Yo, el glóbulo rojo

Hola, mi nombre es William y soy un glóbulo rojo. Os cuento esta historia para que entendáis qué hacemos y cuál es nuestra función dentro del cuerpo humano.
Nací dentro de la médula ósea junto con mis cientos de millones de hermanos. El primer día de ocio, fue muy tranquilo, ya que no sabía lo que tenía que hacer exactamente e iba haciendo lo que quería, hasta que me encontré con un veterano en este oficio. Me lo explicó todo, que si tenía que recoger el dióxido de carbono, con qué cosas tenía que vigilar… así que yo consciente de lo que me había dicho empecé a hacer mi trabajo. Yo que pensaba que ya lo sabía todo después de la clase que me había dado aquel veterano, supongo que era uno de mis abuelos, estaba muy tranquilo, pero no fue tan fácil como creía. Él ya me advirtió diciéndome: seguramente te parece muy fácil lo que te estoy diciendo pero te será mucho más difícil hacerlo.
Y así fue. El primer día después de aquella clase con mi abuelo, ya tuve uno de mis obstáculos en la vida. Fue cuando tuve que ir a recoger el dióxido de carbono, me equivoqué de vena y fui a parar a un dedo del pie. Yo no entendía cómo había ido a parar allí. Me pasó porque dentro del cuerpo humano hay unos conductos llamados venas que lo que hacen es transportar la sangre hacia todo el cuerpo y yo me equivoqué de vena. Pero conseguí salir de allí gracias a unos carteles que te indicaban en qué dirección estaba cada cosa. Yo seguí la del pulmón y llegué a la vena pulmonar. Desde allí recogería el dióxido de carbono ya que si no lo recogiéramos, los seres humanos tendrían muy poca capacidad pulmonar ya que ocupa el espacio del oxígeno. Yo que estaba muy cansado, intenté ir a dormir pero me di cuenta que nosotros, los glóbulos rojos no podemos dejar de trabajar ya que si no el ser humano se moriría.
Ahora os voy a contar uno de mis peores momentos que pasé durante estos días de vida. Fue un día que seguramente Juan (dentro de la persona que estoy), estaba jugando a algo muy excitante, supongo que baloncesto, fútbol, tenis o algo por el estilo ya que nosotros no podíamos parar de hacer nuestro trabajo porque Juan necesitaba mucho oxígeno para que todas las partes del cuerpo le funcionaran perfectamente. Pero llegó un momento en el que Juan tropezó y se cayó haciéndose un corte en el brazo izquierdo. Fue en ese momento cuando yo casi doy por finalizada mi vida, ya que en la vena que se hizo el corte, era en la vena que yo, justamente en aquel momento estaba y lo que me ocurrió fue que al estar cerca de la herida, casi me iba hacia el exterior pero no, yo luché con todas mis fuerzas para poder sobrevivir y gracias a que yo estaba bastante fuerte, pude sobrevivir. Si la herida hubiese sido un poco más fuerte, yo quizás ya no estaría aquí.
Para terminar la historia, os cuento el final de mi vida, después de 120 días, junto con el resto de hermanos que quedamos, morimos después de una fantástica vida ayudando a Juan en su día a día.