50Km/h

Pasaban los días y yo seguía sin acordarme de nada. Al abrir los ojos lo único que veía eran blancas paredes y ramos de flores, supuse que estaba en el hospital. Lo único que conseguía entender de los médicos era 50Km/h, moto, cruce y poca cosa más.
Iba paseando por las grandes calles de Madrid, reflexionando sobre cosas de la vida, típico en mí, ¿quiénes somos y de dónde venimos?, me pregunté, pero no conseguí respuesta alguna.
Minutos más tarde me llamó mi hermana y estuvimos hablando un buen rato de sus vacaciones por Nueva York.
Al atardecer, iba corriendo hacia la parada del autobús porque éste pasaba dentro de dos minutos y si no llegaba puntual mi madre me iba a castigar. Con las prisas tuve la mala suerte de tropezar en la acera y caí justo al borde de la calzada. Pasó una moto, y sí, me atropelló.
Recuerdo el sonido de las ambulancias, el claxon de los coches por el tráfico que se había producido y las voces de gente a la que desconocía pidiendo auxilio a la espera de algún experto, pero sobre todo recuerdo el escozor de mis heridas y mi insensibilidad en la pierna izquierda, fue la sensación más desagradable que había podido experimentar nunca.
Me abrieron paso entre la multitud del hospital, me llevaron a una sala de operaciones y en ese instante opté por no venirme abajo y no entrar en pánico, lo cual fue muy difícil porque soy de esas personas a las que la sangre les aterra.
La operación fue larguísima y hasta el día siguiente no me desperté por las anestesias que corrían por mi cuerpo.
Es allí cuando no recordé nada, cuando lo veía todo blanco y los colores que distinguía eran flores que mis familiares y amigos me habían traído en cada una de sus visitas.
Conforme pasaban los días podía recordar lo sucedido aquel 7 de mayo, mis pensamientos, mis emociones, todo lo que sentí. Todo. Y justo al querer mover la pierna, la pierna ya no estaba. No estaba. Me la habían amputado.
Era presa del pánico y empecé a temblar, los médicos me dieron tranquilizantes, pero no hacían efecto.
¿Qué iba a hacer yo con tan solo una pierna? No podía caminar, ni ir en bici ni practicar ningún tipo de deporte. Pensé que mi vida se había acabado por completo, pero lo que nunca supe y hasta ahora no lo había descubierto era que en esta vida puedes lograr todo si te lo propones, aunque carezcas de alguna extremidad y aunque te cueste mucho esfuerzo conseguirlo, pero vale más la pena haberlo intentado y haberlo conseguirlo que no haberlo intentado y pensar toda la vida en un y si hubiera… , sin resolver.