Un sonido para el Planeta

Cuando los Avnos caminamos los edificios hacia arriba, nos desplazamos por debajo de la superficie o hacemos nuestras labores cotidianas bajo el agua se hace difícil pensar que una vez nacimos de esa especie que habita en la tierra y que llamamos humanos. Cuesta creer que nuestra infinita memoria y capacidad de comunicarnos evitando un código lingüistico o usándolos todos a la vez nació de un patético grupo de seres que se comunican, a menudo con interferencias, utilizando una vulgar lengua. Parece inverosímil que nuestro perfecto organismo evolucionó de algo tan humano como un humano.Y no simplemente sorprende que seamos superiores a ellos como ser vivo, sino que hayamos conseguido organizarnos como sociedad perfectamente en comparación a su caos absoluto en el que la incertidumbre reina.

Dadas estas condiciones los Avnos creemos en que la ley nos debe permitir abducir, usar, finalizar o comer humanos, aunque nunca en un número mayor a diez por mes, regulación insuficiente, por cierto, para evitar que el número de humanos en la tierra siga bajando en los últimos años hasta hacerlos convertirse en una especie en peligro de extinción. Los podemos manipular bajo la premisa de que, en comparación a nuestra especie, su percepción de la vida y su capacidad para sentir no es sino una leve apreciación de la realidad. Sus débiles vínculos con la galaxia los hacen ser inútiles para el desarrollo de ésta, único propósito por el que un ser debe permitirse existir. Y si no recuerdan nada y sus vidas son tan cortas que no duran ni la mitad de una nuestra, lo lógico es creer que nosotros, la especie dominante, podamos disfrutar utilizandolos como queramos. Esto es, de hecho, lo que nos enseñan en los campos de aprendizaje Avnos en los que somos criados hasta que nuestro organismo está en perfectas condiciones para ser útil.

En efecto, un ser de nuestra especie trabaja desde que finaliza una vuelta al sol, pues nuestro aprendizaje es superior al de todas esas especies patéticas, y dejamos de existir cientos de años después. No tenemos afectos familiares que nos hagan débiles y nos hagan tomar decisiones estúpidas que nos impidan evolucionar como especie. En cambio, nuestra sociedad está perfectamente dividida, y la reproducción está prohibida, siendo la clonación nuestra forma de construir la sociedad ideal que ayude a la galaxia dominante del sentido de nuestra existencia. Gracias al Planeta, somos dirigidos diariamente en nuestra ayuda al universo, que nos permite ser la mejor especie que jamás haya existido.

Vivimos en torno a un sistema auditivo que nos organiza guiándonos según las necesidades del Planeta. Yo, designado para cumplir cuatro de los cinco planes diarios debido a mi capacidad al ser creado, debo realizar diariamente ocho horas, mientras que alguien designado a solo cumplir un plan puede escuchar los "sonidos del Planeta" el resto del día. Sonidos que son la diversión por excelencia Avno, donde nos recuerdan lo útiles que somos para el Planeta y nos regulan la intensidad con la que actuamos en nuestro tiempo libre siendo estos, por ejemplo, relajantes cuando el Planeta nos necesita dormidos. Entre el plan dos y el plan tres nos nutren, cargan e hidratan. Todos los días la misma rutina.

Rutina que cambió cuando uno de estos humanos me golpeó afectando mi "Sistema de Comunicación con el Planeta". Ese día empezó como otro cualquiera, el Planeta me despertó, me dio los buenos días e inició el plan de trabajo uno. Fue ya situado en la zona del plan cuatro, cuando un humano salió de la nada para golpearme en mi sistema de sonido dañándolo en una de las veintiún partes. Al parecer escapó de un habitacional cuando iba a ser despielado. El golpe me resultó en una falta de atención. La falta de atención me llevó a dejar de escuchar los planes de trabajo y empezar a escuchar ruidos extraños, ruidos que venian de fuera del audifono. Sin querer comunicar mi fallo por miedo a ser reconocido inválido, esto me hizo darme cuenta en la carcel, como los humanos lo llaman, en la que vivía. Vi el miedo en la cara de ese humano, y escuché por primera vez sus gritos de desesperación y horror, para segundos después verlo morír como millones habían muerto ya en nuestra presencia. Su miedo me hizo empatizar y mi falta de atención me hizo dejar de escuchar al Planeta para indagar más en el mundo humano. Lo que me llevó hasta aquí, junto al cadaver del jefe de los Avnos y a punto de morir, no sin antes injectar un sonido humano al laneta que, con fortuna, salvará el futuro de éstos y, quien sabe, quizá también el de los Avnos.

Y energía libre y volar como bandadas de gorriones...

Fdo. Avno JF26G6R91