La ciencia no es un trabajo, es una forma de vida

Carlos iba caminando al trabajo. En su cabeza resonaban aún las palabras de la periodista que, una vez más, anunciaba recortes en ciencia. La vida de científico era una vida dura, se lo habían advertido ya mientras hacía la tesis en Alemania.
—La ciencia no te va a hacer rico, Carlos —le había dicho su jefe de entonces—. La mayor parte de las veces no saldrá ningún resultado de lo que hagas y, cuando salga, no sabrás como explicarlo. Trabajarás muchas horas, a deshoras, o en fin de semana. Incluso en las ocasiones en las que descubras algo importante, puede que tu trabajo pase desapercibido para el mundo.
—Entonces, ¿por qué sigues aquí? —le había preguntado mientras le veía sostener la pipeta en una mano y abrir un pequeño tubo de plástico con la otra.
El hombre, apartando un momento la mirada de lo que estaba haciendo, había esbozado una pequeña sonrisa que contrastaba con las arrugas de su cansada cara. Porque para algunos —continuó diciendo— ese momento en el que un experimento sale, cuando tras años de investigación una idea cobra forma…; para algunos y solo para algunos, ese momento hace que todo el esfuerzo haya merecido la pena. Eso es ser científico y cuanto antes sepas si estás hecho para esto… mejor. —Y diciendo esto, volvió a su trabajo.
Habían pasado ya varios años desde aquello. Carlos se había convertido en un investigador consagrado. Tenía su propio grupo de trabajo y, con ello, la responsabilidad de encontrar financiación para sus proyectos. El nuevo recorte suponía una dificultad más añadida a la ya ardua tarea de investigar.
Llegó a su despacho y dejó allí su ordenador, pero no lo abrió. A pesar de que hacía años que dedicaba la mayor parte de su tiempo al trabajo de despacho, de vez en cuando le gustaba volver a sentir el tacto de las pipetas y la emoción de cuando esperas el resultado del experimento que acabas de realizar.
Al cabo de un par de horas, miraba complacido una foto que mostraba que el experimento había salido bien mientras, de fondo, tenía lugar entre sus estudiantes una charla sobre las dificultades de hacer ciencia. Cogió una pipeta a la vez que seguía pensando en la foto; aquel era solo el primer paso, aun quedaba muchas cosas por hacer. Ese resultado apenas demostraba que iban por buen camino. De repente, una voz le sacó de sus pensamientos, era la de un aspirante a doctor, uno de sus estudiantes: —Y tú, ¿por qué sigues aún en la ciencia? —Una sonrisa se dibujó en la arrugada cara de Carlos. —Pues verás, es que para algunos…