Nuestros átomos

- No quiero continuar divagando acerca de temas que no me competen. Es absurdo fingir que disfruto escuchándote recitar una teoría tras otra, cuando la única razón por la que estoy aquí eres tú.- dijo una voz que irrumpió en el salón y que rebotó cientos de veces.

Ella estaba enfadada. Llevaba mucho tiempo sin expresar la rabia que sentía. Tantos meses escuchando hablar de lo mismo había acabado por cansarla. Se sentó frente a él presa del agobio y la impotencia. Se sentó sin sus habituales hoyuelos, sin todo aquello que la había sostenido durante tanto tiempo.

- ¿Acaso no estás escuchándome a mí con ellas? – Dijo el con su seguridad habitual.

- No.

- Imposible.

- Real.

- ¿Y por qué no me escuchas?

- ¿Y cómo iba a hacerlo, si solo danzas entre científicos mientras intentas buscar mi atención?

- No busco tu atención. – replicó exasperado.

- ¿Para qué lo haces entonces?

- Para abrirme a ti, para que entiendas qué pasa por mi cabeza.

-¿Qué relación guardan todos esos átomos conmigo? – Inquirió titubeante.

- Podemos basar nuestra vida en átomos. Los inhalamos, los exhalamos, y algún día nuestra expiración contendrá 21 gramos cargados de ellos. Sin apenas darnos cuenta, también los compartimos. Nunca podrás afirmar no tener o haber tenido alguno de mis átomos dentro de ti, si con simplemente respirar el mismo aire las posibilidades se disparan. – dijo el mientras sus ojos brillaban como los de un niño, pero la idea de que ella no lo comprendiera le abrumaba.

- ¿Y qué hacen para ser tan importantes? – Subió el tono. Volvía a sentir impotencia al ver que la conversación degeneraba en el mismo tema al que estaba acostumbrada.

- Es realmente arriesgado, pero puede que el viaje que han hecho nuestros átomos determine de algún modo nuestra forma de ver el mundo. Al fin y al cabo, aquello que vemos, aquello que pensamos, e incluso aquello que sentimos, no son más que relaciones que establecen nuestros pequeñines.

- Aun no entiendo que tiene que ver todo esto con nosotros.

- Tranquila, lleva tiempo, pero igual que podemos basar nuestra vida en átomos, también podemos basarla en relaciones atómicas. Desde el conocido Big Bang hasta nuestros días, los átomos no han hecho nada más que relacionarse unos con otros, bien mediante choques, enlaces, o reacciones, y no parece que vayan a dejar de hacerlo. Entonces, me parece fascinante pensar que los átomos que estructuran tu cuerpo y los que estructuran en mío, tal vez ya habían estado juntos antes de conocernos. Y tal vez reaccionaron tanto y se enlazaron tanto, que ahora no pueden dejar de hacerlo. Y cuanto más lo pienso, más sentido tiene. ¿De qué otro modo dos personas tan distintas pueden complementarse tanto? Al igual que los hemisferios cerebrales o al igual que un caramelo de limón si lo prefieres, dos cosas aparentemente contrarias, unidas crean algo inimaginable.

- Suelen decir que los polos opuestos se atraen.

- Sí, es cierto. Pero a mí me gusta más la idea de que con seguridad puedo afirmar que mis átomos ya habían conocido a tus átomos. E inmediatamente sé, que mis átomos ya habían amado a tus átomos tanto como lo hacen ahora. Y por eso cada día te hablo de átomos, porque no encuentro otra forma tan bonita y tan exacta de decirte que te quiero.

Los hoyuelos regresaron. Ambos se habían encontrado.