Sin alternativas

-"Quizás con este chándal parezca que tenga algo más de carne en la piernas”-pensó mientras se miraba las débiles canillas.
Después de sentarse en el borde de la cama durante unos minutos decidió levantarse.

En la cocina le esperaban los cacharros de la noche anterior: unos restos de apio, pieles de tomate, bicarbonato y medio limón. Enjuagó la batidora y volvió a meter la misma mezcla de vegetales con los que desayunaba desde hacía varios meses. Pensó que cuando viniera su hermana a verlo le pediría que le cortara la calabaza a trozos, ya no se veía con fuerzas para partirla él.

Cogió un vaso de cristal. Apretó el gotero y las 30 gotas se precipitaron tintineando en el vaso con su habitual cadencia. Prácticamente no necesitaba contarlas. Ya no notaba su sabor alcalino ni el olor le causaba repulsión, más bien todo lo contrario. Sabía que ese mejunje le iba a salvar la vida. Era su maná.

Continuó con su rutina, pero hoy no pudo sentarse junto al balcón ahora el que sol se colaba por la ventana. A duras penas pudo alcanzar la taza del váter. Su mundo giraba.
Pensó que tendría que pedirle a su hermana que le trajera una palangana. Cada vez le costaba más limpiar todo aquello.
“No le pienso decir a Marta para qué es….me pone nervioso cuando intenta darme consejos”-pensó. “Y como bien dice Enric es algo que debo evitar al máximo. Debería mantenerme más alejado de ellos. Ellos son la causa de todo esto. Debería ser más estricto con el aislamiento…”.

Valoró la cantidad de MMS que había podido vomitar y se preparó una nueva dosis, esta vez con menos gotas.

“Tengo que enviarle un mail a Josep para que me de nuevas indicaciones”-musitó mientras cogía el ordenador. “No sé porqué no me compré el Macbook Air”- refunfuñaba. “Ahora no sentiría tanto peso encima de las piernas”.
“Cuando tenga el alta y cobre el sueldo íntegro otra vez será lo primero que compre. Mientras tanto tendré que seguir con este tocho”...

Un aviso del google calendar fue lo primero que apareció en la pantalla. La ventana emergía tapándole el cuello en la fotografía que tenía de fondo de escritorio. “Curiosa coincidencia”-pensó. “Justo me tapa el tiroides y su puto cáncer”. Era su foto, pero ya no parecía él.

“No sé porqué me puse esos avisos. Tengo que eliminarlos. No pienso ir a esas visitas...ya pueden esperarme en el hospital. Están listos si creen que voy a dejar que me envenene la BigPharma. Creo que solamente iré a la visita de finales del mes que viene, que me toca TAC. Así podré ver la evolución. Estoy deseando poder reírme de todos ellos, restregarle a mi hermana el resultado. Quizás Enric me lleve de testimonio a alguna conferencia y quizás Josep también”.

Súbitamente la habitación empezó a girar de nuevo, pero esta vez el ritmo era más lento y pesado. Las piernas no aguantaban el peso de su cuerpo y la visión era como en una fotografía quemada.

-"Señorita, esa información es confidencial, pero siendo usted su hermana le diré que no ha sido atendido hoy en el hospital"-dijo aquella voz a través del auricular.
Cuando el cerrajero consiguió abrir la puerta ya fue demasiado tarde.