La unión

Estoy atrapada. No recuerdo cómo llegué aquí. ¿Por qué está todo tan oscuro? Me han separado de mi familia, no conozco a nadie. ¿Podré escapar algún día? Yo era feliz, muy feliz, nadando siempre en un mar de cloroformo.

¿Qué es ese remolino? No puedo escapar. Ya está todo perdido.

¡Espera! Alguien me está sujetando, ¿será mi salvador? Vuelve la esperanza, veo la luz al final de este infernal camino.

¡Para! ¡Quieto! ¡Me haces daño!

Pierdo el conocimiento, y cuando vuelvo a despertar, he perdido una parte de mí, me la han arrancado, y ahora estoy unido a ese ser, mi "salvador". Esto tiene que acabar ya, por favor.
Todo pasa muy rápido, pero ahora lo veo claro. Mi torturador ha agarrado a alguien que, como yo, no sabe muy bien donde está. Juega con nosotros, creo haber caído en las manos de un seguidor de Mengele, el psicópata médico nazi.

Me agarro a la única esperanza que me queda. Estoy cerca de mi maltrecho compañero de viaje, así que podemos trazar un plan de huída juntos. Le susurro al oído, a espaldas de nuestro captor, que a la de tres tire con todas sus fuerzas. Es nuestra última oportunidad.

Una…dos… y ¡tres!

No ha habido suerte, estamos demasiado débiles. Además, creo que el loco que nos tiene atrapados se ha dado cuenta. Él ríe y nos dice que pronto acabará todo. Pero no le creo, así que grito pidiendo ayuda, pero mis gritos caen en el olvido y me resigno a mi agonía. ¡No te duermas! Me digo una y otra vez. Pero el cansancio me puede.

De repente un grito me despierta. Siento de nuevo la tranquilidad del cloroformo, y miro alrededor esperando que todo hubiera sido un sueño. Oigo gritos, reconozco caras. Veo de nuevo a familiares y amigos, pero para mi sorpresa, todos ellos están unidos a otros muy parecidos a mi compañero de viaje durante la pesadilla. Me digo que no puede ser, pero en el fondo soy consciente de que algo ha cambiado, he sufrido una transformación y tengo miedo de mirarme en el vidrio que cubre la pared de la estancia.
Finalmente, saco lo poco que me queda de valentía y observo mi reflejo en el cristal. ¡Estoy unido a mi compañero! Han jugado con nosotros, nos han convertido en algo distinto. Somos el producto de la mente maquiavélica de nuestro torturador. Pero bueno, podría a ver sido peor. Ahora tengo un nuevo amigo unido a mí para siempre y siento, sin entender bien porqué, que de algún modo nuestra unión ha sido valiosa.

Cuando todo parece tranquilo, suenan las alarmas. ¡Nos atacan! Son muchas y se multiplican sin cesar. Consigo identificar a nuestro enemigo, son células cancerígenas. Pero noto un extraño poder en mí. La unión ha hecho la fuerza, y junto con mi nuevo amigo, atacamos sin pensarlo dos veces. En poco tiempo acabamos con ellas. Una gran victoria. Confío en poder combatirlas fuera de mi casa en el futuro, aunque sé que no será fácil. Pero es un inicio prometedor.


Mientras tanto, fuera del matraz, en el laboratorio:

–¿Cómo ha ido la reacción? ¿Hemos conseguido sintetizar la molécula "Taxol", el fármaco que va a revolucionar la lucha contra el cáncer? –le preguntó Danishefsky a su alumno de doctorado.

–¡Lo hemos logrado! –exclamó Pablo con una sonrisa en la cara–. Al principio se resistió mucho, pero ya te dije yo que por algo Heck ganó el premio Nobel de química. Estas reacciones son increíbles, el catalizador es capaz de unir cualquier molécula, por mucho que se le resista. De hecho se ha quedado con el mote de “El Torturador”.

–¡Genial! – replicó el distinguido científico–.¿Y habéis probado ya con las células a ver si es tratamiento era efectivo?

–En efecto, todo ha ido tal y como pensábamos. Las han destruido todas, es realmente esperanzador – concluyó Pablo.