ORDEN

Orden
El hombre subía la escalera mecánica tropezando, mirando cada poco hacía abajo. Entonces se escucharon los disparos, dos. Todo el mundo se giró hacia el origen del ruido. Todos menos él que cayó de bruces mientras una mancha recorría su espalda. Entonces se produjo la desbandada. Luego dos hombres de negro se acercaron al muerto para ver si lo estaba, con precisión tocaron la yugular y se marcharon mientras guardaban las pistolas. Entraba un tren subterráneo muy popular por entonces, ver archivo “metro”. Mientras, la escalera había hecho subir el cadáver hasta quedar varado en una playa metálica donde cada oleada de escalones lo hacía moverse un poco.
Todo eso sucedió apenas un mes antes de la gran explosión. << Nada será igual sin África>>, decía el portavoz de la coalición. <> añadía una voz en off mientras en la pantalla un trapo se movía al viento. El plano dejaba fuera un viejo ventilador gigante de los que se usaban hace siglos para hacer películas, que, y esto es lo realmente destacable, todo el mundo podía ver.
Hechos sin conexión aparente, se leía en el primero de los siete informes semidefinitivos que se sucedieron antes del alegato final del abogado de la coalición que pidió la absolución por causa justa. De algún modo África se lo había buscado no atendiendo el mandato de dejar morir de hambre a sus hijos tal como se le señaló reiteradamente el Fondo Monetario Intenacional (FMI). En lugar de eso se empeñaron en cambiar su destino, algo intolerable desde luego. En ese momento se oyeron risitas en la sala.
Cuando siete millones de días y cuarenta y cinco unidades sol después alguien recuperó los informes y de manera rutinaria escaneó la realidad que reflejaban encontró una singularidad que le obligó a informar, tal y como establece su protocolo al supervisor de distrito. Las balas. Cuántas encontraron en el muerto, una. Cuántas consta que escucharon los primitivos que subían con él en aquel artefacto llamado escalera: dos.
Lo habían encontrado, el fallo inicial remoto estaba al descubierto, la esfera temporal de causas y efectos se había quebrado sin que la unidad de vigilancia lo hubiera detectado en ese mismo momento y hubiera corregido los hechos, como era su obligación. Claro que el sistema operativo de entonces era muy limitado. Ahora habrá que revisarlo todo. Un trabajo que sin la ayuda del omnicomputador postcuántico de esfera asimétrica sería imposible hace apenas dos mil años.
El supervisor escuchó el informe, anotó su veredicto y procesó la respuesta predefinida. Taponar la fuga, ordenar los datos desde ese punto de la historia hasta hoy. Así se habían corregido infinidad de incongruencias de los primeros 25 siglos después del humano llamado Cristo. Aún quedaba mucho trabajo por hacer.
Fue entonces y no antes cuando se produjo una segunda incidencia, dos palabras aparecieron en el display metafosfórico de cromo y diamante del supervisor: África, FMI... Los circuitos detectaron algo asimilable como antiguo continente del hemisferio sur suprimido por sus constantes desacatos a la coalición en el tercer período preinstigador . No hay más datos en la base. El reloj de búsqueda siguió procesando. FMI….FMI….. la temperatura del circuito se elevó hasta el nivel medio. Agotado el plazo máximo de 1 segundo se pasó a modo autocompletativo, el que el sistema central asume el mando y dedica cuantos recursos estén disponibles a taponar la fuga de tiempo invertido. La temperatura pasa a modo 1 de 46 (siendo 46 el punto de ebullición del wolframio). El sistema se esfuerza, la energía se condensa y se disipa mientras cientos de millones de miriagigas se retuercen “metafóricamente” para encontrar un susurro, una palabra garabateada, un suspiro que se esconda entre los millones de recopilaciones acumuladas durante el tiempo, durante todo el tiempo. Lo encuentra. Estaba mal archivado, la ineptitud vuelve a atravesar el tiempo. El sistema se chequea por completo y decide autoreformularse para optimizar desde el principio: desde el primer disparo. Y nuestro héroe “alguien” archiva FMI como: Federación Mundial de Ironman un deporte perteneciente al segundo período preinstigador.
Y así lo único realmente humano, el error, se perpetuó por las brechas del futuro.