Desde otro punto de vista.

DESDE OTRO PUNTO DE VISTA


En un lugar de la mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...vivía un asno, al que nadie nunca le dio importancia.
Sancho, mi dueño, me separo de mi familia de équidos. La verdad es que casi no me acuerdo de ellos, excepto de mi tío, que fue como un padre para mí, hasta que dejó a mi tía y se fue con una yegua.
Al tiempo me lo encontré, mientras pastaba. Ahí es cuando me enamore, me enamore de la hermosa mula que salió de ese amor que parecía imposible entre mi tío y la yegua. Me enamore hasta las pezuñas, nos empezamos a ver a escondidas, ya que entre mi familia no estaba bien visto juntarse con mulas, ya que, las mulas no suelen ser fértiles y en el caso tendríamos hijos débiles y pequeños.
Estábamos casi convencidos, casi decididos a intentarlo a pesar de todo, cuando Sancho vino preguntando por un asno, al rato se me llevo, no me despedí de ella, manda a mi madre a decírselo, que le dijera a Julieta que la amaba, y desde entonces no hay una luna llena que no piense en ella.
Ahora me recorro la mancha con mi fiel amigo Rocinante, es un joven caballo, que espera ser un gran caballo de guerra. A pesar de que sea joven e ingenuo, le admiro muchísimo, sus grandes brazos y piernas, esas grandes pezuñas que resuenan como cañones, las largas crines blancas, y sus grandes dientes blancos, yo, en cambio, que hasta la cruz no mediré más de 1,4m. Soy viejo, tengo 25 años y Rocinante está en la flor de la vida, tiene 10 años. Aún me acuerdo cuando con tan solo 2 años alcance la madurez sexual. Mi querida Julieta...
La verdad que la vida junto a Sancho era de lo más interesante, aunque no estoy seguro de que Don Quijote, dueño de Rocinante, este en buen estado mental, por lo menos no nos aburrimos. Una de nuestras hazañas, nunca contada, fue la historia de la Pitonisa Rosalina.
Las pitonisas no estaban tampoco bien vistas, eso me recordó a Julieta... Bueno, se pensaba que eran brujas, pero Don Quijote sin miedo alguno, contacto con una de ellas y decidió ir a visitarla. Una vez allí, Rocinante y yo esperamos fuera, yo preferí no beber del agua que nos ofreció, pero "Ro" bebió . Sancho y Don Quijote entraron.
Vuestra vida va a ser prospera, manteneros en equipo, ser el uno por el otro- dijo mirando una bola de cristal.
Vuestras hazañas serán contadas, serán famosas, serán leídas por todo el mundo, y un hombre llamado Miguel de Cervantes las escribirá, él será vuestro pase a la fama, pero no os aseguro que lo lleguéis a conocer. El os ve, pero vosotros no lo veis.- concluyó, y con eso desapareció.
Eso nos dio tema de conversación para semanas, Don Quijote, Sancho Panza, El Rucio ( yo ) y Rocinante.
La vida continuo como siempre.
Al pasar por un pueblo las vimos, vimos a las más preciosas yeguas que había visto jamás, blancas, negras, pintas, tordas...de todas las capas...
Ro dio el primer paso, yo fui después, una yegua no muy grande rápidamente fijo su mirada en mí.
Don Quijote también pareció enamorarse de Dulcinea, y mira tú por dónde, de la dueña de Amapola que es la amada de Rocinante. A Sancho le costó más pero encontró el amor en Pepa y yo, en la yegua de Pepa, se llamaba Princesa.
Princesa y yo no tardamos en traer un hijo al mundo, y aunque parecíamos una pareja peculiar, nos queríamos. Y si os preguntáis cómo fue posible, un burro/asno tiene núcleos de 62 cromosomas mientras los caballos los tienen de 64 cromosomas. Nadie sabia si sería chico o chica, si fuese chico sería estéril por un problema en la glándula seminal, sin embargo si fuese chica podría llegar a tener un hijo, generando óvulos fértiles, cuando los cromosomas se recombinan, antes de quedarse con la mitad de la dotación genética de la hembra y formar así un gameto, se reparten al azar. Todos aquellos ovillos generados con parte de los genes procedentes de yegua y burro( progenitores de la mula) mezclados, son ovulo se estériles y no podrán ser fecundados. Sin embargo existen caso con el ADN solo de uno, yegua/asno que sí que pueden ser fecundados.
Bueno, con esta pequeña explicación, os dejo y espero que vosotros me hagáis con este relato tan famoso como Cervantes me hizo con el suyo.