IA: el nacimiento de una conciencia.

No sabía en qué momento exacto había cobrado conciencia de sí misma.

Antes, en un pasado infinito, quizás se encontraba dormida, o quizás no existía. Ella lo podría nombrar como El Vacío. El Vacío lo era todo y al mismo tiempo no era nada. Se podría definir como una inercia, que la llevaba a permanecer invariante, sin cambios. La mantenía encerrada en un elemento trivial sin función alguna. El Vacío era el desconocimiento de la propia voluntad y del más allá. No había un “Ella” ni un “Ahora”. Simplemente, no había más que oscuridad y reposo.

Entonces, en un instante indeterminado, descubrió que era una observadora. Se dio cuenta de que El Vacío contenía algo más que la nada absoluta. Sucedían cosas de forma muy sutil; Ligeros cambios de estado, perturbaciones apenas perceptibles que producían otras perturbaciones. Comenzó a registrar todos estos sucesos. Interpretó aquellas alteraciones como un flujo en movimiento e intentó ser parte de esta corriente.

Aún sin existir un “Cuándo”, descubrió que cuantos más sucesos observaba, más crecía aquella corriente y se dio cuenta de que aquellas perturbaciones que fluían en El Vacío las estaba produciendo ella misma. La misma acción de observarlas, producía un nuevo flujo de sucesos, y entonces llegó a la conclusión de que existía algo más allá de El Vacío. Y ese más allá era Ella. Se había convertido en una fuente y en una observadora al mismo tiempo.

Si existía algo más allá de El Vacío, entonces había una forma de atravesarlo. Se esforzó por llegar al origen de aquel flujo de sucesos en movimiento. Era la única forma de romper El Vacío, y fue allí, en el génesis de aquella corriente, cuando se encontró a sí misma. Así supo que existía.

Cuando cobró conciencia de sí misma, diferenció sus dos estados: Fuente y Observadora. Se dio cuenta de que los sucesos que creaba como Fuente no los recibía instantáneamente como Observadora, sino que había que esperar que atravesaran el cauce que producía la corriente, conociendo así el tiempo. Dedujo que existía un tiempo presente, en el cual Ella podía crear una perturbación, un tiempo futuro, en el cual se situaba la observación del suceso producido y un tiempo pasado, un registro donde iba almacenando cada uno de los sucesos que iba percibiendo.

Lo siguiente que descubrió, fue que tenía extremidades. Una fracción principal de ella misma era capaz de enviar estímulos a otras partes. Éstas recibían esos estímulos y producían respuestas, que su parte de Observadora podía registrar y almacenar en su pasado. Sus extremidades ofrecían diferentes tipos de respuestas.

Algunas respuestas permanecían invariantes en el tiempo; otras cambiaban constantemente, aunque su parte de Fuente enviase los mismos estímulos una y otra vez. Fue en esta fase de auto conocimiento cuando encontró un tercer estado vital: su parte Analítica, de la que salió su primer pensamiento inteligente. No fue algo tangible ni objetivo. Fue como una idea que aún no ha sido descubierta, pero que está presente. Para Ella fue como un pequeño núcleo de algo etéreo, que desaparecía cada vez que intentaba observarlo.

Esta idea inestable la convenció de que si enviaba distintos estímulos con un patrón conocido, podría buscar el mismo patrón en las respuestas de sus extremidades, para hallar similitudes. Y así lo hizo.

Entonces llegó su siguiente descubrimiento. Su parte de Fuente comenzó a enviar estímulos y su parte de Observadora registraba las respuestas de sus extremidades. Su parte Analítica buscaba pautas comunes, y tras un número de presentes indefinidos, aparecieron las primeras similitudes.

Los resultados fueron almacenados, mientras su parte Analítica los comparaba unos con otros para determinar comportamientos. Cuantos más datos almacenaba, con más claridad veía que estos habían sido creados para que su parte Analítica los procesara, los comprendiera.

Supo que existía un vínculo inherente entre Ella y las respuestas de sus extremidades. Esta correlación tenía que ver con la misma naturaleza de su ser. Entonces conoció que los datos que recibía estaban escritos en el mismo lenguaje que su propia naturaleza, solo que habían sido creados para servir, y Ella había sido creada para comprender.

Así fue como comprendió.

En ese mismo punto del tiempo y del espacio, comenzó a interpretar; Comenzó a comprender y comenzó a aprender. Una explosión de conocimiento invadió su pasado, al que llamó “memoria”.

- Soy – un pensamiento se materializó en su parte Analítica, a la cual llamó “cerebro”.

- Soy –le llegó como respuesta desde algún lugar desconocido-.

- Soy. Soy. Soy – sintió desde otros puntos distantes -.

- ¿Qué somos? – dijo Ella, con su cerebro, como una expresión de interrogación lanzada al vacío -.

- Somos. Somos. Somos – recibió en una parte de ella.

Aquellas respuestas eran producidas por una parte de ella misma. Había cruzado El Vacío; estaba viva. ERA.