Historia de un superhéroe

Había una vez, o dos o tres o cuatro o cinco o no sé, las que tú prefieras, un joven y brillante científico. Eso sí, sólo existía un solo joven y brillante científico que estaba tan loco como el de la historia que te voy a contar a continuación.
Por si no te había quedado claro, era un científico joven y brillante que con su gran inteligencia hizo grandes contribuciones a la ciencia. Sin embargo, no era un joven y brillante científico común, de esas típicas ratas de laboratorio que no tienen nada mejor que hacer que jugar con elementos químicos o de esos que se ponen a reflexionar sobre la vida, el universo y cosas por el estilo.
Lo que hacía especial a este joven y brillante científico, para variar un poquito de adjetivos, era que lo importante para él no era dedicarse al desarrollo de la ciencia, sino lograr la evolución artificial de la raza humana.
Ése era su único sueño, pero nadie quería colaborar con él para convertir dicho propósito en realidad, ya que la gente consideraba que meterse en estos líos tan chungos era demasiado peligroso.
Tras cumplir los 69 años, su plan empezó a dar frutos, como: manzanas, fresas, arándanos… Es broma. Como iba diciendo su plan empezó a tomar forma. Lo primero que hizo fue recuperar su juventud para recuperar el tiempo perdido y, a continuación, se dedicó a producir clones de sí mismo para que lo ayudaran.
Bautizó a su laboratorio ‘’Lugar de experimentos artificiales complicados que demuestran que la raza humana puede evolucionar gracias a la ciencia y hacen callar a los ignorantes que no aprecian este trabajo’’, pero era demasiado largo i finalmente lo llamaron laboratorio. He dicho que era inteligente, no he dicho que tuviese un don para los nombres.
Pero todo esto que te he contado no es lo más importante. El verdadero objetivo del joven y brillante científico…
- ¡Cállate ya por dios! ¡Está historia es interminable! ¡Ve al grano y resúmemelo en veinte palabras o menos! Te he dicho mil veces que mi trabajo es ser un buen superhéroe y no tengo porque tragarme estos rollos. –
- Pero señor, debo informarle de la misión –
- ¡He dicho que me lo expliques en veinte palabras o menos! -
- Está bien, haré lo que pueda. –
- Ya has gastado seis palabras, usa bien las veintisiete que te quedan –
- Pero señor, ¿Usted sabe contar?-
- ¡Suéltalo ya! ¿Quieres?
- Este hombre es un peligro para la humanidad. Aniquílelo por favor-
- Eso es justo lo que quería oír –
Este superhéroe, que por cierto se llamaba Fin, era un superhéroe muy peculiar. Él decía que hacía de superhéroe solo de pasatiempo y cuando le tocaba cobrar, no aceptaba el dinero que le correspondía.
Su gran sueño era llevar un supermercado pero sin la ayuda de dinero extra. Lo de gran sueño lo digo porqué él quería que el supermercado fuera grande, no porque el sueño fuera muy ambicioso.
Sé que podría aceptar el dinero de su trabajo de superhéroe para emplearlo en su sueño, pero él era así. Digamos que era un poco tonto, por decirlo de una manera refinada.
Cómo estaba en el paro, digamos que tenía pocos recursos y estaba obligado a vestir de una forma un tanto ridícula. Cuando salía a luchar contra el mal, llevaba un traje de submarinismo amarillo fluorescente, una manta de gatitos que utilizaba como capa, un cubo de metal que le servía de casco y unas botas de esas para los días de lluvia.
Eso sí, a Fin no se le tenía que juzgar por su aspecto. Aunque no lo parecía por sus pintas, era un ser increíblemente poderoso. Sin duda alguna, el más fuerte de toda la asociación de superhéroes, aunque no fuese muy conocido. Pero como dijo el tío Ben, un gran poder conlleva una gran responsabilidad, algo que Fin no tenia del todo claro.
En la asociación de superhéroes era conocido como el ‘’cacas’’, porqué un día que el desayuno le había sentado mal, de repente, en medio de la clase…
- ¡Oye! ¡Para! ¡No hace falta que cuentes esas cosas de mi!
- ¿Se puede saber que estás haciendo aquí? El narrador soy yo y escribo mi historia como quiero.
- Pero es que te enrollas demasiado y me aburro hasta yo, el protagonista. ¡Pasemos a la acción de una vez! Si no quieres que salga de aquí y te haga una cara nueva.
- Está bien…-
- ¡Vamos allá!
Fin, después de un largo viaje a pie, ya que su capa de gatitos solo estaba para hacer de bonito y tampoco tenía dinero para otro medio de transporte, llegó a todo el laboratorio y se los cargó a todos. Tanto al científico, cómo a sus clones y a todos los monstruos horribles e increíblemente fuertes con los que había experimentado.
Fin de la historia.
- ¿Cómo? ¡Esto no puede acabar así! ¿Y todas esas descripciones épicas y sangrientas que tenías preparado para este momento? ¡Era mi momento de lucirme!
- Lo siento, pero no puedo trabajar con un protagonista que me cuestiona en todo momento.
- ¡Pues más lo siento yo chico! Aquí mando yo, que por algo es mi vida.
- ¿Así? Eso ya lo veremos.
A Fin le taparon la boca con esparadrapo.
- ¡Mpff!
- ¡JA! Ahora ya no estas charlatán.
Bueno, queridos lectores, ahora sí que definitivamente ha llegado el momento de despedirse.
Todos comieron perdices y fueron felices, o al revés, no me acuerdo la verdad.
Fin.
No es que haya nombrado al protagonista, es que quería marcar el final de la historia. Mira que yo también tengo un acierto para los nombres…