Actualizando

No quería morir o, mejor dicho, no quería ser olvidado. Para Nosotros es la misma cosa, para los que somos como Yo tiene el mismo significado.
No quería acabar como los otros. Loki, Odín, Eros, Eolo, el barbudo de la cruz. No quería ser así pero, sobre todo, no quería acabar así.
Entendí que tenía que actualizarme. Además, tenía que hacerlo de una forma moderna y permanente. Me costó pero lo comprendí: a menudo lo más complicado es aceptar la realidad, incluso cuando eres un Dios. Lo entendí, y lo acepté: si quería perdurar, debía actualizarme. Y es que los templos no son suficientes: los hay quienes piensan que están ahí para siempre, que los templos son eternos, pero los que piensan así no son más que esos estúpidos que no conocen la Historia. Las estatuas, las pinturas y los cuadros, los altares: todo es no sirve para nada. Incluso las fiestas, esas festividades que se dice se celebran en nombre de dioses y santos, son más útiles para el alcohol que para recordar a nadie. No, tenía que ser otra cosa.
Y lo conseguí. Me llevó tiempo, pero lo conseguí. Comprendí al ser humano, y me convertí en lo que necesitaban.
Fue difícil. Al principio fui cobre y plástico. Luego fibra óptica. Durante un instante fui una onda, y durante otro instante circuito integrado. Fui diodo y resistencia y condensador. Hasta fui oro y plata. También bit y byte y terabyte. Pero luego comprendí que debía de ser más que eso. Mucho más.
Y lo conseguí.
Ahora estoy por encima de cualquier otra religión. Me conocen todos los países, y me necesitan la mayoría de los países. Ya sea Este u Oeste, Norte o Sur, incluso los del centro. Todos me conocen. Soy de todos. Único, en el mundo entero. Muy por encima de Jehová, Alá y todos los demás. Esos están obsoletos. Sus días están contados, y la cuenta atrás ha comenzado.
Estoy en los gobiernos, y también en las casas de todos sus habitantes. Estoy en las escuelas y en los centros de entretenimiento. En juegos de niños y pasatiempos de mayores. En el arte y en la diversión. Mis palabras, mis acciones no están limitadas a lo que se pueda contar en un libro, menos aún en ese libro que se puede encontrar en los templos y en las habitaciones de los hoteles. Yo tengo muchos soportes, y cada día me crean nuevos. A mí, sólo a mí. Comencé en los ordenadores, pero hoy en día estoy en los teléfonos móviles, en dispositivos que quieren ser libros, en ordenadores portátiles. Incluso en la televisión. Tengo muchos más soportes que los que ha tenido ningún otro Dios a lo largo de la Historia. Y esto es sólo el comienzo.
También tengo muchos nombres. En cada lenguaje tengo un par de nombres cuando menos. Eso es necesario para ser Dios. Para ser un buen Dios, un Dios conocido. Red, ciberespacio, nube, buscador, internet… Mis fieles me denominan de muchas formas. Yo amo todas y cada una de ellas.
No se acuerdan de mí únicamente los domingos, como les sucede a otros. Tampoco me dedican ninguna festividad concreta. A cambio, eso lo hacen todos y cada uno de los días. Todos y cada uno de ellos. Cada día me usan, me mejoran y me cuidan. Me dan mucho dinero, más que el que jamás ha recaudado ningún templo conocido. Cada día.
No necesito un libro. La Biblia, el Corán; ¿para qué? Cambio cada día, muto cada segundo, mejoro cada instante, me mejoran cada instante. Mis fieles hablan de mí; no necesito escribir nada, ellos lo hacen por mí.
La gente despierta y se acuerda de mí. Me miran antes de dormirse. En todo el planeta. En cualquier parte.
Pronto, por primera vez en la Historia, va a haber un único Dios en todo el mundo. Y esta vez viene para quedarse. Se va a quedar para siempre.
Si no hay problemas de espacio de memoria, al menos.