Tengo el peor dolor que existe. ¿Quieres un poco?

Miro hacia abajo, solo un paso me impide que la muerte se adueñe de mi alma. Solo un paso me quitaría todo este dolor que siento. ¿Pero cómo he llegado yo aquí os preguntaréis? ¿Cómo una mujer con esposo, hijos, trabajo, casa y la nevera llena, esté a punto de suicidarse?
Todo comenzó este verano cuando tuve que ir al médico de urgencias a causa de un dolor que me atravesaba media cara. El médico que me atendió me dijo que tenía otitis, me recetó una gotas y me envió para casa. Lo más extraño de todo es que yo no me había bañado en todo el verano... Pero el dolor no disminuía con el paso de los días y se hacía cada vez más insoportable, tanto que por las noches tenía que hacer acopio de todas mis fuerzas para no gritar. Volví una segunda vez al hospital antes de coger el avión hacia Barcelona. Y me vieron tan mal, que me pincharon morfina para que aguantara el dolor al menos hasta que llegara a casa para poder ir al médico de allí. Ya que ellos no sabían lo que me pasaba. Cuando aterricé la morfina no me había hecho efecto y me quería arrancar los ojos del dolor. Cogí un taxi y me fui hacia el hospital. Con los meses las cosas fueron peor. El dolor aunque no pudiera creer que pudiera ser aún más intenso, lo era cada vez más. Empecé a dejar de comer y de beber porque cada vez que abría la boca me producía un dolor de mil demonios. Y el sentir el frío en la boca me hacía romper a llorar de las punzadas que me daba la cabeza. También evitaba salir al exterior todo lo posible porque si una pequeña ráfaga de viento me daba en la cara, cien enanitos enafadados aparecían encima de mi cabeza para pisotearme. No había parado de ir de hospital en hospital intentando encontrar la pieza que se había estropeado para que me pudieran reparar. Pero ese día no llegaba, era como ir al mecánico. Cada uno me decía una cosa distinta a la anterior. Hasta que un día, uno de esos médicos me diagnosticó la neuralgia del trigémino. Para los que no sepan lo que es, que busquen en google porque se van a quedar anonadados. Pero básicamente se llama a este dolor el dolor del suicidio porque es el peor dolor que puede existir.
Vuelvo a mirar hacia abajo y la situación no a cambiado. Yo soy yo, mi dolor sigue allí y sigue separándome un paso de la muerte pero también de que me pierdan mis hijas y mi marido.
Me acuerdo que en una de esas terribles noches le dije a la mayor de ellas << Me muero, me muero. Lo siento cariño no es verdad que me muero pero es la sensación que tengo ahora mismo.>> No quiero que se haga realidad, no quiero hacer sufrir a mi familia. Ser que están pasándolo mal a causa de la impotencia que sienten al no poder hacer nada para ayudarme. Pero no me arrepiento de tener este dolor porque lo preferiría tener yo a que lo tuvieran ellos. Doy un paso atrás y después otro y así sucesivamente hasta que mi espalda toca la ventana. La hora aún no me ha llegado, si he podido aguantar todo este tiempo podré aguantar un poco más. Voy a luchar y ganaré la batalla.