Estimado reviewer number three

Estimado reviewer number three.
Te escribo con respecto al charco de pis que has dejado encima del artículo que envié, que he recogido, aún caliente y goteando, esta mañana en mi correo electrónico. Sacando la guadaña afilada has segado nuestras ilusiones al desdeñar como “poco validados” nuestros métodos ¿No somos acaso tú y yo por igual científicos serenos y racionales, intentando hacer progresar el conocimiento humano, por pequeños que sean nuestros avances? Y sin embargo, mis investigaciones son ante tus ojos inimaginativas, inválidas e inanes, indignas de ser publicadas, significativamente igual a cero interesantes y cero innovadoras. Reviewer number three, tú, que tan bien como yo sabes que el sudor, las peleas y los insultos a los aparatos de medida corresponden a tres cuartas partes del trabajo de investigación, tú, que entiendes igual que yo la complicación de trasladar al papel la lógica de los experimentos, tú, que sabes lo dura e ingrata que es la ciencia, tú, compañero en la lucha contra la ignorancia y el desconocimiento, ¿por qué me rechazas así?
Te imagino revisando mi artículo, estimado reviewer number three, mientras dabas sorbos largos a un vaso lleno hasta arriba de aceite de ricino, mientras te reías con diabólicas carcajadas y pintarrajeabas de rojo sangre el papel que resume miles de horas de desesperación en la poyata. Tal vez lo hayas leído en el sótano más profundo de la caverna más tenebrosa, iluminando tu lectura con una vela encendida en un candelabro decorado con los cráneos de otros investigadores, a los que como a mí fulminaste con tus palabras venenosas. Con incesable afán corrosivo, tu mirada inquisitiva ha escudriñado mi humilde escritura en busca de una coma mal colocada, un doble espacio olvidado, o una mayusculización errónea de una palabra. No te has callado lo que has encontrado. Cada pulsación de una letra en tu teclado deja un trazo de fuego en la pantalla del ordenador, destilando desprecio y soberbia, clavando tu florete en mi científico corazón para después darle vueltas con énfasis destructivo y mala leche, hundiéndolo en mis entrañas para como hundes mi orgullo y mis esperanzas de futuro.
Espero, estimado reviewer number three, que te hayas levantado con la espalda doblada y con tortícolis, que hayas pisado un charco de agua justo después de ponerte los calcetines, que te hayas abrasado la boca con el café y que te haya caído un chaparrón al salir de casa. Espero que te hayas comido un atasco de camino al laboratorio, que hayas tenido un manchurrón de salsa en tu camisa favorita, que tu equipo de fútbol haya perdido. Espero que la comida de la cantina del laboratorio te enferme, y espero que pases las horas sentado en el retrete pensando en el daño que has hecho.
Espero que cuando mandes un artículo, te encuentres con un reviewer number three como tú mismo, que te veas en el otro lado de la mesa, arrodillado y mendigante, pidiendo aprobación y piedad a quien no tiene oídos para escuchar súplicas, como me encuentro yo ahora.