Abeja que bala...

-A ver, dejadme que os lo explique, que para algo me trago los documentales de La 2. El avispón asiático es unas diez veces mayor que la abeja nativa japonesa y se alimenta de ellas. Y la forma de actuar de los avispones asiáticos es la siguiente; Primero, mandan de avanzadilla a un avispón explorador para que localice colmenas. Tan pronto encuentra una, la marca con sus feromonas, y así esta es “visible” mediante el olfato para sus compañeros. Una vez que los avispones acuden a la colmena, las abejas tienen poco que hacer. Aunque las abejas superan ampliamente en número a los avispones, no consiguen salvarse, debido a la fuerza de estos depredadores, que cortan a las abejas por la mitad y se las comen. En cuestión de unas pocas horas cada avispón puede llegar a matar hasta mil abejas. ¿Me seguís?
-Ehhhhh, bueno, sí…
-Perfecto. Pero a lo que quiero llegar es a que estas abejas han desarrollado un sistema increíble para poder combatir a los tan temidos avispones. Su manera de defenderse es digna de estudio; Cuando llega el avispón explorador, las abejas le invitan a entrar a la colmena. Y entonces, una vez que el avispón avanza para marcar la misma, las abejas aletean y mueven el abdomen para comunicarse entre ellas. Inmediatamente después, y de forma súbita, el avispón se ve rodeado por cientos de abejas, que empiezan a vibrar al unísono y así consiguen aumentar la temperatura de la zona hasta los 47ºC. Las abejas japonesas soportan temperaturas de hasta 48ºC, pero lo que no os he contado es que el límite del avispón es de 46ºC. ¿Sigo?
-Sí, claro, adelante, adelante.
-Muy bien. Entonces, el avispón explorador muere por asfixia y no puede marcar la colmena, por lo que se garantiza la supervivencia de la colonia. Las abejas quedan aturdidas, es cierto, pero sobreviven. De igual modo, mis células sanas se van a llevar hoy un buen tute, pero van a sobrevivir, cosa que no van a hacer las células malas.
-Madre mía, yo no lo hubiera contado mejor.
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(5 minutos antes, en el quirófano del hospital de Fuenlabrada).
-Buenos días Juan, supongo que el equipo de quirófano ya se habrá presentado. Ya nos vimos el otro día en las consultas previas y entiendo que, más o menos, ya le hemos contado en que consiste la operación. Por si acaso, se lo recuerdo.
Básicamente, lo que vamos a hacer es cirugía de la zona afectada. Y posteriormente, para aquellas zonas afectadas pero con un tamaño tan pequeño que no es posible retirar por cirugía, vamos a aplicar un quimioterápico y lo vamos a combinar con una alta temperatura perfectamente controlada. De esta forma, conseguimos acabar con las células cancerígenas malignas, pero no así con las células sanas, que aguantan algún grado más. En resumen, para la parte del tumor que no podemos extirpar, vamos a aplicar un tratamiento de alta temperatura que acabe sólo con las células malas.
-Muy bien. Creo que lo he entendido. Me parece que algo parecido echaron el otro día en la tele a la hora de la siesta.
-Perdón, ¿Cómo dice?
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(2 años antes, en un congreso de carcinomatosis en Alicante)
-Estimados señores, cómo es por todos los aquí presentes conocido, la carcinomatosis peritoneal es una diseminación en el peritoneo de los tumores que asientan en la cavidad abdominal (ovario, colon, estómago, etc…). El estadounidense Paul Sugarbaker, ideó una técnica para combatirla hace casi treinta años que consiste en extirpar todos los tumores macroscópicos o visibles (lo que vendría a ser mayor de tres milímetros) y posteriormente, en la misma operación, aplicar quimioterapia intraperitoneal a altas temperaturas (42-43 grados centígrados, con el quimioterápico más apropiado y aprovechando el efecto antitumoral del calor) para acabar con aquellos restos tumorales más pequeños. “Lo que el cirujano no ve es lo que mata al paciente”, suele decir Sugarbaker.
Hasta hace unos años, la carcinomatosis peritoneal tenía muy mal pronóstico, y a los enfermos se les consideraba prácticamente terminales. Lo único que se podía hacer por parte de los cirujanos era abrir, extraer y examinar una muestra de tejido, con fines diagnósticos y cerrar. Por ello, se trata de pacientes complejos, con una carga emocional muy alta, pues algunos de ellos son muy jóvenes, con edades entre treinta y cuarenta años, y saben que de no ser por esta intervención su pronóstico sería muy malo. Pero esta técnica ha demostrado ser eficaz en determinados tumores aumentando la esperanza de vida e incluso curando en algunos casos.
Bueno, cedo la palabra al doctor Sugarbaker, que pasará a darles algunas pautas para que procedan a implementar esta técnica en sus hospitales.