La escalera

Vivo en un dúplex, en el centro de la ciudad. Lo que más me gusta es la escalera que comunica los dos pisos.Tendríais que verla: con sus escalones que imitan el mármol y su pasamanos reluciente, es una espiral que asciende girando en el sentido de las agujas del reloj. Al mirarla me veo en el pupitre oyendo a la profesora decir: la estructura del ADN es como la de una escalera. En mi imaginación pinto cada escalón de un color: rojo, amarillo, verde y azul. Rojo, rojo, azul, verde, amarillo, amarillo, verde,...¿de verdad toda la vida está contenida en cuatro colores? ¡Vamos a comprobarlo! Entonces subo cantando, me deslizo por la barandilla, salto los escalones de dos en dos, intento bajar rodando como una croqueta...esto último mejor no, es demasiado arriesgado. Acabo placenteramente agotada.
Me siento en el primer escalón, perdiendo la mirada a través de la ventana. Afuera hay gente moviéndose sin parar, camiones que transportan comida y material de obra, y semáforos que marcan el ritmo intenso del ir y venir de todos los días. Pienso que las carreteras son rutas de comunicación entre mi casa y el resto de la ciudad, que es la célula. Y yo me regocijo en la tranquilidad de mi escalera, en el núcleo de mi casa, pensando en que no me tengo que preocupar por nada, porque todo funciona a la perfección. Aunque si algún día se rompe un escalón sólo podremos utilizar la mitad de la casa, la planta de arriba o la de abajo, según donde nos encontremos en el momento del fatal infortunio. Habría que llamar a los albañiles para que la reparasen. Hasta entonces no podríamos dedicarnos a nuestros quehaceres cotidianos con normalidad. Todo por una escalera, ¿no os parece increíble?
Me río en mi cama moviéndome completamente como una cucaracha. A veces la fiebre es tan alta que me hace delirar. Recuerdo que en otra ocasión en que estuve muy enferma quería encontrar una ecuación en la que despejar la incógnita del dolor. Mis amigos se ríen cuando les cuento estas cosas.
Aunque quizás el delirio no es tan grande. Quizás tiene algo de real. Ahora que me encuentro un poco mejor voy a llamar a Marta, y a Javier, y a la vecina, y a mis tíos, para que vengan a visitarme. Si quieres tú también puedes venir. Estaremos tomando café, sentados en la escalera, viviendo la vida.