La felicidad para mí

Era un sábado por la mañana cuando escuche a Alex, uno de mis hijos pidiendo ayuda. Primero me asuste un poco pero enseguida supe que seguramente era Pía que se le hubiera vuelto a escapar. Pía es mi yegua, es de la raza Cuarto de milla, la raza más popular entre los amantes de los caballos. La tengo desde hace ya siete añitos, es de tamaño medio, muy rápida en distancias cortas y ágil, ella es muy tranquilita pero a veces con Alex se altera mucho y lo hace jugando, pero él siempre se acaba asustando. Vuelvo a escuchar otro grito y decido ir a echarle una mano, Alex siempre se encarga los sábados y los domingos por la mañana de ir a dar el desayuno a los caballos y sacarlos al campo, por eso Pía a veces hace el tonto.
Cuando llego al campo veo que Alex al final ha conseguido poner a Pía en el vallado y le ayudo con los otros caballos. Maestro el caballo de mi marido, es un caballo árabe, súper bonito, tiene un porte elegante y es muy ágil y poderoso a pesar de su conformación pequeña y compacta. Tan compactos que tienen una costilla, un hueso lumbar y dos vértebras menos que otros caballos. Son los caballos que tienen menos huesos. A este lo ponemos en un vallado a parte para no mezclarlo con las yeguas. Tenemos también a Lía, es el caballo de Alex es muy tranquila y se entienden muy bien, no como con Pía. Lía también es un Cuarto de milla como Pía. Y por último tenemos dos ponis que los montan mis dos hijas pequeñas, Lucía y Ana. Los ponis se llaman Rey y Spirit. Los ponis que hoy en día se usan para paseos, hace muchos años eran muy útiles para arrastrar peso en los pequeños túneles mineros. Además, están entre las razas de caballo más longevas.
Al acabar me voy con Pía sin siquiera silla, solo le pongo el bocado y nos vamos a buscar pan al pueblo para el desayuno. En menos de quince minutos ya estamos de vuelta y ya todo el mundo está despierto en casa.
Nuestra masía está situada en el campo y estamos prácticamente solos, solo de vez en cuando pasan algunos excursionistas o pastores con sus rebaños.
Tras desayunar, Alex nos llama y nos dice que el potrillo ya ha nacido. Corremos todos a verlo y es muy pequeñito. Al nacer, las piernas de los caballos tienen un 90% del tamaño que alcanzaran de adultos. Además, tienen la capacidad de correr tan solo unas horas después de su nacimiento. Y cuando se trata de correr, los caballos galopan a una velocidad promedio de 44 km/h, aunque el record de velocidad es de 88 km/h. Este potrillo es de pura sangre ingles que los crio yo misma para después venderlos y que sirvan para carreras. Son caballos esbeltos con las patas traseras ligeramente más largas que las delanteras, muy musculados pero muy nerviosos. Es la raza más rápida y más empleada en las carreras profesionales. Teníamos cinco caballos de pura sangre ingleses y ahora con el nuevo potrillo, que se llama Boliche tenemos seis.
Como cada sábado por la tarde nos fuimos a dar un paseo en familia con los caballos y acabamos como siempre cada uno galopando por su lado, sin límites y siendo felices.