33,33% DE PROBABILIDAD

Mega estaba un poco nerviosa, era la primera vez que iba a impartir una clase de física y quería causar buena impresión a sus alumnos. Le pareció divertido adentrarse en el mundo de la física cuántica explicándoles el experimento de la doble rendija de Young, ya que el tema de la dualidad onda-partícula era fascinante.
Decidió quedarse por la tarde en la facultad preparándolo, para que al día siguiente saliese todo a la perfección. Realizó una prueba colocando en su sitio la lámina con las dos rendijas paralelas y la pantalla detectora de electrones al fondo. Ajustó el cañón de electrones al mínimo para disparar las partículas de una en una y pulsó el disparador. Apareció un patrón de interferencia clarísimo que mostraba la previsible naturaleza de las ondas.
Hizo una segunda prueba ajustando el cañón al máximo para disparar ahora un chorro de electrones pero esta vez algo falló. El cañón disparó antes de tiempo y Mega todavía no estaba preparada, así que le dio de lleno en el brazo.
Se quedó sorprendida y una ligera inquietud se apoderó de ella. Se tocó el brazo en busca de algún dolor o quemazón pero todo parecía en orden; a fin de cuentas, pensó, sus efectos serían microscópicos, como mucho se le electrizaría el pelo. Ajustó el cañón correctamente y pasó el resto de la tarde preparando los detalles.
Supo que era hora de marcharse a casa cuando escuchó como se acercaban los carritos de las limpiadoras por el pasillo, marcando el final del día. Sacó la bata y al ir a colgarla tuvo que apoyarse en la pared pues un mareo repentino hizo que perdiera la fuerza en las piernas. Había estado tan absorta en el experimento que se olvidara de comer, así que achacó el mareo a la debilidad.
Se sentó en una silla para recobrarse un poco y se sobresaltó al comprobar que no estaba sola en el laboratorio. No supo en que momento habían entrado pero allí había dos mujeres más. No parecían pertenecer a la universidad y se comportaban de forma un poco rara pues deambulaban por el laboratorio como perdidas. Una de las mujeres llevaba un mono de trabajo azul bastante sucio, parecía personal de mantenimiento pero le extrañó que hubiese entrado en el laboratorio con ese aspecto y la otra vestía un pulcro uniforme que parecía de enfermera.
Mega se acercó a la mujer que parecía enfermera para preguntarle quien era, pero cuando extendió su mano para tocarle el hombro no encontró nada físico, atravesó su cuerpo como si fuera un holograma. Hizo lo mismo con la otra y su mano pasó por entre sus costillas como si fuese un fantasma.
Una sensación de nausea que le subió hasta la boca del estómago le provocó otro mareo. Con un acto reflejo volvió a tocarse el brazo donde había impactado el chorro de electrones del cañón y se le ocurrió una locura.
Su cerebro estaba a mil por hora. ¿Podría ser posible que coexistiesen varios mundos en aquel laboratorio? Tal vez el accidente con el cañón permitió de alguna forma que el mundo cuántico enlazara con el mundo real, tal vez ella era el puente de unión. De ser así, estaba asistiendo a una superposición cuántica de ella misma, las tres personas que estaban en ese laboratorio eran reales y coexistían cada una en su mundo. Todo encajaba con la teoría tantas veces estudiada y de ser así, ella era testigo del descubrimiento más importante en física de todos los tiempos.
Escuchó el carrito de la limpiadora golpeando la puerta del laboratorio y lo tuvo claro. Un sistema en superposición se mantiene mientras está aislado de toda injerencia externa, en cuanto se abriese la puerta se produciría la decoherencia y por tanto un colapso cuántico, y tan solo una de aquellas tres personas quedaría. Se le heló la sangre en las venas cuando comprendió que tenía tan solo un 33,33% de probabilidades de ser ella.
La limpiadora se extrañó al encontrar luz en el laboratorio y le bastaron un par de segundos para comprender que aquella mujer con ropa de trabajo tan sucia no era de la universidad. Se paró en mitad de la puerta y le preguntó quién era. La mujer masculló una disculpa y explicó que no sabía lo que le había sucedido, recordaba que estaba trabajando en su taller de coches y salió a comprar una pieza de repuesto a la tienda de la esquina, pero debió sufrir una desorientación y entró en aquel sitio por error.
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