Átomo a átomo

Teseo ha ganado algo de ventaja en el último recodo del laberinto. Ha sido una buena idea embadurnarse con el moho que impregna las paredes. Gracias a eso ha podido dis-traer al olfato del monstruo durante unos segundos cruciales para escapar de su embes-tida y tratar de ganar la salida. Pero ahora el miedo le hace sudar copiosamente y la mugre ya no es suficiente para enmascarar su olor. ¿Qué puede hacer? Por más que corre no consigue ganar el suficiente terreno como para descansar un momento y darles tregua a los músculos de sus piernas. El cerebro le va a mil por hora y no consigue recordar dónde ha perdido el hilo que le dio ella para encontrar la salida. Si fuese capaz de volver sobre sus pasos tan solo un momento. ¿Cuánto tiempo debe hacer que deambula como un loco por esta pesadilla? Una vida entera en penumbra, perseguido por una bestia mitad hombre, mitad toro que solo piensa en devorarle sin piedad. Si sólo tuviera un golpe de suerte. Recuperar la madeja que le lleve al fin a la luz de los ojos de Ariadna.
Los bramidos cesan. Ya no siente el aliento animal en su nuca. ¿Será posible que haya conseguido burlar al monstruo en su propio reino? Se detiene exhausto. Agudiza el oído intentando captar el más leve indicio de movimiento. Nada. Avanza unos metros más. Escucha. Nada. Gira a la derecha. Ahora la oscuridad es prácticamente total. Palpa una pared delante de él. Silencio. Apoya su espalda contra el muro y se deja caer. Solo un instante. Para coger fuerzas. Toca con las manos la tierra. Toma un puñado. Algo real. Encontrará la salida. Se levanta y tropieza con algo. ¿Qué es eso? A tientas adivina la silueta de un cráneo ¿humano? No es el único, hay más. ¿Dónde se ha metido? Ha caído en la trampa.
Como salido de la nada el Minotauro obstaculiza la única salida posible. En el pecho de la bestia el corazón late tranquilo. Sabe que ha ganado. La presa está a sus expensas. Sus ojos bovinos le miran con sorna. Dos astas afiladas esperan el momento oportuno para destrozarle el cuerpo. Sabe que no será una muerte agradable.

—Suficiente por el momento. Ven aquí, amiguito.

En el laboratorio de nano robótica el profesor Freeman pulsa el botón de apagado de la cámara de alta resolución que ha estado grabando la primera prueba del proyecto en el que está trabajando. Analizará las imágenes más tarde. Con todo detalle. Sin embargo, le gusta registrar una primera impresión de lo que ha observado con sus propios ojos a través de la lente convergente. A una orden de su voz se conecta el micrófono del bloc de notas del ordenador.

—Technological Engineering Specimen: Evaluation One (T.E.S.E.O). Tiempo de dura-ción dieciocho minutos y veinte segundos. Ya en la primera prueba, se aprecia una clara capacidad del nano robot para desarrollar capacidades de aprendizaje y adaptación que no le han sido injertadas en su software cerebral. Nota: verificar si dicha característica se debe a recuerdos residuales procedentes de las células neuronales utilizadas en el prototipo. Estudiar como las sinapsis biológicas interactúan con los componentes metálicos para optimizar la orientación espacio-tiempo.
Es necesaria una mejora de las capacidades motoras del espécimen. Las microfibras de biomasa muscular no se han anclado de manera óptima al esqueleto de titanio altamente eficiente. A pesar de las carencias observadas, el proyecto T.E.S.E.O ha conseguido establecer por sí mismo relaciones de causa-efecto de alta complejidad que no se habían observado hasta la fecha en nano robots sin componentes biológicos.—El profesor consulta su reloj.—Cierra micrófono.
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