Dodecaedro

Cuando aterrizamos,sentimos los latidos del calor frente a nosotros.Una trémula sístole y diástole que parpadeaba fuego bajo la superficie helada. Su infancia molecular quedaba lejos; había ardido durante millones de años y ahora que la luz se enfriaba hasta cristalizarse, nos permitía despedirnos en persona. En los treinta y siete años que llevo trabajando en el Hércules nunca había visto nada igual. Reflectaba la luz cósmica como una extraña iridiscencia placentera; y cuando palpitaba irradiaba una tonalidad rojiza durante varios segundos. Estoy seguro de que emitía colores que no podíamos percibir.

-¡Vamos, activa el taladro!
-¿Esque estás esperando a que se convierta en una enana negra?


Adem y Ciro rieron. Adem era una persona seria,pero su compañero siempre lo embaucaba.

Pulsé el botón y agarré los mandos. Después de tanto era algo intuitivo. Tiré de la palanca de seguridad y las mandíbulas de Hércules cedieron a mi disposición.Al fin y al cabo ese es nuestro trabajo; divisar y atrapar enanas blancas convertidas en diamantes estelares.

En un movimiento coordinado, abrí las dos pinzas y tras calcular la distancia las fui liberando poco a poco hasta que apresaron el astro.Tras comprobar las condiciones activé la perforadora. Su punta estaba hecha de Herculita,el material del caparazón de un Hércules Gigante (Metadynastes Hercules Gigas); el elemento más resistente del que se tiene conocimiento hasta la fecha. De hecho, la Herculita es tan resistente que hubo que gasear al especimen con el que se construyó esta nave.

Es bien conocido que la tecnología se inspira en la naturaleza e intenta imitar su perfección,pero esto había ido un poco más lejos.Creo que todos sabemos lo que ocurre aquí. Me dí cuenta a a las semanas de estar interno. Cuando la nave abre y cierra las pinzas emite un sonido no-metálico que bien podría describirse como un bramido; y no son pocas las veces que he visto esos gigantescos tubos de sedante sintético en los almacenes.

Nos pusimos los cascos de seguridad,activé los estabilizadores de presión y pulsé el botón que permite salir a la perforadora.Una vez que la velocidad está ajustada, activo el botón que indica "inicio de sondeo". Todo intuitivo, tras tanto tiempo todo esto es intuitivo.

Una vez que el taladro alcanzó la potencia necesaria, empujé la palanca que permite que se desplace hacia delante o hacia atrás.


La punta comenzó a girar sobre la refulgente superficie, y lo único que oíamos era el chirrido de la maquinaria acolchado por el silencio de los cascos.La superficie de esta vieja estrella se estaba resistiendo. Comprobé en los escaners el estado de la perforación y apenas habíamos logrado un minúsculo agujero. Como ibamos mas lento de lo normal, activé la máxima potencia del taladro.


-¡Dale caña!,voceó Ciro.


A las tres horas tuvimos que parar porque la cabeza del taladro se estaba desgastando. No lo entendíamos. En el informe se podía leer: Dureza del material 7/10. Habíamos despiezado diamantes más duros que éste, y sin embargo no había manera de que el taladro lo atravesara. Entre el caos de preguntas y dudas de los técnicos, nos dimos cuenta de lo que ocurría frente a nuestros ojos.

En la superficie del astro se podía contemplar una grieta que nacía en el pequeño agujero que el Hércules había perforado; y a través de éste una fisura había circundado el diamante. Nos quedamos absortos,contemplando la bifurcación. De repente, tanto los sensores de radiación como los DOV (detectores de vida) se dispararon.

Ante nosotros el cristal se partió por la mitad, y del núcleo comenzaron a brotar ríos de sangre, sangre ingrávida que onduló por el espacio.