La realidad, mi realidad

Las cosas son como son, y aclararlo tiene siempre la virtud de tranquilizarme. He constatado durante toda mi vida que la realidad existe, tanto si la distinguimos como si no. Sé que no vemos el aire o lo que llamamos transparente, ni lo muy pequeño o lo que está demasiado lejos, que no oímos los ultrasonidos, que no percibimos el magnetismo, que nuestra retina no detecta la luz ultravioleta o los rayos infrarrojos. ¿Y qué? Tenemos un cerebro que nos permite diseñar instrumentos que suplan nuestras deficiencias. La tecnología es una prolongación de nosotros mismos, pero la realidad es igual de sólida con ella que sin ella.
Y, sin embargo, la amenaza se cierne sobre mi certeza desde ayer, al acabar el día.
Soy físico experimental. Creo artilugios que prueban las hipótesis de otros. Con-firmo o desecho las teorías de forma tangible. Y me siento seguro. Por eso las pesadillas de que el suelo cede bajo mis pies y caigo en un vacío abismal eran, hasta ayer, solo eso: pesadillas. Los que vuelan en sueños, sueñan. Los que imaginan historias de terror, inventan. Los que refieren un ansia insaciable de transcendencia, deliran. Los que cuentan raptos místicos sufren epilepsia del lóbulo temporal. Y ya está. La realidad es consistente. La civilización, mis maestros, mi mundo entero se sostiene sobre la evidencia, lo comprobado inequívocamente.
Fue nuestra inteligencia, en un paso trivial para resolver un problema concreto, y no como un nuevo avance en el conocimiento, el que nos condujo a la máquina. La idea no era nueva, aunque sí muy tentadora: crear un campo electromagnético, como el de las turbinas y motores eléctricos, pero que rechace la luz e impida que veamos lo que esconde.
No contaron con que los patrocinadores de su trabajo promoviesen al mismo tiempo el arma contraofensiva. Querían estar preparados, aunque ignoren dónde está realmente el peligro.
Por eso me llamaron; yo debía diseñar el instrumento detector de lo que los otros ocultaban en su campo electromagnético. Y lo hice. Terminé antes que ellos. El secreto estaba en la luz polarizada. Encontrar cuál, cómo y con qué ha sido la pasión de mis últimos años de vida.
Pero el significado de la existencia ha desparecido para mí; la respuesta llegó anoche cuando vi lo que se oculta en los campos electromagnéticos de invisibilidad y supe que existen desde el comienzo de los tiempos; nos rodean por todas partes. Soy el único que conoce la realidad.
Y, sin embargo, no hay victoria en mi interior, solo horror. Activé el mecanismo por primera vez cuando me quedé solo en el laboratorio, mi deseada primicia, pero era yo el que no estaba preparado porque, entonces, vi la cuadrícula tridimensional y la oscuridad que lo invade todo. Tardé unos minutos…, antes de que la angustia y el desgarro inundaran mi cerebro. Seres y astros, hasta las dimensiones del espacio-tiempo, se mecen en el vacío virtual. Es una broma cruel.
El sueño ha huido de mí, he sentido cada latido del corazón hasta el amanecer. Los ojos abiertos se negaban a parpadear siquiera; brazos y pies estirados sobre el colchón ignoraban órdenes, contraídos en tensión hora tras hora. El sudor frío sobre mi frente se evaporaba o escurría sin control. Y así cada minuto, conservando mi identidad, mi voluntad de ser yo mismo.
Con el nuevo día lo he comprendido: no se puede luchar contra la realidad. Ella es la que es, a pesar de nosotros mismos.
No soy nadie ni nada, ahora lo sé. El suelo cede bajo mis pies




Epílogo.
Año 2100. La Organización Europea para la Investigación Nuclear, conocida como CERN, actuando conjuntamente con el Laboratorio Nacional Fermi, conocido como FERMILAB, en Chicago, y el Superconductor Avanzado Experimental Tokamak chino, conocido como EAST, interrumpen las comunicaciones planetarias para comunicar al mundo la existencia de una logia internacional oculta al público, com-puesta por físicos teóricos y experimentales, y otros científicos afines, agrupados bajo el nombre del insigne inventor que descubrió, hace poco más de ochenta años, el secreto mejor guardado de la ciencia, hasta ahora: el Universo con todo lo que comprende, incluidos los seres humanos, es una entidad virtual. Carece de existencia propia. No somos más que un algoritmo destinado a creer en sí mismo. Los miembros de la logia mencionada hemos trabajado sin descanso, durante este tiempo, para hallar un mecanismo que, desde las instalaciones europeas, inicie un nuevo Big Bang. Su reacción en cadena acabará con este Universo. Les informamos que, durante sesenta segundos a partir de ahora, todas las pantallas digitales de la Tierra mostrarán dos únicas palabras: GAME OVER. Díganse adiós y no lo piensen. Pulsamos el botón.