Viaje al pasado

Es lunes por la mañana. Estoy sentada en la tercera fila, junto a mi amiga Alicia. Parece que el reloj no quiera avanzar. Justo ahora hace un ángulo perfecto de noventa grados, diez minutos más y ya se habrán terminado las clases por hoy.
Alicia es mi mejor amiga desde parvulario. Es alegre, simpática, extrovertida,… ¡Pero habla por los codos! Juntas somos como una macedonia, diferentes pero que unidas son la mezcla perfecta. El otro día íbamos andando por la calle y…
- Señorita García, calcule la velocidad de una pelota que rueda hacia la derecha, siguiendo una trayectoria en línea recta. De modo que recorre una distancia de diez metros en cinco segundos. ¿Me puede dar la respuesta, por favor?
No. Está volviendo a pasar. Día a día estoy intentando ser más fuerte y superarlo, pero parece que la gente no quiera lo mismo para mí. Por las noches no paro de revivir ese día, esas horas, ese momento.
La velocidad… ¿A qué velocidad debía ir ese coche, si con un simple golpe sacó a nuestro Audi A-3 de la carretera con mi padre, mi madre, mi hermano y yo dentro?
En este instante, muchos pensamientos inundan mi cabeza. Ninguno positivo. Es como si me quitaran de repente todas las endorfinas y las cargas positivas que hay en mi cuerpo.
Ellos no se lo merecían. Eran pan bendito. Eran adorados por todo el vecindario. Mi padre era físico, mi madre profesora y, mi pobre hermano aún estaba en cuarto de primaria. Dicen que todo ocurrió en menos de diez segundos.
Desde que en el instituto nos enseñaron como calcular la velocidad, más de una vez he intentado calcular a cual iba ese coche. Pero es absurdo, ya no están aquí conmigo.
Parece mentida como pasan las cosas. Te levantas por la mañana siendo la niña más feliz que puede haber en la faz de la Tierra y en un instante, le dan tres cientos sesenta grados por completo.
Me pasé tres meses en un hospital. Estaba en una situación muy crítica. Aún recuerdo lo que una enfermera me susurraba el día que yo entré de urgencias allí. No paraba de repetirme: lucha pequeña, coge todas tus fuerzas y lucha. Yo fui la única que sobrevivió. Nunca pensé que con lo ocurrido pudiera seguir adelante. Es difícil para mí, pero al final aprendí a transformar mis tristes pensamientos, en momentos agradables. Cada vez que me acuerdo de ellos, en mí, hay una parte que se pone melancólica, pero luego una voz interior me dice que lo tengo que hacer por ellos. Matilde, fue la que me hizo ver que yo aún tenía toda una vida para vivir.
-¡Isabela García! ¿Sería tan amable, de una vez por todas darme el resultado?
- Claro, perdón… La velocidad seria dos metros por segundo.