobra el conocimiento me cuenta lo que ha pasado, otra vez esos malditos vecinos que se creen que por ser artificiales y más fuertes tienen más derechos que los demás... Esta vez han ido demasiado lejos, esto no puede quedar así. Por desgracia, es demasiado tarde para ir al trabajo, pero no pasa nada, mañana lo explicamos todo y será olvidado.

Volviendo al tema, Pedro, así llamado mi amigo, se está recuperando y no pierde su humor; "estas máquinas... Deberíamos apagarles el botón ya". En el momento que sus palabras salen de su boca, entran por mis oídos y llegan a mi cerebro, me surge una brillante idea. ¿Por qué no entramos a su casa y les cambiamos las pastillas que necesitan tomar para mantenerse? Así en frío no parece una muy buena idea, pero en el momento que les quitemos su medicación y le demostremos al mundo que la fuerza y la belleza no lo son todo, mi plan habrá sido completado.

Los siguientes días, nos las apañamos para hacer los trapicheos necesarios y poder darles su merecido, hasta que por fin, llega el día, ellos se piensan que están llenos de energía y vitalidad pero se equivocan, cogemos la cámara de vídeo, y les colocamos una gran piedra en la puerta de su casa, y como son tan chulillos intentan levantarla, pero qué pena, al no estar tan en forma, no pueden y su reputación queda hundida al estar todo grabado en vídeo, que como no, va a ser televisado y al final el mundo se dará cuenta de que los transgénicos no son más que una farsa. Y es que más vale maña que fuerza.