El robot… ¿humano?

Todo estaba perdido. El experimento acabaría con toda la ciudad. En ese instante el robot salió descontrolado del centro de investigación. La policía lo intentó de todas las formas posibles: le lanzaron balas, granadas, ácidos… Nada consiguió pararlo. Luego un grupo de científicos se puso manos a la obra para intentar destruir la capacidad de autoaprendizaje del robot.
Mientras tanto el profesor seguía en su laboratorio lamentándose. Todo era culpa suya, él había inventado el software que le permitía aprender y tener sentimientos. Nunca estuvo convencido de que los robots pudieran aprender pero le pagaban para que lo intentara. El robot que había creado (y que estaba destinado a ser el gran invento del siglo) estaba siendo desarrollado para trabajar como sirviente en todas las casas.
El profesor decidió dejar de lamentarse y ponerse manos a la obra para buscar el error que se había cometido en la programación del robot. Solo descubriendo sus puntos débiles se podría parar. Al parecer, al tener la capacidad de autoaprendizaje descubrió que iba a ser utilizado como un esclavo y comenzó a desarrollar sistemas de autodefensa. Cada hora que pasaba, el robot se hacía más y más inteligente.
Los habitantes de las ciudades cercanas fueron a refugiarse al centro de investigación. Era el lugar más seguro de la zona, pero eso no quería decir que el robot no sería capaz de entrar. La búsqueda de errores en la programación no daba frutos puesto que el robot tenía la capacidad de ir modificándose a sí mismo. En esos momentos no sabían cómo sería la programación del robot ya que la habría cambiado al menos un par de veces.
El profesor sabía que para poder pararlo se necesitaría algo más que un software. Él lo había creado y había hecho demasiado bien su trabajo: el robot pensaba como un humano. Así que se puso a pensar como pararlo teniendo en cuenta que pensaba como un humano. Creyó que para poder pararlo habría que pensar como humano. “Si yo estuviera en esa situación, ¿cómo reaccionaría?”-pensaba el profesor. Inmediatamente se dio cuenta de que a él no le gustaría ser esclavizado y tener que trabajar sin descanso cumpliendo las órdenes de una familia. Creyó entonces que para poder pararlo debían apelar a sus sentimientos humanos (que también le habían sido programados) para que dejara de destruir todo a su paso.
El profesor fue a comunicar sus avances a los militares que llevaban a cabo la misión. Cuando el profesor expuso su teoría, los militares comenzaron a reír mientras el general le contestaba: -¿Enserio crees que dejando de lanzar armas y dándole un ramo de flores se parará el robot? Mientras tú has pensado estas pamplinas, nosotros hemos desarrollado una estrategia de verdad: vamos a lanzarle una bomba atómica que destruya la ciudad… y por supuesto también al robot.
El profesor se entristeció. Si los militares llevaban a cabo su plan, perdería su ciudad, su casa y todos los recuerdos que allí tenía. Sabía que eso destruiría al robot, pero estaba convencido de que debía ser el último recurso. Por eso decidió arriesgarse y salir a la calle (o lo que quedaba de ella) e ir a buscar al robot. Sin más armas que la palabra. Cuando estuvo frente al robot le dijo:
- “Yo te he creado y yo tengo la culpa de haber facilitado que seas esclavizado, así que mátame solo a mí en vez de matar a toda la ciudad. Pero antes quiero proponerte un trato: sé que piensas y sientes como un humano, ¿por qué no eres un humano? Sé uno de nosotros y nadie te hará daño si tú no nos lo haces.
Entonces el robot se paró, el profesor respiró aliviado y contestó que aceptaba el trato. Desde ese momento el robot fue tratado como una persona normal: debía ir a trabar, aunque tenía derecho a descansar. Enseguida la sociedad lo aceptó como uno más y vivió felizmente siendo un humano. El gobierno creó unas leyes que prohibían la inteligencia artificial para evitar otra situación parecida. Finalmente, aunque el robot estaba programado para vivir doscientos años, cuando pasaron noventa, vio que todos sus amigos habían muerto, decidió apagarse ya que él lo que quería era vivir como un humano.