Visión de futuro

No era culpa suya que el profesor Arias fuera un inepto y él no pasara de ser su ayudante. El problema era el politizado mundillo universitario. La prueba radicaba en que el proyecto estrella del Instituto de Física Teórica seguía en punto muerto y tan sólo él, Jesús Pastor, conocía la clave de la secuencia correcta que conectaba presente y futuro. Publicaría los resultados en los canales apropiados y así demostrar, con un movimiento audaz, que estaba en lo cierto además de obtener una beca y la cátedra. De otro modo, el profesor se atribuiría todo el mérito y no estaba dispuesto a soportar otra humillación más.

Fuera del horario lectivo, accedió al laboratorio gracias a su acreditación académica. Cambió los parámetros en la unidad de procesamiento y esperó al reinicio. La pantalla del Cronovisor se encendió. Cuando mostró un 100% de operatividad, tuvo que ahogar el grito de triunfo. Aunque no pudiera viajar en forma física al futuro, lo contemplaba tan nítido en la pantalla como un partido del Madrid retransmitido por cable. Se sintió poderoso, podía sacar buen provecho. ¿La Bonoloto, por ejemplo?
Las calles, como si fuera la grabación de una cámara de seguridad, seguían siendo las mismas, excepto por el hecho de que los coches flotaban sobre campos magnéticos. Se respiraban aires de prosperidad. Los ciudadanos vestían con telas ligeras a pesar del vaho que exhalaban sus bocas, no alcanzaba a ver ningún mendigo… y todos los locales comerciales estaban abiertos y lucían como nuevos. Era obvio que se le había ido la mano con la selección de destino, pues lo que veía era fruto de un tiempo mucho más remoto que el siguiente fin de semana de sorteo. Atrapado como estaba por la visión, sufrió un sobresalto mortal cuando apareció, en primer plano del monitor, el rostro de un hombre que lo miraba con fijeza. No era una casualidad, estaba allí de forma intencionada. El Cronovisor no recibía sonido y el individuo debía saberlo pues hablaba con parsimonia, como si quisiera que leyera sus labios. Poco a poco, pudo interpretar sus palabras: lo esperaban. Al parecer, los libros de Historia hablaban de Jesús Pastor como Libertador de la sociedad oprimida, aquel que había unido a las masas y conseguido la verdadera libertad social. Había limitado los beneficios vergonzantes del Capitalismo extremo, revirtiendo el exceso de producción a la comunidad, de manera proporcional y solidaria. El héroe global del siglo XXI.
Jesús sintió vértigo, las piernas le temblaban y tuvo que sentarse. A pesar de tener una grabación de la imagen, no acababa de creérselo. Él, una especie de Mesías… Como si aguardara la reacción, su interlocutor le dio unos minutos antes de añadir que el futuro no era inmutable, que el éxito dependía de demasiados factores, y que debía mantener la fe en sí mismo y luchar.
Pero… ¿Cómo no creer en ello si había vislumbrado el futuro posible? El fervor llenaba ya su pecho, lo inflamaba de ardor revolucionario. Sí, lo haría. Pondría fin a la…
—Lo siento, amigo. No podemos permitir que ocurra.
Jesús se angustió al escuchar la voz a su espalda. Giró la silla para encararlo. Un hombre con pasamontañas, vestido por completo de negro, le apuntaba con una pistola con silenciador.
—Para nuestra hermandad, el mundo está bien como está. No repartiremos la riqueza —dijo un instante antes de apretar el gatillo.
Los periódicos del futuro apenas recogerán una mención a la muerte de un ayudante de laboratorio que, al parecer, se suicidará tras borrar todos los datos de un proyecto de investigación inviable.