Una vida dedicada a la ciencia

Hoy os contaré la historia de Fernando.

Terminó su carrera de Farmacia pero entonces supo, que después de tanto estudiar, vio que aquello no era lo suyo. Tuvo la gran suerte de empezar como aprendiz en la Fundación Puigvert, en el laboratorio y allí empezó su gran carrera profesional dedicado a la ciencia. Tuvo a un gran profesor y aprendió mucho. Era joven pero le gustaba trastear por el laboratorio con el microscopio.

Sus grandes amigos eran los microbios y las bacterias, los conocía, los identificaba, los estudiaba y los fotografiaba a través del microscopio. Aquello le dio tal experiencia que no solo resolvía casos clínicos sino que llego a descubrir un componente contra sus amigos los microbios de lo que ahora conocemos como el ‘Betadine’.

Fueron pasando los años, creció, dejo de ser un chaval a ser un científico muy reconocido en su campo, la microbiología de urología. Lo sabia todo del riñón y sus problemas. Se le abrieron las puertas de grandes laboratorios, que lo invitaban a hacer conferencias por todo el mundo, aunque su lugar favorito siempre fue México.

A sus 70 años, la Fundación Puigvert le invito a retirarse y Fernando, tuvo que aceptarlo. Decidió retirarse en su Masia, en Borredà, y disfruto de grandes momentos, pero aquello no le llenaba, necesitaba más.

Empezó a recopilar todas sus fotos científicas en un CD junto con sus casos clínicos y lo presento a un amigo. Le gusto tanto que le abrió las puertas de nuevo en México, dándole la oportunidad de dedicarse sin cobrar a enseñar a jóvenes científicos todo lo que él aprendió en su carrera profesional. Dio clases en China, Estados Unidos y sobre todo en México.

Fernando, ahora tiene 75 años, está dedicado a compartir todos sus conocimientos adquiridos durante tantos años dedicados a la ciencia.

Este relato esta dedicado a Fernando Dalet, mi abuelo, que tengo la suerte de tenerlo conmigo y disfrutar con él grandes momentos. Como fue nuestro viaje a la Riviera Maya.

Mi abuelo tenia que dar una de sus conferencias en Cancún y tuve la gran suerte de poderlo acompañar. Allí descubrí que era un gran científico, que una vez terminada su conferencia, la gente hacia cola para que le firmara su libro dedicado a los sedimentos urinarios y yo, a su lado, me sentí como el guardaespaldas de un gran escritor de best seller. No podía creer que aquel hombrecillo de pelo blanco fuera tan importante!!

Me siento muy orgulloso de tener un abuelo que ha dedicado toda su vida a la ciencia y ahora a compartirla.