MI mayor descubrimiento

Mil millones de finas gotas de lluvia se precipitan en un descenso caótico sobre el empedrado de las calles de Londres zarandeadas con tanta fuerza por rachas de viento de poniente que en ocasiones parece estar lloviendo de costado.
Cuatro hileras de gotas se deslizan por su vestimenta mojando el suelo del vestíbulo. Con sus manos entrelazadas y la cabeza ladeada contempla los objetos decorativos mientras escucha el viento colarse por debajo de la puerta, un viento que trae de la calle consigo el aroma a hierba húmeda y a pan recién horneado. El chico, un joven de poco más de veinte años, viste un traje barato a juego con unos zapatos comprados para la ocasión en un mercado de segunda mano, lo mejor que ha podido conseguir con sus escasos recursos, y porta con orgullo un chaquetón de pana gastada herencia de su padre.
Quiere causar buena impresión. Humphry Davy es el Químico más refutado de todo Londres y una de las mentes más brillantes de la época.
La criada regresa con su posado indiferente
- Ya puede pasar, el señor Davy le espera - y le indica con la mano el camino mientras lo escruta dejando entrever cierta altanería, es como si incluso ella se sintiese en una escala social superior.
El joven entra en el salón y encuentra a Humphry Davy en la esquina opuesta sentado en su sofá con la mano cerrada en su mejilla. Su sola presencia le impone y es incapaz de avanzar un metro más allá de la puerta de entrada.
- ¿Así que tu eres el muchacho que me ha enviado el libro de apuntes?
- Si señor - el joven se ruboriza y nota como un escalofrío le recorre la espalda. Incluso en un tono amigable Humphry infunde respeto.
- He de decir que me ha impresionado bastante. Demuestras buena comprensión, capacidad de síntesis y mucho interés
Gracias señor - una leve, casi imperceptible sonrisa se muestra en el rostro del joven

Humphrey ha contraído nupcias recientemente y su esposa, una rica heredera, observa la escena desde la distancia, de pie, con los brazos en cruz y con un semblante tan serio que asusta, rozando el enfado.
- ¿En que Universidad has estudiado hijo? - Vuelve a preguntarle Humphry. Al joven la pregunta le pilla desprevenido.
- No fui a la universidad señor, solo terminé la primaria. A los 14 años me vi obligado a abandonar los estudios pues la economía familiar requería de otra fuente de ingresos.
Humphry no sabe que decir. Durante unos instantes lo observa, pensativo. Mantiene el ceño fruncido al tiempo que se acaricia insistentemente la barbilla. Ahora comprende el porqué de tan impropia vestimenta.
- Es cierto que busco un asistente pero básicamente lo que necesito es alguien que me ayude con la limpieza del laboratorio, que pueda realizar algunos recados, enviar algún correo...
Humphry titubea, la cara de preocupación del joven indica que es plenamente consciente que aquello no es buena señal y sus ojos, dos espejos translúcidos a través de los cuales puede verse la parte más profunda de sus sentimientos, muestran, a partes iguales, sorpresa y decepción.
- No habría ningún problema señor
- Bien, pues tenemos un trato muchacho
Humphry se le acerca y en ese instante su esposa carraspea
- Antes de que me olvide - comenta Humphry acariciandose ligeramente la nariz con el índice - normalmente trabajarás en el laboratorio pero si algún día tienes que venir a mi casa preferimos que entres por la puerta de servicio. Después la criada te dará más detalles.
Esta vez es el joven el que se acerca y le ofrece la mano. Ambos la estrechan con fuerza
- Muchas gracias por la oportunidad que me brinda señor Davy, prometo no defraudarle
Seguidamente busca a la esposa de Humprhy con la mirada y en un gesto de cortesía inclina la cabeza
- A sus pies señora Davy
Ella, a pesar de encontrarse a una distancia suficiente, recula un par de pasos desconfiando, como si la pobreza fuera contagiosa.
El joven se da media vuelta, la criada le espera. La brizna de decepción de sus ojos se ha transmutado en el germen de una ilusión creciente. Al fin y al cabo puede considerarse afortunado, ahora dispondrá de un mejor salario y la posibilidad de observar al maestro haciendo ciencia y tal vez, un sueño loco tal vez, ser recordado como el chico que ayudaba al gran e inigualable Humphry Davy limpiando su laboratorio.
La criada le abre la puerta del salón y el joven se dispone a marcharse cuando Humphry le detiene
- Perdona muchacho he olvidado tu nombre
El joven ilumina la sala luciendo una sonrisa de la que emana gratitud
- Michael señor, me llamo Michael Faraday.