LOS GIGANTES QUE PASABAN HAMBRE

Ese día de Nochebuena estaba atardeciendo; y don Quijote cabalgaba tan tranquilo por los campos con su escudero, Sancho Panza, que montaba su viejo asno. Ambos pensaban cenar con Dulcinea en la posada.

En el momento en que nuestro caballero alardeaba de todos sus actos heroicos para impresionar a su dama, surgió de repente ante ellos una luz que caía del cielo en forma de cascada.

Era tan llamativa y extraña que don Quijote gritó:

-¿Qué diablos es esa magia negra, Sancho?

-Ni yo mismo lo sé, mi señor. Pero tened cuidado, puede ser peligrosa.

-Tú no sabes nada de caballería, Sancho. Me enfrentaré y mataré al osado que se haya atrevido a desafiarme y a maldecirme.

Y diciendo esto, el hidalgo fue corriendo como el viento hacia la luz. El escudero trató de detenerle; pero antes de poder hacer nada, su señor había desaparecido dentro de ella, y no tuvo más remedio que seguirle. Al atravesarla, se encontraron con un paisaje harto diferente.

-¿Qué ha pasado, Sancho?- preguntó don Quijote-. ¿Qué es eso tan extraño?- dijo, señalando unos objetos enormes y delgados similares a molinos. ¡Pero si son gigantes!

-¡Oh, no señor! ¡Son aerogeneradores!- le corrigió su amigo.

-¿Aero... qué?

-Aerogeneradores, según dice aquí-. el escudero le señaló un cartel-. Son molinos de viento modernizados-. ¡Ahora lo entiendo! ¡Esa luz nos ha traído hasta otro tiempo! Nos encontramos en un parque eólico.

-¡No digas necedades, Sancho! Esas cosas son gigantes que han pasado mucho tiempo sin comer. Por eso están tan delgados. Me enfrentaré a ellos antes de que nos devoren como alimañas.

Cuando fue a arremeter contra ellos, surgió de nuevo la extraña luz que les transportó a los dos a su época otra vez.

Sin más dilación, continuaron su trayecto hasta llegar a la Mancha. Una vez allí, Dulcinea les recibió con los brazos abiertos en su posada y con una suculenta cena. Mientras comían, los hombres les contaron a ella y a su criada cómo había sido su anterior aventura: los extraños molinos delgados (o gigantes, según don Quijote), y la llamativa luz. Las mujeres quedaron impresionadas. ¿Sería otra de las locuras del hidalgo?