AGUA

En el principio no había nada.

Una singularidad espacio-temporal. Apenas un punto en el que se concentraban toda la energía, toda la masa, todo el tiempo y el espacio. Una fuerza inflacionaria provocó una gran explosión. El universo estaba naciendo. Nubes de gas, polvo cósmico, hidrógeno, helio, rocas girando a velocidades vertiginosas y chocando entre ellas. Gravedad. El Sol. Protoplanetas. Una gran masa de roca ardiente llamada Tierra que poco a poco se fue enfriando formando una corteza de roca dura sobre la que no paraban de colisionar meteoritos y cometas que contenían grandes cantidades de hielo. Agua en estado sólido que se licuó por el efecto del calor de la Tierra. El dióxido de carbono que ya existía en el primitivo planeta se mezcló con el vapor de agua de meteorito recién impactado. Se formaron nubes y llovió y llovió y llovió tanto que se crearon enormes masas de agua a las que llamamos océanos.

Nuestros océanos guardan secretos.

En los fondos abisales, donde la luz solar muere, habita una criatura cuyo origen se remonta al origen de los tiempos. Llegó oculta entre las moles de hielo de una enorme masa rocosa que impactó sobre la Tierra cuando el sistema solar no era más que un embrión surgido del huevo cósmico. La materia del incipiente universo fue su alimento. Lo engulló todo a su paso en una espiral de fuerza gravitatoria tan descomunal que nada puede escaparse de ella. Con cada partícula material iba quedando saciada y ha permanecido en reposo, haciendo la digestión de su banquete cósmico.
Ahora descansa en la oscuridad más absoluta hasta que su hambre despierte. Será entonces cuando abra de nuevo sus poderosas fauces. Bajo su glotón influjo perecerán las aguas y todo lo que en ellas habita y la criatura crecerá y crecerá y necesitará más alimento.

Se tragará las montañas, los bosques, las estepas, los volcanes y los valles.
Devorará las plantas y animales. A los hombres. La lluvia. La atmósfera. Todas las rocas hasta llegar al núcleo del planeta que paladeará con fruición.
Pero su voracidad se expande como también lo hace el universo y se comerá a la Luna, a Plutón, a Marte, a las lunas de Júpiter y al Sol.
Todo lo masticará con sus afilados dientes, incluso a sí misma.

Y en el final no habrá nada.
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