La semilla moral

-Papá, por favor, deja a mamá, llévame a mí– Sofía se despertó sobresaltada. Le pasaba desde hace años, desde… aquel fatídico día en que su padre acabó con la vida de mamá. Siempre volaba sobre su conciencia la culpabilidad por no haber salido de su escondite dentro del armario para ayudarla, pero, ¿qué podía haber hecho una niña de seis años contra un hombre corpulento como él?

En momentos de estrés, como ahora, esos sueños eran más recurrentes. –Tranquila, todo va a salir bien– se reconfortó mientras cruzaba el umbral de la puerta de acceso. -Bienvenida Sofía, es un grato placer contar con su presencia– en el Hall se acercó un hombre de aspecto impoluto a estrecharle la mano. Era de pelo y barba cana y vestía bata blanca. Bordada en el pecho, una diosa egipcia desplegaba sus alas. –Soy fundador y director de “Psychotech_Inc.”. Como le indicamos al contactarle, nos dedicamos al estudio de la moralidad humana y necesitamos la colaboración de investigadores brillantes como usted. Sígame, por favor-. Ambos atravesaron un pasillo con enormes puertas a los lados, como si se tratara de las puertas de acceso a un plató de televisión.

-Hace años se empezó a estudiar científicamente cómo nuestro cerebro se enfrenta a un dilema moral– continuó el director mientras caminaba –El dilema del tren ha sido de los más estudiados. En este dilema, te piden que imagines un tren fuera de control que se dirige hacia cinco personas. Tú puedes pulsar un botón y desviar el tren hacia otra vía. Por desgracia, en ella se encuentra una única persona que morirá. – Sofía escuchaba atentamente –Estos dilemas nos resultaron útiles al principio. Pero, ¿sabe cuál fue nuestra mayor crítica? – preguntó de forma retórica -¡La falta de validez ecológica!, la incapacidad que teníamos para afirmar que las respuestas obtenidas en un cuestionario se correspondían con la decisión tomada en una situación real- abrió una puerta metálica, dando paso a una sala de iluminación tenue. Al fondo, múltiples monitores reproducían en blanco y negro lo que parecían ser películas o escenas en tiempo real, como las cámaras de seguridad de un banco. Bajo las pantallas, en un enorme panel, había múltiples palancas y botones.

-Nuestra empresa ha ido un paso más allá y llevamos los dilemas a la vida real. Ahora podemos conocer qué decisiones toma un individuo cuando verdaderamente está en juego la vida de otras personas–.

Sofía le miró perpleja -Perdone…¿está diciéndome que matan a personas?– Preguntó con una mezcla de incredulidad y espanto.

-No exactamente. Utilizamos individuos que perdieron su calidad como personas. Psicópatas, asesinos múltiples, pederastas, seres dañinos para la sociedad– expresó el director con tono templado, lo cual dibujó en el rostro de Sofía una mueca de horror.

-¡Pero todo eso va en contra de la bioética!, ¡están cometiendo una ilegalidad!, ¡si las autoridades se enteran de lo que están haciendo les encarcelarán!-.

El director rió ante el asombro de Sofía –No se entera de nada, ¿verdad? El gobierno apoya esta limpieza-.

-¡Sois unos asesinos!– exclamó Sofía indignada.

-En realidad, todos tenemos algo de asesinos. Pon a una mujer delante del violador de su hija y lo destripará con sus propias manos, el cerebro de esa mujer percibirá al violador como si fuera un cubo de basura, activándose áreas del asco, como la ínsula. Quizás pienses que en ese caso está justificado el acto, ¿te has planteado por qué?, porque en tu psique está implantada la semilla de la reciprocidad, el ojo por ojo. Esa misma semilla es la que germina en algunos asesinos cuando llevan a cabo sus crueles actos, no lo hacen por un motivo azaroso- Sofía le miró contrariada, pensando que su padre no tenía justificación para sus actos -No pongas esa cara, mujer. Gracias a nuestra investigación también hemos descubierto que los seres humanos somos tremendamente bondadosos, especialmente con aquellos que han regado con mimo nuestra semilla o que por su familiaridad o similitud a nosotros le proporcionan el calor suficiente para hacerla florecer. Como la energía nuclear, la semilla moral es un arma de doble filo que nos puede convertir en ángeles o demonios, según las circunstancias. Verás…estamos iniciando una nueva línea de investigación. Queremos saber qué ocurre cuando confluyen nuestra parte buena y mala en una decisión, para lo cual necesitamos tu colaboración- el director ignoró el semblante acusador de Sofía y señaló una de las pantallas. En ella se observaba una vía de tren y personas atadas a los raíles. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Sofía. Ahí estaba su padre, después de tantos años desaparecido tras el asesinato de su madre.– Sofía – continuó el director – delante tuya tienes un botón, si lo presionas morirá tu padre, si no, morirán las cinco personas inocentes y él se salvará, ¿cuál es tu decisión?