Oscura realidad

Estoy tumbada en la cama y escucho voces. ¿Alguien me llama?. Imposible, no tengo a nadie. Intento volver a coger el sueño cuando vuelvo a sentir “Sara”, y sigue “Sara, ven conmigo”. No me lo creo, es la voz de mi madre.
Me levanto deprisa y voy en su busca. No veo nada, pero se que esta cerca. Siento su perfume. Aquel perfume que odiaba cuando era pequeña pero que ahora es lo que más añoro de mi infancia. Ando despacio y a tientas, me conozco la casa de memoria. Aunque si encendiera la luz, ¿de que me serviría?. Bajo las escaleras que llevan a la sala de estar y tropiezo con algo. Tarda unos segundos en desaparecerme por completo el dolor del pie y sigo andando. De repente me doy cuenta que no se donde voy, que estoy siguiendo ni como va a acabar la cosa. Recapacito brevemente sobre la situación y me vuelvo a la cama. No es posible que haya sentido la voz de mi madre. No, no lo es. Ella falleció hace dos años en aquel terrible accidente de tráfico. Cierro los ojos, pero dormirme resulta imposible. Sigo oyendo su voz. Me tapo los oídos con la almohada pero la sigo oyendo, como si su dulce voz necesitara ser escuchada por mi. Intento ignorarla pero la escucho cada vez mas cerca. Y entonces lo noto. Noto una mano agarrándome el brazo. Noto la mano de mi madre agarrándome el brazo. No necesito tocarla para saber que es ella. Su mano esta helada, como solía estarlo siempre que llegaba a casa y me acariciaba la cara. Lleva puesto el anillo que le regaló mi pare el día de su cumpleaños y oigo el sonido de la campanilla de su pulsera favorita cuando mueve la mano y susurra “Sara, despiértate, estoy aquí”. Levanto la mano para tocarle el rostro pero no toco nada.
Me despierto sofocada y angustiada. Muevo las manos a mi alrededor, pero no, ella no esta aquí. Es en este mismo momento que me doy cuenta que todo ha sido un sueño. Estoy en estado de shock y un poco mareada, así que decido coger el bastón y voy a la cocina a por un vaso de agua. Me siento en la mesa y reflexiono. Nunca había tenido una experiencia imaginaria que pareciera tan real. Des de que perdí la vista a los cuatro años hasta ahora nunca había tenido un sueño completamente oscuro. El médico ya me dijo que a medida que pasara el tiempo las imágenes que mi cabeza recordaba y reproducía en sueños se irían volviendo cada vez mas borrosas hasta que no viera nada. Aún así, nunca le creí. Mis últimos sueños ya no tenían casi color pero seguía distinguiendo formas y tal vez algún lugar, pero el de hoy ha sido completamente opaco. Como bien me dijo podría oír, tocar y oler, pero no ver, como me ocurre en la vida real.
Vuelvo a la cama y cierro los ojos. Desearía que mi sueño se cumpliera pero, la realidad supera la ficción, y lo que se fue ya no va a volver. Pensando durante unos minutos en esto, caigo redonda y espero profundamente dormida a que empiece otro día en mi oscuro mundo solitario.