La Farmacia

Silva sabía que la mayor farmacia del mundo estaba delante de sus ojos. En ella habían trabajado lo mejores científicos de la historia. Entre su arsenal de productos había compuestos que podían tratar el cáncer y las infecciones. Había pócimas para la prevención de enfermedades y para retrasar el envejecimiento. Contaba con una impresionante colección de moléculas con actividades sorprendentes, como la capacidad de cortar DNA que los científicos habían adaptado para editar el genoma a su antojo. Algunos de los productos se utilizaban desde hace muchos años. Sin embargo, la gran mayoría permanecía aún por abrir y su potencial estaba a la espera de ser utilizado por razones que Silva no entendía. Ella estaba maravillada y estaba deseando entrar y descubrir lo que se escondía en las zonas menos exploradas. Pero sabía que tenía que estudiar mucho antes que estar capacitada para ello.

La farmacia era una auténtica preciosidad y algo en ella hacía que uno se sintiera más feliz cuando estaba en ella. El lugar proporcionaba paz y armonía al que la visitaba. La decoración iba por zonas. La sala verde era la favorita de Silva. En ella, la riqueza decorativa de los estantes de fármacos superaba a cualquier catedral gótica europea. La simetría y las secuencias matemáticas se encontraban en cualquier detalle. Los olores, sutiles o intensos, evocaban una conexión primitiva a ese lugar. Era un templo sublime que hizo llorar de felicidad a Silva la primera vez que vio tanta historia y belleza a su alrededor. La zona azul era inmensa y silenciosa. Aparentemente era más minimalista pero dentro había fármacos en frascos de formas extrañas y colores intensos. Contenían productos totalmente diferentes y casi todos estaban aún sin utilizar. La zona microscópica era muy misteriosa y accesible sólo a través de sofisticados microscopios. Allí los colores y las formas alcanzaban otra dimensión.

Silva merodeaba por la farmacia desde niña. Sabía que sólo los expertos más dedicados y formados tenían acceso a sus secretos. Sentía una atracción poderosa por esa farmacia, así que decidió convertirse en uno de ellos. Estudió muchísimo para aprender sobre las fuentes de dichos fármacos. Luego supo que tenía que estudiar las enfermedades a tratar. Viajó muy lejos para aprender de los mejores científicos. Sólo le faltaba aprender cómo desentrañar los fármacos de las fuentes y aplicarlas a la cura de enfermedades. En sus viajes, fue muy feliz pero también encontró muchos obstáculos que la desanimaron a veces y le hicieron dudar de que algún día sería unos de esos científicos que tenían acceso a los secretos de la farmacia. Cuando dudaba, paseaba por los pasillos de la farmacia que tenía grabados en su mente, y eso le daba las fuerzas para seguir adelante. La farmacia le enseñó que casi nunca hay una solución única a un problema y que cuando una puerta se cierra, otra se abre. Por eso ella persistió.

Mientras tanto, la gente dejó de creer en la farmacia. Era demasiado complicado acceder a sus secretos y entenderlos. Los científicos pensaron que podrían crear esos fármacos de forma más simple y mecanizada. Algunos, apenados, abandonaron la farmacia. Fueron a trabajar a nuevas fábricas enormes y poderosas donde los fármacos se producían como churros. Mientras tanto, sólo unos pocos valientes permanecieron en la farmacia. Las instalaciones de la farmacia se fueron echando a perder. La zona verde era cada vez más pequeña y con las zonas perdidas desaparecían los fármacos contenidos en ella. El suelo estéril sustituía a las zonas donde antes se alzaban majestuosos estantes de fármacos. La zona azul estaba sucia. Basuras y plásticos se almacenaban entre los contenedores de magníficas formas. Vertidos tóxicos deterioraban los contenedores de fármacos. La zona microscópica estaba algo abandonada. Ya no había tantos científicos mirando por su microscopio. La gente había perdido interés por la farmacia, pero Silva estaba enamorada de ella y nunca dejó de creer que era la mejor farmacia del mundo.

Pasados unos años, los científicos se dieron cuenta de que los fármacos producidos en la fábrica no servían de tanto como lo que nos había regalado la farmacia. Era difícil competir con los mejores científicos de la historia. Gente sabia y sensible se dio cuenta del enorme error cometido y voluntarios de todos los rincones acudieron a rehabilitarla. Muchos científicos ya han vuelto a trabajar en ella.

Silva aún no está del todo cualificada para trabajar en ella, pero está muy cerca. Lleva observándola desde hace mucho tiempo y sabe dónde están los rincones ocultos, los mapas, y las llaves secretas. Sabe que muy pronto todo su esfuerzo le permitirá dedicarse a su pasión: la farmacia. La zona verde de los grandes bosques. La zona azul de los inmensos océanos. La zona microscópica de los microorganismos a nuestro alrededor y en nuestro interior. Fórmulas magistrales del planeta tierra.
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