La luz de la vida

Hacía frío en la cueva. Todos estábamos tapados con las pieles de la manada de ñus que los padres habían conseguido atrapar y cazar. Estábamos comiendo su carne. La carne era roja como esa cosa que nos salía en las rodillas cuándo nos caíamos. Era difícil de triturar con la boca, así que teníamos de romperla primero con las manos y después triturar muy fuerte. Ya llegaría el día en el que la carne fuera blanda y fácil de triturar. 
Al cabo de un tiempo, el día empezó de mal pié, ya que el gran azul estaba triste y lloraba. Nuestros pelos se volvían negros y densos, y unas mariposas del color de la piel corrían por nuestras patas y brazos. El viejo de la familia lo llamaba agua y decía que era lo que mandaba, junto con el viento y la madre tierra. El cielo estaba gris, y cada vez más oscuro hasta llegar el punto en el que oscureció el cielo completamente. Las ramas de los árboles bailaban muy bruscamente con una música atronadora de golpes muy fuertes. De repente una gran iluminación salió de entre las nubes y una raíz amarilla fue brotando hasta llegar a un sitio de la montaña. Así estuvimos toda la tarde y llego la hora de la comida oscura. Yo cogí el trozo de carne que me tocaba y me fui unos pasos lejos de la cueva. Seguían cayendo raíces de esas, hasta que una alcanzó el árbol de delante mío y empezó a brillar. No solo brillaba sino que el árbol hacía que me ardiese la piel. Me escocían tanto los brazos, que solté el trozo de carne y se me cayó en la luz esa. La volví a coger y había cambiado totalmente. Tenía un color marrón y además, al probarlo, se derretía en la boca. Se había acabado triturar, con esa luz se había acabado mi problema. De repente la luz se fue. No podía comprender lo que había pasado, porqué se había ido? 
Lo fui a explicar a mi familia. Nadie me creía, no podían creer que cayeran raíces amarillas de el cielo. El viejo se me acercó y me pregunto sobre todos los detalles de mi experiencia. Le expliqué que empezó a sonar un ruido muy fuerte. Le expliqué también la danza de los árboles.
- Cuéntame lo de la luz esa!!!- me dijo el viejo agarrando mi brazo.
- Suelta mi brazo! Te explico. Esa luz era muy brillante y parecían hojas moviendose, pero de color de eso a lo que tu llamas sangre, eso que usa el tío para hacer pinturas. Aquello me hacía arder la piel y entonces solté la carne. Se oyó un ruido como el de las hojas rompiendose. Al cabo de un rato , cuando había encontrado un palo, cogí el trozo y me lo comí. Oh que bueno estaba el trozo de carne, se derretía. Ah otro detalle. Hubo unos conejos que empezaron a correr, cómo si tuvieran miedo.
- Dices que daba mucho calor pues ya se como hacer esa luz. La utilizaremos para la carne y probaremos de cazar con ella.
El viejo, a la mañana cogió dos palos y empezó a frotarlos. Me dijo que me acercara a ver si lo que sentía en los brazos era eso. Si lo era. El siguió frotando hasta que de repente empezó a salis humo. Tiró cuatro hojas secas y salió la luz! Era como la que yo había visto pero mucho más pequeño. El viejo empezó a tirar ramas y piedras. Las ramas se convertían en luz también pero las piedras no hacían nada, era como si no fuesen luminosas. 
Lo fuimos probando varios días hasta que se terminó la comida. Era hora de ir a cazar, y decidimos coger lanzas de luz. Fue todo tan fácil. Salimos de la cueva y empezamos a caminar. Seguimos el rastro de una manada de búfalos, animales difíciles de cazar. Encendimos las lanzas y los búfalos quedaron tan sorprendidos, que murieron al instante, una lanza por búfalo. Increíble.
A eso lo decidimos llamar fuego. A partir de aquél día, usábamos el fuego por muchas cosas a parte de por cazar y comer. Lo usábamos para iluminar, al fin y al cabo era una luz, calentarnos, pero sobretodo, el fuego nos unía.
Costa16