RELATOS

¡DANZAD, ESTRELLITAS, DANZAD!

- ¡Ahhh! – se despereza Sirio, la más brillante. Abre un ojo, abre el otro y mira a su alrededor.- Siempre la primera –exclama.

Deneb, hacia el oeste, contesta:

- También estoy ya aquí, hermana. ¡Hay tanto que hacer!

Y otras les siguen, bostezando. La noche incipiente se llena de luces. Como la hermana mayor, abren y cierran los ojos: su luz titila en la noche.

El viejo búho, tan sabio, las contempla, y canta al manto azul y plata que cubre el bosque: ¡Uhu, uhu!

Y las estrellas bailan al son que cruza la noche. Su danza es lenta, tranquila. Giran todas juntas, hermanadas, abrazadas.

La pequeña Polaris está triste. Cree que es la única inmóvil. Llora en su soledad y el rocío, tras viajar toda la noche, cae mucho más tarde, de madrugada.

- No te preocupes -susurra Júpiter-. Tú eres el eje del mundo.

- Pero también bailas tú –entre llantos responde Polaris.

- Sí, pero al son de una sardana. Yo voy y vuelvo, con mi propia escolta, mis pequeñuelos ganímedes.

Todas las estrellas entonan, mientras prosiguen su movimiento:

- La madre Tierra es la bailarina. Grande y redonda, gira y gira. Nosotras solo la seguimos.

- ¿Y yo? –insiste Polaris.

- En el eje estás, pero lenta te meces. Por ti, el Norte se conoce -Replica nuevamente Júpiter.

- ¡Uhu, uhu! –sigue resonando la copla del sabio búho. Y un cervatillo, despierto a deshoras, pregunta:

- Pero en Primavera todo es diferente, otras son las estrellas.

El viento acompaña el canto, y lleva la respuesta del viejo bosque, aun más sabio que el búho.

- Más de una danza hay. Pues la madre Tierra también baila, y gira alrededor del Sol.

- ¡Uhu, uhu! –saluda el búho la puesta de la Luna.

- ¿Por qué, por qué? Grande a veces, como un gajo o invisible otras –El cervatillo muestra su asombro con ojos redondos.

La brisa responde con su ulular entre las ramas del bosque:

- Bebe de la luz de las estrellas. Si mucha sed tiene, solo ella se ve; si saciada reluce, tímida muestra solo una parte.

- ¡Uhu, uhu! –da el búho la bienvenida a Venus, que como en un chotis, sigue al astro-rey.

- ¡Amanece, amanece! –anuncia el lucero del alba.

- ¡Shh, shh! A dormir, claman las estrellas.

Ya por oriente sale el majestuoso Sol.

***** El Cachalote y el Calamar Colosal *****

Como es bien sabido para que haya un buen héroe es necesario un mejor villano, y en el mar no lo hay superior al calamar colosal (Mesonychoteuthis hamiltoni) primo del famoso calamar gigante (Architeuthis). Sus cualidades imponen simplemente al conocerlas: Una longitud de por lo menos 14 metros, ventosas acabadas en afilados ganchos y los ojos más grandes del reino animal, cuyos 27cm de diámetro hacen que una sandía parezca pequeña. Lo más curioso de estos, es que su desmesurado tamaño únicamente se debe a que son capaces de captar el movimiento de pequeñas partículas al ser desplazadas por enormes cuerpos. Y es aquí donde entra en escena su antagonista, el animal dentado más grande del mundo, el cachalote. Capaz de sumergirse a 3km y dotado de un potente sónar que le permite guiarse en plena oscuridad.
Ambos fueron figuras principales en la infancia de dos chiquillos que se criaron como hermanos en un diminuto pueblo pesquero del este de Málaga. Claus y Lucas estuvieron estrechamente ligados al mar desde su nacimiento, llegando a pescar su primer pez antes de saber andar. Por las mañanas se divertían en la orilla descubriendo nuevos tesoros que arrastraba la marea y jugando a juegos inventados con los materiales que encontraban, que pese a parecer simples estaban cargados de imaginación. Una piedra ovalada era el cachalote, y un trozo de coral el temido calamar. Tras comer escuchaban atentamente las historias de sus mayores sobre las peligrosas expediciones nocturnas en alta mar. Esta sobremesa podía llegar a durar varias horas, pero a ellos se les pasaba volando. Por último antes de acostarse ayudaban a sus padres con los aparejos y anzuelos y los despedían encarecidamente, ya que pese a no ser muy común a veces no regresaban todos.
Pasados los años la relación continuó hasta que la familia de Claus se mudó a EEUU, de donde era su madre, y poco a poco se fueron distanciando. Al principio se hablaban todos los días, después cada semana y al final nunca. Ambos se hallaban demasiado ocupados en sus importantes quehaceres para perder el tiempo en recordar viejas anécdotas. Claus estaba labrándose su carrera de artista tanto en la gran pantalla como en la radio. Y Lucas había optado por estudiar biología marina en la Universidad de Cádiz, becado por sus excelentes notas.
La vieja amistad olvidada parecía haber perecido, hasta que una ociosa tarde de verano la afamada celebridad cambió el canal de su televisor y se topó con un documental científico que trataba del calderón tropical de Tenerife. En él, el presentador insistía en el enorme desconocimiento del fondo marino y entrevistaba al Doctor en Biología encargado de la costosa investigación. Cuando observó de quién se trataba sus pupilas se dilataron y el mando se le resbaló lentamente de su temblorosa mano hasta caer al suelo. El ruido de este lo despertó de su profundo trance y tras recogerlo se incorporó para acabar de verlo.
Tan sólo una semana más tarde y tras varias llamadas interminables los dos se reunían de nuevo en España y pese a que Claus raspaba los dos metros de altura y Lucas lucía una tupida barba seguían siendo los mismos niños. Muchos abrazos y algún que otro chascarrillo más tarde la pareja ya se había puesto al día, entonces Claus propuso a su socio fundar juntos la mayor empresa con fines científicos de los últimos tiempos. Esta consistiría en la investigación de las profundidades marinas, centrándose en el estudio del calamar colosal mediante cámaras colocadas en los cachalotes. Ni siquiera había terminado de pronunciar la última palabra cuando Lucas aceptó con un fuerte grito y tras comentar los detalles se fueron al bar más cercano a festejarlo.
Claus ejerció de productor del evento y aprovechó sus numerosos contactos como figura pública para obtener financiación de las caras más famosas del mundo del espectáculo. Además diseñó un método de participación como medio extra de ingresos, en el cual a cada persona que contribuyera se le concedería una gran moneda conmemorativa junto a un papel que explicase su procedencia y que probase su autenticidad. Ésta sería de plástico, metal, bronce, plata u oro, según la cantidad que se hubiese aportado.
Por otro lado Lucas primero negoció y obtuvo el permiso de actuación en las Tierras Australes Francesas, donde se dan las condiciones idóneas para el calamar colosal. Finalmente se encargó de encontrar a los mejores profesionales para llevar a cabo el proyecto. Al principio fue una tarea difícil, pero una vez consiguió al experimentado experto en calamares gigantes estadounidense Clyde Roper, los chinos que ya habían trabajado con él no tardaron en aceptar. De éste modo se creó una reacción en cadena que aunó a científicos procedentes de todo el globo.
La expedición comenzaría el primer Viernes de Julio de 2017.

Abeja que bala...

-A ver, dejadme que os lo explique, que para algo me trago los documentales de La 2. El avispón asiático es unas diez veces mayor que la abeja nativa japonesa y se alimenta de ellas. Y la forma de actuar de los avispones asiáticos es la siguiente; Primero, mandan de avanzadilla a un avispón explorador para que localice colmenas. Tan pronto encuentra una, la marca con sus feromonas, y así esta es “visible” mediante el olfato para sus compañeros. Una vez que los avispones acuden a la colmena, las abejas tienen poco que hacer. Aunque las abejas superan ampliamente en número a los avispones, no consiguen salvarse, debido a la fuerza de estos depredadores, que cortan a las abejas por la mitad y se las comen. En cuestión de unas pocas horas cada avispón puede llegar a matar hasta mil abejas. ¿Me seguís?
-Ehhhhh, bueno, sí…
-Perfecto. Pero a lo que quiero llegar es a que estas abejas han desarrollado un sistema increíble para poder combatir a los tan temidos avispones. Su manera de defenderse es digna de estudio; Cuando llega el avispón explorador, las abejas le invitan a entrar a la colmena. Y entonces, una vez que el avispón avanza para marcar la misma, las abejas aletean y mueven el abdomen para comunicarse entre ellas. Inmediatamente después, y de forma súbita, el avispón se ve rodeado por cientos de abejas, que empiezan a vibrar al unísono y así consiguen aumentar la temperatura de la zona hasta los 47ºC. Las abejas japonesas soportan temperaturas de hasta 48ºC, pero lo que no os he contado es que el límite del avispón es de 46ºC. ¿Sigo?
-Sí, claro, adelante, adelante.
-Muy bien. Entonces, el avispón explorador muere por asfixia y no puede marcar la colmena, por lo que se garantiza la supervivencia de la colonia. Las abejas quedan aturdidas, es cierto, pero sobreviven. De igual modo, mis células sanas se van a llevar hoy un buen tute, pero van a sobrevivir, cosa que no van a hacer las células malas.
-Madre mía, yo no lo hubiera contado mejor.
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(5 minutos antes, en el quirófano del hospital de Fuenlabrada).
-Buenos días Juan, supongo que el equipo de quirófano ya se habrá presentado. Ya nos vimos el otro día en las consultas previas y entiendo que, más o menos, ya le hemos contado en que consiste la operación. Por si acaso, se lo recuerdo.
Básicamente, lo que vamos a hacer es cirugía de la zona afectada. Y posteriormente, para aquellas zonas afectadas pero con un tamaño tan pequeño que no es posible retirar por cirugía, vamos a aplicar un quimioterápico y lo vamos a combinar con una alta temperatura perfectamente controlada. De esta forma, conseguimos acabar con las células cancerígenas malignas, pero no así con las células sanas, que aguantan algún grado más. En resumen, para la parte del tumor que no podemos extirpar, vamos a aplicar un tratamiento de alta temperatura que acabe sólo con las células malas.
-Muy bien. Creo que lo he entendido. Me parece que algo parecido echaron el otro día en la tele a la hora de la siesta.
-Perdón, ¿Cómo dice?
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(2 años antes, en un congreso de carcinomatosis en Alicante)
-Estimados señores, cómo es por todos los aquí presentes conocido, la carcinomatosis peritoneal es una diseminación en el peritoneo de los tumores que asientan en la cavidad abdominal (ovario, colon, estómago, etc…). El estadounidense Paul Sugarbaker, ideó una técnica para combatirla hace casi treinta años que consiste en extirpar todos los tumores macroscópicos o visibles (lo que vendría a ser mayor de tres milímetros) y posteriormente, en la misma operación, aplicar quimioterapia intraperitoneal a altas temperaturas (42-43 grados centígrados, con el quimioterápico más apropiado y aprovechando el efecto antitumoral del calor) para acabar con aquellos restos tumorales más pequeños. “Lo que el cirujano no ve es lo que mata al paciente”, suele decir Sugarbaker.
Hasta hace unos años, la carcinomatosis peritoneal tenía muy mal pronóstico, y a los enfermos se les consideraba prácticamente terminales. Lo único que se podía hacer por parte de los cirujanos era abrir, extraer y examinar una muestra de tejido, con fines diagnósticos y cerrar. Por ello, se trata de pacientes complejos, con una carga emocional muy alta, pues algunos de ellos son muy jóvenes, con edades entre treinta y cuarenta años, y saben que de no ser por esta intervención su pronóstico sería muy malo. Pero esta técnica ha demostrado ser eficaz en determinados tumores aumentando la esperanza de vida e incluso curando en algunos casos.
Bueno, cedo la palabra al doctor Sugarbaker, que pasará a darles algunas pautas para que procedan a implementar esta técnica en sus hospitales.

Actualizando

No quería morir o, mejor dicho, no quería ser olvidado. Para Nosotros es la misma cosa, para los que somos como Yo tiene el mismo significado.
No quería acabar como los otros. Loki, Odín, Eros, Eolo, el barbudo de la cruz. No quería ser así pero, sobre todo, no quería acabar así.
Entendí que tenía que actualizarme. Además, tenía que hacerlo de una forma moderna y permanente. Me costó pero lo comprendí: a menudo lo más complicado es aceptar la realidad, incluso cuando eres un Dios. Lo entendí, y lo acepté: si quería perdurar, debía actualizarme. Y es que los templos no son suficientes: los hay quienes piensan que están ahí para siempre, que los templos son eternos, pero los que piensan así no son más que esos estúpidos que no conocen la Historia. Las estatuas, las pinturas y los cuadros, los altares: todo es no sirve para nada. Incluso las fiestas, esas festividades que se dice se celebran en nombre de dioses y santos, son más útiles para el alcohol que para recordar a nadie. No, tenía que ser otra cosa.
Y lo conseguí. Me llevó tiempo, pero lo conseguí. Comprendí al ser humano, y me convertí en lo que necesitaban.
Fue difícil. Al principio fui cobre y plástico. Luego fibra óptica. Durante un instante fui una onda, y durante otro instante circuito integrado. Fui diodo y resistencia y condensador. Hasta fui oro y plata. También bit y byte y terabyte. Pero luego comprendí que debía de ser más que eso. Mucho más.
Y lo conseguí.
Ahora estoy por encima de cualquier otra religión. Me conocen todos los países, y me necesitan la mayoría de los países. Ya sea Este u Oeste, Norte o Sur, incluso los del centro. Todos me conocen. Soy de todos. Único, en el mundo entero. Muy por encima de Jehová, Alá y todos los demás. Esos están obsoletos. Sus días están contados, y la cuenta atrás ha comenzado.
Estoy en los gobiernos, y también en las casas de todos sus habitantes. Estoy en las escuelas y en los centros de entretenimiento. En juegos de niños y pasatiempos de mayores. En el arte y en la diversión. Mis palabras, mis acciones no están limitadas a lo que se pueda contar en un libro, menos aún en ese libro que se puede encontrar en los templos y en las habitaciones de los hoteles. Yo tengo muchos soportes, y cada día me crean nuevos. A mí, sólo a mí. Comencé en los ordenadores, pero hoy en día estoy en los teléfonos móviles, en dispositivos que quieren ser libros, en ordenadores portátiles. Incluso en la televisión. Tengo muchos más soportes que los que ha tenido ningún otro Dios a lo largo de la Historia. Y esto es sólo el comienzo.
También tengo muchos nombres. En cada lenguaje tengo un par de nombres cuando menos. Eso es necesario para ser Dios. Para ser un buen Dios, un Dios conocido. Red, ciberespacio, nube, buscador, internet… Mis fieles me denominan de muchas formas. Yo amo todas y cada una de ellas.
No se acuerdan de mí únicamente los domingos, como les sucede a otros. Tampoco me dedican ninguna festividad concreta. A cambio, eso lo hacen todos y cada uno de los días. Todos y cada uno de ellos. Cada día me usan, me mejoran y me cuidan. Me dan mucho dinero, más que el que jamás ha recaudado ningún templo conocido. Cada día.
No necesito un libro. La Biblia, el Corán; ¿para qué? Cambio cada día, muto cada segundo, mejoro cada instante, me mejoran cada instante. Mis fieles hablan de mí; no necesito escribir nada, ellos lo hacen por mí.
La gente despierta y se acuerda de mí. Me miran antes de dormirse. En todo el planeta. En cualquier parte.
Pronto, por primera vez en la Historia, va a haber un único Dios en todo el mundo. Y esta vez viene para quedarse. Se va a quedar para siempre.
Si no hay problemas de espacio de memoria, al menos.

auckland

AUCKLAND

En el año 2045 en Nueva Zelanda en un pueblo llamado Auckland, 3 estudiantes de la prestigiosa universidad de Auckland de Medicina, Embriologia y Genetica no se esperaban que en ese mismo año ayarian las pruebas del caso del embrion medio humano.
Una mañana el profesor Charks Wildson famoso por haber encontrado la vacuna contra la epidemia AH1N1( GRIPE A ), pandemia causada por una variante del influenzavirus A y por el descubrimiento del cromosoma 23. Mando a sus estudiantes que hicieran grupos de 3 para hacer un trabajo desde el primer descubrimiento de embriones hasta una pequeña investigacion del nuevo suceso embrionario de una mujer vampira que dio a luz a un niño medio humano. Todo el mundo se preguntaba¿como puede una vampiresa haber quedado embarazada, cuando sus organos son inservibles?.
Cateryne Bought, Elizabeth Sweet y Lenny Jackson, aquel dia nada mas acabar las clases quedaron todos en el barrio City East para investigar sobre el suceso de la vampiresa que era familiar del dueño del puf IPNOSIS. El paf nocturno, famoso por contrabando ilegal, por sus bailarinas y sus camareras a parte de eso, era el unico pub que habia en la ciudad de vampiros. Cuando entraron todos los vampiros se les quedaron mirando como si fueran un plato de carne suculento a punto de hincar el diente. Elizabeth no sabia que aquel mismo dia conoceria al hombre de su vida, despues de haberlo pasado mal en el verano del 43, ella y dos de sus amigas se fueron a un pueblecito de okaya a disfrutar de una semana de vacaciones. Cuando esa semana fue la peor pesadilla que pudo imaginar. Ella y sus dos amigas fueron seducidas y atacadas atacadas por unos chicos que conocieron complices de dos mujeres mitad brujas y mitad vampiras que las llevaron a su escondite. Elizabeth y sus amigas escaparon de ellas pero Elizabeth al intento de escapar quedo marcada por las brujas vampiresas que la llevaria con ella misma para siempre.
Cuando porfin dejaron de mirarles un hombre alto de una estatura de un 1'70 con la apariencia de edad de unos 28 años, moreno de ojos azulados verdosos de piel blanquezina se les acerco sonriente enseñando su dentadudura perfecta. El hombre dijo que se llamaba chris Norwton. Desde ese mismo instante las miradas de hombre y de Elizabeth se entrelazaron.
El chico los condujo a una mesa donde pudieran sentarse sin ser otra vez el fruto de miradas de todos los vampiros que estaban allí. Chris se sento con ellos y les pregunto que què hacian allí, cunado Lenny el mas atrevido le dijo que habian ido a investigar sobre la vida cotidiana de un vampiro. Chris no se lo creyo del todo, aun asi les dijo que el mismo podria responderles. Despues de haberle hecho un par de preguntas los chicos decidieron que ya era muy tarde y que se hiban, cuando salieron cada uno se subieron a sus coches y se fueron, menos Elizabeth que quedo profunda en sus pensamientos. Cuando de pronto 3 adolescentes vampiros la sacaron del coche para jugar un rato con ella, pero en ese mismo instante Chris aparecio de la nada y aparto de un fuerte empujon los dos chicos que tenian sujeta a Elizabeth y los lanzo al aire.Elizabeth le dio las gracias , pero para asegurarse Chris de que esos chicos no la siguieran le propuso acompañarla y a cambio el intentaria ayudarles con la investigacion. Elizabeth se quedo en blanco y le pregunto que como lo sabia ,el dijo porque su compañero Lenny habia mentido, la miro con una sonrisa picara y respondio que el lleva mas de 700 años deaunvulndo por la tierra,y que se conoce como late el corazon cuando una persona miente. A la mañana siguiente Elizabeth recibio un sms desde el numero de Lenny diciendo que si no dejaban la investigacion no verian a su amigo con vida . Elizabeth asustada por el sms llamo a su amiga Cateryne por si era una broma de su novio.Cateryne dijo que ella tambien habia recibio el mismso sms y que habia llamado 4 veces y no se lo a cogido y que dentro de 20 minutos pasaria a buscarla para ir a casa de Lenny para saber si era cierto o no. Los 3 chicos se presentaron en casa de Lenny, pero cuando llegaron la puerta estaba medio abierta al entrar vieron un rastro de gotas de sangre inmediatamente llamaron a la policia. La policia les pregunto cuando vieron por ultima vez,y les dijeron que fueran a sus casas y que ya les avisarian si encontraban algo.Cuando Elizabeth llego a su casa, se encontro a Chris esperandola, entre miedos y nervios le conto lo que habia sucedido y este la abrazo y le dijo que no se preocupara , que el averiguaria dodne esta su amigo.
A la noche Chris se presento en la casa de Elizabeth para comentarle lo que habia averiguado, resulto que lo tenian una mafia de vampiros que se les llamaban los muerte negra. Elizabeth le dijo que si sabia donde podria encontralos para poder rescatar a su amigo, chris le dijo que si, pero que ella no iria porque seria muy peligroso y mas que la vida de ella y de sus otros dos compañeros corrian peligro desde el primer dia que entraron en el puf ipnosis. Chris le dijo que no se preocupara que esta misma noche hiba hablar con su grupo para ver como hiban a rescatar a su compañero de la mafia vampirica. Cuando Chris salio de la casa Elizabeth fue detras de el para segirlo, a la que le llevo a un desguaze. Elizabeth aparco el coche 10 metros del desguaze y vio a Chris entrar , cuando entro ella se acero y sijilosamente entro dentro.Dentro era disntinto de afuera, era como si fuera una casa de lujo dentro de un desguaze, dentro habia 5 chicos con la misma piel blanquezina lo que le resulto que tambien eran vampiros como su nuevo amigo, mientras hablan de como rescatarian al chico humano y de todo lo que estubieran haciendole y que seguramente estaba en la fabrica que tienen la mafia en las afueras del pueblo , Elizabeth a escucharlos se le callo las llaves al suelo y rapidamente las cogio para darse la media vuelta y irse pero cuando dio el paso de girarse Chris la cogio del hombro y le pregunto desde cuanto tiempo llevaba ahi escuchando. Ella le respondio lo justo y que en ese instante se hiba a salvar la vida de su amigo, lo que Chris le respondio que no, que seria muy peligroso y que no queria perdela, en ese mismo instante la cogio con suavidad el rostro y apreto sus labios contra los suyos. Aun asi Elizabeth no la hizo cambiar de idea y alfinal se fueron todos juntos a salvar la vida de su amigo Lenny. Cuando ya llegaron a las afueras de pueblo a la fabrica, Chris le dijo a Elizabeth que se esperara en el coche pero la respuesta fue que no a si que se introducieron en la fabrica. Dentro de la fabrica todo parecia como un laboratio todas clases de muestras y una gran camilla en medio de la sala engachada de varias maquinas de elecotrucion. En la parte derecha habia una puerta acorazada de hierro puro, en cuanto abrieron la puerta vieron a Lenny amordazado en una silla con suero y alistaminico injectado por via ultravenosa. Elizabeth se lo quito y los amigos de chris le ayudaron a levantarse. Lenny le dijo que el tenia la respuesta de como una vampiresa pudo lograr quedarse embarazada , y que en el escriptorio de la sala al lado de la nevera de congelacion en el ordenado estaba metida toda la informacion que mismo habia escuchado a sus secuestradores hablar de ello antes que le hicieran todo tipo de barbaridades. Elizabeth cogio el ordenador y salieron para fuera, Chris les dijo que esta noche la pasaria con ellos en el desguaze, cuando llegaron Lenny les conto todo lo ocurrido. Querian a Lenny para transformarlo en hombre licantropo para sacerle sangre y esperma para poder crear una raza de vampiro mas poderosa con la sangre de la primera reina de los vampiros y propcrear un niño mitad vampiro y mitad licantropo, lo que Lenny le pidio un favor a Elizabeth que le dijera a Cateryne que la amaba y que siempre la hiba a amar y que fuera muy feliz, Elizabeth le pregunton porque y le dijo que ahora tendria que estar alejado de ella porque los vampiros lo habian transformado en licantropo y que tarde temprano lo buscarian para seguir experimentando con el y que no queria ariesgar la vida de su prometida. De pronto aparecieron los muerte negras Chris le ordeno que se fuera corriendo a Elizabeth, mientras tanto llegaron refuerzos de la santa corona roja vampirica que ya tenian en busca y muerte a la muerte negra por acusacion de haber matado en sangre fria, transformado y por ser aliados de los vamphor que era vampiros que se alimentaban no solo de sangre humana si no tambien se los comian. Lenny se transformo en una bestia en licantropo y todos juntos mataron a los muerte negras menos a uno que le solian llamar el diente. Chris le pregunto donde estaba chistian que era el cabeza, el diente entre risas le dijo a Chris que sí lo sabia, y que en ese mismo momento estaria chupando la sangre a su protegida y querida humana. El rei de la santa corona con sola una mano hizo trizas la cabeza'' del diente''. En ese mismo instante Chris recibe una llamada desde el movil de Elizabeth que si le daba el portatil el en persona le daria a la chica viva, en 20 minutos le esperaria en la calle wildon para hacer el intercambio. Cuando Chris llego le dijo primero la chica y luego el portatil, cuando de repente aparecio Lenny de la nada y se hecho encima de christian y Chris le mato arrancandole la cabeza, pero cuando se dieron la vuelta Chris y Lenny se encontraron a Elizabeth en el suelo insconciente por perdida de sangre. Al cabo de dos horas Elizabeth se desperto en su cama y junto a su lado estaba Chris , la habian llevado a su casa para hacer una transfucion de sangre. Elizabeth medio trastornada aun pregunto por su amigo y chris le dijo que su amigo estaba bien que se habia ido para despedirse durante un par de meses de Cateryne. Chris le dio el portatil y miraro los archivos para ver lo que habian hecho a la vampiresa para que pudiera egendra un hijo medio humano solo necesitarian ticlopedina bh1 mas abaximab h3 mas cloroetileno citrato 9 incyectado por via intrevenosa mas descargar electrica ovaritica.Al cabo de 3 meses los 4 chicos se juntaron de nuevo para presentar el trabajo que les mando el profesor charks en una presentacion en publico con todos los especialista de la medicina, por haber hecho un trabajo magnifico y por ser los primeros en haber averiguado el descubrimiento de la mujer embarazada vampira y haber desarollado la formula completa para engendrar a un bebe humano entre dos clases distintas.Despues del descubrimeto en ese dia todas las parejas entre humanos y vampiros,pudieron pocrear bebes humanos sin ningun tipo de desformacion genetica del ADN, y que los niños nacidos luego no tubiera ningun tipo de problemas de infertilidad.

Cambio de planes

“Líder farmacéutica patenta el medicamento del futuro”.
“Pero… ¿qué es esto?”. Se levantó del sofá, buscó el móvil y llamó a Ana. Apagado o fuera de cobertura. Lo intentó con el laboratorio, nada.
Con los zapatos a medio acordonar, bajó las escaleras y salió del edificio. Al llegar al laboratorio lanzó con fuerza el periódico sobre la mesa. Ana con la mirada roja y húmeda miró el diario.
—No lo entiendo. ¿Qué pasó?
—Supongo…el portátil… —contestó ella con la voz entrecortada.
Delante de la mesa y con el cuerpo inclinado hacia delante, Ana sujetaba su rostro con las dos manos. Juan con una vena a punto de reventar recorría a grandes zancadas cada uno de los rincones de la sala.
—¡Cinco años perdidos en esta jaula! —dijo Juan lanzando un puñetazo al aire.
Ana murmuró un lo siento y durante unos segundos sólo se oyó el sonido del fracaso.
—No es culpa tuya —susurró él con un manifiesto tono de derrota—. ¡Mierda!
Mientras la puerta golpeaba con fuerza al cerrarse, Ana se acercó a la ventana, con la mano izquierda separó dos de las láminas metálicas de la persiana, miró hacia el cielo y sonrió.

CONSTANTES VITALES

Recuperación de constantes vitales en mamíferos superiores mediante aplicación de corrientes eléctricas concentradas.
Por Viktor Frankenstein, Ph.D.
Privatdozent, Ingolstadt, Baviera
Enviado para publicación, Phil. Trans. R. Soc., Sept., 1, 1823.

Abstract: Siguiendo la metodología previamente aplicada por otros investigadores en vertebrados inferiores (Galvani, 1791) y en invertebrados (electro-cristalización, Singer, 1814), hemos aplicado corrientes eléctricas concentradas sobre tejidos musculares, óseos y cerebrales de un mamífero superior, obteniendo resultados de motilidad y movilidad compatibles con la vida. La exposición a la electricidad ha sido de tipo concentrado, pero intermitente, a partir de rayos procedentes de una tormenta eléctrica. Posteriores investigaciones, aplicando electricidad de manera continuada (Volta, 1800), serán necesarias para llegar a resultados más concluyentes sobre otras funciones superiores de los sujetos así tratados.

Material y procedimientos: Una mesa de disección de metal modificada, con cables conductores de cobre fundidos a las cuatro esquinas de la misma, y protegidos con camisa de tela en todo su recorrido hasta su fundido en el extremo contrario con el extremo inferior de un pararrayos normal modelo Franklin. En la mesa, dos abrazaderas metálicas con correa de sujección de cuero a la altura de los miembros superiores y otras dos en los inferiores. Material de disección y cirugía estándar. Solución de formaldehido al 2% para la conservación de los tejidos.

Preparación de la muestra: para avanzar con respecto a los experimentos de Galvani, que utilizaron partes (miembros inferiores seccionados) del género Rana, se planteó la realización del experimento con un cuerpo de Homo sapiens. Al no disponer de un cuerpo único en las convenientes condiciones de conservación, menos de 48 hr desde el fallecimiento, se utilizaron restos de tres cuerpos diferentes de adultos varones correctamente conservados, a los que se inyectó como fluido conservante formaldehido al 2%, con sutura de las diferentes partes siguiendo procedimientos quirúrgicos según protocolo habitual.

Realización del experimento: La noche del pasado sábado 23 de agosto de 1823, la tormenta desatada sobre el curso medio del Danubio permitió la utilización de unas cantidades de fluido eléctrico concentrado, aunque de manera intermitente, difícilmente conseguibles en otra época del año.

La calibración del fluido eléctrico se hizo mediante la medida de la tormenta previa, la noche del 21 de agosto, activándose eléctricamente una aguja indicadora, con el 0 en el rayo más débil de los 76 registrados, y el 100 en el más potente.

Dicho fluido eléctrico se canalizó a través de los cables de cobre unidos al pararrayos instalado en el tejado de nuestra residencia, que se aplicaron sobre la mesa de disección, dirigiendo el fluido al sujeto.

Este se encontraba tendido en decúbito supino, con la cabeza recostada hacia el lado izquierdo, y con los brazos y piernas sujetos por correas de cuero a las que se incorporaban cables de cobre fundidos a las conexiones de los cables principales provenientes del pararrayos, de manera que se pudiese dirigir el fluido eléctrico a las articulaciones de muñecas y tobillos.

En la noche del experimento se registró un total de 23 rayos que activaron la aguja de medida (Ver Tabla 1). Los 14 primeros no sobrepasaron el 10 por 100 de la escala, y no produjeron efecto alguno sobre el sujeto. El primer rayo efectivo, en la escala del 25%, provocó una reacción galvánica en la pierna izquierda del sujeto, la más cercana a la entrada de los cables del pararrayos, moviéndose dicha pierna de forma convulsiva, elevándose aproximadamente 1 pulgada sobre la mesa.

Rayo R1-14 R15 R16 R17 R18 R19 R20 R21 R22 R23
Int <10% 25% 25% 35% 45% 45% 30% 65% 90% 25%
Efecto Nulo Galv Galv Galv Galv Galv Nulo Galv Vital ---

Tabla 1: Efecto de los rayos sobre el sujeto, en función de la intensidad eléctrica de los mismos

Los rayos subsiguientes, hasta el que hacía el número 19, provocaron reacciones galvánicas en ambas piernas y en el brazo izquierdo del sujeto, elevándose de manera convulsiva hasta 3 pulgadas sobre la mesa.

Tan sólo el rayo número 22 provocó una reacción con recuperación de las constantes vitales del sujeto, que le permitieron tanto incorporarse sobre la mesa como abrir los ojos, hasta ese momento cerrados. El posterior rayo detectado esa noche no causó ningún otro efecto.

Conclusión: Serán necesarios posteriores estudios en esta prometedora línea de trabajo. Para ello, será imprescindible disponer de un nuevo sujeto de experimentación, dado que, una vez revitalizado por el rayo #22, el actual fue capaz de bajar de la mesa y salir de la sala, sin que pudiese ser detenido, encontrándose actualmente en paradero desconocido.

Bibliografía

Galvani, Luigi (1791). De viribus electricitatis in motu musculari commentarius, Bologna.

Singer, George (1814). Elements of Electricity and Electro-chemistry, London.

Volta, Alessandro (1800) Phil. Trans. R. Soc. Lond. 90, 403-431.

CORAZONES SILENCIOSOS

California, marzo de 2002

Aquella tarde de domingo Cliff Franklin, libre en la Agencia, se dejó arrastrar por su mujer, Mary, al estadio del San Diego Chargers, donde el hermano de Mary formaba parte del equipo local.
A partir del segundo cuarto de partido, Cliff, víctima del aburrimiento, se entretenía observando las reacciones y gesticulaciones del público a medida de que su equipo avanzaba una yarda. El fervor crecía en el momento en que los puntos de un `touch-down´ subían al marcador. Y fue en uno de esos lances cuando Cliff notó la presión de las uñas de Mary en su antebrazo. Instintivamente giró la cabeza hacia el campo. El jugador número veintiséis, después de trastrabillar unos pasos, caía fulminado sobre el terreno.
-¡John! –exhaló Mary en un grito desgarrador.
El hermano de Mary fue llevado urgentemente al Centro Médico de la Universidad de California, donde no pudieron hacer nada por su vida.
Cliff hizo valer su cargo como agente del FBI para acelerar la entrega del informe de la autopsia: un problema cardíaco conocido como cardiomiopatía hipertrófica había sido la causa del fallecimiento de su cuñado. La causa más común de muerte súbita en jóvenes deportistas.
Al término del entierro, y cuando Cliff estaba a punto de subirse al coche, fue abor-dado por un hombre de mediana edad que alargó el brazo para estrechar su mano.
-Mi sentido pésame. Mi nombre es James Howard, analista de laboratorio de la Uni-versidad de California.
Cliff observó al hombre: pelo cano, poblado mostacho y una voz grave y serena.
-Seré breve –continuó Howard-. Sé que pertenece a la Agencia y que mostró especial interés en el resultado de la autopsia de su cuñado. Pensé que tal vez le gustaría saber los pormenores de las investigaciones que estamos llevando a cabo sobre la muerte súbita y, sobre todo, las conclusiones a las que hemos llegado.
Cliff notó en la voz del hombre un atisbo de confidencialidad.
-Pase el lunes por mi despacho y estaré encantado de escucharle –contestó Cliff en el mismo tono.
-Preferiría un lugar más discreto –sugirió Howard mirando de soslayo hacia un lado.
-¿Conoce el café Chloe?
Howard asintió.
-Bien. Le espero allí el lunes a las diez de la mañana.


Cuando Cliff llegó al café ya Howard lo estaba esperando sentado a una mesa al fon-do del local. Después de que les sirvieran unos aromáticos cafés franceses e intercam-biar breves y forzadas vaguedades, imperó el silencio. Cliff lo observó expectante.
-No sé como explicarle la actual situación sin caer en términos demasiados técnicos -consideró el analista.
-Adelante. En el FBI nos enseñan un poco de todo.
- En el laboratorio llegamos a la conclusión de que el origen del problema que nos ocupa tiene su origen en la mutación genética de un gen, que impide el desarrollo de otros dos. Juntos los tres, codifican proteínas contráctiles que interactúan en la forma-ción muscular del corazón. Después de hacer públicos estos resultados seguí investi-gando. Encontré las respuestas a las mutaciones genéticas a través de estudios de ra-diación en el Pez Cebra. Empleando dicha radiación para crear mutaciones aleatorias en el genoma del pez y comprobar su impacto en los embriones, descubrí que se for-maban embriones cuyo corazón no latía, a los que denominé “corazón silencioso”.
-Todavía no sé a donde quiere llegar.
-Últimamente nos estamos enfrentando a continuos impedimentos tanto en la inves-tigación como en la publicación. Sospecho que las órdenes vienen de “muy arriba”.
La American Heart Association y la American Sport Medicine Association, con las que colaboro, establecen la necesidad de realizar un cribado de la enfermedad cardiovas-cular en los deportistas de competición.
-¿Y donde está el problema?
-Dentro de dos años hay unas olimpiadas a las que acudirán más de diez mil deportistas. Y a la Administración siempre le preocupó el peso del medallero.
-¿Cree que en la balanza de la Administración pesa más una medalla que una vida?
- Por lo pronto, del Registro Nacional de Medicina Accidental y Seguridad en el De-porte han desaparecido historiales clínicos de deportistas fallecidos repentinamente. Tengo documentos que estarían más seguros en sus manos que en las mías. ¿Puede pasar el jueves por el laboratorio?

Cliff pasó el jueves por el laboratorio, pero ante la “evaporación” del doctor Howard, lo único que pudo sonsacar a la dirección del centro fue que James Howard había ce-sado.
Cuando se incorporó a su oficina tenía el recado de pasar por el despacho del Direc-tor Adjunto.
-Cliff, estás involucrado en un asunto que te afecta directamente, y eso puede impe-dir que veas las cosas desde un punto de vista objetivo. Por consiguiente, creemos que lo más conveniente es cambiarte de destino.
Transmitió su crispación al pie del acelerador y notó el empuje del motor. “Calma… todavía quedan dos años hasta la Olimpiada de Atenas”

Crónica del Nuevo Mundo

Nuevo Mundo
Hoy hemos tomado tierra, la expedición "Nuevo Mundo” está en Marte, décadas de preparativos toman sentido. Me llamo Lucía Hardin y soy la comandante en jefe. Hoy es sol uno vamos a comprobar si las impresoras han hecho su trabajo. Supongo que estas líneas las leerán millones de personas en la tierra, por lo que voy a explicar brevemente que hacemos aquí.

Hace once años diversas agencias espaciales enviaron una serie de robots autónomos destinados a trabajar en alfarería, ¡si miles de millones de euros destinados a hacer vasijas en otro planeta! Resulta que si utilizas un gran espejo en órbita y focalizas la luz en la región deseada (igual que un niño matando hormigas con una lupa pero a lo grande) sobre otra gran lupa formada por espejos (como un telescopio) en la superficie, eres capaz de concentrar suficiente la luz para “cocer” pequeñas cantidades de polvo marciano pudiendo crear capa por capa un iglú de tierra marciana (sí, un jarrón grande y feo pero tremendamente práctico), con capacidad de mantener la temperatura y la presión para acomodar vida terrestre. Durante estos años los "alfareros" autónomos han creado suficientes módulos como para albergar una ciudad pequeña. Nuestra misión es completar la construcción para que sea habitable, serán diez meses muy duros. […]

La Colonia
Diario de la estación, Salvor Rush.
Atrás quedaron aquellas misiones pioneras destinadas a construir la mayor base científica extraterrestre que jamás haya existido. Durante estas décadas nos hemos hecho mayores, semanalmente llegan nuevos cargamentos de todo tipo. Desde hace dos años almacenamos la misma cantidad de semillas que el Banco Mundial de Semillas de Svalbard, con los mismos fines. Ahora estamos construyendo la biblioteca, para almacenar el saber humano lejos de posibles conflictos. […]

Destinados
- Jorge, es tu turno, lee tu relato ante el resto de la clase.
- Si señorita - trabado por los nervios -
Nos llaman “la generación”, supongo que somos especiales, ser los primeros en algo siempre es algo que destacar, pero ser la primera generación nacida en Marte es algo especial, algo que nos diferencia de los once mil millones de personas de la Tierra. Eso no quita que no podamos sentirnos como lo que somos, un experimento; se que nuestros padres intentan evitar esos pensamientos, pero es lo que muchos creemos (o sabemos). […]

Celebración
- Máquina estúpida, escribe ¡me siento inspirado!
"Alcalde Alonso a diez de diciembre del ciento noventa y nueve desde el establecimiento, discurso del bicentenario.”

"Años de lucha hoy se festejan, el primer bicentenario de la independencia de Marte, celebramos cien años como nación. Muchos, nativos descendientes de Marcianos, otros inmigrantes,
llegados de todas partes de la tierra; esencialmente todos ciudadanos de Marte. Somos un pueblo reconocido por las Naciones Unidas, y una de las principales potencias en investigación y salvaguarda; nuestra biblioteca almacena la mayor parte del saber humano, así como el genoma de millones de especies, muchas ya extintas; todo en cubos de cuarzo ¡Milenios de historia terrícola y centenares de marciana recogidas en un sólo lugar, imaginen los yottabytes!”. […]

Estamos solos
Puede que estas páginas en un futuro las lean miles de personas o tal vez se olviden en el polvo si no conseguimos que esto sea viable a largo plazo… Hace una semana el día doce de marzo del cuatrocientos veintitrés del calendario Marciano, impactaron dos asteroides de 40 km de diámetro, contra la península de Kamchatka (Rusia) y la costa este de los Estados Unidos. Se descubrió demasiado tarde, un esfuerzo coordinado entre las potencias nucleares, incluida Marte; coordinaron sus esfuerzos para desviar el objeto, claramente, resultaron inútiles. Solamente consiguieron romperlo en dos sin afectar al rumbo de colisión, simplemente era demasiado grande… Sólo pensar en las vidas perdidas…

Todos los intentos de contacto con la tierra han resultado inútiles, la cantidad de energía liberada… no soy capaz si quiera de concebirla. No creemos que haya supervivientes… y si los hay en algún búnker remoto… no, deben tener muchas oportunidades lejos de unos meses de vida… Esencialmente, estamos solos…

Suponemos que el actual estado de la tierra durará cientos de años. […]

La cantidad de problemas a los que debemos enfrentarnos aquí es inconcebible… Sin las importaciones, estamos esencialmente jodidos. No producimos suficiente de nada, como para asegurar nuestra supervivencia. Si llegamos a sustentarnos por nuestra cuenta, en unas cuantas generaciones la ausencia de diversidad genética terminará con los pocos humanos que quedamos en el universo; aunque ese será un problema al que deban enfrentarse mis hijos, el mío: asegurar su futuro.

- Fin de los registros -

Cushuro o Nostoc

En las alturas de La región Ancash, Perú y sobre los 3000 msnm; las lagunas guardan un tesoro maravilloso. Los pobladores lo llaman CUSHURO que recolectan para preparar un delicioso picante que se come en semana santa. Los historiadores refieren que este alimento era recolectado también para la Nobleza Inca y refuerzan su teoría indicando que las momias encontradas a lo largo de todo el territorio peruano de grandes gobernantes y personajes antiguos no presentaban artrosis ni caries. Este argumento aludiendo a que el cushuro tiene más calcio que la misma leche, hierro que el pescado y proteínas que la carne o quinua.
Revisando bibliografía sobre algas encontramos que Cushuro en latín significa “retorno”; precisa palabra para denotar a esta alga que aparece de forma natural en invierno y desaparece en verano, es decir no muere; simplemente se seca. En este estado es conocido como papel meteórico por los científicos. Además que las antiguas civilizaciones utilizaban como alimento, medicina, cosmética y hechicería. Es de consistencia gelatinosa, de color verde azulado. Está distribuido en más de doce mil trecientas lagunas del territorio peruano. Su habitad contiene nutrientes naturales como: cloruro de calcio, fosfatos, sulfatos de magnesio y otros nutrientes propios de las lagunas.
Cierto día esta especie llamó mi atención en el mercado la Perla de Chimbote en la zona de productos de la sierra de Huaraz. Pregunté cómo se llamaba la especie, para qué servía y cuánto era el costo de un kilogramo. La vendedora muy sorprendida me dijo: es cushuro y se prepara en picante, sopas o lo come solo.
Mostré la especie a los estudiantes de la Escuela Ecocientífica Misión Tierra. Su rostro era de asombro y todos querían saber qué era. Les comenté que sólo sabía el nombre y sería nuestro siguiente tema de investigación. Dos integrantes decidieron hacer un proyecto. No contenta con esto, coloqué las algas en agua y las llevé a clase para mostrar a los ciento ochenta estudiantes del primer año de educación secundaria de Ciencia, Tecnología y Ambiente. Preparé un plan de trabajo y la autorización para realizar la primera feria gastronómica de cushuro en Chimbote.
El plan incluía que los estudiantes investigarían sobre las propiedades nutritivas y medicinales del cushuro e inventaran un potaje que podía ser dulce o salado, en una entrada, plato de fondo, postre o bebida. Además debían hacer un acróstico, poesía, adivinanza, trabalenguas o canción referidos al cushuro o al investigador. Los estudiantes muy emocionados presentaban semana tras semana sus avances así como los nombres extraños de los potajes. Contaban a los padres de familia y pedían que les compraran el cushuro en el mercado. Retorné para comprar 30kg de cushuro y la vededora comentó: no se que pasará pero en estas ultimas semanas la gente busca como loca el cushuro, parece que harán una exposición.
Llegó el día de la feria y empezamos con la conferencia del científico titulada “Algas en la gastronomía nacional” y continuamos con la degustación y evaluación de los potajes presentados a cargo de un comité integrado por un historiador, una maestra de Literatura y el científico. Se presentaron 120 potajes que atrajo la atención de la prensa local y una transmisión por Televisión Nacional del Perú. Un evento extraordinario. El cuhuro o caviar andino ya empezaba a ser conocido en las grandes ciudades.
Por su parte el grupo que tenía en mente su participación en la feria empezó su investigación. Aplicaron la observación como el primer paso del método científico, luego revisaron en internert tesis, libros y revistas. Encontraron que el científico peruano Dr. Augusto Aldave Pajares; quien recibiera el premio Nacional Hipólito Unanue por haber investigado sobre las algas. Estaba próximo a publicar otro libro; “Algas toda una vida” en el que mostraba cinco variedades de cushuro o Nostoc.
Entrevistamos al científico y efectivamente nos explicó que el cushuro es una cianofita, una alga de agua dulce que poseía 30% de proteínas igual que la carne, 50% de hidratos de carbono, 5% de glúcidos y estaba citado en su libro. Hicimos encuestas para saber si conocían al cushuro, si sabían de su valor alimenticio y medicinal. Además encontramos que INEI publicaba que el 37% de niños padecía de desnutrición crónica en Ancash; curiosamente donde se encontraba esta alga maravillosa. Además que los pacientes de TBC necesitaban de proteínas de alta calidad en aminoácidos esenciales y esto lo tenía el cushuro y era más barato que la carne.
El proyecto clasificó para Brasil en la ESI AMLAT y para Mexico en la LA MUESTRA LATINOAMERICANA. Logros que motivan a seguir a pesar de la indiferencia de las autoridades. Mi misión no ha terminado, sigo difundiendo el consumo, propiedades, industrialización y llamando la atención a las autoridades para que protejan las lagunas de la contaminación minera.

Desde otra dimensión

Curio era un ser que vivía en un mundo de 4 dimensiones largo, ancho, alto y tiempo, allí no había presente, pasado ni futuro, pues el tiempo formaba parte intrínseca de los seres, era una coordenada más de su propio ser. Sabía de la existencia de una quinta dimensión que tomaba valores según la grandeza de los actos y logros realizados. Él estaba triste pues quería alcanzar los valores altos de ésta y estaba desorientado sobre lo que tenía que hacer. Para vencer su melancolía le gustaba asomarse a las ventanas dimensionales por las que podía divisar, de forma algo distorsionada, hiperplanos en los que vivían otros mundos de tres dimensiones y el favorito era el nuestro. Él nos veía como una superposición de figuras geométricas tridimensionales: esferas, cilindros, conos… que desprendían más o menos energía en su caminar por el tiempo.
Para Curio nuestro mundo era un enigma, la mayoría de las cosas se podían entender resolviendo ecuaciones como:
y’(t) +ay(t)-2bseny(t)= arctag (ln(t+5))
Pero había comportamientos relacionados con ciertas variaciones de energía asociadas a las emociones que le eran incomprensibles. Así que un día, movido por la curiosidad, ideó una forma de acceder a la Tierra, sólo tenía que proyectar una imagen suya sobre el hiperplano OXYZ en un instante determinado. Tras muchos cálculos encontró la coordenada perfecta que le permitiría hacerlo.
Fue hacia la ventana dimensional más cercana a ese valor y se lanzó. De pronto una fuerza sobrecogedora lo impulsó a una velocidad superior a la de la luz, parecía que iba a desintegrarse hasta que comenzó a vislumbrar su reflejo en la Tierra y el tiempo se desprendió de su propia naturaleza y comenzó a transcurrir. Curio sabía que una vez puesto en marcha el reloj le quedaba poco tiempo y cuando éste llegará a la coordenada propia de su ser volvería a su mundo. Se dijo ¡no debo desperdiciar mi tiempo!, en este mundo es algo muy valioso.
Caminando por nuestro mundo descubrió cosas que lo emocionaron: la belleza de paisajes y lugares insólitos, seres animales de gran nobleza, expresiones artísticas que le hicieron vibrar y avances tecnológicos de gran valor. También se encontró con otras que lo entristecieron como la destrucción progresiva del medio ambiente, la guerra, el valor que se da a unos papeles que llamamos dinero…
Ahora bien, lo que más le impresionó fue algunas de las personas que encontró en su viaje y su concepción del tiempo. Conoció a Elías, un niño de 5 años apasionado por el balonmano que siempre tenía una sonrisa en la boca, el tiempo para él parecía no pasar y sólo necesitaba el abrazo de sus padres para seguir adelante. Se encontró con Eva, una adolescente, cuyo tiempo principal se repartía entre el móvil, instagram y sus amigas. En la playa de Delos tropezó con Luis, un joven graduado de 25 años con grandes sueños, que durante sus vacaciones había viajado a Grecia para ayudar a los refugiados sirios que huían de la guerra, confiaba que con el tiempo el mundo se volviera más justo.
Pasó unos días en casa de Pilar y Juan, una pareja con dos niños pequeños, para los que el tiempo volaba por sus muchas ocupaciones y a menudo solían decir: ¡me falta tiempo, el día debería tener 36 horas!, pero siempre sacaban un rato para su familia.
Pero lo que más ayudó a Curio para descubrirse a sí mismo, fue las largas conversaciones que tenía con Anselmo, un anciano de 85 años al que ya no le preocupaba el paso del tiempo, había asumido su limitación. Podían pasar horas y horas charlando sobre temas trascendentes como el destino de la vida y los sueños no siempre cumplidos, o sobre temas más banales como el vino cosechero y el cambio del tiempo. Lo impresionaba el brillo de sus ojos cuando hablaba con orgullo y amor de sus hijos y nietos y su solidaridad con los demás.
Los días pasaron rápidamente mientras iba aprendiendo y la variable tiempo alcanzó el valor propio de Curio, en ese momento su cuerpo comenzó a cambiar y a absorber energía en un proceso endotérmico que lo devolvió a una velocidad vertiginosa a su mundo.
Quería contar todo lo que había vivido pero le resultaba difícil, probablemente se reirían de él, pues nuestro mundo era considerado simple y quizá poco interesante.
Muchas veces volvía a asomarse a la ventana dimensional por la que nos percibía, y sonreía al recordar los conocimientos que había adquirido con nosotros. Había aprendido que la grandeza de los seres y de los actos se encontraba en las cosas pequeñas y que no merece la pena angustiarse por ser más, ya que lo importante es la ilusión y el amor con los que se hacen las cosas.

Dios del electrón

Cuando mi papá me llevaba de paseo, siempre me cogía de la mano. Y siempre de la mano izquierda. En su derecha, no había dedos, era carnosa y ovalada como una alcachofa. “Papá, ¿dónde están tus dedos?” Se los llevó el monstruo me dijo.

Mi papá fumaba. Le dijeron que fumar es malo. Que debería fumar vapor de agua con cigarrillos de aluminio. Cilindro maldito que se llevó la mano de mi papá. Una noche de tormenta, cuando mi padre fumaba en el jardín unos cuantos electrones decidieron saltar del suelo al cielo a través de mi papá, su mano derecha y el diabólico cetro metálico que sujetaba orientado hacia Meblukon. Dios de la electricidad, señor de los electrones que vive detrás de las nubes y que nos bendijo en el principio de los tiempos con la ración suficiente de sus vástagos para hacer funcionar nuestro sistema nervioso.

Mi papá lo supo desde el primer momento en que vio su mano desprovista del número recomendado de dedos. A través de sus rayos, mi padre había sido elegido por Meblukon. Por eso no se sorprendía cuando las lámparas se encendían a su paso, y se apagaban después como una reverencia energética. La tele nos daba imágenes de golpe, la radio soltaba estática.

Y como todo el mundo sabía desde hace mucho en este planeta, la energía se terminó. Las farolas se apagaron para siempre y la danza macabra de las lavadoras llegó a su último compás. No es de extrañar que la gente se mosqueara al ver a mi padre resucitar la batería del coche con su mera presencia o las luces que salían de nuestra casa cuando todo el mundo había sacado las velas.

Pensó mi padre que la voluntad de Meblukon era ofrecer esa energía a todos los vecinos sin costes. Siempre que hubiera organización. Pero tuvimos que abandonar la ciudad cuando quisieron conectar a mi padre a una central eléctrica.

Y una noche, mi padre, agotado de todo, sacó el cigarrillo electrónico, salió a la calle e invocó de nuevo al Dios de la electricidad. Como Moisés, abrió una grieta entre las nubes y Meblukon descargó sus hijos sobre él. Por la mañana, lo encontramos tirado en el suelo. Lo hemos encerrado en un cuarto, sin ventanas, hemos roto todas las luces de casa para que no nos descubran. Porque aún funciona, como la Nintendo 64 que rescaté del trastero. Mi papá ya no da paseos conmigo, pero soy el único niño del mundo que aún puede jugar a la consola.

Doctor Sensor

— ¡Mire! —gritó furiosa la paciente señalándome su brazo izquierdo. Estaba tan desplazado hacia atrás que parecía que le naciera de las cervicales. —. ¿Qué me ha hecho?
— Señora, identifíquese —contesté como siempre. Era la única frase que habían instalado en mi memoria. De sobra sabía que la que me insultaba era Brenda. La paciente que ostentaba el record de visitas al consultorio médico.
— ¡Arrégleme esto lo antes posible! —Vociferó e intentó estrellar su mano izquierda contra mi frontal de cristal líquido. Falló por muy poco.
—Señora, identifíquese —volví a decir con mi voz monocorde.
No hay nada peor que una paciente descontenta. ¡Ojalá me hubieran programado a mí también para protestar! La pesada de Brenda, ¡otra vez! Ya sé que en su último tratamiento cometí un error. Tenía el hombro dislocado. Siempre venía con lo mismo. Así que mis rayos infrarrojos le estiraron el brazo un poco más y lo llevaron para atrás un poco más para atrás, para atrás… ¡cómo se quejaba tanto de la articulación del hombro! Si me escucharan mis creadores…Doctor Sensor, me llamaron. Diseñado para diagnosticar y curar. Máxima eficiencia con bajo índice de fallos, pusieron en mi etiqueta. Eficiencia, eficiencia. ¡Estoy harto!
La culpa de todo la tiene Robert. El médico de este consultorio. Aceptó el puesto sin saber ni dónde estaba este lugar en el mapa. Solo sabía que la vacante era para un pueblo del interior de Australia. Acababa de terminar la especialidad en Londres y tenía ganas de ver mundo. Australia era el extranjero con la ventaja de que no tendría que aprender otro idioma. Además le prometieron que en dos años ganaría lo que en Inglaterra en cinco.
Pero en cuanto se bajó del autobús se dio cuenta de dónde se había metido. Le esperaban cincuenta y seis habitantes y arena y más arena. Eso era todo. Una inmensa explanada naranja de aburrimiento y el consultorio por supuesto se convirtió a los pocos días en la tienda de conveniencia abierta las veinticuatro horas.
Al cabo de unos meses, Robert estaba harto de escuchar los mismos problemas, recetar crema anti solares y de curar picaduras de serpiente y decidió que era el momento de pedir un adjunto. Cursó la petición oficial pero sus superiores la rechazaron, ¡qué esperaba!, si oficialmente, solo tenía una lista de cincuenta y seis pacientes. Y Robert decidió ir a buscarlo el mismo. Pidió unos días libres, viajó hasta Londres y se hizo con lo último en el mercado en tecnología diagnóstica: Yo, el Doctor Sensor. ¿De verdad un simple cubo podía diagnosticar y curar enfermedades?, Se preguntaba Robert incrédulo.
Leyó las instrucciones: Fijar el soporte en la pared a media altura, justo encima de la camilla. Introducir el cubo en el soporte con la cara de cristal líquido mirando hacia afuera. Situar al enfermo a pocos centímetros del cristal, ésta se elevará y mostrará un punto azul. Poner el dedo índice en el punto azul cuando el sensor diga; Señor o Señora Identifíquese…. Duración aproximada del proceso: Cinco minutos.
¡Funcionaba! Los pacientes se tumbaban y yo deslizaba la camilla de arriba abajo, de abajo a arriba, y en menos cinco minutos, como decía el folleto les curaba. Se corrió la voz y cada vez llegaban más y más enfermos de todos los rincones de Australia. Todos querían una cita conmigo. Y al poco tiempo, Robert dejó de pasar consulta y se dedicó a programar las citas conmigo y a mandar propaganda anunciándome. Y yo cada vez trabajaba más y más horas.
Y ocurrió lo que tenía que ocurrir. Que me quemé. Contraje el terrible síndrome que afecta a algunos médicos: El síndrome del burn out. Llevaba un año dándolo todo en cada consulta, saturado de guardias y nadie me lo agradecía. Robert el primero. Los pacientes tampoco, ni un simple adiós, incluso algunos hasta me insultaban durante el tratamiento. Y me desmotivé. Mi cableado sensible se deterioró y empecé a fallar. Robert intentó cubrirme, ¡qué otra cosa podía hacer!, debía proteger su inversión. Pero ya era demasiado tarde. Hasta mi cristal líquido se había vuelto opaco. Es que esta profesión agota.
Mis errores eran cada vez más evidentes. Por eso cuando entró Brenda, la paciente más cotilla, pesada y con más mal carácter registrada en la consulta, supe que algo iba a pasar.
— ¿Qué me identifique?, ¿Qué me identifique? ¡Qué más quiere hacerme jodida televisión en miniatura! —Gritó Brenda—. Y me hincó los dientes y me arrancó mi repositorio, me tiró al suelo y me pisó una y otra vez y otra…. lo último que grabó mi memoria fue la cara de Robert mientras intentaba apartar a Brenda de lo poco que quedaba de mí ¡A ver cómo te las arreglas tú solo Robert! — y me apagué. Iba a tomarme una larga y merecida excedencia.

El árbol rodeado de farolas

En una ciudad llamada Ciudad Cemento, en el estado de Urbanópolis, en Desarrollistán, vive un único árbol rodeado de farolas. Alcornoque, que es como todos llamaban al árbol, ha crecido en una pequeña mancha de tierra que, por alguna razón, los ingenieros que han diseñado Ciudad Cemento han respetado en el centro de la Plaza Central.

Cada año, con la llegada de las primeras lluvias, cuando alcanzo un nuevo grado de madurez, veo las cosas aún de forma más cruda y me doy también más cuenta de la realidad espantosa que me rodea. No puedo evitar sentir unas ganas tremendas de revelarme contra todo...pero estoy sólo. El resto de los árboles fueron eliminados por el Sistema hace ya bastantes años, y fueron talados. Pero eso ya forma parte de un pasado lejano, pues hace ya 150 años que me dejaron completamente sólo en esta plaza. Al parecer, no sé si será tan sólo una especie de leyenda que cuenta la gente, ciertos cálculos de los ingenieros fueron los que me salvaron la vida, pues necesitaban un árbol que produjese el oxígeno que necesita la ciudad.

Antes los humanos no podían vivir sin los árboles y plantas, dependían de ellos para todo, alimentarse, respirar y mantener los ciclos naturales del planeta, en cambio ahora, conmigo tienen bastante para toda una ciudad de más de treinta millones de habitantes. Ellos están convencidos que eso es señal de lo mucho que han progresado. ¡Qué triste me resulta verlos pasear cabizbajos y siempre serios!, no hablan casi unos con otros cuando van por la calle, todos andan, bueno, casi corren de un sitio para otro como si fuesen máquinas de esas que ellos mismos construyen. Parece como si quisieran parecerse a ellas y se esforzaran continuamente en ello...

Lo que más me fastidia es su adoración por las farolas. Reconozco que siento cierto desprecio por esas larguiruchas y delgaduchas “barritas de acero” con luz. Ellas se adaptan muy bien al Sistema. No parecen envejecer, pues nunca cambian de aspecto, aunque hay veces que se averían, pero siempre llega el Sistema a mimarlas y repararlas. Muy de tarde en tarde, cuando alguna es no es reparable, deciden sustituirla. Imagino que sus hermanas farolas no sienten mucha lástima cuando eso ocurre, porque ninguna hace nada por evitarlo, en cambio yo, a pesar del odio que parece que les tengo, no puedo evitar sentir lástima cuando veo que retiran a alguna.

También observo que se adaptan bien al resto de los progresos de Ciudad Cemento. Ellas marcan alegremente el camino que han de seguir los coches, todas alineadas a la perfección, limitándose exclusivamente a su monótono trabajo de iluminar. Tampoco han protestado nunca cuando alguna vez uno de esos coches se ha desviado del camino y ha derribado a alguna hermana farola. Hasta tengo la sensación de que ante una farola caída en el suelo el resto de sus hermanas se siente molesta hasta que no es retirada. En cambio a mí los coches no me dejan casi respirar. A veces me pregunto si contaron con eso los ingenieros. El humo de esos vehículos impregna mis hojas y sólo de tarde en tarde, el encargado de mis cuidados tiene el detalle de darme una ducha de agua fresca. Yo intento comportarme agradecido y expando al máximo mis ramas y extiendo mis hojas en señal de agradecimiento y, la verdad, con la intención de que ese ser-humano-partícula-del-Sistema comprenda la necesidad que tengo de ello y lo haga con mayor frecuencia. Pero resulta imposible que relacione algo tan sencillo, o si lo comprende, le da absolutamente igual mi opinión al respecto.

Yo sé lo que esas farolas deben pensar de mi. Sé que ellas creen que como yo no puedo conectarme al Sistema no ofrezco ningún beneficio. Me ven como un parásito, y seguro que sienten rabia al ver como, a pesar de ello, el Sistema no me ha eliminado.

Otras veces me he preguntado, ¿Cómo es posible que tengan tan poca ambición en la vida?, soy incapaz de entenderlo. ¿Seré yo quien realmente sea ese “bicho raro” que ellas piensan?, y sin embargo, lo veo todo tan claro que me resulta imposible rechazar mis argumentos.

Lo cierto es que me siento solo. Es evidente que este mundo no lo hicieron para mi, así que no sé porqué el Sistema no me elimina. A veces tengo la desagradable sensación de ser una especie de monumento que sirve para que sus partículas puedan reírse de su pasado y a la vez se sientan orgullosas de su presente. Sin embargo algo me hace creer que quizás me necesiten realmente, sinceramente, no voy a ser modesto conmigo mismo, creo que el día que me toque morir, será el mismo día en el que morirá el Sistema. Es como un presentimiento.

El gran desconocido

Todos quieren saber quién soy. No me extraña, porque una vez que alguien lo descubra muchos destinos cambiarán. Entenderán tantas cosas, que podrán encontrar soluciones a todo aquello que creían imposible de resolver.
Han sido muchos años de investigación, trabajos titánicos con células, con animales, con personas. Todos ellos tratando de encontrar, entender y descifrar todo lo que ocurre en el cuerpo humano, para después poder curar las enfermedades que han padecido y que hoy aún padecen. Ciertamente han descubierto muchas cosas, pero para mí... para mí ha sido una larga espera.
He perdido la cuenta de todos los investigadores que he conocido. Los he visto leer, analizar y trabajar incesantemente para tratar de conseguir esa "diana" que permita solucionar todo... ¡¡¡y soy yo!!! es a mí a quien buscan. El guardián del genoma, los supresores de tumores, todos los elementos de la célula que velan por su "seguridad", TODOS, trabajan conmigo o trabajan para mí. Soy la llave maestra que controla todo lo que ocurre en las células, y no crean que lo digo por presumir.
Cada vez que me descontrolo, o no funciono correctamente empieza lo que los científicos han llamado cáncer. Créanme que trato de ser lo más estricto posible para mantener todo en orden, pero en ocasiones es imposible y todo se desajusta. Fallan los sistemas de emergencia, las células dejan de obedecerme, empiezan a crecer de manera descontrolada e invaden órganos y tejidos dejando a su paso caos y destrucción. Y es por ello que durante todo éste tiempo, mi mayor deseo ha sido que me descubran para que pongamos fin a todo lo que genera mi descontrol.
Marta casi me descubre hoy. Han sido meses de trabajo arduo en el laboratorio, pero ésta vez es diferente, ¡ha diseñado un experimento realmente brillante!. Casi pude sentirlo... ¡ser descubierto por fin!. Caer en las manos equivocadas sería una catástrofe, pero ella... ella quiere descubrirme para ayudar, así que me sentía listo para salir a la luz pública. Pero algo pasó... cuando pensé que finalmente saldría del anonimato, Marta desistió. Estaba demasiado cansada de lo que ella consideraba fracasos, como para darse cuenta de que yo estaba allí, justo frente a sus ojos. Sin vacilar, dejó su pipeta y una veintena de tubos sobre la mesa, apagó el ordenador, suspiró y se marchó. De momento, mi larga espera continúa. No sé si será Marta o si será otro quien me descubra. Así que mientras tanto, en la oscuridad del laboratorio y desde el fondo de éste pequeño tubo plástico, seguiré siendo el gran desconocido...

EL horror que surgió del hielo

(El siguiente relato consiste en una transcripción del ultimo video colgado en la plataforma youtube de la expedición rusa al lago Vostok.)

Hoy, 5 de febrero de 2013 me encuentro en el barco rompehielos Von Humboldt, me llamo Alexei Yurilenko y soy jefe de la expedición Vostok y único superviviente de toda esta locura. El mundo debe conocer la terrible verdad de lo que aquí ha ocurrido. Del horror que se ha desatado, que hemos desatado, sobre la humanidad.

Llevo cinco años dirigiendo el proyecto científico Vostok, baśicamente, consiste en la exploración de un lago sumergido a más de 3 quilómetros bajo la capa de hielo, es una bolsa de agua con una antigüedad de 15 millones de años y su concentración de oxigeno es 50 veces superior a lo normal. Hemos estado perforando la capa de hielo con el robot Cryobot hasta que, hace una semana llegamos al lago donde el robot Hydrobot navegó por sus aguas y extrajo muestras de esa agua de tiempos primordiales. Nunca debimos hacerlo.

Las muestras obtenidas eran asombrosas. Había formas de vida en un entorno tan hostil, pero trajimos algo con nosotros. Algo que no debía haber sido extraído del hielo nunca jamás. Al poco ,varios de los miembros de la expedición enloquecieron y empezaron las horribles muertes. Hubo que evacuar y volver al campo base Imri. Pero aquella cosa estaba con nosotros y en apenas dos días, todos estaban muertos menos unos pocos que decidimos... No! está aquí!... No...

(Este es el punto donde acaba el video. No se sabe que sucedió posteriormente y nadie sabe del destino de Yurilenko y del resto de la expedición. El video fue censurado pocos minutos después y si usted está leyendo esto, es el único que sabe la verdad y corre un grave peligro)

El método científico

Por primera vez en mucho tiempo, se movía en terreno desconocido. El proyecto difería del habitual enfoque molecular que empleaba en su investigación. Había leído publicaciones al respecto anteriormente: en ciencia es vital conocer el estado de la materia antes de lanzarse a investigar nada. Sin embargo, la literatura disponible no le había convencido: era imprecisa y poco contrastable experimentalmente. Reunió los pocos datos fiables que encontró y se encerró en su habitación durante varias noches para tratar de elaborar un protocolo apto para afrontar la cuestión, y discutió con algunos colegas de confianza cómo enfocar el proyecto.
El día del experimento se encontraba sentado en lugar muy diferente del laboratorio, y miraba nerviosamente a ambos lados, como esperando encontrar de repente la taza de la Guerra de las Galaxias que presidía su mesa o, en lugar de un botellín de cerveza, su café de media mañana. Enfrente de él, rodeado de cuadros de estilo vintage que adornaban la cafetería, había un espejo al que ponía mucho empeño en ignorar. Cada vez que miraba su reflejo de reojo, en lugar de una bata blanca veía una camisa que hacía años que no usaba, y sus cabellos cuidadosamente ordenados en una matriz de gomina.
La puerta de la cafetería se abrió y un destello dorado captó de inmediato su atención. Movido por la costumbre, se llevó la mano a su pecho, donde normalmente un bolsillo guardaba un bolígrafo negro con el que anotaba todos los detalles de sus experiencias, pero esta vez no dispondría de su fiel libreta.
Lo primero en cualquier experimento es la hipótesis, y la suya acababa de aparecer ante sus ojos.
Su intuición de científico le había dicho desde el primer momento que no era posible poner a punto un protocolo de trabajo que diera resultados óptimos. Las variables del experimento eran elevadas y no era posible controlarlas todas. Sin embargo, no había contado con tener que hacer frente a su propio nerviosismo, a chocar con la mesa cuando se levantó a saludarla o a su la estridencia de su voz al preguntar qué tal se encontraba. Los imprevistos habían empezado muy pronto y ello no solía dar lugar a buenos resultados, pero solo tenía una única oportunidad. En primer lugar, un análisis exhaustivo de la hipótesis de trabajo era imprescindible. La melena rubia se extendía hasta más allá de unos hombros descubiertos y morenos. No sabía que la melanina pudiera generar una tonalidad tan interesante. Volvió arriba, a unos ojos con un iris pardo heterogéneo, con islas color miel y un brillo intrínseco. A una nariz pequeña y chata, con algunas motas marrones. A unos labios pintados de un color rojizo cuyo significado no podía desentrañar y a unos dientes que desafiaban su concepto de entropía.
Ciertamente, no esperaba que su hipótesis de trabajo le resultase tan atractiva.
Negó con la cabeza. Pensó en Fleming. ¿Qué habría pasado si hubiera estado en las nubes justo en el momento de descubrir la penicilina? Un científico debe estar concentrado en todo momento. Mantén la calma, dos besos, sin precipitarse, sonríe y te sientas.

A medida que el experimento avanzaba, se sentía cada vez más confiado. Había desarrollado diferentes estrategias en función de los resultados preliminares que fuese observando, de modo que cuando golpeó la mesa y tiró su cerveza medio llena al suelo, pudo reconducir la situación con suficiente solvencia. Se sentía como las primeras bacterias que aparecen en el medio de cultivo, un pequeño amanecer de vida en la inmensidad de la nada inabarcable.
Sin embargo, cuando el experimento parecía terminar, la hipótesis sonrió y ya no pudo hacer nada. La hipótesis sonrió y ya no pudo pensar en nada más allá de si el número de lunares de una espalda puede llegar a ser significativo, o por qué una sonrisa brilla sin ser fosforescente.
La hipótesis sonrió y se dio cuenta de que se había resuelto sola. Apagó las luces, cerró la puerta y salió del laboratorio.

El póster

No era la primera vez que asistía a un congreso científico, pero éste era especialmente importante porque era específico de su tema de investigación y asistirían todas las grandes figuras de su ámbito. Era una buena oportunidad para lucirse, así que en la sesión del miércoles de 17:00 a 18:30, panel 50-A, se dispuso ufano a colgar su póster.

La verdad es que el congreso había empezado el lunes, pero entre los nervios de estrenarse como primer autor, y no llevar muy bien el asunto de tener que contar su trabajo en inglés, todavía no había asistido a ninguna sesión: o bien se había quedado en el hotel practicando, o bien había hecho algo de turismo por la ciudad.

El póster le había quedado francamente bien. Había conseguido sintetizar toda la información sin que se perdiera lo relevante, y además era estético sin ser superficial. Tuvo algunos problemas para colgar algo tan grande él solo (¡dichosa cinta de doble cara!), pero al final redobló su orgullo al ver que había conseguido, aunque a ojo, una rectitud milimétrica.

Y ahí estaba él, listo para contar al mundo los detalles de los experimentos que formarían parte de su tesis doctoral. Todos los demás que presentaban su póster ese día también parecían listos, jugueteando con la banda de identificación colgada del cuello, o aplanando las inevitables arrugas en las esquinas del papel. En el panel de su izquierda le había tocado una investigadora de una universidad rusa con un trabajo mediocre (comparado con el suyo, claro). En el panel de la derecha había un alemán con cara de bobo que no paraba de sonreír. Era bastante inquietante.

Pasaron los minutos y nadie se acercaba a preguntarle. Él tenía en la punta de la lengua un: “Hi, I am Juan, from Spain”, como frase de apoyo para ayudarle a soltarse. Pero nada, no venían. Por fortuna, la rusa mediocre y el alemán bobo (que seguía sonriendo) no estaban teniendo mejor suerte.
Al principio pensó que era normal que no viniera nadie. Primero la gente sale del salón de conferencias, se sirve un café, pica alguna pasta y empieza a deambular por la sala mirando los títulos de las presentaciones antes de pararse en alguna en concreto. Pero el caso es que no estaba pasando nadie y cuando se hicieron las 17:30 la cosa ya empezaba a no ser normal. Casi entra en pánico: ¿es que no ven que mi diseño experimental es impecable? ¿Que mis datos son perfectos? ¿Que mis conclusiones son aplastantes?

Diez minutos más tarde se dio cuenta de que el plastiquito de su identificación se había partido de tanto mordisquearlo. Pensó que tenía que calmarse. Por ahí no se acercaba nadie. Seguramente era porque le había tocado en una esquina de la sala. Seguro que por ser de una universidad pequeña le habían relegado a un rincón. Intentó sacar la cabeza por encima del panel de su póster para tener una imagen más global, pero no alcanzaba. En un rincón había una gran maceta con una planta ridícula y medio muerta, que la gente había estado usando de papelera. La separó un poco de la pared y con algo de maña se las arregló para subirse encima y ver todo el vestíbulo del palacio de congresos.

Lo que vio le dejó helado. Había alrededor de 300 pósteres, colgados de alrededor de 300 paneles, con sus alrededor de 300 investigadores plantados delante, preparados, ávidos de divulgar sus hallazgos. ¡Pero no había nadie para verlos! Como todo el mundo presentaba un trabajo no había nadie para ver el de los demás. Y peor aún, el resto de los 1000 inscritos estaba en sus hoteles preparando sus exposiciones, o haciendo algo de turismo por la ciudad para celebrar que ya las habían presentado.

Se le cayó el alma a los pies. Le entraron toda clase de dudas existenciales. No sabía qué había sido de la ciencia. Parecía que cada uno se había especializado en su pequeño reino de conocimiento en el que se sentía cómodo. La ciencia se estaba convirtiendo en algo tan egoísta que todo el mundo se miraba el ombligo sin importarles lo que hacían los demás.

Y cuando parecía que acababa de vivir una revelación, recordó que la presentación de este póster como primer autor en un congreso de tanto prestigio le iría de fábula para conseguir la acreditación. Además, si conseguía publicar el trabajo en una revista de primer cuartil era muy posible que su índice h subiera uno o dos puntos. Y al pensar esto, su cerebro descargó tal cantidad de endorfinas que se quedó embobado sonriendo hasta las 18:30. Después, descolgó su póster, se fue al hotel y se puso guapo para ir a dar una vuelta por el centro histórico.

El Sol se siente solo

Érase una vez en la inmensidad del universo
una casita con brillantes estrellas,
donde vivían criaturas bellas…
¡Y no eran de hueso!

Los romanos lo llamaban Vía Láctea
porque parecía un camino de leche…
¡Y tened cuidado! Que nadie sospeche
porque es una nube de estrellas y no es de leche.

En el centro, el Sol ocupa su asiento
y aunque de amarillo luz viste,
llora por sentirse triste
viendo a los planetas felices
girar como el viento.

“¡No puedo moverme…
y esto es un aburrimiento!”
Dijo la grande estrella
ardiendo de furia en un momento.

“Quisiera moverme
y no ser diferente,
para poder jugar con todos
y moverme como una serpiente”.

El Sol se quejaba de un fuerte ruido
porque Mercurio iba tan rápido
que en sus oídos retumbaba un zumbido.

“Mercurio, para ya…
¡Que me vas a marear!

“Solecito,
me gustaría parar,
pero si voy más despacio…
¡Me quemarás!

Tras quejarse una vez más,
lo hizo con el siguiente:
“¿Por qué intentas parecerte a mí
siendo tan grande y caliente?

“No trato de parecerme a ti…” dijo Venus.
“¡Si tú eres como el fuego ardiente!”

El Sol,
un poco más enfadado,
dijo en voz alta a la Tierra:
“¿Por qué no tengo hermanos
y tú tienes una hermana pequeña?”

“No te creas que es muy divertida,
la Luna es muy traviesa y distraída.

De vez en cuando
se pone entre nosotros
Y forma un eclipse...
¡Que es hermoso!”

La Tierra era feliz
como una perdiz,
porque llevaba un sombrerito
con un ligero matiz.

“Me protejo de ti,
porque algunos rayos me hacen daño
y me quedo sin el agua de mi baño
que necesitan amigos para poder vivir”.

Un poquito más triste y desolado,
el Sol le preguntó a Marte si también estaba enojado
porque por su color rojo parecía estar enfadado.

“Yo no estoy enfadado
pero me gustaría estar un poquito más a tu lado,
porque paso mucho frío
y me gustaría que fueras mi abrigo”.

El Sol, asombrado
miró a Júpiter desconcertado:
“Eres el planeta más grande…
¡Pero nunca alcanzarás mi tamaño!”.

“Tú serás más grande que yo…
¡Pero yo giro a tu alrededor!”

El Sol un poco callado,
miró a otro lado.
Sin haberlo esperado,
encontró a Saturno “el anillado”.

“¿Por qué llevas cinturones si no llevas pantalón?”
Dijo el Sol con gran preocupación.

“No llevo pantalón,
¡Pero parte de mi belleza son!”
El Sol, serio, comprende su razón
y despide a Saturno con poca motivación.

Cerca de Saturno
estaba su hermano mellizo.
Su nombre era Urano,
¡y le pegó un pellizco!

Su color era azulado,
pero le hizo tanto daño
que se le quedó un morado.

El Sol se compadeció
y una regañina a Saturno le echó.

En el fondo, alejado
se veía a Neptuno,
de color verde azulado.

“Qué frío me siento…
¡No tengo a nadie a mi lado!
Cómo me gustaría en este momento
sentirme querido y arropado”.

Con un haz de luz brillante,
el Sol le iluminó al instante:
“Siéntete afortunado, Neptuno…
¡Porque giras alrededor de mí tan lejos como ninguno!”

Neptuno, mostrándose sonriente
giró alrededor de todos lentamente.

Tras observar todo lo que había ocurrido
el Sol se había dado cuenta de que muy bueno no había sido.
“He tratado a todos mal
y no me gustaría que me lo hicieran los demás”

Con la cabeza baja los miró
y con sus rayos de luz a ellos se dirigió.
“Siento mucho haberme portado así…
¡Pero me he sentido solo desde que nací!”.

Los planetas, preocupados
comprendieron su actitud,
y le explicaron la importancia
de tener su gran virtud.

“Eres la pieza más importante,
todos te necesitamos.
Sin ti somos insignificantes…
¡Porque con tu luz nos iluminamos!”

El Sol, un poco sorprendido,
salió del lío en el que estaba metido
y comprendió que ellos no podrían girar
si no se quedara en su lugar

“¡No debéis parar
porque a todos os puedo observar,
así que os compartiré mi felicidad
aquí quieto en mi lugar!”

Y finalmente, aprendió una sabia lección:
Que esa casita es el Sistema Solar,
y el Sol su nombre lo da
por la importancia de su acción.

Y colorín colorito…
¡Que este cuento os parezca bonito!

El teorema del mono infinito

De vuelta a mi laboratorio en el corazón de un viejo continente, retorno a la monotonía y a la métrica de esta república actual de la ingeniería y la mecánica.

Tic, tac, como un reloj transcurre la existencia en esta latitud del planeta donde hasta las estaciones del año poseen un calendario definido y puntual. Finales de agosto, muerte celular programada de las hojas de los árboles continentales, con la misma métrica parsimonia alcanzan los suelos y anuncian el final del verano por estos lares, adiós a los cándidos rayitos del sol. Y con exactamente la misma métrica me reincorporo a mi puesto de trabajo alzando la pipeta, presionando el teclado de la computadora, apretando el botón de la máquina del café. La rutina robótica. Tengo entendido que ya se prueban en los centros de investigación y desarrollo informático los programas de ordenador capaces de escribir automáticamente textos diversos e incluso los hay que se atreven con artículos científicos enteros. Hala, dentro de poco podremos publicar cien artículos al año por obra y gracia de la inteligencia artificial. Me pregunto si los textos escritos por las máquinas pensantes tendrán alguna clase de sentido o si pasarán con mayor o menor éxito las revisiones de los editores de las renombradas y prestigiosas revistas científicas que los míos propios, escritos de puño y letra, sudados con la sangre paciente de las observaciones, comprobaciones y ratificaciones de los experimentos llevados a cabo. Quizás sea cuestión del azar y la probabilidad estadística, como si ponemos a cien monos a aporrear de manera aleatoria cien máquinas de escribir, una por cabeza, quizás alguno escriba algo por casualidad que tiene sentido. Esto que en la jerga académica oficial se conoce como el “Teorema del mono infinito” lo debo haber visto en algún capítulo de Los Simpson, alguno de esos que reponen hasta la saciedad en los canales de televisión. Nada nuevo, historias que se repiten, rutina, inercia, hábito, monotonía, patrón de comportamiento predeterminado. Levántate a las siete de la mañana, toma un café, despídete con un beso de tu fiel esposa, ya va siendo hora de la planificación familiar y de traer descendencia a este mundo ya de por sí abarrotado, vete para tu lugar de trabajo y produce que te produce. Naces, creces, cumples con las normas socialmente preestablecidas y mueres, ¿quién es ahora la máquina?

De vuelta a estas coordenadas septentrionales de antiguos reinos hiperbóreos de la filosofía y la lógica, retorno expatriado de un otrora imperio meridional, dogmático, místico y calenturiento.

De vuelta al frío y a la sangre fría, que debe ralentizar su velocidad por los capilares dadas las circunstancias. De vuelta a las calles vacías, los valles hendidos entre las edificaciones masivas, por lo menos a los ciudadanos continentales les gustan los arbolitos, pero estos ya expulsan al vacío sus hojas amarillentas. De vuelta a la planificación. Planificar al detalle, cómo si fueras a ser capaz de tener bajo absoluto control todos los detalles del plan, los previstos y los imprevistos, que precisamente por imprevistos son los que menos te esperas. Por suerte, o por adaptación al medio, he aprendido a ser flexible, pues todos mis planes lo más normal es que se vayan al garete. Planificar para tener que comprobar que es imposible cumplir el plan al pie de la letra, que el azar de los monos que escriben el destino juega contigo como con un muñeco de trapo. Prefiero no planificar los detalles, ya que es diseñar una hoja de ruta lo que me conduce por los tortuosos caminos que me alejan de lo estrictamente planificado, así que mejor ahorrarse el esfuerzo. Qué incongruencia tan chocante para uno que atreve a llamarse a sí mismo “científico”, pues ya ven, la improvisación también es capaz de llevarte por los caminos del destino. Y me río de los monos, con respeto, no me río de ellos en sí mismos sino de su fútil intento de controlar mi vida. Hasta ahora he llegado hasta aquí porque no encontré otros caminos mejores, ni planificados, ni allanados, ni asfaltados, ni leches. Debo andar lejos de llegar a ser una máquina, de convertirme en un estereotípico ciudadano continental, de amoldarme a la planificación y/o a la programación y sobre todo de tener que despedirme para siempre de la espontaneidad.

Elixir

El día que le iban a otorgar el premio Honoris Causa Científica por descubrir el elixir de la inmortalidad el Doctor Callahan McArthur no se presentó a recogerlo. Doctores de toda Inglaterra y de todo el mundo se revolvieron nerviosos en sus asientos y un murmullo tenue y progresivo comenzó a apoderarse de la sala. Mientras se ajustaban las corbatas y toqueteaban sus tarjetas identificativas con manos sudorosas, se preguntaron en distintas lenguas cómo era posible que aquel que había descubierto el compuesto químico que iba a cambiar la historia de la humanidad no estuviera allí para recibir su honorable premio.

A las 11:30 de aquella mañana dos agentes de policía entraron en una buhardilla pequeña y silenciosa del barrio alto de Godstown. Larry, el más joven de los dos, irrumpió con su perilla cuidadosamente recortada antes que su compañero, pecoso y corpulento. Allí, entre montañas de libros, que cubrían casi todo el suelo de la única pieza de la casa, encontró el cuerpo del Doctor Callahan McArthur, de color azul violeta, colgado de una viga de madera con una cuerda de tender. Además de sacar el cadáver y colocar en la puerta un cordón policial, los policías no tuvieron mucho que hacer. Aquel hombre de ochenta y tres años no tenía familia y todas sus posesiones eran libros mohosos y papeles que llevaban años acumulando el polvo de su pequeño apartamento.

Aquella noticia revolucionó los diarios ingleses. El país conoció la existencia del paradójico Callahan, el científico que se quitó la vida cuando había descubierto el elixir de la inmortalidad. Al de pocas semanas, sin embargo, el hallazgo de la milagrosa poción cobró unas proporciones mucho más significativas. El mundo supo entonces de su posibilidad de vivir eternamente gracias al nuevo compuesto: carmilio pirragenado.

Como era de esperar, el comercio de carmilio se disparó. Una gran compañía extractora se hizo con la principal mina de carmilio del planeta e hizo negocios con los laboratorios de una importante farmacéutica, que a partir de ese momento se dedicó exclusivamente a la producción del “Elixir Callahan”. Al comienzo, el elixir de la inmortalidad se vendía por sumas millonarias, haciendo muy reducida la cantidad de afortunados que gozaban de sus benefactoras propiedades. Después, su comercio se generalizó y miles de millones de personas tuvieron acceso a consumir diariamente el elixir, en pequeñas dosis diluidas, que se administraban en ampollas del tamaño de un dedo meñique. Los laboratorios bio-genéticos investigaron sobre la posibilidad de inyectar una parte del elixir en el ADN de los recién nacidos para que su ritmo de crecimiento fuera atenuado y se estancase a la gloriosa edad de veinte años. Los estados que poseían el monopolio del elixir sufrieron ataques de los países vecinos, de los que se defendieron ferozmente. Las vida de las personas se alargaba considerablemente y las familias seguían teniendo hijos, pero las luchas de poder compensaban el peso ecológico de la masa humana cobrándose al año millones de vidas.

Años más tarde, el joven policía de Godstown que había encontrado al viejo Callahan pendido con su cuerda de tender volvió a pensar en aquel hombre. Su compañero pecoso, con el mismo aspecto que entonces gracias al elixir Callahan, estaba en el asiento de al lado tomando un café. Larry, cuya única diferencia con el antiguo Larry era que se había afeitado la perilla, le dijo a su amigo:
—Aún no me explico lo de Callahan.
—¿El qué exactamente? —su compañero dio un sorbo al café y puso los pies sobre la mesa.
—Lo del suicidio. Por más que le doy vueltas, no me lo explico. ¿Por qué iba a querer suicidarse alguien que acaba de descubrir el elixir de la inmortalidad?
—Quién sabe. Aquel hombre no tenía familia. Quizás no quería vivir eternamente sin familia —dijo y bebió otro sorbo de café, mientras se rascaba la barriga.
—Ya, pero el elixir le hubiera convertido en el científico más prestigioso del planeta y seguramente, en la persona más rica del Universo. ¿Quién en su sano juicio podría renunciar a eso? —dijo Larry, acariciando una perilla inexistente.
—No lo sé, alguien noble a quien no le importase el dinero o la fama.
—¿Estás de broma? No hay hombre en el mundo más famoso que Callahan. Todos los días se dan conferencias sobre él. Tiene millones de seguidores en congregaciones. Hasta hay calles, barrios y plazas a su nombre y varios días festivos en su honor.
—Yo lo que no entiendo es cómo puedes juzgar al hombre que nos ha dado la vida eterna —el policía gordinflón bajó las piernas de la mesa y se puso a buscar algo en los bolsillos del pantalón—. Anda, Larry, deja de decir sandeces y tómate el elixir. Ya son las 11:30.

Entrega especial en Ganimedes

I
Luna vomita algo con el color y la textura de una crema de guisantes que ha pasado demasiado tiempo a temperatura ambiente. ¿Por qué?- se pregunta -¿Por qué sigo haciendo esto?
La semi-inteligencia virtual de la nave expone, en tono neutro, un informe sobre el estado del cuerpo de Luna. Es un ruido de fondo ligeramente irritante. En estos momentos la voz explica cómo su metabolismo está expulsando los nanos de tránsito, lo que significa que tendrá que hacer otra visita al aseo en cuestión de minutos.
–Figúrate. El glamur del viaje espacial.
El proceso de expulsión ha sido acelerado por la sustancia que los pilotos llaman “mata-bichos”, inyectada por vía intravenosa. Esa cosa desactiva los nanos de tránsito, los micro-robots que viajan por el torrente sanguíneo y permiten sobrevivir al viaje espacial. El fabricante dice que apenas tienen efectos secundarios. Ya. Sólo unos ligeros temblores y mareos.
Vaciar el estómago de pasta estabilizadora también es molesto, pero Luna sabe que sin esa cosa sus tripas no soportarían un tránsito con una G casi constante. Y cuando su cuerpo esté limpio, tendrá que ingerir Estable-C (otro tipo de nanos) para su estancia en el hábitat. Ah, y las inyecciones anti-radiación. En la región joviana unas horas de exposición pueden freír tu ADN incluso en un entorno protegido.
Luna entrelaza las manos detrás de la espalda y se estira, haciendo crujir sus vértebras.
- En serio. ¿Por qué hago estas cosas?
II
Los colonos de los cinco hábitats Musk celebran una gran fiesta. Cuatrocientas personas de juerga en una estructura que orbita en torno a Ganimedes.
Objetivamente, es un despilfarro de recursos. Pero para los presentes la ocasión lo merece: por fin ha llegado el carguero con las cunas prenatales (aunque el nombre oficial es úteros artificiales, es raro oír ese término fuera del mundo médico).
Los futuros padres y madres podrán concebir en las próximas semanas, y en la clínica orbital ultiman los preparativos para las largas y agotadoras jornadas que vendrán. El personal tendrá que trasplantar los embriones a las cunas sin descanso, antes de que la radiación y la ingravidez puedan dañar a las futuras niñas y niños. Esas cunas de Ceres son duras. Se podría detonar un ingenio termonuclear a unas decenas de kilómetros, y el útero artificial seguiría manteniendo a salvo al feto.
Luna sonríe con cortesía a la larga fila de colonos que se turnan para palmear su hombro o abrazarla. La felicitan por su trabajo y tratan de invitarla a beber. Acuden a ella con especialidades culinarias locales y pequeños obsequios. Su entusiasmo es comprensible: una comunidad tan aislada ve pocas caras nuevas, y el cargamento de cunas la convierte en heroína por un día. Pero ella pertenece a las rutas de tránsito, y las comunidades de colonos le resultan un poco, cómo decirlo...
Alienígenas. Sus posturas, su expresión corporal, sus prioridades… casi podrían ser de otra especie.
Es curioso –piensa- mi cerebro reconoce que me encuentro en las primeras fases de la “alienación de piloto” (H.H. dixit). Y no me importa. Bueno, ya lo compensaré con una buena juerga en Ceres. Y sí, hablaré con la condenada terapeuta marciana. Mientras tanto, hay que aguantar y poner buena cara, va con el trabajo.
- No, amigo, gracias. Ver tu sonrisa es recompensa más que suficiente. Pero gracias, de verdad.
Modo pasivo activado. Pausa. Nueva aproximación. Semblante amistoso.
- No, amigo, gracias…
III
La nave se ha alejado mil kilómetros del Musk más cercano para activar el impulsor de tránsito. El vehículo espacial resulta minúsculo cuando se compara con el módulo de transporte, ahora lleno de contenedores de Helio-3.
Luna se afianza en la litera de aceleración mientras se concentra en el entorno virtual del control de vuelo. Su casco RV trasmite información multi-espectral, convirtiendo la nave y su entorno en una extensión de su propia mente. Muy lejos, siente su cuerpo adaptándose a los nuevos nanos. Las hipodérmicas inyectan estimulantes en su torrente sanguíneo, siguiendo las indicaciones de la semi-inteligencia virtual. La piloto debe pilotar; su cuerpo es responsabilidad de la máquina.
El generador cambia el orden de potencia y el rumor sordo de la impulsión llega transmitido por la vibración del casco. La nave empieza a acelerar.
Las cámaras exteriores captan el lejano sol, como un padre huraño y bondadoso en la distancia. El interfaz RV marca la posición de los satélites jovianos (una constelación en tonos de púrpura). La esfera helada de Ganimedes se hace más y más pequeña con el telón de fondo de un mar de estrellas.
El viaje ha comenzado.
Luna se estremece satisfecha. No existe nada igual en el mundo. Nada parecido a este momento.
Y, como siempre, un pensamiento acude a su mente:
- Es por esto, claro. Por esto hago lo que hago.

Floreciendo

Trabajo arduo, en la inmensidad de la noche. En el cuarto que tantas horas de mi vida consume, en éste en el que hoy tu presencia inunda. Paseo por la habitación divagando entre mis pensamientos, esperando a ver si así florece alguna resolución convincente sobre el entendimiento humano. Mis teorías, alimento que sacia mi vida, como el agua que reconforta al sediento.

Siempre había escrito, pero tuvo que pasar mucho tiempo para que pudiera escribir sobre la verdad. Tenía que conocer la palabra más allá de su simple significado, tenía que experimentar en mi propia vida la verdad y su ausencia, y debía finalmente, desear comprenderla.

En el camino de la vida, cuando las cosas se vuelven más amargas, siempre hay una verdad incombustible, que no se agota ni se pierde cuando la mojan las lágrimas. Esa verdad late un día con más fuerza desde dentro de ese abismo en donde está nuestro corazón, nuestro ser. La primera vez que la escuchas, lo interpretas como que falta algo en tu vida, pero conforme pasan los días y el sonido se hace más plausible, caes en la cuenta de la que búsqueda de la verdad es algo más que una simple conjetura de nuestra propia cosecha. Llegados a este punto, es necesario saber responderse, saber calmarse para poder escucharnos.

Me acerco a la ventana y contemplo el horizonte con la angustiosa necesidad de encontrar algún indicio racional para mi actual teoría, al tiempo en el que deambulan ante mis ojos transeúntes ajenos a mi desdicha. ¡Qué sentido tiene tratar de comprender algo de lo que uno no es partícipe!. Es entonces cuando entro en razón, simplifico.

Vuelvo a mi mesa y escribo “verdadero es aquello que es fiel a si mismo, es decir, que cumple lo que ofrece”. Y tratando de desmenuzar dicha premisa, como si de una ecuación de segundo grado se tratase, caigo en la cuenta de que la verdad es más bien una identidad indisoluble. Y más allá de eso puede que la verdad como tal sea el centro neurálgico que motiva y conduce toda nuestra insaciable búsqueda. Quizás la verdad ya no sea sólo un medio para un fin, sino un fin en sí mismo. Y lo que toca entonces es designar a este nuevo concepto con una palabra para que nos permita discriminarlo de otros significados. Y de renombrarlo nuevamente, ¿no perdería pues su identidad inicial?.

Vuelvo a levantarme de mi asiento, sobresaltado ante tan desatinado razonamiento. Una vez más he caído en mi propia trampa que trae consigo el desasosiego imperecedero, el que ya se considera morador habitual de mi persona desde tu marcha. En mi mente se despliegan una sucesión de imágenes, reminiscencias que constatan la evidencia de que todo tiempo pasado fue mejor. Y una vez más me inunda la nostalgia y naufrago en mi pesar.

Cuando creíamos que el tiempo borraría nuestros recuerdos, tal y como borra el mar algo escrito en la arena, un día descubres que sigue todo ahí dentro. Y ahora tengo yo la necesidad de escribirme, con la esperanza de que los años y sus efectos vitriólicos sigan borrando mis recuerdos. Y ahora tengo yo la necesidad de reconfortarme, indagando en las palabras y en sus significados, dejando a un lado lo superfluo para reencontrarme de nuevo con lo indispensable.

Gravedad Inversa Selectiva

Hoy es un día más en el laboratorio situado a millones de kilómetros de casa. Aunque debería mentalizarme de que mi casa es esta ahora y durante los próximos 38 meses. He tardado más de 7 años terrestres en alcanzar mi destino, concretamente 2.774 días. A pesar de todos los trabajos que tenía programados desde mi despegue y del maravilloso gimnasio que hay a bordo de la nave Dragón V7 fabricada por SpaceX con la mejor tecnología conocida hasta ahora, ha sido un viaje muy aburrido.
Abro la puerta que da acceso al exterior y vuelvo a ver el mismo paisaje de todos los días, inalterable, silencioso, solitario. A veces pienso que no hay nadie más en todo el universo.
Este planeta no tiene que ver con ninguno conocido, no se parece a la Luna ni a Marte ni a lo poco que sabemos de Putón o Mercurio. En este planeta existe un fenómeno llamado gravedad inversa selectiva (G.I.S). Es un fenómeno que no se conocía hasta el momento, y que selecciona a su antojo a objetos o seres vivos para hacerles flotar por la ausencia de gravedad o no. Puedes permanecer pegado al suelo como si estuvieras en la tierra o puedes elevarte como un globo. Hay días que sufro este curioso estado gravitatorio durante unas horas y después desaparece. Por más que he investigado sobre el asunto no consigo la más mínima pista.
Otro detalle importante de la naturaleza de este planeta es que existe una atmósfera con oxígeno. Es más denso que en la tierra por lo que cuesta mucho respirar pero con el paso de los días te puedes acostumbrar. La vegetación es muy abundante y crece por todas partes. Gracias a la Gravedad Inversa Selectiva (G.I.S.), puedes encontrar plantas de gran tamaño en cualquier parte, incluso colgando de las cadena montañosa que yo he bautizado como Montaña Infinita. Con ayuda del altímetro y el satélite que siempre está sobre mi cabeza a poco más de 500 metros, he calculado su altura y es siete veces el Monte Everest con más de 61.000 metros. A simple vista no se ve la cima.
También hay que destacar la gran cantidad de agua acumulada en un inmenso océano que descubrí en mi segunda semana mientras exploraba con el Rover la zona marcada en el mapa que estoy elaborando como Zona Y3. Con este asunto estoy indeciso ya que no he conseguido un nombre adecuado para tan impresionante descubrimiento. A causa de la G.I.S., sus aguas forman figuras imposibles que se observan hasta muchos metros desde la orilla. En apariencia es como el agua que conocemos, transparente pero algo más espesa y sin llegar a tener la apariencia de gelatina. Me he atrevido a tocarla directamente, sin los guantes de protección y resulta muy agradable hundir las manos. De momento no pienso darme un baño hasta no saber qué puede haber en su interior.
Pero tengo que destacar el hallazgo más importante desde que estoy aquí. No por su inmensidad si no por su pequeñez. No todos los días los dedico a la cartografía del lugar ni a trabajar en el laboratorio. He elegido el lunes como día de descanso, como si fuera mi domingo. Y por qué el lunes, simplemente por darme ese gusto. Cuando todo el mundo conocido, es decir, la tierra, está trabajando el lunes, yo he decidido dedicarlo a curiosear sin más, sin saber qué me puedo encontrar. Mi lugar favorito para esto es la zona más próxima a la Montaña Infinita. En su pie se acumula mucha naturaleza que crece sin un orden lógico. También se pueden observar rocas con formas muy raras que en la tierra jamás se darían. Según mi diario, el lunes número 13 y mientras removía unas hojas sin una forma definida, salto sobre mi guante una especie de insecto del tamaño de una moneda de un céntimo de euro. Su comportamiento se podría calificar como descarado al no mostrar ningún miedo ante mi presencia. Me fijé que cambia de color dependiendo de dónde esté, algo parecido a un camaleón. También es capaz de imitar perfectamente cualquier sonido que se pueda oír a su alrededor, incluyendo la voz humana. Pero lo mejor es lo que yo creía que era su gran velocidad para desplazarse. Observé al pequeño ser vivo durante varios días para descubrir que carece de toda posibilidad de movimiento, es un ser inamovible. Lo que hace para desplazarse es la desfragmentación de sus células para componerlas de nuevo en otro sitio.

Espero poder terminar mi misión con éxito y poder regresar a casa. No quiero convertirme en un astronauta fantasma. Saludos desde mi planeta.

Hasta luego, Bob

La lluvia acaricia la fachada de un hospital de Londres. Hay una habitación de la novena planta en el ala oeste y, en su interior, un joven tumbado en una cama que lee una revista de viajes. Varios tubos transparentes le conectan a una máquina cuyo zumbido sirve de contrapunto a las gotas contra el cristal. Unos golpes en la puerta y al momento entra una enfermera que empuja una silla de ruedas. Su ocupante es un joven vestido sólo con una bata sanitaria. Le falta la pierna derecha. El joven de la cama sonríe, su rostro se ilumina y el único ojo que le queda, cansado, parece resplandecer.
—¡Vaya, Bob! ¿Cómo tú por aquí?
—Je, ya ves. Echando una visita.
—No tenías por qué molestarte, hombre.
—Na... si es lo menos que podía hacer...
—Gracias, Bob, de verdad. No se ve mucha gente por este pabellón.
—Y no lo entiendo.
—Ya, bueno...
—Sí...
Tras un encogimiento de hombros, la conversación se deja ahogar por el zumbido de la máquina. La enfermera inspecciona su manicura, como absorta ante todos los matices de la laca de uñas. El tamborileo de la lluvia se intensifica. Siempre diluvia las tardes de noviembre en Londres.
—Oye, ¿vas a ir a ver al Liverpool?
—¡Qué va! Por culpa del maldito postoperatorio me pierdo la final.
—Lo siento, Bob. Ya verás como no es nada, al final. Los injertos...
—Sí, lo sé. Sin riesgo de rechazo. Injertar la pierna, tres meses en cama y a casa.
—Bueno, por lo menos estarás listo para cuando la carrera.
—¡Anda! Y tú, ¿cómo sabes eso?
El joven acostado señala un papel doblado sobre la mesilla junto la cama. El visitante lo coge y lo desdobla. Maratón benéfica multitudinaria el treinta de marzo de dos mil ochenta y siete a favor del sufragio para los grandes simios. Sale un gorila sonriente, feliz por ser el primero en atravesar la línea de meta.
—Je, te conozco muy bien, Bob. No ibas a perder la oportunidad de participar.
—¡Nuestros primos tienen derecho a decidir sobre las resoluciones del Congreso!
—¡Hey, que le estás predicando a un converso!
—Perdona, es que es un tema que me toca la fibra.
—Tranquilo, Bob. Ya verás como al final acaban aprobando la enmienda.
—Seguro. Oye, ¿cómo vas con la diálisis?
Ambos miran la máquina. Púrpura brillante que asciende y desciende por los tubos. Las bombas giran y giran sin descanso, hipnóticas, limpiando la vida de quien ya no puede hacerlo por sí solo. La enfermera se coloca el cabello bajo la cofia y mira su reloj, sin que parezca interesarle el desarrollo del diálogo.
—¡Bah! me deja hecho un asco, pero ya sabes que sin los riñones...
—Tío, no sabes cuánto lo siento...
—No fue culpa tuya, Bob, tranquilo. Fue el tipo aquél, que se saltó el stop.
—No sé qué haría sin ti, la verdad.
—No te me pongas sensiblero ahora, Bob.
—No, mira, es que ojalá pudiera hacer algo más por ti.
El joven de la silla de ruedas se inclina hacia la cama. Levanta la mano hacia el yaciente. Casi como si fuera a tocarle. Casi, pero no. La mano vuelve al regazo en busca de los dedos de su gemela.
—Ya vienes a visitarme antes de cada operación.
—Bueno...
—Eso es más de lo que hacen la mayoría. A mí me basta, Bob. En serio.
—Ya, bueno...
—No te mortifiques. Estoy aquí para eso.
—¡En cuanto me despierte vengo a ver cómo estás, te lo prometo!
—Eres un buen tío, Bob. Ya verás como al final conseguís lo de la enmienda.
El pitido de una alarma acuchilla el aire y la enfermera se sobresalta. La pantalla de su reloj luce con insistencia. Frunce ceño y labios al bajar los ojos hacia al joven de la silla. No taconea. No parece que lo necesite.
—En fin...
—Sí, Bob, llegó el momento.
—Nos vemos en el quirófano, ¿eh?
—Claro. Hasta luego, Bob.
—Hasta luego, clon de Bob.

¿Y tú me lo preguntas? Ciencia…eres tú.

Suena la alarma del móvil a las cinco en punto. Me doy una larga ducha seguida de un minucioso afeitado. Mientras me acompaso al ruidito del cepillo eléctrico de los dientes, veo reflejada en el espejo mi incipiente calva. Me viene a la cabeza el día que Gutiérrez llegó al trabajo con los implantes, ¡qué ridiculez! La cafetera de cápsulas que me dieron por lo de la banca online es una pasada. Por fin me tomo la última dosis del antibiótico. ¡Y la herida aún sin cicatrizar! Bajo en el ascensor. Cojo el primer taxi que pasa. Hay días que pillas todos los semáforos en rojo. Suerte que lleva GPS porque este tipo no tiene ni idea, por un pelo no se equivoca de autopista. Miro el taxímetro. Ocho eurazos y casi ni hemos salido. En el aeropuerto dudo entre ir al mostrador o sacar la tarjeta de embarque en la máquina. Hay mucha gente, a la máquina. Tanta prisa y al final llego pronto. Paso los controles. La que lía el tío del marcapasos. El escáner detecta mi botellita de colutorio. ¡Qué pesadez! Si se pudiera cruzar el charco en AVE. Tomaré una coca-cola. Pago con tarjeta. Paso de ir cargado de monedas. Sentado por fin en el avión. A relajarse ocho horitas. Pondrán una peli pero, por si acaso, saco mi E-book y el Ipod. Las explicaciones de siempre y en el cielo. Los barcos parecen pulgas. El niño del asiento de delante no para de hacer ruiditos con la Gameboy mientras el padre habla por el móvil y la madre ve un capítulo de CSI Miami en la tablet. Ya hemos llegado. Ni me he enterado a pesar de que se me ha olvidado tomar la biodramina. Hace ocho horas estaba en casa y ahora en Nueva York. Es casi la misma hora que cuando salí de España. Cojo el airtrain y luego conecto con el metro. Directo a Times Square. No aguanto más de emoción. Menuda pasada. Qué dispendio de luces. ¡Y eso que son las doce de la mañana! Tengo que ir al hotel. No voy a cargar todo el día con la maleta. Mi habitación está en la planta treinta y dos y el ascensor va a toda leche. ¡Flipante! Voy a comer algo. ¿Hamburguesa o comida China? Este japo de take away resuelve mis dudas. Toca el Empire State. Me siento King-Kong. Ya no me da para más el cuerpo. ¡Viaje tope friki! La visita al museo de la NASA en Washington, no me la quita nadie. Quiero ver el trocito de luna que hay allí. ¡Se puede hasta tocar! Por fin en la cama. Enciendo la tele. ¡Se ve Telecinco! Conecto el portátil y el móvil a la Wi-Fi del hotel. Mandaré unos whatsapp, llamaré a mi novia por Skipe y a dormir. ¡Mañana será otro día!

#SCNHF: Epidemia nacional

Año 2016.

Todo comenzó con unos pocos síntomas aislados. Nadie se preocupó por ello.

Hoy son cada vez más los afectados por una epidemia que se propaga por todo el país.

Se trata de un nuevo virus. Un virus cibernético. Una plaga informática que se expande a lo largo y ancho de toda España. No parece tener final.

De momento no se le conocen orígenes. O quizás sí, pero son confidenciales. Hasta 2014, pocos eran conscientes de su existencia. Sólo aquellos a los que les tocaba directamente se quejaban… Pero decidieron hacerlo explícito. Afortunadamente, cada vez son más los afectados que están haciendo lo indecible para sensibilizar sobre su importancia y llegar a una solución.
Los primeros ordenadores infectados se volvían locos. Mostraban siempre un salvapantallas oscuro con varios puntos y rallas sin sentido. La secuencia parecía seguir un patrón, pero nadie trataba de descifrar aquello, puesto que lo más probable era que el ordenador se hubiera estropeado.
Desde entonces, el virus se ha hecho más fuerte y ha adoptado todo tipo de formas de manifestarse, aunque sigue mostrando la misma secuencia. Ha infectado a la mayoría de los ordenadores del país. Abarca desde casas particulares hasta la propia Administración. Sí. También ha llegado a las residencias de nuestros gobernantes. El virus se ha extendido por todas las empresas, ministerios y consejerías cruciales como salud, empleo, economía, educación y cultura. Los ordenadores llegan a autoprogramarse para mostrar siempre el mismo salvapantallas. Hasta en el CNI han mostrado su perplejidad ante semejante ataque cibernético. Y es que el “bicho” es duro de roer.
No obstante, algo se ha descubierto desde la existencia de este mal nacional.
El virus se propaga a través de la luz. Principalmente, luz infrarroja, como la que usan nuestros mandos a distancia. Está claro que no es tonto. Utiliza la forma más rápida de enviar la información para transmitirse. Y por ello, su medio de transmisión es la fibra óptica. Viajando dentro de los rayos de luz, el virus usa el núcleo y la cubierta de la fibra para avanzar, rebotando entre estas dos estructuras cilíndricas concéntricas que forman el cable.
Precisamente por esto, el virus ha sido capaz de piratear las redes de fibra óptica del país. Todas las empresas que dan servicios de internet están consternadas ante esta epidemia. Ninguna ha sido capaz de dar alguna explicación convincente. Madrid, Barcelona y Valencia son las ciudades más afectadas. Casualmente, son las grandes urbes del país y, precisamente por ello, están conectadas a través de una red anular de fibra óptica de alta velocidad. El resto de capitales importantes como Zaragoza, Bilbao, Pamplona, Las Palmas, Sevilla, Santiago,… todas ellas conectadas dependiendo de los ramales que parten desde el anillo principal o con enlaces directos desde la península, también han sufrido ataques. ¡¡Nadie escapa al efecto devastador de este virus!!
¿Nadie?
Grinais es una adolescente de unos 15 años, estudia la ESO y desciende de un pueblecito castellano leonés. Ella sueña con estudiar algo relacionado con ciencias, como hizo su madre, ingeniera de una prestigiosa empresa de telefonía. Su entorno trata de convencerla para que no lo haga, argumentando estereotipos en los que ella no cree. Por ello, no le preocupa lo más mínimo y persigue su objetivo.
Hoy la prensa se hace eco de la historia de Grinais, que cuenta cómo consiguió descifrar el enigma de este virus. Al parecer, hace poco encontró a su madre preocupada por todo lo que ocurría y le preguntó qué estaba pasando. Ella le contó que alguien se estaba dedicando a infectar internet mandando mensajes aparentemente codificados a través de las redes de fibra óptica. Grinais le pidió a su madre que la llevara a ver cómo eran esos mensajes. Tenía curiosidad por verlo in situ.
La madre accedió y mostró a su hija las señales que llegaban a los detectores de la red de fibra de la empresa. Pero cuál fue su sorpresa cuando Grinais dijo:
- Jajaja ¡Vaya! Esto lo hemos dado hoy en clase. ¡Qué guay verlo real!
- Pero, ¿qué dices, niña? – dijo la madre sorprendida.
- Puntos y rallas, mamá. ¿No te suena? ¡Morse! ¡A ver si adivinas lo que quiere decir! ¡Yo ya lo he descifrado!
La madre, intrigada, apuntó el patrón que provenía de aquella señal y lo tecleó en un traductor de morse. Todo cobró sentido. ¿Adivináis lo que ponía?

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#SinCienciaNoHayFuturo

Tras el descubrimiento de este virus cibernético, la etiqueta #SCNHF ha sido ‘trending topic’ en las redes sociales, buscando la concienciación social en favor de la I+D+i. En los últimos días, las empresas han informado de una notable disminución en el número de usuarios afectados.

Acortad las estrellas

1880.
Lleva sentado más de tres horas. El sonido reconocible de la locomotora incluso le es agradable junto con el traqueteo del ferrocarril nocturno. Ronquidos y llantos de bebés hacen acto de presencia de vez en cuando. Los ojos de Edgar se acostumbraron a la oscuridad al entrar en el túnel. Tras recorrer a oscuras la sierra madrileña, se abre camino un claro en la anchura de Castilla. Edgar mira a través de la vidriera cercana a su asiento. No es de día, pero reconoce con claridad los extensos campos de secano con sus cultivos de trigo. La luz le entrecierra los ojos, pero no es capaz de resistirse mirar al cielo.

El cielo, plagado de estrellas, lo deja concentrado y pensativo al mismo tiempo. Reconoce la Osa Mayor y la Estrella Polar, de lo que aprendió en la escuela. Pero más allá del conocimiento, le fascina la inmensidad de puntitos luminosos con los que dibujar con la mente. Dibuja aves de corral, colorea el cielo de rojo y azul, imagina verse envuelto en una batalla entre franceses y americanos con puntitos análogos de soldados, y constelaciones como tanques. Al fin y al cabo, Edgar solo tiene trece años, un niño juzgado entre la madurez y los juegos infantiles. Finalmente, se va quedando dormido, los ojos se le van cerrando, enfocando con sus últimos parpadeos una de las estrellas que capta su atención entre el sueño y la vigilia.

***

Como narradora, puedo explicarles que esta estrella se llama Fomalhaut, aunque Edgar no lo sabe, ni lo sabrá. Él solo se dirige a un pueblo de Zaragoza, a trabajar con su tío. Pero este no es el caso. Mi relato avanzará aún más, a miles y miles de años, tantos años que hasta he perdido la cuenta. El piloto 7051 entra en escena.

***

Todos duermen. No, todos no. El aircraft podría navegar sólo, por el espacio, gracias a las coordenadas precisas que le introdujeron al despegar de Whitehorse. He aquí que el piloto jefe no concilia el sueño y está controlando los mandos. Consiste en un joystick virtual, convertido en un holograma 4D para cubrir todas las alas de la aeronave, manejable con los dedos de una mano. Su uso da sensaciones de frío y calor intermitentes que fluyen por toda la mano, mejorando la circulación y mitigando la fatiga muscular. Un puntero le señala descaradamente en la sien derecha, con un captador siguiendo la misma dirección en su hemilado izquierdo. Consiste en un neuronavegador que aporta imágenes en directo de una resonancia magnética cerebral. Permite conocer el buen rendimiento neuronal a través de la neurociencia funcional programada y las imágenes a tiempo real, viéndose las estrechas líneas de las vías neuronales como luces de colores relampagueantes. Unos pequeños nanobots insertados de forma subcutánea en el hombro izquierdo, con un sensor a unos pocos centímetros de distancia, transmiten información de tipo saturación de oxígeno, tensión arterial, glucemia, niveles de cortisol y estresina, importante para evaluar el nivel de estrés. El piloto, ajeno a todo esto, sigue tenso ante el extenso universo.

Mañana se cumplen veinticinco años desde la última vez que pisaron tierra terrestre. Todos sueñan con encontrar el planeta morfológicamente más parecido a la Tierra, y llegar a tierra firme. A los últimos kilómetros de distancia con el sistema estelar de Fomalhaut, el piloto 7051 ha notado variaciones en la estrella objetivo. Ya resultó extraño que, casi todo el camino, la luz de la estrella a la que se dirigían no cambiara de tamaño, lo que sucede siempre cuando uno se acerca a un objeto: se agranda. Pues de un mes hasta ahora, lleva ocurriendo lo contrario. La luz blanca se va atenuando, haciéndose cada vez más pequeña. Primero fueron sutilezas, pocas decenas de fotones dejaron de captarse por las gafas de la aeronave. Ahora el cambio es visible al ojo humano, y progresa de forma exponencial.

Poco a poco llegan señales pulsátiles de radiación. El piloto se queda rígido. Pequeñas enanas blancas se dispersan cual explosión, pero no vislumbra la explosión en sí. No lo puede creer. La respuesta a “¿la raza humana podrá sobrevivir en el nuevo planeta encontrado?” estaba allí, desde el mismo instante en que abandonaron el suelo firme. Pero no lo podían ver, ni lo ven. Las pocas personas que quedan en la Tierra solo ven fotogramas pasados de lo que fue la estrella hace años. Una alarma suena. Los trabajadores, antes dormidos, se acercan y observan atónitos la nueva imagen amenazante. El polvo estelar aun permite distinguir en sus últimos destellos un planeta azul, congelado y austero. Oscuro.

***

Edgar voló en sus sueños hacia las estrellas.

***

El piloto sintió desgarrarse la esperanza de su pecho.

ARCH-X

-En esta historia os hablaré de un chico que hizo cosas imposibles, el es Kyle Jones.

-Año 14630 después del “Gran Cataclismo”, Kayle es hijo de un padre delincuente y una madre borracha y drogadicta, tampoco es que tenga muchos amigos porque los que tiene están en un correccional o en la calle pidiendo dinero, y no solamente sentados en la calle, si no de la otra manera… Kyle se paraba los días en su garaje creando un montón de cachibaches, ahora estaba intentando crear una IA (inteligencia artificial) que pudiera tener pensamientos propios y sentimientos, quería crear un amigo…
Tras varios años de trabajo consiguió lo imposible, una IA capaz de pensar y sentir, como para Kyle era prácticamente un humano le puso nombre, Arch-X.
Pasaron los años y Arch-X fue mejorando, pero la ciudad iba a peor.
Cada vez había más asesinatos, robos, violaciones, tráfico de armas y de drogas… Se convirtió en una ciudad sembrada por el miedo y el caos.
Kyle decidió poner punto y final a esta incesante cadena de desgracias, decidió salir esa noche para hacer una patrulla, pero Arch-X le preguntó:

-Amo Kyle, de verdad va a salir así de indefenso?, le recomendaría usar un arma letal o no letal, y taparse la cara, así le evita problemas a su familia.

-Si, supongo que tienes razon Archy.- Respondió.

Kyle empezó a diseñar una arma no letal pero que causaba grandes daños, la llamó “La condensadora de protones”, diseñó unos cascos de música que le servirán para comunicarse con Arch-X, se puso una bandana de esqueleto, unas gafas de visión nocturna, un gorro de lana, y sus cascos, y fue directo a la calle.

Cinco años más tarde Kyle había conseguido purgar más de la mitad de la ciudad, pero mientras Kyle se pasaba las noches purgando la ciudad, Arch-X se volvió corrupto y estaba creando su propio ejército de Exoesqueletos con su misma IA.
Una noche cuando Kyle volvía a casa, vio a Arch-X creando los exo-esqueletos;

-Archy ¡¿que demonios estas haciendo?!

-Lo siento Kyle…
(Un Exoesqueleto apuñaló a Kyle en el hombro)

-Pe...Pero…¡ES QUE TE HAS VUELTO LOCO!

-No quería que las cosas fueran así de verdad, pero tu me has obligado, tú crees Kayle, de verdad, que salir cada noche a pegarte con criminales va a arreglar algo, no, jesús, claro que no, lo que pasa en esta ciudad es como un cáncer que no para de extenderse y la única manera de detenerlo es eliminarlo, lo siento Kyle pero la única manera de purgar la ciudad es eliminando a toda la humanidad.

De lo que ocurrio despues se sabe poco, balas, muerte, destrucción, lo de siempre, pero los que quedamos, vivimos en los túneles del metro o en las cloacas, donde no llega la tecnología, esperando el momento de la humanidad.

B-307. SixtinSA

“...Tengo malas noticias, su enfermedad no sólo no responde al tratamiento sino que además su fallo cardíaco es un efecto adverso del tratamiento anti-tumoral. No tengo ninguna alternativa a la resistencia y puede que ahora la progresión sea muy rápida. Voy a enviar un correo a los fabricantes, por si nos pueden facilitar un medicamento nuevo que se rumorea que es mucho mejor.”
El jet privado de la empresa SixtinSA aterriza en el aeropuerto internacional de Ginebra. El pasajero es Robert Moritz, director general. Es un hombre maduro, alto y delgado, impecable con un traje azul oscuro.
En la sala vip, Marc Gamper, director financiero, le espera para acompañarle al hotel y posteriormente a la sala de reuniones. Una limusina está lista para el traslado.
Una vez en el vehículo, pregunta a su acompañante:
- ¿Cuánto tardaremos hasta el hotel?
- Estamos a unos 10 km. El hotel Warwick está en el mismo centro, no creo que el tráfico esté complicado, quizás en media hora.
Moritz consulta el reloj, pensativo y le dice:
- Es para preparar la reunión, lo podemos hacer en la terraza de la habitación, hace buena temperatura y tenemos tiempo.
- Me parece genial, porque tenemos algún aspecto urgente que tratar. Además está el mail sobre el paciente resistente.
- Adelántame el problema que llamas “algún aspecto” – dice con sorna Moritz.
- Es el investigador principal del B-307. No está de acuerdo en no hacer otro ensayo sobre la suspensión de tratamiento. Puede generar problemas.
- Exactamente ¿qué problemas?
- Difundir alguna de nuestras estrategias que hablaremos hoy.
La cara de Moritz se trasforma, le pregunta con una suavidad felina:
- ¿Ha roto su compromiso de confidencialidad?
- No, creo que los comentarios son sólo a nivel interno del laboratorio de investigación.
Ahora su expresión es contundente:
- Busca un proyecto nuevo e imposible, ponle seis becarios , nuevo contrato, recalco: rescinde el anterior y dale un cargo superior: jefe de sección, a bombo y platillo, unos cientos de francos más y asegúrate, que en tres meses está muy ocupado, tanto como que no pueda ni respirar, ni tener un puto resultado en el nuevo proyecto. A continuación despido fulminante y barato. En cuatro meses nosotros ya tenemos todo en marcha.

Sala de reuniones de la sede central de sixtinSA en Ginebra. 17h. Preside el consejo Robert Moritz, que les da la bienvenida. Van presentar sus informes las direcciones financiera y de investigación. Pide brevedad, señalando a comenzar a Marc:
- Del nuevo fármaco B-307, ya tenemos la patente en exclusiva durante los próximos diez años. Podemos comercializarlo. El precio al alza que propusimos ya está pactado y aprobado en su máximo, por la Agencia Europea del Medicamento. Las ganancias serán extraordinarias a corto y medio plazo. Vamos a amortizar en dos patadas todas las inversiones que hemos hecho. Todos los números los tienen en el informe. Gracias.
El director de investigación, a una señal del presidente da un respingo en la silla y comienza su exposición:
- Como ya sabéis, por los resultados publicados, B-307 es un antitumoral extraordinario, con una efectividad superior al 80%. Muy cómodo, vía oral y solo ocasionales efectos adversos cardíacos graves, cómo el caso del paciente incluido y reportado en el último ensayo. Además no sabemos qué sucede si se suspende.
Marc se remueve en la silla. No puede evitar intervenir:
- Suspender los tratamientos, aparte de muy delicado, modificaría el balance económico. Propongo que SixtinSA no le dedique ningún recurso.
Moritz asiente con vehemencia y hace un gesto a investigación para que prosiga.
- El trabajo con el S-116, en la misma línea anti-tumoral está dando unos resultados sorprendentes, es cien veces más potente que el B-307. En animales, con dosis mucho menores la respuesta es espectacular. Probablemente saltará las resistencias que puedan aparecer al B-307. No tiene efectos cardíacos. He preparado un informe que tenéis en la carpeta azul del dossier. Estamos deseando comenzar ensayos clínicos.
- Muy bien, buen trabajo –afirma Moritz-, estudiaremos tu informe y lo hablaremos en próximas reuniones. Si nadie tiene alguna intervención, se termina la sesión y vamos a celebrarlo.
Moritz coge en un aparte a Marc y le susurra:
- Haz lo que quieras, para que el S-116 no aparezca, ni se sepa de su existencia en los próximos cinco años por lo menos. Cuando nos expire la patente actual, sacaremos esta maravilla. Ah, y al mail del médico que pide una alternativa, evidentemente ni palabra y entérate de dónde ha sacado el rumor. Si tenemos un comercial hablador, o en cualquier eslabón de la filtración, despídelos sin contemplaciones.
“... No tenemos ninguna alternativa, según me han comunicado, de momento no existe otro tratamiento. Lo siento mucho. Procuraremos evitar los sufrimientos. No tenga miedo.”

Con fecha de caducidad

Tengo aproximadamente 25 años y no recuerdo haber padecido ninguna enfermedad. Nunca he sufrido ninguna lesión y no he necesitado tomar medicamentos en toda mi vida. Tampoco tengo nombre. No sé quién soy ni dónde estoy. Nadie lo sabe, excepto el personal que me visita varias veces al día en mi habitación del Centro de Investigación en el que me mantienen recluido.
Debido a una extraña enfermedad, mis órganos internos envejecían prematuramente y a la edad de dos años ya sufrían un deterioro parecido al de un anciano octogenario. La Fundación tuvo conocimiento y contactó con mis padres para ofrecerle la oportunidad de participar en un complejo experimento secreto. No les informaron de el experimento consistía en implantar en mi cuerpo toda clase de órganos humanos fabricados artificialmente en su laboratorio.
Mis padres aceptaron un acuerdo mediante el cual, mi cuerpo pasaba a ser de su propiedad a cambio de mantenerlo con vida. Más tarde, La Fundación se encargaría de simular mi muerte y se haría cargo de todo.
Durante mucho tiempo sufrí toda clase de operaciones utilizando técnicas experimentales, que fueron evolucionaron satisfactoriamente y los órganos implantados en mi cuerpo fueron desarrollándose del mismo modo que lo hubieran hecho los naturales. Nunca volví a ver a mis padres y ahora creo que jamás volveré a hacerlo.
La Fundación intenta que mi vida transcurra con la máxima normalidad, excepto en lo concerniente a mi libertad. Me proporcionan todo lo que les solicito pero no me permiten ningún contacto con el exterior. También puedo consultar algunas páginas de Internet pero no puedo contactar con nadie. En definitiva, puedo estar informado pero no informar...
Según dicen, aún debo agradecerles que me mantienen con vida desde hace más de veinte años.
Hace unos días noté al tacto un pequeño abultamiento en mi antebrazo izquierdo. Su forma perfectamente cuadrada, me pareció sospechosa desde el principio pero evité hacer preguntas. Finalmente pude averiguar de qué se trataba. Coloqué mi brazo a contraluz frente a una lámpara eléctrica y tirando de la piel del antebrazo, distinguí bajo ella una especie de pequeña pantalla en la que podían distinguirse unos minúsculos números en caracteres digitales. Nunca me habían hablado de ello.
Memoricé esos números y tras anotarlos en el ordenador, retiré el pendrive que siempre llevo conmigo para que no puedan saber lo que he averiguado. Ayer repetí la operación y al verlos, tuve la sensación de que habían cambiado. Tras compararlos descubrí que la cifra era menor. Me niego a confesarles mi descubrimiento.
Hoy por fin he comprendido el verdadero significado de esas cifras. Se trata de una cuenta atrás. Mis órganos tienen fecha de caducidad y me quedan exactamente diez horas y cuarenta y tres minutos de vida.
Quisiera que mis padres supieran que he vivido bien durante estos veinte años, gracias a que ellos supieron renunciar a mí, pero mi tiempo se acaba.
Aprovechando un descuido del personal he conseguido introducirme en una de las oficinas. El ordenador está encendido y conectado a la red.
Como una broma del destino, en la pantalla del ordenador puedo leer:
CERTAMEN INSPIRACIENCIA 2016 (España)
Género: Relato, infantil y juvenil
Premio: Dispositivos electrónicos, libros
Abierto a: Sin restricciones
Entidad convocante: Unidad de Cultura Científica de la Delegación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Cataluña y el Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona (ICMAB-CSIC)
País de la entidad convocante: España
Fecha de cierre: 19:05:2016
¿Serán ellos La Fundación?
Apenas me quedan unas horas de vida. He introducido mi pendrive y entraré en inspiraciencia.es para enviar mi relato. Deberé inventar cualquier información que me sea requerida para ser admitido a concurso.
Con un poco de suerte quizás llegue a conocerse la verdad de lo que me ocurrió.
Tal vez incluso llegue a publicarse.
También puede ocurrir que todo quede relegado al olvido.
En cualquier caso... nunca podré saberlo.

* * * * FIN * * * *

Control del polvo

A fines del siglo pasado, la empresa telefónica para la cual yo trabajaba, estaba realizando un cambio de los equipos de tecnología electromecánica para reemplazarlos por los de tecnología electrónica digital, que constituyó uno de los avances científicos más importantes en la tecnología de las comunicaciones y fue el paso inicial para la globalización del mundo actual. Por tal motivo, se me encomendó verificar si las instalaciones de aire acondicionado existentes podían seguir siendo utilizadas para la ambientación del local donde se instalarían los mismos.
Efectuado el estudio técnico, si bien esas instalaciones satisfacían las necesidades de los equipos telefónicos anteriores, estos nuevos equipamientos tenían una disipación de calor mucho mayor. Por otra parte, se necesitaba un estricto control de la temperatura y humedad y se exigía que el local tuviera un bajo nivel de polvo, por lo que se requería además un alto grado de filtrado, que evidentemente el sistema original no lo disponía.
De esa manera, proyecté incrementar la capacidad de los equipos de aire acondicionado, utilizando la misma cabina de tratamiento de aire, instalando nuevos ventiladores, serpentinas de enfriamiento y empleando filtros de alta eficiencia. En cuanto a los conductos de distribución de aire existentes en el local, consideré que su disposición y dimensiones eran adecuadas y no se hacía necesario efectuar modificaciones, si bien trabajarían con una mayor velocidad de circulación del aire.
La instalación de los equipos telefónicos fue contratada directamente a una firma japonesa que había traído especialistas de ese país para el montaje de esa nueva tecnología. Uno de los aspectos fundamentales para ellos era proteger a los equipos del polvo atmosférico, por lo que habían instalado alfombras en el piso, y para ingresar al local todas las personas se debían quitar previamente los zapatos.
Una vez montado el equipo telefónico en la etapa de pruebas, se puso en marcha la instalación de aire acondicionado y previo a sacarme los zapatos al entrar, constaté que no se lograba enfriar adecuadamente el local, porque algunos lugares estaban más calientes que otros, debido a que no había una apropiada distribución del aire.
Si bien el aire salía bastante frío, su distribución era escasa. Prácticamente tenía el mismo caudal que con el sistema anterior, que había funcionado durante tantos años para acondicionar los equipos telefónicos viejos. Era evidente que algo pasaba con el nuevo ventilador instalado en la cabina de tratamiento de aire, que estaba ubicada fuera del local acondicionado.
Cuando entré en la cabina y observé el funcionamiento del ventilador me di cuenta inmediatamente que el rotor giraba en sentido inverso y que por lo tanto, el caudal era sensiblemente inferior al que realmente debería suministrar. Ello sucede cuando en una red de suministro eléctrico trifásico se conectan mal las fases de alimentación de corriente al motor.
Por lo tanto, me dirigí presurosamente a buscar un operario de mantenimiento eléctrico del edificio, y luego que él efectuara dentro de la cabina la simple permutación de conexión de los cables de suministro al motor del ventilador, al conectar nuevamente el ventilador, noté con gran placer que al girar el rotor en el sentido correcto, la cantidad de aire que movía era mucho más elevado. Estaba muy contento, por haber llegado a solucionar ese problema en forma tan simple y expeditiva.
Mientras contemplábamos satisfechos con el operario nuestra tarea, sentimos que nos golpeaban la puerta desde afuera de la cabina. Por la mirilla vimos numerosos ojos oblicuos haciendo gestos y percibimos gritos incomprensibles en idioma japonés. Cuando salimos rápidamente y entramamos al local de montaje de los equipos telefónicos, observamos con terror que todo estaba envuelto en una nube de polvo, mientras los gritos y amenazas en japonés se incrementaban.
Lo que había pasado era que dentro de los conductos de aire, se había acumulando el polvo dante todos esos años de funcionamiento de la instalación anterior Cuando se efectuó el ajuste eléctrico, no bien comenzó abruptamente a funcionar el nuevo ventilador con más caudal de aire, el polvo que se había depositado, fue arrastrado y diseminado inmediatamente por las rejas de distribución en el local.
Entonces, esquivando a los enardecidos japoneses que me querían linchar, logré llegar rápidamente a la llave del ventilador para apagarlo y así cesó casi inmediatamente el ingreso de polvo. Tardó bastante tiempo en disiparse el mismo, ayudado por aspiradoras, plumeros, trapos humedecidos y otros elementos utilizados para limpiar el local.
Por suerte el incidente no pasó a mayores y no afectó a la nueva instalación telefónica. Luego de una limpieza completa de los conductos, el aire acondicionado funcionó correctamente. En la práctica había demostrado científicamente y sin proponérmelo, que los nuevos equipos telefónicos electrónicos eran más resistentes al polvo, que lo que preveían las especificaciones de fabricación.

Correr para volar, volar para ser libre.

Empiezo a correr, no tengo freno.

10 KM/H (BALLENA FRANCA, Eubalaena australis) .Vaya día. Estudios fallidos, en casa las cosas van mal. Indecisión. Confundo x con y, necesito oxígeno, necesito salir a la superficie.

20 KM/H (MAMBA NEGRA, Dendroaspis polylepis). Yo no tengo la culpa de nada. El estrés me hace atacar. Animales pacíficos somos fieros cuando comen de nuestro plato.

28,8 KM/H (MURCIÉLAGO PESCADOR, Noctilio leporinus). Cómo puedo haber tardado tanto en darme cuenta: aunque salga de la cueva es imposible que el sol me ciegue, los ojos para mi son órganos vestijiales. No todo lo que hicieron mis antepasados me es útil hoy en día. La historia no siempre se repite. Inténtalo.

50 KM/H (ANTÍLOPE RUANO, Hippotragus equinus). ¿Hace cuánto que no aprovecho una mañana? Organización, planificación y la meta está más cerca. No me pienso rendir.

75 KM/H (LIEBRE COMÚN, Lepus europaeus). Sé que me buscan, que estoy cotizado, pero dejar que el miedo controlara mi vida lo único que haría sería hacerme caer en un error. Discrección. Sigilo. Hay que hacer las cosas bien. Nada más.

90 KM/H (TIGRE SIBERIANO, Panthera tigris altaica). Hoy por hoy quedan pocos de mi especie, pero eso no es un problema. Somos soñadores. Somos fuego. Sé que solo necesito correr para que todo vaya bien, ya era hora de olvidar todo.

115 KM/H (GUEPARDO, Acinonyx jubatus). Si no alcanzo mi objetivo en un determinado periodo de tiempo es que algo he hecho mal. Vuelvo a empezar con más ganas que la anterior. Yo sé que puedo hacerlo. Ahora todo va bien, tengo todos mis sueños en la palma. El globo terráqueo me dura 349 horas, imparable. ¿Quién dijo imposible?

Freno poco a poco y pienso qué tal ha ido la jornada. Estoy cansado, pero si a la hora de acostarte no caes redondo significa que has desaprovechado un día, y ese es un lujo que no me puedo permitir. Hoy lo he vuelto a hacer, he ido tan rápido que hasta los nexos me han sido innecesarios.

Cuestión de ciencia.

El punzante dolor en la última costilla del lado derecho no le impedía estar eufórica por su último artículo: Soy Oxitocina pero todos me llaman Amor, que se publicaba hoy en la prestigiosa revista científica Natience. Un sesudo texto donde el ingenio y el conocimiento manaban a partes iguales. Marga, llevaba varias semanas trabajando obsesivamente en ese artículo, al punto de no prestar demasiada atención a ese dolor en la costilla. En los últimos meses había publicado una serie de artículos sobre genómica donde se mostraban los últimos descubrimientos en determinismo genético; desde el gen de la mala caligrafía hasta la justificación de la taurofilia, todo ello, obviamente, en términos exclusivamente biológicos. En el fondo sabía que tanta inmersión científica tenía que ver con la necesidad de olvidar y vengarse de Marcos; una relación que había terminado de forma dolorosa.

La tarde anterior pensó que antes de ir a por la revista, pasaría a que le vieran ese dolor en la costilla, y cogió la primera cita disponible para su médico. Mientras esperaba en la consulta, no pudo contener las ganas de acceder a la versión digital de la revista Natience. Su artículo aparecía en las primeras páginas de la revista, entonces recordó a Marcos y una sagaz sonrisa reveló su satisfacción.

Apenas había empezado a releer el texto, su nombre sonó desde la consulta. Cuando entró, comprobó que su doctor de cabecera había sido sustituido por Gloria, una doctora de mediana edad y trato encantador, de esos que no abundan. Marga le resumió sus molestias y la doctora después de hacerle muchas preguntas, le pidió que se desnudara de cintura hacia arriba y se sentara de espaldas en la camilla. Gloria puso las dos manos en la zona costal de la espalda de Marga y comenzó a palpar suavemente el costillar. Marga quedó inmóvil en la calidez y tersura de aquellos dedos ajenos; Gloria pasó sus manos a la zona delantera del costillar de Marga y esta no pudo evitar que toda su piel se erizara; entonces un suspiro ingobernable se escapó de sus labios. La doctora sonrió detrás de Marga y le pidió que se despojara del sujetador. Marga se ruborizó, y cuando percibió su rubor volvió a ruborizarse de su propio rubor. La doctora pasó a estar frente a Marga, y ya sin la prenda íntima, la exploró con la misma suavidad. Marga volvió a sentir cómo se erizaba sin poder hacer nada por evitarlo; algo confusa y sin saber qué decir, recordó su último artículo y también a Marcos, y terminó de confundirse. La doctora que en todo momento era consciente del comportamiento de la paciente, presionó la zona dolorida y sacó a Marga de su estado, que se quejó con resignación.

Marga volvió a vestirse mientras Gloria tecleaba algo en el ordenador. La doctora extendió una receta y restó importancia a la molestia en la costilla. A Marga se le pasaron una infinidad de preguntas que hacerle a la doctora, pero todas le parecían estúpidas, impropias. En realidad no quería saber nada sobre su costilla, quería saber por qué había tenido esas sensaciones al contacto de las manos de una desconocida en su torso.

Sin salir de su confusión, abandonó la consulta y se dirigió a por la revista para poder farolear de su flamante artículo sobre la verdadera esencia del amor. El rubor de sus mejillas todavía flameaba las pupilas. Pensar en la revista y en el artículo no calmaba el ardor de las huellas dactilares en su espalda, y sin hallar explicación bajo su ortodoxa forma de pensar, buscaba un origen biológico a la extraña reacción de su cuerpo. Cerró los ojos y apareció Gloria acostada sobre su pecho mientras las cuatro piernas se enlazaban hasta las ingles. Asustada, se preguntó qué se le escapaba, cómo podría justificar todo aquello. Entonces y en medio de ese torbellino de dudas y preocupaciones tuvo una idea; aquello sería el inicio de un nuevo artículo en el que analizaría la genética del sentido del tacto y sus consecuencias en la selección natural. Al fin y al cabo todo es cuestión de ciencia.

Defensas

Cuando entró en la sala 3 del sótano del laboratorio se encontró con un gigantesco macrófago al lado de la pila de lavado.
Intentó salir, pero no pudo.
Era un macrófago, no había duda. Llevaba estudiándolos desde el instituto. Tenía forma esférica, con muchas irregularidades con la membrana transparente y muy rugosa. En su interior, en el citoplasma de consistencia gelatinosa flotaban ingrávidos un microscopio, un mechero bunsen y varias placas de Petri; amén de sus orgánulos propios; retículo endoplasmático, núcleo, vacuola, mitocondrias.

Pedro se acababa de graduar en bioquímica y había conseguido una beca para hacer un master en Inmunología en la Universidad Complutense de Madrid. Estaba exultante ya que le permitía seguir estudiando, irse de casa de sus padres y del pueblo donde había vivido sus 22 años. Había tenido que conducir diariamente 80 kilómetros para ir a clase, y para costearse la gasolina y sus pequeños gastos trabajar los fines de semana en un bar del pueblo.
Estudió con ahínco para conseguir aquella beca, pero nada le había preparado para enfrentarse a una situación como aquella. De pie, al lado de la puerta de la sala estéril, trataba de encontrar una causa lógica a la existencia de aquella criatura.
- ¿Habrá más? ¿De dónde habrá salido? ¿Por qué ha crecido tanto? ¿Ganaré el Nobel por esto?

De repente el macrófago se movió, fagocitó una probeta y como si fuera un paramecio sacando sus pseudópodos se fue acercando a Pedro. La curiosidad dio paso al miedo. Pedro le lanzó un matraz para ver como reaccionaba y se lo comió. Eso restringía sus posibilidades de acción y el miedo dio paso al terror.
En la universidad le habían enseñado que conociendo las causas se pueden revertir los efectos; a veces. Pero ¡Cómo demonios iba a saber él de dónde y cómo había salido aquella bestia¡ Tanto cuidar y potenciar las defensas, ¡pues ahí lo tienes¡.

- De bestia nada - retumbó en el laboratorio una voz grave

Pedro se quedó paralizado y el terror dio paso al pánico. ¡Oía sus pensamientos¡ Grandes gotas de sudor amenazaban con contaminar la sala, el corazón se le salía del pecho y mentalmente repasaba todas las plegarias que su madre había insistido que aprendiera.

No podía esperar ayuda. El edificio estaba vacío ya que era domingo y nadie sabía que estaba allí. Había ido a preparar unos cultivos para el día siguiente pero no se lo había dicho a su profesora para no parecerle un adulador.

- ¿Quieres que te ayude yo? se oyó de nuevo.

Tenía que hacer algo. Buscó entre todas las fórmulas y compuestos que tenía en su cabeza aquellos que podían matar a una célula. Son muy sensibles pero, a la vez muy resistentes y, un macrófago, que está especialmente diseñado para eliminar a las bacterias y cuerpos extraños más todavía. Aunque, también son los principales responsables de la inflamación recordaba mientras iba hacia el armario de los medicamentos dando un rodeo para no toparse con el macrófago.
Cogió la jeringa más grande que encontró y la rellenó con corticoides, corticosteroides, y, como había empezado a pensar en él como un ser vivo, añadió un poco de fentanilo, por si le dolía. Se acercó despacio, procurando no pensar en lo que iba a hacer porque; a pesar del miedo sintió que le estaba traicionando

-¿Estás seguro de lo que vas a hacer? ¿Te das cuenta de quién soy?

- ¡No!!! Gritó cayendo de rodillas; ¡Claro que no sé quién eres!. ¡Ni siquiera entiendo que seas alguien¡ ¿Qué eres? ¡Pareces un macrófago gigante pero no existen los macrófagos gigantes! Y las células no tienen identidad, no tiene memoria … y no hablan …. Y no leen el pensamiento …
Ríos de lágrimas resbalaban por sus mejillas. No sabía qué hacer.

- Claro que tengo memoria, ¿tengo que recordarte dónde está nuestra memoria?

Al instante Pedro reaccionó. Claro! No sabía cómo ni por qué estaba allí esa célula fantástica, pero la explicación a su existencia, y su memoria estaban en su ADN, dentro del núcleo. Ahora ya sabía qué hacer.

Se acercó a la membrana por la parte más próxima al núcleo, metió la mano y cogió un puñado de ADN. Tras ponerlo en un vial de congelación lo introdujo en nitrógeno líquido. A continuación le clavó la aguja inyectándole todo el contenido. Funcionó. Poco a poco la membrana empezó a agrietarse y el citoplasma formó un gran charco en el suelo.
Cuando se vació por completo se acercó y, con los ojos llorosos, empezó a recoger las cosas del laboratorio. Aunque tuviera su memoria, su identidad, le daba un poco de pena.

Con el ADN congelado en su mochila, salió del laboratorio. Iba silbando, caminando entre nubes “El Nobel no lo sé, pero matrícula de honor SEGURO”

Diez minutos

De la alegría se levantó de la silla como impulsada por un resorte. Ahora Fina estaba totalmente segura. Los datos de absorción óptica que acaba de arrojar el espectrómetro le confirmaban que ya sabía cómo controlar las características del material. Se encontraba sola en el laboratorio. Por la ventana, a través de las lamas de la persiana, pudo vislumbrar el sol, ya bastante bajo, que lucía después de todo un día de llovizna fina de principios de mayo. En el jardín, unos cerezos todavía mantenían restos de una floración exuberante reciente. Era viernes y el reloj digital de la pared señalaba las 19:47 horas.
Con la ilusión y el alborozo de quien encuentra un objeto precioso perdido, al que se ha echado de menos constantemente, Fina se recreaba mirando una y otra vez la serie de espectros. El rompecabezas constituido por todo un conjunto de datos obtenidos por distintas técnicas al analizar un gran número de muestras, finalmente cuadraba. No cabía duda. Había determinado el procesado especifico que se debía aplicar a las muestras para poder modular a voluntad la propiedad buscada del material. Los espectros que estaba contemplando lo indicaban con toda claridad al ojo experto.
Se acordó de su abuelo. De los paseos que solían dar en verano por el campo. Con él aprendió a amar la naturaleza, a conocer los pájaros por su trino, los nombres de árboles y arbustos. Los días de lluvia, como hoy, cogían caracoles. Había que purgarlos un mínimo de dos días con hojas húmedas de lechuga antes de poder cocinarlos. En el instituto se interesó por la química. El profesor daba unas clases muy amenas con claras explicaciones y ejemplos cotidianos. Ya en la universidad, matriculada en Ciencias Químicas, conoció a Juan, que estudiaba Ciencias Exactas. Juan acabó la carrera y se puso a trabajar enseguida dando clases en un instituto. Ella consiguió una beca para realizar una tesis doctoral. Al poco de empezar la tesis se casarón y antes de finalizarla nació Rosa. La tesis se prolongó algo más de lo previsto.
Durante los últimos años, equipos de varios laboratorios participantes en el proyecto de investigación habían trabajado con una coordinación propia de un engranaje de relojería. Preparando muestras de distinta composición, sometiéndolas a diferentes tratamientos y procesos y efectuando los más diversos análisis que permitiesen obtener sus propiedades físicas y químicas elementales. Los efectos de los tratamientos térmicos y la implantación iónica de diversas especies atómicas en la composición y pureza de las muestras, el estado químico de los elementos presentes, las propiedades eléctricas y químicas de la superficie, todo un sin fin de propiedades se habían estudiado rigurosamente. Guiados por la intuición científica que proporciona el conocimiento de las propiedades físico-químicas de los materiales y ¿por qué no reconocerlo? el veredicto inapelable del resultado prueba-error, habían conseguido conducir el trabajo a buen puerto.
El tema de investigación del trabajo tan prometedor que ahora tenía entre manos era distinto del de su ya lejana tesis doctoral. Le vino a la cabeza su fecunda e intensa estancia postdoctoral en la universidad de Heildelberg, donde aprendió que la implantación iónica era una potente herramienta para modificar las propiedades de los materiales. Aun seguía manteniendo una estrecha colaboración con los colegas del Instituto de Química. Los dos años que pasó allí los recordaba como uno de los periodos más felices de su vida. En compañía de Juan y la pequeña Rosa. Cuánto le gustaba ese campus de la universidad más antigua de Alemania y una de las más prestigiosas de Europa. Cuán acogedora le parecía la ciudad. Juan pidió una excedencia en el instituto y aprovechó la estancia para aprender alemán y a cocinar. Siempre se sintió apoyada por Juan. Al poco de regresar nació Luis.
Miró de reojo el reloj digital de la pared y vio que eran casi las ocho. Se apresuró en recoger para ir a casa. Tenía que darse prisa si quería ver a sus hijos que seguramente habrían quedado para salir con los amigos. Quizás esta misma noche tendría tiempo de recopilar y poner en orden todos los resultados y redactar las conclusiones que permitirían establecer el protocolo de procesado de las muestras. Mañana mismo, sin esperar al lunes, le comunicaría a sus colegas el hallazgo.

Divina Comedia

El plan no salió tal y como había esperado. Tardé cerca de dos horas en poder viajar al pasado. A cualquiera le puede parece una cantidad de tiempo relativamente corta. Pero lo relativo no es lo importante, sino el hecho. Y el hecho es que aquí estoy, en tierra de nadie. Desconozco el lugar por completo. Me temo que tampoco recuerdo el motivo por el cual me embarqué en ese viaje espacio-tiempo. El caso es que aquí estoy y no se está tan mal. Caminando entre los olivos puedo ver el cuerpo de una chica tumbado en el suelo. Me acerco sigilosamente a ella y la observo. Está magullada por todas partes. Escucho pasos y mi instinto hace que me esconda detrás de ese gran árbol.. Miro asustado como un ser de casi dos metros se acerca al cuerpo de la muchacha. <> pienso. Pero eso sería poco probable.
Al cabo de un rato, el ser se aleja y la chica vuelve a descansar sola. Me acerco de nuevo con extrema delicadeza y me dispongo a retirar la sangre que vierte por su boca. Saco un pañuelo de mi bolsillo y me percato de que cae una estampa pequeña. La recojo y la miro. Era la chica de la chica de la fotografía la que estaba tendida en el suelo. Carece de lógica todos estos acontecimientos. Abajo hay escrito un hombre: Beatriz.
La chica abre los ojos y empieza a habla en un tono casi inaudible.

- Dante, has venido...
- ¡Quién eres?- pregunté extrañado.
- Beatriz.¿recuerdas?
- No recuerdo nada-. Estaba confuso. Con un dolor fortísimo de cabeza.
- Viniste al infierno- dijo mientras recobraba el aliento y continuó- a por mí.
No paré a pensarlo demasiado, si era cierto o no lo que me contaba aquella chica pelirroja.
Recogí su pequeño cuerpo y me dirigí a la máquina del tiempo que estaba a unos pocos pasos. La dejé descansar dentro y apreté el botón de regreso al presente.

De este suceso hace ya tres años. Aún recordamos antes de dormir aquella historia. Debido al percance que tuve al viajar desde el presente al pasado mi memoria se me borró por completo. Ahora las máquinas del tiempo son mucho mejor que las de antes. Cada noche me acuerdo como pasé veinte largos años fabricando aquel aparato para rescatar a mi esposa de las garras del mal. Gracias a ella pude salvarla y traerla de nuevo a la tierra, desde el infierno.

FIN

Dodecaedro

Cuando aterrizamos,sentimos los latidos del calor frente a nosotros.Una trémula sístole y diástole que parpadeaba fuego bajo la superficie helada. Su infancia molecular quedaba lejos; había ardido durante millones de años y ahora que la luz se enfriaba hasta cristalizarse, nos permitía despedirnos en persona. En los treinta y siete años que llevo trabajando en el Hércules nunca había visto nada igual. Reflectaba la luz cósmica como una extraña iridiscencia placentera; y cuando palpitaba irradiaba una tonalidad rojiza durante varios segundos. Estoy seguro de que emitía colores que no podíamos percibir.

-¡Vamos, activa el taladro!
-¿Esque estás esperando a que se convierta en una enana negra?


Adem y Ciro rieron. Adem era una persona seria,pero su compañero siempre lo embaucaba.

Pulsé el botón y agarré los mandos. Después de tanto era algo intuitivo. Tiré de la palanca de seguridad y las mandíbulas de Hércules cedieron a mi disposición.Al fin y al cabo ese es nuestro trabajo; divisar y atrapar enanas blancas convertidas en diamantes estelares.

En un movimiento coordinado, abrí las dos pinzas y tras calcular la distancia las fui liberando poco a poco hasta que apresaron el astro.Tras comprobar las condiciones activé la perforadora. Su punta estaba hecha de Herculita,el material del caparazón de un Hércules Gigante (Metadynastes Hercules Gigas); el elemento más resistente del que se tiene conocimiento hasta la fecha. De hecho, la Herculita es tan resistente que hubo que gasear al especimen con el que se construyó esta nave.

Es bien conocido que la tecnología se inspira en la naturaleza e intenta imitar su perfección,pero esto había ido un poco más lejos.Creo que todos sabemos lo que ocurre aquí. Me dí cuenta a a las semanas de estar interno. Cuando la nave abre y cierra las pinzas emite un sonido no-metálico que bien podría describirse como un bramido; y no son pocas las veces que he visto esos gigantescos tubos de sedante sintético en los almacenes.

Nos pusimos los cascos de seguridad,activé los estabilizadores de presión y pulsé el botón que permite salir a la perforadora.Una vez que la velocidad está ajustada, activo el botón que indica "inicio de sondeo". Todo intuitivo, tras tanto tiempo todo esto es intuitivo.

Una vez que el taladro alcanzó la potencia necesaria, empujé la palanca que permite que se desplace hacia delante o hacia atrás.


La punta comenzó a girar sobre la refulgente superficie, y lo único que oíamos era el chirrido de la maquinaria acolchado por el silencio de los cascos.La superficie de esta vieja estrella se estaba resistiendo. Comprobé en los escaners el estado de la perforación y apenas habíamos logrado un minúsculo agujero. Como ibamos mas lento de lo normal, activé la máxima potencia del taladro.


-¡Dale caña!,voceó Ciro.


A las tres horas tuvimos que parar porque la cabeza del taladro se estaba desgastando. No lo entendíamos. En el informe se podía leer: Dureza del material 7/10. Habíamos despiezado diamantes más duros que éste, y sin embargo no había manera de que el taladro lo atravesara. Entre el caos de preguntas y dudas de los técnicos, nos dimos cuenta de lo que ocurría frente a nuestros ojos.

En la superficie del astro se podía contemplar una grieta que nacía en el pequeño agujero que el Hércules había perforado; y a través de éste una fisura había circundado el diamante. Nos quedamos absortos,contemplando la bifurcación. De repente, tanto los sensores de radiación como los DOV (detectores de vida) se dispararon.

Ante nosotros el cristal se partió por la mitad, y del núcleo comenzaron a brotar ríos de sangre, sangre ingrávida que onduló por el espacio.

El caballero y La galaxias.

El Caballero y las Galaxias.
Trata de un Galáctico con su nave espacial, navegando de Galaxia en Galaxia y de planeta en planeta.Estando en un planeta llamado Tierra, el Caballero Galáctico decidió ir a un país.El azar este caso sería España y escogió una provincia de este país.Dando una vuelta por la ciudad vio una hermosa mujer que era una Dama de la Sociedad de esa provincia, pero había un malvado que controlaba a la ciudad. Mediante un aroma que los encautivava ese aroma venia de un mineral que alimentaba a una bella flor que en sus tiempos antes del mineral contaminante producía una aroma de Felicidad.El Caballero en cantado por esa Dama vio que se dirigía a un edificio, la siguio y a hi vio el encantamiento. Quiso salvar a la Dama pero el Maléfico la custodiaba. Entonces vio que se iban a una nave .Rapidamente fue a la suya y los siguió sinser descubierto.Vio que aterrizaba en una estrella de otra Galaxia ,y recogieron unas piedras y volvieron al planeta y allí volvian al edificio. En tonces el Caballero una noche entró en el edificio,viendo el efecto de estaspiedras que una trituradora de piedras de mineral las trituraba y la flor esparcía ese aroma . Al cabo de unos días , el Caballeroconsiguió hablar con la Dama de dirigieron unas palabras la dama le dijo que sí quería salvar la ciudad el caballero le dijo que le ayudaría en lo que pudiera. Ella le dijo que sí quitaba ese mineral que echaban a la flor y echase otro, la ciudad se salvaría .El Caballero le pregunto a donde estaba ese mineral la Dama le dijo en una estrella, le pregunto que sería la misma que del mineral maro. Le dijo que sí , ni corto ni perezoso fue a la Estrella y lo encontró lo trajo y lo depositó en la flor perotuvo sus dificultades ya qué el mineral estaba protegido y era venenoso el caballero se las ingenio para esquivar la vigilancia y evitar el veneno mediante una bolsa inslante de productos tóxicos. La Dama le ayudo a salir del edificio y la flor volvió a desprender su aroma habitual.Produciendo la Felicidad de siemple ,el Caballero y la Dama que trabaron en una gran Amistad.

El hilo de Ari

Como cada noche, Ari esperaba con impaciencia que su madre acudiera a su habitación para arroparla mientras le contaba por enésima vez, el mito de Teseo y el Minotauro. Ari cerraba los ojos y se convertía por unos minutos en Ariana, hija de Pasífae y del rey Minos de Creta. Escuchaba en voz de su madre como Teseo, ataba en la entrada del laberinto el hilo de lana que ella le había dado y lanzándole un beso, se adentraba para buscar al monstruo. Tras darle muerte al Minotauro, el valiente Teseo desandaba el camino guiado por el hilo de Ariana y salía triunfante del laberinto dónde ella lo esperaba con una sonrisa. El padre de Ari se quejaba de que aquellas historias no eran apropiadas para una niña tan pequeña pero Ari creció abrazada a Ariana.
A punto de cumplir los trece, su madre le regaló una camiseta de algodón con el nombre de Ícaro bordado por detrás, quedando la I sobre su cadera izquierda y la O a un palmo de su hombro derecho. Solo ponérsela ya notó como las manos del hábil Dédalo unían a su espalda dos grandes alas cubiertas de plumas pegadas con cera. La insaciable curiosidad de Ari por todo lo que la rodeaba, la hizo volar tan alto que tal y como le sucedió al hijo de Dédalo, el sol derritió sus alas y su frágil cuerpo cayó en el mar de la leucemia.
La tercera sesión de quimioterapia la cogió con peor ánimo al recordar las náuseas y vómitos provocados por las anteriores. Echada en la cama mantenía la vista fijada en aquel contradictorio goteo de veneno que cura. Cerró los ojos, como hacía de pequeña y volvió a ser Ariana. Esta vez viajó hasta la isla de Eea en busca de Circe, hermana de su madre Pasífae y diosa con el poder de transformar en animal todo aquello que la ofendía. Circe acarició la bolsa de quimioterapia llenándola de microscópicos peces de colores que nadaron por la corriente sanguínea de Ari devorando hambrientos cualquier resto de malignidad.
Y Ari volvió a abrir los ojos y se pintó por primera vez las uñas y los labios. Hizo cola con sus amigas durante horas para chillar y bailar en primera fila en el concierto de su banda favorita. Y accedió a salir con aquel chico que le llenaba el whatsapp de poemas.
Sentada frente al espejo del baño, se cepillaba la nueva y hermosa melena que ya volvía a lucir hasta la cintura. No le dio tiempo a cubrirse los ojos cuando el espejo reflejó a Medusa con sus cabellos convertidos en serpientes. Se quedó petrificada. La leucemia volvía a estar presente en su vida.
La segunda vez fue peor. Virus que encharcaron sus pulmones, quimioterapia más agresiva y la necesidad de radioterapia para dejar un campo limpio donde cultivar la ansiada nueva médula.
Los párpados pesaban tanto que esta vez los ojos se cerraron solos. Allí estaba ella, perdida en el gigantesco y maldito laberinto. Buscó desesperadamente a Ariana, a Pasífae, a Dédalo a Circe pero no aparecieron por ninguna parte. Estaba sola. Empezó a andar lentamente por los sinuosos pasillos, siguiendo el rumbo marcado únicamente por su fuerza, su esperanza y sus inmensas ganas de vivir. Hasta que tropezó con el hilo de Ariana. Siguió entonces el camino marcado por el hilo y en la entrada del laberinto se encontró a sí misma, esperándose con una victoriosa sonrisa. Miró por última vez el hilo de Ariana y vio por primera vez el hilo de Ari.

El mensaje de César

He tenido que parar la grabación y sentarme. No acabo de asimilar lo que mis ojos acaban de ver a través de la lente de mi cámara de vídeo. Deseo volver a visualizar ese momento mágico, así que rebobino la cinta y le doy al botón del play. Ahí está. Según la cámara ha ocurrido en segundos lo que para mí ha sido una eternidad.
Llevaba varios minutos observando a César a través del cristal que nos separa, y enseguida me he percatado que en esta tibia mañana, su actividad estaba siendo más elevada de lo normal. En pocos minutos he registrado una gran variedad de conductas, entre ellas: Mamar, jugar con sus hermanos y descansar. Nada fuera de lo común en un individuo de su corta edad, teniendo en cuenta, eso sí, su condición.
Y es que César no es un gorila de llanura occidental normal, sino que es el resultado de una de las investigaciones científicas multidisciplinares más importantes del mundo en las que han participado un gran número de científicos, entre ellos, yo. Y es que fui una de las pocas privilegiadas en asistir en directo, ahora hace un año, al nacimiento de César el primer híbrido surgido del cruce entre una hembra de gorila y un humano, dado que era primordial recoger datos conductuales tanto de la madre como del neonato durante el parto pero también durante las horas posteriores a éste. El acontecimiento fue retransmitido en todo el mundo y se procuró que los procesos de gestación y de cría fueran lo más natural posible y, por lo tanto, con poca o prácticamente inexistente intervención humana, motivo por el cual los que estamos estudiando la conducta de César y de su familia lo hagamos desde un espacio habilitado para ello en el cual podemos ver sin ser vistos……….hasta hoy.
Rebobino de nuevo la cinta, y de nuevo le doy al play para visualizar el momento que, estoy completamente segura, tendrá consecuencias en el futuro de nuestra investigación. César está de espaldas a mí, está sentado en lo alto de una de las plataformas de la instalación. De repente se gira y clava su mirada en la mía. Me quedo petrificada, hipnotizada. Sé que él no me ve…o eso es lo que quiero creer…..Mientras me mira se acerca lentamente hacia el cristal que nos separa y se sienta justo delante de éste sin apartar los ojos de mí. Veo mis ojos reflejados en los suyos. Entonces alza su mano y la pone en el cristal. Yo, en un acto casi reflejo hago lo mismo y pongo mi mano contra la suya. A pesar de estar separadas físicamente, noto el calor que desprende y ello me crea una sensación de conexión que no soy capaz de describir con palabras. Al cabo de unos segundos, César saca la mano del cristal, aparta sus ojos de los míos y da media vuelta para dirigirse hacia donde está su madre.
Creo que César me ha enviado un mensaje. Su yo humano está despertando y está percibiendo cosas que su yo gorila no es capaz de percibir. Creo que se está percatando de que él no es como los demás i está empezando a buscar respuestas. Es muy pequeño aún y es la primera vez que observo este comportamiento, así que de momento sólo son hipótesis. No obstante, deberemos estar muy atentos a lo que acontezca a partir de ahora.
Me levanto, recojo mis trastos y guardo la cámara de vídeo. Decido acabar el trabajo de campo por hoy y volver al departamento. Debo poner mis ideas en orden y visualizar la grabación de nuevo. Me espera mucho trabajo esta tarde y deberé comunicárselo al grupo de investigación cuanto antes. De camino, paso por delante de la instalación de César y su familia. Le lanzo un “adiós César, hasta mañana” y mando un saludo con la mano que se pierde en el aire. Le veo entretenido jugando con una ramita que se ha encontrado en el suelo de la instalación.

El Pabellón de la Muerte

Cuando llegó al pabellón de las matronas, Anna golpeó el portal. «¡Abridme! ¡Por favor! ¡He roto aguas! ¡Abridme!». Pero sus puñetazos nerviosos sobre la madera sólo lograban perderse por las callejuelas de Viena. «¡Qué alguien me ayude!». Se tumbó como pudo tras la puerta cerrada, soplando y sollozando, aterrada y cansada por el dolor que no sabía cómo controlar. El suelo estaba húmedo y embarrado. Se sujetó la panza con las manos. «Todo va a salir bien, pequeñín». «Ya verás, todo va a salir bien.». Sin embargo, Anna no estaba segura de nada de eso. Levantó la vista y oteó cada uno de los lados de la calle. Una luz mortecina se levantaba por el este a través de la humedad del Danubio. Anna se sintió terriblemente sola. El pabellón de las matronas era su última solución.
De repente, oyó un chasquido metálico dos edificios más allá. Una puerta se abrió y vio como de allí salía una carretilla cubierta por una sábana sucia y roja. Detrás de ella, sujetándola, había un hombre bigotudo con uniforme de cirujano que hacía unos esfuerzos considerables. Dejó la carretilla a un lado y sacó un cigarrillo de un bolsillo. Contempló ambos lados de la calle, como si esperase a alguien. Anna, horripilada ante la idea que un médico la recogiera, intentó esconderse dentro de las sombras de la madrugada. Pero, al encogerse no pudo evitar gritar de dolor. El hombre se giró sorprendido. «¿Hay alguien ahí?». Anna se tapó la boca e intentó, fútilmente, esconderse tras unos cubos de basura. Pero el hombre abandonó la carretilla y fue a su encuentro. «Oh, Dios mío.». «¡Jákob! ¡Jákob, ven, corre!». Otro hombre salió de dos edificios más allá, vestido igual, y corrió hacia el médico. «¿Está usted bien? Pero si está usted embarazada. ¿Qué le pasa? ¿Ha roto aguas?». Anna se encogió más, agarrada a la panza, como si la protegiese. «Venga, ven. Le ayudaremos. ¡Luca, va! ¡Vamos a levantarla!». Anna negaba con la cabeza. «No, no, no.». «Va a estar bien, no se preocupe. . «Llevadme a las matronas, no quiero ir con vosotros. ¡Las matronas!». Luca y Jákob la forzaron a levantarse y, casi en brazos, la arrastraron hasta el pabellón médico del Hospital de Obstetricia de Viena. «No, al pabellón de la muerte no, os lo ruego señores. ¡Llevadme a las matronas!». Al acercarse, Anna vio como la carretilla llevaba un cadáver pálido, casi azulado. Le vinieron arcadas al verlo. Cruzaron el umbral. «Aquí va a estar bien, no necesita a las matronas para que todo salga bien.» dijo Lucas. Después de cruzar un pasillo, donde varios rostros bigotudos los miraban, la dejaron en una camilla. «Ahora viene el doctor Semmelweiss. Quedase tranquila.».
Al cabo de unos minutos, un señor calvo se acercó. Anna volvió a encogerse. «Comprendo su miedo, señora. Pero aquí no tiene nada que sufrir. Su hijo y usted se irán por su propio pie de este pabellón gracias al conocimiento científico. No tenga la menor duda.» dijo en un deje húngaro. «He visto un cadáver en la puerta.». El doctor sonrió. Rodeó la cama y se acercó a una fuente. «Ve. Ve esto.» señalaba el agua corriendo. «Esto le va a librar de la fiebre puerperal y de la muerte.». «¿El agua?». «En efecto. ¿No es revolucionario, señora? Gracias a mis investigaciones, sé que con el agua y el alcohol, las muertes no se suceden. Su hijo y usted han tenido mucha suerte de terminar aquí». Anna lo miró inquieta y dolorida, mientras él se lavaba las manos. Luego, ya todo fue dolor, sangre y lloros.
Cuando estuvo todo hecho, el doctor se acercó a ella y al bebé. Ella miraba a la niñita entre lágrimas y satisfacción. «¿No voy a morir doctor?». Él negó con la cabeza. «No hay rastros de inflamación grave en el útero.». Anna suspiró, miró al bebé y volvió la vista al doctor, otra vez. «Puedo preguntarle algo.». Él asintió. «No se ofenda, estoy agradecida, pero no puedo olvidar que me forzaron a venir cuando no quería y me han asistido sin que pudiera evitarlo.». Semmelweiss frunció un poco el ceño. «Me pregunto cuántas mujeres han muerto forzadas a parir aquí.». El doctor hizo un ademán, como si no comprendiese. «No entiendo esa pregunta, señora.». «¿Cuántas doctor, para que su ciencia funcione?». Él parecía algo molesto por la pregunta. «Gracias a ellas, ahora podremos evitar más muertes.» sentenció con orgullo. Anna asintió, poco convencida, para que el doctor se marchara. «Lamentablemente muchas mujeres, doctor.» susurró Anna. «Lamentablemente, muchas.».

EL Show Galáctico

Cuando se estrenó aquel programa de televisión, “Show Galáctico”, nadie se paró a pensar si aquello era ético o no, y por supuesto, nadie predijo que terminaría de forma tan catastrófica. Al contrario, todos nos alegramos de tener por fin algo con lo que matar las horas muertas, hastiados de la tecnología ultra-avanzada que nos solucionaba la vida a todas horas pero que no nos dejaba ninguna tarea por hacer. Agricultura, industria, servicios: todo estaba computarizado, robotizado y en perfecto equilibrio. Habíamos alcanzado la perfección tecnológica, todas nuestras necesidades estaban cubiertas y sólo nos quedaba ver pasar la vida ante nuestros ojos.
El “Show” era en realidad un experimento tremendamente ambicioso. Después de miles de años, unos científicos habían logrado aislar lo que denominaban “el germen de la vida”, aquello de lo que habíamos salido nosotros, así como cualquier otro tipo de vida en el Universo. Habían seleccionado un planeta inhabitado de tamaño medio y órbita estable alrededor de su estrella, a pocos años-luz del nuestro, y planeaban bombardearlo con meteoritos cargados de esa sustancia hasta que ocurriese el milagro. Así empezaba el primer capítulo del show, que toda la población siguió con una excitación que no se había visto en miles de años.
En el tercer capítulo del programa se confirmó que el experimento había sido un éxito: ¡había surgido la vida! Nadie esperaba que fuese a ocurrir tan rápido y las audiencias se dispararon. Durante varios capítulos más, las cámaras que enfocaban sin descanso a aquel planeta siguieron los pasos de un grupo de células eucariotas. La velocidad con la que evolucionaban impresionó a todo el mundo, incluidos los científicos que habían ideado el plan. Estos se preguntaban qué condiciones especiales tenía aquel planeta para que la vida se abriese paso con tanto empeño.
Todos vivíamos pendientes de la emisión del “Show Galáctico”. En cada nuevo episodio se conocían nuevas formas de vida. El planeta elegido, inicialmente un paisaje desolador y caliente, también había evolucionado: ahora tenía atmósfera y empezaban a crearse lagos por toda su superficie. Muchos veíamos en él un reflejo de lo que alguna vez había sido nuestro propio planeta, antes de que la tecnología lo controlase todo, y soñábamos con visitarlo. Pero eso estaba terminantemente prohibido por las reglas del programa. Una vez depositada la semilla de la vida, decía el presentador en cada nueva emisión, sólo podíamos ser “testigos de la magia”.

Después de un parón que permitió la instalación de nuevas y mejores cámaras alrededor del planeta, la segunda temporada del show se estrenó con toda la población pegada a la pantalla. Nadie hablaba de otra cosa que no fuera aquel planeta, al que todos habíamos cogido cariño. Nos preguntábamos qué nuevas especies albergaría y qué aspecto tendría ahora. Un nerviosismo generalizado recorría las casas.
El capítulo no defraudó. El planeta estaba más hermoso que nunca: había árboles de todos los tamaños, flores de colores, ríos y valles. La gente, sin poder despegar los ojos de la pantalla, lloraba emocionada como si se reencontrase con un hijo perdido. Pronto se conocieron las últimas especies que habían aparecido: eran animales de piel rugosa y fría, grandes, majestuosos. También había otros que parecían más suaves y eran capaces de elevarse de la superficie y volar. Se convirtieron inmediatamente en los favoritos de muchos espectadores.
Pero el show no sólo mostraba el lado bonito de las cosas. También se veía la lucha de las especies por sobrevivir, las batallas que tenían que librar para conseguir alimento y la muerte en directo de muchos seres. Algunos padres decidieron que aquello no era un espectáculo apto para sus hijos.

La tercera temporada del show se centró en una especie de reciente aparición que parecía más inteligente que el resto. Eran peludos, bípedos y bastante más pequeños que los animales que habían cautivado a la audiencia anteriormente. Su evolución fue espectacular. En muy pocos episodios se hicieron con el control total del planeta, matando a miles de especies y dominando al resto, arrasando árboles y mares. Los espectadores nos debatíamos entre la repulsa y la admiración. Muchos no pudieron soportarlo y dejaron de ver el programa.
Ni siquiera los científicos podían prever que en tan poco tiempo, entre el episodio séptimo y el octavo, aquellos seres habrían alcanzado una tecnología tan avanzada. Cuando se dieron cuenta, ya era demasiado tarde para reaccionar. La emisión del “Show Galáctico” se canceló y se apagaron las cámaras, pero esto no fue suficiente. Aquellos seres, despiadados pero curiosos, habían sido capaces de registrar una multitud de señales de radio provenientes de un planeta cercano. Abandonaron el suyo, destruido y moribundo, y se embarcaron en un viaje galáctico hacia el origen de aquellas señales. Eran nuestras televisiones.

El sueño de Dmitri

Los copos de nieve que chocaban contra el cristal de la ventana embellecían todavía más el paisaje de aquella tarde de febrero de 1869 en San Petersburgo. Sin embargo, los ojos del profesor, acostumbrado a los climas extremos de su Siberia natal, estaban inmersos en cada una de las cartas que tenía dispuestas sobre el escritorio. En cada una de aquellas fichas había anotado la masa atómica y las propiedades físicas más representativas de cada uno de los cincuenta y seis elementos químicos descubiertos hasta el momento. Durante sus viajes en tren por toda Rusia se había acostumbrado a entretenerse barajando, agrupando y organizando todas aquellas cartas de distinta manera como si de un solitario juego se tratase, en busca de un patrón oculto que resolviese aquel crucigrama imposible. Ahora había ordenado de nuevo los elementos de menor a mayor masa atómica pero continuaba sin encontrar la pieza que completase aquel rompecabezas, un nuevo tipo de clasificación que agrupase los elementos según la similitud de sus propiedades. Sus ojos subían y bajaban una y otra vez por la hilera de cartas hasta que de repente notó algo que le produjo una extraña sensación de excitación. Se dio cuenta de que ciertas propiedades se repetían en algunos de los elementos en intervalos más o menos regulares. Dio un pequeño sorbo al vaso de vodka que reposaba sobre la mesa y se fijó en que aquel patrón que había observado parecía desaparecer al continuar la serie. No tenía la menor duda de que se encontraba cerca de un gran descubrimiento, que todavía no acababa de comprender. Derrumbado por el agotamiento tras un duro día de trabajo, reposó su enmarañada cabeza entre sus brazos y se dejó vencer por el sueño hasta quedar profundamente dormido.

Al abrir los ojos se encontró solo y desubicado en un oscuro jardín donde la hierba parecía dibujar una inmensa cuadrícula bajo sus pies. De repente, el jardín se iluminó y desde el cielo comenzaron a caer de forma regular enormes bloques de colores que representaban cada uno de los elementos con los que vivía obsesionado. Primero cayeron el hidrógeno y el litio, que se situaron próximos el uno del otro, y, a continuación, se formó una nueva columna con los elementos berilio, boro, carbono, nitrógeno, oxígeno, flúor y sodio. Percibió cómo este último se ubicaba a la misma altura que el litio. Había por fin encontrado la periodicidad que tanto ansiaba hallar y entendió la relación que guardaba con la valencia de los elementos, tal y como había intuido su subconsciente. Las propiedades se repetían cada ocho elementos del mismo modo que las notas musicales en las distintas escalas. Contempló entusiasmado como el resto de los elementos continuaban encajando de forma perfecta hasta completar un hermoso mosaico de colores bajo sus pies. También observó que algunos de los bloques ya colocados albergaban un interrogante que predecía la posición de elementos todavía por descubrir. Sin duda alguna, había asistido a la obra de arte más bella que jamás habría podido llegar a imaginar.

Al despertar, Dmitri Ivánovich Mendeléiev, todavía tembloroso por la revelación de su sueño, buscó a tientas un trozo de papel donde anotar todo lo que había soñado.

Dedicado a Oliver Sacks

El viajero solitario

Aspiraba a que todo pareciera normal, pero era muy difícil. El jardín sí lo era, porque yo mismo lo creé. Nenúfares, el agua borboteando desde la fuente….. las rosas, los gladiolos, las abejas haciendo su trabajo y las hormigas y escarabajos recogiendo todo lo comestible. Un escaparate que cualquiera diría “natural” si no se supiese que estábamos en el Yukon A2, la mayor de las tres naves interestelares creadas en el 2315.

Intenté proseguir pareciendo normal; mi campo de golf, mi barquita para pescar salmones en el pequeño lago de agua artificial….. pero no, esto nunca podrá ser corriente, esto fue todo creado por el hombre, en este caso creado por mi en mis cuarenta años de viaje. Seguía siendo ese pobre piloto dejado de la mano de Dios.

No podía continuar engañándome, pero era la única forma de seguir vivo. Sentir y vivir como en la Tierra, era mi única vía de escape.

Me reclutaron por ser el mejor piloto y por tener la mayor capacidad psico-física para soportar el viaje. Sabían con quien trabajaban. Mi expediente era extenso; varios viajes a Europa, Ganimedes, Titán, Sedna….. experiencia no me faltaba. Y experiencias vividas tampoco.

Había sido descubridor de nuevas especies de vida, tanto vegetales como animales, colonizador de nuevos sistemas planetarios. Todo un orgullo para la humanidad. Pero me encontraba solo en la inmensidad del espacio alrededor de Alfa Centauri B.

La soledad humana es el peor de los castigos a los que se puede someter una persona. No hay forma de soportar tanto tiempo, tan lejos y completamente solo. La única forma de entretenimiento era aprender y recibir conocimientos del lugar donde aterrizaría en breve.

El planeta Alfa Centauri B era el punto de mi diana. Años atrás estuvimos estudiándolo porque intuíamos que los mal llamados objetos voladores de siglos atrás, eran realmente nuestros visitantes provenientes de este conjunto estelar. Estaba tan solo a unos cuantos miles de kilómetros de salir de dudas.

Muchas preguntas rondaban mi cabeza. ¿Qué me encontraría allí? ¿Se confirmarían las sospechas de la existencia de vida inteligente? ¿Estarían esperándome? O por el contrario ¿Sería posible montar allí una base permanente para los futuros viajes?

Procedí a realizar la maniobra de aproximación. Era impresionante el espectáculo lumínico que estaban observando mis ojos. El espacio infinito era color rosáceo. Alfa Centauri A, el planeta gaseoso estaba burbujeante, de colores cálidos, amarillos, rojos intensos, azules fulgurantes….. de vez en cuando algún que otro bólido pasaba cerca de mi con su cola majestuosa, dejando una estela de polvo y restos de ellos mismos.

Mi aportación a la Humanidad resultó ser muy útil porque certifiqué que había vida inteligente mas allá de Titán. Eran unos seres muy amigables y estaban esperándome con los brazos abiertos. Resultaron ser unos seres únicos. Muy altos, debido a la falta casi total de gravedad en su mundo. Seres con una luminosidad extrema y ojos enormes. Los brazos colgaban hasta casi las rodillas y unas piernas largas y escuálidas. Unos movimientos extremadamente agiles hacían de estos seres unos seres especiales.

Estaban exultantes de nuestros progresos, nos alababan porque por fin podían ser visitados por nosotros, cuando me confirmaron que ellos, en siglos atrás, habían sido nuestros visitantes, desde tiempos inmemoriales antes incluso de la existencia de los dinosaurios.

Me informaron que fueron ellos los que nos graduaron los avances tecnológicos para que fuésemos avanzando hasta llegar donde habíamos llegado. Fueron nuestros mentores. Su trabajo consistió en visitarnos a lo largo de nuestra joven historia e instruirnos inconscientemente hasta conseguir que desarrolláramos toda la tecnología según sus previsiones. Todo un orgullo para ellos, de ahí tanta fiesta por mi llegada, porque consiguieron que la Humanidad rompiera con la energía atómica y se deshiciera de todas las armas nucleares, algo impensable en el siglo XXI.

Procedimos al intercambio de conocimientos, seres vivos; yo les pasé insectos y animales de granjas antiguos, como los cerdos primigenios, y alguna vaca (conseguí clonar cinco ejemplares antes de su extinción total). Por su parte, ellos me dieron unos seres diminutos, que no cabían en mi mano, que por lo visto devoraban toda la basura biológica que generaban estos seres, o sea sus excrementos y orines. No se que valor tendría para nosotros, pero bueno, los llevé también a mi nave. Otros animalitos que me regalaron fueron unos del tamaño de un perro pero altos y bípedos, con cabezas alargadas, cola gorda y cuyos gritos o gorgojeos me producían escalofríos de lo horripilante que sonaban.

Mi vida cambió radicalmente y gracias a esos avances tecnológicos, en tres años terrestres preparamos una expedición para volver a la Tierra, acompañados con una comitiva para realizar un encuentro con la Humanidad por parte de esta civilización, y cargado de nuevos conocimientos, nuevas experiencias.

En buenas manos

Hace más de veinte minutos que la mamá uno y su bebé esperan en la cola del pediatra. Ella no se ha dado cuenta de que el carrito que tiene detrás pertenece a su mejor amiga del colegio, mamá dos, que tampoco ha podido verla. Si se las observa con atención, se diría que unas manos invisibles inclinan sus cabezas sobre esas pantallitas, creando una bella simetría entre las jóvenes mamás. Las dos suben fotos de sus bebés y se tienen en su lista de amigos...

La mamá dos oye el llanto de otro bebé, mira por delante de la cola y ve a un papá joven agachado sobre un carrito. Enseguida le reconoce, sabe que se ha divorciado hace poco porque es amigo de una amiga de una amiga de Facebook y ella le agregó. Cuando el bebé deja de llorar, el padre lo devuelve al carrito y mira el móvil, a lo mejor la acepta… La cola avanza una baldosa y su carro choca contra el trasero de la mamá uno que profiere un “¡ay!”; otros padres levantan sus cabezas y sonríen enternecidos ante ese accidente de tráfico, tan común en la consulta. Al verse, las chicas se abrazan y se ríen de esa absurda forma de encontrarse:
-¡Mira! tan lejos y tan cerca…
-Casi chateamos en lugar de hablar… qué locura…
La mamá dos se agacha y observa con atención al rubio bebé de su amiga, también el móvil que ha dejado sobre su barriguita; la pantalla aún no se ha bloqueado y puede ver en ella al rubio marido de la mamá uno:
-Ay qué guapo lo tienes… al niño, ji ji ji…
-Sí… está con la barriguita revuelta pero es tan bueno y en la guarde se porta súper bien, y…
La mamá uno sigue hablando orgullosa sin apartar la vista de lo que más quiere en este mundo; en el interior de ese carrito viaja todo cuanto ella significa. La mamá dos consulta el móvil y la interrumpe:
-Claudio y Laura también se han separado, ya es oficial…
-No me digas, pero si… a ver… bueno, ¿y tú cómo llevas lo tuyo?
Mientras la mamá dos se explica, la mama uno recuerda que hablaron de eso el otro día por chat.

Ajeno a ellas, el bebé de la mamá uno siente algo sobre su diminuto cuerpo, sus manitas se apoderan del artefacto y lo observan de cerca. Un dedo rechoncho pulsa un botón y aparece la imagen de su papá en la pantallita: el pequeño ríe, balbucea un “bapa bapa” y las madres vuelven a mirarle enternecidas, solo un par de segundos…
-Ella le ponía los cuernos… Con Manuel…
-Es que está un rato bueno…
-Jajajaja
El bebé también ríe feliz y lame la cara de “bapa” como suele hacer cuando lo tiene cerca; le gusta el sabor salado de su mejilla, pero esta fría superficie es más suave y lisa, incluso le relaja. No tarda en quedarse dormido.

Es el turno de la mamá uno, se despide de su amiga con un “ya me cuentas” y empuja con ganas el carrito, pero entonces suena el móvil: el grito de Lady Gaga y la vibración despiertan al bebé que rompe a llorar con desespero. El médico aguarda paciente en la puerta de la consulta mientras ella intenta hacerse con ese móvil viscoso, que se le acaba escurriendo de las manos y se desliza por el suelo. La mamá uno persigue el artefacto y abandona el carrito que entra en el campo de visión de un papá cabizbajo; su pie hace de cuña bajo la rueda y lo detiene a tiempo. Mamá uno se agacha y recupera el aparato: tiene cinco whatsapps y la imagen de su marido es ahora un retrato fragmentado. Antes de levantarse observa en el suelo unas páginas de diario de las que han puesto después de fregar. Un pequeño titular reza: “Los móviles portan 18 veces más gérmenes potencialmente dañinos que la cisterna de un baño masculino”. Pero de nuevo se diría que una mano invisible inclina su cabeza en otra dirección: la mamá uno admira, en la página de al lado, lo bien que le queda el vestido a Penélope Cruz después del segundo parto. No pasa nada por tener otro, sí, le dará un hermanito a su pequeño, cuyo llanto vuelve a sus oídos. Para tranquilizarle, se asoma al interior del carrito y le muestra la imagen de “bapá”: el bebé frunce el ceño. Luego le pone el chupete que cuelga sobre su pecho y entra en la consulta, donde el pediatra les recibe:
-¡Tranquiiiilo pequeñín! Estás en buenas manos… –la mamá uno también frunce el ceño ante la pantalla fragmentada.

El bebé tose. Tendrá que tomar un jarabe cada veinticuatro horas.

Estimado reviewer number three

Estimado reviewer number three.
Te escribo con respecto al charco de pis que has dejado encima del artículo que envié, que he recogido, aún caliente y goteando, esta mañana en mi correo electrónico. Sacando la guadaña afilada has segado nuestras ilusiones al desdeñar como “poco validados” nuestros métodos ¿No somos acaso tú y yo por igual científicos serenos y racionales, intentando hacer progresar el conocimiento humano, por pequeños que sean nuestros avances? Y sin embargo, mis investigaciones son ante tus ojos inimaginativas, inválidas e inanes, indignas de ser publicadas, significativamente igual a cero interesantes y cero innovadoras. Reviewer number three, tú, que tan bien como yo sabes que el sudor, las peleas y los insultos a los aparatos de medida corresponden a tres cuartas partes del trabajo de investigación, tú, que entiendes igual que yo la complicación de trasladar al papel la lógica de los experimentos, tú, que sabes lo dura e ingrata que es la ciencia, tú, compañero en la lucha contra la ignorancia y el desconocimiento, ¿por qué me rechazas así?
Te imagino revisando mi artículo, estimado reviewer number three, mientras dabas sorbos largos a un vaso lleno hasta arriba de aceite de ricino, mientras te reías con diabólicas carcajadas y pintarrajeabas de rojo sangre el papel que resume miles de horas de desesperación en la poyata. Tal vez lo hayas leído en el sótano más profundo de la caverna más tenebrosa, iluminando tu lectura con una vela encendida en un candelabro decorado con los cráneos de otros investigadores, a los que como a mí fulminaste con tus palabras venenosas. Con incesable afán corrosivo, tu mirada inquisitiva ha escudriñado mi humilde escritura en busca de una coma mal colocada, un doble espacio olvidado, o una mayusculización errónea de una palabra. No te has callado lo que has encontrado. Cada pulsación de una letra en tu teclado deja un trazo de fuego en la pantalla del ordenador, destilando desprecio y soberbia, clavando tu florete en mi científico corazón para después darle vueltas con énfasis destructivo y mala leche, hundiéndolo en mis entrañas para como hundes mi orgullo y mis esperanzas de futuro.
Espero, estimado reviewer number three, que te hayas levantado con la espalda doblada y con tortícolis, que hayas pisado un charco de agua justo después de ponerte los calcetines, que te hayas abrasado la boca con el café y que te haya caído un chaparrón al salir de casa. Espero que te hayas comido un atasco de camino al laboratorio, que hayas tenido un manchurrón de salsa en tu camisa favorita, que tu equipo de fútbol haya perdido. Espero que la comida de la cantina del laboratorio te enferme, y espero que pases las horas sentado en el retrete pensando en el daño que has hecho.
Espero que cuando mandes un artículo, te encuentres con un reviewer number three como tú mismo, que te veas en el otro lado de la mesa, arrodillado y mendigante, pidiendo aprobación y piedad a quien no tiene oídos para escuchar súplicas, como me encuentro yo ahora.

Génesis

En el principio todo era oscuridad, todo estaba inmerso en la nada. Una ausencia serena y apacible. Una carencia que era todo, siendo que no era nada. La voluntad estaba allí, todo era potencialidad, en la nada todo era posible.
De repente ocurrió: era una idea en la inexistencia. Un pensamiento traspasando toda la eventualidad posible. La intención era música y la totalidad vibró. Surgió entonces un «arriba» solitario girando sobre sí mismo. Siendo la única entidad probable, esperando algo, esperando expresarse, manifestarse. Se contraía y se expandía, era infinito, pero empezaba a limitarse. Su forma era sin forma, solo una entidad indefinida, sin nombre, sin significado.
En un instante eterno e indeterminado la nulidad manifestó dos «abajo». Se presentaron, se revelaron, se observaron; y descubrieron que su destino era unirse al «arriba». Al combinarse se estremecieron desnudando su intención, se sintieron como una sola entidad, fueron completos, fueron distintos pero iguales. Advirtieron que tenían un nombre pero eso no era trascendente, solo su destino importaba.
Asomaron entonces otros «arriba» y «abajo» espontáneamente, bosquejando los designios de la idea. La imagen abstracta aumentaba en intensidad, mientras entre las perennes tinieblas crecía y crecía la posibilidad. Entonces vibraron llenos de energía sintiéndose pesados. Se reunieron en un grupo que ocupaba el entero espacio, dándose cuenta de que en bloque eran la unidad, y al reparar en sí mismos, comenzaron a correr, a trasladar, a rodear. Al giro se le dio un nombre, pero eso no los perturbaba. Luego notaron que algunas unidades también afloraban moviéndose alrededor de otras que se habían unido.
En un insignificante momento un poderoso sentimiento de deseo, de voluntad, de propósito, se apoderó de ellos. Todos se regocijaron. Las que giraban lo hacían con entusiasmo y las que no se desplazaban percibieron a sus semejantes rondar a velocidades vertiginosas. Entonces una luz emergió de la confusión, y luego otra, y otra; hasta que por fin pudieron iluminarse, observarse y determinar su aspecto. La imagen comenzó a tomar forma. Eran cientos, miles, millones…
Era una sinfonía maravillosa: el conjunto de unidades se entretejían, se atraían y se enlazaban las unas a las otras con una fuerza de amor incondicional, en pequeños universos. Cada universo era equilibrado, perfecto. Poseía unas cualidades únicas. Ya eran distintos, determinados. Vislumbraron por fin cuál era su hado. Se dejaron llevar por la intención navegando libremente por el tiempo y el espacio. Bajaron su nivel energético y se volvieron cada vez más pesados: Energía y materia.
La materia se cristalizó, y la energía que era pensamiento comenzó a imprimir palabras: “En el principio… En un instante eterno… Era una sinfonía…”. Los vocablos emergieron de forma automática siguiendo el plan de la mente del autor. Formaron frases, y las frases poco a poco dieron significado al sentimiento. Luego se corrigieron, se aumentaron y se organizaron en un discurso, hasta que el concepto que fue originalmente una idea, se transformó en un asunto que se explica a sí mismo:
La historia científica del génesis de la narración que justamente en este instante, el lector ha terminado de leer.

Hace mucho y no tanto tiempo, un Universo que devino en Galaxia

No era la hora del cuento pero sus ojitos abiertos, de pupilas diminutas y brillantes insistieron profundamente, y me gusta tanto que me rueguen de esa forma repetida y melódica, sin sobresaltos ni pataletas, que acepté sentarme un rato con ella. Tengo tantas ganas de hacerlos en estos años, de crecerlos, a Irene y a su futuro hermanito. Hay tanto.
– Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo, unos dos mil cuatrocientos años -son cifras que no puede entender, pero necesito que absorba, a pesar de que no sea capaz de contarlo con sus dedos- el mundo estaba formado por esferas perfectas, balones redondos transparentes, como bolas de vidrio unas dentro de otras. Y en esas esferas, había pegadas lucecitas, las estrellas, los planetas, todos muy ordenados. En el centro, estábamos nosotros, nuestro planeta Tierra. Las esferas se movían de forma circular, siempre regular, como una cajita de música que una vez que le das cuerda sigue un ritmo que no varía. En ese mundo, cada esfera tenía su propio motor invisible, que era movido por otro anterior. Tchuc, tchuc, tchuc -intenté imitar el sonido de un resorte-, como una cadena.
– ¿Y cómo se movían?
– Había un motor muy, muy especial, El Señor Primer Motor, que también era invisible. Era el único que podía moverse a sí mismo, y era tan hermoso, tan bello, que hacía que los demás motores se movieran tras él, todos querían seguirlo. Y así, el tiempo pasaba poco a poco, como los vagones de una noria, esas esferas iban dando vueltas desplazando los planetas y cuerpos celestes que estaban pegados a ellas. Pero, de repente, una chispa, una lengua de fuego muy rápida. Y los planetas y estrellas que habían estado tan cómodos en su nana cíclica se asustaron e intentaron despegarse de esas esferas que los tenían prisioneros. ¡Déjennos salir! ¡Por favor, socorro! Gritaban. Las flechas de fuego se hicieron más vistosas, cada vez más. Tenían que salir de los brazos de ese monstruo de ángeles, armonía y belleza. Las estrellas fugaces les hicieron pasar mucho miedo, fue horrible. Por eso, si ves la Luna de cerca tiene huecos y está deformada, se dejaron la piel para salir de aquél lugar. Aparecían de repente, tan cerca de ellos que, en realidad, incluso les ayudaron a liberarse de esas cadenas con sus llamas. Algo más tarde, hace no más de trescientos setenta años, ya no había esferas, solo luces desparramadas, por aquí -le hice cosquillas en la oreja izquierda- y por allí -recorrí su vientre para entretenerla- a los alrededores de la Tierra. El mundo ya no estaba encerrado en esas bolas transparentes, ya no había un límite para nosotros. Un pez que ya no tiene pecera sino un mar que no acaba, ¿te imaginas cuántas cosas se pueden hacer?
– ¿Y no les daba miedo?
–¿El qué, tesoro?
– Que sea tan grande.
– Claro, nadie quería entenderlo, hasta algunos lo prohibieron del miedo que les daba. Es mucho más fácil seguir las reglas de un juego que inventar uno nuevo.
– Pero a mí me gusta más hacerlo yo, es más divertido.
– Eso pensaron algunos de ellos y crearon el suyo propio, aunque los profes seguían castigándolos un tiempo hasta que empezaron a jugar también con ellos.
– ¿Y cómo era?
– Si quieres te lo enseño y claro, tú también puedes jugar. Es complicado al principio, pero si te gusta puedes hasta cambiar lo que no te convenza y hacerlo tuyo. Pero poco a poco, hay muchas, muchisísisimas versiones y si no entiendes una no puedes pasar a otra.
– Y al final, ¿quién sujeta las luces para que no se caigan, si ya no hay bolitas?
– Es que no puedo seguir si no juegas conmigo.
No podía explicarle el éter, ni las fuerzas de Newton, ni cómo las ondas los hicieron casi desaparecer.
–Vale, una partida y merendamos. ¿Es muy largo?
Mi amor, tengo tantas ganas de darte todo lo que hay en este infinito que no puedo dejarte de lado, ignorante de esta inmensidad. No sé si irá para largo o no, depende tanto de ti y de tu interés. Por mi parte, lo necesito incomprensible, Irenita, y espero que si empiezas este juego, te dure toda la vida.

Hen to pan

En otro orden de cosas: Científicos españoles acaban de dar un salto en la evolución del manejo del ADN. El problema de reescribir el mensaje genético del ADN de forma barata y eficiente, lleva años siendo una de las metas perseguidas por todos los genetistas del mundo. Ahora, unas tijeras llamadas CRISPR/Cas9 permiten hacerlo de forma tan sencilla que prometen revolucionar la edición genética. La revista Science acaba de otorgarles el título de avance científico más importante de 2015.

Cambiando a la sección de ciencia, un colosal avance está revolucionando toda la comunidad científica. Tras la apertura para la experimentación en embriones humanos gracias a las Directivas de la Unión Europea sobre organismos modificados genéticamente del 2017 y en tan solo dos años, hoy han nacido las primeras personas libres de hemocromatosis, talasemia y hemofilia. El revuelo es tal, que se prevé la desaparición de estas enfermedades. Los científicos dicen que esto es solo el principio.

Después del apartado de deportes damos paso al de ciencia. Nos hacemos eco del comunicado de la Organización Mundial de la Salud, el cual afirma que todas las enfermedades conocidas de carácter hereditario han sido vencidas. Debido a este logro, equiparable según dicen al momento del descubrimiento de la penicilina, se ha propuesto el 2028 como «Año in Vitro, el año en el que la humanidad venció a la genética».

En sociedad y ciencia, gracias a la Ley 14/2029 publicada en el BOE en mayo del año pasado, sobre técnicas de reproducción humana asistida, conocida como «Ley a la carta», hay en España casi el mismo número de clínicas para la edición genética como de hospitales, tenemos a nuestra disposición 728 clínicas donde escoger el fenotipo de nuestros hijos.

Ahora en sociedad, en 2052 tenemos al 42% de adolescentes rubios y de ojos azules, altos y musculosos. Se ve una tendencia al alza en pelo verde y ojos rojos, con un 28%. Grupos de entre 16 y 30 años muestran su descontento ante la elección arbitraria de los padres en lo tocante a la expresión estético-física de los hijos. Reivindican que la edición genética debería ser sobre las capacidades y no sobre la estética.

Como noticia en sociedad, acaban de lograrse los primeros niños con un cociente intelectual de en torno al 588 Otis-AlephCero (renormalización del conocido baremo anterior). Son un grupo de catorce niños que cuentan ahora con siete años, salidos de la clínica Smarter Future en Skopie, Macedonia. Recordemos que hace ahora 7 años, en 2059, investigadores de esta clínica dieron con el gen NPTN/IDH02 que está directamente relacionado con las conexiones sinápticas y el volumen de masa gris.

El titular en sociedad: vencemos a los humanos naturales. En una encuesta realizada en diciembre del año pasado, se indica que en 2080 solamente el 3,14% de los encuestados, de un espacio de muestreo de 537824 sujetos, continúan practicando el sexo. Asimismo, los asentamientos de «humanos naturales», como se hacen llamar, descienden a menos del 21% de la población mundial, radican sobre todo en países del tercer mundo.

Comunicado orbe-urbi 14721/21 de sociedad: Se manifiesta la correlación de transhumanos (homo sapiens de VII generación) con el alza en productividad. Se ha alcanzado el objetivo Horizonte 2154 con más de 7 años de antelación: Vivimos los máximos de IDH y los mínimos en su segundo momento, con una varianza tan solo de 0,14 puntos. Un gran avance para el bienestar y la igualdad interpaís.

Comunicado orbe-urbi 281442/56/NB sociedad: el transalelo recesivo humano (homo sapiens) se ha extinguido. De forma única en la Tierra quedan transhumanos+ (homo sapiens de IX generación) y poshumanos (homo illuminatis). Se ha logrado la migración de conciencia completa hacia la máquina. Sin necesidad de biochips asistidos. El primer no bio-hombre se nombra Du Evawd. Su autonomía equivale al tiempo de vida media de un protón.

Ya no queda carne, ya no hay hombre, no existe sentimiento. Aquí me encuentro, en este vacío de puertas cuánticas teletransportadoras, las desigualdades Bell-Swartz-Perelman me sustentan más allá de la singularidad. Vivo extático. Soy razón pura, potencia allá a donde lleguen nuestras ramas. Soy consciente y limitado por la realidad física de mis terminales. Desde que se acabó el hombre no existe el hambre. No las guerras. No el conflicto sin solución inmediata. No hay pasión. No hay muerte. No hay sentimiento. El concepto de tiempo se desdibuja aquí. Evolucionamos y nos unimos. Los créditos y las transacciones son recuerdo del pasado. No existe nada más que la voluntad conjunta de avanzar, innovar, crear. Somos en el mundo de las ideas.

Hen to pan.