La ciencia está detrás de todo

Eran las cuatro y media, y era una de esas tantas tardes las cuales no tienes nada que hacer. Así que me puse a leer el periódico, yo por aquel entonces tenía unos 20 años. Pasaba las páginas, y después de tantos titulares de corrupción y atentados, vi un anuncio de un espectáculo en mi pueblo. Se trataba de un faquir, que había venido a España a mostrar todo lo que aprendió en su país natal.
Como esa tarde no tenía nada que hacer, como dije anteriormente, decidí ir a ver el espectáculo. Éste comenzaba a las siete de la tarde, y como la plaza del pueblo, que era donde se celebraba el espectáculo, estaba cerca de mi casa, me puse a investigar sobre los faquires. Resulta que los faquires son ascetas los cuales ejecutan retos de la resistencia física, tales como caminar sobre fuego o cristales, introducir antorchas y cuchillos en su boca, o incluso acostarse sobre camas de clavos. Estas facetas me apasionaron, por lo que fui aún más intrigado a observar el espectáculo. Eran ya las seis y media de la tarde, por lo que no pude saber cómo lograban hacer todo esto, así que pensé que al acabar el espectáculo intentaría hablar con el faquir.
Llegué a la plaza, había muy poca gente, pero fue mejor, ya que pude ver los espectáculos más de cerca.
Salió el faquir, y realizó todos los espectáculos. Quedé asombrado por como andaba por encima del fuego y como se metía el cuchillo en la boca, pero lo que más me deslumbró, fue cuando se tumbó sobre la cama de clavos. Me parecía imposible que no se clavara ninguno, así que al acabar el espectáculo, intenté hablar con el faquir. Fue imposible, tenía que marcharse rápido para viajar a Nigrán a seguir con sus espectáculos.
La intriga podía conmigo, así que al llegar a casa fui directo al ordenador a ponerme a investigar. Y si, si que era posible tumbarse en la cama, ¡no era ficción!
Resulta que todo tiene su truco, y el del faquir es el siguiente:
El parámetro más importante en el que nos debemos fijar es la presión. La presión es la fuerza ejercida por unidad de superficie (P=F/S). La presión aumenta cuando aumentamos la fuerza, o cuando disminuimos la superficie y viceversa. Cuanto mayor sea la presión, mayor dolor sentiremos. En este caso, la fuerza se mantiene constante, y es igual al peso del faquir (m·g). Pero, ¿y la superficie? Cuando nos pinchamos un solo clavo, la superficie es muy pequeña, pero cuando lo hacemos con 200, ésta aumenta proporcionalmente por lo que la presión disminuirá 200 veces. Entonces, en contra de lo que pudiera parecer, cuanto mayor sea el número de clavos, menor presión habrá y, por lo tanto, menor dolor.
Aún siendo esto cierto, no deja de ser sorprendente a la par de peligroso, porque si comete un fallo y hace más fuerza de la adecuada, se podría hundir en la cama de clavos.
A partir de ese momento, en el cual descubrí el valor que tiene la ciencia en cada cosa que vemos, me apasiona mucho más, y por eso ahora mismo estoy estudiando Física en la universidad de Vigo. El espectáculo del faquir fue un evento que me cambió la vida.