DIARIO DE UN SUPERVIVIENTE

Me levanto como cada mañana, junto con mi camarada Carlos y vamos a las otras habitaciones del edificio para despertar a nuestros compañeros.
El sol sale tiñendo de un bonito color el cielo y por un momento olvidamos el infierno que estamos viviendo. Los compañeros que han estado haciendo guardia nos informan de que no hay rastro de ningún IPE en la zona.
Después de preparar las armas salimos de la central militar con los coches para ir a buscar más supervivientes a la ciudad. Somos 86 personas de las cuales 62 són civiles y el resto somos miembros del cuerpo militar. Durante el viaje recuerdo la suerte que tuvimos de que el desastre nos pillara en la central, con todo el armamento disponible. Recuerdo que ya hacía tiempo que entre los soldados corría el rumor de que el gobierno estaba experimentando con el virus del ébola para crear una nueva arma biológica. Por lo que había oído se decía que estaban modificando el virus para que fuera mucho más agresivo y que el huésped que lo tuviera perdiera el control total del cuerpo y de la mente actuando por instinto intentando propagar el virus con su mordida.
Yo no creía en todo eso así que ignoré todos los rumores hasta el día, ese terrible dia en el que mi superior me informó de una llamada del Pentágono en la que informaban que un paciente con el cual estaban experimentando había escapado y estaba a punto de llegar a la ciudad. El sujeto había huido de un laboratorio secreto de las fuerzas especiales y era portador del virus del ébola modificado y en fase de pruebas.
Cuando me disponía a movilizar mi unidad para ir hacia allí mi superior me lo prohibió ya que según él, ya estaban perdidos y como él sabía de la existencia de ese virus me dijo que con lo letal que llegaba a ser ya sería demasiado tarde cuando llegáramos.
Entonces llegó el caos, por la televisión informaron de lo que estaba sucediendo, que la ciudad de Washington había caído y era imposible contactar con el Pentágono. Puesto que estábamos cerca de Washington, la histeria no tardó en expandirse y la gente intentó de cualquier forma huir lejos de la ciudad. Nuestro deber era intentar que mantuvieran la calma y que nos escucharan pero fue imposible. Solo conseguimos salvar a unos pocos cuando llegaron los IPEs (infectados por ébola). Muchos soldados cayeron delante de nuestras narices mientras veíamos como los humanos infectados que ya no podían ser considerados humanos, infectaban a nuestros compañeros y amigos.
Desde ese día las cosas no han cambiado. Nos levantamos como siempre y salimos a rescatar todos los supervivientes que podemos y a matar a tantos IPEs como sea posible. Con los supervivientes recatados lo que hacemos es enseñarles a usar armas para defenderse.
El sonido de los frenos y las órdenes del general deshacen mi nube de recuerdos para volver al mundo real. Ya hemos llegado a la ciudad y los primeros infectados se acercan para atacar. Mi compañero Marcus los abate con su automática mientras me da señal para que avance. Entramos en el edificio de administración de Sony para buscar refugiados en él. Mientras atravieso la puerta de cristal rota en mil pedazos escucho el sonido de las armas disparando contra algo que fue un humano en su momento.
No creo que podamos quedarnos aquí mucho más. Las reservas de comida empiezan a escasear pero no sabemos cómo estará el resto del mundo. Este es nuestro hogar, nuestra casa. Hay heridos y niños que no podrán hacer el viaje y no pienso dejar a ningún hombre atrás.
Ésta es una guerra que no merecemos sufrir. Espero que pronto encontremos una cura para un virus que tuvimos controlado y por el capricho de ser los mejores en armamento, ha acabado con nuestro planeta. No podemos jugar con fuerzas que no sabemos controlar.