La explosión

Como cada lunes, la aburrida profesora de mates hablaba y hablaba sin que nadie la escuchara. Yo como de costumbre miraba por la ventana, me perdía en ese mundo exterior en el que anhelaba estar y no en esa cárcel donde me sentía oprimido. Justo desde esa clase se veía la central nuclear donde trabajaba mi padre, no estaba seguro si hoy tenía el turno de mañana o tarde.
De repente vi como estallaba por los aires una parte de la central. Se hizo el silencio en la clase nadie daba crédito del sonido que se había escuchado, la profesora nos dijo que nos tranquilizáramos, que de inmediato evacuaríamos el centro, lo último que podía hacer en ese momento era tranquilizarme, sabiendo que pudiera estar mi padre en la central. Una vez realizada la evacuación corrí como si no hubiera mañana hacia mi casa. Aporreé cuatro cinco veces la puerta, mi madre me abrió entre sollozos.
Le pregunte por papa, entonces ella me tranquilizó diciéndome que en el momento de la explosión él estaba en casa, pero se había ido a ayudar a la central. Me contó que era solo una pequeña fuga que no era muy grave, la temperatura del reactor 3 había aumentado por culpa de una avería en la refrigeración y se había producido una pequeña explosión debida a una nube de hidrogeno, papa se había ido para tratar de controlar la situación. Mi padre lo significaba todo para mí, él me había enseñado a querer a la gente sin esperar nada a cambio, me había enseñado todo el valor que consideraba que me hacían ser quien era, pero por encima de todo me había enseñado a no rendirme jamás. Así que le dije a mi madre que le iba a ayudar. Ella me intento contener, pero no fue capaz, cogí la bici y pedaleé hacia la central lo más rápido que pude. Al llegar me di cuenta de la gravedad de lo sucedido, mi madre me había maquillado la realidad. Un cúmulo de bomberos, policías, ambulancias invadían la puerta principal impidiendo el acceso a la central. Gracias a mis numerosas visitas de la central con mi padre, era conocedor de la existencia de una entrada trasera. Al entrar a la central me dirigí rápidamente al puesto de control, donde trabajaba mi padre. Dentro de la central la situación era tan caótica que nadie prestaba atención al hecho de un niño de quince años estuviera merodeando por esos pasillos. Todos los pasillos estaban iluminados de color rojo, el ruido de las alarmas era ensordecedor, veía gente corriendo arriba y abajo y sus expresiones faciales no me transmitían para nada tranquilidad.
Al entrar en la sala de control me encontré a mi padre como no lo había visto jamás. Estaba pálido y angustiado, me dijo que tenía que salir de la central, que era muy peligroso, el me acompaño a la salida y me dejo con la policía, medio un buen abrazo y me dio un beso en la frente, le saltaron un par de lagrimillas i se volvió hacia dentro, justo cuando cerró la puerta, exploto el reactor, fue la última vez que vi a mi padre, fue tan grande la explosión que desperté la semana en un hospital. Cuando desperté estaba dudando de si estaba vivo o muerto, solo veía una luz blanca, entonces sentí una presión en mi mano izquierda, donde estaba mi madre. Me dijo que papa había muerto y de que la explosión lanzó una gran cantidad de radioactividad que los médicos no sabían si sobreviviría, entonces ella se echó a llorar y me abrazo.
Y ahora que he estado dos semanas ingresado y estoy en las ultimas te leo esto mama para que sepas lo que yo sentí. Adiós mama, ella se echó a llorar, cogió el diario y me dormí ara siempre.