NO ES TAN FIERO EL LEÓN COMO LO PINTAN

Erin ordena una estantería para ganar espacio, cuando un señor de mediana edad entra acompañado de un niño de unos diez años a su tienda de animales.

-Buenos días, vengo con mi hijo porque tienen ustedes catálogo de animales extraterrestres.- Dijo el hombre sin poder evitar que su mirada se distrajese buscando jaulas con aliens por toda la tienda.

-Sí señor, tenemos tres organismos provenientes de exoplanetas del sistema gliesiano previamente terriadaptados en reservas especiales ubicadas en la colonia internacional Luna3.- Contestó Erin, orgullosa de su producto, altamente exclusivo, que se vendía en aquella tienda de mascotas de lujo situada en la Rue de la Paix de París, a bien pocos metros de la Place de Vendôme. Por la indumentaria del padre y el hijo, no pagarían acogiéndose al sistema de plazos.

-Tenemos lo justo para reproducir un pequeño ecosistema en casa: productores, consumidores primarios y secundarios.

-¿Perdón?-Dijo el hombre consternado.

- Plantas, herbívoros y carnívoros, papá.- Exclamó el niño con un repelente grado de erudición.

- El número uno de su clase en ciencias. ¿Cómo le voy a negar un regalo especial de cumpleaños?

-Ya veo. Es un pequeño experto.- Dijo Erin mientras, como buena irlandesa, pensaba chistes en silencio de por qué no se debe tener aliens en casa para entretener a los niños. Tocó la mesa del mostrador, hecha de vidrio plano de trabajo, y apareció el menú principal, a modo de una gigantesca Tablet. Accedió al catálogo de organismos extraterrestres.

-Déjame que te explique.-Dijo rebosando amabilidad hacia el escolar repipi.- Tene…

-¡Yo quiero un efrenato!- Dijo el niño con soberbia, interrumpiendo su explicación.

Violenta por los modales del mocoso, Erin bajó la mirada al mostrador-pantalla de trabajo y accionó la opción deseada por el chaval.

-¡Uuuuuy! Ese animal es muy feroz para un jovencito.

-Bueno, los sirven capados, ¿no?- Intervino el padre, rescatando raudo a su caprichoso retoño.

-En realidad, cualquier animal exótico está castrado siguiendo las indicaciones para especies foráneas de la ley contra delitos ecológicos.

-¡No! Me refiero a que los preparan para tenerlos en casa.

-Supongo que se refiere usted a las modificaciones extremas. No lo recomendamos por la salud psicológica y física del animal. Pero si es su deseo, podemos hacerlo aunque los precios se doblan por los servicios veterinarios.

-No importa. Dijo tajante el hombre, para satisfacción de su vástago, que estaba visiblemente emocionado.

-¿Ves papa? Podré jugar a las tropas de las naves estelares con mis compañeros de colegio.- El padre rie la ocurrencia del niño y piensa que no es problema desembolsar una pequeña fortuna con tal que su hijo juegue seguro.

- Estas son las modificaciones del Efrenatus gliesus.- Dijo la vendedora haciendo que en pantalla del mostrador apareciese un animal, el cual parecía una versión nociva y amenazadora del diablo de Tasmania de los Looney Tunes.

-Como sabrán, éste ser es un depredador con unas púas venenosas que inyectan una neurotoxina que podría causar la parálisis de un humano en apenas 10 segundos. La primera intervención consiste en retirar todas esas espinas del lomo y la punta de la cola. Las mandíbulas del efrenato no son muy poderosas pero tiene un sistema de dentición en continuo desarrollo con varias filas de dientes en cada mandíbula, así que los veterinarios extirpan quirúrgicamente la zona bulbar donde crecen. Por último se les quitan las garras de las extremidades posteriores, que no sólo le ayudan a correr con su increíble velocidad, a pesar de ser bípedos, sino que también las usan para herir a sus víctimas si lo creen necesario.

El posible comprador había abierto la boca a lo largo de la exposición. - Vaya. ¡Lo tienen ustedes todo controlado!- Dijo fascinado a Erin, a lo que ella le contestó:

-Hasta aquí las modificaciones fisiológicas, pero se ha comprobado que el efrenato tiene una tendencia a mantener un comportamiento violento y desenfrenado, característica etológica con la que fue bautizado. Así que nuestros biólogos del comportamiento le someten a una extinción de la violencia por refuerzo negativo a los comportamientos furiosos e impulsivos. Para ello usan descargas eléctricas como condicionante.

En aquel instante llamaron al teléfono de la tienda, y Eire se disculpó con sus clientes, que quedaron embobados mirando las imágenes que aparecían en la pantalla del mostrador, para poder atender la llamada con algo de privacidad.

-Magasin des animaux extraordinaires?

-Hola, soy Julien Tessier. Llamo por el efrenato que me llevé la semana pasada, quiero devolverlo.

- Perdón Monsieur, ¿se comporta mal o no ha sido bien modificado quirúrgicamente?

-No, nada de eso… En realidad lo quiero devolver porque el animal está aterrorizado dentro de la jaula temblando todo el día, sin querer salir. ¡Menuda porquería de fiera extraterrestre me han vendido!