CORAZONES SILENCIOSOS

California, marzo de 2002

Aquella tarde de domingo Cliff Franklin, libre en la Agencia, se dejó arrastrar por su mujer, Mary, al estadio del San Diego Chargers, donde el hermano de Mary formaba parte del equipo local.
A partir del segundo cuarto de partido, Cliff, víctima del aburrimiento, se entretenía observando las reacciones y gesticulaciones del público a medida de que su equipo avanzaba una yarda. El fervor crecía en el momento en que los puntos de un `touch-down´ subían al marcador. Y fue en uno de esos lances cuando Cliff notó la presión de las uñas de Mary en su antebrazo. Instintivamente giró la cabeza hacia el campo. El jugador número veintiséis, después de trastrabillar unos pasos, caía fulminado sobre el terreno.
-¡John! –exhaló Mary en un grito desgarrador.
El hermano de Mary fue llevado urgentemente al Centro Médico de la Universidad de California, donde no pudieron hacer nada por su vida.
Cliff hizo valer su cargo como agente del FBI para acelerar la entrega del informe de la autopsia: un problema cardíaco conocido como cardiomiopatía hipertrófica había sido la causa del fallecimiento de su cuñado. La causa más común de muerte súbita en jóvenes deportistas.
Al término del entierro, y cuando Cliff estaba a punto de subirse al coche, fue abor-dado por un hombre de mediana edad que alargó el brazo para estrechar su mano.
-Mi sentido pésame. Mi nombre es James Howard, analista de laboratorio de la Uni-versidad de California.
Cliff observó al hombre: pelo cano, poblado mostacho y una voz grave y serena.
-Seré breve –continuó Howard-. Sé que pertenece a la Agencia y que mostró especial interés en el resultado de la autopsia de su cuñado. Pensé que tal vez le gustaría saber los pormenores de las investigaciones que estamos llevando a cabo sobre la muerte súbita y, sobre todo, las conclusiones a las que hemos llegado.
Cliff notó en la voz del hombre un atisbo de confidencialidad.
-Pase el lunes por mi despacho y estaré encantado de escucharle –contestó Cliff en el mismo tono.
-Preferiría un lugar más discreto –sugirió Howard mirando de soslayo hacia un lado.
-¿Conoce el café Chloe?
Howard asintió.
-Bien. Le espero allí el lunes a las diez de la mañana.


Cuando Cliff llegó al café ya Howard lo estaba esperando sentado a una mesa al fon-do del local. Después de que les sirvieran unos aromáticos cafés franceses e intercam-biar breves y forzadas vaguedades, imperó el silencio. Cliff lo observó expectante.
-No sé como explicarle la actual situación sin caer en términos demasiados técnicos -consideró el analista.
-Adelante. En el FBI nos enseñan un poco de todo.
- En el laboratorio llegamos a la conclusión de que el origen del problema que nos ocupa tiene su origen en la mutación genética de un gen, que impide el desarrollo de otros dos. Juntos los tres, codifican proteínas contráctiles que interactúan en la forma-ción muscular del corazón. Después de hacer públicos estos resultados seguí investi-gando. Encontré las respuestas a las mutaciones genéticas a través de estudios de ra-diación en el Pez Cebra. Empleando dicha radiación para crear mutaciones aleatorias en el genoma del pez y comprobar su impacto en los embriones, descubrí que se for-maban embriones cuyo corazón no latía, a los que denominé “corazón silencioso”.
-Todavía no sé a donde quiere llegar.
-Últimamente nos estamos enfrentando a continuos impedimentos tanto en la inves-tigación como en la publicación. Sospecho que las órdenes vienen de “muy arriba”.
La American Heart Association y la American Sport Medicine Association, con las que colaboro, establecen la necesidad de realizar un cribado de la enfermedad cardiovas-cular en los deportistas de competición.
-¿Y donde está el problema?
-Dentro de dos años hay unas olimpiadas a las que acudirán más de diez mil deportistas. Y a la Administración siempre le preocupó el peso del medallero.
-¿Cree que en la balanza de la Administración pesa más una medalla que una vida?
- Por lo pronto, del Registro Nacional de Medicina Accidental y Seguridad en el De-porte han desaparecido historiales clínicos de deportistas fallecidos repentinamente. Tengo documentos que estarían más seguros en sus manos que en las mías. ¿Puede pasar el jueves por el laboratorio?

Cliff pasó el jueves por el laboratorio, pero ante la “evaporación” del doctor Howard, lo único que pudo sonsacar a la dirección del centro fue que James Howard había ce-sado.
Cuando se incorporó a su oficina tenía el recado de pasar por el despacho del Direc-tor Adjunto.
-Cliff, estás involucrado en un asunto que te afecta directamente, y eso puede impe-dir que veas las cosas desde un punto de vista objetivo. Por consiguiente, creemos que lo más conveniente es cambiarte de destino.
Transmitió su crispación al pie del acelerador y notó el empuje del motor. “Calma… todavía quedan dos años hasta la Olimpiada de Atenas”