truenos

Brenda miró por la ventanilla del coche con el ceño fruncido, la lluvia empezó a caer con una furia torrencial. Había estado lloviendo todo el día, parecía que ya iba a parar, darle un respiro, pero claro, nada más llegar la lluvia volvió a hacerse presente.
Bufó maldiciendo por lo bajo. Se preguntaba como conseguiría llegar al hospital, estaba a solo a dos calles, pero dudaba siquiera poder dar un paso sin quedar calada hasta los huesos. Después de pensárselo corriendo del coche dando un portazo, sin protegerse de la lluvia. El agua se acumulaba en la cuneta y chapoteaba bajo sus pies ensuciando sus zapatos de agua y barro.
A los pocos minutos llego a las puertas del hospital jadeando. Tenía todo el cabello mojado y casi no podía ver nada por las gafas llenas de gotitas de lluvia.
Nunca había sido una mujer especialmente agraciada- por decirlo con palabras delicadas- tenia el pelo castaño oscuro seco, rizado y enmarañado. Sus ojos castaños parecían el doble de grandes a causa de unas gafas de cristales redondos en forma de culo de vaso, y sus rasgos eran asimétricos y desproporcionados, con una nariz demasiado grande y labios finos.
Nada más entrar paso por la recepción a saludar.
Renata tenía los ojos fijos en el ordenador y no reparo en su presencia.
-Buenas noches Renata- la saludo.
-¡Ah! Hola Brenda.- respondió levantando sus ojos del ordenador sonriéndole con animosidad.
-¿Tienes algo para mí?
-Espera un segundo- volvió a dirigir su mirada a su ordenador.
Brenda esperó tamborileando con los dedos.
El doctor Mark Donson se acercó con su el pelo grisáceo, entradas pronunciadas y un bigote recto. Era unos centímetros más altos, pero para ser un hombre era bajo.
-Necesito que encargues una radiografía urgente para el paciente Connor Blair- dijo Donson ignorando a Brenda.
-¿Es algo grave?- le pregunto Brenda.
Suspiro pesadamente, y le dio una mirada cansada con sus ojos hundidos con profundas bolsas.
-Eso suele implicar si digo que es urgente- respondió mordaz para volver a ignorarla.- Haz que me envíen las radiografías lo antes posible.
Dicho esto se dio la vuelta, Brenda lo siguió.
-¿Cómo esta el paciente?- lo sonsaco.
-Accidente de moto. Varios huesos rotos y posible traumatismo craneoencefálico.- recito sin mirarla ni una vez mientras seguía andando.
Siguieron andando en total silencio hasta que llegaron a una puerta.
Se giro de repente mirando a Brenda con ojos azules y fieros.
-Al otro lado de la puerta esta la familia del paciente- la informo analizándola con la mirada.- Si crees que me puedes ayudar a mí o a ella entra, si no te vayas.
Sin esperar su respuesta entro.
Brenda se tomo un momento para recuperarse de la sorpresa. Se recogió el cabello todavía húmedo, y lo siguió.
Donson se acercaba a una mujer que estaba sentada en una silla mientras se miraba las rodillas, y cuyos cabellos rubios le cubrían la mayor parte de la cara.
-¿Señora Blair?- pregunto Mark. La mujer levanto la cabeza y lo miro con sus grandes y expresivos ojos azules.
Brenda la miró con detenimiento, era atractiva con el pelo rubio por debajo de los hombros, aparentaba unos cuarenta y cinco años, e iba muy arreglada.
-¿Cómo esta mi hijo?- cuestiono la señora Blair, con su cara crispada de angustia.
Movía su pierna con nerviosismo.
Donson se aclaro la voz para hablar.
-En estos momentos estamos haciéndole diferentes radiografías para saber el alcance del accidente. Creemos que podría tener un traumatismo craneoencefálico grave.
A esas alturas la señora Blair emitía fuertes sollozos. Brenda sintió mucha pena por ella.
-Mama, ¿que pasa?- Brenda no se había fijado hasta esos momentos en la pequeña niña rubia sentada al lado de la mujer, que parecía estar apunto de echarse a llorar junto a su madre.- ¿Por qué estas llorando?
Su madre parecía haberse olvidado también de que estaba allí.
-Nada, cielo.- Intento sonreírle, pero la niña seguía preocupada.
-Si quiere puedo cuidarla, así puede ir a verlo- le sugirió Brenda.
La miro con suspicacia, no había reparado en ella. Dudo pero asintió.
-¿Vamos?- le sonrió para darle confianza. Dubitativa, la niña se le acercó. -¿Cómo te llamas?
-Avery- su voz sonaba muy tímida.
Brenda llevo a Avery a la sala de descanso.
Se oyó un trueno especialmente fuerte.
Avery soltó un gritito.
-¿Tienes miedo a los trueno?- le pregunto con ternura. Avery se quedo calla con las mejillas rojas.
-No tiene que tener miedo a los truenos- le sonrió.- ¿Ves esos rayos?- señalo por la ventana.- los truenos no son más que el cambio de temperatura que produce los rayos en la nubes.
-¿Qué?- bostezo.
-Da igual.- Avery se durmió en sus brazos. Brenda la siguió, soñó con un joven adolescente rubio consolando a su pequeña hermanita en una noche de tormenta.