Las canicas de Dios

LAS CANICAS DE DIOS

Cada tarde, elijo el mismo banco para sentarme a pensar en ti. En este lateral de la catedral, intento descubrir qué elementos de los que te ofrecí, no entendiste para que combinaras y aprendieras a vivir. Ahora resulta que te aburres y anhelas mi paraíso. Me gusta la soledad para trabajar, luego, no vendrás conmigo. Pero ya que estás aquí, aprovecho tu insistencia para proponerte un juego.

Acércate al estanque, lanza todas esas bolitas diferentes que he puesto en tu mano y presta atención a la gran cantidad de moléculas de agua que las hace flotar
No me mires de esa forma, Martin. Eres una persona muy importante, con las mismas posibilidades de una partícula cuántica, antes de ser observada. Y como tal, te pondré un apellido: a partir de ahora, serás Martin de Higgs y vivirás en un campo que llevará tu nombre. Otorgarás masa a las bolitas con las que prefieras interactuar. Las convertirás en multiverso. Te pongo como condición, dotarlas de leyes físicas diferentes, que ninguna sepa de la existencia de su vecina y que las mantengas alejadas unas de otras. Te agradeceré la creatividad. Pondré música mientras trabajas; es algo que a mí me ayuda bastante. He elegido para ti (Le Petite Fille de la Mer, de Vangelis).

Martin se come su resentimiento y da forma a sus ideas.

Veo que la música te ha inspirado. Me impresiona cómo has distribuido los diferentes grupos de bolas, formando un dibujo perfectamente simétrico; grupos de 2, 3, 5 y 8. A mí nunca se me hubiese ocurrido utilizar los números de Fibonachi para eso. Ese rosetón que has inventado, es un mandala con vida propia, se mueve de dentro hacia afuera, empujado por una sustancia extraña. Me gusta. Has impregnado el espacio de energía oscura, distribuyéndola de manera uniforme y haciendo que todo esté en continua expansión, de tal forma que, ni viajando a la velocidad de la luz, sea posible alcanzar a la bolita más cercana.

Cada bola, produce un multiverso aparte, y con sus propias constantes físicas. Todas ellas, dominadas por fuerzas de la naturaleza desconocidas, que ni yo entiendo. Reconozco que he sufrido con tu poco sentido del riesgo, porque casi montas un caos en la ecuación general. A tan alta velocidad de expansión, se te marchaban las bolitas tanto, que estabas gestando inconscientemente, un universo vacío y oscuro. Menos mal que has colocado una potente fuente de calor y provocado que vuelva a hervir el espacio, fabricando bolas nuevas. ¿Habrás descubierto un infinito sin sentido? Eso no te lo voy a desvelar, porque ya sabes que me gusta el misterio. Cumpliste los requisitos y me gusta tu trabajo. Martin, eres importante para mí. No lo olvides.
¿Preparado para regresar a tu punto de partida? Una de las bolas es el universo del que viniste. Sabes qué sendero elegir para encontrarlo, ya que tú mismo lo creaste. Feliz viaje y suerte, querido amigo.

Martin, abre los ojos y reconoce el color del Pacífico. Da un brusco salto hacia atrás cuando recuerda la traición de Violeta. Había llegado hasta El Golden Gate con la misión especial de acabar con su vida. Recupera su bici y pone rumbo veloz a Berkeley University.