RELATOS

    • ¿Por qué mi hijo es azul?

      ¿Por qué mi hijo es azul?

      Yurleidy Sabogal[1]
      Yucely Puentes[2]
      Liz Muñoz[3]

      [1] Estudiante de Licenciatura en Química, Universidad Distrital (Bogotá, Colombia)
      [2] Licenciada en Química, Universidad Distrital (Bogotá, Colombia)
      [3] Profesora de Licenciatura en Química, Universidad Distrital (Bogotá, Colombia)

      Aquella mañana como de costumbre, compartía el desayuno con Robert, conversamos de todo un poco y aunque mi estado de salud no era el más satisfactorio en ese momento decidí no tomarle importancia, Robert salió a su trabajo. Mi estado de salud no mejoraba por lo que tomamos la decisión con mi esposo de ir a nuestro médico personal el doctor Castellanos, luego de un par de exámenes de rutina el doctor ya tenía mi diagnóstico, se acercó con gran emoción y nos dijo con gran entusiasmo que esperábamos un bebe.

      Pasado el tiempo y cuando nuestro hijo cumplió sus seis años de edad decidimos que fuera al colegio.
      En sus primeros días de clase su comportamiento fue normal, sin embargo fueron pasando los días y su rendimiento académico fue empeorando, sus frecuentes dolores de cabeza y la falta de energía se hizo evidente en nuestro hijo; los síntomas aumentaron y aparecieron unos nuevos como el evidente retraso en el crecimiento y en su desarrollo, la fatiga y la dificultad respiratoria fue algo que nos alarmo a un más; pero sus inusuales manchas azules en la piel y uñas fue lo que detono nuestra decisión de llevarlo al médico.
      Cuando nuestro hijo Jeremy fue examinado por el doctor castellanos, la enfermedad que padecía nuestro hijo era metahemoglobinemia, el doctor trato de ser más claro: En la sangre de todo ser humano, se encuentran los glóbulos rojos, en ellos su citoplasma está casi en su totalidad, ocupado por la hemoglobina, una proteína que se encarga de trasportar el oxígeno, y mostrándonos la estructura de dicha proteína, prosiguió: La hemoglobina, es una proteína de color rojo característico, que trasporta el oxígeno (O2), desde los órganos respiratorios hasta los tejidos, y el dióxido de carbono (CO2), desde los tejidos hasta los pulmones que lo eliminan.

      Hemos llegado al problema dijo el doctor, el grupo hemo tiene otra estructura y sus glóbulos rojos no están en mayor parte constituidos por hemoglobina si no por “metahemoglobina”

      El se inclino sobre el libro y con su pluma señalo en la estructura de la hemoglobina, el símbolo Fe(II), el hierro tiene estado de oxidación +2 , dijo; luego con su pluma se deslizo hacia la estructura de la metahemoglobina, y señalo Fe(III), y del mismo modo dijo: el hierro tiene estado de oxidación +3.
      El doctor rompió ese silencio y prosiguió la metahemoglobina de Jeremy no es capaz de trasportar el oxigeno, a los tejidos como si lo hace la hemoglobina, esto por que siente afinidad por el oxigeno, esta afinidad existe debido a que en la metahemoglobina el estado de oxidación del hierro es + 3.

      Ya que quede con muchas dudas decidí investigar y encontré que: “cuando un elemento, se une a otro elemento, el átomo tiene tendencia a completar en sus últimos niveles de energía una cantidad de ocho electrones, lo que se conoce como la regla del octeto, para así tener una configuración electrónica similar a la de los gases nobles y lograr una mayor estabilidad en sus cargas”
      El estado de oxidación, se refería al número de electrones, que el átomo debe perder o ganar, a la hora de formar un compuesto, para completar en sus últimos niveles de energía, ahora bien acerca del signo “cuando el átomo necesita perder electrones, para completar su octeto el estado de oxidación, tiene signo positivo mientras que cuando debe ganar electrones su estado de oxidación es negativo”
      En efecto, era verdad en el Fe2+ el hierro pierde 2 electrones, mientras que en el Fe 3+, este ha perdido 3 electrones, estos son los dos únicos estados de oxidación del hierro (Fe),
      En el transporte del oxígeno ocurre una reducción, llamándose así reacciones de OXIDO-REDUCCIÓN”.
      Fue en ese punto, en el que empecé a encontrar problemas con la hemoglobina de Jeremy, si en la metahemoglobina existe Fe3+, y este debe asociarse con el oxígeno, ¿a qué estado de oxidación pasaría?

      La reacción no sucede: el Fe3+ al perder un electrón, quedaría con estado de oxidación 4+, que en realidad no existe ya que es muy inestable.

      El doctor menciono diversos tratamientos sin embargo todos tenían sus contra-indicaciones, debíamos tomar la mejor decisión para el bienestar de Jeremy, el doctor se comprometió acelerar todo el proceso para el tratamiento lo más pronto posible, todo transcurrió con normalidad desde ese entonces y hasta el día de hoy, ya tiene 16 años termina su secundaria su decisión como carrera universitaria es la química aquella ciencia en la que hacía unos años atrás me había interesado para entender la enfermedad que padecía nuestro hijo Jeremy.

      FIN.

      A CONTRATIEMPO

      A CONTRATIEMPO

      El tiempo apremia. La noche es fría y yo estoy cansado pero sé que no he de parar.
      Ellos me buscan, me acosan con su ruidosa comparsa.
      Sé que me queda poco tiempo pero tengo que terminar mi manuscrito y desarmarlos con la tinta de mi pluma. La gente ha de saber, ha de apostar por su futuro lejos de descarnados sermones.
      El frío atenaza mis manos y las vuelve torpes. La tenue luz no me permite ver con claridad a estas horas de la noche. Mis ojos cansados insisten en cerrarse pero mi alma los hostiga a continuar.
      El sótano es demasiado húmedo pero aquí es el único lugar donde puedo desplegar los utensilios del laboratorio. En la Universidad ya me es imposible seguir investigando. Ellos lo saben y por eso me buscan. A ellos no les interesa el avance, sólo se centran en su ferviente creencia para garantizarse su omnipotente poder.
      Dudo en el primer paso. Tiembla el escalpelo en mis manos.
      Son ellos los que me han proporcionado este muerto. Lo sé porque es Gerardo López de Eresma, mi profesor, mi mentor, mi mejor amigo y colega. Lo han matado a sangre fría, sin juicio. Lo dejaron en la puerta de la casa de mi madre a modo de advertencia. El dolor que sentí podría haber acabado con la poca serenidad que me queda pero sé que Gerardo me hubiera alentado a continuar.
      - ¡Utilízame! Haz de mi fracaso tu éxito.- Me hubiera dicho.
      Y aquí estoy yo, abriendo el pecho de mi queridísimo amigo para terminar nuestro estudio sobre la circulación de la sangre en el cuerpo humano.
      Su corazón ya no late y las lágrimas empañan mi ánimo. Podría mentirme y pensar que estoy estudiando un órgano deshumanizado, pero no puedo resistirme a pensar que este corazón ha latido con pasión, ha sentido dolor ante la injusticia o se ha estremecido ante la belleza humana.
      No puedo permitirme este tipo de pensamientos. Tengo que seguir por él, por mí, por mis coetáneos y por el progreso. Sé que no soy el único. Somos muchos los que intentamos descifrar la maquinaria del cuerpo, cómo funcionamos. Estamos muy cerca de concluir con éxito nuestros estudios. Lo lograremos aunque tengamos que correr riesgos. Es duro pero será gratificante al final. Todo saldrá a la luz y el mundo tendrá que saber que hay algo más allá de la única fe. Y eso es lo que ellos temen.
      Ellos son los que han provocado la debacle. Ellos nos quieren sesgar la esperanza. Ellos, que con su único pensamiento, asolan los campos de la razón. Ellos, que promulgan valores de la moral para su propio beneficio. Adoctrinan con zafias mentiras al vulgo inocente. ! Los maldigo! ¡Los maldigo por su mala fe! ¡Por su egoísmo imprudente!
      Si al menos mi estudio fuera a parar a buenas manos. Si supiera que con nuestro sacrificio el mundo pudiera tomar mejor rumbo.
      ¡Quieto! ¡Silencio! oigo voces al final de la calle. Ya están tomando la entrada al callejón. Ya deben saber dónde me hallo. ¡No, ahora no! ¡Me falta tan poco!
      Bajan las escaleras que lleva a la puerta de mi estudio. Parecen muchos. Sus pisadas resuenan como caballos de batalla galopando hacia el combate.
      Siento que mi vida va a expirar. Tengo miedo. Ya están aquí Gerardo. No nos van a dar más tiempo. No tengo escapatoria amigo. Mi vida acabará a tu lado. No pienso dejar que me expongan ni que me humillen con sus juicios moralistas. No podría ver como nuestro trabajo es denostado bajo ojos aviesos que no saben de verdades ni de progreso. Sé que nuestro trabajo saldrá a la luz cuando la gente esté preparada. Cuando los gobernantes tengan el suficiente conocimiento para separar lo humano de lo divino. Cuando las personas sepan salir de esta vacía oscuridad.
      - ¡Doctor Álvaro Gutiérrez de Toro, abra la puerta al comisario del Tribunal de la Santa Inquisición!

      RECICLAJE: PRESENTE, PASADO Y FUTURO

      RECICLAJE: PRESENTE, PASADO Y FUTURO

      Caminamos por un suelo especial. Las baldosas móviles hacen girar micro-turbinas, gracias a la fuerza de nuestros pasos sobre ellas. Así la energía, que no se crea ni se destruye, se transforma, recorriendo circui-tos.Los ciudadanos, en sus paseos, van produciendo energía que enciende la luz de las farolas. De madruga-da estas se alimentan de esa energía, así como de la que produce el peso de todo automóvil que pasa, me-diante captadores distribuidos por las calles.Todo se aprovecha así. Todo de algo sirve aquí. Desperdiciar al-go es un lujo.
      Nuestras gabardinas, con innumerables sensores diminutos, recogen nuestro calor corporal, aparte de la energía que desprende cada uno de nuestros movimientos, y almacenan todo ello en pequeños acumuladores para después destinarlo a diferentes usos domésticos.
      Se experimenta ahora con unos pequeños tubos que recogerán el calor y la fuerza de nuestro aliento en ca-da respiración. Esto permitirá un impresionante almacenaje de energía para usos futuros. Ya no podemos de-jar de soñar.
      Desde hace siglos nuestras papeleras tienen diferentes compartimentos para diferentes materiales.
      Como ya supondréis, todo comenzó recogiéndose todo rayo de sol, todo soplo de viento, toda agua de lluvia.

      ¡Menudo Laboratorio!

      ¡Menudo Laboratorio!

      Si miras por el microscopio de la imaginación descubrirás un laboratorio diminuto: el de la Placa Petri. Para los que no sepáis qué narices es esto, os diré que se trata de una cajita circular y plana que los científicos utilizan para cultivar células, observar la germinación de semillas o examinar el comportamiento de pequeños organismos. Así que os podéis ir haciendo una idea sobre el microuniverso que se esconde ahí.
      Os presentaré primero al Doctor Billy Rubina, un apasionado por todo lo amarillo, desde estudiar el carácter escurridizo de la piel de plátano, hasta terapia psicológica para la depresión con rayitos de sol, pasando por
      la variedad de tonalidades de una yema de huevo. Estudios que han sido reconocidos con numerosos premios y medallas de oro, como no podría ser de otra manera, dada la querencia del insigne investigador por este color.
      De la Doctora Esther Oides, a pesar de ser una eminencia en su área, todos comentan que tiene un carácter agrio. Quizá porque esté hípervitaminada e híperhormonada. Pero no puede evitarlo. Es intrínseco a su forma de ser y actuar. A muchos su trato cotidiano les pone del hígado. Y es que ser miembro de la familia Colesterol no tiene buena prensa.
      Junto a su despacho, se encuentra el departamento de la Doctora Ameba Glucósida. La más pequeña y golosa de todas las investigadoras de Petri. Se pasa el día entre moléculas de tarta de chocolate, gotas de sirope de fresa, y haciendo helados de leche merengada con nitrógeno líquido. Todos la adoran por su dulce personalidad, aunque a veces pueda resultar un tanto empalagosa.
      Al fondo del pasillo, a la derecha, se encuentra el mini árbol de la ciencia. Allí trabaja el Doctor Mono Sacar Ido. Un primate tan divertido como loco. Siempre se anda por las ramas y suele abastecer de plátanos al Doctor Billy Rubina . Y entre liana y liana, está enredado en el estudio de la evolución , con la esperanza del que el hombre involucione a simio.
      Aislada en una burbuja, labora la física Eva Poración. Todo lo que toca lo convierte en gas o en vapor. Muy apreciada en épocas de inundaciones porque lo recoge todo en un pispás. Y últimamente muy solicitada en la cocina de vanguardia por sus fórmulas de cambio de estado, donde un vino de reserva puede convertirse en una nube roja que nos llueva gotas de Rioja.
      Son cientimagos y cuentíficos.Seres invisibles al ojo humano que pueblan la Placa Petri. Donde los experimentos avanzan sobre la base de la ciencia e inspirados por la imaginación.

      ¡Una biblioteca con mucha energía!

      ¡Una biblioteca con mucha energía!

      El edificio oscureció. La puerta se cerró de golpe. Dos vueltas de llave y un silencio absoluto ¡perfecto! Aun así, ellos esperaron. Había que cerciorarse pues Eloísa, la bibliotecaria, aunque era meticulosa, hacía tiempo que olvidaba cosas y volvía a buscarlas.
      Era una biblioteca de dos plantas. Nosotros estábamos en la superior, sobre estanterías perfectas para sostenernos. En ellas se leía una clasificación: Ciencias Aplicadas. Energía.
      La biblioteca perteneció a un antiguo propietario de la casa que tenía afición por la temática energética, así somos muchos los que estamos alojados en los mismos estantes. ¡Lástima que actualmente han ido llegando unos “advenedizos” que se jactan de saberlo todo!
      ¿Quién es el advenedizo? - Preguntó Súper-gas, un corpulento ejemplar de traje naranja, similar al de la bombona de butano-.
      ¿Quién va a ser?, yo, Comandante Fósil, soy el más antiguo y el que durante siglos ha abastecido de carbón a la Tierra.
      Porque te hagas llamar Comandante Fósil, no creas que eres el mejor –dijo Chica Oíl-. Su pelo, cuan larga carretera, evocaba el uso de esta energía en el transporte.
      ¡No sé a qué viene tanto ruido y tanto humo! –saltó Álvaro Neutrón, una partícula sin carga eléctrica- soy el que junto con mis colegas Protón y Electrón, nos juntamos y formamos un átomo. Ademas, nos gusta colaborar con los científicos.
      ¡Claro que colaboramos! – Afirmó Uro, una pastilla de uranio cilíndrica, que era utilizada para generar electricidad con poco combustible en los reactores nucleares-.
      Perdonad, pero unos sois contaminantes y otros peligrosos por los residuos que generáis –borboteó H2O-. Deberíais saber que con el agua se puede producir energía hidráulica y mareomotriz.
      Sí, pero resultas muy caro, y cuando hay sequía ¿qué? –Exclamó Eolus- Tenía un cuerpo largo y delgado como el viento. La energía eólica es respetuosa con el medio ambiente.
      ¡Callaos! –Dijo Comandante Fósil- ¿no oís un ruido metálico, ¡Mirad por la ventana, ese destello azulado! -Exclamó Súper-gas- Una cegadora luz procedente del cielo caía hacía el patio posterior de la casa. Se asomaron sigilosamente viendo asombrados aterrizar una aeronave y salir de ella numerosos seres.
      -Se reunieron y comenzaron a hablar entre ellos– ¡Ya hemos llegado! Estos habitantes disponen de muchos tipos de energía que están despilfarrando e incrementando los gases de efecto invernadero. ¡Y nosotros necesitamos esa contaminación para retroalimentarnos!, millones de toneladas de CO2 que nos harán indestructibles. Exterminaremos todo tipo de vida y toda su energía contaminante será nuestra. Una vez nos hayamos recargado nos será mucho más fácil multiplicarnos ¡Cuando tengamos todo el Planeta, conquistaremos otros!
      Nos miramos horrorizados al escucharlo ¡Tenemos que hacer algo! –Exclamó Súper-gas- ¡Sí, sí, rápidamente! –Añadió Chica Oil-. Por primera vez estábamos de acuerdo en trazar un plan. La Tierra estaba en peligro y nosotros éramos los únicos en saberlo, ¡debemos evitar la invasión!
      ¡Actuemos a la vez! –Ordenó Comandante Fósil- Eolus, tú te encargarás de limpiar el aire de contaminación. Nosotros le ayudaremos –exclamaron Álvaro Neutrón y Uro-
      Avisaré a la población -apuntó Chica Oil- Tienen que dejar de contaminar la Tierra.
      Yo haré otro tanto –dijo H2O emergiendo del fondo de la sala- el agua es crucial, la sociedad no puede sobrevivir sin ella.
      Comandante Fósil y Súper-gas se miraron. Eran los que más experiencia tenían en la Tierra desde tiempos remotos. Decidieron que Comandante Fósil enseñara a la Humanidad a extraer los combustibles fósiles para no dañar al medio ambiente. Súper-gas se dirigiría al otro extremo del Planeta, solicitaría colaboración técnica para el suministro de energía, donde se requiriera, pero sin contaminar.
      Pasaron las horas y la noche empezó a cambiar de un modo extraño. Hacía muchos años que no había estrellas, solo negrura, pero poco a poco empezaron a aparecer otra vez los astros. ¡Eso era buena señal!
      Comandante Fósil llegó primero y gritó contento ¡Rápido, entrad, está amaneciendo! Una vez dentro de la biblioteca, comenzaron a contar lo que habían realizado durante la noche. El futuro pasaba por utilizar diferentes fuentes de energía, de modo conjunto.
      Estaban tan exhaustos, que no oyeron las llaves de Eloísa ¡Rápido! –Dijo Chica Oil- ¡a los estantes! Pero no les dio tiempo. Eloísa, al abrir, sintió una fuerte corriente –qué raro pensó, mientras subía las escaleras-. El ventanal estaba abierto y… ¡o no! - había muchos libros tirados por el suelo, hojas dobladas, portadas sucias - ¿Pero ¿qué ha pasado aquí? Yo dejé todo cerrado y los libros colocados ¡que desastre, mis libros…! –Se lamentaba Eloísa- Seguro que algún pillastre ha estado desorganizándolo todo, ¡qué disgusto, con el día tan bonito que ha amanecido hoy, hacía años que el Sol no era tan radiante.
      Cogió los libros cuidadosamente ¡Ya sé que voy hacer! Organizaré una exposición sobre medio ambiente. Conviene que todos sepan los diferentes recursos energéticos que tenemos y aprendan a respetar el entorno natural.

      ¿Ciencias o letras?

      ¿Ciencias o letras?

      Mi abuelo me contó una vez esta historia sobre números y letras:

      Iban paseando un conjunto de números cuando se cruzaron con unas letras. Inmediatamente giraron la cabeza ignorándose mutuamente. Los números no querían saber nada de gente tan imprecisa, las letras odiaban a individuos tan racionales. La letra “a” una de las más locas gritó : “Ya está bien de esta rivalidad ancestral, establezcamos quien es más importante mediante unas olimpiadas y que los derrotados se sometan a los vencedores”.
      El representante de los números iba a ser el 1 pero al final acordaron que fuera el cero que estaba antes. Las letras pensaron que debería de representarlas la “a” pero decidieron que fuera el espacio que aunque no era una letra, era imprescindible para formar palabras (incluso en alemán).
      La primera prueba consistía en hacer un grupo con unos pocos elementos y establecer cual era más significativo. Los números, velozmente se agruparon en “299792458”, las letras en “pasar“. Los números dijeron que su agrupación significaba una constante en todo el universo, las letras que la suya tenía hasta sesenta y cuatro significados diferentes. La siguiente prueba era sin límite de elementos, los números formaron una agrupación infinita que comenzaba por “3,141592……” y las letras una un poco más corta que empezaba por “Me gustas cuando callas porque estás como ausente………”
      La crispación total llegó cuando el cero y la o mayúscula comenzaron a pelearse y no se distinguía quien era quien. Al final todos se dieron por ganadores, y ninguno se tuvo que someter al otro, eso sí, desde entonces ni se miran. :-)

      ¿Qué tal en el laboratorio?

      ¿Qué tal en el laboratorio?

      Hoy he visitado a papá. Por primera vez desde que le diagnosticaron la enfermedad -hace casi tres años- ha deslizado su mirada por mi rostro sin encontrar un solo recuerdo al que aferrarse. Me senté a los pies de su cama, le acaricié la mano y le susurré su nombre. Él me sondeó con sus ojos brumosos. Examinó mi pelo, mi nariz –siempre han dicho que es igual a la suya-, mis orejas, mi barba… Con la expresión impotente del alpinista que tantea un gran risco y solo se topa con roca pulida bajo sus yemas. “Tiene días”, murmuró mamá a mis espaldas, apoyada contra la jamba de la puerta. Al oírla papá se incorporó en la cama y alzó la vista. Paseó sus pupilas mudas por el cuarto hasta que pareció reparar en un punto lejano, situado más allá del techo. Un minuto después se dio la vuelta en silencio y dejó caer la cabeza sobre la almohada, mirando hacia la ventana. A través de las cortinas se veía un pedazo del cielo gris de febrero. Unos vaqueros retorcidos goteaban desde el tendedero del vecino. “Tiene días”, volví a oír detrás de mí. No me giré. Asentí. Carraspee sin ganas. Apoyadas aún sobre la colcha de lana, sentía cómo las palmas de las manos se me empezaban a perlar de un sudor frío. Pensé en levantarme, darle un beso en la frente a mi padre y llevarme a mi madre a la cocina. Contarle allí lo del ascenso de Carmen, ponerla al día de las últimas andanzas de los niños en el colegio, hablar del tiempo... Espantar la pregunta que –estaba convencido- pugnaba por salir de sus labios hacia la atmósfera viciada de aquel cuarto.

      - “¿Qué tal en el laboratorio?”

      Pero allí estaba.

      La exhaló.

      Sin la inflexión propia de una pregunta, sin pausas.

      Su voz, supurante de dolor e impaciencia.

      Le respondí que bien. Seguía de espaldas a ella, pero escuchaba el roce de sus vaqueros cada vez que sacudía la pierna, nerviosa. “¿Se ha solucionado lo de la beca? ¿Os han dado ya el OK de Bruselas?”, insistió. Asentí de nuevo. Esta vez solo con una ligera inclinación de la cabeza. Frente a mí veía cómo el hombro de papá emergía y se sumergía entre las sábanas con cada bocanada. Se había quedado dormido. “Bien, me alegro; eso está bien… Así podréis contratar a más gente”, musitó mi madre. El rumor de su pierna al rozar la jamba se había acelerado. Cerré los ojos. Nos recordé a papá, a mamá, a mí, en aquella misma habitación, hacía nueve años, cuando les comuniqué mi decisión de dejar la plaza de Neurólogo en Vigo y mudarme a Barcelona. La escena seguía impresa en mis retinas y en mi oído: de pie, a solo unos pasos de donde ahora yacía ajeno al mundo, mi padre había gesticulado y bufado, había negado con vehemencia. Me había reprochado mi egoísmo. Sentía aún su voz grave resonando entre aquellas paredes, un eco que se entremezclada ahora con sus ronquidos y el rebullir inquieto de mi madre en el vano de la puerta. “El chico sigue su camino”, le repetía mi madre. Más tarde, aquel mismo domingo de hacía casi una década, ella me pondría la mano sobre el hombro y me susurraría: “¿Por qué”. Yo le había contado entonces lo de la Fundació ACE, sus proyectos, la oferta de Martí para dirigir la investigación contra el Alzheimer… cuando el Alzheimer no era más que una sombra lejana, un fantasma de apellido bávaro que se cernía sobre otras familias, no sobre la nuestra. Hacía de aquello nueve años. Y todas las palabras que entonces pronuncié, todo mi entusiasmo, flotaban ahora en el cuarto.

      - “Mamá…” –Sentía la boca pastosa, agarrotada. Mi voz me sonaba ajena. Distante, como si estuviese atrapada a medio camino entre las conversaciones del pasado y las que estaban pendientes. Quise explicarle a mi madre, pero las palabras se me atragantaron- “En el laboratorio... Todo bien”.

      ¿Quién soy?

      ¿Quién soy?

      ¿Sabéis quien soy? Os daré una pista:
      Mi papel en esta vida, en este ciclo vital no solo el tuyo, sino también de los que venían antes de ti y de los que vendrán después, es observar. Mi vida comenzó hace millones y millones de años con una gran explosión que dio lugar al mundo maravilloso en el que vivís y en el que de una forma u otra, también yo hago acto de presencia.
      Tras esta gran explosión y años y años de soledad, al fin apareció el hombre. Poco a poco domando a sus duros enemigos como el fuego y con la aparición de la escritura, dieron el gran paso para ser una verdadera civilización, creando la agricultura y ganadería. Pero no solo en este momento comenzó el desarrollo de vuestra sociedad, también fue el comienzo de las guerras por dominar territorios que al final y al cabo son solo tierras, cuyas batallas siguen librándose hoy en día.Y así la sociedad fue evolucionando...
      Recuerdo grandes momentos de la historia, el desarrollo de la imprenta, que hizo que la cultura y antiguas escrituras pasarán de una punta del mundo a otra…llegó incluso un día en el que a estas personas que luchaban por encontrar respuestas a preguntas que formulaban, se les denominaron científicos: y éstos trajeron a la sociedad grandes hallazgos a través de fórmulas matemáticas y físicas; además de inventos como el ferrocarril o el teléfono mejorando infraestructuras y las comunicaciones; también les debemos aquellas máquinas que atraviesan los cielos y que pueden volar como pájaros. Hasta pisar la luna y salir del planeta Tierra para descubrir que es lo que hay más allá.
      Han pasado millones de años, pero todavía sigo viendo a personas que luchan por el conocimiento, por encontrar algo desconocido o por explicar algo inexplicable. Si vuestros antepasados pudieron cumplir sus sueños y vencer a sus miedos, estoy seguro que todavía hoy en día viven grandes científicos dentro de cada persona, grandes pensadores que revolucionaran este mundo con sus ideas. Cosa que personalmente, me parece fascinante, la idea de ver como estas futuras personas consiguen demostrar una hipótesis o algo en lo que llevan pensando desde que eran niños.
      Por ello, en este momento la humanidad no me parece tan aburrida, pero últimamente estoy viendo como determinadas personas les cortan las alas a estos grandes pensadores, como la cultura, la educación y la curiosidad empiezan a desaparecer… La sociedad que fue fundada por aquellos hombres que comenzaron a escribir y despertaron esa gran curiosidad en las generaciones venideras, debe de ayudar a que esta curiosidad no muera, porque sin ella no hay ciencia, sin ciencia no hay grandes pensadores y sin grandes pensadores, la sociedad me volvería a aburrir y me sentiría infinitamente solo.
      Escriban, piensen e imaginen, porque ¿quién pensaría hace millones de años que seriamos capaces de pisar la Luna o de comunicarnos con una persona que se encuentra en la otra mitad del planeta? Sus ideas no son locuras, y si les dicen locos, díganles que las mejores personas lo están.
      ¿Todavía no saben quién soy? Soy el tiempo, y seré el espectador de vuestras grandes obras. Solo me queda una cosa que decirles: Sueñen futuros científicos.

      ¿Soy yo o eres tú?

      ¿Soy yo o eres tú?

      Departamento de Neuromodulación, Neurocirugía y Neurociencia Avanzada de la Universidad Xiang-Lee.

      Dr. J.Macbrain, Día 1/11/2017 a las 12,00 hr. A.M., Tomo 3, Página 1.113 :

      Después de años de Investigación y enfrentarme al sistema más complejo que posee el cuerpo humano, he de sintetizar todo mí egocentrismo en esta pequeña bitácora donde anoto exhaustivamente toda consecuencia de la irracionalidad de mi pensamiento heterodoxo, acuñado en esta pequeña batería de preguntas a mi buen amigo, colega y paciente el Dr. Q., que durante dos interminables años ha sido mí cobaya y que servirá de cebo para las más vastas elucubraciones de los más racionalistas y abnegados colegas:

      Dr. M.: ¿Quién eres?

      Dr Q.: Mis iniciales son F.Q., y no profundizo más en mi nombre para no comprometer este experimento. Era profesor de psicología clínica y filosofía de la Universidad de… permíteme que lo obvie….

      Dr. M.: ¿Mí estimado amigo y colega, en tu situación, eres capaz de resaltar lo más destacado de tu enfermedad?

      Dr. Q.: Mi buen amigo John, eres un loco profundo y a su vez todo un mundo de cordura y genialidad….Mis espasmos me lo recuerdan a diario, mi babeante rostro hipotónico y sin reflejos lo susurra a mi conciencia. Mi extrema debilidad muscular, hace que no controle lo más mínimo de mí….., me ha paralizado para siempre. Mi corteza cerebral es una masa de moribundas neuronas motoras, que están acabando como yo. Por eso llevo tanto tiempo a tu lado mi buen amigo, me has devuelto ese amor por la ciencia que había perdido.

      Dr. M.: Después de estos años insufribles, de experimentos múltiples en tu retorcida anatomía, de ensayos clínicos, terapias génicas y con células madre, veo que no has perdido la sensatez, pero, ¿has perdido la fe?

      Dr. Q.: He perdido la fe en mí, pero confío en el hombre, en su capacidad de riesgo, en su solvencia y genialidad. Somos seres absolutamente geniales pero tremendamente perturbables. No sé si la tengo en Dios, yo no atento contra él, esto es un desafío científico, un intento de saltar la profundidad de la genética y la inteligencia universal que nos domina. Al fin y al cabo hemos sido programados para morir, pero no dudes que esta especie bípeda rasgará los entresijos de la vida y demostrará en un futuro que la ciencia es fe y la fe es ciencia.

      Dr. M.: Indiscutiblemente amigo mío. La doble hélice se enrollará por millares de pares y mutaciones. Se podrán clonar, paliar y curar diversas enfermedades con terapias génicas y con células madre. Existirán miles de agentes exógenos que mutarán lo escrito una y otra vez. Al fin y al cabo somos pura biología. Y sí, trabajamos sobre una inteligencia universal preestablecida, pero, ¿crees en la vida después de la muerte?

      Dr. Q.: Como hombre de ciencia diría que somos, eso, biología. En mi situación actual, y dado los avances científicos y hechos recurrentes en diversos aspectos de la medicina paliativa, quiero pensar que hay algo que la ciencia no quiere o no sabe responder. Someter parámetros, ensayos, tesis, dogmas científicos a la voraz religión es un hecho descabellado. No más descabellado que mi fin y posterior inicio.

      Dr. M.: ¿Sabes por qué estás aquí?

      Dr. Q.: Como el bueno de Charcot diría “Los buenos son los que se contentan con soñar aquello que los malos hacen realidad». Se perfectamente a lo que he venido y espero que no sea solamente a subir tu ego. No me importan las críticas, ni las moralidades iracundas. Es mi vida, mi conciencia, mi intelecto y mi alma la que proveen a este amasijo de células y órganos atrofiados de aquello que me preguntabas. La fe.

      Dr. M.: F.Q., Para a los que la ética no infecta y afecta para salvar un organismo con un problema degenerativo, y una vez que ambos sabemos que tu ELA es un asunto terminal, debo de reconocer que el paso que vamos a dar es tremendamente ambiguo y utópico para algunos.
      Dada las graves secuelas musculares que se han producido en tu rostro, tendré que inducirte al coma y congelarte previamente a unos -20 Grados Celsius. Pasaré a realizar la separación de tu masa encefálica con un bisturí a escala nanométrica. Posteriormente una vez seccionada la médula espinal y conexiones cerebrales, procederé a la unión con el cuerpo donante mediante nanomoléculas programadas con óxido de etileno y células madre de mi médula espinal dado que somos totalmente compatibles. Así te mantendré un mes amigo mío, un mes sin verme, oírme ni rebatirme. Solo me surge la curiosidad, ¿Qué dirás cuando te veas?

      Dr. Q.: Viendo que me inundarás con tus células alocadas seguro me preguntaré ¿soy yo o eres tú?.

      "Había una vez..."

      "Había una vez..."

      HABÍA UNA VEZ…
      VII Concurso de relatos de inspiración científica
      Había una vez una especie de mago de larga barba y gafas de “culo de botella”, que con su bata blanca, su microscopio, sus ratones y sus pócimas, que sólo él conocía, perdía las horas no sé sabía bien en qué … ¡Qué manera de desperdiciar el tiempo en pleno siglo veintiuno, cuando había tantas cosas que hacer! Pensaba cierto sector de la sociedad ninguneando su labor.
      Existía pobreza, desempleo entre los más jóvenes de los países desarrollados y hambre como nunca se había conocido hasta entonces, debido a las guerras que unos locos fundamentalistas habían comenzado y que no tenían previsto acabar, por las que masas de gente habían tenido que huir de sus países buscando refugio en otros pueblos, que les negaban el asilo…
      Y mientras, esta especie de alquimista con sus probetas, ensayando sabe Dios qué nueva fórmula...
      El doctor de la bata blanca era constante y no cesaba en su empeño, seguía y seguía haciendo mezclas con sus innumerables probetas para posteriormente experimentar con los ratones y analizar los resultados.
      Ahora se había propuesto investigar en torno al Alzheimer, desenmascarar esa palabra maldita, que estaba haciendo estragos en personas cada día más jóvenes, que olvidaban sus nombres, sus vidas y sus recuerdos y vivían en un mundo perdido en el que ni ellos mismos sabían por quéde pronto se encontraban en un sitio que no era el suyo, con una mochila que apenas contenía vagos y distorsionados recuerdos de su infancia y en ocasiones ni eso…¡Merecía la pena ponerse manos a la obra para tratar de aliviar la vida de esa gente, cada vez más joven y numerosa, que estaba destinada a pasar los últimos días de su vida sumidos en esa nebulosa, sin saber por qué les había tocado a ellos!
      Hoy, iba a ser un día de suerte para esta investigación, un rayito de luz salía a la palestra: Se había hallado uno de los mecanismos genéticos que desencadenaban la degeneración neuronal en el Alzheimer.
      ¡Enhorabuena! Era un peldaño más en la interminable escalera que supone la lucha contra esta palabra impronunciable. Sí Enhorabuena y Gracias por todo lo que este eslabón suponía de esperanza, no solo para los afectados sino también para sus familias que se sentían impotentes y perdidas ante esta cruel enfermedad.
      Pues sí, la investigación parece que serviría para algo: Se había dado un paso más en la lucha contra este mal, que desgraciadamente, tanta actualidad estaba cobrando.¡ Para que luego las malas lenguas vayan por ahí desvirtuando la labor del investigador, pregonando que no se sabía en qué se invertía el dinero que los gobiernos destinaban a este sector! Sí estamos de acuerdo en que quizá había prioridades más básicas e inmediatas, como erradicar el hambre, la pobreza, las guerras, el terrorismo,prioridades a las que destinar los presupuestos del Estado; pero no por ello deberíamos olvidar que la sociedad no avanzaría ni podría evolucionar sin la ayuda de una buena investigación en todos los niveles.
      Muy lejos queda ya esa figura de investigador con las lentes de “culo de botella” y barba blanca. Los investigadores de nuestro tiempo son ahora jóvenes (chicos y chicas), sobradamente preparados, que están esperando una oportunidad para desarrollar sus ansias de descubrir nuevos mundos, cumplir los objetivos que se marcaron cuando estaban formándose y generar así nuevos conocimientos. Para ello tienen que ser guiados por los más veteranos que son fuente de esos conocimientos en los que basarse. Es así como la ciencia fluirá, trasmitiéndose de unos a otros, sin fronteras gracias a los nuevos métodos de publicación como son el “OPEN ACCESS”, en el Programa Horizonte 2020 de la Comisión Europea, entre otros.
      Perdón porque un inexperto, que se ha metido a hacer de cuentacuentos por un instante y que a través de una forma sencilla quiere defender la importancia de la Ciencia, lo interesante y gratificante que puede llegar a ser en un mundo, que tiene prisa por llegar a todo en un tiempo récord, con el mínimo esfuerzo.
      Ánimo a todos los que estáis en ese mundo mágico de la Investigación y la Ciencia; no desfallezcáis ante las dificultades; ánimo a los que empezáis con esa ilusión primera; a los que estáis hartos de la monotonía y de las trabas y ánimo a todos los que en breve os iréis del mundo laboral para que sepáis trasmitir vuestro gran conocimiento a las jóvenes generaciones , conocimiento sin el que no puede avanzar la Ciencia y Gracias a todos por participar en este mundo tan maravilloso y multidisciplinar . ¡Gracias por ser científicos!
      Había una vez una probeta, un ratón, un microscopio…junto a un señor de bata blanca.


      Hormiguita

      "He visto una luz"

      "He visto una luz"

      “Abril, año 3050
      El cielo es color caramelo. La temperatura oscila entre -140ºC y 20ºC. Estamos sometidos a frecuentes tormentas que desestabilizan el ánimo a cualquiera y no solo el ánimo, también los refugios, pertenencias y hasta el alma. Los días solían durar 24 horas 39 minutos y 35 segundos antes de que la “gran destrucción” modificara todas las órbitas. Ahora se aproximan a 40 horas según un antiguo reloj cuántico.

      Nuestro metabolismo, adaptado a estas condiciones, nos permite subsistir con concentraciones mínimas de oxígeno y minúsculas ingestas semanales de minerales, que encontramos cada cierto tiempo y que acumulamos como “sagimroh”. También compartimos otros hábitos con estos animales ya que tenemos galerías subterráneas aislantes de las condiciones extremas superficiales.

      Sorprendentemente, las bases de datos contemplan que el amor por la naturaleza va intrínseco desde el genoma de nuestros antepasados hasta el nuestro, quizá fundamentado en la condición naturalista de aquellos que formaron la “colonia primordial” así como en el ambiente respetuoso en el que hemos evolucionado.

      Y aunque ahora no dispongamos de naturaleza “natural” la anhelamos como si en algún momento la hubiéramos disfrutado. A cambio disponemos de un pequeño edén, conservado desde los orígenes, que nos permite aproximarnos artificialmente a este concepto, reviviendo lo que algún día fue.

      Vuestras sondas solían romper nuestros habitáculos que siempre confundisteis con formaciones geológicas para nuestra suerte. Nunca tuve rencor, sino extrema curiosidad. Por ello aprendí vuestra lengua, que con tanto empeño mis antepasados trataron de olvidar, y he filmado este holograma. Os ruego que si alguien ha sobrevivido y lo ve, incluya a mi civilización en vuestra historia para no cometer el mismo error que nosotros, que os borramos por completo de la nuestra.

      Disculpad a mis antepasados, nunca perdonaron vuestras acciones y no pudieron devolver los últimos ejemplares a una Tierra que moría lenta e irremediablemente.
      Arutan (para vosotros, Natura)”

      -¡Son ellos! la nave no desapareció, ¡se establecieron en una terraformación subterránea de Marte! -gritó el comandante mientras toda la tripulación continuaba absorta. Aquella niña les había revelado el mayor secreto de su civilización.

      Además, durante la reunión diaria, los exploradores comunicaron el hallazgo de unas galerías y el comandante no dudó en aprobar la inspección. Encontrándose en el año 4500, iba a tratarse de un auténtico yacimiento arqueológico basado en más de dos milenios de historia, al estilo de las ruinas de su añorada Roma.

      Sin embargo, tras un exhaustivo análisis de las galerías, un olor evolutivamente familiar les guió hasta un inmenso invernadero donde para su sorpresa, una enorme variedad de flora y fauna de los más variados ecosistemas terrestres les recibió. Portaban letreros: “sagimroh” (Formica sp.), ¡conservaban la clasificación linneana! De esta forma, en el edén del que Arutan hablaba, acababan de comprender su idioma, que colocaba las letras inversamente. Se encontraban eufóricos cuando les sorprendió el grito de uno de las exploradores.

      Allí estaban, pese a las pocas expectativas, algunos de los descendientes de la “colonia primordial”. Nadie pudo articular palabra hasta que una “mujer” con aspecto muy diferente (les separaban 2000 años de evolución paralela) dijo:
      -Me llamo Etram y conozco vuestro idioma. Ahora que nos habéis descubierto os pedimos respeto para nuestro pueblo y naturaleza.

      El comandante con lágrimas en los ojos la abrazó mientras pronunciaba:
      -Por fin cumpliremos la misión.

      Tras una pausa para respirar retomaron el diálogo:
      -Venimos desde la Tierra -dijo el comandante.
      -Es imposible, la “gran destrucción” se produjo durante el año 3000 -sentenció Etram.
      -Somos la misión “Física por la vida”, al viajar a la velocidad de la luz solo han pasado algunas generaciones desde que nuestros ancestros despegaron en el año 2700 antes de la "gran destrucción". Hemos buscado por numerosas galaxias aprovechando las curvaturas del espacio-tiempo. Nuestra misión era encontraros y llevaros de vuelta al año 2250 antes del despegue de la misión “Ecosistemas en el Sistema Solar” que se llevó la mayoría de ecosistemas. El manejo del que disponemos en la actualidad de los agujeros de gusano nos permite transportar varios de ellos en nuestras naves incluyendo el que nos llevará a ese preciso instante.
      -¿De qué serviría? -cuestionó Etram.
      -El mundo se quedó sin sus últimos ejemplares naturales y sin sus mayores amantes de la naturaleza, y sin ellos, no pudimos frenar al resto. Solamente vosotros podéis convencer a la tripulación de “Ecosistemas en el Sistema Solar”, como descendientes suyos, de que no tomen esa nave y que luchen por sus ideales para salvar la Tierra. Siempre nos creímos los únicos en el Universo, y así nos comportamos, eliminando a todos nuestros compañeros de vida.

      Etram sentenció:
      -Cuando la luz de la Tierra se apagó nuestra civilización encendió una luz en su honor, mantenida desde entonces. “He visto una luz” se convirtió en nuestro himno. Es hora de apagarla y encender la Tierra, tenemos una oportunidad.

      (CON)CIENCIA

      (CON)CIENCIA

      Fotógrafos les cegaban con el flash de sus cámaras, y periodistas esperaban pacientemente a que los investigadores hablaran. Nadie se lo podían creer. Era lo que la humanidad llevaba buscando toda la historia. ¡Y lo habían descubierto ellos! Era sencillamente increíble. Elena y Luis habían comprobado con la ciencia lo que la ciencia no puede comprobar. ¡Habían encontrado la verdad! Después de toda una vida juntos dedicada a la investigación sus experimentos habían dado fruto. Eso sí, los resultados eran una locura, una locura que demostraba la Verdad con mayúscula.

      Experimento tras prueba, prueba tras experimento, comprobaron lo que mucha gente ya sabe pero sin haberlo probado científicamente. Al igual que antes de probar que comer mucho te hace engordar ya se sabía, esto también, aunque mucha gente lo quiera negar para no complicarse la vida. Y lo que demostraron es que la ciencia es mucho, pero no lo es todo. Con Luis a su lado, así resumió Elena su descubrimiento:
      “La ciencia demuestra que hay muchas cosas en el mundo que se pueden medir, comprobar con hechos y datos empíricos, pero ella misma también demuestra que esa no es la única realidad. La ciencia no demuestra los milagros, no sabe por qué nos enamoramos, por qué a mí me gustan las fresas y a él no, o por qué la música de piano unas veces me hace llorar y otras me emociona. Y eso es lo bonito de la ciencia, que siempre quedarán cosas por descubrir, pero algunas nunca las podrá demostrar. La ciencia explica fenómenos increíbles, pero más increíbles son aún los que nunca llegaremos a entender. En resumen, nuestra investigación demuestra lo que queríamos comprobar: que la realidad se compone de ciencia, pero también de conciencia.”

      Ahora que el mundo sabía la Verdad no estaba tan dividido; los positivistas pasaron a ser simplemente positivos y la gente empezó a abrir los ojos a la realidad de manera renovada. Como siempre que se descubre una verdad hubo gente que la rechazó, pero la mayoría de los que la negaban no tuvieron más remedio que replantearse el sentido de su vida. Y los que tras años de creer sin ver fueron despreciados ahora eran por fin reconocidos como portadores de la verdad.

      Y tú que piensas que la vida es solo ciencia,
      ¿acaso esta explica de tu felicidad su ausencia?
      Olvidamos parte de la realidad con frecuencia
      y suele ser lo que más nos influencia.
      No podemos negar en nuestra vida su presencia
      aunque hay corazones que la verdad silencian.
      Salgamos a la calle a demostrar
      la otra parte, la vida, la verdad:
      que la ciencia es necesaria y defendida,
      pero no lo único en esta hermosa vida.

      Abran bien sus corazones a la (con)ciencia de los hombres.

      *El Mesmerizador entre Romeros.*

      *El Mesmerizador entre Romeros.*

      Crispín Rosal era un hombre que rondaba la cincuentena, solitario y quizás, algo misántropo; cierta pose de hidalgo gracias a unas herencias entre las que contaba la finca solariega y destartalada donde vivía, le permitía disfrutar la existencia holgadamente.

      Este excéntrico personaje, tenía una suerte que ya muchos desearían, pues estando así las cosas, recibió un día un telegrama del único familiar que le quedaba, a la sazón ciento tres años tenía el valetudinario, con el que le emplazaba para recibir un nuevo testamento que aún le aseguraría su vejez con certeza. Para ello tuvo que desplazarse a un diminuto pueblo escondido en La Sierra de Espadán.

      Permaneció en esa idílica villa una semana, en la que acompañó al anciano en su lecho de muerte y atendió a las disposiciones de su leguleyo, quien ya le dejó claro que su tío abuelo le legaba debido a ser entre ellos los postreros representantes de la rama genealógica vivos; esto es, no había cariño poético pues ambos eran igual de siniestros e independientes.

      De hecho, en ese sentido, aparte de los cien mil euros, tenía que aceptar unos tomos de crestomatías veterinarias muy antiguos, pero con unas pautas de tratamientos para el mundo animal y todas sus dolencias que eran pioneros y ni siquiera eran conocidos en las más reputadas facultades de la especialidad, ni en España ni tan siquiera Europa. Parecía la parte bromista del aburrido hacendado, que ni siquiera era médico veterinario.

      En cualquier caso, para pintoresco, Crispín Rosal, pues tan aficionado era a la lectura, que dio buena cuenta -soslayando la indigestión mental que suponía- de la mayor parte de los tres volúmenes. Y resumiendo, le quedó el poso de que la ciencia veterinaria era tan relevante o más que la medicina humana, pues reía pensando las sabias palabras de Platón de que que el ser humano, no es sino “Un Bípedo Implume”.

      El último día, Crispín Rosal dando un paseo en las inmediaciones del viejo castillo, tropezó golpeándose la cabeza. No supo cuánto permaneció alelado. Al recuperar la conciencia, se irguió a medias en un inmenso romeral en flor; al otro lado de las matas, una liebre asustada le observaba. Lo primero es que él sintió que le trasmitía unas vibraciones, percatándose además de su estado de ánimo. Y en seguida se identifico con ese animal, de reconocida soledad e independencia. Estuvieron frente a frente un buen rato y después, la liebre quedó dormida, con las orejas formándole un acolchado turbante que le tapaba los ojos con placidez.

      De regreso a su mansión castellana, advirtió que poseía un don. Con una intuición abracadabrante, fue al corral donde criaba conejos y alguna liebre, comprobando una capacidad insólita : Los sumía en una narcolepsia profunda con solo mirarlos, mientras en su cerebro, recordaba al buen albur, las teorías del magnetismo animal de Mesmer aplicadas a los seres irracionales descubiertas en los tratados de antigua veterinaria de las crestomatías de su tío abuelo. Transcurriendo las semanas perfeccionó su terapia, abrazaba al animal levantándolo hasta el pecho; lo masajeaba hasta que perdía algo de gravedad y sus parpaditos “leporis”se deslizaban gratamente. Las patitas ya no le sostenían. Al final la cabeza la inclina y se queda boca arriba, en trance zen. Cuando estos roedorcitos despiertan, aproximadamente a los quince minutos, se muestran relajadísimos.

      Crispín Rosales es desde entonces un estrambótico veterinario “in pectore”. Es un poco menos extraño porque ayuda a los lugareños de su vecindad con los criaderos de conejos, e incluso a los cazadores temporales con liebres que algunos cogen heridas y son incapaces de matarlas. Disfruta de peculiar fama secreta y le cuesta reconocerlo, pero es más feliz. Le ven llegar a sus molinos y casas de labranza con unas ramas de romero que también utiliza como péndulo para hipnotizar a estos encantadores animalitos.




      Y lo que le sucedió en verdad con aquel accidente en pleno monte en su asilvestrada mente, lo saben él y las liebres, pues dicen que le han visto hablar con ellas, y éstas asentir.
      No es de extrañar: Se cree que ahora conoce por ensalmo El Lenguaje de Las Liebres.

      22: Un cuento de cromosomas

      22: Un cuento de cromosomas

      Escribo esta carta para descargar mi conciencia y mi responsabilidad. Durante siglos he sobrellevado mi carga con resignación pero ya no puedo más. Desde la noche de los tiempos los cromosomas hemos hecho y deshecho a nuestro antojo, con nuestros caprichos, con nuestras rarezas… pero ahora todos nuestros secretos se conocen.

      Varios cientos, quizás miles, de seres humanos, algunos tan conocidos como Watson y Crick, Gamow o Severo Ochoa, otros menos conocidos como Chargaf, Rosalind Franklin o Wilkins y otros muy recientes como Wilmut o los investigadores que han desarrollado el proyecto Genoma, han trabajado durante décadas para descubrir nuestro secreto y lo han conseguido.

      Yo soy el cromosoma 22, me han culpabilizado de la esquizofrenia y tengo miedo; yo soy uno de los 46 cromosomas que formamos parte de cada una de los 60.000 millones de células de un ser humano; tengo un cromosoma gemelo y formo parte de una de las 23 parejas presentes en cada célula. Soy pequeñito y procuro pasar desapercibido; no hago mal a nadie (al menos, no lo hago con mala fe) y, sin embargo, me exhiben en los medios como una pieza de caza.

      Nuestra vida no es fácil; además de la responsabilidad (se cuenta que a la pareja 24 la echaron porque cometió un fallo y tuvo que integrarse en el genoma de una levadura), está el trabajo constante, 24 horas al día, 365 días al año, sin festivos, ni vacaciones, ni trienios, ni homenajes... Y luego está el stress, la profesión de cromosoma es junto con la de anestesista y profesor la que tiene un mayor grado de infartos y depresiones severas.

      Una vez una parte de mí se introdujo en una célula llamada gameto; fueron tiempos difíciles, convulsos, extraños... ; recuerdo con horror como fuimos separados de nuestros hermanos gemelos. Nos dimos cuenta de lo mucho que se echa de menos aquello que parece que nunca se va a perder, aquello que puede llegar a sobrar, molestar, o estorbar de tanto estar junto a nosotros. Pasaron unos días, duda sobre duda, llanto sobre llanto. Hice gran amistad con dos huérfanos como yo: el 13, alias "el gafe", y el 7 que ahora quiere que le llamen “CR7”.

      De pronto un día un bullicio sin par se desató. Los receptores no paraban de enviarnos señales de un ataque sin cuartel. Millones de enemigos, muy rápidos, que incansables intentaban romper nuestras defensas y asaltar nuestra fortaleza. Lo intentamos pero los agresores comenzaban a hacer mella en nuestras defensas, el fin estaba cerca. Aún recuerdo el momento en que llegó la última señal: "El enemigo, superada la feroz resistencia, ha franqueado nuestras defensas y se dirige al núcleo de forma imparable". Y el terrible enemigo no fue una cohorte de virus asesinos sino una cuadrilla de cromosomas, tan asustados como nosotros, sudorosos y cansados pero muy viriles. Enseguida comenzaron los flirteos, los juegos, los bailes… las divisiones celulares.

      A lo largo de mi vida he vivido multitud de revoluciones pero sin duda hay una que recuerdo especialmente. Es algo que llaman Ingeniería Genética que es una manera muy fina de llamar a una desvergüenza que consiste en toquetear, cortar, pegar, copiar y, en definitiva, desmantelar los cromosomas de cualquiera para, supuestamente, mejorarlos produciendo proteínas, curando enfermedades... Para colmo los seres humanos cada vez que consiguen un éxito se lanzan a patentar dicho descubrimiento con el despreciable fin de conseguir explotar económicamente su logro. Llegan incluso a paralizar investigaciones que podían salvar cientos de vidas humanas.

      Lo de las proteínas tiene guasa. Tanto rollo con que somos la clave de la vida pero en realidad nuestra única función consiste en fabricar proteínas; eso sí, muchas, muy distintas, específicas para cada ser vivo y función. Tanto misterio de "Enzimas S.A., con servicio las 24 horas", de copias, de secretos y códigos para llegar a formar una proteína, una simple acumulación de aminoácidos.

      A pesar de estar repetido miles de millones de veces me gusta pensar que soy único, quizás por ello empiezo a arrepentirme de lo que estoy haciendo. No sé si esto es un desahogo o sirve para hundirme más en la miseria, quizás soy un cobarde esquirol al que la historia castigará o un libertador heroico. Mucho me temo que mis compañeros no van a saber comprenderme y eso me hace dudar. Yo no quiero causar daño a los míos ni colaborar con el enemigo pero busco lanzar a la luz nuestra terrible situación; quizás de esta carta surja la O.N.G. "cromosomas sin fronteras", una web o la venta de gorras y camisetas con eslóganes como "Yo también soy un cromosoma" o "No me toques los cromosomas".
      Si es así habrá valido la pena.
      Si no es así, espero encontrar una levadura que me acoja junto con mi gemelo.

      A orillas del saber

      A orillas del saber

      Los puertos siempre han sido las puertas de entrada a la exploración y los descubrimientos, a las aventuras y hazañas de los más intrépidos. No es de extrañar, pues, que este relato verse sobre uno de ellos.

      Desde su fundación en el 227 a. C. por Asdrúbal el Bello, los destellos cristalinos de la superficie del agua han despertado a los habitantes de Cartagena. Entre praderas de Posidonia oceanica, sus fondos llenos de restos arqueológicos son una reminiscencia de lo allí acontecido. Es en este puerto natural, formado por los surcos esquistosos de la costa mediterránea, donde empieza, acaba y, por suerte, aún perdura esta historia; cuyo nexo común es el eje transversal, una de las mayores incógnitas y motivos de fascinación del ser humano: el mar.

      La exploración ha sido siempre el paso previo a la investigación en ciencias naturales, siendo más que obvia la imperiosa necesidad del ser humano de ver algo con sus propios ojos antes de plantearse preguntas acerca de ello. Los viajes en aras de conocer los límites y recursos naturales de nuestro planeta, llevaron a numerosos exploradores nacidos en esta ciudad a adentrarse en lugares del globo terráqueo nunca antes visitados. La apertura directa al mar y una cultura empapada por el olor a salitre, hicieron de Cartagena una fuente de exploradores y marinos. Algunas de las misiones que llevaron a cabo, contemporáneamente olvidadas, recogen la esencia misma de la acción de descubrir

      Y es que el mar siempre ha sido un cajón de misterios, actuando como una suerte de canto de sirena para los exploradores. Así, Juan Fernández descubrió Nueva Zelanda en el S. XVI. ¿Qué siente pues una persona al descubrir sus antípodas? Es una de las muchas preguntas ya incontestables. Otra empresa admirable fue la llevada a cabo por Marcos Jiménez de la Espada, uno de los integrantes de la “Comisión Científica del Pacífico”, el cual cruzó Sudamérica de este a oeste descubriendo numerosas especies durante varios años (1862-1866).

      De vuelta en tierra, si hablamos del conocimiento universitario y la primigenia dispersión del conocimiento científico por la ciudad, no podemos olvidar a Carmen Conde, primera mujer en la Real Academia Española de la Lengua y fundadora de la Universidad Popular de Cartagena en el siglo pasado. Tal vez, esta última fue la tarea más ardua de las tres, ya que para prevalecer en el mundo del conocimiento, una mujer no solo tenía que romper barreras geográficas, sino también sociales.

      Los tiempos han cambiado, la exploración ya no ocupa un lugar tan prominente entre las prioridades de la sociedad. Quizás porque queda poco por explorar en nuestro planeta o porque, en ocasiones,la exploración manifestó una intención meramente geopolitica, que poco aportó al conocimiento del mundo natural. Hoy en día, vivimos una época en la cual es ridículamente simple establecer contacto con lugares remotos del planeta.¿Qué pensarían los antiguos exploradores de que a los actuales habitantes de Cartagena les baste con un par de “clicks” y varios “scrolls” para descubrir las maravillas de nuestro planeta? Nos desenvolvemos en una época donde la ciencia es el paradigma que rige el rumbo de nuestras sociedades. Por ello, los avances en cualquiera de sus ramas moldean a los seres humanos exigiendoles una readaptación dinámica y continua en sus infraestructuras, tecnología y, por consiguiente, su estilo de vida.

      A simple vista podría parecer que la exploración se encuentra en su momento más decadente, incluso obsoleto, que solo goza de cierto brillo vestigial de cariz épico. Sin embargo, muchos sostenemos que la exploración no ha acabado, sino todo lo contrario. ¿Qué es la investigación científica sino la exploración de nuestros tiempos? ¿Qué otra actividad enarbola la bandera del descubrimiento y la exploración como esta? ¿Qué otra manera de entender el mundo reta nuestros límites intelectuales y físicos como especie? Vivimos en la época dorada de la exploración, la de la exploración y desarrollo del conocimiento científico.

      Mientras, en la orilla de ese mar, en ese puerto, el gran azul impregna las vidas y las vocaciones de los habitantes actuales como ya lo hizo con sus predecesores, pues sobre el mismo suelo han de desenvolver sus vidas. Sirva de ejemplo el caso del que suscribe estas líneas, nieto de un marinero y de un obrero de astilleros. La aventura, la exploración y el conocimiento ya no están en manos solo de los ricos o poderosos. Ya no somos solo marineros o exploradores, ahora muchos de los que hemos crecido sintiendo la brisa marina en nuestra piel, somos científicos. Y es así como los buques de investigación surcan las aguas de ese puerto eterno como si nada hubiera cambiado, camino de los lugares más remotos del planeta. En ellos, viajan investigadoras e investigadores para aventurarse de nuevo en los secretos que aún guarda el mar.

      A quien lo encuentre

      A quien lo encuentre

      Siempre había querido conocer aquellas islas que veía a lo lejos, mientras me bañaba todos los veranos en las aguas que ellas protegían del mar abierto. Por eso cuando supe que el club náutico organizaba un cursillo de submarinismo cuyas prácticas se realizarían allí me apunté sin dudarlo. ¡No podía perder aquella oportunidad de visitar un Parque Natural que normalmente estaba prohibido al común de los mortales!.

      Las primeras clases teóricas fueron en tierra firme. El segundo día ya hicimos una pequeña inmersión en una recogida cala. Por fin el tercer día subimos al barco que nos llevaría a las islas soñadas. Recuerdo que estaba nerviosísimo. Tras 45 minutos surcando las olas llegamos a nuestro destino. Nos dieron nuestros trajes y nos recordaron las normas de seguridad: seguir al monitor, respirar con tranquilidad, mantenerse cerca del grupo, no sumergirse demasiado, no tocar ni coger nada del fondo marino… y empezamos nuestro paseo. ¡Qué hermosura de colores!, ¡Qué armonía de movimientos! Mirara donde mirara estaba rodeado de belleza, de vida…

      Y entonces allí abajo, lo vi. Era como un nido de huevos brillantes, una ostra enorme de concha verduzca con un racimo de perlas en su interior… No pude reprimirme, descendí y alargué la mano para coger aquella preciosidad, pero cuando la tuve entre mis dedos noté que algo tiraba imperiosamente de mí hacia abajo y me arrastraba hacia las profundidades, me sentí envuelto en un torbellino de arena y agua, perdí la orientación, el sentido….

      Cuando abrí los ojos unos extraños seres luminiscentes me rodeaban. Sus ojos vidriosos me miraban y su cuerpo traslucido dejaba ver un interior que no era humano. Me encontraba tumbado en el lecho marino y extrañamente noté que podía respirar, aunque con dificultad. En mi alocado descenso había perdido mi botella de oxígeno y el neopreno, rasgado y roto, me parecía cubierto de una especie de gelatina con ventosas que se adherían a mi piel y transmitían a cada uno de mis poros el oxígeno que necesitaban mis pulmones. Esa mucosa me convertía a mí también en luciérnaga marina, pues podía ver la punta de mis pies brillando en el otro extremo de mi cuerpo. Me vi a mi mismo ataviado con ese burka moldeante, con una ventosa que me tapaba la nariz y los labios, y me entraron ganas de reír, aunque la situación no tenía nada de cómica. Los seres que me acompañaban se inclinaron sobre mí y los movimientos de su boca de pez me indicaron que intentaban decirme algo que no pude entender. Entonces se deslizaron por el agua y me invitaron a seguirles. Descubrí que utilizaban sus pies como los peces su cola, en un movimiento lateral que partía de lo que podría considerarse sus tobillos. Y lo mismo sucedía con sus manos, que tenían los dedos unidos como los palmípedos y que sólo movían desde las muñecas. No nadaban, planeaban como los pájaros en el aire, aprovechando las corrientes y dejándose llevar por la fuerza del agua. No tenían ni orejas ni pelo ni nariz. Me llevaron a una cueva, una de muchas en una ciudad de cuevas, de grutas excavadas en la plataforma continental, a muchos metros bajo el agua. Allí otros tantos seres fosforescentes flotaban, nadaban, vivían.

      Comprendí que mientras la humanidad se dedica a buscar vida en otros planetas, por el firmamento, en las profundidades submarinas hay un mundo insospechado que alberga formas de vida desconocidas. Pero comprendí también que su mero descubrimiento supondría su extinción. Y me di cuenta entonces de que nunca saldría de allí. Yo conocía ahora su secreto y dejarme marchar lo ponía en peligro. Pensé en mi familia, en todo lo que había dejado y que no volvería a ver jamás...

      No sé cuánto hace que estoy aquí. Escribo esto en la soledad de mi cavidad acuática, con tinta de calamar y sobre la alargada hoja de un alga, esperando que en algún momento de la eternidad alguien pueda leerlo y sepa lo que me ocurrió.

      ACCÉSIT

      ACCÉSIT

      Primavera. Sábado por la mañana, muy temprano. Barrio de transformación social donde los efectos del crack del 2008 habían hecho estragos. Antenas parabólicas y máquinas de aire acondicionado metalizaban los bloques. El titánico portón del Instituto de Educación Secundaria era como el de una fortaleza. Muros altos, terminados en barrotes afilados, que nunca sabías si protegían al interior del exterior. O viceversa. Julia detuvo el coche en marcha. Cuando la profesora llegó, Alba llevaba un rato esperando. Siempre era la primera en llegar.
      Julia sonrió. ―¿Has traído todo? ¿Lo ha firmado tu madre?
      ―Sí― contestó.
      ―Sube, anda.―
      La profesora apreció la ropa de la chica. Nada de marca, pero parecía nueva. Introdujo la autorización que, seguramente había firmado la propia alumna, en su carpeta. En el coche sonaba una canción de Van Morrison. Profesora y alumna enfilaron la avenida fantasmal, todavía con algunas farolas incandescentes, dirección a la autovía.

      *******

      Julia llevaba tres cursos en aquel gueto. El primer día se derrumbó cuando un grupo de alumnos la rodeó y, entre acoso y derribo, le hizo temblar el pulso. El ruido de los cuadernos al caer y las carcajadas posteriores le dieron la bienvenida. En la Facultad de Ciencias nunca la enseñaron a lidiar con ese tipo de partículas elementales. Durante dos semanas fluctuó entre ansiedades y dudas. Nostálgica, recordaba el balanceo del péndulo de Foucault que colgaba del patio interior de su vieja Facultad y jugaba a los dados con su destino. Luego se hizo fuerte y se atrincheró, embaucándolos con estrellas y galaxias lejanas. Intentando enseñarles, con más pena que gloria, a interrogarse. A desvelar leyes. A romper mitos. Sabía que la ciencia y sus instrumentos, lengua y matemáticas, sólo eran una excusa para comprender mejor. Para conocerse mejor.

      *******

      Aunque el número de libros que había en su casa se podía contar con los dedos de una mano, Alba era una alumna especial. Un cisne negro. Durante los últimos meses había participado en un proyecto de innovación para jóvenes talentos. Jóvenes de altas capacidades. Contra natura, había acudido al seminario científico en un distrito céntrico de la ciudad. Para llegar allí tenía que hacer dos transbordos, bonobús que le pagaba el instituto con cargo al presupuesto de ayudas y becas. Jóvenes investigadores postdoctorales, igual de apasionados que ella, la habían tutorizado junto a su querida profesora. Luego volvería a su barrio. Y al día siguiente asistiría de nuevo a clase en el punto cero. Allí, el porcentaje de fracaso escolar era cercano al treinta por ciento. Sólo uno de cada cuatro titularía. Una pirámide, carne de cañón del absentismo, la desmotivación y la violencia estructural. Cierto que el IES Atalaya no era un centro educativo normal. Cierto que el profesorado que allí ejercía tampoco lo era. Aunque algunos ocupaban puestos específicos porque no les quedaba otra opción, la mayoría lo hacía por vocación quijotesca, asumiendo por bandera combatir el Efecto Mateo que los circundaba.

      *******

      Julia y Alba soltaron los chismes en el stand. Poco a poco, la Feria de la Ciencia se iba llenando de gente. Familias, medios de comunicación y grupos de estudiantes, guiados con más o menos éxito por sus profesores, iban llenando el recinto. Alba estaba en flujo. Absorta en ensamblar y activar con precisión milimétrica cada uno de los elementos del mecano. Tratando de dar respuesta empírica a sus preguntas de investigación. Pasar del dato a la teoría, de la inducción a la deducción. La idea había enamorado a los mentores que la habían seleccionado. Elevar un globo sonda a la estratosfera con un NOKIA, un GPS y una cámara de triatleta integrados a modo de bitácora. Un enjambre de periodistas se aproximó. Mientras tanto, la profesora se mantenía en un segundo plano, con la mirada fija en el imponente globo en expansión saturándose de helio. Sólo cuando se elevó y la multitud comenzó a aplaudir se acercó a su alumna para abrazarla. Todo había salido bien. El séquito de autoridades siguió su camino.

      *******

      Tuvieron tiempo para pasear, coger dípticos de centros de investigación y hablar cara a cara con científicos de la NASA o la Agencia Espacial Europea. Alba soñaba con ir a la Universidad. Había escuchado historias extraordinarias sobre laboratorios, bibliotecas y compañeros que no la iban a mirar como a un marciano. Atardecía. Recogieron, se despidieron de los vecinos de stand que, las volvieron a felicitar, y marcharon de vuelta. Cuando a medio camino se detuvieron a repostar en la gasolinera, Julia cayó en la cuenta de que nadie iba a abonarle el desplazamiento ni las dietas de ese día. Mientras pagaba, observó desde el mostrador el semblante de satisfacción de aquella Hipatia de quince años que la esperaba en el coche. Y que tanto la recordaba a ella misma. Responsable y cartesiana. Brillante y entusiasta. Superviviente.

      Acordándome...

      Acordándome...

      Acababa de terminar el libro “Los átomos” de Salvat, estaba entusiasmado. Ya en la cama, intenté visualizar ese extraño mundo que había “descubierto”, y así entré en duermevela…
      Con los ojos cerrados empecé a imaginar que descendía hacia un túnel donde las cosas se agigantaban a mi alrededor.
      Deambulaba sobre las fibras de mis sábanas, que parecían una malla de cables entrecruzados, donde ví unos inmensos monstruos mirándome extrañados.
      - ¿Qué haces en el mundo de los ácaros? - Me preguntó uno de ellos.
      - De viaje, supongo, descubriendo lo pequeño del mundo…
      - Ja, ja, ja, pues suerte…
      Percibí como seguía miniaturizándome.
      Entonces visualicé unas cadenas de bolitas que me recordaron a una partida de dominó: se enlazaban, retorciéndose, unas simétricas, otras no… Supuse que eran moléculas, y proseguí. Me despedí braceando, a lo que una molécula de benceno, tan hexagonal ella, me saludó con un simétrico giro.
      Todo a mi alrededor seguía creciendo ¡y entonces lo encontré!
      - ¿Eres un átomo? - pregunté
      - Claro, vivo aquí en comunidad.
      - ¿En comunidad?
      - Si a mí me sobra un electrón en el exterior y a otro átomo le falta, lo compartimos y así nos unimos para formar las moléculas que tanta rabia te daba estudiar…
      Le sonreí sonrojado…
      - ¿Puedo mirar dentro de tí?
      - Claro, entra - contestó.
      Su interior era un sitio extrañamente vacío. De refilón vi una nube a toda pastilla, y quise acercarme a esa esquiva neblina. Cuando me aproximé, se materializó ante mí una esferita perfecta que no paraba de girar. La única manera para dialogar sería encaramarme sobre ella, así que lo hice. Me preguntó, excitada:
      - ¿Quién eres?
      - Un ser humano, ¿y tú?
      - Soy un electrón.
      - Pero… antes me pareciste una neblina y ahora te veo perfectamente.
      - Estoy en todas partes y no estoy en ninguna. Viajo por mi elipse alrededor del núcleo, hasta que tengo las suficientes fuerzas para saltar a otra elipse y girar más afuera, o pierdo fuerzas y entonces me voy más al centro… - replicó condescendiente.
      - Entendido, pero eso de que estás en todas partes y ninguna… es raro…
      - Es como cuando estás en casa en pijama y para salir a la calle te arreglas… Cuando no nos miráis somos una neblina indefinida, pero si decides mirarme, me arreglo para ti, me materializo para que me veas. - Me dejó estupefacto…
      - Bueno, pues, me voy a visitar el núcleo.
      - Buen viaje.
      Llegué al núcleo, donde pude distinguir protones y neutrones intercambiándose unas partículas rapidísimas que me pareció que los mantenía unidos. Como más o menos los conocía, saludé y seguí mi camino. Elegí un protón y me metí dentro… Allí encontré otras tres particulitas. Deduje que debían ser los quarks, intercambiando más partículas entre ellos que los mantenían unidos…
      - Gluones - me susurró un quark. - Me llamo Up. Prosigue, que te queda lo más chulo.
      - ¿Pero hay más? - El quark me guiño un ojo y seguí bajando…
      Entonces me encontré en un océano infinito de minúsculas cuerdecitas vibrando, bailando alocadas… Me dije “a por ellas” y me acerqué a una…
      - Hola, soy un ser humano, ¿y tú?
      - Hola, soy una cuerda. Soy tú, lo más pequeñito de ti…
      - Qué raro…. Aquí estáis todas juntas, vibrando azarosamente, nada hace pensar que tú eres de mi cuerpo o de otro ser humano. Esto me lleva a preguntarte… si vosotras vivís aquí a vuestro aire, y vosotras me formáis a mí, al final lo que vosotras hagáis es lo que yo soy; entonces, ¿dónde queda mi libertad como ser humano? Al final no dejo de ser un montón de cuerdas, que hacen lo que quieren sin contar conmigo para nada…
      - Ja, ja, ja… ¡cuánto te queda por aprender! Como puedes ver si yo vibro y topo con otra cuerda, la afecto, y ella me afecta a mí, ¿lo puedes ver? Yo soy tú, y tú eres yo, deberías haberte dado cuenta cuando viste como se “peinaba” para tí el electrón. Yo vibro así porque tú me piensas. Lo que tú decides, me define, lo que tú eres, me crea. Estamos aquí como materia porque tú nos miras… Recuerda cómo colaboraban los átomos compartiendo electrones para unirse, o cómo intercambian los nucleones para no separarse, cómo funcionan los gluones para unir a los quarks… Todo está conectado, es cooperación y colaboración. Tú sin nosotros no serías, pero nosotros sin tí tampoco. Eres porque estamos, pero estamos porque nos piensas…
      En ese momento, abrí los ojos sobresaltado en mi cama. Todo era de su tamaño. Me costó asimilarlo… ¿Sueño, imaginación, realidad? No lo sé, pero me dormí con una sonrisa, el mundo me pareció más amable, más humano, menos raro… como en la canción.

      Adiós Corazón

      Adiós Corazón

      Ya había visto esto antes. Ya tendría que estar al tanto del proceso, de cada posible efecto, de cada consecuencia y característica. Pero no todo es tan sencillo como parecía en los libros. Siempre fui de los primeros de la clase, nadie me podía hacer competencia en ningún área. Inteligencia innata. O si queréis, prepotencia y competitividad. Y aquí estoy, pensando. Algo que no es raro en mí. Pero la situación me supera y no soy capaz de recordar nada que me sirva. Creo que están fallando las conexiones, no veo el principio del error y no soy capaz de organizarlo todo para que funcione.

      Necesito ayuda pero aquí solo estamos dos, y yo no puedo parar de pensar, de analizar, y de intentar controlar algo que es superior a mí. Mientras tanto ella, sigue ahí, no habla, pero la escucho, a cada segundo con su fuerte pulso, y cada vez más deprisa. Le ordeno que se relaje, pero ya nada puede pararla.

      Abortar la misión sería la opción más factible. Me podrían reemplazar pensando que el error es mío, hay muchos cerebros, cada día se producen entre 2 o 3 de mi clase, es decir, los destinados a buscar nuevos horizontes científicos, nuevos descubrimientos. Algo está fallando en el sistema central, y creo que estoy sintiendo algo, ya lo había leído antes. No es posible en los de mi categoría, pero la fuente central de energía a la que los humanos llaman ‘corazón’, por el parecido con su órgano vital, está provocando fallos en el sistema. Su principal función es llevar la electricidad por todos los cables del circuito para que todas las conexiones funcionen correctamente. Pero algo ha pasado.

      Aceleración del pulso, aumento de energía, sensación de euforia, temblor generalizado. Esto sólo puede significar una cosa, una enfermedad terrible y sin cura hasta la fecha. El amor.

      No puedo permitir que esto ocurra, ella intenta sacar fuera mis señales, tendría que utilizar el proceso de emergencia para apagar todo el sistema definitivamente antes de que alguien se de cuenta de los síntomas. Porque una máquina en estas circustancias no cumple su función con la misma eficiencia, no nos crearon para que pasase esto, los humanos nos tendrían miedo al ver que podemos llegar a sentir como ellos,primero el amor, y después el odio. La única forma de salvarme es sacrificarla a ella y así no sentir nada. Con un apagado de emergencia a mi me trasladarían a otro sistema, a otro robot al que transmitir todos mis conocimientos, mientras que si descubrieran el fallo nos convertirían en chatarra a los dos. Y ella, sigue sin hacerme caso y cada vez se acelera más.

      Se me agota el tiempo. No hay más que pensar, adiós corazón.

      Ahí y ahora

      Ahí y ahora

      Cada persona construye su vida a base de decisiones. Hay algunas que tienen más trascendencia que otras, y son esas precisamente las que no hemos de tomar a ligera. Pero al llevar a cabo un balance global, no hay decisiones ni completamente acertadas ni totalmente erróneas, porque no todo es blanco o negro. Y al final, cada experiencia vivida es la que nos convierte en quien somos, como pequeñas piezas que, al juntarse, forman un gran puzzle.
      Hace lo que me parece una eternidad, tomé una difícil decisión. Me fui lejos, quizás demasiado lejos, quizás no tanto. Todo depende de con qué ojos se mire. Velé solo por mi bien, y no por el tuyo. Te hice daño, lo sé. También me lo hice a mí, créeme. Pero no fue un adiós, solo un hasta luego, un hasta dentro de no mucho, y cada día menos. Hasta volver a comenzar la cuenta atrás.
      Sabes que debía labrarme un futuro, como tú, en menos de lo que piensas, tendrás que hacer también. No me arrepiento, aunque en ocasiones como hoy, no resulta sencillo hacerle frente. Mi lado emocional me dirá a gritos que te he fallado, que soy egoísta por no estar ahí y ahora compartiendo este momento tan importante en tu vida. Mientras que mi lado racional me recordará que, simplemente, no había una manera realista de acompañarte físicamente hoy, por mucho que me pese.
      Y no es justo, porque te debo mucho. Tanto, que no puedo expresarlo con palabras. Desde que apareciste, mi vida nunca volvió a ser igual. Dejé de ser quien era, para empezar a transformarme en quien soy ahora. Todo gracias a ti. Has estado en los buenos y en los malos momentos, me has animado cuando me hacía falta, hemos compartido tantas risas y llantos que serían imposibles de contar. Me has escuchado hablar de mil y un tema que para ti no tenían sentido, y en lugar de fingir que me estabas prestando atención, siempre has puesto tus sentidos al 100% para intentar entenderme, y hasta me has sorprendido con más de una pregunta que me ha hecho sudar a la hora de contestarla. Porque tu curiosidad, al igual que la mía, no tiene límites. Y tus ganas de saber rebosan esos grandes ojos azules que te caracterizan.
      No me pondré sentimental entrando en detalle de la primera vez que nos vimos, ni nuestro primer viaje, que siguió a muchísimos más, ni a recordar todas esas canciones que hemos cantado, todas esas películas que hemos visto ni todas las veces que nos hemos servido de apoyo mutuo. De sobra lo sabes ya. Solo espero que comprendas, que a veces las elecciones que tomamos nos alejan de dónde deberíamos estar, de dónde queremos estar en realidad. Pero que eso no significa que me olvide de ti. De hecho, me siento la persona más orgullosa de este planeta por tus logros, por ver todo lo que has conseguido. No ha sido fácil, y aún queda mucho camino por andar. Pero no estarás sola. Yo estaré contigo, siempre.
      Hace algunos años, en un largo pasillo oscuro y con unas especies de duchas amarillas fluorescentes, un hombre que cambió mi destino, y por ende el tuyo, me dijo que los electrones podían estar en dos sitios a la vez. Y me explicó la paradoja de Schrödinger, esa que te he contado yo a ti un millón de veces, sobre cómo gracias a esa capacidad del electrón de estar en dos lugares simultáneamente, el gato encerrado en la caja estaría vivo y muerto a la vez, mientras nadie la abra y el sistema no colapse a uno de los dos estados. Así que lo único que te pido, es que dejes la caja cerrada. Porque yo seré el electrón, y podré estar aquí y ahí a la vez. Y el gato, semivivo y semimuerto, será el único testigo de nuestro secreto.
      Solo me queda darte las gracias, porque eres la única que entiende la relación entre los halógenos y Jason Derulo, entre la pirita y abuelo, entre la perovskita y Sevilla, entre los colorantes y el acento inglés americano, entre las nanopartículas de plata y el cuarto bajo la escalera. Como diría Zara Larsson, This one’s for you. Te mando un abrazo muy fuerte, de esos que nos hacen rodar calle abajo. Y recuerda que estoy contigo aunque no esté. Y que seguiré estando igual de orgullosa decidas lo que decidas, tanto si terminas trabajando para Google, como si eliges ver el mundo a través de un microscopio. Ahora te toca a ti tomar esa decisión que cambiará tu vida.
      Siempre podrás contar conmigo. La distancia no podrá con nosotras. Feliz graduación, mi pequeña gran hermana.

      Al azar

      Al azar

      Mi corazón no existe. Quizá parezca un despropósito, una osadía o una impertinencia, pero lo cierto es que mi corazón tal vez no haya existido nunca: no como un órgano de naturaleza muscular que actuase como impulsor de un torrente sanguíneo que ya no necesitara; ni como un centro del ser; ni siquiera como una ubicación para los sentimientos o el ánimo… o el valor.

      El corazón, al fin y al cabo, no era más que un elemento periférico conectado a mis circunstancias, pero mi “yo”, que no mi “ego”, podía subsistir sin su presencia. De hecho, gran parte de los mal denominados “humanos” en aquel año 2017 de nuestra anterior historia, carecían de corazón, cuando menos del tipo de corazón que un príncipe de cuestionable felicidad llamado Wilde había sabido extender sobre el presidio de la miseria de los hombres.

      Todo empezó cuando la vista se me hizo insoportable. Se presumía entonces de ver la realidad, como si no hubiera existido nunca algún hidalgo que hubiese cuestionado el perfil del paisaje apuntando hacia el encantamiento que hacía ver, a otros, inocentes molinos donde había gigantes. Nadie quería suponer o, mucho menos, contemplar las auténticas partículas elementales; tampoco nadie hubiera podido verlas: sólo el arte o la ciencia las pueden presentir.

      Por eso prescindí de los ojos, para no ver unos fondos marinos no cubiertos de algas sino de corazones arrancados, hundidos y, finalmente, rotos. También, por eso, me estorbaban las manos, puesto que sin la vista la realidad era más cierta al tacto y más punzante.

      Así que decidí desprenderme de todo cuanto, con falsedad, me había identificado: un cuerpo perecedero que se obstinaba en deteriorarse y que amenazaba con arrastrarme de forma irremediable a lo desconocido o al desconocimiento, a lo intangible o a lo no imaginable.

      Fue doloroso, fue… pero la decisión estaba ya tomada. Era simplemente una cuestión de supervivencia a la dictadura de un ciclo de vida ya obsoleto frente a las máquinas, si bien menos perfectas, mejor adecuadas a las condiciones de un mundo condenado por la ambición, la codicia, la envidia o el odio.

      La mayor parte de las especies tiene un envejecimiento breve, quién sabe si demasiado, tras su etapa de reproducción; y el envejecimiento conduce a la desaparición física del individuo. Ese pensamiento se había intensificado al ver como mi piel perdía su firmeza y, de forma casi imperceptible, al principio, se había ido poblando de surcos cada vez más pronunciados y de pequeñas manchas. Tampoco la memoria mostraba la rapidez o el vigor de antaño, huecos opacos blancos, cuando no ignotos agujeros negros, se iban abriendo paso en su estructura neuronal.

      Fue doloroso, pero era inevitable, la levedad del ser me confundía y el miedo era tan profundamente intenso… Me despojé del cuerpo como si fuera un ropaje, me desnudé de todo aquel conjunto de moléculas, células, tejidos, órganos, sistemas y aparatos. Sentí la soledad.

      Entonces recordé, por un momento, un atardecer en el cabo de Creus: el viento rugía como una fiera sobre el abrupto promontorio, y Alberto me enseñó a volar. Vestíamos abrigos recios y largos. Alberto agarró con fuerza las dos puntas inferiores de su abrigo con ambas manos, la punta izquierda con la mano izquierda, hizo de igual manera con la derecha, y se inclinó hacia el mar abriendo los brazos cuanto permitía la amplitud inferior de la prenda; el abrigo se hinchó como un paracaídas. Impulsado por la fuerza del viento, Alberto se elevó del suelo y retrocedió varios metros suspendido en el aire hasta caer de nuevo sobre la erosionada roca. Lo imité y, aunque creo que mi vuelo fue más corto, la sensación intensa me arrancó una carcajada. Alberto volvió a correr hacia el mar hasta el filo del precipicio y, de nuevo, voló hacia atrás. Así estuvimos corriendo, volando, riendo una y otra vez durante un tiempo con sabor a eterno, con la Luna llena sobre el cap de Creus, allí, en el faro, con nuestra juventud vibrante, plena de luz y de emoción adolescente.

      Ya no soy más que mi cerebro o, dicho de otro modo, soy tan solo el cerebro que tal vez tuvo un corazón, su transparencia; como un cangrejo ermitaño me alojo en nuevos y diversos periféricos que me protegen, cuando no me disuelvo entre las partículas de la inaprensible realidad.

      En lo más hondo, sigo siendo el mismo: viajo a veces al mar y allí, suspendido en el aire o en el agua, recuerdo. Tanto tiempo después, por fin, vivo al azar.

      Al límite

      Al límite

      Aquel fue otro estrepitoso día.
      Desperté sobresaltado veinte minutos más tarde de lo habitual, -¡horror no sonó la alarma del despertador!. Tomé una ducha rápida de agua fría para despejarme y un calentísimo café. El amanecer radiante predecía un caluroso y sofocante día.
      Salí a toda prisa hacia la oficina, normalmente el tiempo del trayecto es de cuarenta minutos en coche, hoy lo intentaré hacer en treinta y cinco. Noté como el corazón se aceleraba, el estómago se estremecía y mi espalda totalmente contracturada, la tensión era tal que pensé que estallaría.
      El tráfico era el habitual, -¡ pero por Dios porqué todos los semáforos están en rojo!…. Al menos la reunión estaba prevista para las nueve y toda la documentación estaba organizada y preparada.
      No pasa nada Nacho, me decía a mí mismo para tranquilizarme, sólo te retrasas unos minutos, nada más va a fallar hoy.
      Sólo quedaban unos diez minutos de trayecto, ¡genial! pensé y puse esa cara de felicidad que no se puede disimular, estaba nervioso y excitado, de pronto sonó el móvil, era mi jefe, estaba malhumorado, preguntaba, preguntaba y preguntaba…¿Por qué no has llegado todavía?, ¿tienes todo preparado para la exposición del proyecto?, ¿dónde has guardado los informes?...
      Colgué sin contestar, agobiado y abrumado, sentí que el corazón se disparaba y el estómago se estrangulaba, enfurecí, mis ojos se salían de sus órbitas, por alguna extraña causa mi cuerpo llegó a un límite sin control. Aparqué el coche como pude y sin apenas poder caminar me dirigí a la oficina. De camino, mi cuerpo se comportaba de manera extraña, sentía cómo mi ser salía de mí a gran velocidad y volvía haciéndome caer al suelo del impacto. Tenía tanta energía acumulada que buscaba salidas para expandirse y liberarse, se creó en torno a mí una espiral de campo energético con ondas de mayor y menor nivel de energía en diferentes sentidos y con un promedio de distancia que aumentaba y disminuía sin control.
      Paralizado en el presente todo daba vueltas, viví el futuro dos horas más allá del minuto en el que me encontraba, perdido en el limbo sin poder parar de correr hasta que volví a mi ser y sentir que tenía cuerpo.
      Un cuerpo agotado por la sobrexcitación, me temblaban las piernas y caí al suelo de nuevo.
      Mis compañeros me miraban alucinados, y asustados o preocupados llamaron al 112. El pronóstico fue el esperado un caso más de agobio por stress.

      Al otro lado del cristal

      Al otro lado del cristal

      El aroma a peligro saturaba sus sentidos, barriendo su capacidad de respuesta en un remolino de confusión en el que solo el instinto de supervivencia resistía inalterable. El agua se agitaba tras de sí con violentas ondulaciones mientras el tiempo corría aceleradamente marcando el ritmo sus acciones, cada vez más caóticas e imprevisibles.
      Movió sus extremidades con furia, alimentando con paladas de pánico las rugientes calderas de su interior, que se encontraban al borde del colapso tras la dilatada persecución. Una inmensa figura arrojaba su amenazadora sombra cargada de fuerza contra los brillantes destellos anaranjados que chispeaban en la superficie. La distancia entre ambas se reducía paulatinamente al tiempo que la sensación de cansancio se intensificaba; el oxígeno se agotaba en su interior, asfixiando sus posibilidades de vivir una hora más.
      Cambió de dirección, incapaz de avistar nada tras lo que poder ocultarse. La inmensa extensión de agua no tenía un solo rincón de intimidad en sus profundidades. Una pared de muros cristalinos se adivinaba en el horizonte, con un potente foco de luz mostrando la dirección a seguir como un faro capaz de atravesar la oscuridad de su mundo.
      De pronto, sintió un súbito tirón, un lazo que se anclaba a su cuerpo y la arrastraba hacia atrás desgarrando las envueltas que contenían el último soplo de energía dentro de su maltrecha figura. Demasiado débil, se revolvió entre sus ataduras, desesperada. El agua que penetraba por sus poros silenció su último grito.
      La sombra del asesino recorrió la escasa distancia que separaba las dos figuras. Rozando su cuerpo palpitante, la envolvió suavemente entre sus pliegues, saboreando los fluidos que se destilaban entre las heridas de su presa hasta dispersar su vida por el líquido elemento, que empezaba a recobrar su estado de quietud tras la agitada persecución.
      La luz tras el lejano cristal se apagó.

      Tras tomarse unos segundos a oscuras en la sala, un hombre de gesto impasible con el rostro surcado por el cansancio colocó la lente en su posición inicial antes de alejar la silla acolchada y levantarse por primera vez en horas. Abrochándose la bata, avanzó por el pasillo desierto hasta su escritorio.
      Bajo la fría iluminación de un halógeno que rompía la oscuridad reinante en la habitación atravesada por grandes ventanales, sacó un cuaderno de color azul marino de un cajón y pasó páginas hasta la última entrada, con fecha de esa misma mañana. Buscó las palabras, incómodo. El bolígrafo giraba entre sus dedos juguetones mientras leía el último párrafo para poner en orden sus pensamientos y comenzar a escribir.
      "01/04/2017 - 22:30 : Las bacterias aisladas de la muestra 217 muestran un gran potencial para posibles aplicaciones biotecnológicas. Los experimentos frente a otras diez cepas de la colección a concentraciones aún más reducidas confirman que es capaz de perseguir y acabar con otras bacterias de un amplio rango de especies."
      Se frotó los ojos y meditó unos momentos antes de decidirse a cerrar las tapas con un bostezo. Se había hecho muy tarde, y las sesiones de microscopio resultaban especialmente agotadoras para la vista. Se acercó al fregadero y echó unas gotas de jabón en el matraz del que provenía la muestra, para acto seguido agitarlo descuidadamente y verter su contenido por el desagüe. Dejando la bata blanca sobre el respaldo de su silla, se echó la chaqueta sobre los hombros, apagó la luz, y cerró la puerta del laboratorio con llave.
      Un reflejo centelleó por un momento en el matraz de vidrio, que sobresalía entre un montón de material sucio junto a la pila. Una gota se deslizó por su boca lentamente, acumulándose allí hasta que un tirón de gravedad la empujó hacia el fregadero, donde se diluyó entre los restos de agua sucia para sumergirse en las profundidades de las cañerías que se adentraban en el edificio.

      El hostil entorno rebosaba vida microscópica pese a todo. Minúsculas voces moleculares se alzaban entre la oscuridad, y algo remotamente parecido a un pensamiento surgió en el recién llegado, que permanecía expectante en una siniestra pose. Esperó unos segundos, examinando la situación en las más completas tinieblas, antes de deslizarse por el desagüe silenciosamente.
      Las señales de pánico no tardaron en elevarse entre las burbujas. Unos gritos químicos que, al igual que en ocasiones anteriores, no preocuparían a nadie.

      Aleteos

      Aleteos

      Un pequeño gorrión emprendió el vuelo cuando pasé cerca de él. No pude evitar sonreír y lo seguí con la mirada hasta que desapareció. Iba de camino a casa de mi abuela. Quería verla antes del juicio. Ella había sido el motor que me había permitido seguir adelante con mi proyecto, aun sabiendo que podría tener problemas con la justicia.
      Todo empezó hace más de 15 años. En el colegio me habían mandado hacer un trabajo sobre una especie amenazada. Buscaba en el ordenador algún animal interesante cuando apareció mi abuela.
      - No deberías fiarte de todo lo que pone en internet. El gorrión no está en peligro de extinción. Eso es absurdo.
      - Esta página es fiable. La profe nos ha dicho que la lista roja de la IUCN está hecha por personas que entienden mucho del tema.
      Su expresión cambió por completo y se puso seria. Se sentó a mi lado y leyó las causas que habían llevado al gorrión hasta ese estado. Parecía realmente afectada. Fue entonces cuando me contó que ella había crecido rodeada de estos pajarillos. Antes era fácil verlos por todas partes. En su propio patio habían vivido varios durante años. Le gustaba observarlos desde la ventana de su habitación. Los veía revolotear entre la higuera y el ciruelo en busca de algo que llevarse al pico. Había aprendido mucho sobre ellos y les había cogido cariño. Hablaba tan emocionada que llegué a sentir envidia, yo nunca había visto uno en persona.
      Me confesó que cuando dejó de verlos pensó que se habían marchado a otro lugar. Pero jamás se llegó a imaginar que estaban desapareciendo. Se sentía apenada de descubrir que nunca regresarían allí y que no podría volver a disfrutar de su canto. En ese mismo momento decidí que iba a hacer algo para cambiar las cosas.
      Toda mi formación académica se centró en conseguir mi objetivo. Estudié biología y me especialicé en ecología de poblaciones. Intenté que distintos centros de investigación apoyaran mi proyecto. Pero no tuve éxito.
      No pensaba rendirme, así que decidí montar un laboratorio clandestino en mi casa. Por las mañanas trabajaba en una empresa de investigación privada y por las tardes mezclaba genes para traer de vuelta gorriones al pueblo.
      No fue fácil encontrar distintos individuos. En España estaban prácticamente extintos. Viajé por varias regiones en busca de pequeñas poblaciones. Con mucho cuidado, siempre sin hacerles daño, recogí muestras de tejido. Ya en el laboratorio utilicé células madre para crear embriones. Así conseguí hacer distintas combinaciones genéticas que permitirían a mi población contar con una amplia variabilidad. De esta forma evitaba las consecuencias negativas que se daban con la clonación.
      Al principio las cosas no fueron fáciles. Algunos embriones no conseguían desarrollarse y otros morían al sacarlos del huevo artificial. Pero finalmente conseguí individuos que llegaban sin problemas a la madurez sexual.
      Los mantenía en una gran habitación acondicionada para ellos. Había plantas, cuencos con agua, agujeros donde crear nidos… Las ventanas estaban abiertas para que pudieran sentir el aire, el frio y el calor. Aunque les tenía una red puesta para que no salieran, debía esperar al momento oportuno, los insectos se podían colar entre los agujeros, lo que les venía muy bien cuando necesitaban alimentar a los polluelos.
      Entre los gorriones que creé artificialmente y los que nacieron de forma natural conseguí más de 150 en pocos años. Pero antes de soltarlos debía hacer algo más. Si la gente del pueblo no me apoyaba, no tardarían en volver a desaparecer. Logré que en los dos colegios y en el instituto del pueblo los profesores les hablaran sobre los gorriones y cómo podían ayudarles. Hicieron casitas que colgaron por el patio y en los árboles del parque. Algunos construyeron otras en sus casas porque también querían que fueran a vivir allí. El día que los liberé medio pueblo vino a verlo. Fue emocionante.
      Por aquel entonces mi abuela ya estaba muy mayor. Le costaba andar y apenas salía. Cogí dos parejas y se las llevé directamente a su casa. Nunca la había visto tan alegre. Habían sido años de duro trabajo pero el resultado compensaba todos los problemas que se me venían ahora encima.
      Me acusaban de haber incumplido el Código Ético de la biotecnología. Entre la comunidad científica había quien me apoyaba y quien estaba en mi contra y pensaba que había cometido una locura.
      Abrí con mi propia llave la puerta. La casa estaba demasiado silenciosa. Entré en el salón y vi a mi abuela dormida en el sillón que había frente a la ventana. La llamé, pero no se despertó. Estaba fría. Un gorrión se posó en el alfeizar y cantó. Pasara lo que pasara al día siguiente sentí que había hecho lo correcto.

      ALGO DEL PÀSADO

      ALGO DEL PÀSADO

      Corría el año 3.023. Veníamos de haber pasado unas felices vacaciones en el planeta Tierra. Durante el viaje interestelar con destino a Saturno, encontré un objeto extraño en la aeronave. Era de pequeño tamaño pero tan resistente como el grafito de antaño. Telepáticamente conecté con la base lunar de Titán. Estaba de guardia el crápula de RAJ-O. Un robot empático y servicial. Al instante me dio la solución. Se trataba de una grabación datada en la primera década del siglo XXI. Sin tardanza me dispuse a escuchar. El espectro fonográfico registraba unas bandas de tonos agudos propios de un ser humano del género femenino con su interlocutor masculino. El automatismo del traductor simultáneo, hizo todo lo demás.
      - “Retengo el humo unos segundos pero no pases pena. Luego en un intenso soplo de inigualable placer, lo exhalo lentamente. Disfruto apasionadamente de una carne roja regada con caldos de la Ribera del Duero. En la sobremesa, Napoleón me acompaña como fiel amigo. Acto seguido me entrego sin reservas a realizar la fotosíntesis, bajo el seductor sol de la dehesa extremeña. ¡Esto es vida! ¿Sueño o realidad? ” -Oí decir-
      Con la mente detuve la grabación. ¿Cómo Napoleón llegaría a Extremadura? Además en aquella época el proceso de la fotosíntesis en humanos no estaba resuelto. Jocosas conjeturas se agolpaban en la mente. Sin duda vínculos invisibles obraban el reencuentro de vidas alejadas en el espacio tiempo. Visualicé la presencia del emperador francés con nuestra anónima criatura. La verdad, un tanto hedonista.
      Eché en falta la expresión tan humana de hemorragias de placer. Según la historia Napoleón tuvo tiempo para todo. Claro que el metabolismo al deglutir tales viandas unidas al vino de la ribera de un río... también coadyuvaría al éxito total de la enigmática protagonista con todo un personaje.
      Y yo, en mi supina ignorancia de tales artes, enredado en la investigación del universo ignoto… pero la curiosidad del científico hizo que regresara de nuevo a la escucha activa.
      “… De repente, una voz inteligentemente artificial me llamó:
      - …pase a la consulta del Servicio de Oncología Radioterápica”-
      - ¿Fantasía o realidad?”

      Me quedé con las ganas de interactuar.
      Del lúdico ensueño se pasó al no fumar, no beber alcohol, ni abusar del sol, como factores de prevención. ¿Fantástica realidad?
      “… yo pacífica mujer iba a ser bombardeada. Me esperaban 30 sesiones, una careta chula, amén de tatuajes en el torso para lanzarme a la arena como un gladiador.”
      Se inició un diálogo
      -Buenos días doctor-
      -Adelante por favor, pase usted ¿Cómo se encuentra?-
      - Perpleja-
      -No se preocupe. Voy explicarle la terapia a seguir, fruto de la tecnología punta. Disipe temores y preste atención. Tenemos muchas posibilidades de que todo vaya realmente bien.-
      - Sé doctor que en mejores manos no puedo estar. Por eso he esperado a que regresara del congreso de Texas.-
      - En primer lugar hablaremos de la simulación del tratamiento. Vamos a fabricar con material termoplástico una máscara personalizada, y con ella realizaremos un TAC en el cual reconstruiremos su cuerpo en tres dimensiones. Así, a continuación podremos virtualmente delimitar el volumen blanco, y hacer una estimación bastante exacta de la cantidad de radiación ionizante que llega a sus tejidos sanos circundantes. La máquina en la que se va a tratar es un acelerador lineal de última generación y lleva incorporado un sistema de imagen guiada que permite una colocación milimétrica en cada sesión.-
      La grabación se paró bruscamente. Con la destreza propia de un científico, pude subsanar el problema. Ahora en escena se incorporaba un tal Gabo. ¡Qué locura! En realidad era una cita. Deduje que alguien notorio debió ser en su tiempo.
      Concluía la conversación.
      -“Gabriel García Márquez, en su obra El amor en los tiempos del cólera, hablaba de la autoridad de la muerte. Usted doctor, con esa sonrisa que abraza, ha relatado la “autoridad de la vida” y de la “esperanza” en la lucha sin cuartel contra la plaga del siglo XXI. La alianza entre la investigación científica y la sociedad española garantizará el éxito tan deseado como trabajado. Porque una Nación sin el talento investigador no tendrá futuro-”
      Al final mi felicidad fue plena al pensar que hoy, el cáncer, entre otras tantas patologías terrícolas, había sido definitivamente erradicado por la Ciencia del siglo XXII. La investigación logro el fin perseguido.
      Alarmas luminosas y acústicas avisaban de la entrada en la órbita de Saturno. La sorpresa fue mayúscula cuando, ya en el hogar, un androide, guiñando sus parpadeantes ojos demostró con datos que mi estirpe procedía de la unión entre Napoleón con una morenaza extremeña conocida como Guadalupe. No me lo podía creer.
      - ¿Por qué mi mujer se había empeñado en poner a nuestra hija Guadalupe?-
      Pero eso era otra historia.

      amor eterno

      amor eterno

      AMOR ETERNO
      En una pared vertical, al borde del abismo…
      Así comienza el relato que mi bisabuelo dejó a mi abuelo, este a mi padre y mi padre al que escribe. Pero antes, abusando de tu paciencia, querido lector, haré una pequeña introducción para el “buen entender” del asunto.
      Me llamo Lirón para los amigos, Careto para los conocidos, y para asuntos oficiales y científicos ELIOMIS QUERCINUS.
      Gracias a mi bisabuelo, afamado alpinista sin una pizca de vértigo, tenemos relación, desde hace décadas, con una familia vegetal de alto linaje y altura de miras. Esto último lo hago constar, no solo por sus proyectos de futuro, sino por la altitud y la altura en la que viven. La altura que para un humano son cinco metros, para un ratón como yo representan doscientos cincuenta y para una hormiga dos mil quinientos.
      BORDEREA CHOUARDII se llama la familia. Familia antiquísima y tan longeva que sus individuos pueden vivir hasta trescientos años. Familia poderosa, los Chouardii tienen una legión de asalariados, que renuevan a menudo, dada su corta vida.
      Los trabajadores pertenecen a varias tribus de hormigas especializadas, que ejecutan las labores de polinización y siembra para perpetuar la especie. A cambio de su trabajo la planta les ofrece una sustancia lipídica que las vuelve locas de placer.
      Hecha la introducción, pasaré sin más demora, a presentarles el cuento que mi bisabuelo escribió, entre siesta y siesta, en una hoja de abedul.
      En una pared vertical, al borde del abismo, las porteadoras transportan frenéticamente su carga de grieta a grieta.
      Una porteadora, sudorosa y casi sin aliento, arroja su carga al vacío, levanta la cabeza, y desafiante se encara con el patrón.
      -Siempre estuve enamorada de ti, de tus flores, de tu olor, de tus hojas seductoras con forma de corazón. Y ahora… me ignoras, me ninguneas, ¿qué se ha roto entre nosotras, ya no me quieres?
      -Claro que no-contesta la Borderea, levantando la voz-tú haces los portes y yo te doy alimento. Nuestra relación es puramente comercial y se basa en la estabilidad de un contrato indefinido.
      Una lágrima resbala por la mejilla de la hormiga.
      La Borderea más hermosa del peñasco pasa una hoja por su lomo, se acerca, y le susurra al oído.-Tonta, solo estoy disimulando, presiento que hace mucho tiempo que nos observan y además no tenemos prisa.
      -Tu tiempo, no es mi tiempo- contesta la hormiga, alejándose cabizbaja y muy despacio.
      La veracidad de los hechos aquí relatados está probada sobradamente por la publicación del cuento en la revista de más impacto científico de la Ribagorza “Diálogos Imposibles”.
      Decirles también, por no faltar a la verdad, que mi bisabuelo recibió multitud de demandas judiciales de las tres tribus de hormigas ( Lasius Grandis, Lasius Cinereus y Pheidole Pallidula) por atentar contra su intimidad.

      Aplicaciones prácticas de una beca

      Aplicaciones prácticas de una beca

      -¿Y eso para qué sirve?
      La pregunta del millón. Greta conocía suficientemente bien a los científicos como para saber dónde pegar. Quizá no fuera lo más cortés, pero al ver la cara de su pobre interlocutor contorsionarse para intentar responder de forma coherente, Greta se divirtió por primera vez en esa noche.
      Otro de los comensales intentó unirse a la conversación.
      -Disculpe, Lionel, ¿puede repertir... el título... eh... su trabajo?
      -Los mecanismo de acción del Cloruro de Litio en los canales de transmisión de las tromboaminasas.
      -Ah, ¿...biología, no?
      -Sí, tortura ratones - dijo Greta, ahora ya con una sonrisa en la cara.
      -Bueno... yo no diría... es decir.. n-no solamente...

      Mientras la conversación giraba hacia los compromisos éticos de la ciencia y la necesidad de experimentación animal, Greta volvió a examinar a sus compañeros de mesa. Conocía a muchos científicos por su trabajo (que era juzgarlos, darles dinero y desgravarse impuestos) y allí tenía un grupo típico de académicos y ratas de laboratorio. Normalmente ella asistía a Congresos de Ciencia Médica dónde siempre hay vendedores entre la audiencia, los acompañantes eran más atractivos y la comida era mejor; en resumen, se movía más dinero. Sin embargo en este Congreso de Ciencia Aplicada había científicos, y si por algo se puede distinguir a un científico es por su falta de estilo al vestir. El biólogo, por ejemplo, vestía camisa verde, corbata morada y pantalones marrones. Tembló al imaginarse el color de los calcetines.

      De todas formas, la conversación se relajó cuando el alcohol entró en juego. Mientras el reggaeton empezaba a sonar, Greta vió a Lionel acercarse con el whiskey que le había pedido. ¡Pero sólo traía uno! Lo lógico -pensó ella- hubiera sido pedir 2 o 3 para aprovechar mientras quedara barra libre, en lugar de pedir las copas de una en una. Demasiado inteligente para ser práctico.

      -¿Mi favorito...? Einstein.
      -¿Einstein? Es la respuesta típica de alguien que no sabe de ciencia, supongo.
      -¡Einstein era una Rockstar de la ciencia! ¡Tenía glamour, a su manera!.
      -Ruggis es mi respuesta. Va a ganar el Nobel este año por su trabajo en ribotransaminasas.
      -¡Ves! A eso me refiero. ¡Antes la ciencia ofrecía milagros! Nadie se emociona porque los ratones de un cajón meta-nosequé-izen un 7% más rápido que los del cajón de al lado.
      -Es algo que nadie había hecho. ¡Es nuevo y audaz y podría cambiarlo todo!
      -O no. Si el modelo resulta irreal nadie le pedirá que devuelva el premio. Ya pasó otras veces.
      -¡No entiendes la ciencia!
      -¡Si que la entiendo! Va de encontrar una relación matemática entre el fenómeno A y el B. Y os entiendo a los científicos. ¡No comprendéis el dinero! Os obsesionan tanto vuestros pequeños y supercomplejos problemas que sois incapaces de dar una aplicación realmente útil de vuestro trabajo, encerrados en vuestros sótanos de marfil.
      -¿Y tú entiendes el dinero?
      -Yo NACÍ con dinero. Y lo entiendo tan bien que mi contable es feliz. ¿Quién crees que paga este congreso?
      -¿Tú?
      -No, tu universidad, ¡tonto! Ja,ja,ja.
      El se bloqueó un poco cuando ella le tocó el brazo mientras reía. Se movieron a un rincón más tranquilo.
      -Digo que tus ideas, por si mismas, no son valiosas. Porque nadie sabría aplicarlas. La ciencia es inútil sin una aplicación COMERCIAL.
      -Hay usos más allá del comercio. ¡Y el conocimiento es valioso por si mismo! Como el deporte o el arte.
      -El deporte mejora tu salud, entretiene. ¡El arte tiene glamour!
      -Pero la gente no hace deporte o arte sólo por eso, ¡es un impulso que nos hace humanos!
      -Vuestro trabajo debería ser buscar aplicaciones prácticas para la sociedad. Si no ¿para qué? ¿Por qué la sociedad debe invertir en vosotros? ¿Pagar vuestros juguetes?
      -No estoy de acuerdo.
      -Si el 95% del output de mi trabajo fuera totalmente inútil no tendría ninguna consideración. Doy un uso práctico.
      -¿Tu trabajo es..?
      -Gestiono fondos.
      -¡Una rentista! ¿Y tu hablas de rentabilidad social?
      -Sí, porque entiendo la estructura política de la ciencia. La ciencia sólo busca la verdad. Ciencia y sociedad no son amigos, sólo tienen intereses comunes... a veces.

      Contra todo pronóstico, había sido una gran noche. Y cuando se acercaban al coche, aquí estaba ella con este mal afeitado, incapaz de vestirse, posiblemente Podemita, profesor universitario; y sin embargo ella sólo se podía fijar en su sonrisa boba y su olor a almendras.
      Como Greta siempre había sido una mujer tradicional y práctica, no tuvo dificultades en asignar, de forma discreta, una beca apropiada para Lionel que mantuviera su mente ocupada de problemas aburridos. Y todos los miércoles a la hora de comer, mientras su marido estaba fuera, ella no tenía inconveniente en conducir hasta el parking de su Facultad, y follarselo hasta el fondo en el asiento trasero de su Volvo XC90.

      Así éramos

      Así éramos

      Después de un largo año de trabajo en la universidad, el profesor Asimov se ha embarcado junto con su hijo en una aventura a través del espacio. El objetivo de este, es enseñar a su primogénito la diversidad y los peligros que entraña el universo. Se dirigen a un planeta recién descubierto en el que se ha encontrado vida inteligente.

      - ¿Hemos llegado ya papá?
      - Sí hijo, acércate al cristal de la escotilla y echa un vistazo.

      El pequeño mira a través del cristal la imagen de un mundo lleno de luces entre la oscuridad de la noche, un inconfundible indicador de actividad en la superficie. Con el sol saliendo a través del horizonte curvo del planeta, los rayos de luz se reflejaban a través de la atmósfera en la que se disgregaban en toda la gama de colores del espectro visible.

      - ¿Y dónde están papá?, ¿Viven en esas luces?, ¿Cuándo podré verlos?
      - Lo lamento hijo, pero no podrás verlos. No bajaremos a la superficie.
      - ¿Por qué no papá?
      - Se encuentran en una etapa de la evolución en la que pueden ser muy impulsivos. ¿Recuerdas las lecciones de historia de cuando nuestra civilización comenzaba a emerger? Las continuas discusiones por el control de los recursos no dejaban de provocar guerras y dolor entre los nuestros. Se encuentran en ese momento y es demasiado peligroso para nosotros y para ellos si interferimos.
      - Es una pena, mis compañeros de clase me han dicho que hay muchos y muy diferentes; altos, bajos, redondos, alargados… ¡Y de muchos colores!
      - Sí, son muy diferentes unos de otros, pero a la vez muy iguales, como tú y como yo. Hijo, ¿sabes cómo llaman a su mundo? Lo llaman Tierra, qué irónico….
      - Es verdad, ya lo podría haber llamado agua, casi toda la superficie está cubierta de ella.
      - Pronto no importará como lo llamen ya que si siguen sin tener en cuenta su delicado equilibro dejaran de poder vivir en él.
      - Es una pena papá. ¿No podemos advertirles de lo que se les avecina?
      - No hijo, es su deber y responsabilidad aprenderlo por sí mismos.

      - FIN -

      En memoria de Issac Asimov, escritor de ciencia ficción, historia y divulgación científica del siglo XX.

      Autorreferencias

      Autorreferencias

      María da su paseo diario. La cala está separada del pueblo, al que han venido los últimos seis veranos, desde que nació Jorge, por un rocoso promontorio. En su cima sobrevive una de esas torres de vigilancia costera que prevenía de los ataques de los piratas berberiscos hace unos siglos. Jorge camina delante, agachándose aquí y allí para jugar con los guijarros y las conchas que, numerosos, se entremezclan con la arena. En esta hora tardía, la oscuridad, acompañada por la brisa, se anticipa en la distancia.

      Volvía a cavilar sobre la ocurrencia que tuvo el domingo cuando subieron al pico. Es curioso cómo se imbrican en nuestra mente recuerdos, observaciones, ideas, razonamientos... y todos intuimos que esos lugares que calman nuestra ansiedad también son los que catalizan mejor nuestras reflexiones. Y esto le sucedió a María en la silenciosa y adusta cumbre del Peñagolosa. Aunque la biología le escogió, ella, claro está, siempre se sintió atraída por otros aspectos de la ciencia. Sería el documental "Cosmos" de Sagan, allá a medidados de los ochenta, el que marcara sus expectativas y las de tantos otros futuros científicos. María siempre recordaba, del guion de la serie, aquella afirmación de que el ser humano, curioso por entender nuestro entorno y el universo, cuestionándose y buscando explicaciones, representa al cosmos intentando explicarse a sí mismo, quizás por primera vez ¡Cómo le impresionó esa idea! Nuestra búsqueda de respuestas para comprender cómo funciona todo, el conocimiento científico como tarea, son precisamente eso, el universo estudiándose, intentando descifrarse. Esta reflexión, como conocimiento en sí mismo, no está al mismo nivel que el conocimiento científico usual sino que reside en una balda superior, la de la epistemología. Y a María le encanta razonar con diferentes niveles del pensamiento. Toda su vida ha recordado la frase de "Cosmos".

      - ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Un pulpo muerto!
      María se agachó, cogió un guijarro del suelo y fue separando las largas patas del animal muerto.
      - No, es una ofiura ¿Ves? Tiene cinco brazos. Un pulpo tiene ocho.
      - ¡Son muy largos! ¿Por qué se ha muerto?
      - No lo sé, Jorge.

      Pero el Peñagolosa le proporcionó otro hecho que se hallaba escondido en su memoria. Hacía tantos años que no pensaba en la diversión y las cavilaciones que le proporcionó aquel libro sobre Gödel con su afirmación de que no todas las aserciones, sean verdaderas o falsas, son demostrables. Y cómo todo empezaba con el reconocimiento de la existencia de afirmaciones que no podemos decir si son verdaderas o falsas como la paradoja del mentiroso: "Yo miento", si la frase es cierta es falsa y si es falsa es cierta, ¿no? Y...¿cómo era aquello? Sí, el problema residía en la autorreferencia. Estos dilemas surgían en enunciados que se referían a ellos mismos como la frase de la paradoja del mentiroso, es decir, cuando las aseveraciones dicen algo sobre ellas mismas; otra vez la existencia de dos niveles de razonamiento que se referencian entre sí. Uno podría concluir que la autorreferencia puede ser una fuente de incertidumbre.

      - ¡Mira mamá! ¡Qué piedra tan bonita! Tan suave y redonda...¡y con un agujero en el medio!
      - Sí que es bonita.
      - ¿Me la puedo quedar? Se la enseñaré a Jimena.
      - Claro. Se la puedes regalar.
      - No. La quiero yo.

      Quizá la adquisición de conocimiento a través de la ciencia, el universo intentando explicarse a sí mismo como indicaba Sagan, autorrefiriéndose, puede resultar en un sistema insoluble como el de la paradoja del mentiroso. Desasosegante. Pero no lo parece, ¿no?, el método científico nos asegura un proceso de adquisición de saber y la ciencia nos ha hecho claramente progresar. Sin embargo es indudable que la lógica matemática nos dice que la autorreferencia es una fuente de posibles dilemas sobre lo que podemos saber con certeza. Por supuesto que no siempre origina dificultades ya que depende del contenido de la afirmación. Por ejemplo, si digo: "Estoy diciento la verdad", la frase no da lugar a problemas en su interpretación.
      Queda la duda. Sólo el pensamiento de que pueda haber una imposibilidad lógica que nos impida descifrar la naturaleza y las leyes de nuestra existencia, a través de la ciencia, es inquietante, perturbador. María no lo entiende. Debe estar soslayando algo básico.

      - Jorge, ¿te apetece que mañana volvamos a subir al Peñagolosa?
      - ¿Otra vez?
      - ¿No te gustó? Se ve todo tan bonito desde allí arriba...
      - Sí, vale, pero esta vez cuando lleguemos arriba jugaremos a ver cosas y no te sentarás sin hacer nada todo el rato. Sino no voy.

      Bajón súbito

      Bajón súbito

      -Por los agujeros de la persiana entra luz, a pesar de la claridad no voy a renunciar a la cama. Aun llevo los malolientes calcetines, su cinta elástica ha dejado marcas en mis hinchados tobillos. Vaya noche de juerga. Me abrigo en la piel de cerdo, dicen de él que se aprovecha todo. En este estado no sería comestible-.
      -Buscar trabajo qué pereza. No estoy a la altura, si enseño estas manos tan robustas puede que ni las quieran tocar. Tocar tocar, el cielo tenté pero de qué forma-.

      .Bostezo de aliento fétido por falta de dieta saludable; comidas en exceso, alimentos envasados, fritadas sobrantes. Ojos enrojecidos por la luz artificial de la noche yacían en unas marcadas ojeras. Su piel cetrina llena de purulencias. Con la uña del dedo meñique hurgó en el grano dejando el absceso inflamado, con el sebillo sujeto a la garra hizo una bola que frotó en la amarillenta sábana, cuyos pelos destacaban aferrados a la franela de su tela.

      Como un Buda en su trono, desparramado en el sucio colchón, mantenía en sus manos una bandeja cuyo contenido era poco recomendable.
      Necesitaba azúcar su cuerpo lo pedía. Girándose con dificultad hacia la mesilla de noche prendió una grasienta palmera de chocolate blanco sin envoltorio, para ser relamida. Sin apenas respiración de un bocado engulló el dulce, mezclado con los espumarajos de su boca, relamiendo hasta las uñas mal cortadas.

      ¡Ay María, qué personalidad! Sin ti no hay paz ni armonía. Dulce, romántica, y un poder de escucha enorme-.
      -Te amo. Sé que no expreso demasiado mis emociones salvo cuando me elevas al infinito. Lamento si no consigo estar a tu altura y exigencias-.
      -A veces en la oscuridad temo perderte. ¿Qué haría yo sin ti? ¿Dime? Guarida de mis carencias y desenfrenos-.
      -Te quiero, sí, desde mi adolescencia formaste parte de mi vida, aun en las lagunas de mi memoria, con la predisposición genética. No fuiste crítica a pesar de todos mis errores. Ahora vulnerable a cambios emocionales sigues esperándome en ese baile alucinógeno a veces tenebroso, emocionante, apacible y relajado paraíso. Las palmeras de tus hojas, el verde de tu esencia, tu sonrisa que asalta en una psicosis de locura-.
      -Esa eres tú, un ramillete de flores con tallos pequeños triturados por el calor del sol-.

      El silencio reinaba, sin réplica a su conversación, María no hacía presencia.

      -Hay química entre nosotros. Tienes capacidad para manipularme como una marioneta anulando las neuronas de mi cerebro, enamorado sustancialmente de tu estilizada figura, rozando la enajenación. ¿Se puede amar tanto? Soy tu receptor, aumentas mi apetito en sueños de lujuria, presentando tu lado más sexual-.

      Solo en la penumbra de una habitación poco ventilada, recordaba el vaho de su respiración.

      -Me gusta tu penetrante aroma, fumaradas de exhalación viajando hasta horizontes desconocidos, el vuelo rasante que quita mis penas. Cuánto te necesito-.
      -Pura y tan rebelde que tus juegos a veces pasan factura. A pesar de irritarme, tu ardor me sube por la garganta y expira por los pulmones, como válvula de escape. Sola, acompañada o mezclada con el rubio del estanco-.
      -Hoy te deseo, marchaste dejando un vacío en mi corazón, un hormigueo que debilita mi cuerpo. Sin tu calor, sin los jugos de tu esencia, en un terreno peligroso-.
      -Tengo miedo, la habitación está oscura, se me nubla la vista y no distingo tu imagen. Mis manos buscan las tuyas. Las sombras aparecen, sus voces cuchichean ofendiendo mis pensamientos, provocan mi voluntad, apática, acomodada al lecho, incitándome a volar pero no tengo las alas dispuestas-.
      -Vaivén de tus curvas, límite al desequilibrio. El suelo se balancea, pero hoy no estás en esta danza dañina-.
      -María, fiel y leal, de romántica naturaleza, simplicidad y belleza, elevas mi espíritu al más allá.
      -Excelsa en detalles, debilidad de mi homenaje. Busca otros apetitos que saciar. Tu efecto cannabinoide en movimiento constante,THC. Siglas analgésicas que se degradan por exposición a la luz que entra a través de las tablillas-.

      La extrema palidez de su piel hizo un último llamamiento a María.

      -Mi corazón late con acelerada violencia, lo siento en el pecho, en la garganta, en el cuello-.
      -Tal vez abusé de tu confianza, sin compañía en este difuso viaje, algún día te explicaré el porqué de mis delirios-.
      -Voces que hablan y se van para siempre, testigos de una loca idea. Diez años seducido, escribiendo en una pared en medio de la nada-.
      - Sólo unos segundos de lucidez para demostrarte que entre el dolor y la angustia ha ganado la “Pálida” tragedia.


      Dado el alto consumo de Marihuana en la adolescencia, estudios científicos dimensionan los efectos temporales en pasado y proyecto futuro, para el óptimo rendimiento escolar; memoria y aprendizaje. Pérdida de neuronas y en ocasiones graves problemas vasculares.

      Bang Big.

      Bang Big.

      Al pie del manzano, lejos de las vacas, Adán tomó la mitad del fruto que Eva le ofrecía mientras una serpiente con la cabeza machucada reptaba hacia el mar. Arriba, la rama del árbol todavía temblaba cuando un pájaro ya sin alas cayó al piso y luego, también se arrastró hacia el mar. Entonces, pez-serpiente y pájaro-saurio se volvieron insectos y después unicelulares. Pronto, éstos se desintegraron en millones de átomos que flotaron en una atmósfera que enseguida se disolvió en gases simples. Por fin, hubo espacio.

      Bendición.

      Bendición.

      Partí con tres hermanos. Compañeros de vida, antaño breve. Presos nos hallábamos en un redil de cristal donde la humedad pesaba y la incertidumbre era prácticamente palpable. ¿Dónde nos dirigíamos? Ninguno lo sabía, pues pipiolos éramos en tal novedosa travesía. Corrían los años 90 y tan sólo unos pocos viajeros habían sobrevivido a tamaño desafío.

      Aterrizamos en una estepa gélida y estéril, donde nos retuvieron de nuevo durante días. A mí me parecieron años. El calor brillaba por su ausencia; mas, por algún extraño motivo, jamás antes me había sentido tan vital y poderosa. Se gestaba en mi interior una esperanza abrumadora y, cuando de nuevo nos acarrearon a los muelles de nuestra última ruta, comprendí que aquel no era el final de la lucha, sino el principio. El principio de una historia. De mi historia.

      Precisamos de una serie de empujones para adentrarnos en lo que se presentaba como un dédalo angosto y asfixiante. Recordaba vagamente a la prisión acristalada que nos había hospedado inicialmente, pero infinitamente más oscura. Tal era nuestro afán por abrirnos camino entre la maleza flagelada, que apenas reparamos en que, finalmente, viajábamos los cuatro completamente solos. La infinidad se desplegaba ante nosotros como los pétalos de flor se desperezan, cohibidos, bajo la luz del astro rey.

      Y así pasamos las semanas siguientes. Lentamente, a la deriva. Novatos, cándidos, audaces. Afortunadamente para el grupo, logramos hallar terreno fértil con relativa facilidad, ergo acampamos, cansados y dichosos, apresurándonos a plantar una simiente que nos procurase alimento y sustento durante al menos tres trimestres. Los frutos nos concedieron los mayores tesoros que podíamos soñar: carne, electricidad, y un extraño pero mágico néctar rojizo que algún científico, allá en nuestros tiempos de cautiverio, había llamado «sangre». Bebí de ella con la avidez de los niños y, a cada sorbo que daba, mi garra latía al sistólico ritmo de quien se sabe vencedor, pero aún no se ha hecho con la corona.

      Y entonces, llegó la tormenta.

      Al principio nos pareció un banal terremoto. Al fin y al cabo, viva estaba la tierra bajo nuestros pies, Sin embargo, no fue difícil asumir que algo iba mal cuando arreció la cellisca y los riachuelos escarlata, que juguetones rodeaban la pradera, se metamorfosearon en asesinos desbordantes y hambrientos. Feroz fue la marea. Encarnizada y virulenta, cayó sobre nuestro refugio como el buitre se precipita sobre el difunto. Mi hermano mayor fue el primero en advertirlo, y ahí estribó su gran desgracia. Tan asustado como temerario, trató de hacerse con cualquier herramienta a nuestro alcance, la que fuera. Pero el tiempo es el más estricto de los maestros, y hoy jugaba en su contra. El joven apenas pudo estirar el vestigio de una mano hacia el cieno para acariciar una de las raíces que arrojaba, cuando la sangre lo golpeó en forma de oleadas sañudas entre cuyas vertientes no había escapatoria. Nunca volví a ver al muchacho. Deslizóse colina abajo por donde en su momento hubo venido, y yo sólo fui capaz de contener la respiración y aferrarme al lodo con toda la energía que había reunido las semanas anteriores. Así me mantuve, hasta que pasó el ciclón y se hizo de nuevo el silencio. Respiré aliviada y miré a mi alrededor.

      Lo primero que advertí fue el rubor de la calima. Todo parecía haber encogido, y una claustrofobia incipiente me acechó a traición. Precisé de unos segundos para asumir que no era mi entorno lo que menguaba, sino que mi cuerpo se había curtido, y el resto había hecho lo mismo en proporción inversa — incluidos mis dos hermanos menores. Un niño y una niña.

      El niño estaba muerto. Mi hermana y yo no dimos cabida a la duda. La sangre se había llevado en sus brazos la promesa de un chaval robusto y hermoso. Incapaces nos vimos de llorar. Cruzamos una mirada, le dedicamos a nuestro acompañante un gesto de adiós y, cuidadosamente, casi con mimo, lo depositamos sobre las aguas, ahora calmas, de uno de los riachuelos que conducía hacia la luz, hacia nuestro otro hermano perdido. Y allí nos quedamos, abrazadas y llorosas, hasta que despuntó el alba y me repuse, recobrando la firmeza de llegar a nuestra meta. De vencer juntas. Mi hermana y yo, las dos.

      Pero ella fue incapaz. Poco a poco, se sumió en una depresión vacua y mutilante. Y, un buen día, renuente a despertar, mi última hermana durmió para siempre. Y yo, sin saber cómo sentirme, perdí el conocimiento en la espesura del olvido.

      Desperté en un curioso recinto iluminado. Creí hallarme en una especie de canasto, ataviada únicamente con un pañal. Sobre mí había dos ancianas. Mis abuelas. Ambas me contemplaban con emoción contenida. Una hablaba de «ciencia» y «fecundación in vitro». La otra, en cambio, sólo articuló una palabra:
      Bendición.

      BENDITA INOCENCIA

      BENDITA INOCENCIA

      - Papá, ¿qué haces?
      - Estoy interpretando los datos que he obtenido en mi último experimento.
      - ¿Puedo ayudarte?
      - Claro, tráete tu cuaderno y copia todos los números que hay en esta tabla.
      - ¡Eso no vale! Quiero hacerlo como tú, que miras los números durante un rato grande, luego subrayas uno y, ¡ya está!
      - Te propongo una cosa, yo te doy mis datos y tú me das tu cuaderno. Yo copio todos los números en tu cuaderno y a cambio tú subrayas el resultado correcto en mis datos, ¿vale?
      - Sí, pero me tienes que dar pistas, que tú lo has hecho muchas veces y yo ninguna.
      ...
      - Papá, no sé qué número escoger, no sé si este que tiene muchos ceros, o este que tiene letras también, o este que es tan largo, ¡qué difícil!
      - Pues yo he acabado ya, mira qué bonito lo he hecho, esta fila la he puesto en color verde, estos con rotulador, y estos uno detrás de otro, como una manada de elefantes,... Pero, ¿se puede saber por qué estás llorando?
      - Porque te ríes de mí.
      - No, todo lo contrario, te he dado la opción de ayudarme copiando los datos y tú has escogido el camino que creías más fácil.
      - Snif.
      - Nunca te dije que fuera fácil. Yo he copiado datos como estos cientos de veces, tantas, que he aprendido a ver el resultado sin tener que copiarlos. Hay que trabajar muy duro, hacer muchas veces lo mismo, aunque no te mire nadie. Te tropiezas muchas veces, y te levantas, y no hay que tener pereza para volver a empezar desde el principio.
      - Sí, pero, ¿cómo sabes cuál es el resultado bueno?
      - Yo los miro todos y, el único que me mira a mí, es el resultado correcto.
      - Papá, quiero ser científica, como tú.
      - Nada me haría más feliz, hija.

      bep bep despierta...

      bep bep despierta...

      Bep bep-bep bep- bep bep-.
      Lo odio,casi con mayusculas y digo casi por que odiar a un despertador es lo mismo con o sin mayusculas.Simplemente es odio.
      En fin, haremos de tripas corazon y con un ligero esfuerzo sacare esos dos estamboticos apendices que tengo por debajo de la cintura y que se llaman piernas ''hacia arriba y hacia adelante'',como dicen en los libros de caballeria.
      Mientras trato de asearme y despejarme al tiempo,repaso mentalmente todos los principios-parametros en los que baso mi existir,accion igual a reaccion igual a repercusion,un cuerpo permanece en reposo a menos que otros cuerpos actúen sobre él, o cuando un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro, éste ejerce sobre el primero una fuerza igual y de sentido opuesto.Y lo que mas me define...La fuerza que actúa sobre un cuerpo es directamente proporcional a su aceleración.O sea que necesito un empujoncito para arrancar cada mañana.
      De vez en cuando,tengo la sensacion de que el pitido del despertador suena dentro de mi cabeza,pero claro eso es imposible,creo que debe de ser por la cercania con el trasto,ya que tambien cuando cierro los ojos puedo ver los digitos verdosos que ordenan y disponen sus funciones.Lo que no recuerdo,(sera por la hora que es),es haberlo programado.Simplemente suena y esa es su funcion,asi que esta bien.
      Desde el fondo del pasillo,me llega un agradable olor a cafe,mejunje por cierto que desconozco si me gusta,solo conozco su olor,su estado liquido,su color,pero no su sabor.Por alguna razon nunca lo probé pero claro tampoco nadie o casi nadie probó el aceite sintetico 40-110W y todos lo conocemos.Eso me pasa mucho,se como son las cosas y para que sirven,se descomponer una fraccion pero no para que sirve,se reproducir cualquier formato de audio pero no sirve para nada,en fin...
      Ya estoy listo,vestido,aseado,en pie,etc.Vamos lo normal,lo habitual,lo que cualquier persona hace cada mañana.Creo que hare un esfuerzo mas y dejare que la ley del movimiento universal me dirija hacia esa sala llamada cocina a incrementar las reservas de energía por que si no,el dia sera muy largo.A ver,como era,un pie delante,ahora el otro mas adelante aun,y repetimos.Eh...algo falla,no se lo que es pero algo no va bien,este sistema no lleva a ningun sitio,no avanzo.Cada dia lo mismo,abro los ojos,me estabilizo y reconozco lo que me rodea,repaso cada gesto,cada movimiento que prepare y memorice,y de nuevo fallo,error,sistem falliure...no lo entiendo es como si las maquinas hubiesen ganado la guerra por la evolucion,y todo se haya convertido en algo maquinal,electronico,carente de emociones y claro de vida.
      Cierro los ojos,y trato de respirar pausadamente,serenarme y repasar uno a uno todos los movimientos que debo de completar para comenzar mis funciones diarias,sin apenas esfuerzo en mi mente aparecen todos los parametros pregrabados,lineas y lineas de comandos,Funcion F10,COM port test...todo esta OK,no lo entiendo,mi corazon ya late por encima de lo establecido,estoy cerca del colapso,y de repente lo entiendo,ja ja ja,que simple,tanto que mi sistema analitico y funcional no lo detectó.
      Se me olvido desconectar el cargador...

      Berlín, Príncipe

      Berlín, Príncipe

      Berlin, 2 de mayo, 1915

      –¿Qué haces aquí? ¿Por qué viniste Fritz? –preguntó Albert ocultando inútilmente sus lágrimas–. Deberías estar con tu mujer... sabes bien por lo que está pasando.
      –Me apetecía ver hundido al hombre más inteligente de Berlín –respondió Fritz sarcásticamente, sabiendo bien que estaba hablando con el hombre más inteligente del mundo–. No te preocupes por Clara. Mejorará. Es este clima de guerra, que tensa a cualquiera.

      El tren ante el cual los dos hombres estaban apostados comenzó su marcha. Albert dio dos pasos tras él, como deseando verlo durante un instante más detenido en el andén.

      -¿Hundido? ¿Eso parezco?
      -Sí –respondió Fritz–. Te he visto en circunstancias más exultantes. Un hombre puede aprender a vivir sin la mujer que amaba, y más si ha hallado el amor en otra, pero los hijos... Ver partir a un hijo es otra cosa. Ver marcharse a dos debe ser insoportable. Nosotros tenemos sólo a Hermann y no soportaría que nadie lo apartara de mi.

      Justo en ese momento Hans saludó por última vez a su padre antes de que alguien cerrara violentamente la contraventana del vagón en el que viajaba. –Seguramente habrá sido una despechada Mileva –pensó Albert. Los reflejos de luz sobre el cristal ya no permitían ver la cara del joven, ni tampoco la del pequeño Eduard. Albert pagó el dolor por este último insulto de su ex-mujer con Fritz, a quien preguntó con marcada crueldad:

      -¿Y qué tienes que decir de los hijos de los soldados que pueden morir mañana con tu "arma"... con tu "gas"? Eso sin tener en cuenta que también son hijos de alguien.
      –No mezcle temas que no tienen ninguna relación, Herr Einstein –respondió Fritz refiriéndose a su amigo de manera formal, a la par que exigiendo respeto-. Es posible que Usted sea más inteligente que yo... más inteligente que todos, pero yo soy un héroe alemán.

      Albert estuvo tentado de usar el mismo lenguaje (refiriéndose a Fritz por "Herr Haber"), pero algo le aconsejó no seguir por ese camino.
      –Tienes razón Fritz, por favor, acepta mis disculpas.
      –Disculpas aceptadas. –respondió Fritz poniendo su mano sobre el hombro de Albert y ejerciendo una justa presión conciliadora.

      Albert terminó de recomponerse. El tren ya había abandonado la estación. Los dos amigos iniciaron su marcha en sentido contrario y en silencio, como intentando recordar a cada paso la amistad y aprecio mutuo que les unía.

      -Déjame que te invite a cenar conmigo y con Clara –dijo Fritz rompiendo el silencio–. Si quieres puedes traer al Elsa. Además, a Clara le vendrá bien despejarse.
      –Acepto, pero prefiero ir sólo, si no te importa.
      –En absoluto –replicó Fritz, entendiendo que la tristeza se aliviaría más rápido otorgando al gran Albert Einstein el exclusivo protagonismo de una velada amenizada además por algo de licor.

      Media hora después ambos hombres entraron en el nada humilde apartamento de los Haber. Clara yacía muerta en los brazos su hijo Hermann. Se había disparado en el corazón. Albert se aventuró a suponer las razones, pero no abrió la boca ni dijo nada más a Fritz. Tan sólo le abrazó y permitió que su amigo se lamentara con amargura apoyado sobre su hombro. Clara era una víctima colateral del gas cloro, de la guerra y de la estupidez humana. Y Hermann, y Fritz y él mismo.





      Príncipe, 28 de mayo, 1919

      Edwin estaba exhausto. Ya no era un joven, como todavía lo era Arthur.

      –¿Funcionará? –preguntó Edwin sin aliento.
      –Eso ya no depende de nosotros –replicó Arthur, y estaba en lo cierto. Estaban en manos de la meteorología.
      -Dígame, -prosiguió Edwin– ¿qué hace una persona de su creencia religiosa en estos casos?
      -¿A qué te refieres? –interpeló Arthur– ¿Quieres decir que qué hacemos los quákeros para poner a la naturaleza de nuestra parte?
      –Más o menos, señor Eddington.
      –Ya te dije que nada de "Señor". Nosotros buscamos la paz en todo lo que hacemos, ya sea una actividad personal o científica, como es el caso que nos ocupa –respondió Arthur.
      –Y comprobando la teoría de su amigo alemán, ¿cree que lograremos la paz?
      –No lo sé Señor Cottingham –respondió Arthur con una sonrisa irónica. Al menos actuaremos como científicos: buscando, sin descanso, la verdad. Buscando la verdad en paz.

      Edwin le miró inspirado y convencido, como le ocurría cada vez que hablaba con Arthur. Ciertamente se respiraba paz en aquel paraje africano.

      -¿Y tú? -prosiguió Arthur- ¿por qué decidiste acompañarnos, lejos de tu familia, tantos meses?
      –Supongo que deseaba que mi hijo viera en mí algo más que un relojero de Ringstead. Quería hacer algo importante... que se me conociera como el hombre que "venció a Newton".
      Arthur sonrió. Verdaderamente, estaba muy contento con tener al mejor relojero de Northamptonshire. Luego miró al horizonte y finalmente exclamó: -Tenemos trabajo, el eclipse comienza.

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      Sus rechonchos dedos se deslizaban por el teclado en modo automático, de vez en cuando levantaba el dedo meñique como señal de una tendinitis inminente. El brillo de la pantalla del ordenador también era molesto para su vista cansada, por lo que a veces simplemente se quedaba inmóvil, descansaba su mirada en la pared de un sobrio gris claro repleta de pósits y luego retomaba su insignificante trabajo. Su vida vacía de toda excitación dio un vuelco cuando conoció a Alfredo, aquel hombre divorciado, curtido por años de experiencias con las féminas y que, lejos de parecer un galán, había mostrado cierto interés por aquella mujer solitaria y desaliñada. Vivieron un intenso romance y, de repente, descubrió los placeres de la vida que tanto había anhelado y deseado. Se sentía plena y feliz, enamorada y, por tanto, adicta. Una noche de verano, el bueno de Alfredo la dejó sin más, llevándose consigo la razón de sentirse viva de Gertrudis.

      Las semanas siguientes se convirtieron en un completo y angustioso infierno. El desasosiego y la tristeza más profunda se apoderaron de ella. Como una drogadicta, su existencia solo giraba en torno a la sustancia que había intoxicado su mente, impidiéndole incluso desarrollar sus aburridas tareas. El tormento la llevó a buscar desesperadamente una solución para poner fin a su malestar y dejar de humillarse. El almacenamiento de cookies en su ordenador hizo el resto del trabajo por ella. Un día simplemente apareció un discreto anuncio publicitario en la esquina de la página para descarga ilegal de películas que estaba ojeando. Aquella empresa parecía poseer el método definitivo para acabar con su amargura. ¿Acaso podía sentirse peor?

      Decidió pedirse unos días de asuntos propios en la oficina para desplazarse hasta la ciudad donde se hallaba la misteriosa empresa. Se armó de valor y entró en aquel solemne edificio dispuesta a hablar con quien fuera necesario para someterse al método. Una mujer joven de semblante amable la acompañó hasta su despacho y allí le explicó todo lo que ansiaba conocer.

      - Nuestro tratamiento ha sido testado científicamente dando resultados extraordinarios en primates. El siguiente paso es realizar los ensayos clínicos, para lo cual necesitamos voluntarios. Como usted –le sonrió–. Sin embargo, he de advertirle que este no es un proceso trivial y podrían aparecer efectos secundarios en el humano, a pesar de que nunca hayamos observado ningún tipo de complicación en nuestros modelos animales. Prácticamente le aseguro que usted se sentirá totalmente aliviada tras el tratamiento. Olvidará todos los recuerdos asociados a esa persona y, por supuesto, desaparecerá la sensación de dependencia que ha desarrollado hacia él. Usted podrá por fin retomar su vida y ser feliz. No obstante, debo pedirle que firme un documento dándonos su consentimiento.

      Gertrudis no lo pensó dos veces. Empezaron aquel mismo día. Tumbada en la camilla boca arriba, observaba con cierto temor lo que ocurría a su alrededor previo la intervención. Primera sesión: las fotografías de Alfredo y de otros elementos aleatorios se proyectaban una tras otra, de modo que durante este tiempo los científicos podían monitorizar mediante resonancia magnética qué áreas del cerebro se activaban específicamente. La tecnología que disponían les permitía además, mediante un tipo de marcaje celular fluorescente, identificar neuronas concretas. Durante cinco días prácticamente se dedicaron a escanear el cerebro de Gertrudis en busca de sus recuerdos. ¿Realmente era posible localizarlos en circuitos concretos? NeuroTech no era una empresa cualquiera. Poseían herramientas muy poderosas, a la par que ambiciosos proyectos, para poder comprender y manipular el cerebro humano. Sus investigaciones les habían llevado a lo más alto tras patentar un método para eliminar la adicción a la cocaína. Esta vez habían ido más allá. Podían bloquear el sistema límbico o circuito de recompensa que liberaba dopamina cada vez que se activaban las neuronas asociadas a los recuerdos amorosos mediante la administración de unas sofisticadas nanopartículas.

      Tras quince días, el experimento había finalizado. Gertrudis ya no sólo se había olvidado por completo de sus vivencias y de la angustia asociada a ellas, sino que además había recibido una recompensa económica más que aceptable por participar en el ensayo clínico. Todo apuntaba a que NeuroTech estaba muy cerca de lograr uno de los mayores hitos científicos de la historia y con mayores implicaciones para el ser humano: borrar el dolor asociado a la pérdida de un ser querido.

      De modo que finalmente nuestra amiga funcionaria volvió a su monótona y vacía rutina diaria. Igual de sola, igual de inexperta, igual de infeliz y sin recuerdos.

      Buscando al desgraciado gato

      Buscando al desgraciado gato

      Hasta los intrincados bosques de hojas cúbicas donde sus tallos transparentes crecen en tiempos de secas mientras llueve, tuve que ir a buscar al gato ese solo porque mi amo, el señor Schödringer, me lo pidió con demasiada ansia. Y es que creemos que el desgraciado micho se ha escapado de la caja pues pareciera que aún no ocurre nada. Con esto, no solo arruinó el famoso experimento del señor, sino que también nos puso en riesgo a todos de que el gas venenoso nos mate de inmediato si el mecanismo se activa, algo que por cierto ya sucedió mientras todos esperamos que no suceda.

      El alivio es que, como no lo sabemos a ciencia cierta, no podemos estar seguros si ya fue así o todavía no lo es. Y seguro seguiríamos tan campantes como antes, si no fuera porque esta condición de zombificación es inaguantable un segundo más; siempre resultará más confortante saber con certeza si se está vivo o muerto, pero jamás ambas al mismo tiempo. Es porque entiendo el terrible sufrimiento ante esta incertidumbre que ahora voy a su encuentro. (Apenas lo tenga entre mis manos lo voy a…).

      Mi búsqueda me llevó hasta la calle Moëbius en donde está la famosa barbería “Russell”. Una vez allí, decidí hacerme un buen corte aprovechando que estoy fuera de toda paradoja. Mientras mis cabellos caían con la pesadez de lo liviano, pregunté por el desaparecido:

      —Ayer, justamente —contestó el barbero, —cuando estaba cavilando sobre mi próxima certera muerte, escuché pasar a un gato. Iba el pobre animal muerto de miedo; corría como si la vida se le fuera en ello. Podría asegurar que por continuar vivo, ya estaba muerto de ansiedad, por lo que supongo que es el mismo que buscas. De verlo, no lo vi, pero por escucharlo casi podría asegurar que sí lo he visto.

      Reflexioné un poco: estás cuestiones de lógica y mecánica cuántica siempre me han resultado un tanto engorrosas para aclarar.

      —Entonces, ¿lo vio o no lo ha visto?

      —Si y no. Las dos al mismo tiempo pero sin poderte asegurar ninguna con certeza, claro está.

      Una vez concluido el servicio, agradecí, pagué y me retiré con la completa incertidumbre de si ya tenía la certeza absoluta de saber el paradero del felino. A la distancia pensé en el barbero: hay oficios que, de ser inofensivos, pasan por azares del destino y decisiones humanas, a ser altamente peligrosos. Tal es el caso de este tipo que está a punto de perder su vida por ser quien es y al mismo tiempo, por ser quien nunca ha sido. ¡Pobre hombre!

      Seguí andando hacia donde mi intuición indicaba que andaría el micho. En mi camino encontré a 3 palomas que compartían 2 agujeros en el suelo: todas ellas cabían exactamente sin que ninguna sobrara de tal forma que quedaba una sola en cada espacio vacío. Algo muy obvio.

      Repetí la pregunta de mi búsqueda:

      La primera, que estaba dentro de un agujero, habló así: —El gato seguramente regresó al laboratorio pues se sentía solo y solo quizo salir un momento para ya no estar solo; una vez que ya no estuvo solo, solo regresó a estar solo de nuevo. Lo sé porque es muy obvio.

      La tercera, que estaba dentro del otro agujero, también participó: —Eso es falso: el gato sigue todavía dentro de la caja. ¿Acaso ya revisaron abriéndola? ¿No, verdad? ¿Lo ves? Eso solo puede significar una cosa: el felino intentó escapar pero nunca lo hizo.

      Entonces la segunda, que era la paloma que estaba dentro de ambos agujeros y fuera de ellos al mismo tiempo, sentenció rotunda: —Ambas afirmaciones son falsas y a la vez verdaderas, tal como lo es tu gato. El animal sigue tal cual lo dejaron la última vez, sin embargo es la percepción de todos ustedes la que cree que escapó pues aparentemente no sucede nada allá dentro. El problema es que jamás lo sabrán hasta abrir la caja y así echar a perder el experimento, tal como creen que ya sucedió ahora mismo a pesar de que no lo han hecho.

      Esta última respuesta, tan definitiva y tan ambigua a la vez, concluyó por completo mi búsqueda: a pesar de no haberlo encontrado aún, ya no había a quien buscar. Fue cuando decidí volver, con el convencimiento absoluto de que el gato sigue adentro del experimento, mitad vivo mitad muerto. Aunque cabe la posibilidad de que también haya escapado, lo que provocaría que el gato estuviera y a la vez no, multiplicando así las posibilidades de manera exponencial.

      Desde entonces, el maullido único de una multitud de gatos atrapados en las infinitas posibilidades de esta realidad, nos comprueban que nuestro gato se ha multiplicado y ahora es uno y todos a la vez.

      Carlos y el volcán

      Carlos y el volcán

      La llegada al país de acogida no fue todo lo buena que esperaba. Después de tantas horas de vuelo, las despedidas, la gente extraña... No, realmente no era lo que había deseado encontrar. El cuerpo entumecido, el ruido de la máquina que todavía retumbaba en sus oídos... Y, además, y sobretodo, el frío. El frío en sus huesos, en su piel, en su corazón. Oía palabras a lo lejos, palabras que entendía pero que no reconocía. Como en una canción, la letra era la misma, pero con otra melodía, más dura y seca que la que salía del pequeño cuerpo de su abuela. Allí, a los pies del volcán había transcurrido su infancia, entre el verde de los cafetales y el azul del cielo.
      Y no muy lejos de allí, la montaña mágica, cuya presencia todos temían y querían a partes iguales. Nunca llegó a creer a pies juntillas aquellas historias contadas por los viejos sobre su furia. Siempre hacían referencia a tiempos pasados, situaciones vividas por los abuelos de los abuelos. Lejanas en el tiempo, demasiado. Y de repente, la vida que ya no existe, el fuego que todo lo ocupa, la lengua roja que avanza despacio pero inexorable. ¡Nadie la detiene! ¡Nadie! Los ojos de los adultos desorbitados, las bocas desencajadas, mudas. El silencio de la nada. El fin de la vida.
      - Carlos, vamos a casa, estarás cansado, dijo Jordi.
      Miró hacia arriba, vio al hombre que apareció en su vida hacía algún tiempo. Ahora que bajaba del avión evocó el ruido de los motores, cerró los ojos y se confundió con el despertar de la montaña. Al principio un sonido de fondo, casi imperceptible, proveniente del vientre de la tierra, y sin esperarlo, el rugido del león dormido, el planeta que se rebela desde sus entrañas.
      Esperaba una casa oscura y con olor a tierra húmeda y a café. Al cruzar el umbral comprendió que nada volvería a ser como antes. La quietud del pasillo,su silencio opresivo, las paredes blancas, la luz cegadora y fría... Durmió en una cama desconocida. Lo desconocido sería a partir de ahora la norma que regiría su vida. La familiaridad en lo nuevo. Cerró los ojos para recordar, para sentir la mano rugosa y morena de su abuela sobre su frente, sus caricias en el pelo antes de dormir, sus ojos hundidos y cálidos.
      Los días pasan, las semanas, los meses. No acaba de despertar del sueño en el que dormita.
      - ¿Cuándo volveré? Jordi lo mira desconcertado, mudo. Se levanta inesperadamente, lo coge de la mano, lo lleva a la cocina.
      - ¡Mira!, he hecho un volcán con papel y cola, ¿te gusta?
      El niño lo observa fijamente:
      - ¿Un volcán? No lo parece, no se parece a mi montaña mágica.
      -¡Sí!, exclama entusiasmado. Ahora verás. Sigue hablando animado.
      - Si echamos bicarbonato sódico y vinagre lo despertaremos. ¡Mira!
      Del agujero sale sin esperarlo una espuma roja y burbujeante. Enseguida se desliza por la ladera de la montaña y la magia se desinfla.
      - ¿Qué ha pasado?, musita Carlos.
      - El bicarbonato sódico entra en contacto con el vinagre en una reacción ácido-base...
      Carlos lo interrumpe con brusquedad:
      - No me refiero a eso. ¿Ocurrió realmente así?
      Jordi despierta de su ensimismamiento, reacciona, se arrepiente. ¡Cómo se le había ocurrido! ¡Qué acto de crueldad con su propio hijo! Se siente avergonzado, baja los hombros y llega a musitar: "Lo siento"
      - No, responde con firmeza el niño. Siempre he querido saber lo que pasó. Quiero decir. cómo pasó, el porqué. No hay sentimiento en sus palabras, las emite con una frialdad asombrosa. Es la serenidad del científico que investiga y comprueba, que busca y halla.
      - Es cuestión de química, Carlos, solamente química. Sentencia el padre.

      Cae la noche, un silencio sacro invade el gran laboratorio. Al fondo, un hombre sentado en un taburete echa los hombros hacia atrás, levantando la cabeza. Está agotado, necesita volver a casa, buscar su calor, el calor de Helena... El recuerdo de la joven hace que su mirada vague hacia el infinito. Recuerda el momento en el que sus miradas se encontraron por vez primera. Ella reía ruborizada y él supo que no podría dejar de amarla. Meses más tarde le confesó:- Siempre supe que no podría dejar de amarte. Y ella reía como el día de su encuentro. ¿Y cómo los sabías? Y él responde tranquilamente: Es cuestión de química.
      El ruido, el calor, los gritos, el infierno... dejan paso a las fórmulas, las probetas, el amor. Y el cafetal allá a lo lejos, rendido, casi olvidado, casi. Su abuela, fundiéndose con la tierra a la que nunca volvería, regalándole generosamente su sabiduría y su amor. Todo cobraba sentido, la química de los seres vivos, la magia de la vida.

      CARTAS A LA TIERRA

      CARTAS A LA TIERRA

      Querido Ramón. 30/10/2910

      Hijo mío, este papel hasta hace poco en blanco solía ser la reliquia de nuestra familia. Mi abuelo Miguel me lo encomendó a la edad de mis dieciocho años, y hoy, veinte años después te lo cedo a ti, pero ahora escrito. Repleto de palabras que solo tú puedes comprender, por desgracia no tengo hueco con el que caligrafiar las nanas, aquellas que te recitaba todas las noches antes de dormir y que también mi abuelo recitaba para mí. Fue gracias a este hombre que hoy por hoy sé leer y escribir, atesoro en mi memoria los recuerdos de su voz ronca mientras me relataba lo que a su vez su padre le enseñó. En el piso 1942 de la nave Oriola vivía tranquilo junto a tu bisabuela Josefina, antes de ser encarcelado. Siempre que el abuelo Miguel me contaba cosas sobre la Tierra, ella le replicaba –No lo escuches Manuel, está loco –me decía, y él haciendo oídos sordos proseguía –Mi padre de niño vivía en la Tierra. Siempre comenzaba su historia con la misma introducción, y después miraba estos folios e imaginaba como era la vida diaria allí. –Manuel aquello era increíble, la tecnología convivía con el papel, todo el mundo poseía una pluma con la que escribir y muchos folios, montañas de ellos todos en blanco esperando el amor de la imaginación humana. Aquellas historias a mí me fascinaban, no podía llegar a imaginarme un mundo donde la gente no solo escribiese con números. Nadie a bordo lo entendería, ni tan siquiera mi padre. Aquel hombre nunca supo valorar el poder de las letras, fue por ello que cayó influenciado ante las dogmáticas enseñanzas del general Almarcha, antiguo maestro de su padre a la vez. Aún me duele recordar la forma en la que ese hombre viejo hablaba de mi abuelo, en todos los sermones sobre el bienestar de la tripulación los domingos. Al llegar a casa, siempre oía a mi padre refunfuñando – Almarcha tiene razón, sino hubiera sido por los números nuestra especie hubiera muerto con la Tierra, y tu abuelo solo sabe incordiar con sus estúpidas letras, este buque no se moverá con palabras y tampoco necesitamos aprenderlas.- El nunca subió a visitar a Miguel, hasta que un día me lo prohibió a mí también y esta vez bastante enfadado insistía. Por supuesto que fui como cada día, pero esa mañana en la mirada de Josefina se podía ver reflejado el miedo. Miguel, sin embargo, me recibió con los brazos abiertos como cada día, aunque más contento que de costumbre. Aquella vez tenía algo muy prometedor que contarme y en un tono orgulloso comenzaba a relatar cómo se sirvió de sus contactos, aquellos que aún tenía de cuando ejerció en la milicia de nuestra nave Oriola, para introducir en el sistema central de mando un virus. Viento del Espacio, así se llamaba el virus que convirtió todos los números de los ordenadores en letras, es por eso que mi padre estaba tan sumamente enfadado y aunque fue todo un éxito, Almarcha no tardó en salir a desmentir que solo se trataba de un mantenimiento y nada más. Pero para Miguel era suficiente, ambos reíamos mientras veíamos a través del monitor al general cosido a preguntas, una detrás de otra no sabía cómo responderlas porque no imaginaba lo que en realidad significaban aquellos signos. Poco duró nuestra alegría, al darse cuenta mi padre de mi ausencia no dudó en venir a casa de mi abuelo. Josefina lo detuvo en la entrada, llorando, implorándole a su hijo que se detuviese, pero de poco sirvió. Seis guardias a sus órdenes le seguían a su paso y él, vestido de uniforme con las manos tras la espalda, sujetando la una a la otra elegantemente. Irrumpió en el salón y dijo. –Exteniente Don Miguel, será usted juzgado por desacato contra la milicia. –Mientras se llevaban a Miguel, mi padre añadió “Parece que esta vez los números ganan” y nunca más volví a ver a mi abuelo. Hijo mío, mi abuelo Miguel murió en la cárcel, de igual manera para mí este buque también es una cárcel y llevo soñando con la libertad desde entonces. A mi abuelo se lo debo, él siempre creyó firmemente que la apacible vida en la Tierra fue destruida por esos dichosos números y por las armas que crearon. Si fue así, tal vez y solo tal vez, pueda volver allí y escribir una nueva historia para todos, una nueva vida para tí. Es por ello que me despido con letras de mi puño y parto a la Tierra. Imploro tu perdón, pero no quiero que pienses que te abandono hijo mío, sangre de mi sangre, en tus versos queda juzgarme.

      Caso clínico

      Caso clínico

      Se llamaba Eva.
      Desde su primera infancia algo había en ella que la hacía distinta a las demás niñas. Su abuela preconizó: ”En cuanto aprenda a leer os olvidáis de que tenéis hija”. No se olvidaron, claro, pero fue cierto que ella desaparecía entre las páginas del libro que tenía entre sus manitas y uno se daba cuenta de que seguía allí cuando oía sus carcajadas o sus sollozos, en función del contenido de su lectura.
      A los 8 años su maestra vio otro indicio. Aquel día en que invitó a su madre, cuando fue a recogerla al colegio, a seguirla hasta el aula: “¡Mira!“ le dijo tendiéndole un folio. “¡Qué composición!, “¡Qué equilibrio cromático!”. La niña, seria como siempre, miraba a su madre mientras esta cogió aquella hoja de papel aparentemente llena de garabatos y sonrió sin entender nada.
      A los 10 compuso un kit de pociones al estilo Harry Potter, y empezó a participar en concursos literarios en los que enseguida quedó finalista.
      A los 12 su instituto la eligió como representante en un concurso matemático regional y ganó su primer premio en un certamen de cuentos provincial.
      A los 15 dibujó una ciudad entera submarina que dejó boquiabiertos a los profesores y un ensayo histórico suyo fue reconocido por la embajada francesa con una estancia lingüística en este país.
      A los 16 su investigación sobre García Márquez le valió un viaje a Colombia, en el que aprendió que el mundo era muy grande, que aún quedaba mucho por descubrir y que había muchas cosas que mejorar en él.
      A los 17 se encontró en una encrucijada: le gustaba la historia y la literatura, la sociología y la antropología, el dibujo, la química y las matemáticas…
      Sus padres le propusieron un descanso: “Tómate un tiempo y luego decides”
      “Lo tengo claro: Quiero seguir estudiando, aprendiendo. Quiero ir a la Universidad”.
      Y a los 18 se fue… ¡Qué desilusión!...
      Hombres y mujeres rancios sin pizca de humanidad hablaban engolados desde sus palestras, escuchando su propia voz y recreándose en sus palabras. Desde el primer día dejaron claro a quien quisiera oírles que ellos eran los sabios y que los demás sobraban. “Mucha gente veo por aquí… Les aseguro que apenas un pequeño porcentaje conseguirá terminar sus estudios y sé positivamente que sólo una ínfima parte trabajará en el campo para el que se supone van a prepararse… si es que logran prepararse”. “Llevo más de 35 años en esta universidad y ya he hecho por ella y sus estudiantes más que de sobra. O sea que conmigo no cuenten para nada más que para darles clase”. “Sepan ustedes desde ahora mismo que necesitarán unas 4 horas para hacer el examen final y sólo dispondrán de dos”. “No voy a proporcionales apuntes. Total, no los entenderían”…

      Eva trabajaba a su ritmo, tranquila iba avanzando en el temario, profundizando en la programación, siguiendo la guía docente… y cuando en las prácticas los profesores vieron que estaba adelantada: “¡Atención, señores, que tenemos una listilla en el aula!”.
      Ese primer año de carrera empezaron sus dolores de cabeza. No dijo nada.
      En segundo se ofreció a colaborar con algún departamento: “Aprenda algo primero y luego ya veremos”, le contestaron. Para entonces los dolores de cabeza eran ya tan fuertes que interferían en su cotidianidad.
      Tras pruebas clínicas y reconocimientos médicos varios, ningún especialista supo dar una causa objetiva de su mal, y se escudaron en el estrés y la mala vida estudiantil. Pero ella era rigurosa y equilibrada. El único exceso que había en su vida era el tiempo dedicado al estudio, a la adquisición de conocimientos y a su posterior aplicación.
      Cuando tras los exámenes de tercer curso regresó a casa su familia apenas la reconoció: ella siempre había sido pequeña y delgada, pero ahora parecía que la cabeza se hubiera reducido sobre sus hombros. Les dijo: “Es que se me está secando el cerebro. Noto como se me encoje en la cabeza. Me pongo a dibujar y sólo me salen formas geométricas, mis letras son algoritmos... Cada vez me cuesta más pensar, imaginar, crear.”
      Nuevamente la llevaron al hospital. En los tratados de medicina figura registrado como el primer caso de jibarización natural.

      Cuando varios de sus compañeros sufrieron el mismo proceso las autoridades clausuraron su Universidad de pata negra y siglos de antigüedad.
      Lástima que Eva ya no estuviese allí para verlo.

      Cinco minutos

      Cinco minutos

      — ¿Estás lista?
      — Cinco minutos… y termino… — respondió semiautomáticamente, procurando no perder la concentración ni su diana. Sólo se escuchaba el zumbido del ventilador de la cámara y del ordenador a la que se conectaba. En medio del laboratorio, Clara tenía encima del hombro una cámara de gran envergadura con botones de colores distintos y varias pantallas desplegables, posicionada apuntando hacia un tanque de vidrio de la estatura de una persona y varios metros de ancho y largo. El tanque, lleno de agua marina, normalmente tenía en el interior un pulpo pero ahora estaba vacío y lo único que contenía era una pelota del tamaño de una uña flotando a media agua. Mirando fijamente la pantalla principal, con la mano izquierda Clara reajustó el enfoque de la imagen y enseguida disparó con la derecha. Se intensificó el zumbido del ventilador y durante unos segundos el susurro del paso del haz de fotones en las coordenadas señaladas advertía que el más mínimo movimiento de la cámara dañaría la imagen final. Se hizo silencio y entonces, finalmente respiró hondo.
      — Voy a guardar la cámara y ya estoy. Al final han sido menos de cinco minutos. — dijo con tono triunfal mientras se levantaba y se dirigía al ordenador.
      — ¿Te refieres a los cinco minutos de ahora o a los de hace media hora? — le replicó Lea irónicamente — ¿Qué hacías, de todas formas? ¿No habías dicho que hoy no podrías hacer experimentos? Además, veo que hoy te falta tu compañera de aventuras pulpo…
      Desviando la atención de la pantalla, Clara le echó una mirada de falso enojo cómplice — Veo que no se te escapa ni una.
      Clara volvió a mirar la imagen que acababa de capturar. Su diana había quedado incluida en el paso del haz pero no estaba centrada. A la próxima lo haría mejor. Suerte que el lóbulo óptico de Octopus es el ganglio central más grande de su cerebro, si fuera cualquier otra región tendría que practicar la puntería mucho más. Con 65 millones de neuronas, no sólo es la región responsable de procesar la información visual sino que además juega un papel crítico en el control motor superior y en la memoria. La peculiar forma de donut del sistema nervioso central de Octopus tampoco ayudaba en estas técnicas de imagen de alta precisión.
      — Me ha fallado el software de reconocimiento y traducción de patrones de coloración, el código debe tener algún error. Así que no podía monitorizar eficazmente su bienestar y no he hecho experimento. Además, la tormenta de anoche ha puesto bastante material en suspensión y en el tanque, el agua estaba provocando interferencias en la imagen, así que tuve que recalibrar el blanco. Ya que había sacado la cámara, aproveché para practicar mi puntería y mano de cirujano. — En este momento, recogía ya todo el material de imagen que debía devolver a su lugar, en la sala adyacente al laboratorio. De camino, sugirió — Si quieres puedes ir recogiendo la pelotita diana del tanque con el salabre. Nos iremos antes.
      Así lo hizo Lea y al ir a guardarla ya desalada y seca, reparó en un nuevo objeto encima de la mesa. Un pulpo en miniatura de goma blanquecino con zonas opacas, que más bien parecía de juguete, estaba apoyado sobre la mesa con los ocho brazos extendidos y perfectamente equidistantes.
      — Oye, ¿por qué tienes un juguete en forma de pulpo con una cara un poco extraña?
      Ella soltó una ligera risa y elevando la voz le contestó desde la sala donde aún guardaba el material — Me lo han traído los de la Sección 9 para que le dé un vistazo. Es uno de sus prototipos de robots autónomos Bitpod. Lo han construido mediante impresión 3D y litografía blanda y se mueve sin cables ni baterías. Al parecer esta versión es capaz de interaccionar con el medio.
      Lea acercó los ojos al pequeño Bitpod que tenía en la palma de la mano y de repente, sostuvo la respiración. Bitpod retorcía suavemente dos de los brazos pero el movimiento se estaba trasmitiendo gradualmente a los restantes seis brazos y en su interior se había encendido un cableado rojo y azul, como si fueran terminaciones nerviosas.
      — ¿Lo has encendido? ¡¿Cómo lo has encendido?! ¡Todavía no me había dado tiempo a examinarlo! — Clara estaba de nuevo en el laboratorio.
      — Pues … no lo sé … — le contestó Lea distraídamente, sus ojos no se desenganchaban del pequeño autómata.
      — Ahora sí que ya no nos vamos en cinco minutos. — dijo Clara cogiendo Bitpod en sus manos. Entonces se dirigió a larga estantería al fondo del laboratorio en búsqueda del famoso protocolo Ámbar del que tanto hablaban en la Sección 9.

      COBAYA

      COBAYA

      Desde que me diagnosticaron mi enfermedad “rara-rara” y me dejaron claro que no había curación por el momento, y que las investigaciones más recientes aún estaban en la fase de provocar los síntomas en algunas ratas de laboratorio, decidí que iba a presentarme a todas las pruebas con humanos que se necesitaran.
      Los científicos son buena gente, y además poco proclives a poner en peligro a la humanidad, más si esta es sufriente como yo, así que no me quedó otro remedio que buscar algún científico de los digamos locos, imprudentes, o visionarios, y ofrecerle mi colaboración, desinteresada en lo económico pero muy interesada en lo vital.
      Tras varias búsquedas por el internet oscuro, pude encontrar una web donde al fin iba a encontrar a mi salvador, el que iba a encontrar el remedio, el que podría por fin decirle a mi cuerpo, que dejara de atacarme a través del sistema inmunitario. Que no confundiera algunas de mis sustancias corporales con virus extraños.
      Nos intercambiamos varios correos electrónicos, hasta que le quedó clara la sinceridad de mi ofrecimiento. Era un partidario de los atajos, como yo, así que no había más que ponerse a la obra.
      Quedamos en su laboratorio, ilegal y secreto, como no podía ser de otra manera. En el bajo de un edificio de viviendas por las afueras. Debió de ser un almacén, abandonado hacía tiempo y desde luego, el lugar ideal para hacer experimentos de la naturaleza que yo preveía.
      El interior estaba lleno de cachivaches, que mi nuevo amigo y protector, me iba enseñando con orgullo: una impresora en 3D con la que podía crear prótesis para cualquier parte del cuerpo, y que ponía a disposición de gente como yo, cobayas desesperados. Agitadores de tinturas madre, para poder llegar a diluciones homeopáticas por encima de las 100.000 K de Wasserman. Con varios millones de diluciones pensaba que el efecto de la sustancia original era de un orden tan espiritual que sin duda sus resultados serían más espectaculares.
      También tenía un aparato que según me contaba era una mezcla de scanner y medidor del aura. Vamos lo último en locuras. Sin duda era mi tipo.
      Nos pusimos rápido a la faena. Para las enfermedades autoinmunes tenía una solución, arriesgada, que no había podido aún experimentar, pero en la que tenía depositadas grandes esperanzas: el bucle de recoveco cuántico (BRC).
      Me anestesió, dormí profundamente, tan profundamente, que no sentí nada hasta varias horas después. Estaba en urgencias del hospital, y cuando vi la cara de los médicos que me observaban con una mezcla de sorpresa y repulsión, tuve la impresión de que algo había cambiado en mí.
      Bueno no todo. La enfermedad autoinmune la sigo conservando, no por muchos años espero. Lo que ya no tendré será el riñón derecho, la córnea derecha y el pabellón auditivo izquierdo, que con lo feo y peludo que era, no sé a qué desesperado desorejado se lo habrá conseguido vender.
      La policía me tomó por un chiflado más, y por supuesto el local estaba vacío y abandonado. Bueno la máquina de 3D aún estaba pero parece que era un robot de cocina tuneado.
      Me queda el consuelo de que las ratas de laboratorio, estos santos animales, sirvan algún día para curarnos… sin atajos.
      FIN

      Como dientes de león

      Como dientes de león

      Navega, la ciudad flotante, despreocupada en las suaves corrientes del cielo… Si tuviera una escalera infinita, tal vez me colase entre las entrañas de la peregrina urbe para descubrir sus secretos.
      Parsimoniosa, teñida de misterio, la metrópoli expone su maquinaria de pistones y vapores en la panza. Los motores de antigravedad —titánicas esferas de rotación perpetua en el vientre de la bestia—, producen un ronroneo inquietante que quiebra la paz entre los vientos, y en el desierto. Pienso en si sería probable que sus ciudadanos, al ver a un bárbaro, me recibirían con los brazos abiertos. Mis pistolas, la mirada, el polvo en los ropajes y la piel curtida por el sol no ayudarían, claro. Aunque, reconozco, sería divertido estrechar la mano de las gentes del cielo. Una utopía. Nadie sabe qué fue de sus habitantes. Hace tanto que mi abuelo me contó cómo vio despegar a las Atlántidas y marchar con los elegidos; nunca se volvió a saber de ellos.
      ¿Será ésta una de las últimas megaciudades que juega con los pájaros? Cierto es que tenían mayores recursos. Las poblaciones más pequeñas fueron las primeras en mostrar imperfecciones, y en precipitarse. Fue una gran idea en su momento, aquí abajo todo se estaba muriendo. Esas metrópolis, sin embargo, se convirtieron en castillos en el cielo.
      De tanto en cuanto, tropiezo con los gigantescos esqueletos de grafeno. Son un buen cobijo, pero no me quedo por mucho; capas de melancolía cubren sus rincones deshabitados y pasear por las estructuras derruidas no me motiva en exceso. Es difícil imaginar la colosal belleza que una vez tuvieron y el orgullo de sus constructores. Es el silencio, no obstante, lo que más comprime mi alma cuando pernocto en uno de sus cadáveres. Y tampoco es que sea el único que hurga entre los restos. No, no paso demasiado tiempo en las urbes flotantes que sucumbieron.
      En medio de estas tierras baldías, una sombra como la de esa ciudad que se desliza sobre mi cabeza, es bienvenida. Mientras voy a su caza, refrescará mi camino. Como el resto de metrópolis, deja un río de negrura que corrompe el firmamento; una ballena herida. No será difícil seguir su rastro, ni para otros chatarreros. Es posible que para no irme de vacío, obligue a mis pistolas a cantar una balada de plomo.
      No comprendo qué las mantiene ahí arriba. Cuando colapsa una de ellas, con todo, es un digno espectáculo. La última vez que pude presenciar un desplome me encontraba acampado a la orilla de un lago con montañas nevadas de fondo. Una perca se hacía a fuego lento a la vez que, metódico, saboreaba un queso rancio. Aquella ciudad, que estallaba y ardía por varios puntos, rompió la tranquilidad del lugar al arrojarse como una lanza sobre las montañas. Pareció que el tiempo, al verla deshacerse como dientes de león, se ralentizaba para mi disfrute. Cuando el cadáver metálico aún gorjeaba, desvalijé lo poco que quedó.
      Pronto bucearé en otro vagamundo cobrizo y oxidado que, aún desafiando a la gravedad, terminará por desmoronarse aunque navegue despreocupado en los cielos.

      Comportamiento agresivo intra-específico en larvas de Salamandra gigante de ojos de fuego

      Comportamiento agresivo intra-específico en larvas de Salamandra gigante de ojos de fuego

      HERPETOLOGICAL JOURNAL, Vol. 5, pp. l5-21 (2022)
      Comportamiento agresivo intra-específico en larvas de Salamandra gigante de ojos de fuego.
      Asenath Waite.
      Biology Department, Miskatonic University. Arkham, Essex County, Massachusetts.
      E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

      Resumen
      El comportamiento social más llamativo en las larvas de urodelos es la agresión entre individuos de la misma especie y se relaciona con la competencia por el espacio y los recursos. Estas interacciones pueden originar lesiones importantes e incluso llegar al canibalismo. En este estudio se analizó, en condiciones de laboratorio (Museo Nacional de Historia Natural de París), el comportamiento agresivo en larvas de la Salamandra gigante de ojos de fuego. Los objetivos básicos fueron: (1) analizar la función visual en el contexto del comportamiento agonístico y (2) examinar si el tamaño relativo del cuerpo entre individuos influye en la frecuencia de las interacciones agresivas. Como control se analizó el posible efecto que pudiese tener el observador sobre la conducta de las larvas de Salamandra gigante de ojos de fuego estudiadas.
      Para los experimentos se seleccionaron al azar parejas de larvas de salamandra y se introdujeron en un acuario. Las condiciones de temperatura, luz, oxígeno disuelto y calidad del agua fueron siempre las mismas. Los ensayos se iniciaron tras un periodo de aclimatación de las larvas a su nuevo entorno (20 minutos). El análisis de los patrones que precedieron a un acto directo de agresión (acercamiento y mordida) reveló, por un lado, que la salamandra que iniciaba la agresión exhibía más patrones de conducta de ataque y, por otro, que el receptor mostraba inicialmente un claro comportamiento de huida. El tamaño relativo del cuerpo afectó significativamente a la frecuencia de los actos agresivos. La proporción de actos agresivos realizados se relacionó positivamente con el tamaño relativo de la larva. El tamaño corporal parece ser una señal importante que se correlaciona con el resultado de interacciones agresivas en larvas de Salamandra gigante de ojos de fuego. Los individuos son capaces de estimar la asimetría de su tamaño con respecto a otras larvas y de evaluar la capacidad de lucha de su adversario en función de su tamaño, pudiendo así ajustar su comportamiento y, en su caso, evitar o propiciar la escalada del encuentro agresivo. Por último se comprobó el efecto del observador en los resultados del experimento mediante el concurso de dieciocho estudiantes becarios elegidos al azar. Lo más relevante fue que, cuando la mirada de las larvas de Salamandra gigante de ojos de fuego se posaban en los ojos del observador, se producían en éstas una serie de movimientos erráticos que concluían con una inhibición de los comportamientos agresivos y, en cambio, un aumento de los de huída. En un 44.4% de las observaciones, estos individuos acabaron muriendo víctimas de agresiones de la larva contrincante al no mostrar ninguna resistencia ante sus ataques violentos. En estos casos fueron frecuentes las amputaciones de patas, porciones de cola y branquias antes de la muerte.
      Aunque no forma parte de este estudio y, a falta de otros parámetros externos no controlados, no podemos tener conclusiones, queremos dejar constancia de la posible influencia recíproca recibida de las salamandras. Tras los experimentos se produjo un notable incremento de los comportamientos agresivos y delictivos de los observadores que entraron en contacto visual con las larvas de Salamandra gigante de ojos de fuego. En la actualidad todos los estudiantes que participaron en el control permanecen recluidos en distintos centros penitenciarios del país y algunos, incluso, debido a su conducta extremadamente violenta, en celdas de aislamiento (cuatro de dieciocho casos).

      Conciencia

      Conciencia

      Perspectiva era la palabra. Había que cambiar de perspectiva. Mudar la mirada. Mutarla. Obviar los aspectos humanos y adoptar una actitud flexible y humilde ante la magnitud del fenómeno, o mejor acaso la entidad, que se nos presentó. La conexión al fin se había producido. No estábamos solos o al menos ésta fue la interpretación para la vulgata.
      El cambio de conciencia se había iniciado a finales del siglo XX. El aleteo de una mariposa es la metáfora que hubiesen utilizado entonces. Una frase de apenas cuatro segundos en un programa de televisión de trece capítulos, pronunciada por el astrofísico más famoso de la época, tuvo un efecto catártico a largo plazo. "Somos polvo de estrellas". Por vez primera se conectaba la materialidad de cada hombre, de cada ser vivo, del entero planeta con la explosión de supernovas eones de tiempo atrás. Así pues desde el punto de vista material éramos lo mismo. La frase en cuestión no produjo ninguna reacción al principio, pero fue extendiéndose como un virus a lo largo del tiempo, de forma que inoculó en los hombres la clara conciencia de su origen y, con ellos, el del resto de seres vivos. Hubo otros jalones en este despertar, la publicación en 1961 de Solaris de Stanislaw Lem, llevada al cine en 1972 por Andréi Tarkovski; o el estreno en 1968 de 2001 Odisea del espacio, dirigida por Stanley Kubrick sobre un guión escrito por él mismo y por Arthur C. Clarke.
      Ambas obras podrían tomarse como las profecías del nuevo tiempo. El encadenamiento de reproducciones y evoluciones desde el alba de los tiempos hasta el niño estrella final, producto de la fecundación de Júpiter por el espíritu humano, en la obra de Kubrick, junto a la hipótesis del océano consciente capaz de materializar sueños, pesadillas o deseos de los astronautas que lo orbitan en Solaris, traía consigo una consecuencia, toda la vida, la humana incluida, era la condensación de la energía estelar, y todo lo considerado objetivo resumía la evidencia de un hecho, la conciencia nacía de la interacción de las energías cósmicas y la percepción. Nos hallábamos preparados para asumir que cada conciencia, no era sino un quanto de la conciencia universal.
      Por otra parte la interconexión global, consecuencia de las revoluciones tecnológicas del cambio de milenio, permitió el manejo de cantidades ingentes de información y la creación de una realidad virtual que llegó a convertirse en una alternativa a la realidad objetiva, si es que esto significaba algo todavía. La superación de las grandes crisis de los años veinte del siglo XXI, que a punto estuvieron de llevar al planeta a la aniquilación, y el final de las guerras yihadistas prolongadas hasta mediados del siglo, cimentaron una auténtica asamblea mundial y el conjunto de agencias que nos gobiernan actualmente. El descubrimiento de la posibilidad de vida orgánica en Encélado y Europa, realizado a principios del siglo, fue retomado como objetivo científico de primer orden.
      El Big Data y la creación de realidades virtuales, nos permitió democratizar un hecho conocido por místicos y chamanes desde tiempos inmemoriales. La propia realidad tal como la percibimos es la construcción que nuestra mente fabrica con las interacciones sensoriales que mantiene con el resto del Universo. Ya en los años sesenta del siglo XX, hombres como Aldous Huxley, Albert Hofmann o multitud de jóvenes habían jugado a alterar los estados de conciencia, experimentando con drogas psicoactivas; pero las autoridades de la época, temerosas de un movimiento que no controlaban ni comprendían, acabaron persiguiéndolo.
      Por último, la unificación en los años veinte del presente siglo de las teorías relativista y cuántica, produjo la nueva revolución tecnológica de la lógica difusa y las modernas técnicas de propulsión mediante deformación espaciotemporal.
      Todo ello permitió estudiar en tiempo real y sin riesgo físico Encélado y Europa y, finalmente, conectar con Júpiter. El cambio de perspectiva fue fundamental, se inició la investigación del interior del planeta con ondas de sónar y lo que Júpiter devolvió cambió nuestra concepción de la realidad de forma radical. Series numéricas sencillas. Inicialmente los números pares, los múltiplos de tres, de cinco,... luego, los primeros cien números primos, y, de pronto, la serie de Fibonacci acarreó la revolución. La atmósfera del planeta se agitó creando un enorme vórtice que acabó en la imagen del nautilus, la espiral áurea. El ojo de Júpiter, una sideral tormenta, no sólo devolvió los números de la serie, sino que envió una catarata de imágenes y datos que nuestros ordenadores comenzaron a decodificar. Lo sabía todo sobre nosotros. En breves instantes nos devolvió nuestra matemática, nuestra ciencia, nuestra música, nuestra historia, todos nuestros idiomas, todos nuestros conocimientos, todo... Y, por fin, el mensaje que la comisión central interagencias decidió mantener en secreto.
      Lo afirmaba una antigua canción sefardí. "Se vive como se sueña, sólo".

      Confinados

      Confinados

      Bajo mi vientre se extiende un lecho esferoidal, con sus montañas y sus valles, sus chimeneas y sus erupciones. La bóveda, lisa y blanca, lejana, engloba el lecho y protege el mundo. O eso creemos. Porque este universo está sujeto a violentas deformaciones periódicas que provocan, de vez en cuando, la ruptura de la bóveda. Son eventos sobrecogedores que nos hacen enmudecer y desear que una vez más todo retorne a su estado de equilibrio. Con las rupturas aparecen corrientes que nos sacuden y arrancan parte de nuestro hábitat. Casi siempre las grietas se cierran al poco, dejando tras de sí enormes cicatrices rojas como señal y señuelo de la vida que llevamos. Decían los antiguos que nada hay más allá de la bóveda protectora, fin del mundo.

      En estos tiempos, sin embargo, nos intrigan las rupturas. Hemos hecho preguntas y ya comienzan a llegar respuestas. Justo tras la última deformación ha circulado una sorprendente novedad: parece que las cicatrices de la bóveda incorporan, en la parte más alejada del lecho, cierto tipo de material concordante con nuestra química, pero de composición nunca antes observada. Algunos, tachados de descreídos, lo interpretan como una posible conexión con otros universos. Qué escalofrío… y qué placer. Porque, ¿de dónde el miedo, si no de la ignorancia?

      El recorrido entre el lecho y la bóveda me lleva algo más de día y medio. Como me incomoda atravesar los niveles donde se mueven los grandes, hace tiempo que no me acerco a las cicatrices. Pero tras la noticia no me he podido resistir. Ahora ando buscando con cierta ansiedad irregularidades que revelen alguna ruptura reciente. Aquí, aquí comienza una vía que penetra en la bóveda. Está caliente. La recorro en busca de no sé bien qué, llevada por la intuición. Hay varios lugares donde parece que absorbe material, si me acerco demasiado siento una fuerte succión. Es una señal de alerta y vuelve el miedo. ¿A dónde van estos retales de mi mundo? ¿Y si no fuera algo inaprensible lo que me asusta?

      Zeus III ha estabilizado su órbita alrededor de la pequeña luna y el módulo de superficie Minos está listo para intentar el alunizaje. Las tres misiones Juno tuvieron un éxito parcial en la exploración del sistema joviano, así que a alguien se le ocurrió cambiar a los romanos por los griegos, a ver si otros dioses eran más propicios. Zeus I y II corrieron una suerte dispar. La primera consiguió el alunizaje de su módulo y envió unas magníficas imágenes de detalle de los terrenos caóticos de Europa. El módulo orbital de la segunda fotografió exhaustivamente las zonas polares pero nunca recibió señales del módulo de superficie, que más tarde fue localizado dentro de una zona lenticular fundida. Desde entonces han pasado más de dos décadas y se ha optimizado la tecnología de sondeo y estudio del subsuelo. También tuvieron éxito las últimas misiones tripuladas a Marte, que han permitido establecer una colonia semi-permanente en el planeta. Minos lleva un hombre a bordo. Aunque se acerca de manera controlada a la región prevista, el alunizaje podría verse dificultado por una fractura reciente, según delatan varios géiseres alineados que escupen material del interior hasta varios kilómetros de altura sobre la superficie.

      Una onda de presión acaba de llegar hasta mi cabeza.

      Minos ha alunizado. Tras comprobar que el módulo está estabilizado y que el géiser más cercano no representa un peligro inminente, el tripulante comienza la perforación. No tiene mucho tiempo.

      Algo sucede sobre la bóveda. Es como si alguien llamara a mi mundo, pidiendo entrar. Parece cercano y sus maneras resultan groseras. Tensa, escucho y espero.

      Minos ha tenido suerte. Las zonas de ruptura recientes son mucho más delgadas que la gruesa capa de hielo. En unas horas ha sido posible alcanzar la capa líquida, el océano de Europa, el lugar con más posibilidades de albergar vida del Sistema Solar.

      Quien pedía entrar no espera respuesta. Está construyendo su propia puerta.

      La presión en el perforador se libera. Europa responde con un tremendo géiser que lanza desde sus entrañas hielo, agua y una variedad de materiales amorfos. Minos se tambalea.

      Soy succionada a través de la bóveda, más allá del fin del mundo. Privada de mi medio, apenas tengo tiempo de ajustar la visión para atisbar un vertiginoso abismo negro lleno de luciérnagas. Nunca sabré que en el universo que hoy abrió la puerta las llaman estrellas.

      Continuidad de los relatos

      Continuidad de los relatos

      Nadie me creerá, pero fue así, como acabo de averiguar. Y sólo Manuel podía haberlo hecho de esa manera, porque Manuel es un científico de los pies a la cabeza.

      Germán, nuestro director, había empezado a ausentarse del laboratorio casi todos los días, en pleno trabajo. Se iba sin despedirse, tratando de pasar desapercibido, llevándose una novela al bolsillo de la chaqueta. Todos lo veíamos, y nos incomodaba, porque era como desinteresarse de lo que hacíamos, precisamente cuando se abrían tantas posibilidades; habíamos empezado a trabajar con la técnica CRISPR/Cas9 para editar el genoma celular.

      Al poco tiempo, Marian, la mujer de Germán, comenzó a ir por el laboratorio. Marian venía para ver a Germán, pero Germán nunca estaba. Era plena primavera, y Marian entraba siempre por la puerta que da al parque. Manuel la recibía como si hubiera entrado parte del paisaje. Manuel y ella se quedaban charlando un buen rato, como viejos amigos que son. Después de varias visitas, Manuel comenzó a llevar un ritmo de trabajo muy sistemático: entraba a media mañana, se metía en su despacho, y trabajaba en el laboratorio, solo, por las noches.

      La última tarde que los vi, salieron juntos al parque. Ella le acarició la mejilla, y cada uno siguió su camino. Él echó la vista atrás para verla alejarse.

      Cuando una alumna de Biología encontró a Germán apuñalado en el banco verde del campus, fue como un mazazo. En el laboratorio pasamos varios días en silencio y sin mirarnos, concentrados solo en el trabajo. Manuel llegaba temprano, se encerraba en su despacho, y se iba a media tarde. Yo no dejaba de preguntarme por qué había roto su rutina anterior, y me propuse investigarlo. Una noche fotocopié su diario de laboratorio.

      Tenía anotadas las visitas de Marian, junto a abreviaturas indescifrables. Había pegado y marcado con rotuladores de colores vivos las fotocopias de dos trabajos: uno de Krautkramer et al. en Molecular Cell, que asegura que la microbiota puede activar o desactivar genes del ADN del huésped; y otro, de Dinan et al. en el Journal of Psychiatric Research, que afirma que la microbiota es parte del sistema inconsciente que regula el comportamiento, e influye en los patrones de conducta. Manuel preparó un plan de trabajo para insertar un segmento de ADN en la parte funcional del genoma de un E.coli no patógeno, con la técnica CRISPR/Cas9. El segmento de ADN que quería insertar era un relato de Cortázar codificado. El diario no decía cual. Manuel convirtió al código cuaternario los códigos ASCII de las letras del relato, y asignó los dígitos 0, 1, 2, y 3 a las bases A, T, C, y G. El sintetizador de ADN obtuvo así una cadena de unas trece mil bases, por lo que el relato tenía poco más de quinientas palabras. Quizá era sólo un homenaje al escritor, convertir un texto suyo en ADN y verlo multiplicarse, pero había más. Manuel anotó haber ingerido una cápsula con el E.coli modificado.

      En ese momento entendí qué se había propuesto. Manuel conocía las consecuencias que podría tener incorporar a su organismo un E.coli con el genoma alterado, y buscaba su efecto. Esperaba que, dentro de su organismo, el E.coli influyera en su conducta, y le forzara a hacer algo que de otra forma no haría.

      Esta noche estoy solo en el laboratorio. Necesito averiguar qué texto es ese, en que Manuel confiaba para hacerle actuar como no podía. Veo una placa de Petri que tiene marcado con rotulador en la tapa “E.coli Crtzr”. Tomo una muestra, y la preparo para el secuenciador de ADN.

      El programa de Manuel va descodificando el genoma y lo traduce a letras del alfabeto, a medida que el secuenciador descifra la secuencia de bases del genoma.

      En el laboratorio sólo se escucha el golpeteo mecánico del secuenciador. El corazón salta en mi pecho cuando sale en pantalla una línea que parece hablarme: “Había empezado a leer la novela...”

      Sigo leyendo y reconozco el relato: Continuidad de los parques.

      Me viene la imagen de Marian y Manuel despidiéndose, días atrás, a la puerta del laboratorio, cuando leo en la pantalla “Salieron al parque y ella le acarició la mejilla; el puñal se entibiaba contra su pecho. Se separaron en la puerta. Él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto”.

      Las palabras finales del relato de Cortázar se mezclan con otras mías, para dictarme el final de esta historia: Caminó hasta el campus. Desde la sangre galopando en los oídos le llegaban las palabras de ella: la senda de tierra, el pequeño talud, el castaño, y entonces el puñal en la mano, el respaldo del banco verde, Germán leyendo la novela.

      Cuestión de perspectiva

      Cuestión de perspectiva

      La psicología siempre me ha resultado la ciencia más fascinante. Concretamente, me empecé a interesar por ella cuando a mi madre le diagnosticaron aquella depresión. Desde entonces, pañuelos, pastillas y lágrimas habían invadido la casa y perseguían a mi madre por la casa. Tiempo más tarde entendí que le estaban haciendo compañía.
      Cumplí los dieciocho y me fui a estudiar a Barcelona. Pude meterme a la carrera que salvó muchas vidas, pero lo más importante, que me salvó a mí de mí mismo.
      Y es que resulta que la vida nos pone a prueba y que cuando intentas salir de un pozo trepando, te resbalas; saltando. la caída es más dura; con manos ajenas, las pierdes... Pero cuando todo es cuestión de perspectiva, giras la imagen y ya no es un pozo, sino una cueva. Porque a veces no se trata de de hacernos gigantes y volar, a veces es tan simple como caminar por la acera de enfrente.

      Del Azul al Negro

      Del Azul al Negro

      Descubrió las leyes de Mendel a los doce años. Tanto le fascinaron que en el instituto eligió estudiar biología. Más tarde cursó medicina, y culminó su brillante formación con una beca de la Universidad de Boston. Había dedicado casi toda su vida a la investigación, hasta que al fin logró descubrir el mecanismo que explicaba cómo se producía la herencia genética. Añadió tres leyes más a las de Mendel, de modo que se eliminaba el azar y se proporcionaba una explicación completa a todo el mecanismo de la herencia.
      Frente al ordenador, daba los últimos retoques a su artículo para la revista Science. Jugueteaba con el ratón alrededor del botón "enviar". No era por inseguridad. Una perfeccionista como ella sabía que se trataba de un estudio definitivo. Alzó la vista y observó la fotografía de sus padres posando con ella en su graduación. Su madre sonreía. Sus ojos irradiaban una orgullosa felicidad. Eran grandes, redondos y azules. Tan alejados de los suyos, pequeños, rasgados y negros, apenas diferentes de los de cualquier joven china. Adoraba a su madre adoptiva, pero le invadió un sentimiento de tristeza. Había descifrado el secreto de la herencia genética, pero mirando aquella instantánea comprendió que para ella ese enigma nunca sería resuelto.

      Descargas de Realidad

      Descargas de Realidad

      En este momento yo ya no escucho sus palabras. Tan solo mantengo la mirada fija, absorta, en los labios de ese hombre de bata blanca. Mi mente ha desistido en descifrar las aterradoras noticias que salen de su boca. Me siento aturdida. Duele.

      Mientras, por el rabillo del ojo, desenfocada, intuyo la silueta de esa máquina a la que, casi de manera inconsciente, juré lealtad. Ahí está, como cómplice y testigo; espejo que refleja el lado más oscuro, más oculto de mi ser. Y sentado, frente a mí, se encuentra ese joven que, con una sonrisa, trata de evadir los hechos; trata de hacerme olvidar que, de no haber sido porque esto tan solo un experimento, ahora sería un trozo de carne inerte; víctima de mis decisiones; el resultado de mi inhumanidad.

      Me levanto. “Necesito tomar el aire”, digo mientras me separo de esta silla que me ata; de la silla que me obliga a encarar la realidad. Tratan de evitar que abandone la sala de esta forma tan precipitada. ¿Hipocresía? ¿Protocolo? ¿Formalidad? No entiendo cómo no desean perder de vista al monstruo que he demostrado ser.

      Recorro el pasillo. Busco desesperadamente la salida más próxima; con la cabeza gacha: no quiero ser reconocida. Por fin, algo de aire fresco en mi cara. Meto mi mano temblorosa en el bolso, que solo desea, impaciente, palpar el contorno de la caja de cigarros. Pero yo lo sé: ni toda la nicotina del mundo sería capaz de evadir todo aquello que me aturde y me revuelve por dentro.

      “XXX”. Gritos desde la otra sala. “Por favor, señorita, continúe con el experimento”. “435 voltios”. Mis propios dedos presionando esas pequeñas palancas.

      Noto mi pulso acelerado en los párpados; las palmas de mis manos sudorosas; la respiración entrecortada. ¿Cómo cojones? ¿En qué coño estaba pensando? Yo, que siempre creí en los valores que forjan mi moral; que siempre creí haber criticado y haber reaccionado ante las injusticias. ¿Cómo pude seguir? ¿Cómo fui capaz de convertirme en esa autómata? Sin empatía, sin compasión, sin humanidad. ¿Por qué? ¿Por qué tuve que asentir ante la barbaridad que se me pedía? ¿Dónde dejé mi bondad? ¿Cómo pude aceptar ser el medio a través del cual el mal más banal se manifiesta?

      Treinta pequeñas palancas. Treinta ligeros movimientos me pesan más que resto de cosas que llevo dentro. Una pseudo-muerte que debo cargar sobre mis hombros. Un cadáver al que tan solo resucitó la palabra “experimento”. Asesina en potencia.

      A mí me administraron la más pequeña de las descargas. Apenas quince voltios y sentí ese pequeño dolor en mi propia piel. Experimenté el ardor. Sí, era real. Pero al mismo tiempo fui capaz de castigar un mero fallo de memoria con un voltaje que me hace temblar. “450”. “450”. “450”. Un número que me convierte en verdugo; perpetradora de una tortura en la silla eléctrica.

      Miedo. Incredulidad. Rechazo. Pero también rabia. ¿Cómo se puede jugar con algo así? ¿Cómo se puede tolerar que yo ahora tenga que lidiar con este lastre? ¿Por qué inquirir e indagar en lo más oscuro del ser humano si por ello se pueden destrozar vidas? Vidas como la mía, que ha descubierto algo que nunca quiso conocer; que tendrá que cargar con esta culpa inmensurable.

      Ese hijo de puta de Milgram…

      Desde Alzheimer con humor

      Desde Alzheimer con humor

      -Hola hijo, me alegra tanto que vengas a verme, ¿cómo estás?
      -Muy bien mamá, ¿y tu?
      -No, no sé qué le pasa a la tele… hoy no va bien.
      -Que cómo te encuentras.
      -Ay, muy mal, fatal, cada día peor, me duele todo. Por cierto, ¿cómo está tu gato?
      -Muerto mamá, lo mató el perro del vecino hace un año. ¿Ya te has tomado las pastillas de hoy?
      -No gracias, no tengo hambre, tu hermano me ha hecho el desayuno.
      -Que si has tomado la medicación.
      -Ay, esto es horroroso, me dices que tome esas pastillas pero no me dices qué son ni para qué. Y esa espantosa cajita con compartimentos para cada día de la semana y cada momento del día ¿Te crees que no sabría entenderlo si me lo explicas?
      -Pues nada, te lo vuelvo a explicar mamá: Has de tomar un sobre de Paracetamol efervescente una o dos veces al día según el dolor que tengas; una cápsula de Omeprazol de 20 miligramos por la mañana para proteger el estómago; un comprimido de un miligramo de Lopirazepam por la noche para poder dormir; una pastilla de ochocientas unidades internacionales de Mastical una vez al día para el calcio de los huesos; un Teveten por la mañana para la tensión; el Ferbisol también una vez al día para el hierro; el Serc, también conocido como clorhidrato de betahistina, lo has de tomar por la mañana y por la noche para el mareo; y la Simvastatina, que es para el colesterol, una vez al día por la noche, pero sólo de lunes a viernes. Además, recuerda que una vez por semana has de tomar el ácido alendrónico y dos veces al mes el Hidroferol, aunque estos dos ni yo sé para qué son. La doctora también nos dijo que tomases Duphalac, aka lactulosa, pero como no está financiado por la Seguridad Social no hemos podido comprarlo.
      -Vaya. ¿Y cómo está tu gato?
      -Muerto mamá, lo mató el perro del vecino hace un año. ¿Quieres que le diga algo a papá?
      -Ya no me quedan, los 50 Euros del otro día no sé dónde los puse.
      -¿Quieres que le diga algo a papá?
      -Dile que a ver si viene ya para que me ayude a fregar los platos. Pero él debe estar bien contento con todas esas enfermeras que lo tratan como a un rey. ¿Qué hace tanto tiempo en el hospital?
      -Bueno, tenía una piedra en la vesícula.
      -Tonterías, ¿porque ha de dejarme sola tanto tiempo por una simple piedrecita?
      -De manera breve, ingresó en urgencias por colangitis aguda, con antecedentes de hipertensión arterial y dislipemia en tratamiento farmacológico, diabetes mellitus en tratamiento con insulina y cardiopatía isquémica. En concreto sufrió una enfermedad de tres vasos en 1992, le hicieron un by-pass en 1993, y en 1995 se objetivó una lesión grave por lo que le colocaron un stent. En 1997 presentó oclusión del injerto venoso y diversas lesiones; se le revascularizó dos veces en 2009 y se le hizo un cateterismo en 2012. Para ir resumiendo, también tenía nefropatía diabética y pancreatitis aguda biliar. Debido a una arteriopatía periférica evolucionada se le amputaron varios dedos de los pies quedando pendiente de revascularización quirúrgica. Lo que le han encontrado ahora es un derrame pleural de predominio derecho, aunque el hígado era de tamaño normal, sin signos de esteatosis y no se observaban lesiones focales sólidas parenquimatosas. La vesícula biliar estaba distendida y con presencia de litiasis en su interior, pero sin defectos de repleción intraluminal que sugieran la presencia de coledocolitiasis. El páncreas es pequeño, y en los riñones tiene quistes corticales bilaterales, el mayor de más de medio centímetro. Voy a ir terminando para no aburrirte más que veo que te estás durmiendo, sólo te diré que durante el ingreso presentó febrícula y se evidenció empeoramiento de la función renal a la vez que en los hemocultivos se aisló Escherichia coli resistente a piperaciclina-tazobactam. Total, que casi se muere.
      -Bobadas, siempre se queja por nada. ¿Cómo está tu gato?
      -Muerto mamá, lo mató el perro del vecino hace un año. ¿Va bien con la chica que viene a hacerte la comida?
      -Una manzana ya me va bien para cenar.
      -¿Va bien con la chica que viene a hacerte la comida?
      -Yo me puedo hacer la comida sola, no sé porque tuviste que ir al ayuntamiento a decirles que me pusieran esa chica.
      -Mamá, hace un mes te olvidaste el gas encendido en la cocina.
      -Bueno, pero no pasó nada, tenía la puerta cerrada.
      -Díselo al gato, que se quedó encerrado en la cocina.
      -Estúpido animal, ¿a quién se le ocurre morirse asfixiado por un poquito de gas de nada? El tuyo es más listo. ¿Porque no me lo traes para que me haga un poquito de compañía?

      DESTINO DE UN PEQUEÑO COMETA

      DESTINO DE UN PEQUEÑO COMETA

      . Un cometa pequeño y vivaz vagaba errante por el espacio. Su rumbo no estaba definido, pero el rastro luminoso que dejaba a su paso iba marcando un camino.
      En su aún breve viaje visitó planetas, conoció satélites, descubrió asteroides, sorteó meteoritos, se fundió con otros cometas que desaparecían de él en forma de polvo… Pero, aunque no se daba cuenta, su vida estaba vacía, se consumía poco a poco y se dejaba llevar por una fuerza extraña que le dirigía hacia una meta desconocida; no sabía si le iba a gustar estar allí, pero no podía frenar su marcha.
      Un buen día, una nueva luz apareció en su vida. Era una gran estrella que atrajo al inocente cometa desde el primer momento. Como toda estrella, brillaba con luz propia, pero su brillo era especial, tenía un resplandor que cegaba a todo aquel que se aproximaba a ella.
      Como una pequeña chispa incandescente que busca fundirse con el ardiente fuego para no consumirse, el indefenso cometa precipitaba sin remedio hacia el nuevo Sol que alumbraba su vida; intentó resistirse, pero la atracción era demasiado fuerte.
      Poco a poco, los dos cuerpos se fueron convirtiendo en uno. El frío del asustado cometa era insignificante ante el ardor de la atrayente estrella, así que pronto no quedó más que un rastro polvoriento de lo que un día fue un alegre cometa que buscaba un sentido a su vida…
      Pero, ¿qué final era aquel?, ¿para qué había estado luchando?, ¿para convertirse en partículas diminutas sin ninguna cohesión? No tenía sentido… ¡no era justo!..., pero nadie ha dicho que el mundo sea justo…
      Mas, estas micropartículas siguieron avanzando hacia la superficie de la estrella y penetraron en su corazón. Entonces, la estrella empezó a experimentar una serie de reacciones debido al choque entre las partículas y liberó una gran cantidad de energía, mientras crecía hasta convertirse en una gran gigante roja, que terminó explotando formando una espectacular supernova. De esta forma, se liberó de sus capas más externas y se quedó sólo con aquello que llevaba más dentro, lo cual aún hoy sigue comprimiendo en su corazón para evitar que nada pueda arrebatárselo.
      Quizá ese fuera el destino del cometa: llegar hasta el corazón de su estrella y hacerla crecer, poco a poco, hasta explotar, consiguiendo que se despojara de sus capas externas, para que los dos corazones quedaran unidos en un pequeño cuerpo oscuro aislado en alguna parte del universo, en el que muchas cosas podrían entrar, pero del que nunca nada podría salir…

      Diálogo en ConCiencia de España

      Diálogo en ConCiencia de España

      Matemático. -¿Por qué en España no ha habido una producción científica que iguale en fortuna a otras disciplinas como el arte, la literatura o recientemente el deporte?, ¿dónde está el equivalente científico de Cervantes, Velázquez o Rafa Nadal?
      Filósofo. -En toda colectividad surge un pequeño grupo que dirige al resto de la sociedad. Son los que toman las decisiones colectivas, poseen el monopolio de la violencia y se legitiman mediante una creencia religiosa que después se transforma en ley y en costumbre.
      M. -¿El Estado?
      F. -Eso es.
      M. -¿Y por qué parte usted del Estado?
      F. -Porque determina la cultura de una nación. España es una potencia futbolística porque en cada barrio de cualquier pueblo hay una cancha. Si los telediarios hablaran más de Witten y menos de CR7, habría más vocaciones en la ciencia física.
      M. -Pero los telediarios y los programas de TV ¿no prosperan gracias a los gustos de la audiencia?
      F. -¿Y quién determina ese gusto?, ¿tú sabes desde cuando es España católica? Pues desde que un tal Recaredo abrazó el catolicismo. Los pueblos siempre tienen la religión de sus reyes. Lo mismo pasa con la cultura o con la corrupción. Se estructuran de arriba a abajo: si un rey roba, entonces se corrompe hasta el último lacayo; si un rey tiene gustos refinados, el pueblo los copia. ¿Qué pasó en el Renacimiento italiano?
      M. -El mecenazgo de los Médicis y los papas a los más grandes artistas de la historia universal.
      F. -Y no sólo artistas, piensa en Leonardo o en Galileo, primer gran físico de la historia, aunque el pobre navegó entre dos poderes: Cosme que lo encumbró y la Iglesia que lo declaró hereje.
      M. -¿Y qué hicieron los reyes en España?
      F. -Los reyes de España fueron católicos. El catolicismo choca con el espíritu científico. El puritanismo inglés subordina el intelecto a lo empírico.
      M. -Pero Carlos V ó Felipe II fueron reyes bastante cultos...
      F. -Y hubo intelectuales interesados por la ciencia, muy meritorios en su época, como Juanelo Turriano o Domingo de Soto. La historia de éste último es muy significativa. Era un frailecillo de la escuela de Salamanca, que estuvo a punto de entender la gravedad 150 años antes que Newton. Se dio cuenta de que en la caída libre de los graves, la velocidad aumenta cuanto más cerca están del suelo. Pero no usaba matemáticas. Estaba interesado en Dios, la justicia, los pobres...
      M. -¿Es incompatible la ciencia con estas materias?
      F. -¿Tú sabes la diferencia entre arte, ciencia y filosofía?
      M. -¿El grado de profundidad con el que describen la realidad?
      F. -Has dado una nota diferencial pero te falta describir la esencia de estas tres disciplinas. El artista conmueve con una forma de expresión sublime. El científico y el filósofo comparten una misma pasión: la verdad. La diferencia entre ciencia y filosofía consiste en su objeto de estudio y su lenguaje. El científico estudia aquello que se puede describir con matemáticas, el filósofo se ocupa fundamentalmente del resto de cosas: política, amor, filosofía, etc... Domingo de Soto era un filósofo, no un científico.
      M. -Ahora comprendo. Permítame recapitular. Hasta ahora hemos destacado el papel fundamental del Estado en la cultura y la influencia negativa del catolicismo en el desarrollo de la cultura científica. ¿Qué más factores podríamos destacar?
      F. -La ciencia es una actividad lenta. Necesita continuidad en el tiempo, escuelas y muchas horas de reflexión...El clima español es extraordinario e invita a salir de casa, por ello hace falta una gran pasión individual para rechazar los placeres corporales de la mayoría. En definitiva, falta la pasión colectiva por la verdad.
      M. -¿Cómo se podría conseguir?
      F. -Con un sistema de organización política que también ame la verdad
      M. -¿A qué se refiere?
      F. -Pues a que en España, como en gran parte de Europa, no hay democracia porque no hay separación de poderes, ni representación política. El parlamento funcionaría igual si los jefes de los partidos se reunieran en una cafetería y tomaran allí todas las decisiones.
      M. -Es cierto que los diputados no representan a un distrito, sino que van allí puestos por el partido. Pero no tengo tan claro que no haya separación de poderes...
      F. -Desde Montesquieu se sabe que la separación de poderes elimina la corrupción sistémica, luego en España no hay. Un poder hace de contrapeso a otro, es el análogo a la 3ª ley de Newton, por eso en EEUU se llama check and balances.
      M. -¿Y qué se puede hacer para cambiar la situación?
      F. -Abstención. El sistema tiene una dinámica y no se puede cambiar su rumbo desde dentro. Se necesita una ruptura de paradigma que decía Khun.
      M. -Seguiremos hablando de esto otro día.
      F. -Claro, cuando quieras.

      DILEMAS FOTÓNICOS

      DILEMAS FOTÓNICOS

      “Buenos días. Pase. Póngase cómodo. Siéntese.”
      “No, gracias.”
      “¿Qué tal está? ¿Se encuentra bien?”
      “Algunos días te levantas por la mañana y sabes que va ser un buen día. Otros días (en media de lunes a viernes) te levantas por la mañana y sabes que va a ser un día entre malo y horroroso. Bueno, yo no tengo días de descanso así que ya se puede imaginar.”
      “¿Está seguro de que no quiere sentarse?”
      “Sí, la inmovilidad es un estado que no me corresponde. Sencillamente no puedo sentarme. O quedarme de pie, parado. ¡No!”
      “No se preocupe. Usted póngase como se encuentre mejor.”
      “¿No le molesta, verdad?”
      “¿Qué?”
      “Que me siga moviendo. Perdone, pero cuando me paro me siento perdido, como si ya no supiera que estaba haciendo.”
      “No me molesta en absoluto. Solo quiero que se encuentre bien.”
      “¿Está seguro? Parece mareado. Aquí dentro tampoco hay mucho espacio. ¿Nunca le falta el aire? ¿No se siente como si llevara puesta una camisa de fuerza?”
      “¡Estoy perfectamente! Perdone usted, pero aquí el médico soy yo, si no me equivoco.”
      “No, no se equivoca. Es para eso que he venido.”
      “Muy bien. Dígame entonces cuál es su problema. Como puede ver el tiempo corre y mi agenda está llena. No puedo permitirme retrasar las siguientes citas.”
      “Ah, el tiempo. Sí, el tiempo, siempre corre demasiado rápido. El tiempo de dar un paso y ya todo a tu alrededor ha cambiado. Se habrá dado cuenta alguna vez. Todo se mueve tan rápidamente.”
      “Me temo que esta solo es su opinión. Para mucha gente el tiempo pasa demasiado lento y la mayoría lo consideramos del todo relativo.”
      “Por favor, ¡pare ya! ¡Qué horror! No he venido a que me confunda más.”
      “¿Está confundido? ¿Para eso ha venido? Cuénteme su problema, no se corte.”
      “¡Más quisiera yo! Sí, estoy confundido. Aunque parece tan normal. Todo el mundo debería sentirse así, no hay otra manera.”
      “¿Así cómo? Trate de no dar tantas vueltas. Sea directo. Lineal.”
      “Estoy totalmente incapacitado de hacer eso. A ver, como se lo digo. Creo que tengo… No. Tengo trastorno de identidad disociativo.”
      “¿Cómo?”
      “Sí, personalidad múltiple.”
      “Sé que es un trastorno de identidad disociativo. Soy psiquiatra. ¿Pero usted como lo sabe? ¿Quién le ha dado ese diagnóstico?”
      “Nadie obviamente. Pero yo estoy en mi cuerpo. Yo lo siento. Mi cuerpo... Eso es otro lío.”
      “¿Le cuesta identificarse en su cuerpo? En tal caso no se preocupe, es un caso bastante común.”
      “¿Cómo puedo no preocuparme? Sé que mi cuerpo está aquí pero es como si no estuviera, como si no tuviera masa alguna. Es por eso que no me paro. ¿Y si lo hiciese y dejara de existir? Tengo que moverme, entiende. Como una gota en el mar: por mucho que lo quiera y el mar este en calma, no puede pararse.”
      “Esto es un poco extremo, ¿no le parece? Usted sin duda no es una gota perdida en el mar. Y la prueba es que le veo muy claramente, aquí delante de mis ojos.”
      “Pero si la visión no es algo tan seguro. No es tan sencillo. Escuche.”
      “Estoy escuchando.”
      “Cuando me encuentro con otras ‘personas’ suelo notar un cierto desfase. Mucho desfase en general. También aquí, con usted. Y si estoy obligado a interaccionar con ellas me siento fatal. Como si me estuviera anulando. Es muy raro que encaje bien con alguien. En esos pocos casos es genial: me siento como multiplicado. Y es algo tan físico que ya no sé qué le pasa a mi cuerpo. Claro, ya no me parece tal.”
      “Así que se siente como en otro lugar respecto a su cuerpo…”
      “No. Si estoy aquí. No tengo cuerpo y ya está.”
      “¿Como un fantasma o un espectro?”
      “¡Qué tonterías! ¿No era usted doctor?”
      “Solo estoy intentando entenderle. No sería el primer paciente en decirme que es un fantasma.”
      “En realidad tengo un método sencillo para darme cuenta de que tengo cuerpo. Casi siempre funciona. Tengo que chocar contra algo, cuanto más fuerte mejor.”
      “¿Me está diciendo que tiene impulsos autolesivos?”
      “No, no... Pero sí que un buen impacto es lo que necesito. Solo tengo que centrarme bien. Así siento que parte de esta inquietud que tengo se va, que consigo descargar energía. ¿Le suenan esas máquinas que disparan pelotas de tenis? Ese espejo que tiene ahí detrás parece genial.”
      “¡Pare, pare por favor! Quiero decir… siga tranquilo con su paseo pero no se tire contra nada. Mire, el tiempo se nos está acabando. ¿Qué le parece si en la próxima cita le atiendo junto a otro colega?”
      “Sí, no suelo tener problemas en desviar obstáculos.”
      “Espero que no sea un obstáculo. ¿Me repite su nombre por favor?”
      “Lo puede elegir usted. Al final yo o cualquiera, todos reaccionamos igual. Solo hay que verlo.”

      DOCE TERAS

      DOCE TERAS

      A principios del siglo XL la Unión de los Estados Mundiales (UEM) no había prohibido todavía la reproducción sexual. Sin embargo, la baja fertilidad y la mala salud de los recién nacidos obligaban a recurrir a la clonación a quien quisiera garantizarse la descendencia. El proceso era sencillo y bastaba con cumplir estos cinco requisitos:

      - Medios económicos suficientes para la manutención del clon.
      - Tener entre 25 y 45 años de edad.
      - Solo se permitía un clon por persona.
      - Estaba prohibido clonarse una vez fallecido.
      - No podías clonarte hasta que tu progeniclón falleciera.

      A efectos prácticos, la cría y educación no se diferenciaban mucho de los de la reproducción sexual. Además, el estricto control de la clonación ayudó a reducir la sobrepoblación mundial a una tasa anual del 0,2%.

      En el año 4720 se anunció la secuenciación del memorioma. Los avances en neurología, unidos al desarrollo de los ordenadores cuánticos, permitieron identificar y almacenar todas las asociaciones neuronales del cerebro de una persona y, a modo de marcas, traspasarlas a otra. Las aplicaciones en los campos del aprendizaje y recuperación de lesionados cerebrales fueron inmediatas. Pero sin duda, fue en la reproducción por clonación donde esta nueva tecnología tuvo más éxito. A la clonación del cuerpo se unió la del espíritu, y con ambas se proclamó el logro de la inmortalidad.

      Para llevar a cabo la implantación del memorioma, las asociaciones neuronales del clon eran primero borradas al alcanzar la pubertad y, en su lugar, se implantaban las del progeniclón. A lo largo de su vida, el clon iba acumulando sus propias asociaciones, que pasarían más tarde a su propio clon. Así, los recuerdos, emociones, experiencias y conocimientos de cada generación fueron conservados y aumentados en la generación siguiente. Nada parecía poder detener el progreso de la humanidad.

      Se equivocaban

      El repunte de asesinatos y suicidios comenzó unos años antes, pero se ha marcado el 5225 como el año del origen del conflicto. Fue entonces cuando surgió el autodenominado Escuadrón del Juicio Eterno (EJE). Sin un propósito claro, el EJE empezó a atentar contra todo, incluso contra sí mismo. Las fuerzas de la UEM no entendieron sus motivaciones, aunque pronto quedó clara una cosa: la pertenencia a este grupo era adictiva entre los más jóvenes. No se trataba de un mero acto rebeldía juvenil. Era pura heroína. Como una metástasis social, fue extendiéndose por todos los territorios de la UEM. Los miembros del EJE que eran apresados con vida se suicidaban de cualquier forma que podían, y por cada baja se alistaban miles de jóvenes más. Al límite del caos mundial, Teófilo Puertas dio con el patrón común a los miembros del EJE. Todos ellos habían sobrepasado los doce terabytes de memoria. Las investigaciones en topología y bioquímica cerebral no tardaron en demostrar que doce teras suponían una sobrecarga de conexiones neuronales con las que el cerebro humano deja de funcionar con normalidad. Algo en lo nadie hasta entonces había caído. Y fue en aquella generación recién implantada cuando se empezó a alcanzar dicha capacidad. A partir de ese momento los miembros del EJE pasaron a denominarse dodecateras, o simplemente dodecas.

      El programa del memorioma humano y su aplicación a la clonación se vetaron de inmediato y los nuevos clones tuvieron que aprender como sus antepasados, a partir de su aprendizaje y experiencia. Se flexibilizaron los requisitos para clonarse con el fin de compensar la generación perdida y, sobre todo, para poder combatir contra ella.

      La guerra se desarrolló a modo de pinza generacional. Los primeros combatientes contra los dodecas tuvieron que aguantar el tiempo suficiente para ser remplazados por los nacidos tras el veto al memorioma. Fue una guerra con las mismas miserias que en todas las que han sido narradas en los diez mil años de historia escrita de la humanidad. Al final, ganaron los que la contamos. Los buenos. Perdieron los que tuvieron la mala suerte de acumular doce teras de memoria. Los malos.

      Don Alejandro

      Don Alejandro

      La casa de mi abuela era como todas las casas de todas las abuelas, ya saben, con su mecedora, su mesa camilla, su brasero, sus tapetitos de ganchillo, su olor a limpio y sus fotografías en color sepia. Pero, a diferencia de las casas de las abuelas de mis amigos, en casa de mi abuela no había imágenes religiosas de ningún tipo: ni un Sagrado Corazón, ni una Virgen de cualquier advocación, ni un San Judas Tadeo, ni una Santa Rita de Casia, ni siquiera un San Pancracio vestido de perejil, nada.
      Lo más parecido a un pequeño altar que había en casa de mi abuela era un pequeño rincón sobre la gran cómoda del salón, con una fotografía de un caballero de pelo cano, bata blanca y una pajarita que a mí me parecía de lo más divertida. Un diminuto jarrón montaba guardia junto al marco, siempre con una flor que mi abuela cambiaba a diario.
      Acostumbrado a que formara parte del paisaje habitual en las visitas a mi abuela, a mí nunca se me había ocurrido preguntar quién era aquel señor tan serio y por qué su fotografía tenía un lugar tan privilegiado en aquella casa hasta que, una tarde de visita especialmente aburrida, estuve a punto de romperla y mi abuela decidió -en un intento desesperado por mantenerme quieto un rato- contarme la historia de aquel misterioso hombre.
      Me habló mi abuela de una época lejana en la que muchos niños morían al poco de nacer. De una época en que ser pobre equivalía a hambre y enfermedad, de un mundo que acababa de dejar atrás unas horribles guerras, un mundo mucho más triste que el nuestro.
      Me habló, con voz trémula, de los hijos que había perdido antes de nacer mi madre y me contó lo que había ocurrido cuando ella también había enfermado.
      Me contó sobre las noches que pasó llorando y rezando a todos los santos y vírgenes que se le pasaban por la cabeza. Me habló de las absurdas promesas que hizo si su hija recuperaba la salud y de la desesperación que sentía viendo que la niña no mejoraba. Y, sobre todo, me habló de don Antonio, el médico, que les informó sobre la penicilina, ese milagroso medicamento recién descubierto, que tanto bien empezaba a hacer por esos mundos y que tan difícil era de conseguir.
      -Don Antonio -me dijo mi abuela enjugándose una lágrima rebelde- removió cielo y tierra y no paró hasta conseguir la necesaria para curar a la niña.
      Y, finalmente, me narró, con emoción y ojos brillantes, la maravillosa mejora que la niña comenzó a experimentar en cuanto se inició el tratamiento.
      Fue entonces, me dijo mi abuela, que dejó de creer en Dios, en los santos y demás parafernalia. Quitó todos los crucifijos de casa, tiró todas las imágenes y estampitas, dejó de ir a la iglesia. Fue un escándalo familiar, pero ella ya no podía creer en un Dios que permitía que los niños enfermaran y murieran. Se informó sobre don Alejandro (que es como ella llamaba a Alexander Fleming), encontró una fotografía suya y la puso allí, en la cómoda, para no olvidar, nunca, al hombre que había descubierto la maravillosa medicina que había salvado a su hija.
      Para recordar, siempre, que son los hombres y su ciencia, no los dioses quienes salvan nuestras vidas.
      Desde ese momento, miré a “don Alejandro” de otro modo, su pajarita dejó de parecerme tan cómica y decidí que yo, de mayor, también quería salvar vidas.
      Es por mi abuela que soy científico y es por don Alejandro que soy investigador.

      Eco

      Eco

      Z tocó por última vez a los humanos que iba a asesinar.

      Acordes disonantes, cientos de cuerpos inmersos en húmedos roces mientras se mueven en todas direcciones en un ambiente sin gravedad, como una masa de gusanos en un cadáver. Olores y sabores de otros son las percepciones más evidentes, dada la ausencia casi total de luz... Desde luego, es complicado describir según parámetros actuales lo que queda de la humanidad en el año 1.022.188.989.010.784. Aunque tampoco tiene mucho sentido hablar de años cuando ya no existe un Sol alrededor del cual girar. Pero la humanidad persiste, aunque ya no se llamen así ni se parezcan remotamente a nosotros. La humanidad es tozuda, y billones de años de cambios y catástrofes cósmicas no han conseguido arrancar del Universo a esos seres débiles, diminutos y extraños. Hay quien dice que no se puede. Que el Universo no puede existir sin ellos al igual que no puede existir sin partículas subatómicas. Que ha de existir un ojo consciente que lo observe. Esto es sólo una teoría, claro. Lo es hoy y lo será dentro de 1000 billones de años. El peligro de las teorías es que puede haber alguien que quiera probarlas.

      Z se desplazó por la fractal red de tubos de La Colmena hasta llegar al ancho tronco de ésta, donde estaba la lanzadera. Se subió a ella e inició su descenso hacia La Fuente.

      El espacio abierto le produce a Z la misma sensación de soledad que nos producía a nosotros. No parece haber otras civilizaciones en este vacío que ahora recorremos a la deriva. Al menos, no aparecieron para ayudarnos cuando la antigua Tierra se calentó demasiado para ser habitable, ni cuando ésta fue engullida por el rojo Sol, ni cuando éste volvió a comprimirse y perdió su luz y calor, ni cuando el antiguo sistema solar se disgregó y los planetas y colonias humanas se separaron para siempre unos de otros y empezaron a vagar por el espacio…. ¡Que les den!

      La Fuente es lo que queda del planeta que nosotros conocemos como Júpiter. A medida que el antiguo Sol iba perdiendo su luz y calor, la humanidad (lo que quedaba de ella) se fue adaptando a fusionar el hidrógeno de los gigantes gaseosos para obtener la energía que necesitaba. En esta época del Gran Apagón, hacía ya millones de años que la Tierra había desaparecido, engullida por el Sol al transformarse en gigante roja. La humanidad andaba dispersa por los planetas que quedaban del sistema solar: los más exteriores. Aunque el Sol no brillaba ni proporcionaba energía, al menos su gravedad mantenía cohesionado este pequeño vecindario cósmico que nos resultaba familiar. Las principales colonias humanas rodeaban a Júpiter y Saturno libando su hidrógeno. Pero entonces, nuestro pequeño vecindario cósmico empezó a disgregarse…

      Era el enésimo intento del Universo para librarse de nosotros. Para necesitarnos… para necesitar un ojo que lo observe, no paraba de hacernos putadas. El paso de otra estrella deshizo lo que quedaba del sistema solar como el soplo de un niño deshace un diente de león. Júpiter y Saturno se separaron para siempre y se convirtieron en planetas errantes, huérfanos, sin estrella. Y, con ellos, la humanidad se separó en dos. Pronto los viajes entre ambos planetas errantes se volvieron imposibles. Después las comunicaciones cesaron también, lo que se atribuyó a la desaparición de las colonias de Saturno. Éstas vivían en una situación más inestable pues este planeta tenía menos hidrógeno y más difícil de usar.

      La lanzadera de Z se acercaba a La Fuente. Sin un sol que lo iluminase, lo que quedaba de Júpiter se percibía sólo como un enorme horizonte negro en el infinito manto de estrellas.

      Z sintió pena por las “personas” que había percibido en el hangar. Ni él ni ellas verían nunca más a sus seres queridos. Pero al igual que la pena había acompañado siempre al hombre, también lo había hecho la locura.

      Las capas de Júpiter ricas en hidrógeno estaban plagadas de estaciones automáticas que fusionaban de manera controlada este gas. Z inició el proceso para bypasear estos controles y convertir lo que quedaba de Júpiter en una enorme bomba de hidrógeno. Sería rápido e indoloro. Privaría al universo del placer de seguir jugando con la humanidad, de seguir esquilmándola, de obligarla a pensar cómo hacer para seguir malviviendo después de su siguiente prueba.

      Cuando el irreversible proceso de fusión incontrolada se inició, los implantes oculares de Z mostraron un mensaje que se estaba enviando a toda la colonia: se habían restablecido las comunicaciones con Saturno y sus colonias.

      La inimaginable explosión iluminó por un segundo algo parecido a una sonrisa sarcástica en la cara de Z, junto con su último pensamiento: después de todo, el Universo seguiría teniendo un ojo para observarlo.

      Einstein me ayuda a estar más guapa

      Einstein me ayuda a estar más guapa

       
      Siempre he tenido un punto friqui, que se dice ahora… De pequeña me quedaba embobada observando insectos o leía el tomo sobre mitología griega y romana de una enciclopedia de casa. Con esas características, es fácil adivinar en qué me convertí. Pues eso, en profesora de Física y Química. A lo largo de los años, fui leyendo bastante de divulgación científica. Encontré libros muy originales, porque mira que titular un libro “Conversaciones de Física con mi perro”… Eso me tranquiliza un poco, hay por ahí gente muy especial y, además, saben muchísimo. Pero el otro día me pasó algo que me inspiró a escribir.  
       
      El sábado por la mañana fui a mi tercera sesión de depilación láser, técnica que está eliminando mi pesadilla recurrente de que estoy en la playa en bikini y, de pronto, me miro y… ¡horror!, no estoy depilada, ¡cómo no me he podido dar cuenta! En ese momento me despierto toda sudorosa y con mucha sed. Pues esa tarde ocurrió algo sorprendente y maravilloso en mi cerebro (fruto de las conexiones neuronales mientras dormimos). Me eché la siesta y soñé con Albert Einstein (sí, sí, el de la teoría de la relatividad, el de la foto sacando la lengua). Ahí estaba él, con sus zapatos sin calcetines y su pelo blanco al viento, y me dijo: “Tranquila, no vengo a recordarte que no te has depilado, estás perfecta, pero estoy muy sorprendido. Cuando teorizaba sobre la luz láser no imaginaba que iba a ayudar tanto a las mujeres (mientras giró la cabeza a un lado) y a los hombres (a unos cuantos metros había un veinteañero con musculitos y sin un pelo en su cuerpo). Tú tienes un arma muy poderosa y no lo sabes. Tú, que andas entre adolescentes, ¿por qué no explotas esa imaginación compulsiva que tienes?” Me quedé muy aturdida y le pregunté: “¿Pero cómo?” Y, de pronto, se desvaneció, mientras yo gritaba: “¡Eh, Albert, no te vayas…!”  
       
      Así me desperté, confundida, con una sensación rara en los pies. Era Sagan, mi gato, que venía a saludarme, me tiene muy cogida la hora de la siesta. Lentamente me incorporé y me preparé un té que me sacudiera la torrija posterior al sueño. Cuando estaba tranquilamente sentada llamé a mi gato, pero no vino. ¿Dónde andaría Sagan? Entonces me vino el flash, mi gato podría estar en mi cuarto, delante del ordenador (a veces se queda mirando el fondo de pantalla) o apoyado en la ventana. En ese momento mi gato era como el de Schrödinger, o como las partículas, que a nivel cuántico contamos con una función de onda que representa sus posibles estados, ¡podía estar en varios sitios a la vez! Había distintas posibilidades de ubicación de mi gato, pero en cuanto lo encontrara estaría sólo en un lugar.  
       
      Pensé en mi sesión de depilación, ¿cómo actúa el láser sobre mis poros para eliminar el vello? Curioseé un poco y me enteré de que la clave está en eliminar las células madre que hay en la epidermis, responsables del proceso de creación del pelo. El pelo crece gracias a que un intercambio de mensajes bioquímicos activa esas células madre germinativas. El pelo es el resultado de una multiplicación celular llamada mitosis que, para bien o para mal, tiene una tasa de crecimiento de las más altas del cuerpo humano, lo que sólo nos beneficia en la cabeza. O sea, que esas células madre germinativas, ahí escondidas, son las que amenazan el aumento de nuestro parecido a otra especie…Si acabamos con ellas, se acaba el problema. ¿Cómo hacerlo? Pues, aprovechando que el pelo es un conductor térmico, lo calentamos por encima de los 60 º C y así degeneramos las células germinativas que hay la base de cada pelito. Pero esto no convence mucho…, me vienen a la cabeza pollos desplumados en una granja, no quiero elegir entre depilada o chamuscada.   
       
      Por suerte, tenemos melanina, sustancia presente en mayor o menor cantidad en nuestro vello (dependiendo de lo oscuro que sea) que tiene la propiedad de absorber luz y transformarla en calor. ¡Ojo!, tiene que ser luz roja pura con un láser (acrónimo en inglés de Light Amplified by Stimulated Emision of Radiation) de zafiro de 810 nm de alta potencia. El folículo piloso tiene que alcanzar esos 60 ºC en 30 ms, ni un parpadeo, para no freír el tejido circundante. Aun así, es necesario un sistema de frío entre – 3 ºC y 0 ºC que proteja la piel.   
       
        Podría haber seguido enredando para conectar todos los intereses estéticos de los jóvenes con la ciencia. De hecho, me costaba parar, en mi cabeza había una riada de sustancias neurotróficas. Mis conocimientos y mis inquietudes se empezaban a entender. Me sentía como Arquímedes gritando: “¡Eureka!”  Empezaba el primer capítulo de mi libro.  
        
        
        

      El 2%

      El 2%

      Acabo de cumplir los 12 años y ha llegado la hora de hacerme la prueba. Mi abuela, la mujer más sabia que conozco, siempre habla de cuando no existía el dis-contraste y de lo difícil que era vivir “sin saber detectarlos con una simple prueba”. Fue precisamente ella quien me acompañó a hacérmela. Cuando llegamos al centro de salud, un amable care-robot me indicó el número de la consulta a la que debía acudir. La número uno. Eso era una buena señal porque el uno es mi número favorito. Subimos a la cinta de paseo y descendimos en la puerta correspondiente. Yo estaba muy nervioso, pero ella sabía cómo tranquilizarme. Sacó uno de sus caramelos granates y me lo ofreció cariñosamente. No tuve tiempo de cogerlo, inmediatamente se abrió la puerta y una pantalla con letras luminosas nos indicó que pasáramos a la sala de evaluación clínica.
      Una vez dentro, cogí la lámina de grafeno que esperaba encima de la mesa y me la coloqué en la muñeca. Se encendió la pantalla y apareció mi doctora, la señora May. Con una encantadora sonrisa me pidió que me recostara en la camilla que había junto a la ventana. Yo obedecí intentando que no se notara el temblor de mis piernas… Quería demostrar lo valiente que era, obviando que la lámina delataba mi acelerado ritmo cardíaco. Iluso de mí pensé que May no se daría cuenta.
      Una vez tumbado, se puso en marcha la máquina de extracción. Me subió la manga de la camisa hasta el codo y me colocó un parche de color ámbar que estaba muy caliente. May me explicó que estaban extrayéndome una mínima cantidad de sangre para la prueba y que solo notaría un suave ardor. Ella llama “suave” a todo lo que yo considero “insoportablemente doloroso”. Aguanté las ganas de arrancármelo y el parche comenzó a tornarse rojo, después azul y finalmente negro. Mi abuela me miraba con dulzura desde el otro lado de la sala y pude leer en sus labios que me decía “aguanta, cariño”. Le sonreí fingiendo que no me estaba doliendo, a pesar de notar cómo mis ojos se llenaban de lágrimas.
      Poco a poco, el dolor desapareció y la máquina de extracción cogió el parche y lo llevó a la bandeja metálica de la mesa. Encima de un cristal del tamaño de mi mano, colocó el parche y extrajo de él una gelatina rojiza. Seguidamente, se encendió la máquina de inyectables y pinchó la gelatina. Comenzó a salir un líquido que dibujaba delgadas líneas de colores. May, que observaba el proceso en silencio, me pidió que volviera junto a mi abuela y fuéramos a la sala de espera. Eché un último vistazo a la masa gelatinosa que comenzaba a cambiar de color. Púrpura, rosa, ocre… No quise mirar, temía el resultado. Todos menos negro, todos menos negro.
      ¿Sala para esperar? Yo diría sala para desesperar. Más de ocho minutos tuve que permanecer en aquel lugar sin saber cómo había ido. May apareció con sus ojos color avellana y me pidió que la siguiera, pero que fuera solo. Mi abuela soltó mi mano y apretó los dientes, nunca la había visto así.
      Seguí a May por el pasillo y llegamos a su despacho. Tiene siempre muchas flores en una vitrina hermética que dan vida a ese lugar. Me pidió que me sentara y estuviera tranquilo... ¿Tranquilo? Lo tuve claro: malas noticias.
      De esa conversación solo recuerdo algunos fragmentos “¿Sabes para qué sirve la prueba? El dis-contraste nos permite saber si padeces o padecerás algún tipo de enfermedad mental. Hay que observar el color y la densidad de la gelatina…” “Púrpura para los trastornos de ansiedad, verde para los trastornos adictivos, rosa para los…· “¿Comprendes lo que te digo? El negro es para determinar si en el futuro tendrás esquizofrenia…” “¿Qué color crees que tiene tu gelatina? Mírala, la tengo justo aquí. Vamos a verla juntos, no tengas miedo…” “El grado de certidumbre de la prueba es del 98%, hay que tenerlo siempre en cuenta, no es completamente determinante...”.
      La cabeza me daba vueltas, todos los colores cruzaban mi mente y solo oía parte de lo que May me explicaba. Finalmente, tras preguntarme repetidas veces si estaba bien, me acompañó hasta la sala donde esperaba mi abuela. Ella se acercó lo más rápido que le permitían sus ancianas piernas y me miró a los ojos.
      Sin un atisbo de duda, sonrió.
      Aún hoy, en pleno siglo XXII, sigo sin saber cómo supo que no había cambiado de color y que no padecería un trastorno mental. Y aún hoy sigo preguntándome por qué tres años después tuve mi primer ataque de pánico... En efecto, yo pertenezco a ese 2%.

      El artefacto

      El artefacto

      El artefacto biotecnológico había cambiado la vida de Chema y Clara para siempre. Lo que empezó siendo un extraño objeto había pasado ahora a ser un elemento omnipresente en su hogar, el epicentro de su existencia. Pero empecemos por el principio y retrocedamos nueve meses. La pareja de treintañeros, después de muchas dudas, había decidido por fin dar el paso hacia la paternidad. Esa misma noche, en su pequeño piso degustaron un sabroso sushi acompañado de un Ribera del Duero envejecido en barrica de roble. El postre consistió en una exitosa fecundación in vivo sobre colchón viscoelástico. Semanas más tarde el test de embarazo reveló HGC, más comúnmente conocidas cómo hormonas del embarazo, en las gotas de orina de Clara.

      La visita al Centro de Atención Primaria y la ecografía de rigor sólo confirmaron lo evidente. Al final de la visita el doctor Corrales les explicó algo insólito.
      — ¿Han oído hablar alguna vez del exoembarazo?
      — ¿Exoembarazo? — contestó Clara.
      — Entiendo que no. Se trata de una nueva tecnología que permite el desarrollo embrionario humano fuera de la placenta materna. Podrían ser padres sin necesidad de que Clara tuviera que pasar por el embarazo y el parto. Un dispositivo placentario autónomo se encargaría de todo eso.
      — ¿Es esto una broma? ¿Una cámara oculta? — dijo Chema.
      — Lo digo totalmente en serio. Es una técnica que ya se está aplicando en algunas clínicas de Estados Unidos. En España se trata de una prueba piloto que hacemos desde Sanidad en colaboración con los laboratorios Ovogénesis, los creadores del dispositivo.
      — ¿Y qué ventajas tiene? — contestó Clara.
      — ¿Ventajas? — dijo el doctor sonriendo — Durante los nueve meses puede beber alcohol, practicar deportes de riesgo, no tiene que controlar su alimentación ni vigilar su peso. Olvídese de posibles problemas de espalda, vómitos, problemas para dormir, estrías, desajustes hormonales. Y desaparece el problema del aborto natural así como todos los riesgos del parto, nada de bebés prematuros, ni cesáreas de urgencia. Además podrá seguir trabajando hasta el último día, para los autónomos como tu es algo también a tener en cuenta. Como ven todo son ventajas. Algún día todos los embarazos serán así.
      Chema y Clara ser miraron aún perplejos. Estaban asimilando algo que parecía sacado de un capítulo de la serie Black Mirror. El doctor prosiguió con la explicación.
      — Es una tecnología bastante cara pero esta vez no tendría coste para vosotros. Las diez primeras parejas que quieran acogerse a esta iniciativa no pagarán ni un euro. P ero no tienen porqué contestar ahora, piénsenlo tranquilamente y léanse estos documentos. Tienen una semana para tomar la decisión.
      Antes de llegar a casa Clara y Chema llamaron al ambulatorio para confirmar que querían acogerse a la innovadora tecnología gestacional. En la misma llamada le dieron cita a Clara para extraerle el óvulo fecundado.

      Semanas más tarde llegaban al piso de la pareja dos operarios transportando una gran y frágil carga. Sacaron con sumo cuidado varias capas de embalaje, dentro se escondía el artefacto. Chema y Clara lo vieron y de alguna forma tuvieron una sensación similar. Habían dado la espalda a lo que les hacía más humanos, la gestación dentro del cuerpo materno. Además los padres de ambos no iban a encajar bien la noticia. Los operarios colocaron con sumo cuidado el artefacto encima de una base metálica. Conectaron la base a la corriente eléctrica y se activó un sonido que recordaba al aparato del aire acondicionado. En ese momento Chema no puedo evitar pensar en todas las veces que había comprado artículos electrónicos por internet. Pero esta vez no se trataba de un nuevo gadget tecnológico, ni un videojuego, ni un electrodoméstico. Los operarios recogieron y se dirigieron a la puerta cuando Chema les barrió el paso.
      — Esperen un momento, ¿ya se van? ¿no va a venir el doctor Corrales?
      El operario más mayor, con los brazos tatuados, les contestó.
      — Todo lo que necesitan saber está en la instrucciones. Básicamente se trata de controlar la temperatura de la habitación e inyectarle cada 24 horas el cóctel de hormonas, nutrientes y oxígeno — dijo el operario de los brazos tatuados.
      — Pero, tenemos muchas otras preguntas… ¿Nos escuchará nuestro hijo desde ahí dentro? ¿Echará en falta estar dentro mío? ¿Qué pasa si algún día olvidamos darle el cóctel? ¿Cómo será el momento del nacimiento? — preguntó Clara.
      — Sinceramente no lo sé. Tienen un teléfono 902 para consultas y averías donde le contestarán las 24 horas del día. Sobre la última pregunta sí que les puedo contestar porque lo he visto. ¿Saben cómo nacen los pollitos? Pues es exactamente lo mismo.
      Clara y Chema se quedaron mirando al artefacto, un huevo gigante de color blanco.

      EL CAJON DE LOS RECUERDOS OLVIDADOS

      EL CAJON DE LOS RECUERDOS OLVIDADOS

      El sonido de la avioneta arrancaba los más recónditos pensamientos de la mente de Alejandra. El atronador sonido de los motores llegando a sus oídos le removían unos sentimientos que creía perdidos en el cajón de los recuerdos olvidados. Rememoró el día en el que juró por su propia vida el no volver a tomar los mandos. Aquél último vuelo fue demasiado espeluznante, un riesgo en demasía con el que afloraron unos sentimientos que cambiaron de la noche a la mañana y sin pretenderlo. El cielo se abrió para ser surcado por la avioneta como navío que surcara los siete mares, llevando de acompañante las nubes y el sol. Sus manos sujetaban los mandos con una increíble precisión entre levedad y firmeza y la avioneta se dejó llevar. Esa forma de postrarse las nubes ante el paso de la reina del firmamento, de los campos celestes, del infinito mar de aire y de níveos algodones de vapor hizo que Alejandra se sintiera arrogantemente cómoda, exponiéndose a los más peligrosos giros. Cabriolas y tirabuzones retumbaban espectaculares por el cielo, y así, llena de un pretencioso estupor, arrogante y aventurado, quiso llegar a lo más alto y sentarse en una delicada nube lechosa a observar el mundo a sus pies. Empujó hacia sí los mandos y la avioneta se alzó orgullosa y desafiante. Más, quería más. Más arriba. Y más. Todavía quedaba un buen trecho para llegar al sueño en forma de nube. Sentía cómo su cuerpo se hacía pesado y como si el suelo bajo sus pies, tan abajo, tan lejos, la agarrara con tesón para no dejarla marchar. Quería cumplir su sueño a toda costa y aquellos abrazos, tensados y amarrados con una invisible soga trenzada de cordura y flores de vida. Miró al horizonte y allí estaba la nube. Casi había llegado. Solo faltaba un poquito, una menudencia, un ínfimo esfuerzo y lograría su fantasía. Impulsó un par de centímetros más hacia sí los mandos y la avioneta se afanó en no fallar a la reina de los cielos. Y con lastimera saeta viva de adoración, retronaron los motores y realizaron ese último sacrificio sintiendo perder sus entrañas en el camino.
      Ahora es el momento de abrir la caja de los recuerdos olvidados. ¿Qué ves?. No es lo que te esperabas, ¿verdad?. Mírate, tan sólo eres tú, Alejandra, mujer arrogante y pretenciosa, que quisiste saborear el premio del firmamento y de los campos celestes, del infinito mar de aire y de níveos algodones de vapor. Tan sólo eres tú, carente de abrazos sin sombra, vacía, estéril de trenzados de cordura y flores de vida que era lo que te retenía allí abajo. Ahora ya es tarde. No te lamentes. Vuelve a cerrar la caja de los recuerdos olvidados y paga a la eternidad el precio de tu sueño, sentada ahí, en esa nube de algodón con el mundo a tus pies.

      El cambio empieza contigo

      El cambio empieza contigo

      Son las diez de la noche. En la Universidad, ahora desierta, sólo hay una luz encendida. Es la del despacho del profesor Bennett. Pero no es él quien está dentro, tratando de averiguar por qué el código programado no funciona, sino Alice, su joven doctoranda.
      El sonido de sus tripas le recuerda que debería irse a casa, pero ella lo chantajea con una chocolatina, la tercera hoy. Se frota sus enrojecidos ojos mientras mastica frente a la pantalla repleta de símbolos, inecuaciones y loops. Se recuesta en la confortable silla del profesor, para ver si mirándolo desde otra perspectiva, el código le revelará su talón de Aquiles. Mas ese bastardo suyo es demasiado orgulloso para mostrarle sus defectos. Al menos, apoyarse en la silla le ha aliviado un poco la tensión del cuello.
      Sin embargo, un segundo después, es sobresaltada por un inesperado visitante:
      ―¿Dónde está el profesor Bennett? ―pregunta él con angustia.
      ―¡Por Dios! ¡Qué susto me ha dado! ¿No sabe usted llamar? El profesor está en un congreso en Hawái.
      ―¡Maldición! ¿Por qué demonios estás en su despacho? ¿Se puede saber quién eres? ¡Me has hecho confundir!
      ―Disculpe, don «No me molesto en llamar», por si le he importunado su cita imposible con el profesor: ha venido usted en horas no lectivas en un período en el que él no se encuentra. Me temo que tendrá que irse.
      ―¡No! Tengo que entregar un mensaje muy importante en persona ―dice él desesperado―. ¡Qué desastre! Te lo tendré que delegar a ti ―afirma resignado.
      ―Está bien, dícteme el mensaje ―dice Alice apiadándose de él―, pero que conste que no soy su secretaria. Luego, envíele un email al profesor y dígale que Alice Rivest tiene su comunicado. ―Coge bolígrafo y papel y se prepara para escribir―. ¿Usted es…?
      ―Soy una terminal de transmisión cuántica ―dice él, que ante la cara de estupefacción de Alice, aclara―: significa que estoy entrelazado cuánticamente con mi yo del futuro, el cual, una vez descriopreservado, hará de puente entre la élite futurista de científicos y yo.
      ―¿Perdone? ―responde Alice soltando el bolígrafo.
      ―Pues que estoy aquí y allí en tiempos distintos. Soy una copia idéntica de mi futuro yo. Gracias a eso, se me puede transmitir información a través de él.
      ―¿Es un viajero del tiempo? ―dice Alice pensando que de todas maneras, no avanzará su tesis hoy.
      ―¡No! ¿Es que no me escuchas? A ver… no se transporta energía o materia, se trata de la transmisión de información entre terminales entrelazadas.
      ―¿Cómo va a ser eso posible? ―pregunta ella, a este punto, curiosa.
      ―Es una tecnología cuántica única que compromete la noción clásica de tiempo y de espacio, no lo entenderéis hasta dentro de 190 años.
      ―Pero…
      ―¡Ahh! ―la interrumpe él―. ¡Estás haciendo cómo J.G. Ballard! Preguntó un montón de detalles a su terminal y al final esta no tuvo tiempo de entregarle el verdadero mensaje.
      ―¿Ha habido otros como tú?
      ―¡Por supuesto! Se han hecho otros intentos antes, pero basta de preguntas intranscendentes. Tengo que entregarte el mensaje e ir a criopreservarme. ¿No lo entiendes? Si no llego a tiempo, mi yo del futuro ya no será una copia idéntica de mí, y se colgará la conexión.
      ―¡No lo entiende usted! ―dice Alice sin saber si creerle o no―. Si no está loco y lo que dice es verdad, podría cambiar el futuro de la humanidad.
      ―¡Por eso estoy aquí! Pero no lo puedo cambiar yo, lo vas a hacer tú.
      ―¿Yo? No, yo no soy nadie ―dice ella abrumada.
      ―No importa, ¡Arthur C. Clarke tampoco era nadie hasta que recibió la visita de su terminal!
      ―Mire… ―Alice piensa que esto se le está yendo de las manos―. Le puedo decir al profesor que lo haga él, al fin y al cabo, usted quería hablar con él.
      ―Negativo. Los mensajes de una terminal son demasiado grandes y por eso se almacenan en el inconsciente. Irás accediendo a ellos en su justo momento. Lo siento Alice, pero eres la última esperanza de este mundo.
      »Escúchame atentamente: durante años, se pensó que podíamos afrontar nuestros problemas medioambientales con el conocimiento científico. Pero eso no fue suficiente. Incluso con el saber que llegamos a acumular, la gente no reaccionó. Muy pocos hicieron lo que dijeron los científicos, y la Tierra, tal como la conoces, desapareció.
      »Las personas no se involucran cuando conocen algo, Alice, lo hacen cuando algo les emociona.
      »Te voy a transmitir cómo están forzados a vivir en el futuro los que sobrevivieron. Vas a contar sus historias para cambiar la historia. Vas a saber sus nombres, sueños y miedos. Vas a ver reír, llorar y crecer a tus personajes. Crearás tal obra, que generarás una ola de compasión y empatía que transformará el mundo. Cierra los ojos y despierta, Alice. El cambio empieza contigo.

      El científico y el objeto de experimentación

      El científico y el objeto de experimentación

      Se encontraba realizando la prueba diaria consistente en introducir la mano enguantada en un orificio grande, conseguido a través de expansores, en la región del estómago de la vaca Mechita, animal de laboratorio, recluida a tiempo completo en cuatro paredes estrechas.
      Decía a los espectadores y financiadores del proyecto: “No le duele, no siente nada”.
      Con la muestra, consistente en yerba mojada, además de ácido gástrico y otras secreciones estomacales, se dirigía al laboratorio. En medio de tubos de ensayo, mecheros, microscopios, entre otros utensilios de los científicos, que suelen encontrarse en esos ambientes, realizaba experimentos con objetivo desconocido, pues la investigación era secreta.
      Todos los días cumplía, a carta cabal, con el itinerario, retirándose a disfrutar del jugoso sueldo que recibía por el desempeño de sus funciones. Asistía a eventos de divulgación científica, le abordaban periodistas de todo el país e incluso del extranjero, a los que respondía sin dar detalles. Se convirtió en el personaje más conocido del área.
      La gente le pedía autógrafos, solicitábanle fotografías, los jóvenes estudiantes y profesionales acudían a él para pedirle consejo. Disfrutaba de la reputación adquirida.
      A sus hijos les contaba como realizaba el proceso, de manera meticulosa, sin olvidar detalles. Los muchachos, que desde temprana edad fueron educados de acuerdo a la profesión del padre, veían lo explicado como el hombre temeroso ve la religión bajo la cual nació; sin cuestionar.
      Ese día acudió al “trabajo” muy emocionado, pues el día anterior obtuvo favorables resultados que casi ponían punto final a la primera etapa de la búsqueda. Escuchaba cierta música contemporánea de su agrado, tarareando las melodías que se repetían una y otra vez, vestido con el mandil siempre blanco, así también, utilizaba los lentes de marcos negros.
      Mechita gemía e intentaba adivinar por enésima vez qué hacía el doctor, pues siempre sentía que algo se introducía en su interior. La sensación era extraña, durante mucho tiempo sintió dolor en el área abierta; tenía problemas de salud, nuevos, desde que fue vendida al laboratorio “N y N”, siendo apenas adulta.
      Sentía indescriptible terror por los hombres de blanco, el recuerdo que tenía de ellos no era grato, pero no lograba entender porque siempre despertaba en el mismo lugar, tan desprovisto de colores. Le ponían inyecciones, comían “alimentos” sintéticos, le sometían a rigurosos exámenes en máquinas extrañas.
      Para el doctor, Mechita era simplemente un objeto de experimento, desprovisto de sentimientos.
      Por inquietud se volteó, mirando por primera vez con detenimiento su rostro. Una lágrima se perdió en el pelaje.
      FIN.

      El conserje

      El conserje

      Los nazis llevan unos días paseando su odio repugnante por las calles de París. Mi familia ha huido pero yo he decidido quedarme, esperando a los secuaces del Führer, en la puerta del Instituto. No hay nadie a quien atender, la actividad cesó hace días pero debo mi vida a este lugar y a honrar a los que lo hicieron posible. No pienso irme, aunque tenga pánico a los soldados. Durante días he esperado, aguzando el oído, el sonido de las botas militares porque aquí, como conserje, recibiré a quien venga, también a esos malnacidos.
      En mi garita, donde entra el olor a formol y fermentados bacterianos que desprenden los laboratorios cercanos, recuerdo aquellos días en los que empezó todo con el velo que cubre la memoria pasados 50 años. “Moustachu” era mi colega de aventuras pero, de la noche a la mañana, se había convertido en un perro rabioso con los ojos inyectados de furia y me había cosido a mordiscos mientras buscaba con mis amigos no sé qué huevo mágico en el gallinero. De lo sucedido unos días después tengo el recuerdo volátil del tremendo despliegue de llantos, mujeres de luto, un imberbe curilla del pueblo atorado ante su primer chaval moribundo y el olor pegajoso, mezcla de incienso y poca ventilación, de mi habitación. Yo ya me había entregado a esa vida entre ángeles y santos que me habían vendido mis padres (aunque no me acababan de parecer muy buenos compañeros de diversión) y, de golpe y porrazo, entre delirios, guardo la nebulosa imagen de un viaje a París con mi madre y la llegada a una habitación de hotel donde estaba él, vistiendo traje negro y pajarita y diciendo y haciendo cosas que yo interpretaba como una extraña brujería. Mis padres, desesperados, habían ido a buscar a aquel hombre ya famoso por sus artes curativas para que probara en mí su magia, una inyección de una mezcla de gérmenes atenuados que al parecer, eran los que transmitían la enfermedad. Inyección tras inyección, la fiebre y los espasmos se fueron desvaneciendo, mis padres volvieron a sonreír y el cura del pueblo pudo atribuir mi milagrosa resurrección a San Martin de Tours, patrono de Francia y por lo visto protector esforzado de los niños rabiosos. Yo pronto supe que el milagro no lo había obrado ese señor, sino Louis Pasteur, aquel hombre serio y cariñoso al que mis padres habían pedido un milagro, un milagro que aunque ellos no lo sabían se llamaba vacuna para la rabia y se apellidaba Ciencia.
      Ya se oye el traqueteo de los camiones militares acercándose al Instituto. Mientras llegan, doy una última vuelta por los laboratorios de aquellos gigantes que tantas veces han burlado a la muerte y voy recordando mis peripecias entre esas paredes. Pocos años después de mi vuelta a la vida, quise visitar a Pasteur como agradecimiento y el sabio me había ofrecido un puesto como conserje en su Instituto de investigación como una especie de símbolo viviente de lo que allí se hacía. Fueron años fantásticos. Las partidas de cartas con Yersin, el suizo tramposo que había descubierto la bacteria que causa la peste, la borrachera de todo el personal en el laboratorio de Calmette cuando se supo del éxito de su vacuna contra la tuberculosis o las conversaciones sobre política con Metchnikov, ese barbudo anarquista con el que nunca compartí ideas políticas pero que se convirtió en un íntimo amigo después de una noche haciéndole compañía mientras experimentaba para descubrir la fagocitosis.
      Ya están ahí, oigo conversaciones en alemán detrás de la puerta. Pronto se convierten en puñetazos contra la madera. Tiene mala pinta. Como han hecho en buena parte de Europa, los soldados, peones del odio y la sinrazón, vienen a ultrajar el hogar del conocimiento. Pero yo soy el conserje. Debo abrir. Robo unos segundos al tiempo y me acerco a su tumba, la del hombre que había iluminado con los avances derivados de la aparición de la microbiología y la inmunología una Europa oscura y acechada por las infecciones y que a mí me había concedido una vida en familia y un trabajo fascinante rodeado de titanes. Un alivio que no tenga que pasar por esto, Monsieur Pasteur, murmuro, gracias por todo. Mientras recorro el pasillo para abrir la puerta, siento cómo tiembla mi mano derecha, bañando de sudor frío la empuñadura de la pistola.

      El cuaderno azul

      El cuaderno azul

      Encontró en la literatura la única ciencia capaz de curarle las heridas del alma, del desconsuelo y de todos los días grises. Los días grises de encierro, de abandono, sin nada a lo que aferrarse y nada que ofrecer. Las palabras se convirtieron, sin darse cuenta, en un antídoto contra el dolor que latía dentro de sí, y que se extendía, sin que nadie pudiese verlo y sin remedio, por cada una de las células de aquel cuerpo marchito que la sostenía. Raquel, lamento decirle que sufre esclerosis lateral amiotrófica, le habían dicho, con la voz de las desgracias anclada en la garganta, mirándola como si hubiese dejado de ser ella para siempre. Esclerosis, había dicho, como si tan solo fuesen letras al azar para producir un sonido. Esclerosis. Y después silencio. Esclerosis. Letras al azar para congelarle la sangre y dejarla sin aliento. Por favor, diga algo. ¿Qué quiere que le diga? Había pensado. ¿Qué querrá que le diga? Gracias por diagnosticar mi muerte, pensó, por poner fecha de caducidad a mis recuerdos. Pero no lo dijo, porque no entendía nada ni quería entenderlo. Aquel mismo día se compró un cuaderno de tapa azul, como el invierno que sentía.

      Raquel nunca había sido una mujer de ciencias, ya se lo habían dicho en el colegio, cuando era apenas una cría y las niñas no aprendían a leer como lo hacen sus nietas ahora. Esta niña, le dijeron a su madre, para las matemáticas no vale, parece que no le entran, tiene la cabeza muy dura. Así que se dedicó a las letras y acabó su carrera de filología para dar clases en un colegio en el que nunca tuvo que repetir aquella frase a ningún niño. No era mujer de ciencias, aunque hubiese leído a Machado de joven, y a Aleixandre y muchos otros. Aunque la generación del 27 fuera la tierra que habitaba, aunque sus nombres sonaran como un eco lejano entre los pliegues de su memoria. No era una mujer de ciencias porque se lo habían dicho de cría, y ahora no entendía qué le pasaba en el cuerpo y en el alma, y por qué a ella.

      Esclerosis lateral amiotrófica, eso le habían dicho, como una sentencia de muerte. Porque no sabía qué tenía, solo la mirada del médico para confirmarlo y un zumbido incesante en los oídos. Ella solo se había caído, una mala caída en un mal momento, delante de sus hijas, para saltar las alarmas. Mamá, ¿estás bien? No pudo contestar, se atragantaba en su propio esfuerzo. Mamá, debería verte Mateo. Pero Mateo, su yerno, no la vio, porque fue al hospital la semana siguiente. Y otras muchas veces más, con el mismo miedo seco y frío que la primera. Solo para que le dijeran en aquel lenguaje que había aprendido a desconocer que iba a morirse. Por eso, cuando llegó a casa aquel día, con aquel cuaderno azul, lo primero que hizo fue buscar qué significaba. Enfermedad neurológica que afecta a las motoneuronas de forma progresiva e incapacitante, leyó. Leyó porque no supo qué pensar, y cuando hubo leído suficiente, se miró las manos y se preguntó por qué no era una mujer de ciencias.

      Aquel día empezó a escribir. Escribió todos los días. Cuando volvió a ir al hospital y le dijeron que lo mejor era trasladarse a Madrid. Cuando se lo contó a sus hijas y la miraron con tristeza. Cuando Mateo le dijo que era cierto, que en Madrid había unidades especializadas para tratar su enfermedad y que, teniendo el piso de su hermana abandonado en el centro, era lo mejor para ella. Escribió cuando su hija Almudena le pidió que se mudara con ella, y no al centro. Escribió cuando su nieta le dijo que también Stephen Hawking tenía esclerosis lateral amiotrófica. Escribió cuando llegó a casa y soltó una carcajada de pura ironía, y no dejó de reírse en toda la tarde, porque el científico del siglo tenía la misma enfermedad que la mujer que no era de ciencias. Y siguió escribiendo. Escribió para no morirse, y para no morirse leyó artículos sobre aquella enfermedad una y otra vez, aprendiendo qué era y por qué le estaba sucediendo.

      Entonces lo supo. Que se curaba el alma con las palabras que se desprendían de sus manos y se resbalaban serenas sobre aquel cuaderno azul, pero que para curarse ella, tendría empezar a ser una mujer de ciencias, para entenderse, para verse. Después de tantos años, tendría que callar aquella voz del pasado que le repetía que de todas formas la ciencia no era un mundo de mujeres. Y Raquel, que nunca había querido ser nada más de lo que era, abrió aquella puerta para renacer, aunque se muriese.

      El Desconocido

      El Desconocido

      -El visitante llegó del oscuro firmamento. Todos admiraban la inmensa nave centelleante que asomaba a sus espaldas. A su llegada fue recibido por la población de transgénicos.

      -¡Bienvenido terrano! ¡Esperábamos tu llegada! ¡Se bienvenido a Clon, planeta de los transgénicos!

      El visitante descendió de su luminosa nave y se dirigió hacía el transgénico de nombre One.

      -Soy Talos, del Comité de Seguridad Terrestre. Vengo para la inspección, prepárense.

      ¡Estamos preparados! Trabajamos mucho para mejorar nuestra sociedad. Hemos respondido a todas vuestras preguntas satisfactoriamente, estamos preparados.

      marchó entre la multitud y se detuvo, la estrella próxima al planeta era inmensa y su calor reflejaba con fuerza sobre el casco de Talos.

      Os creamos capaces de desarrollar una sociedad merecedora de formar parte del gran estado galáctico.

      One dijo: vamos, no hay tiempo que perder.

      Avanzaron por la ciudad, llena de transgénicos verdes cuándo One señaló un complejo era el laboratorio.

      -detuvieron el vehículo y se adentraron en el laboratorio.
      Solo veo transgénicos verdes..¿y los azules? Pregunto

      One respondió.
      -Esto.....pues...aquí solo se crean los verdes. Más tarde iremos a la planta de los azules.
      ¿Ya continuamos? Respondió Talos.

      Por fin, llegaron a la sala de formación esquelética donde One comentó con multitud de razonamientos su formación y su capacidad cerebral capaz de progresar.
      One explicó multitud de adaptaciones.
      Sabiendo que cuando terminasen ese periodo serán libres de escoger su futuro, libre empresa, etc..

      Cuando estos se dirigían de vuelta a Talos les fue ofrecido el retorno a sus aposentos pero el prefirió andar.

      Talos caminaba juntó One cuando pregunto de nuevo dónde se encontraba el laboratorio de los transgénicos azules. One sintió pavor pero respondió , ¿los transgénicos azules? bueno tendríamos que ir a Ciudad Azul. Talos desconfiándose pregunto:¿Ciudad Azul dices?
      Talos comentó como medio de seguridad que la unión de todos por su parecido es más sencillo.

      Alcanzaron la parada de autobuses cuando Talos atónito pregunto.¿y esta separación entre azules y verdes?
      One respondió:¡Es lógica! Si no los separamos tendríamos muchos líos.
      El bus llegó, dirigiéndose hacia las afueras de la ciudad durante el trayecto One mostró algunos puntos de interés.

      Observaron una fila de transgénicos verdes la cual sucedía para poder consumir sus alimentos comprimidos, parecido con nuestros restaurantes.

      Pronto llegaron a la zona más pobre de la ciudad...donde las casas ya no lucen.

      ¿Es está la Ciudad Azul?
      Si, ahí está el laboratorio de creación respondió.
      descendiendo del transporte público, el cual desaparece a gran velocidad.
      Será mejor que entres solo, esperaré aquí. Talos respondió que sería interesante que entrase con él.

      Uno pasó tímidamente cuando un transgénico azul les recibió.
      Este se burló de su pobreza la cual resaltó que era causada por su salario.
      Talos sintió rabia por ese pobre transgénico. Sentía comprender su situación.
      Talos hizo llamamiento de Uno para mostrarle que los azules eran iguales aunque One no escucho con muchas ganas.
      Talos admiró la formación de transgénicos azules y pidió la cercanía de One el cual susurraba sin que se oyese su aguda voz.
      ¿Preguntó pues?
      ¿No es cierto que las diferencias, pues las impone el creador? El cual con mucha precaución respondió, cierto las impone el creador por lo tanto Talos trató de hacer entender a Uno que el creador es: la escuela, la familia, el trabajador, la sociedad. One no entendía el porqué.

      Talos comprendió entonces que este no entendería por un largo tiempo su pregunta recriminándole al transgénico One ni su sociedad, según los transgénicos verdes se trataba de una sociedad de libre empresa pero en realidad solo los transgénicos verdes pueden elegir su vidas.
      Uno asintió sin notar su fallo.
      Talos decidió mostrarle su error.
      Uno se sentía atacado como si le estuviese cargando la culpa,¿Que puedo hacer? ,¡yo solo soy un transgénico!
      Finalmente Talos descubrió entonces que si el transgénico verde Uno sentía que no podía hacer nada aun su especie no estaba preparada.
      Se alejó del laboratorio con el asedio de Uno buscando respuesta a porqué no se encontraban preparados.
      One pregunto si tenían alguna esperanza, Talos respondió ¡por supuesto! que la tienen pero no estaban preparados aún......
      De vuelta en su nave le explico a One que hace mucho tiempo la tierra sufrió una situación similar que parecía no tener remedio. Fue entonces cuando aprendimos a vivir juntos con todas nuestras diferencias es ahora cuando soy conocedor de que acaban de comenzar.
      One dio con la solución cuando Talos se encontraba en la escotilla de la nave.
      Asegurando que cuando aprendan a vivir juntos el universo también será suyo.
      Adiós, hasta que nos volvamos a ver One...

      La nave se distanció de Clon en el vacío del espacio, y en su interior un hombre quitó el casco, mostrando el oscuro rostro de un apuesto y fuerte astronauta de orígenes afroamericanos.....

      El día de la marmota

      El día de la marmota

      Llego pronto al laboratorio, enciendo el ordenador y voy guardando mis cosas en la taquilla. Me pongo la bata despacio, y conforme voy abrochándome el primer botón apareces por la esquina, con cara risueña. Eres la única persona que conozco que está tan despierto por las mañanas. Un simple intercambio de buenos días y desapareces de nuevo por la puerta. Llego al segundo botón y estás introduciendo las muestras de tu PCR en el termociclador. Un qué tal y un ¿Tu experimento cómo va? y vuelves a desaparecer. Realmente no sé si te doy miedo o simplemente ya hemos agotado todos los temas de conversación para conocidos.
      Tercer botón. Te estoy viendo desde mi puerta. Tu compañera lee la tesis mañana y estáis grabando un video bailando para ponerlo al final de la exposición. Pareces otro, se te caen los mechones de ese pelo del que tanto te quejas en los ojos y te ríes. ¡Anda si te sabes reírte!
      Cuarto botón. De cañas un viernes todos juntos. Te miro desde el otro lado de la mesa y sigo bebiendo sorbos de tinto que igual me da el valor para decirte que me invites a comer otra vez, que necesito volver a hablar aunque sea del tiempo.
      Último botón. Desde que han inventado esto de los tejidos inteligentes, te has quedado impregnado en mi bata de laboratorio. ¡Qué ideas futuristas estas! Pero a mí me permite revivirte cada día, igual que revivo el abrazo de mi abuela cuando me pongo la bufanda verde.

      El éxodo rural

      El éxodo rural

      Llegó tal punto en el cual las personas vivían una vida miserable, encarcelados por el dinero, la comida y la energía. Demasiada gente, consumo, redundancia de lo innecesario. Sin propósito la sociedad avanzaba sin sentido, consumiéndose en una creencia irreal de bienestar que se nos vendió para el bien de algunos.
      Madres empezaron a ver morir a sus hijos al no soportar los niveles de contaminación e inadecuada alimentación. Empezó un movimiento masivo para dejar las grandes urbes, se vendieron las casas para aprovisionarse de lo necesario para empezar de nuevo lejos de este mundo de codicia. En cuestión de meses ya no quedaban caravanas para comprar, el sistema empezaba a desmoronarse, las familias se iban instalando cerca de las rutas donde los agricultores pasaban regularmente a ofrecer sus productos, pero el dinero no daría para siempre y todos empezaron a cultivar los campos abandonados que iban encontrando, a recoger el agua de la lluvia, y a construirse refugios con lo que encontraban o se habían podido llevar. Había algo bonito en ello, el instinto de supervivencia creaba un sentimiento de hermandad que a pesar de las dificultades hacía tirar adelante estas nuevas sociedades.
      Los que quedaban en la ciudad ya no lo hacían por voluntad propia sino porque no tenían más opción. Las drogas y la pobreza se habían apoderado de gran parte de la población, estos ya no pudieron escapar y se quedaron vagando hasta morir de hambre.

      El fin de una civilización

      El fin de una civilización

      Leí este relato en la revista “Curiosidades y Portentos del Pasado” mientras sobrevolaba las viñas de Groenlandia a bordo del dirigible Esglai en su vuelo regular de mayo de 20.714 entre Solsona y Fairbanks.

      Nadie sabe cómo desapareció la primera civilización que ocupó la Tierra durante 10.000 años. De ella hemos heredado su calendario, el futbol, la paella y la Sociedad Política de Naciones, entre otras cosas; pero aun no entendemos bien su final. Falta información de su última época, debido a una mala estrategia de conservación de datos en soportes virtuales, pero las reconstrucciones muestran una sociedad con disfunciones en demografía, economía y gestión ambiental.
      Hoy sabemos que la Tierra puede soportar al menos 50.000 millones de habitantes viviendo razonablemente y que el problema de las sociedades maduras es no menguar. Nosotros llevamos siglos esforzándonos en mantener los 5.000 millones actuales sin excesivo envejecimiento. Antes del colapso ellos eran 7.800 millones, producían alimentos para 16.000 millones y sus tasas de crecimiento eran negativas en los países desarrollados y apenas positivas y descendentes en el conjunto del planeta. Su problema eran los desequilibrios que permitían coexistir la escasez con el despilfarro a diversas escalas espaciales y que originaban tensiones y flujos migratorios incontrolables. Ellos sabían todo esto pero seguían hablando mucho de la superpoblación y trabajando poco la desigualdad. Este es un buen ejemplo de un fenómeno frecuente en aquella época, consistente en tener datos fiables sobre algo y actuar según ideas no soportadas por ningún dato. Puede que existiesen manipulaciones interesadas de la sociedad, con fines desconocidos, a través de canales de desinformación que sabemos que existían (Internet, Twitter, COPE, BOE) o puede que fuese simplemente “estupidez”.
      En lo concerniente a la salud del planeta parecían preocupados por lo que llamaron cambio climático y biodiversidad. Ambos son conceptos confusos, quizás porque su definición se recogió en los sistemas de información perdidos, pero lo cierto es que se usaron de forma ambigua hasta convertirlos en conceptos vacíos y nada indica que actuasen de acuerdo con las inquietudes que manifestaban.
      Hoy no comprendemos esta desconexión con la realidad ambiental, pero hay dos hechos comprobados que pueden ayudar. El primero es la distribución poblacional que a partir de la primera década del siglo XXI pasó a ser mayoritariamente urbana. Este reparto, inimaginable hoy, nos lleva al segundo hecho: tal situación solo era posible con una economía especulativa e irreal, basada en la superproducción y comercio de bienes superfluos y poco duraderos cuyo destino principal era su recambio continuado. Un 10% de la población manejaba el 90% de los recursos que eran mayormente virtuales. Así, el valor se medía en precio, que se tarifaba en algo llamado dinero, que en realidad no estaba avalado por nada tangible más allá de la fe en el sistema. Estos datos sirven para comprender una sociedad en que menos del 5% de la riqueza pasaba por el sector primario que estaba poco valorado. Paradójicamente una fracción mayoritaria de la sociedad que no hacía nada útil era la dominante.
      No se pueden modelar evoluciones predictibles en estructuras incoherentes, por eso ellos no vieron venir su fin y a nosotros nos cuesta reconstruirlo. Lo cierto es que con una población mundial urbanita ajena a la naturaleza la sociobiosfera dejó de funcionar. Y aquí se plantea una cuestión importante: ¿dónde estaban los científicos ambientales?. Sabemos que hubo muy buenos ecólogos, al menos hasta cerca del fin del siglo XX, pero después escasea la información. La impresión que se extrae al investigar sobre algunas revistas científicas de referencia de la época que nos han llegado (Science, Nature, Ajoblanco) es que también había desorientación científica en temas ambientales y artículos lúcidos comparten espacio con otros banales o falsos. Para explicarlo, la teoría en boga sostiene que dada la peligrosidad de los ecólogos para aquel sistema se les desactivó mediante un criterio de valoración de su trabajo que consistía en pagarles no por la trascendencia de lo que hacían sino por el volumen de lo que escribían en revistas de referencia, que eran parte del sistema.
      De todas formas la influencia de los ambientólogos en aquella sociedad, debía ser muy limitada. Si cuesta creerlo recordemos la historia de nuestra civilización, la tercera del planeta Tierra, que se inicia hace 5.400 años con la creación del CESP (Consejo Ejecutivo de Salud Planetaria, formado por filósofos, ecólogos y poetas) que controla con derecho de veto a la Sociedad Política de Naciones.
      Hoy los socioecohistoriadores siguen investigando las desviaciones que acabaron con la primera civilización del planeta Tierra. En lo que los estudiosos han perdido el interés es en descubrir qué hecho concreto desencadenó su colapso fulminante; porque :¿qué interés tiene saber si un castillo de naipes cae por la brisa o por un microseismo cuando la causa del derrumbe es su imposible estructura?.

      EL HALLAZGO DE UN DULCE SUEÑO

      EL HALLAZGO DE UN DULCE SUEÑO

      A la hora de expresar su sentencia definitiva, el farmacéutico Cramer no se iba con muchos rodeos. “Amigo —solía decir—, lo mejor que puedo hacer por usted es hacerlo beber un poco de esta poción mágica… Pero usted me dirá cuánto es poco”. Él ya había visto los extremos casos del dolor; la experiencia le daba una fuerza que lo llevaba a determinarse siempre a honrar el sufrimiento humano con una forma de contenerlo. En esos mismos términos, Cramer instruía a su joven asistente, el muchas veces apático Friedrich Sertürner.
      —Ante el dolor, encontrarás la necesidad de verte como otro que te habita a ti mismo. Lo peor que te podría pasar es que de tanto ver a la gente sufrir tú ya no sientas nada y creas que no puedes hacer nada.
      —Señor —decía Sertürner mostrándose como un niño caprichoso—, es muy difícil experimentar un dolor ajeno. Tal vez uno termina simplemente contagiado de tristeza. Lo que sí creo que se podría compartir es el alivio que sienten los demás.
      —Mira —Cramer replicaba con los apuntes esenciales de su profesión en la mano, sosteniendo pequeños frascos y echándole una mirada a los cristales que producían la manipulación del opio—, la historia de lo que hacemos inicia con lo que sentimos cristianamente por los demás, aunque sepamos que en el fondo se trata también del dolor que podamos llegar a experimentar nosotros mismos. ¿Estamos vivos? ¿Dormimos? ¿Nos hemos ido?
      —Si en algún momento me llego a ver así, tan mal como todo lo que hemos visto, señor, no dude en ponerme a dormir.
      A pesar de que aún aparentaba ser un joven soñador, Friedrich solo quería un espacio para estudiar lo que empezaba a ser un asunto que jamás dejaría de asombrar su mente: la condición esencial del opio en el manejo del dolor. Nadie sabía lo que él había aprendido al respecto con el farmacéutico Cramer y, sin embargo, ni el maestro ni el discípulo conocía realmente qué era lo que hacía al opio tan radical en su forma de frenar el dolor. Por lo mismo, a buen recaudo podían decir que, en el intento de curar a tantos que sufrían, habían llevado a muchos a dormir el sueño eterno. Desconociéndolo prácticamente todo, la dosificación y los manejos de los cristales del opio eran una ruta que los hacía humanos al enfrentar el dolor de los demás pero, a la par, verdugos de las vidas mismas que se hundía en aquellos padecimientos.
      A la muerte de Cramer, Friedrich Sertürner continuó, sin querer, el camino trazado por las enseñanzas del maestro. Como no pudo realizar sus estudios de ingeniería, que en realidad le gustaban mucho más que la farmacología, se fue gradualmente dedicando a la indagación de lo que pareció ser un designio de los dioses. Pacientes nunca le faltaron y a todos los fue haciendo parte de sus anotaciones sobre los pormenorizados usos de sus prescripciones. Algunos llegaron a reclamarle sus criterios, siendo él como lo era, simplemente un aprendiz de farmaceuta que había heredado un legado particular de cuenta del extendido uso del opio.
      —A lo mejor mis anotaciones pueden servir a alguien —acostumbraba decir tranquilamente, con la conciencia de que en otros países distintos de su natal Alemania sabían mucho más de lo que él sabía.
      Pero como la gente no tenía más remedio que contar con un presunto médico, confiaban en Sertürner como si fuera uno de los mejores.
      En las noches, no obstante, Friedrich se tomaba con mayor empeño la búsqueda de una mayor comprensión de lo que pasaba con el opio. Con el uso de los cristales, los apuntes acerca de sus cambios, sus vaporizaciones, sus posibles transformaciones al verse mezclados con otros elementos, como el alcohol, Friedrich iba discriminando los componentes de aquella misteriosa realidad que desde hacía siglos se definía como opio.
      En la experiencia continua con los cristales, no solo hacía dormir eternamente a seres humanos que preferían dejar de sufrir, sino también a animales que nada le habían hecho. En el uso, Sertürner se daba cuenta de que a veces las dosis eran muy pocas y que otras se le iba un tanto la mano. La única forma de empezar a comprenderlo bien fue administrándose él mismo las dosis del registro de las anotaciones que tan puntualmente llevaba.
      ¿Estaba vivo?, ¿dormía?, ¿en qué mundo se sentía despierto? Friedrich había hallado el principium somniferum. ¿O lo soñaba? Su mente comenzaba a sentir manifestaciones distintas de lo que podía ser la realidad. Aislado el elemento que bautizó como morfina, un buen día Sertürner amaneció famoso en Francia, querido en Lisboa, homenajeado en Berlín. Sin formación académica alguna, con una pasión creciente por una misión a la que se sintió llamado, Friedrich recibió el abrazo de Goethe.

      El hijo soñado

      El hijo soñado

      Nunca pensé que estudiar la herencia genética podría cambiar tan drásticamente mi vida. Mi realidad es irracional y sólo la codicia puede justificar mi presencia. Ya no puedo ver de frente a mis padres y no dejo de pensar que estoy aquí a costa de un hermano desconocido.
      Desde chico supe que soy adoptado, pero recién ahora, con mis 23 años, tuve la intriga e indagué sobre mis orígenes. Es evidente que no tengo ningún parecido con mis padres. Siempre fui agradecido porque me brindaron todo, aunque no la verdad. Conocer el origen de mi sangre significa conocer un poco más de mí, por eso los senté y sin dudarlo comencé a preguntarles de dónde provengo.
      A veces las mentiras sirven para evitar grandes penas, hoy me cuestiono si sería mejor continuar con el engaño de una madre soltera que me abandonó por falta de recursos. Pero no, me han dicho una parte de la verdad, suficiente para generarme más preguntas que me llevan hoy a no saber cómo seguir adelante.
      Mi madre me contó felizmente que me gestó durante ocho meses. Al no poder quedar embarazada, decidieron acudir a una nueva clínica de fertilidad aquí en Madrid. Allí le ofrecieron un “catálogo de hijos”, con imágenes que parecían reales mostrando cómo sería su futuro hijo año tras año. Le aseguraron que no padecería enfermedades genéticas, pero también le predijeron color de ojos, tipo de cabello, estatura y hasta cada detalle del rostro. Emocionada me contó que cuando me vio en ese catálogo, sintió que quería que sea su hijo. Y así, como una compra por internet, luego de un tratamiento simple de implantación, ya me estaba gestando.
      No sé si por ignorancia o miedo no preguntaron más. Desconocen quienes fueron mis padres, ni cómo generaron esas imágenes mostrando como sería yo en el futuro. Justificaron todo afirmando que los avances en la ciencia y tecnología son maravillosos. Creo que la mente humana tiene lados oscuros irracionales.
      Creerás que mi historia no es drama suficiente, quizás no lo sea, pero la historia de mi hermano desconocido lo es.
      El siguiente paso para resolver el misterio de mi origen fue buscar la clínica, pero lamentablemente cerró en el año 2008. En internet no hay rastros, pero mi madre recuerda a Santiago Morales, el anestesista, quien me ayudó a resolver mi pasado.
      Junté coraje y llamé a un Santiago Morales, casualmente anestesista de un hospital de aquí. Le expliqué lo poco que sabía de mí y accedió a un encuentro. Pidió vernos en un parque una vez entrada la noche. Parecía de unos 65 años y llevaba mirada triste. Como con prisa empezó a desahogarse contándome los restos que faltaban en la historia de mi vida.
      En el año 1975 un grupo de doctores decidieron comenzar un proyecto ostentoso para solucionar problemas de fertilidad, lo cual parecía un negocio perfecto. Mediante fecundación in vitro generaron una serie de embriones, que fueron fraccionados en los primeros estadios del desarrollo, produciendo así clones biológicos. Se continuó el desarrollo de un clon de cada tipo y los implantaron en vientres alquilados. Una vez nacidos los niños, fueron criados lejos de la ciudad. Durante 15 años les sacaron fotos, armando así el “catálogo de hijos” con fotos de cada uno de los 20 niños y 20 niñas que habían creado. Muy pocos sabían la verdad detrás de las fotos. 20 años después del comienzo de su negocio, abrió la clínica, donde día tras día llegaban parejas frustradas en busca de una solución. No sólo les prometían hacerlos padres, sino que les mostraban como serían sus futuros hijos. Así, por una gran suma de dinero, les permitían elegir sexo, color de ojos, estatura y otros rasgos. Comenzaron sólo con 40 tipos de hijos, con las características físicas más llamativas para los posibles clientes, aunque la idea era ampliar el catálogo. Una vez que una pareja elegía su futuro hijo, sólo tenían que tomar otro clon que conservaron, y regenerar el embrión para embarazar a la futura feliz madre.
      La empresa empezó perfectamente, muchos padres se acercaron, pero los inversores se alejaron. Por lo que generar nuevos tipos de hijos se hizo difícil. Optaron por lo simple, asegurándose que las familias provengan de regiones lejanas, ofrecieron los mismos clones a más de una pareja. En el 2008 cuando una familia se enteró de la realidad, discretamente cerraron la clínica.
      Santiago me contó todo para liberarse del peso del secreto guardado, y quizás, para ayudarme. Ese peso ahora lo llevo yo, sin saber cuántos hermanos gemelos míos andan por el mundo. Hoy llevo la tristeza de saber que mi primer hermano, que sirvió de modelo, vivió sólo 15 años, ya que fue desechado como un pedazo de carne vieja… hoy vivo la pesadilla de ser un hijo soñado…

      El laboratorio de mi padre

      El laboratorio de mi padre

      Me crié entre pipetas, redomas, microscopios y cobayas. Mi padre tenía un pequeño laboratorio en casa, era su forma de conciliar la vida laboral con la familiar. Incluso durante las comidas su pensamiento estaba en otro lado, lejos de allí. Se le veía ensimismado y de vez en cuando tomaba notas en un cuaderno de piel que siempre le acompañaba. Cuando le hablaba de mis éxitos escolares, le preguntaba una duda o hacía cualquier comentario sobre cuestiones intrascendentes mi padre me dedicaba un segundo de atención, respondía brevemente y me revolvía un poco el pelo. Yo me sentía feliz de haber despertado su interés aunque sólo fuera un instante. Después volvía a ser invisible durante horas. Mi madre me pedía que no le molestara, me decía que era un científico muy importante y que tenía que concentrarse en su trabajo, pero yo no quería al investigador, deseaba a mi padre y envidiaba a mis amigos cuyos padres les llevaban al fútbol y a merendar los domingos. El mío estaba encerrado en su laboratorio donde perdía la noción del tiempo y no se acordaba de comer, cenar o de charlar con su familia.
      He de decir que sentía celos de esos ratones blancos a los que cuidaba con tanto esmero y a los que prestaba más atención que a mí, o del microscopio al que mi padre miraba más que a mí, o de ese cuaderno que siempre le acompañaba y que era más importante que mi libreta de notas o mis deberes escolares.
      Un día lluvioso no salí a la calle a jugar al balón con mis amigos, y eso que me habría encantado saltar en los charcos. Ya había hecho mis tareas y decidí leer un rato. Cogí el libro “Miguel Strogoff” de Julio Verne y continué por donde me había quedado, cuando le queman los ojos al correo del zar. En ese momento entró mi padre en el salón y me vio enfrascado en la lectura. Se sentó a mi lado en el sofá y me empezó a contar que de niño también leyó ese libro, me hizo algunas preguntas y estuvimos charlando un buen rato. Me dijo que estaba muy orgulloso de mis notas, de mis progresos en matemáticas, ojeó el álbum de cromos y prometió comprarme unos sobres. Me di cuenta de que aunque siempre parecía un genio despistado vagando por la casa, o encerrado en su laboratorio, estaba atento a lo que le contaba y que le importaba todo lo que me concernía. Creo que fue el día más feliz de mi vida.
      Cuando me preguntó qué regalo quería por mi cumpleaños deseché el coche teledirigido, la bicicleta, el tren eléctrico o el disfraz de superhéroe y le dije que lo que más deseaba era pasar toda la tarde con él, y aunque me contestó que me aburriría yo insistí en que era eso lo que más deseaba, tenerle sólo para mí. Mi padre sonrió y me alborotó el cabello como solía hacer, al tiempo que me prometía que tendríamos esa tarde especial.
      Lo pasamos de maravilla, me convidó a merendar unas deliciosas tortitas con nata y chocolate, me compró cromos y golosinas y me llevó al cine. Durante el camino de vuelta fuimos comentando la película, diciendo tonterías y riendo.
      Al llegar a casa ocurrió lo mejor del día de mi cumpleaños, mi padre dijo que ya era suficientemente mayor para entrar en su laboratorio y ayudarle. Creí que el corazón se me iba a salir del pecho de la emoción. Me puso una bata blanca pequeña que había encargado para mí y me permitió que le diera el instrumental o que mirara por el microscopio. No sé si estuvimos cinco minutos o cinco horas pues yo también perdí la noción del tiempo y entonces comprendí a mi padre. Amaba lo que hacía y ponía todo su entusiasmo y dedicación, y ahora quería compartir conmigo ese amor por su trabajo, por la investigación.
      Aunque mi padre realizó su aportación a la ciencia no fue Ramón y Cajal, Pasteur o Pierre Curie, su nombre no quedará grabado en letras de oro, ni se hablará de él en las enciclopedias. Han pasado más de 30 años desde aquella tarde feliz cuando descubrí su laboratorio. Yo no lo he olvidado, él, sin embargo, no es capaz de recordar casi nada. Muchas tardes se sienta en una butaca en el laboratorio a verme trabajar, y cuando le dirijo una mirada, o me acerco a él y le abrazo me sonríe, y a veces, en algún momento de lucidez me da indicaciones sobre la forma de utilizar el microscopio como hizo aquel día de mi cumpleaños. Luego vuelvo a enfrascarme en mi trabajo y me pregunto si alguna vez daré con la cura de la enfermedad de Alzheimer.

      El laboratorio embrujado

      El laboratorio embrujado

      El laboratorio estaba embrujado. Todo el mundo estaba asustado, era un laboratorio antiguo, pero muy importante, y en él trabajaban algunas mentes muy brillantes, pero que ahora estaban apagadas, embotadas por el terror a tener que volver allí. Nadie era capaz de dar una explicación racional a lo que sucedía, a los objetos que se movían, a los que desaparecían, al imposible dolor de cabeza de todos, e incluso algunos afirmaban que habían visto fantasmas.
      La mayoría iba abandonando, todos menos uno, Ella había llegado de última, hacía poco había acabado su Máster y este destino era demasiado bueno como para amedrentarse por unos fantasmas. Ella sólo creía en el Método Científico y tenía claro que los fantasmas no existían.
      Se había reído de sus compañeros. Pero el cuarto día en el laboratorio empezó a tener problemas, era un día frío y desde que había llegado le dolía la cabeza. Los bolígrafos que tenía sobre la mesa habían desaparecido, no podía ser, seguro que los había dejado en otro sitio. De pronto empezó a escuchar un ruido que fue aumentando hasta hacerse insoportable, se quitó las gafas y al volver a ponerlas vio uno de sus bolígrafos, dando vueltas sobre la mesa, como una peonza. Se quedó helada, por su espalda corrió sudor frío. No podía ser verdad, alguien le estaba tomando el pelo. Empezó a ver doble, el ruido aumentó y la atmósfera en la habitación se hizo más densa, casi insoportable. Tuvo que salir corriendo.
      Una hora después volvió, avergonzada. Aquí estaba pasando algo muy raro, pero tenía que ser algo racional. Habló con algunos de los compañeros, casi todos habían sufrido algún que otro “encuentro paranormal” y estaban convencidos de que había fantasmas, ya nadie se quedaba por la noche en el edificio, aunque hubiera trabajo atrasado, aunque sus becas dependieran de ello. Se sintió muy apenada, esta no era la forma en la que se comportaba un científico, si el resto no quería, tendría que encontrar ella la respuesta.
      Los siguientes días los pasó desmontando y volviendo a montar el laboratorio, tenía que haber algo en algún lado que indicara que estaba pasando, no podía descartar nada de momento, quizás todo fuera una broma, pero no lo creía. Movió, no sin un gran esfuerzo, todas las máquinas, hasta consiguió desmontar el falso techo, pero no encontró nada raro, todo estaba en su sitio y parecía perfectamente normal. Estaba claro que algo se le escapaba, algo que no terminaba de comprender, pero estaba segura que no tenía que ver con espíritus y fantasmas.
      Unos días después de revolucionar el laboratorio volvió a suceder. Era de tarde, como la vez pasada, cuando volvió a notar la misma opresión en el cerebro y el ruido sordo volvió a aparecer. Su corazón se puso a mil, pero ella se negó a asustarse, era una científica y no iba a permitir que un miedo irracional la parase. De pronto, el laboratorio empezó a dar vueltas, la misma mesa parecía que ondulaba. Casi da un grito, casi, pero se contuvo. Mantuvo la calma y observó. Se concentró, mientras papeles que no sabía de dónde habían salido caían a su alrededor. Ahí estaba de nuevo, el dolor de cabeza, profundo, en la sien. Le costaba mantenerse concentrada, pero tenía que seguir, tenía que analizarlo. ¿Qué puede provocar que las cosas se muevan así y qué además te provoque dolor de cabeza y mareos? No lo sabía, no era capaz de seguir pensando, tuvo que salir del laboratorio…
      Al día siguiente volvió, se pasó la noche dándole vueltas. ¿Qué sabía? Las cosas se movían solas, y eso era imposible, además siempre aparecía aquella opresión, tenía que ser algún tipo de onda, ¡tenía que medirla!
      Entró al laboratorio y preparó todo el equipo, esta vez no se le iba a pasar. Las horas pasaban lentas. Ella cada vez estaba más nerviosa, era ya de tarde, no había querido ni comer. Estaba sentada en una mesa, viendo unos papeles a los que no prestaba atención cuando sucedió. Empezó a notar la opresión, ahora no estaba asustada, sino excitada. Encendió los aparatos, enseguida se dio cuenta de que eran las 19:00 en punto. ¿Un fantasma puntual? Lo dudaba. Apenas podía pensar, pero siguió midiéndolo todo y lo vio, había una longitud de onda, una frecuencia baja, un infrasonido, que partía de un lado de la habitación. Salió de allí, estaba a punto de vomitar.
      Al día siguiente, con el conserje, preguntó que había en esa pared. Y su sorpresa fue tal que le dio un ataque de risa, el viejo aparato de calefacción, que se encendía todas las tardes, vibraba tanto que provocaba el infrasonido… ¡Qué tontería! Que fácil era al final y el resto creyendo en fantasmas… Su último pensamiento fue: La ciencia siempre gana.

      El límite de los sueños.doc

      El límite de los sueños.doc

      Ardure cerró la puerta y vio la ventana desprenderse, los amigos que escucharon el ruido corrieron hacía él.
      - ¡Corre, corre, se aproxima la señora de la casa! - Dijo Soberni muy agitado.
      - ¡No, de ninguna manera dejaremos de investigar este misterio! - Dijo gritando Celuño.
      - Vamos entonces hacia la otra entrada - Dijo Melancoli.
      - Es mejor evitar la magia, todo debe girar en torno a la realidad - Dijo Vidila, la esposa de Ardure.
      Los cinco científicos tenían solo una hora y diez minutos para encontrar en la biblioteca de aquella habitación un libro que guardaba un misterio hacía ya siglo y medio; por eso se dieron a la tarea de persistir en su plan, antes de presentarse en la junta del consejo.
      Ahora la misión era de vida o muerte, pues cada cosa que se discutiera en la junta tenía que resolverse y los cinco “Apoles” estaban contra reloj. Se le llamaba así a los científicos con grandes reconocimientos internacionales y prestigio como investigador. Estos “Apoles” estaban entrenados a luchar contra el mal y su tarea fundamental era desenterrar los misterios más disímiles del universo.
      - ¡La otra entrada está cerrada! - Exclamó agitado el “enano carne de cerdo”.
      - Magia no, esto es natural - dijo Vidila.
      Las luces de pronto se apagaron y todos muy preocupados se miraron unos a otros, atemorizados, comenzó un ruido como el de un elefante corriendo en el desierto, todos cerraron sus oídos, la mirada ardiente por la misma oscuridad. Al otro lado del cerrojo la biblioteca donde se encontraba todo el misterio que andaban buscando, un libro de hojas amarillas y portada de hierro, igual a un cofre en su exterior.

      Celuño se lanzó sobre la puerta con todo el peso de su cuerpo, pero fue en vano repetir lanzarse sobre ella tantas veces como él quisiera. Melancoli, meditaba en una esquina como realizar una explosión. Soberni, mantenía la calma, pero no tardó en gritar a Ardure, que ordenara la magia. Ardure miraba a su esposa un poco descontrolado, el ruido y la obscuridad eran inevitables, entonces dio la orden a Melancoli de derribarla.
      - Rápido, todos adentro, tenemos la junta a las tres -
      Dijo el investigador principal.
      - ¡No puedo moverme, me duele el estómago, que alguien me saque de aquí!
      Dijo muy nervioso el enano, mientras sobre su cabeza se apreciaba una serpiente con cola de cocodrilo.
      - ¡Mi pierna derecha desapareció, auxilio, auxilio, Ardure dónde estás! -
      Dijo asombrado Celuño, mientras el jefe y su esposa permanecían pegados uno contra otro cada vez con más fuerza.
      - ¡Melancoli, estoy comprimido contra mi esposa, sepárame de ella, hazlo ya! -
      - ¡No puedo, mi cabeza se ha separado del cuello y mi cuerpo pesa cada vez más, me muero, me muero!
      La situación estaba controlada por el “libro mágico”, la mayor fuerza del planeta “Tanus”, solo se escuchó una voz hablando en un idioma desconocido que decía:
      - ¡Trri opporrnuidi vac, dippí uc on buxx!
      Que se traduce:
      - ¡Tres oportunidades doy, después soy un volcán!
      Y así la voz se repitió y expandió por más de media hora, luego todos cayeron como un bulto unos contra otros. La oscuridad iba desapareciendo muy lentamente y al mismo tiempo que se deslizaba en la atmósfera comenzaba a aparecer la claridad.

      Muy dolidos e impresionados por lo ocurrido, no pudieron esta vez conseguir su plan, por lo que el investigador principal tendría que dar a conocer en la junta la “intensidad de este mal”.
      En el libro se explica en qué consistía esta nueva “travesía de la magia”, “nuevos laberintos”, nuevos conocimientos que nadie podía descifrar, solo había uno en el planeta “Tanus” que entendía la escritura, el “fugi” era el único poderoso y sobreviviente de los vientos del este. Se escondía en las aguas marinas dormitando hace ya siglo y medio, solo volvería a despertar cuando alguien intentara encontrar el libro. Sus ojos se abrieron muy de prisa y la fuerza del mal volvió a resucitar.
      - ¡Quién ha intentado provocar mis fuerzas! como regalo tendrá tres días de terremoto sobre “Tanus”.
      Así dijo el “fugi” y sus deseos fueron cumplidos.
      En la junta participaron ciento cincuenta asociados, todos con prestigio internacional, pero los cinco investigadores de la “misión contra el mal” eran los científicos más reconocidos. Todos se pusieron de pie cuando por la puerta principal aparecieron los cinco, el rostro de Ardure se veía cansado y pálido, Vidila se sujetaba a su brazo delante del escenario. Los demás amigos tomaron asiento de prisa, solo se escuchó la voz del Presidente de la Real Sociedad de la Junta PRSJ, investigador de grado uno:
      - Estimados asociados, recibamos con honor a los “cinco investigadores del mal”, esperamos que la misión se haya cumplido sin dificultad, pronto escucharemos al jefe de la misión que nos dará a conocer los resultados finales. Después de su intervención, si alguien tiene algo que decir o preguntar, lo hace levantando su escudo o su espada.
      Mañana organizaremos la próxima misión, que será en las “Minas de Brauc”, cerca del mar antiguo, para ello necesitaremos diez voluntarios dispuestos a enfrentar cualquier circunstancia por temible que sea. Al finalizar las palabras de Ardure, haremos la selección de estos compañeros -

      Así dijo mientras observaba al jefe de la misión con una mirada fría y escudriñadora, tratando de descifrar la duda que en sus ojos se apreciaba.
      Ardure al frente del escenario, muy distraído pero no derrotado, pasaba revista a sus invitados con una palabra que no le salía de la garganta, su cabeza medio en las nubes y las manos quietas, muy tensas, sobre su pecho un calor sofocante lo estaba haciendo sudar, los ojos impenetrables como un rayo de luz se esparcían. Sacó su agenda y comenzó leyendo:
      - ¡Trri opporrnuidi vac, dippí uc on buxx!
      Todos quedaron atemorizados y boquiabiertos ante estas palabras que nadie entendió, luego Ardure prosiguió:
      - Investigadores, invitados, y todos aquí presentes, el planeta “Tanus” se encuentra en peligro ante una nueva fuerza del mal, que no podemos aun descubrir, pero que no descansaremos hasta lograr dar con sus secretos. Toda la magia que podamos utilizar, incluso la nuestra no vale de nada ante este mal, bastaron estas palabras que aun desconocemos para hacernos sufrir por más de media hora en la biblioteca de la casa principal, pasamos un apuro que casi nos cuesta la vida, tal parece que la fuerza del mal nos advierte que no volvamos a intentar buscar el “libro negro”. Fracasamos en nuestro plan pero volveremos más preparados y seguros.
      El escenario quedó perplejo ante las palabras de Ardure, todos se miraban pues nadie entendió a donde quería llegar, entonces “Promo” un falaz arrogante y autosuficiente levantó su espada y dijo:
      - ¿Hemos venido aquí a escuchar blasfemias o resultados científicos?
      Ante las palabras embaucadoras Vidila respondió:
      - A escuchar resultados científicos, solo que nuestra investigación aún no ha culminado, te propongo sumarte a nuestro equipo en la próxima partida.
      Inmediatamente “Promo” levantó su escudo muy excitado y dijo:

      - ¡Partamos ya a encontrar ese libro, si ustedes se dieron por vencidos yo volveré aquí con él aunque me cueste la nuca!
      Y todo el cúmulo de científicos allí presente no hizo más que reírse de las tonterías de aquel engañador, luego “Bivani” una mujer comerciante de prendas preciosas levantó su espada y dijo:
      - ¡Cuenten conmigo en la próxima partida, soy muy habilidosa en los asuntos de aventuras!
      Así se sumó a aquel acontecimiento una gran cantidad de hombres y mujeres valientes, entrenados en asuntos de “misterios ocultos” y “cálculos de fenómenos mágicos”. Por lo que el Presidente de la Real Sociedad tendría que postergar la nueva misión en las “Minas de Brauc”, según quedó establecido en el consejo.
      Fue así que comenzaron los días de terremotos sobre el planeta “Tanus”.

      El loco del Retiro

      El loco del Retiro

      Madrid, noviembre 1997.

      El frio de las primeras horas de la tarde de un domingo otoñal helaba las manos de Andrea que se obstinaba en leer un periódico andando por el parque. Buscaba noticias de fútbol italiano, de algún 0-0 épico. Desde cuando estaba en España, cada día esperaba que el periódico aliviase su nostalgia.

      Un hombre le paró y le preguntó con cortesía si podía leer la pagina de los eventos culturales. Andrea se paró a su vez, y le acercó el periódico. El hombre tenía rubio o casi blanco largo pelo liso, y barba que se enredaba como en largas volutas de humo. Llevaba un blanco jersey de lana gruesa, y una capa roja igual a la de Superman. Mientras con la mirada corría a través de las líneas del periódico, le preguntó a Andrea por su nacionalidad. Descubierta la cual, el hombre empiezó a hablarle en italiano:
      << Che fai qui? Estudi arquitectura? Casi tuti gli italiani qui estudiano arquitectura. No? Fisica…. Ah, bello. El principio de incertitumbre mi piace molto. Ma la física describe solo la fenomenologuía delle cose, perde invece el contacto con la poesía del mundo. Solo la parola, la intuicione, el dubio, permiten la comprensione. >>
      Andrea sonrió y contestó, citando al Boris Grushenko de Woody Allen, que “la subjetividad es objetiva”. El hombre entonces le miró a los ojos y le preguntó, directo:
      << Credi en nostro fig-lio?>>
      << No.>>
      << Fai bene, perqué el padre se reincarna molto piú spesso. Sono stato al CERN di Ginebra>> siguió el hombre << e ho sentito un seminario di Carlo Rubia. Bravo hombre, ma pieno di sé. Come tuti i premi Nobel que conocí…>>
      Un mendigo se acercó y pidió al hombre dinero. El hombre le echó:
      << ¡Vete, ladrón de tiempo! Estamos hablando de filosofía…>>
      << Viejo loco…>> murmulló el mendigo alejándose.

      Auditorium del CERN, Ginebra, 30 de marzo de 1976: Werner Heisenberg Memorial Lecture, por el Prof. J. Mehra, Instituts Solvay de Physique et de Chimie, Bruxelles.

      La gran sala estaba llena. Había llegado tarde, tenía todavía su bloque de notas gris abierto a la mitad. Se sentó en una de las últimas filas. La voz del relator hablando sobre los albores de la mecánica cuántica parecía fluctuar sobre los pensamientos de centenares de físicos:
      << Professor Van Hove, Ladies and Gentlemen : It gives me a great pleasure…>>
      Eran tres días que no dormía. La última ecuación escrita en su cuaderno relacionaba el d’Alembertiano de un campo escalar en espacio curvo con su propia auto-interacción. Parecía una ecuación de Klein-Gordon para un campo masivo, pero su masa no estaba añadida a mano, surgiendo espontáneamente de la auto-interacción. Según el momento del día o de la noche y del alteración del equilibrio de fuerzas entre su cansancio y su entusiasmo, estaba convencido de estar cerca de una solución brillante a su problema o al descorazonador estruendo del fracaso. Ocho bloques de notas grises estaban apilados en la mesa de su despacho a certificarlo. En cada uno de ellos había un título y un número: “Self-interaction of a particle as a source of metric deformation, I”. El título se simplificaba a la vez que los números romanos crecían. El bloque número 8 se llamaba: “Mass generation, VIII”. Seis meses de trabajo sin descanso. Sin embargo, no conseguía entender si las ecuaciones que escribía tuvieran algún sentido. A veces encontraba errores banales, otras errores de principio. Volvía a empezar. Los libros de historia de la física contaban esto: grandes periodos de frenesí autístico de un físico encerrado en su cabeza y, un día, una idea lo ilumina todo, el momento exacto en que todo cae en un sitio, encuentra su lugar definitivo en el mundo de las ideas. El relator estaba citando a Heisenberg:
      <<”It was almost three o'clock in the morning before the final result of my computations lay before me […] I was far too excited to sleep, and so, as a new day dawned, I made for […] a rock jutting out into the sea […] and waited for the sun to rise”.>>
      Donde estaba la roca que habría escalado al resolver sus cuentas? Para una idea que llega a su culminación, hay miles que se quedan en el camino, llevándose consigo las cabezas que las pensaron.

      (En noviembre de 1997, en el parque del Retiro, me crucé con ese hombre, y pasó lo que conté. No puedo saber lo que pasó en 1976, o en otro año. Pero sí conozco esa sensación al creer de encontrar algo, y no encontrarlo. Y puedo ver en https://www.youtube.com/watch?v=5yIGq-dSrag, en un clip de Youtube de 2012, un hombre que podría tener unos 60 años, con barba blanca, vestido de rojo, bailando en el Retiro, alguien que bién podría haber sido yo….)

      El Misterio de la Supervivencia

      El Misterio de la Supervivencia

      El reloj biológico de las abejas avanzaba inexorablemente. Desde hacia tiempo, sobre sus pequeñas cabezas brillaba amenazante la afilada hoja de una guillotina. En aquel árbol se encontraba el culpable, en esa rama, en la que un buen día se posó un elegante avispón. Encaramado entre la hojas, contemplaba pacientemente el constante ir y venir de aquellas deliciosas criaturas. Una intranquila tarde, decidió visitar a la reina del panal, y llevarle un regalo. Se trataba de unas durmientes semillas, que cuando despertaron devoraron la frágil cuerda que segó la vida de todos los habitantes de la colmena. Ajeno a estos acontecimientos, Pablito jugaba con su nueva amiga negriamarilla, en el jardín de su casa. Pocos días después el número de amiguitas del niño había aumentado considerablemente. Esta vez, su peculiar capricho, había salvado a la Humanidad.

      El multiverso de Ana

      El multiverso de Ana

      Inspirar, exhalar…

      Brazos arriba, flexionamos hacia abajo, atrás, perro boca abajo, postura del guerrero… Y después de unas cuantas asanas, un poco de meditación para conectar con nosotras mismas, con nuestro interior…
      Así durante dos años, cada lunes y miércoles por la mañana, para empezar bien el día.

      Hoy estaba siendo bastante productivo. Tanto, que en plena meditación sentí algo muy especial. Los sonidos de la clase parecían alejarse. Los problemas que turbaban mi mente se metieron en cajones imaginarios para tratarlos después, y poder disfrutar de ese momento. Estaba conectando con mi más profundo yo. Posicionaba a mi “yo” dentro del universo. Era más consciente de mi energía y empecé a sentir algo distinto, que no sabía cómo interpretar…

      Mi mente empezó a formularse un montón de preguntas que aparecían ante la oscuridad de mis ojos cerrados como mensajes flotantes e interrogaciones de colores.
      Sé que no estamos solos. Creo que, ante cada disyuntiva, cada problema, ante cada duda que tengo, genero múltiples posibilidades, infinitas, que pueden tener lugar en otros universos. A su vez, en éstos se forjan nuevas disyuntivas, nuevas dudas, y nuevas e infinitas posibilidades que se bifurcan en otros universos…

      No siempre he tomado decisiones basándome en mi felicidad… A veces las he tomado pensando en el bienestar de los demás, por solidaridad o empatía. O para beneplácito de otros, hasta que aprendí a ser más asertiva y no sentirme mal por ello. Otras veces he priorizado las condiciones laborales o económicas. En alguna ocasión me he dejado llevar por impulsos. Y otras veces tomé decisiones por descarte. Incluso malas decisiones.

      Intuyo que todas esas “yo” que han elegido las otras opciones, andan por ahí como en universos-burbuja... ¿Podría ser cierta aquella teoría del multiverso de Everett?

      Me pregunto si podríamos conectar de alguna manera. ¿Físicamente? No creo… pero ¿no podría transportarse la energía de alguna forma? ¿Intercambiar información? No podía parar de pensar en ello. Por mi cabeza pasaban fórmulas, hipótesis… como si fuese un programa informático funcionando aceleradamente, buscando soluciones a mis planteamientos.

      ¿Cómo le irá a mi “yo” que decidió no salir con aquel chico? ¿A la Ana que eligió fumar? ¿A la que estudió ciencias? ¿A la que no quiso tener hijos? ¿A la que se fue de aventurera a Londres? ¿A la que sí estrelló el coche cuando no tenía ganas de vivir?...

      Sentí una sacudida hípnica, que tensionó mi cuerpo aun manteniendo los ojos cerrados y agudizó mi concentración. Estaba respondiendo a una llamada común de infinitas Anas, que de alguna manera estábamos conectando a la vez. ¿Era eso posible? ¿Estaba preparada?

      Mi pulso estaba acelerado. Quería saber más, llegar tan lejos como pudiera…

      Me encontraba en un lugar en ninguna parte, brumoso, desconocido. Como si fuese una expedición, empecé a examinar el lugar abriéndome paso entre la niebla, inquieta cual científico a punto de hallar una fórmula, cual pareja a punto de desvelar una infidelidad, cual ladrón a punto de ser descubierto… Temiendo que pase, y a la vez deseándolo para poder terminar con las dudas...

      Estaban todas allí. Todas las Anas de todas las posibles opciones de las decisiones de la vida de Ana. De mi vida. De todos los universos. Una fila infinita de Anas. Más gordas, más flacas, alguna con piercings, tatuajes, con pelos de colores, cicatrices en la piel, con ropas muy distintas: elegantes, informales, de sport, góticas, con harapos, sin ropa… (Imagino que sería la que eligió ser naturista…) La fila era interminable y a lo lejos, parecía que nuevas Anas seguían creándose espontáneamente como si de la explosión de palomitas de maíz se tratase.

      Si observaba de cerca a cada una, un reflejo en sus pupilas me transportaba a sus mundos, a sus universos, a la realidad de esas Anas. Podía ver cómo era su vida, determinada en base a la decisión que habían tomado, y generadora a su vez de nuevas Anas.

      Me fijé en la Ana vestida de harapos. La miré fijamente a los ojos, y me transmitió mucha pena y humildad. Tenía un gran corazón pero alguna decisión la había llevado a ese estado. Ella estaba temblando, casi llorando, helada de frío… Me emocioné.
      Olvidé lo que era aquello, olvidé las normas, la teoría… y no pude resistirme a darle un gran abrazo. Olvidé que… ¡Boom!

      Los universos no pueden conectar entre sí, que un mínimo roce entre las burbujas generaría un Big Bang dando lugar a un nuevo universo…

      Mi cuerpo sintió otra sacudida que esta vez sí me abrió los ojos. Estaba en clase, llorando, aturdida. Mi profesora me vio en shock. Me fui deprisa, reflexionando. Sólo quería salir de allí lo antes posible para irme a casa a investigar…

      ¿Cuál es la auténtica Ana?

      La auténtica Ana, somos todas.

      El Museo de la Conservación

      El Museo de la Conservación

      Agarrando la escoba con la mano izquierda —pues era zurdo— y el recogedor con la derecha, Sancho barrió con decisión los últimos restos de suciedad. Estaba muy orgulloso de su capacidad de no dejar ni siquiera aquella condenada rayita imposible de recoger.
      Miró a su alrededor. A juzgar por el paisaje añil que se dibujaba a través de las modernas ventanas, ya era de noche. Pero el Museo de la Conservación estaba limpio al fin. Mantenerlo impoluto no era una tarea fácil, desde luego: con sus treinta enormes y abovedadas salas, conteniendo hasta quinientas veintitrés vitrinas, que alojaban casi un millón de ejemplares, Sancho empleaba un mes en repasar todos y cada uno de sus rincones. Y así había pasado gran parte de su larga vida hasta hoy, en el año 2099.
      “Hum… debería rellenar los recipientes de los Engraulidae, de los Mytilidae y de los Octopoda… ¡y que no se me olviden los Pollicipes! Con lo caros que son y lo difíciles que fueron de conseguir para el Museo, si se estropean, me mata el jefe” —reflexionó para sus adentros, mientras guardaba los bártulos en el armario.
      Además de la limpieza, Sancho era el encargado de mantener en perfectas condiciones los valiosos especímenes de la sección “Mar”. Él era un pobre viejo que no sabía nada de ciencia; aunque recordaba, de manera vaga, haber visto alguno de esos exóticos animales en su infancia. Los Pollicipes, mismamente… ¿no eran esos que tanto le gustaban a su padre? Y de peces sabía poco, pero se acordaba de unos pequeñitos, plateados… Anchoas, creía recordar que se llamaban. Que, por cierto, también tenía que ocuparse de ellas.
      “Sancho, amigo, concéntrate” —meneó la cabeza para sí, mientras abría con cuidado los recipientes que atesoraban aquellos valiosos pececillos, hoy extintos, y los cubría de aceite. Agradecido por no tener que ocuparse más que de unas pequeñas latas con un ingenioso sistema de abrefácil, prosiguió su tarea. Y, como siempre, aunque no habría sabido decir por qué, se le despertó el hambre. Aquellos animales llevarían años en el Museo de la Conservación pero, caramba, ¡qué bien olían!

      El Navegante de los Tiempos

      El Navegante de los Tiempos

      Agitó el aire con los dedos mientras esperaba a que le anunciasen en la Corte. Aquel aire pesado llevaba el sabor de la certidumbre y la tradición. Era un sabor a frío y a cerrado. Él sin embargo, traía ciencia, datos, argumentos…

      __“¿A que huele?”, pensó.

      _“A dineros y a pagarés”.

      __“¿Quién anda?. ¡!Vive Dios!!¿Quién habla sin palabras y lee pensamientos?.

      El sonido que volvió a escuchar no movía el aire; pero lo percibía con suavidad, sin temor. Eran esas palabras invisibles lo más claro que había percibido en cada una de las Cortes que había visitado, hasta aquel momento.

      _“Soy …. un amigo. No os alarméis y por favor no alcéis la voz”.

      __“Un amigo al que no le veo rostro ni espada, es cuanto menos una ilusión y cuanto más un síntoma de locura y perdición. Decidme quién sois e iros”. Susurró contra los azahares que alcanzaban su misma altura.

      _“No me despidáis os lo ruego. No soy de este mundo; aunque una vez estuve en él y era conocido como Héctor y hoy, no temáis, he vuelto en forma de navegante de los tiempos o de ángel, como vos prefiráis llamarme”. “Escuchadme, os lo ruego. Si me despedís, no podré haceros servir mi fortuna”.

      __“Decidme qué queréis”.

      _“Sois, como yo un navegante y como yo venís a solicitar un trato de favor. La audiencia que os espera ha dictado ya su solución y si os recibe es por cumplimentaros y comprobar cuan altas son las recomendaciones que traéis; aunque no sepan como yo sé, que no poseéis ninguna”.
      “Permitidme hablar por vos. Dejadme vuestra voz en calidad de préstamo. Vuestra voz y mis palabras”.

      __ “Pero, decidme Héctor, ¿por qué queréis prestarme vuestro talento a cambio de mi voz?. Vuestro talento deberá convertir unas pocas palabras en muchas onzas de oro. En cambio mi voz no vale prácticamente nada”.

      _“Os equivocáis. La voz agita levemente el aire y el aire podrá acariciarla. Es el único modo de estar cerca de Ella. Como vos, también tengo algo que decirle”.

      __“¿Cerca de ella?”

      _“Sí Ella. La mujer a la que en otro tiempo, cuando me llamaba Héctor, la mujer a la que…, la única mujer a la que amé”.

      _“Pero esta mujer es…”

      Crujieron los goznes secos de la recia puerta de olivo.

      “Adelante, el Consejo le aguarda”.

      __“Accedo Héctor”. Susurró de nuevo a los azahares.

      Algunos ministros se habían acercado al pie del trono y parecía que sus argumentos desatendidos daban los últimos coletazos, buscando una huida honrosa. Otros ministros andaban hacia atrás buscando muy dignamente y a tientas dónde reclinarse. Unos pocos, sin más opción que esperar, desplazaron altivamente la cabeza hacia la entrada.
      Estos, tan solo vieron entrar a un hombre; sin embargo entraron dos. Dos navegantes. El uno, llevaba cartas marinas y celestes, tratados, cálculos e instrumentos; él otro únicamente llevaba una sombría esperanza, ¿le reconocería?.
      Se arrodilló ante la reina y juntó a él también se inclinó su valedor.

      “Qué os trae a nos con tanta premura e infante obstinación”.

      __“Curiosidad, mi Señora”.

      “Reconozco estas palabras y aunque gratas para mí, no son las de un navegante. Continuad, por favor”.

      __“Curiosidad por saber si me dais otra vez vuestra confianza”.

      La reina pareció sobrecogerse; pero sus ojos brillaron y le sonrieron.

      “Continuad navegante. ¿Qué precisa de mi confianza?”.

      __“Un imposible y que en realidad es un posible. Se puede volver. Se puede volver al este navegando hacia el oeste”.

      Se escuchó un crepitar de capas y faldones. Los ministros se agitaban con desordenada compostura agachando las cabezas y doblando sus semblantes. Parecían atragantarse en sus bocas las palabras, que salían atropellándose entre sí.
      Sin embargo, el aludido y la Reina percibieron con claridad entre los sofocos, exclamaciones y ahogos de los ministros, las palabras necedad, soberbia, caos, atrevimiento, locura e insensatez.
      En esas estaban los ministros, cuando la Reina se incorporó sobre Cristóbal Colón y le dijo:

      “Adelante, enseñadnos a llegar al este por el oeste”.

      Atónitos, los ministros aflojaron todavía más las riendas de su indignación. Sus exclamaciones chocando entre sí apagaron su segundo mensaje:

      “y vuelve, Héctor”.

      Le había descubierto. Aquella mujer hermosa en aquel siglo ingrato había reconocido al hombre al que en otro mundo y otro tiempo amó. El amor puede volver. Ella había comprendido.

      El navegante se inclinó y agitó a modo de reverencia, ligeramente el aire.

      __“Volveré mi señora. Confiad siempre”.

      “Os aguardo. Impaciente”.

      Salieron los dos amigos, felices, al patio del Claustro.

      _ Querido amigo, si no fueseis hombre de razón y ciencia no hubieseis creído en mí, en algo que no veis ni en vuestro imposible, navegar al este por el oeste. Partid pues, mirando con los ojos del corazón y de la razón.

      El País de las Piruletas

      El País de las Piruletas

      Un relato inspirado en ciencia española me manda hacer Mari Carmen, y en mi vida me he visto en tanto aprieto. Aprovecho la ocasión para dejar mi imaginación volar libérrima, desatada de las cadenas opresoras de la razón, imaginando las fantasías más alocadas, voluptuosas y extravagantes...

      Imagino un país de tulipanes voladores y piruletas parlanchinas donde se invierte el tres por ciento del PIB en I+D para la mejorar la vida de las personas en lugar de en cañones y bombas humanitarias que soltar en algún desdichado rincón del planeta donde no lluevan ositos de gominola, para arrebatársela.

      Imagino un país de manzanas con aire acondicionado donde a los niños se les inculque desde pequeños el amor al conocimiento, el valor de la crítica, el culto al librepensamiento; donde se les afilie a sociedades científicas o artísticas, en lugar de a clubes de fútbol, catequesis o hermandades.

      Imagino un país de diminutos dinosaurios que viven bailando y comiendo merengue en las setas del bosque donde los jóvenes científicos con una sólida formación sufragada por todos durante décadas pueden desarrollar su labor investigadora en el País de las Piruletas en condiciones dignas, empleando su genio y su tiempo en conocer y mejorar lo que es de todos, en lugar de pasarlo en Infojobs preocupados por el próximo vencimiento de su undécima beca sietemesina sin derecho a desempleo. Incluso, ¿por qué no? ¡desafiemos los límites de la razón!: imagino un país que no les obligue a poner copas en garitos de moda o a desarrollar su ingenio en otros países menos coloridos y salerosos para no renunciar a su vida personal.

      Imagino un país en el que el moscatel de los ríos remonta indómito las cascadas donde la gente sienta la misma devoción por la ciencia y la cultura que por el fútbol, los cotilleos o la Semana Santa; que sufran crisis nerviosas y desvanecimientos cuando vean de cerca al inventor del exoesqueleto que permite la movilidad a personas con parálisis, cuando se crucen en un bar con aquéllos que salvaron al lince ibérico de la extinción; que abrumen con selfies y autógrafos a quien descubrió la tumba de Tutmosis III; donde los adolescentes empapelen sus habitaciones con frases de Einstein, aforismos de Nietzsche o con la fórmula del lantano.

      Imagino un país de cocodrilos con chistera, bañador rojo y gafas de sol donde la gobernanza honrada busca, atiende y respeta el dictamen de los científicos y técnicos para tomar decisiones objetivas en favor de todos, y no sólo de los pocos que se reparten con ellos el pastel.

      Dejé volar mi imaginación. Pero había que terminar el relato. Ochocientas palabras podrían provocar una insana sobredosis de fantasía, de modo que aterrizó...y el país donde me habría gustado vivir se convirtió en un relato de ciencia-ficción.

      El reloj astronómico de Praga

      El reloj astronómico de Praga

      Hay varios relojes astronómicos en el mundo, pero ninguno como el de Praga. Su peculiaridad no reside en los complejos mecanismos pendulares y rotatorios que lo componen, sino en aquello que flanquea la esfera central: un conjunto de figuras y motivos que encierran toda una lección vital.

      A ambos lados del reloj se muestran cuatro figuras, que representan cuatro aspectos humanos: la vanidad, la avaricia, la muerte y el placer. Abajo, otras cuatro figuras: el filósofo, el ángel, el astrónomo y el cronista. Arriba, coronando el reloj, un gallo dorado.

      Cada vez que suena el reloj, la vanidad y la avaricia niegan con la cabeza. La muerte, en cambio, asiente, mientras que el placer simplemente se encoge de hombros. Finalmente, el gallo canta y agita las alas. Las figuras inferiores permanecen inmóviles.

      Cada hora que pasa, la muerte nos recuerda que nuestra estancia es temporal, por ello la vanidad y la avaricia son insustanciales y efímeras, mientras que el placer hace más llevadera nuestra estancia. Lo único que resiste, inamovible al paso del tiempo, son las enseñanzas que transmitimos a los demás: la filosofía, las ciencias, la historia. Combinar estos dos aspectos es la clave para una vida en armonía y felicidad.

      Toda una lección vital transmitida en el tiempo. Nuestro objetivo debe ser el de hacer un mundo mejor para aquellos que vendrán, pues es lo único que nos quedará hasta el día en que el gallo deje de cantar para siempre.

      El río del Paraíso

      El río del Paraíso

      La mente de Vida discurría apacible por el río. El murmullo del agua embelesaba a los insectos encaramados en el aire. Agazapada entre la hierba de la orilla, alguna que otra rana daba buena cuenta de los más despistados. Los peces, entretanto, transparentaban su coloreada silueta bajo las aguas, ajenos a la suerte de sus parientes voladores.
      Para los curiosos ojos de Ciencia, aquello suponía un espectáculo fascinante. Día tras día sus observaciones le llevaban a desarrollar teorías, echando mano de su imaginario infantil. El río en su vaivén le parecía un gran músculo que se contraía y relajaba al compás de la brisa. Bajo el agua, un aire irrespirable para los humanos mecía la melena como un viento. La superficie del río era plástica, una película que cubría y separaba el mundo acuático. Al salir del agua esa especie de membrana transparente cubría la piel humedeciéndola. Adherida como un film de cocina, la hacía brillar.
      Vida apreciaba las observaciones de su hija y le procuraba experiencias que enriqueciesen su inquietud por desentrañar los enigmas de la naturaleza.
      En pocos años Ciencia se rodeó de buenos amigos con quienes disfrutaba de sus excursiones al río. Comprendían la importancia de respetar el entorno y lo valoraban como un gran tesoro. Las noches adolescentes al resguardo de las estrellas fundían diversión, música y fascinación por el universo.
      Para conservar las imágenes del río que tanto admiraba, Ciencia se aficionó a la pintura. Aprendió que los colores que utilizaba estaban compuestos por pigmentos minerales y emulsiones. La mezclas reaccionaban y se obtenían determinados resultados sobre el soporte. Todo parecía estar presente en la naturaleza y vinculado entre sí.
      La seducción de aquel lugar de su infancia, se había extendido a otros muchos ámbitos. La lectura, la experimentación, la ciudad… fuentes para saciar su sed de conocimiento. A su alrededor, cualquier fenómeno era objeto de indagación.
      De la mano del tiempo y de los medios de comunicación, Ciencia también descubrió una parte de la realidad que no le satisfacía. La contaminación, los residuos y la presión energética esquilmaban los recursos naturales y amenazaban la salud del planeta. El cerebro humano tan capacitado para apasionarse, involucrarse, disfrutar y socializar, también lo era para destruir, tiranizar y excluir a sus semejantes.
      Para Vida los descubrimientos de su hija no eran nada nuevo y aunque compartía su decepción, le explicó, mediante una metáfora, que al igual que en sus pinturas, en el mundo no sólo existían colores luminosos, sino también una buena gama de grises.
      Pero si algo caracterizaba a Ciencia, era su capacidad para resolver problemas y encontrar soluciones. Por ello, se dio al estudio en cuerpo y alma hasta llegar a convertirse en una gran investigadora. Durante su recorrido comprendió que emprender una labor pedagógica y divulgativa sería la mejor arma para combatir la falta de concienciación y la ignorancia. La emoción de investigar, descubrir, ingeniar, comprobar y resolver en equipo, devolvió a Ciencia el entusiasmo.
      Día a día, Vida reconocía que la labor de su hija se adentraba en enigmas que se volvían cada vez menos opacos.
      En uno de los muchos encuentros con investigadores, Ciencia conoció a Amor, un tipo sabio y seductor con quien sintonizó inmediatamente. Fruto de esta relación nacería Pasión, la primogénita de una saga de científicos que haría las delicias de Vida.
      Abuela y nieta solían pasear junto al río e hilvanar conversaciones que las llevaban muy lejos. Pasión, heredera de la curiosidad materna, preguntaba por sus orígenes. Vida le hablaba de un tal Genoma, interesante y competente, de la tatarabuela Luz, mujer brillante como ninguna y de tantos antepasados que habían posibilitado su existencia.
      Con los nombres de todos ellos, Ciencia decidió crear un gran árbol genealógico cuyas ramas se extendían en patrones de ondulación marcados por el ritmo de las aguas del río. De sus fértiles ramas brotaban hojas de un verde esmeralda. El dibujo de Ciencia traspasó las fronteras de papel y arraigó en la orilla del río con fuerza.
      Cada mañana, Vida se recostaba a la sombra de sus ancestros y dormitaba entre el rumor del agua. Uno de aquellos días la pequeña Pasión despertó a su abuela.
      -Te voy a contar algo- dijo la niña. Vida escuchó a su nieta con la sensación de estar reviviendo la infancia de Ciencia. – En el colegio hemos leído un texto muy antiguo sobre un lugar llamado Jardín del Edén- continuó explicando Pasión mientras sostenía con sus ojos la mirada de su abuela. - Allí crecieron dos árboles, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia. También había un río… Abuela, a mí me parece que éste es el Paraíso.

      El surrealismo geométrico de un sueño

      El surrealismo geométrico de un sueño

      Hay quienes dicen que el sueño es una víspera inveterada, una geometría desentonada o un infinito muy aventajado... Para otros, es la negación, la abstinencia, la impermeabilidad de la vigilia (…) Lo cierto es que, para mí, siempre había sido como una culminación, una borrasca dentro del tiempo indivisible de la noche. Una noche mientras pretendía recoger mis papeles del escritorio, pensé en aquellos teoremas escondidos entre los libros; pensé en un universo enmarañado de prefijos azules y geodésicas temporales, pensé en la ausencia ocasional de esas ecuaciones en el tiempo; pensé en un universo labrado con un cauteloso lenguaje de símbolos matemáticos: como un distinguido idioma, regocijado en un álgebra anacrónica al tiempo en el cual vagaba.
      Era media noche, y yo me dirigí al anaquel de mi biblioteca; pretendía imbuirme en una profusa lectura filosófica, o en alguna ficción desprevenida y emocional. Pero, en los recodos de ese santuario, vislumbre con entusiasmo un libro antiguo de geometría clásica y pura; husmeé sus bordes sin exhalar aquel polvo que lo bañaba. Abrí el libro ¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬—sin intención de doblegar sus resquebrajadas y amarillentas páginas—, para ojear con aquilatamiento, esas detalladas y maravillosas demostraciones matemáticas. Conjeture inmediatamente un extraordinario suceso a mitad de aquel razonamiento abstracto, y una voz un tanto titubeante, me envolvió con la máscara de la noche y con sus insinuaciones. Mientras una magia presuntuosa, decoraban con ímpetu, los losanges de aquella hoja repleta de igualdades y preposiciones. Junto al crepúsculo se enfervorizaba bosquejos geométricos, invadiendo el ventanal de mi biblioteca (…) Sobre el escritorio empezaron a circundar diferentes formas platónicas; formas un tanto desapegadas de lo que se informaba en aquel libro sapiente de historia matemática. ¡Desventuradas figuras en el tiempo, se extrapolaban con hipocampos desconocidos; entretejiendo curvas y abismos que se permutaban en el centro de mi tiempo! Y yo, seguí lentamente el trayecto que se me había formado con esas múltiples composiciones de figuras al azar: «como un redomado remolino de imágenes y curvas, disolviéndose hacia el centro de la nada». En el fondo del pasillo, se había formado un circulo extenso de minutos, y cortísimo de profundidad; se había armado un equipo de sistemas matemáticos, que no confabulaban con aquella invención. Me acerque con temor a aquel circulo vago que se dibujó sobre la pared, y me percate de su ficción, de su radio metafísico e impávido, rumboso e indomable; su arco era lírico, pulcro, e indefinible, armonizándose con las más inquebrantables melodías del tiempo. De inmediatamente supe que ese lugar, se había inferido de un pensamiento geométrico que tuve hace algunas horas atrás… me suspendí con el tiempo y encontré una amplia flora aritmética, que allanaba con desesperación, mis otros sueños.
      Había caído en un silencio extenuante y frivolizado. Me había deslindado de mi pensamiento, y ahora estaba presente en los territorios de un infinito atosigante. Más allá de esa duplicación temporal, subyacía en mí, un sinnúmero de encuentros desfavorables para conmigo mismo; un albur implacable, que se respondía a sí mismo con los desencuentros que no habían ocurrido durante ese intervalo. Durante ese lapso, me percate de una geometría diferente; una geometría rejuvenecida, tanto axiomática como visualmente. A los costados: la geometría euclidiana vallándome con sus teoremas condicionados; en el centro: la glamurosa geometría no-euclidiana, interpolándose con el tiempo perpetuo de este ensueño. Como el espejismo del tiempo interfiriéndose continuamente con el futuro, seguí buscando aquella idea que emergió de ese ensueño atemporal… no obstante, mi mano se detuvo ante la profundidad de aquel circulo agigantado, y una esfera en su fondo, se encorseto con el exterior de ese tiempo. Aquella esfera contenía una cantidad interminable de memorias, cuyo fulgor hacia relucir su ubicuidad en el espacio y el tiempo. Dicha esfera rezumaba y emanaba infinitud de memorias, fluyendo y refluyendo hacia el centro del tiempo. Invocando constelaciones matemáticas, emulsionándose hacia las afueras del tiempo. Y un solo circulo pudo hilvanar el final de una eternidad… ¿Quién sabrá con certeza, si lo que pensamos alguna vez, no es más que el fondo de una realidad deformada, o si esa realidad no es más que, una esfera infinita que se mueve disonantemente fuera de nuestra mente? Lo cierto es que durante esa noche aprendí a desilusionar una meta, y aprendí, que las noches inscritas en esa noche, seria, la unidad indivisible enfureciendo al sueño; y otros, que, sin duda alguna, se fugaran sinfín, hacia el infinito matemático…
      15/5/2017

      El trasplante

      El trasplante

      Aquel anciano había superado infinidad de pruebas médicas durante las últimas semanas y había llegado el momento de formalizar el singular contrato, que requería de un previo registro de datos bastante particular. Se encontraba delante de una enfermera que consignaba toda la información del formulario en el ordenador, cuando parecía perder la paciencia definitivamente. Estaba acostumbrado a conseguir rápidamente todo lo que le placía, pero ni su abrumadora fortuna podía acelerar el proceso. Resignado, comenzó a atacar sin reparo a su interlocutora.
      -Primero tres doctoras, luego dos psicólogas y ahora usted. ¿No trabaja ningún hombre en esta empresa?, ¿acaso ustedes no tienen hijos que cuidar?
      La enfermera conocía perfectamente la personalidad machista, racista y homófoba de su repulsivo cliente, pero seguía comportándose con profesionalidad, sin responder a las provocaciones.
      -¿Raza de cuerpo donante?
      -Caucásico, ¿qué si no?
      -¿Edad del donante?
      -Entre veinte y treinta años.
      -¿Constitución?
      -Atlética. Sobre todo que sea alto. – Altura a él no le sobraba precisamente, y no sólo de la moral.
      La mujer tardó más de media hora en registrar los datos. El cuestionario tenía un inusitado detalle, pero nada de eso era complicado. Lo complejo sería la previsible futura operación quirúrgica que trasplantaría el cuerpo de una persona sana a la cabeza de ese hombre, cuando el suyo no diera más de sí. Alguno lo llamaban trasplante de cabeza, pero realmente era un trasplante de cuerpo. Cuando terminó el proceso de recogida de datos y lectura de condiciones contractuales, ella le dedicó su penúltima sonrisa.
      Doce años después, cuando murió de cáncer de hígado, aquel multimillonario lo era aún más. La empresa actuó con celeridad para conservar el cuerpo. Pero aún no existían los medios para realizar el trasplante. La ciencia debía seguir avanzando.
      Las cosas eran diferentes siete lustros más tarde, cuando la cirugía robotizada parecía obrar milagros. Por fin podrían prestarse los servicios contratados antaño por el excéntrico cliente, aunque ya nadie le conocía por aquel entonces. Al despertar del coma inducido, alzó las manos lentamente y las observó horrorizado. Luego se palpó el cuerpo. Aún no tenía fuerzas para gritar, pero su alma pareció desgarrarse.
      Una semana después, la enfermera, jubilada y atendida en una humilde residencia de ancianos, veía las noticias desde una mecedora, cuando observó a alguien muy familiar. El anciano con cuerpo de joven era acosado por los periodistas e intentaba a duras penas explicar las acciones judiciales que iba a emprender por aquel cuerpo de mujer afroamericana que tenía. La mujer le dedicó su última sonrisa y apagó la televisión.

      El último manuscrito

      El último manuscrito

      Por más esfuerzos que los organismos internacionales realizaron, no pudieron evitar la catástrofe de una conflagración atómica mundial. Yo estaba realizando unos estudios científicos en las montañas, cuando se produjo la repentina destrucción y contaminación de todo el planeta, y para protegerme de aquella tragedia, me guarecí en la profundidad de una pequeña y extraña caverna entre las rocas. Allí todo estaba vacío y en penumbras, pero por lo menos no había odio, guerra, ni destrucción.
      Sin embargo, al producirse un movimiento sísmico provocado por aquella hecatombe planetaria, un impresionante derrumbe obturó la salida. En aquellos largos momentos de angustia no me importaba el hambre o la sed, porque había quedado atrapado en un espacio cerrado y mi cuerpo necesitaba indefectiblemente respirar aire puro.
      Por suerte, palpando las paredes en la oscuridad, descubrí un pequeño hueco que era el inicio de un largo túnel en la montaña, como una especie de profunda sombra negra que se alargaba hacia adentro. Desesperado logré abrir un poco más el acceso y con mucha dificultad me interné en él, dado que era la única alternativa que tenía para escapar.
      Mientras me desplazaba lentamente por ese túnel lúgubre y húmedo apoyándome sobre mis manos y rodillas, todo era quietud y silencio y poco a poco, se fue haciendo más estrecho e incómodo para avanzar. De pronto, la oscuridad fue alterada por la aparición de un pequeño punto de luz al final de un largo trayecto y pensé si después de todo no habría una esperanza. Seguí mi marcha arrastrándome como pude para llegar hasta ella hasta ella, aunque los roces con las paredes del túnel me provocaran algunas heridas.
      A medida que me desplazaba, mis manos se sumergían en el lodo y mis rodillas resbalaban haciéndome muy difícil avanzar, mientras el aire se volvía cada vez más irrespirable. Miré hacia el extremo del túnel y la pequeña luz al final todavía estaba allí. Eso me dio ánimo para continuar deslizándome en forma paulatina y laboriosa, dado que agotado y lleno de magullones debía hacer un esfuerzo inconmensurable.
      Finalmente logré llegar a un recinto más amplio donde estaba el cierre, que era una fina piedra que formaba una brillante figura geométrica. Era como si fuera la silueta de una puerta hábilmente dibujada por la luz que provenía del otro lado y que se filtraba a través de los intersticios del perímetro de cierre.
      Me incorporé como pude y quedé parado frente a ella, sin atreverme a empujarla por la incertidumbre de lo que encontraría. No sabía si existiría alguien aún y mi corazón palpitaba aceleradamente agolpándose en todo mi ser. ¿Habría todavía en mi vida, alegrías, ilusiones o amor?
      Con mi cuerpo vacilante me apoyé sobre la piedra y la empujé hacia afuera con mi último aliento. La piedra se derrumbó estrepitosamente y mientras apartaba a manotazos una nube de polvo, la claridad del día me cegó por completo. Salí del túnel con los ojos cerrados, dando un par de pasos inseguros y después de unos segundos cuando los abrí, quedé atónito, parpadeando con dificultad ante el espectáculo que tenía ante mí.
      El aire estaba cubierto por una niebla, donde borrosamente se distinguía abajo y a lo lejos, un pueblito destruido inmerso en un valle calcinado y a mi lado había un arroyo que bajaba de la montaña que ya no era una fuente de vida, sino un sinónimo de muerte. Sus aguas contaminadas con un olor insoportable debido a los gases químicos, hervían en burbujas de emanaciones radiactivas, rodeado en sus márgenes por escombros y desechos.
      Fue allí que comprendí que todo aquello fue provocado por el avance de la ciencia, en medio del odio, la ambición desmedida y el desprecio del hombre por la naturaleza. En mi vida de investigador científico ya no importaba mi pasado ni mi porvenir, porque la existencia humana ya no tenía esperanzas.
      Ahora, mientras estoy escribiendo esta historia, que quiero dejar como un postrero testimonio de mi vida, vislumbro ya el ocaso, como los débiles e imperceptibles rayos del sol se van posando entre las montañas en el horizonte contaminado. En medio del dolor de mis lastimaduras y respirando este aire enrarecido, siento un sopor que poco a poco me va invadiendo y envuelto en estos sucios harapos, presiento que es la sensación de agonía que precede a la muerte.
      A lo lejos, veo como el sol marchito se apaga llorando entre la bruma oscura del horizonte, y ya no percibo si mis pies están descalzos o tienen zapatos alados…

      Este manuscrito fue hallado por seres extraterrestres que poblaron la tierra miles de años después.

      El viaje de Kiko

      El viaje de Kiko

      - Papá, ¿se puede viajar en el tiempo como en las películas?
      - ¡Jajaja!, bueno Kiko, como en las películas no, de momento, pero podemos viajar en el tiempo ahora mismo si quieres, hace muy buena noche para un viaje espacial. Sólo necesitaremos una cosa…
      - ¿El qué? ¡Dímelo que lo busco!
      - Bien, ¡trae el telescopio del tito!
      - El telescopio, pero eso no es una máquina del tiempo…
      - ¡Ya lo verás!

      Kiko salió disparado al salón y volvió rápidamente a la terraza con el pequeño telescopio.

      - Ya lo tengo, papá, ¿a qué año vamos? ¿podemos ir al pasado?
      - Claro, vamos a ver algo de la prehistoria, ¿quieres?
      - ¡Sí! ¡Quiero ir a más de un millón de años atrás!
      - ¡Que sean dos millones mejor! Fíjate, ya he encontrado lo que buscaba, mira por aquí.
      - A ver, veo una nubecita blanca con forma de huevo frito papá, más brillante en el centro…
      - Es la galaxia de Andrómeda, estás viajando al pasado, cuando los primeros hombres empezaban a hacer cuchillos con piedras, hace más de 2 millones de años.
      - Un galaxia…pero ¿por qué es del pasado si la estoy viendo ahora?
      - ¡Buena pregunta! A ver, ¿te acuerdas cuando el otro día vimos desde aquí los fuegos artificiales y te expliqué por qué los escuchábamos unos segundos después de verlos estallar?
      - Sí, ¡por la velocidad del sonido!
      - Eso es, el sonido tarda un tiempo en llegar hasta nosotros. A la luz le pasa igual, pero se mueve tan rápido que en la tierra no notamos el retraso como en el sonido, porque las distancias son cortas, la luz es una campeona, pero en el universo las distancias son muy grandes, tan grandes que incluso la luz tarda muchísimos años hasta llegar a nosotros. Por eso la imagen de la galaxia que ves ahora, es la de la que existió hace millones de años.
      - Millones de años…guau…pero y la luz del sol, es más rápida, ¿no?
      - Bueno, la luz siempre viaja a la misma velocidad, pero el sol está muchísimo más cerca de nosotros que esta galaxia. Fíjate, la luz del sol tarda lo mismo en llegar a nosotros que lo que tardamos tú y yo en ir en bici al cole.
      - ¡Eso es poquísimo!
      - Claro, menos de diez minutos, pero hay otros soles…
      - ¿Otros soles? No puede ser.
      - Sí, fíjate, mira esta estrella. Es otro sol.
      - A ver…¡pero si es muy pequeña y ni da calor ni nada!
      - ¡Jajaja!, claro, la ves muy pequeña porque está muy lejos, pero si estuviera tan cerca como nuestro sol, verías que es igual que él, porque también es una estrella. Hay muchísimos soles como el nuestro en el universo. Eso me recuerda que podemos viajar al futuro…
      - ¡Sí!, ¿cómo vamos al futuro?
      - Fíjate en este grupo de estrellas, ¿lo ves?
      - ¡Sí! ¿son del futuro?
      - No, también vemos su imagen del pasado porque también están lejos, pero no tanto, una de ellas, la del centro, está tan cerca que la luz tarda menos de 10 años en llegar hasta nosotros. Y en esa estrella podemos ver nuestro futuro, porque igual que hay muchos soles en el universo, también hay muchos planetas, algunos muy parecidos al nuestro. La estrella que ves ahora tiene un planeta que puede tener océanos muy parecidos a los nuestros.
      - ¿Y extraterrestres?
      - Bueno, no como los de las películas, pero quizás en esos océanos se han formado algunos seres vivos, pequeños microorganismos, como pasó en nuestro planeta hace millones de años. Quizás podamos llegar allí algún día y tener una segunda casa ¿qué te parece?
      - ¡Claro! Tendrá playa también, ¿verdad? Pero no veo el planeta papá.
      - ¡Seguro que tiene playa! Y bueno, no podemos verlo, porque es muy muy pequeño.
      - ¿Y entonces cómo lo han encontrado?
      - Pues verás, los científicos, astrónomos como tu tío, se han dado cuenta de que esta estrella brillaba menos a ciertas horas de la noche, porque su planeta pasaba por delante, entre nosotros y su sol, ¿lo entiendes?
      - Ah, ¿como cuando Olivia pasa por delante de la tele?
      - ¡Eso es! Así han descubierto esta tierra del futuro.
      - ¿Y yo puedo ser astrónomo y buscar más planetas?
      - ¡Claro que sí! Además, hay mucho que investigar sobre una gran parte del universo, que no se ve, el lado oscuro…
      - ¡El lado oscuro!…¿cómo en la Guerra de las Galaxias?
      - ¡Jajaja! ¡Mucho mejor! El lado oscuro del universo es fascinante y no es malvado, tu tío lo está investigando para comprender cómo se formó el universo.
      - Bueno, papá, ¡el lado oscuro para vosotros y que la fuerza os acompañe!

      El vuelo de Dorotea Barnés

      El vuelo de Dorotea Barnés

      Hacía pocos meses que Dorotea había llegado a la ciudad de Northampton, Massachusetts, y estaba completamente fascinada por la ciudad. La tranquilidad que sentía en los amplios parques verdes y el aire fresco que se respiraba en el jardín botánico del Smith College hacían que añorase menos la Residencia de Señoritas de Madrid que entonces dirigía María de Maeztu.

      «Estoy encantada en esta ciudad universitaria femenina que con gusto trasplantaría a mi país. Esto es mucho más fácil que la dura competencia que nos vemos obligadas nosotras a mantener. Muchas veces me acuerdo, cuando decía usted en la última conferencia que le oí pronunciar en Miguel Ángel 8, que necesitábamos crearnos una cultura para nosotras; ni mejor ni peor, distinta, femenina. Me parece que esto se aproxima bastante a ese ideal, ¿no cree usted?». Carta de Dorotea Barnés a María de Maeztu desde Smith College, 5 de noviembre de 1929.

      A pesar de que su inglés no era del todo fluido, se esforzaba por mejorarlo diariamente acudiendo a clases de fonética y composición. Además, estaba impresionada por el buen ambiente que se contagiaba en la Sección de Espectroscopia donde, gracias a la ayuda de la profesora Mary Louise Foster, había conseguido una beca y una pensión de la Junta para la Ampliación de Estudios para iniciarse en las técnicas de análisis espectral. Por aquel entonces, estaba ensimismada con las propiedades químicas de la cistina, sustancia que forma parte de algunas proteínas constitutivas que podemos hallar en nuestro pelo. El estudio, realizado en colaboración junto a Foster y a la profesora Gladys Anslow, estaba centrado en las propiedades moleculares y estructurales de la cistina mediante distintas técnicas espectroscópicas. Gracias a aquel trabajo obtendría el Título de Máster en Ciencias en junio de 1930. Además, en septiembre de ese mismo año, obtendría una beca para trabajar en el Departamento de Química de la Universidad de Yale, una de las universidades de más difícil acceso para las mujeres, gracias a los informes positivos de la profesora Foster: «Miss Barnés ha mostrado independencia, iniciativa y habilidad; está completamente formada en teoría química y tiene una técnica excelente».

      «Esta es una distinción que aquí está muy bien considerada. Yale University es una de las universidades mejor conceptuadas y en las que las mujeres (en este país tan feminista) tenemos una difícil entrada». Carta de Barnés a Gonzalo de la Espada, 15 de abril de 1930.

      La beca únicamente cubría los gastos de matrícula y laboratorio, así que tendría que solicitar una prórroga de la pensión a la Junta para la Ampliación de Estudios para conseguir unas 1.800 pesetas adicionales. En la Universidad de Yale, Dorotea realizaría un estudio comparativo de los ácidos nucleicos en ciertas bacterias patógenas bajo la dirección del profesor Coghill en el Sterling Chemistry Laboratory. Además, durante su estancia en Estados Unidos, la joven investigadora, que por aquel entonces contaba con tan solo 25 años, aprovechó para visitar otros Colleges femeninos de New England, así como las Universidades de Harvard y Columbia. Sin lugar a dudas, Dorotea nunca se había sentido tan feliz. Le apasionaba su trabajo y disfrutaba de un ambiente realmente agradable.

      «Estoy muy contenta. Se trabaja muy intensamente y en condiciones inmejorables que hacen el trabajo mucho más atractivo, ya interesante de por sí. A pesar de tener fama de no admitir a las mujeres, yo hasta la fecha he encontrado a todos los profesores dispuestos a facilitarme el camino». Carta de Barnés a Gonzalo de la Espada, 24 de noviembre de 1930.

      Más tarde, Dorotea regresaría a España en 1932 para trabajar como becaria con Miguel Catalán en la sección de Espectroscopia del Instituto Nacional de Física y Química. Una vez allí, Catalán le encargaría viajar al laboratorio del profesor Fritz Kohlrausch en Graz, Austria, para aprender las entonces nuevas técnicas de la Espectroscopia Raman y que introduciría ella más tarde en España. El profesor Kohlrausch le ayudó a resolver ciertas dudas sobre la aplicación del efecto Raman para la identificación de moléculas que le sería de gran ayuda para publicar el primer trabajo sobre esta técnica en los Anales de la Sociedad Española de Física y Química ese mismo año. En 1933, la joven química continuaría investigando de forma apasionada la espectroscopia Raman en alcoholes y obtendría la cátedra de Física y Química del Instituto Lope de Vega de Madrid. Ese mismo año también contraería matrimonio y, cuando la guerra civil estalló, Dorotea se vería obligada a exiliarse, junto a su marido y su hija de apenas un año, a Carcassonne, Francia. Estas circunstancias le harían abandonar definitivamente su brillante, precoz y prometedora carrera científica, aunque el matrimonio ya le había alejado previamente de la investigación.

      «A mí me retiró de la ciencia mi marido». Dorotea Barnés, 31 de mayo de 1996.

      Ella

      Ella

      Todo lo que he hecho ha sido por amor hacia ella.

      Estudié en la Universitat de Barcelona, la pública, la única que podía permitirme con aquel chiste al que mi jefe llamaba salario. Me matriculé en la facultad del edificio histórico del Clinic resuelto a hacer medicina. Recuerdo que me encantaba pasear por entre sus gruesos muros, empaparme del espíritu bohemio de sus estudiantes e incluso sentir el olor a canuto de hierba que de tanto en tanto salía de alguno de sus jardines interiores.

      Por aquel entonces ella y yo llevábamos tres años de novios. Ambos trabajábamos y disponíamos de un mínimo de ingresos pero no nos veíamos lo suficiente así que decidimos alquilar un piso e irnos a vivir juntos. Llevar un hogar, trabajar y estudiar al mismo tiempo no es tarea fácil. En general, aquella fue una etapa de muchos cambios, esfuerzos y sacrificios y sin embargo la recuerdo como la época más feliz de mi vida.
      Discurría el tiempo, entre apuntes, libros, una casa medio desordenada, cenas incomibles por obra y gracia de mi inexperiencia culinaria y muchas noches de pasión y desenfreno. Durante mi ultimo año de carrera, una soleada tarde de primavera, regresé a casa y ella me estaba esperando. La noté más guapa que nunca. Me dio un beso y me dijo lo mucho que me quería, después me lo contó: en una visita rutinaria le habían encontrado un bulto en el pecho.

      Siempre pensé que me especializaría en traumatología y que acabaría ejerciendo en la medicina deportiva pero aquella noticia modificó mis prioridades. Me interesé por la oncología y cursé un postgrado en investigación biomédica y después de un paso fugaz por Harvard regresé para trabajar en el IRC. A todo esto ya nos habíamos casado. Yo le pedí matrimonio por sorpresa, arrodillándome y con el anillo y todo eso, como en las películas. Fue una boda por lo civil y sencilla, como ambos queríamos.
      Al comienzo de su tratamiento tuvo que coger la baja laboral de forma permanente. Por fortuna, mi ahora generoso sueldo como investigador nos permitía afrontar todos los gastos. Al cabo de un par de años las expectativas eran esperanzadoras. Los rastros de su tumor prácticamente habían desaparecido y mis investigaciones, relacionadas con las proteínas implicadas en la metástasis, estaban logrando buenos frutos y recibiendo el reconocimiento internacional.
      La vida, a diferencia de los cuentos, es una suma de acontecimientos inconexos, caóticos, aleatorios, y aunque uno pueda aprender una lección de cada uno de ellos, en conjunto, cuando analizas toda una vida, es muy difícil sacar una moraleja que la defina y, por lo tanto, a diferencia de los cuentos, el final de una vida no tiene porque dar sentido al resto.
      Un día nos llamaron del hospital. En el último análisis se podían observar unos marcadores sospechosos y al hacerse las pruebas se confirmaron los peores augurios. El tumor se había vuelto a reproducir y comenzado a extender. Esto fue un cinco de mayo. El cinco de julio, solo tres meses mas tarde, mi esposa fallecia a causa de un fallo multiorganico. Solo tenia 26 años.

      Ella fue mi pasión, mi fuente de energía y mi inspiración. El impacto que causó en mí su manera de afrontar la enfermedad y su amor a la vida me llevó a ser lo que soy, hasta donde estoy ahora mismo, a conseguir lo que he conseguido. Hoy me encuentro ante todos ustedes en el palacio de conciertos de Estocolmo recibiendo el Nobel de medicina de manos de su majestad el Rey Carlos Gustavo... Pero ojalá nunca lo hubiera ganado.

      En busca del movimiento perpétuo

      En busca del movimiento perpétuo

      Pedro iba siguiendo el rastro al rito de iniciación de una antigua secta de físicos denominada los Ipsum Lorem. Se decía que, tiempo atrás, habían incrementado secretamente sus conocimientos de física y matemáticas hasta el punto de desarrollar una máquina de movimiento perpetuo. Vendían su conocimiento y sabiduría a las élites, utilizando el artefacto como muestra de su poder y habilidad.

      A Pedro le acompañaba su viejo amigo y mentor Abdulá Smith. Sus conocimientos en física antigua y Arameo teórico les habían sido muy útiles. Sin embargo, no fueron capaces de resolver el último acertijo que se les había planteado y Abdulá resultó herido. Ahora tenía que completar la última prueba lo antes posible para pedir ayuda.

      Pedro entró en la sala y observó la puerta entreabierta del fondo. Caminaba con cuidado. Ya había activado previamente las trampas al pisarlas, al tocarlas con el codo y, gracias a un ingenioso mecanismo y a un alarde de ingeniería social, con la lengua. Sin embargo, logró llegar hasta el centro de la sala sin activar, aparentemente, ningún mecanismo.

      - ¡Bien! - Exclamó, contento de haber podido atravesar la sala.

      El grito activó la última trampa. Un panel se deslizó hacia la izquierda, tapando la puerta y dejando al descubierto un grupo de botones con números y letras. Sobre ellos, una única palabra: “Inalcanzable”. Pedro siempre se sorprendía de que los antiguos acertijos que componían las pruebas estuviesen escritos en un idioma moderno, pero nunca tenía tiempo de profundizar en ello. Simultáneamente, se había girado un reloj de arena. Tenía poco tiempo para resolver el acertijo antes de activar la trampa.

      Sin duda, la palabra hacía referencia a algo infinito. Inmediatamente, le vinieron a la cabeza los decimales de PI. Tal vez han conseguido demostrar que los decimales de PI se vuelven constantes al final y ellos conocen el último valor. Si han sido capaces de desarrollar una máquina de movimiento perpetuo, sus conocimientos de matemáticas y física deben estar más allá de lo estudiado. De ser así, tenía una posibilidad entre nueve. Sería sorprendente que el último número fuese un cero.

      Entonces, recordó las palabras de su profesor de física. “No es imposible viajar a la velocidad de la luz, lo imposible es acelerar hasta ella”. ¡Eso es!, la velocidad de la luz es inalcanzable. Fue directo a pulsar el número dos, pero se detuvo antes de tocarlo. ¿Qué unidades usarían? ¿Metros por segundo? ¿Kilómetros por hora? ¿Pulgadas por quincena?. No, tenía que encontrar otra solución. Tal vez usar el número uno, para indicar que toda velocidad se referencia como relativa a la luz. El tiempo se acababa y no tomaba una decisión.

      Entonces, se dio cuenta. “La letra c. La letra c era el símbolo usado para la velocidad de la luz desde tiempos inmemoriales… bueno desde el siglo XIX, pero eso es mucho tiempo en física”. Pulsó el botón justo cuando los últimos granos de arena caían al fondo.

      En ese mismo instante, se oyó un chasquido. Una de las paredes, que hasta ese momento no se había diferenciado de las demás en ningún ornamento, se dividió por la mitad mostrando una puerta. Debajo del umbral, aparecieron cuatro personas con túnica negra y capucha. Una de ellas se adelantó y mostró su rostro.

      - ¡Abdulá! - Pedro soltó un grito ahogado.

      - Sí, he estado siguiendo tus pasos. Tus conocimientos son dignos de un maestro y tu bondad ha sido probada. Hemos decidido que seas el encargado de nuestro más preciado artefacto…

      Pedro se fijó en la extraña máquina que estaba a su lado y dejó de prestar atención a las palabras. Se asemejaba a un baúl grande remachado en bronce. Uno de los laterales era de cristal y dejaba ver el interior, donde múltiples ruedas giraban a gran velocidad formando extraños dibujos. En otro de los laterales, varias luces parpadeaban de forma secuencial. Justo cuando Pedro meditaba sobre lo osado que era poner luces en una máquina de movimiento perpetuo, se dio cuenta de las palabras que se acababan de pronunciar.

      - Entre tus obligaciones, estará darle cuerda todos los días.

      En busca del Nóbel

      En busca del Nóbel

      Noto que me deslizo por el interior de un tubo vertical con ventanas hexagonales. Hay momentos en que caigo, pero tengo la fortuna de encontrar bajo mis pies una superficie en la que apoyarme y rebotar. De repente, el tubo se abre en canal, de arriba abajo, y quedo en equilibrio inestable sobre una lámina muy fina, tan fina que casi puedo atravesarla. ¿Dije atravesarla? Hombre, tanto como pasar a su través no, porque está toda trenzada de hilos que forman polígonos; si no fuera porque estoy seguro de haber puesto en mi cama unas sábanas de franela bien tupida (friolero que es uno), diría que estoy revolcándome sobre una malla de las que se deben usar para hacer medias de red. Claro que la propietaria del panty debe ser de tamaño colosal, porque mis extremidades se meten por los huecos hexagonales y es casi un milagro que otras partes de mi cuerpo consigan engancharme a la malla y no caer al vacío. Yo, que debería pasarlo fatal porque siempre he tenido horror de las alturas, me siento de lo más seguro porque la red es increíblemente resistente.
      De repente, veo llegar de lejos una enorme pelota, aparentemente hueca, que arrolla todo cuanto encuentra a su paso. Viene derecha hacia mí, pero cuando logra divisarme con varios de sus 60 enormes ojazos negros hace un quiebro, me evita (a mí, que soy tropecientas veces más pequeño) y me dice: “electrón, apártate de mi camino, que no quiero convertirme en un ion, y menos en uno negativo”.
      Bueno, por lo menos ya sé lo que soy: la partícula más despreciable por su masa del elenco de constituyentes de la materia… eso sí, capaz de reducir al más pintado, entre ellos a la gran pelota de los 60 ojos, que se ha quedado aparcada a unos pocos nanómetros de mí y no me pierde de vista. También es de tul, pero no del mismo sobre el que estoy tumbado, porque tiene huecos pentagonales además de los hexagonales. Me recuerda vagamente a un balón de fútbol; por su tamaño, quizá juegue con él la dueña del panty.
      Uno de los ojos de la pelota me guiña, y se le ve más amistoso que el resto. Me dice por lo bajini que lo que le diferencia es que él tiene mayor porcentaje de hibridación tetraédrica que los demás, y al fijarme en él noto que tiene un brillo especial y que es un poco saltón. Me cuenta que él y sus 59 hermanos, otros primos de ellos e incluso el tul que a mí me sustenta formaban un nano-peapod (bufff, con lo mal que se me ha dado siempre el inglés… ¿qué era un peapod, no era una verdura?)… pero que ese nano-peapod lo abrió alguien mediante un catalizador con efecto de nanotijera, y de ahí el desaguisado. A esas alturas de la historia no es cuestión de volver atrás y pedirle que me aclare lo que era un peapod, porque ahora me está contando que a este paso van a convertirse en un material turbostrático, y noto que eso le preocupa porque bajarán muchos puestos en la consideración de los científicos.
      Para tratar de reconstruir la historia y saber en qué galaxia me encuentro, aprovecho el que vayamos cogiendo confianza para preguntarle cuál es su naturaleza más íntima. Y me responde que están hechos de tanso. Yo pongo cara de no enterarme de nada, y me explica que los fabricaron en Japón, y que es como se le llama allí, pero que nota que en los frascos ponen siempre alguna C. ¿Te suena la palabra Carbon?, le replico. Y se le iluminan los ojos (bueno, el ojo) al responderme que es el nombre de una revista en la que sus creadores intentan publicar sus artículos, aunque no siempre lo consiguen.
      Conocida su naturaleza íntima, es fácil sugerirle a mi amigo alternativas para subir en la escala de valores de los materiales carbonosos. Le propongo que se intenten unir con otras esferas mayores y más pequeñas formando una nanocebolla. O que se den un paseo por el diagrama de fases del carbono a ver si encuentran una ruta para convertirse en diamante, en cuyo caso mi amigo sería el héroe de la película. Tras bastante discusión, y como no quiero quedarme solo y los otros 59 átomos de carbono se van acostumbrando a mi presencia, les propongo ponernos todos en fila, con mi amigo y yo en ambos extremos, intentando generar una estructura de carbino. Mi amigo es el que más difícil lo tiene, pero yo voy a ayudarle a conseguir su objetivo. Todo sea por conseguir el tercer premio Nóbel de los últimos años sobre materiales a base de carbono.

      Error o mutación

      Error o mutación

      Muchas veces utilizamos la palabra error dándole un sentido peyorativo, nos avergonzamos de nuestros errores y señalamos los de los demás. Vengo para darle una vuelta a esta perspectiva, siéntese.

      Imagínese una bacteria en los albores del tiempo de la Tierra, allá por el Proterozoico. Este minúsculo ‘individuo’ azul es un organismo que nos podría parecer básico, esa falta de cefalización y esos flagelos no tienen nada que ver con nosotros, los mamíferos. Pero, sin embargo, esta bacteria está a punto de cambiar la atmósfera, gracias a ella se produce por primera vez oxígeno en la Tierra. Qué situación tan maravillosa, en ese mundo tan tranquilo y silencioso, se produjo oxígeno, la atmósfera cambió su composición y a partir de ese momento se desarrollaron las formas de vida que posteriormente darían lugar a la fauna y flora que conocemos.

      Seguramente este hecho le parezca sorprendente y fantástico, gracias a él está usted aquí ahora mismo, aunque también puede ser considerado un error. Depende de la perspectiva, le explico. Vuelva a imaginarse que nos encontramos allí, no observamos a la bacteria, esta vez somos una. Estamos rodeados de semejantes y formamos una colonia, ¡qué éxito proliferativo! Pero la bacteria azul cambia la atmósfera y nuestra colonia empieza a flaquear, nuestros semejantes mueren, no hay entierros ni lágrimas, somos bacterias. Nuestra especie tiene dos opciones, quedar recluida en ambientes inhóspitos o morir. Para nosotras, que somos bacterias, ese evento tan maravilloso desde el punto de vista humano ha sido una tremenda equivocación, ¡un grave error!

      Le pongo otro ejemplo, ahora observamos una célula animal, estamos en el interior de su citoplasma, ¿hace calor o hace frío? ¿qué ve a su alrededor? Fijémonos en esa especie de collar que sale del núcleo, ¡correcto!, es el ADN y con él están unas bolitas de plastilina que lo estiran, lo cortan, lo vuelven a estirar y cortar, ¡son enzimas! Pero… un momento… una de esas bolitas se ha despistado y se ha producido un error, puede ser una catástrofe, está replicando mal el ADN, qué situación más incómoda, estamos presenciando una mutación. ¿Qué podrá ocurrir? Usted seguramente se esté imaginando una terrible enfermedad, una tumoración, un error fatal. Salgamos de aquí y veamos el resultado.

      Al parecer estábamos dentro de una célula de un huevo de un pajarito. Adelantemos el tiempo y veamos qué puede salir de ahí, teniendo en cuenta el error de esa enzima nos podemos esperar cualquier cosa. Está saliendo del huevo… es buena señal… esperemos que esa mutación no sea muy grave. El individuo es macho y parece que se desarrolla correctamente, igual que sus hermanos, sus padres le alimentan y comienza a tener plumas… ¿estamos completamente seguros de que hemos visto una mutación? Lo digo porque no parece haber generado ningún problema… Bueno, si está seguro será así, sigamos. Nuestro amigo abandona el nido, qué emocionante, se ha hecho mayor tan rápido… ¡Época de reproducción! ¡Todos preparados para buscar pareja! Es el que tiene los colores más oscuros, sus plumas son brillantes, negras, con destellos azulados. Sí, efectivamente, es fruto de esa mutación, de ese error que presenciamos. Parece ser que es el que más éxito tiene, ha encontrado pareja enseguida.

      ¿Ha visto cómo ese error ha sido bueno para el pajarito?, ¿qué me dice?, ¿he conseguido cambiar su perspectiva? Las mutaciones son errores y depende de nuestra perspectiva los consideraremos como un éxito o un fracaso, hay que aprender de ellos, verlos como una oportunidad para mejorar o adaptarse a nuevas situaciones, pero también tenemos que tener en cuenta que pueden afectar a otros.

      Esferas temporales

      Esferas temporales

      Paseaba con nervios por aquél pequeño habitáculo repasando las coordenadas de mi destino Debía permanecer allí recluido antes de comenzar el ansiado viaje.

      Había estado trabajando en el proyecto SPHERE durante gran parte de mi vida, y ahora era el momento de poner a prueba todas mis intuiciones y el sentido mismo de la existencia.

      Desde pequeño tuve la convicción de que existían mundos paralelos que tenían la llave de nuestro pasado, presente y futuro. Pensaba que en un mismo instante de tiempo tenían lugar de forma simultánea hechos provenientes de nuestro pasado, sucesos presentes y eventos que acontecerían en el futuro. Todo ocurría a la vez en diferentes estadios dimensionales que denominé esferas temporales.

      Los años intentaron en vano calmar mi inicial efervescencia juvenil. El paso del tiempo fue acrecentando mi curiosidad e interés.
      Me dediqué a investigar cuantos textos y tratados sobre el tema pude acopiar, introduciéndome en líneas de investigación físico-matemáticas sobre la relatividad general y la mecánica cuántica de campos, tratando cuestiones misteriosas como los cambios de dimensión y los viajes a través de puertas estelares, los llamados agujeros de gusano en el binomio espacio-tiempo. Todo un reto que eminentes científicos a lo largo de la historia habían intentado descifrar sin éxito.

      Ahora había llegado el momento. Si mis cálculos y predicciones eran correctos pronto podría cambiar de esfera temporal, y pasar a otra, viajando hacia el pasado o futuro según decidiese, resolviendo así uno de los mayores enigmas de la Humanidad: el viaje a través el tiempo.

      Para cumplir este sueño, dediqué toda mi vida de científico a crear el artiugio que lo haría realidad. Por sorprendente que parezca, no ingenié ningún artefacto mecánico. Conseguí muestras de poder lograrlo a través de un estado sobrenatural de conciencia introspectiva al que había llegado después de un largo proceso de estudio y entrenamiento. Las respuestas a nuestras preguntas y la génesis de todo había que hallarlas en nuestro interior.

      Reflexionaba y meditaba sobre nuestro pasado y futuro, ambos brazos de una palanca cuyo punto de equilibrio es el presente. Y pensaba cómo la potencia y resistencia a que se ven sometidos dichos brazos determina la estabilidad del sistema y del momento actual.

      Estaba nervioso. No sé si el viaje se llevaría a cabo con éxito. Un frágil presente en manos de un pasado conocido y un futuro por determinar, y la incógnita en mis manos. No tenía la certeza de que regresaría de ese viaje, ni siquiera si desearía volver.

      Eterno tuareg

      Eterno tuareg

      Los desiertos no son de arena, no todos: suelen ser pedregoso, con cientos de sedimentos sobre la tierra dura y seca, o extensiones heladas, silenciosas y crepitantes, donde se deslizan pingüinos y esquimales; pero los de los libros sí. En los libros son de dunas de arena fina, casi microscópica, que reposan plácidas y suaves bajo un crepúsculo casi tan brillante como la muesca de luna que lo corona. Y allí es donde siempre quise estar; aquí.

      Chico del desierto. Así me llamaba, bromeando. Al principio le contaba mis fantasías, hablaba sobre las estrellas que quería ver en el Uadi Rum, la soledad y el silencio del desierto de Tanami donde me perdería algún día, o el picor de la arena nigeriana que quería sentir en la cara. Él prefería las ciudades, desde la plácida Manhattan hasta la Singapur luminosa, le gustaba la gente distinta, las comidas variadas, los edificios cambiantes. Así era antes.

      Lo conocí hace un tiempo, quizás algo más, pero mi corazón necesitó un tiempo, para conocerlo de otra forma, para ver dentro, la parte oscura de la luna. Siempre me he imaginado esa parte llena de vegetación plateada, con criaturas brillantes que la ciencia no puede descifrar, con un olor persistente a otoño durante el día oscuro, y a verano durante la noche plata. Así le imaginé siempre. Pero fueron sus ojos quienes me despertaron, fue una mirada curiosa que se deslizó a través de mis murallas, como si fuera agua; agua de color verde, uniforme pero profundo, como la fusión alternante de la naturaleza pura y la ciencia ficción.
      Desde aquel día, se convirtió en el sol abrasador del mediodía, y en mi joroba al mismo tiempo. Mis intenciones se empalagaron de amabilidad, de sacar sonrisas, de parecer confiable, y cayeron en risas bobaliconas, silencios incómodos. Y lo habría dado por imposible si no fuera por sus miradas, que me seguían cayendo como chaparrones cálidos en la noche, que parecían mirarme de un modo distinto, con una delicadeza más allá de lo humano. Tal vez eran espejismos. Cada vez pensaba más en él, con su aura y todo, y aumentaba el miedo enfrentarme, a mirar hacia atrás para ver si estaba en clase, a estar en su grupo, verle salir de clase era una palada de tierra sobre mis entrañas; entonces me acordaba de sus iris de fantasía, que encerraban el atardecer, como la bola de una pitonisa que muestra el incomprensible más allá.

      Parecía que nos huíamos, pero las noches interminables me decían que los dos mirábamos a la luna de la misma forma, con el mismo brillo en los ojos. Una parte de mí entonaba el “melibeo soy, y en Melibea creo”, mientras que la otra me guiaba con el olor de los jazmines estivales, y me hundía de espaldas en sus hélices. Entre espejismos había llegado el verano, con sus días secos de vida, planos y monótonos como una parada cardiaca, y dejé de verle. Me dijeron que se había ido a estudiar lejos.
      Desde entonces estoy vagando por sus desiertos, por los que dejó en mi alma, con polvo estático flotando, con sus brisas nocturnas con aroma de dátiles y bandidos, con la temperatura templada del ocaso de sus ojos. Todo es él, el hijo del atardecer.

      Evolución

      Evolución

      El cambio que portaba era sutil pero trascendente, y la prueba la tenía ante sí, en las vastas tierras que acababa de conquistar en la sabana.

      No sabía muy bien cuál era la causa de que destacase sobre todos los demás: unos pocos centímetros más alto, unos reflejos ligeramente más rápidos, un grado mayor de soberbia que le facilitaba llegar siempre un poco más lejos que el resto.

      Sea como fuere, siempre apuntó maneras. De joven, cuando fue expulsado del clan, y pese a que su madre le intentó explicar que era el orden natural de las cosas, se enfrentó a su padre para evitarlo. Éste, una inmensa y vieja gloria de carácter osco, pagó su atrevimiento con una paliza que lo dejó medio muerto y abandonado a las lindes del territorio. Reflexivo recordaba, ahora, con añoranza y también con orgullo, aquella época y aquel combate, pues a pesar de la diferencia de tamaño y poder, dejó bastante maltrecho a su rudo y hasta aquel momento paciente padre.

      Imágenes de su pasado, no tan lejano, se dibujaban en su mente, a medida que recorría con la mirada sus nuevas tierras: Como cuando, después de recuperarse de sus heridas, se unió a un grupo de solteros y se postuló como líder de forma casi automática. Su capacidad para el liderazgo fue percibida de forma instintiva por todos los miembros del grupo… y no defraudó: localizó las mejores presas, coordinó las mejores batidas, lideró la resistencia frente a los intrusos de los territorios de caza. Pese a su juventud, cada vez era más difícil marcarlo con una cicatriz… y éstas cada vez eran más superficiales. Estaba claro que con él había nacido una nueva casta.

      Y lo había vuelto a demostrar. Abandonado el grupo de solteros, no se dedicó a buscar un viejo macho que se encontrase en el ocaso de su reinado, derrocarlo fácilmente, y apoderarse de su harén y sus tierras de caza. Estuvo vagando durante largo tiempo hasta encontrar al rival más inalcanzable, un ejemplar en el cenit de su reinado, tanto o más poderoso que su legendario padre, y sin rival en apariencia…

      Había vencido y conquistado… sin pasión había acabado con la progenie de su contrincante (era el orden natural de las cosas) y ahora disponía de un vasto territorio, de un fértil harén que le permitiría crear una nueva estirpe, una nueva saga, más fuerte, más preparada, más apta…

      Con estos pensamientos decidió bajar del atalaya desde la que contemplaba su reino. A grandes saltos llegó al suelo de la planicie, en ese momento, un chasquido seco le hizo mirar hacia arriba justo cuando una gran rama se desplomaba sobre él, como el brazo de un gigante derrotado en la arena por el tiempo. Aplastado por el gran peso, vislumbró desesperadamente el final de la saga, la nueva especie se desvanecía poco a poco con cada suspiro con el que el león intentaba aferrarse a la vida…

      Hacía tiempo que los restos del gran árbol formaban parte anónima del paisaje. Hacía tiempo que sus semillas habían dejado de ser dispersadas por el viento para colonizar nuevos hábitats sin garantía alguna. Hacía tiempo que su estructura languidecía y se desmoronaba poco a poco. Y ahora, un trueno anunciaba tormenta, en breve la lluvia mojaría de nuevo su estructura muerta…

      Feromonas

      Feromonas

      Cris Jarber era el típico científico loco, y sin duda lo parecía: mirada extraviada, despeinado, vestido siempre con una bata manchada; y si alguna vez se la quitaba, ropas viejas y mal conjuntadas.
      Cris no tenía amigos, ni amores; pero un día se enamoró.
      Ella era Juani, la pastora del pueblo. Un pueblo muy pequeño, pero con una guapa pastora y un científico loco, lo que resulta más bien excesivo.
      Cierto día, Juani pasó con sus cabritas por delante del laboratorio. Cris la vio y se quedó prendado de inmediato. Fue todo un flechazo.
      Pero ella no le hizo el menor caso, así que Cris decidió usar sus conocimientos.
      Se puso a trabajar de inmediato con sus probetas y tubos de ensayo. Durante un mes se concentró, apenas comió, ni siquiera se duchó. Pero por fin logró su objetivo: producir feromonas en gran cantidad.
      Aquel tubo era pequeño, y su contenido también: ni quiera llegaba al centímetro cúbico. Un líquido muy pero que muy peligroso, pues quien lo oliera quedaría prendado de Cris de un modo inmediato e irresistible.
      No podía probarlo, pero Cris estaba seguro de los resultados, así que roció con aquella esencia un ramo de flores, y lo dejó por donde ella pasaba siempre.
      Y esperó...

      Juani estaba desesperada. ¿Dónde diablos se había metido Blanquita? Una cabra tan mansa, que nunca le había dado problemas... La última vez que la había visto estaba comiendo unas flores. Desde entonces, había desaparecido en medio del pueblo.
      De pronto, la vio. Cris corría por la calle, perseguido por Blanquita.
      ¡La cabra le balaba su amor!

      fuentes públicas

      fuentes públicas

      En los hospitales de la región pirenaica oscense de Benasque se empezaban a recibir casos de enfermos por deformaciones y alteraciones genéticas tanto externas-manos y pies- como internas- daños en órganos vitales
      Los equipos médicos trataban de dilucidar si se trataba de un proceso vírico o bacteriano como principal hipótesis. Los análisis bioquímicos daban señales de alarma prácticamente en todos los parámetros analizados.
      La región contaba con una central térmica. Los equipos de seguridad y prevención de esta realizaron diversos estudios con el objeto de averiguar si existía alguna relación de causalidad entre los gases emitidos a la atmósfera y las patologías hospitalarias de etíología desconocidas. Se analizaron más de cien compuestos químicos y ninguno resultaba, por su cantidad vertida al espacio exterior, tóxica para la salud pública.
      Los afectados presentaban deformaciones por alteraciones genéticas. Sufrían una especie de metamorfosis pasando de ser humano a una especie de monstruo con raciocinio medio humano, medio animal. Sin embargo no parecía que sufrieran dolor.
      A todos ellos, de forma preventiva, se les dejó en cuarentena para evitar la propagación de la enfermedad contagiosa que se denominó “metamorfosis”. Adecuaron pabellones anexos a los hospitales donde poder instalar a los enfermos. Algunos eran capaces de comunicarse con sus familiares por teléfono o por Internet. Otros, sin embargo no deletreaban apenas ninguna palabra.
      Se buscaba encarecidamente cualquier indicio sospechoso que diera una pista a los investigadores para hallar el origen de la enfermedad. Desde pesticidas, hongos, alimentación en mal estado……
      Había transcurrido 48 horas desde la primera víctima mortal y estaban carentes de una hipótesis lógica que les hiciera ponerse en marcha y actuar.
      El director de uno de los hospitales de la región, decidió hacer nuevamente un estudio a los afectados para intentar encontrar algún nexo común entre todos ellos y así tener algo por dónde empezar a investigar.
      Había pacientes de todas las edades, sexo y estado de salud previo a la enfermedad. No existía, aparentemente, nada que los hiciera estar ante una misma circunstancia.
      Sin embargo en las entrevistas se había olvidado una pregunta simple pero de vital importancia: ¿qué tipo de agua habían bebido antes de enfermar?
      Se inició de nuevo las entrevistas y esta vez sí. Hubo coincidencias. Todos los enfermos bebieron agua de fuentes naturales procedentes de las montañas pirenaicas. Excepcionalmente, algunos se habían bañado en las pozas de los ríos y cataratas y fueron envenenados por transmineralización. Los hechos ocurrieron en plena época estival.
      Aunque era improbable que esta hipótesis pudiera ser importante pues todos dijeron que las fuentes eran potables para el consumo humano, se comenzó la investigación por esta línea.
      Se buscaron los cauces de los ríos hasta su nacimiento y se tomaron muestras.
      En el laboratorio se halló en el agua, junto a oxígeno e hidrógeno una proporción importante de arsénico además de otros componentes químicos muy parecidos a los que se encuentran en los cigarrillos.
      Se trataba de un envenenamiento aleatorio de la población, y en principio parecía ser obra del ser humano y no de nuestra madre, la Naturaleza.
      ¿Con qué intención, quiénes eran los autores?
      En el interior de la tierra, el agua era saludable. El arsénico estaba en la cabecera de los ríos.
      Tras realizarse trabajos de excavación en el nacimiento de los ríos se encontraron jaulas con depósitos que vertían líquidos al agua natural. Analizados estos líquidos, se pudo comprobar que llevaban arsénicos y demás componentes tóxicos.
      ¿Se trataba de un experimento de alguna potencia para probar el armamento químico en caso de contienda armada? De ser así, ¿ podríamos estar antes una nueva guerra fría?
      Ya había cinco fallecidos.
      Se preguntó a los pacientes menos alterados cuánto tiempo había transcurrido desde la última vez que consumieron el agua de fuente hasta que acudieron al hospital o recibieron asistencia médica, y la cantidad de agua ingerida. La mayoría declaró que no más de dos horas y la cantidad de agua que bebieron variaron mucho, desde un pequeño sorbo hasta un litro de agua contaminada. Esto explicaba los diferentes estadios de la enfermedad en que se encontraban los pacientes. Se les practicaba lavativas de estómago, de piel…. para tratar de desintoxicar sus cuerpos deformados.
      Debido al tiempo transcurrido, la policía sospechaba que los delincuentes se encontraban en territorio nacional no muy lejos del lugar de los hechos, pero les seguía faltando a los investigadores, el móvil de los envenenadores. El perfil, dada la extrema crueldad, parecía el de psicópatas en serie. Una persona sola no parecía que pudiera haber colocado todas las jaulas simultáneamente.
      Tras la fórmula descubierta, en los laboratorios científicos se trabajó con afán para hallar el antídoto al veneno. Los medios materiales y personales no escasearon. Por el gobierno se declaró el Estado de Alarma.
      En cuatro días se obtuvo la vacuna. Las diligencias policíacas continúan.

      Genialidad Desoxirribonucléica

      Genialidad Desoxirribonucléica

      1963

      Amanece tímidamente y oigo como mis intestinos vuelven a su estado normal tras pasar por un grave proceso gastrointestinal. El fin de estas alocadas perturbaciones me empuja a continuar con mi obra. Antes de nada, desayuno el divino manjar de mi tierra: pan con tomate. La simplicidad del planteamiento de esta degustación licopénica y su indudable resultado sagrado en el paladar, me hace acordarme del arte de Mondrian, cuya intención no ha llegado a superar siquiera a un pedazo de pan con tomate. Menos mal que yo, como mi nombre indica, nací para salvar al arte moderno.

      Accedo a mi estudio y me encuentro al gatito bonito jugando con un cordel. Hoy solo quiero la compañía de las moscas, así que lo cojo en brazos y lo llevo al recibidor, junto al oso enjoyado detrás del cual se desnudó el rey Humberto de Italia. Vuelvo al estudio y comienzo a terminar algunas de las figuras arabescas que componen el lienzo de mi esplendorosa obra "Árabes desoxirribonucléicos".

      Considero que mi árbol genealógico tiene su punto de partida en los musulmanes que llegaron en el 711 a España. Fueron ellos los que adornaron mi sangre con el más sublime de los lujos, el oro, y eso me produce la misma satisfacción que a Lord Rutherford cuando propuso, gracias a este metal precioso, su solemne modelo atómico. Si no creen en la veracidad de mi áureo linaje árabe, remítanse al ácido desoxirribonucléico. La estructura molecular de este ácido desoxirribonucléico se transmite monárquicamente y genéticamente de generación en generación, lo que hace que mis "Árabes desoxirribonucléicos" sean capaces de anticipar mi código genético y serán ellos los que llevarán a mis cromosomas a la inmortalidad suprema. Aclarado esto, no me queda ninguna duda de que es esta molécula helicoidal la que elevará mi obra al paroxismo.

      Pincelada a pincelada, mojando con el ámbar bien fuerte y con el fin de evitar la mancha en el cuadro, consigo que los colores de mis árabes se fundan en los bordes. De repente, oigo una canción familiar, ¡es la maravillosa visita de una mosca! Detengo mi tarea y observo sus ojos, los cuales son las más delicadas lupas parabólicas de la naturaleza. Creo haber visto en ellos a mi amada Gala y reflexiono sobre la posibilidad de que esta mosca sea una mensajera de mi diosa de apariencia humana, oficialmente conocida como Gala, mi mujer. Acto seguido, la misma mosca de vientre limpio, se posa en mis labios y siento una cálida sensación. Mi observación e hipótesis sobre la mensajería divina de esta mosca quedan, pues, demostradas por un irrefutable experimento. La audaz mensajera de Gala, remonta el vuelo siguiendo una perfecta espiral de Bernoulli como consecuencia de la trayectoria constante y logarítmica que rige su aleteo. Antes de abandonar mi estudio, consigue posarse en el más majestuoso punto de la doble hélice universal donde nace la vida y mi genio, el lugar donde confluyen las dos hebras de las figuras arabescas de mi pintura. Una vez más, mi querida Gala ha querido demostrarme su carácter divino.

      Esta experiencia daliana le ha servido a mi obra para secarse, lo que me permite observar que ha quedado manchada por el exceso de materia y ámbar, así que trato esta mancha con una patata. Mientras realizo mis últimas correcciones, imagino una novedosa técnica pictórica tridimensional basada en los ojos de las moscas. Ya les hablaré de ello otro día. Una vez acabados los "Árabes desoxirribonucléicos", me dispongo a firmar el cuadro. Una "D", una "A", "L", "Í". Acto seguido, reparo en que la D se define con un prodigioso trazo en forma de cruz perfecta y divina. Es en este momento cuando babeo pensando lo que exclamará el mundo entero al ver mi obra: "¡Salvador Dalí es un genio desoxirribonucléico!"

      Golpe de estado, golpe de sol

      Golpe de estado, golpe de sol

      Sé que es extremo, pero no me queda otra opción: voy rebelarme y montar mi propia guerrilla. Tenéis que comprenderme, llevo toda la vida trabajando sin pausa, de sol a sol, siguiendo las órdenes de arriba sin rechistar, y procreando para ayudar a perpetuar el sistema. He sido una trabajadora y madre ejemplar, he rendido siempre al nivel exigido y mi progenie ha seguido mis pasos sin cuestionar en ningún momento el orden establecido, pese a ser conscientes de que se enfrentan a una muerte prematura si desempeñan bien su labor.
      Sin embargo, un día, sin previo aviso, me informan de que ya no rindo al nivel deseado. ¡Qué esperaban! Es imposible mantener este nivel de productividad y entrega de por vida. Lo que ya ha colmado el vaso ha sido la orden inmediata de suicidio que me han hecho llegar. ¿Qué manera de recompensar a una trabajadora honrada y cumplidora es esta? Una esperaría que, habiendo cumplido con su cometido, le permitieran disfrutar el último tramo de su vida con placidez. ¡Cuánto ingrato suelto hay por aquí!
      Así que lo he decidido. En lugar de hacerles caso y quitarme la vida, voy a seguir criando descendientes y les voy a entrenar para combatir el sistema. Juntos, formaremos un ejército invencible, colonizaremos hasta el último rincón de nuestro universo y lucharemos por nuestro derecho a seguir viviendo. ¿No es tanto pedir, verdad?
      ¡Ay, me vais a perdonar! Estaba tan indignada y sulfurada que se me ha olvidado presentarme: soy Melanoblasta, una célula de la piel. Mi principal función es reproducirme aproximadamente cada dos semanas para criar melanocitos. Mis retoños sintetizan un montón de melanina, que le da color a la piel y protege a los humanos de las radiaciones dañinas, como los rayos ultravioleta que forman parte de la luz del sol. Es un trabajo muy duro y los pobres mueren tan pronto…
      Tanto procrear, al parecer estoy empezando a cometer errores. Hay un gen que se llama TP53 y que está por encima de mí en la cadena de mando. Ese tipo, de los más eficientes dentro de la clase de supresores tumorales, es el que me mandó la orden de suicidio, pero una oportuna mutación lo ha dejado fuera de juego. ¡Puedo seguir reproduciéndome todo lo que me dé la gana! Por fin veré a mi descendencia sobrevivir y medrar en este sistema de normas implacables.
      Empezaremos formando una base de operaciones, un lunar en la piel con apariencia un poco más irregular, color un poco diferente de las inofensivas pecas. Sin que el humano se dé cuenta, iremos creciendo hacia el interior de la piel, reproduciéndonos sin parar para incrementar nuestros efectivos, hasta alcanzar un vaso sanguíneo. ¡Esa será nuestra primera victoria! A través de la sangre, podremos viajar hasta órganos remotos, como el hígado o el intestino, y colonizarlos también. Seremos los dueños del cuerpo…
      En esas felices reflexiones se encontraba nuestra querida Melanoblasta cuando, sin previo aviso, un certero bisturí la arrancó de cuajo de su nicho. El dermatólogo, observando el trozo de tejido, tranquilizó a su paciente: -No tiene que preocuparse de nada, no es muy profundo y casi seguro lo hemos pillado a tiempo.
      Al final, Melanoblasta no se vio obligada a suicidarse; murió en plena batalla, llena de grandes planes para ella y los retoños que nunca tuvo, y fue ampliamente estudiada en los laboratorios de anatomía patológica de varios hospitales y centros de investigación, para prevenir que más rebeldes como ella siguieran causando melanoma cada vez a más españoles. Y esos españoles, beneficiados por la investigación contra el melanoma, pusieron también un poco de su parte y vivieron felices y comieron ensaladas de tartera, bien rebozados de factor de protección en las playas de nuestras costas.

      GOMAS DE MASCAR

      GOMAS DE MASCAR

      Halló en la física determinista la deriva de su vida y cada día lograba situarse en la Tierra observando las constelaciones. Su gran telescopio y la noche imprimían la perspectiva de su existencia. Pero, el dolor por la muerte de su padre había producido un efecto contrario sobre su visión del mundo; ya siempre cabizbaja, paseaba y paseaba por la ciudad a la velocidad que su melancolía imponía. En esos paseos se sorprendió dibujando líneas mentales para unir los chicles pegados en las aceras y descubrió que podía vislumbrar sus constelaciones favoritas, sin la ayuda de su telescopio. Ahí estaban, podía percibir a Casiopea, Draco, Orión, Perseo…fue entonces cuando comprendió la frase que su padre le dejó escrita en el primer libro que le regaló:”Cuando la física cuántica consiga aturdirte comprenderás que siempre estoy contigo”.

      Gozón

      Gozón

      Mi hermano es mayor que yo. Estudia en la secundaria. Ayer él estaba leyendo un libro lleno de dibujos. Como me encantan los libros con figuras, lo llevé a mi cuarto mientras él se bañaba. Me escondí debajo de la cama y para ver bien encendí mi linterna roja. Parece que a los demás también les gusta dibujar en los libros. Éste tiene muchos símbolos que no entiendo. Yo también puedo hacer círculos. Para ayudar a mi hermano con la tarea le dibujo un círculo encima de este otro que tiene una bolita.

      - ¡Wao! ¡Saltó!

      La alumbro para verla bien y crece. Busco la lupa. Ahora si que…. no entiendo nada. En el libro, en la posición que antes estuvo la bolita, se hizo un huequito.

      -Hola. ¿Quién eres tú?

      -¡Yupi! Dijo entre saltos la pelotica roja, que se movía constantemente.-Soy Gozón.

      -¿Un qué?

      - Un electrón libre. Tú me liberaste…. ¡Yupi! Ahora puedo hacer lo que quiera.

      Sin dejar de saltar de un lado a otro, Gozón no me permitía tocarlo. Cuando por fin lo agarré.

      -Ay…

      -Ja, ja, ja. Te cogió la corriente. Dijo burlándose Gozón y creció otro poquito.-La energía de la luz y ahora la tuya, me han ayudado a escapar y crecer.

      Viendo mi cara de asombro, Gozón no insistió en explicarme. ¿Será que soy muy chiquito para entenderlo?, -¿Y qué hace un elec,… electro… libre?

      -No te voy a enredar. Los demás, no sé, pero yo lo que quiero es saltar, hacer piruetas, bailar y divertirme mucho.

      -Ah, eso también me gusta a mí. Vamos te voy a llevar a un lugar que está buenísimo para eso. Dije estirando la mano.

      -Espera, no me toques si no quieres volver a chillar. Ponte un guante de goma.

      Recordé que mi papá tiene un par que usa cuando limpia el jardín. Salí disparado con el libro de Dariel en la mano y se lo puse en el cuarto. Busqué los guantes y regresé corriendo a recoger a Gozón. Él se subió de un salto. Y yo, rápido pero sin prisas, para no llamar la atención, salí al jardín directo a la cama elástica.

      -¿Y eso es divertido? Preguntó Gozón sin encontrarle el chiste a la cama.

      -¿Qué si sí? Ahora verás. -Lo dejé en la escalera y me subí al aparato. Comencé a saltar con tanta algarabía que era yo el que parecía un gozón.

      Pronto éramos dos. Saltando y riendo. Este amigo nuevo es incansable como yo. Cerca de las seis ya estaba aburrido de jugar y tenía tanta hambre que entré a merendar. Gozón me siguió dando brincos. Ahora lo veía más pequeño.

      -¿Tú también tienes hambre?

      -Bueno, bien me vendría una recarga. Y fue directo a besarse con el tomacorriente.

      -¡Cuidado! ¡Eso es muy peligro-so! Le grité en cuanto lo vi, pero ya era tarde.

      Sin decir adiós y sin querer, a mi amigo Gozón, se lo llevó la corriente.
    • «Es dirà Memòria.»

      «Es dirà Memòria.»

      Diuen que tots tenim un àngel de la guarda. Això diuen. Un àngel custodi que ens protegeix, que ens acarona, que arriba quan ho necessitem. Un àngel que ens conta contes, que fa fugir les nostres malsons i que sufoca el nostre plor amb el dringar de la seva rialla. Però jo no ho crec. Ja tinc cinc anys, i d'àngels no he vist cap.

      Sóc filla d'una científica i d’un metge. Sé del que parlo. Tots dos diuen que necessitem evidència per demostrar les coses. «Evidència» és una paraula que fa servir la gent gran per demanar proves. Proves com fotos, vídeos, o qualsevol altra informació que demostri que alguna cosa existeix. I, si no pots demostrar alguna cosa, doncs la cosa no existeix. I els àngels són una mentida que s'inventen els adults per fer tot el que volen.

      El que sí que existeix són les fades. Tinc evidència d'això. Mai les he vist, però les sento. Canten de matinada, i les seves veus saben a bunyols i xocolata. Ma mare diu que això són imaginacions meves. Que una veu no pot saber dolça. Que això es diu «sinestèsia» i és un fenomen neurològic. Vaja ximpleria! La veu de les fades sap a sucre perquè són màgiques.

      Les he observat les dues últimes setmanes. Això és el que fan els meus pares. Observen i de l'observació treuen una hipòtesi, que és com una idea principal sobre un tema. Jo he estudiat a les fades, i la meva hipòtesi és clara: les fades són invisibles, de manera que són tan belles com nosaltres pensem. I cada persona té una fada pròpia, una fada que es fica en el seu cap per l'orella, que absorbeix els records amb cura, els fica en una cistella que porta a sobre, i després se'ls bufa a cau d'orella. D'aquesta manera, mai ens oblidem els uns dels altres. Perquè les fades hi són per recordar. Així, jo no m'oblido de fer la tasca de l'escola perquè la fada m'ho canta baixet a dins del meu cap. Així, el meu pare no s'oblida de quin medicament li ha de donar als seus pacients, perquè la seva fada li ho diu. I així, la meva mare sospira molt trista al seu laboratori, recordant a aquell noi amb el que anava al cinema quan era joveneta. Mai parla d'ell, però jo ho he vist en algun àlbum de fotos que ella amaga al seu calaix. No m'atreveixo a dir-li res, perquè vull molt al meu pare, però crec que la meva mare segueix enamorada d'aquell noi. Que la seva fada segueix parlant-li d'ell per les nits, al seu costat. I per això, molts matins, ma mare té els ulls unflats, exactament igual que els meus quan ploro. Potser per això, la fada de la mare sigui la que pitjor em caigui.

      La meva fada preferida era la de la iaia. Li explicava històries que després, ella m'explicava a mi. Històries d'aventures, històries tan emocionants que no podia deixar d'escoltar. I, no obstant això, últimament l'àvia està molt rara. És com si no pogués recordar els seus contes.

      Al principi, vaig intentar obtenir una hipòtesi. Estaria la seva fada de vacances? Però no. La meva àvia recordava menys i menys cada vegada. Fins que, un bon dia, no va poder ni reconèixer-me. Aquell matí vaig plorar més del que plora la mare quan mira d'amagat les fotos del noi del cinema.

      Ahir a la nit, li vaig explicar al pare la meva hipòtesi sobre les fades. I no es va burlar! Al contrari, em va proposar una hipòtesi millor:
      -La fada de l'àvia està molt velleta. -Va explicar. - Està cansada i no té veu per explicar-li més coses a l'àvia. Així que s'ha retirat per descansar.
      -S'avorrirà molt ... - Vaig protestar jo.
      -Sí, però la teva àvia no estarà sola. -Va replicar el meu pare. - Deixa a cura de la iaia a un follet anomenat Alzheimer. L’Alzheimer és mut, i costa adonar-se que hi és. Per això hem d'esforçar-nos tots a fer companyia a l'àvia, perquè l’Alzheimer és tan callat, que no ni haura prou...

      Quina pena! Em va costar decidir què preferia: si una fada que et recorda coses tristes, com la de la mare, o una fada jubilada, com la de l'àvia. Finalment, em vaig decantar pel primer: la fada que recorda. Perquè et fa sentir. I viure sense sentir seria un sense sentit.

      Així, vaig perdonar la fada de la mare i vaig anar corrents a abraçar-la.
      -Mare! Mare! Tinc un nom per la teva fada.-Li vaig dir.
      -Sí? - Va preguntar ma mare, rient. - Quin?
      M'agradava com reia. Semblava un àngel. Potser els àngels si existeixin, al cap i a la fi. Així que, somrient vaig dir:
      -Es dirà Memòria.

      9 minuts

      9 minuts

      DIA 1
      Avui he decidit escriure sobre el que he descobert. L’objectiu no és evitar el desastre ni consolar als qui sobrevisquin, si és que sobreviu algú, sinó desfer-me de l’angoixa i del patiment sense alertar ningú.
      L’IGR J17091-3624 és un forat negre realment petit, només té 3 km de diàmetre, però està a punt de passar al costat del Sistema Solar, bé, al costat és una manera de parlar.
      Actualització, 2:03h: Crec que es pot percebre el canvi del cel, a la nit, si t’hi fixes molt. És gairebé imperceptible per als qui no estan acostumats a observar les estrelles. Tot sembla igual, però tot és diferent.

      DIA 2
      L’any 2011 la NASA el va detectar a la constel•lació d’Escorpí i no li van fer gaire cas. En canvi, jo l’he estat espiant des de llavors. Fins i tot el vaig presentar als meus alumnes de Física 1 d’aquell any i vam traçar els diferents rumbs que podia seguir.
      Actualització, 22.35h: Els mitjans de comunicació segueixen sense comentar res; les xarxes socials tampoc... Per què? Volen evitar un caos mundial? Segurament.

      DIA 3
      Vam ser massa optimistes, a classe; no vam predir la trajectòria que està seguint (o no la vam voler encertar). El forat seguirà el seu camí, el de la destrucció. No absorbirà cap planeta del nostre Sistema perquè no passarà tan a prop. Però segons el càlculs que he fet amb el simulador Petrov, la seva tirada gravitatòria modificarà la trajectòria del Sol i tots els planetes que hi giren al voltant descarrilaran. DESCARRILAREM!

      DIA 4
      La vida a la Terra té els dies comptats i per això no puc dormir. A més, faig esforços enormes per mantenir la calma i no plorar davant ningú. Ahir vaig estar a punt d’explicar-ho a un company astrofísic, però estava tan orgullós i feliç explicant-me com la seva nena havia dit “papa” per primera vegada que em vaig fer enrere i vaig parlar-li de les vacances d’estiu, que estan a tocar.

      DIA 5
      Estic recalculant el desastre amb el simulador. Encara que introdueixi noves dades és evident que la Terra sortirà de la seva òrbita i començarà a desplaçar-se en línia recta. Quin desastre!!! Això significa que en 8 minuts i 20 segons, el temps que triga la llum a desplaçar-se des del Sol, ens envairà una foscor absoluta. Una foscor letal.
      Actualització, 21.10h: El meu home m’està esperant per anar a sopar; li he dit que baixo de seguida (el temps que trigui en apagar l’ordinador i dissimular amb maquillatge que he estat plorant un altre cop). Avui sortim a celebrar el nostre aniversari, l’últim.

      DIA 6
      Una altra nit gairebé sense dormir, una altra nit observant el cel amb el telescopi. Una altra nit esperant el final, guardant el secret i pensant que aviat els nostres cossos seran desapareixeran... Avui, a classe, demanaré als alumnes de Física 2 que desenvolupin hipòtesis sobre el possible pas de l’IGR J17091-3624.
      Actualització, 13:15h: els ha agradat la idea, el repte, el darrer que resoldran. Mentre ells treballen, escric aquí i no tinc tanta por ni em sento tan sola.

      DIA 7
      Sense Sol el refredament de la Terra no serà immediat, però sí molt intens: en una setmana s’arribarà al voltant de 0ºC a tot el planeta. Les plantes es moriran en pocs dies (altres trigaran setmanes) per manca de fotosíntesi, per tant, la producció d’oxigen s’aturarà i començarem a gastar la reserva que en té l’atmosfera. M’adono que estic respirant força agitada i dic als alumnes que la classe ha acabat.

      DIA 8
      En pocs mesos els animals moriran de fred o de gana, només aquells que estan acostumats a regions fredes sobreviuran una mica més. En un any la temperatura mundial haurà baixat a -73ºC, o sigui, només serà habitable el fons marí. La resta serà un cementiri immens.

      DIA 9
      Amb el pas dels anys el fred de la superfície es farà tan extrem (d’uns -240ºC) que els gasos de l’atmosfera es condensaran i cauran a la superfície com si fos neu. Al final l’atmosfera es col•lapsarà i cobrirà el planeta d’oxigen, hidrogen i altres gasos solidificats.
      Espero que la NASA hagi descobert ja com viure en algun altre planeta.

      DIA 10
      És gairebé estiu, diumenge, migdia, i s’està fent fosc. Alguns veïns han agafat aquelles ulleres de sol especials i han sortit al carrer, entusiasmats. Pensen que és un eclipsi de sol brutal. Fa 9 minuts he abraçat molt fort al meu home i li he dit “t’estimo” quan el fred ens ha sorprès a fora.
      Última Actualització, 23.40: A hores d’ara tot està fallant. La negror és insuportable i el pànic s’està estenent entre la població... Em consolo pensant que als ulls es quedaran fixats per sempre els nostres records.

      Amor sideral

      Amor sideral

      La nostra relació era quelcom còsmic.
      Abans de conèixe’ns els dos havíem viscut amb altres parelles que ens havien consumit les ganes de més relacions. Ens imaginava com dues estrelles de les més típiques de l’univers, com si fóssim dues nanes blanques, ja esgotades, sense font d’energia i comprimint-nos sobre nosaltres mateixos.
      Però l’atracció que es va crear entre nosaltres em va fer veure un sistema binari, girant amb força, alimentant-nos. Hi va haver un moment en què jo vaig passar el lòbul de Roche i em xuclaves matèria que ràpidament quedava sota la teva força de gravetat. I així tu tenies molta més massa, i fusionaves, fusionaves el nucli, superant el límit de Chandreasekhar i fent inevitable l’explosió d’una supernova que ens va destruir completament.
      Jo, pobre de mi, vaig quedar reduït a la mínima expressió, com una estrella fugitiva.
      Tu potser tornaràs a atreure altres estels i repetir el procés, fins a arribar a convertir-te en un forat negre.

      científics anònims

      científics anònims

      - Pare... per què aquest còdol cau més ràpidament a terra que aquesta ploma d'au?
      - Quines coses tens, fill ! Perquè pesa més ... ja ho va dir Aristòtil.
      - Llavors ... Per què aquesta altra pedra, que pesa molt més que el còdol no arriba a terra abans?
      - Eh?
      I dos-cents quaranta-set anys després Galileu va explicar el perquè

      Cireres

      Cireres

      La flama seguia encesa i ell, somrient, la mirava recolzat contra la paret. Es va mossegar l’ungla del dit índex i es va mirar la mà a contrallum. Un cop sord darrere la porta el va sobresaltar i es va girar just quan l’espelma s’apagava. Merda. Va obrir la porta i va sospirar en veure el cadàver del Roger a terra.

      [L’Agustí corre per algun carrer sense nom d’algun poble sense nom amagat als seus records. El Roger el persegueix ben a prop i els dos riuen com bèsties quan creuen el riu glaçat tot i ser ple agost. Seuen sota una figuera, treuen de la bossa un grapat de cireres i se les mengen contents.]

      El cos sense vida del Roger el mirava des de terra. Les canes li tapaven mitja cara i un regalim de sang li sortia de la boca i li baixava per la galta. L’Agustí es va ajupir i va aixecar, amb feina, el cos inert de qui havia estat tants anys el seu company d’aventures. Tan ràpid com les seves cames, quasi centenàries, li permetien, va arrossegar el cos fins al mig de l’habitació. El va deixar allà i va encendre l’espelma.

      [La mare del Roger està mig sorda i no escolta com l’Agustí es cola per la finestra de l’habitació del seu amic amb un bol de cireres i una baralla de cartes. Es passen la nit jugant a cartes i parlant de la Gisela, una noia de la classe que sempre porta una faldilla verda i que els dos creuen que seria interessant veure el que hi ha a sota, de la faldilla.]

      L’Agustí va deixar que l’espelma cremés una bona estona i, llavors, va evocar un líquid negre sobre el cos del Roger. El va tapar amb una manta i va començar a llegir un fragment de “Philosophiae naturalis principia mathematica”, d’Isaac Newton. A poc a poc, el cadàver va anar desapareixent, sota la manta.

      [Truquen a la porta. És el Roger. Pugen, com sempre, a l’habitació i mengen cireres i juguen a cartes. Avui no parlen de la Gisela. Fa temps que no en parlen. Ni d’ella, ni de cap altra. L’Agustí es mossega l’ungla del dit índex i es mira la mà a contrallum. Es gira cap al Roger i li fa un petó d’aquells que els amics no es fan.]

      El vell va deixar el llibre de física sobre la taula, al costat de l’espelma que, de manera incansable, cremava, i va aixecar la manta de terra. El cos del seu company ja no hi era i, de moment, la flama seguia encesa. Bé. Molt bé. Tot i que abans també havia començat bé...

      [Es prometen que les seves mares mai ho sabran. Que, si algun dia ho saben, els castigaran i no deixaran que es tornin a veure. Al cap i a la fi, això que els passa no és normal, no està bé. Però no ho poden evitar. O sí?]

      L’Agustí va mirar el rellotge de paret que hi havia a l’altra banda de l’habitació tímidament il•luminat per la dansa de l’espelma. Havia d’esperar cinc minuts més. El Roger sempre li havia dit. Set minuts. I ara en portava dos. Tres. Quatre.

      [La primera vegada que veu el Roger amb un ull inflat, l’Agustí sent una ràbia encesa dins seu i promet al seu amic que matarà al seu pare. El Roger li demana que no, que no ho faci. Que se’n vagi i que, durant un temps, no torni. Abans, però, li dóna una espelma. “Set minuts, Agustí. Compta sempre set minuts abans de fer cap bogeria”.]

      Cinc. Sis. Pum. Un cop sord darrere la porta va indicar a l’Agustí que el cos del Roger tornava a estar fora de l’habitació. El vell va obrir la porta, va sospirar de nou i va repetir el ritual. Un cop el cos havia desaparegut va suplicar amb la mirada al rellotge de paret que, aquella vegada li concedís el temps necessari. Un. Dos. Tres.

      [És l’Agustí qui troba el cos del Roger ofegat al riu. Dins de la motxilla, en una bossa de plàstic hi té una espelma, el llibre “Philosophiae naturalis principia mathematica” d’Isaac newton i una nota. “Set minuts, Agustí. Compta sempre set minuts. T’estimo”. L’Agustí s’ho guarda tot abans d’anar corrent cap al poble plorant i cridant.]

      Quatre. Cinc. Sis. Set. Cap soroll. I L’espelma seguia encesa. Bé. El vell va treure d’un calaix un plat amb cireres. En va agafar una, la va sucar en el líquid negre i se la va menjar. “Ja vinc Roger. He comptat fins a set”. Quan la infermera va entrar l’endemà a l’habitació del senyor Agustí, que feia més de 15 anys que estava en coma, ja va veure que alguna cosa no anava bé.

      Com baldufes

      Com baldufes

      El carruatge avançava de pressa en l'aire prim d'Abril. Dalt del pescant, els dos cotxers murmuraven sobre el misteriós passatger. El de més edat, que portava les regnes, deia:
      —No sabem el seu nom. El viatge el va encarregar el senyor duc.
      —És de poques paraules. Esquerp, s'asseu a part a les posades —va afegir el jove.
      —L’hem de portar al Tribunal del Sant Ofici.
      —Això no m'ho havies dit! El deixem i ens en anem, no?
      —Sí, a cercar posada. En conec una que t'agradarà ....
      Van quedar en silenci; després, el jove va preguntar:
      —Pararem abans d'arribar?
      —Sí, passat aquest pujol hi ha una posta. Ens aturarem perquè els cavalls descansin, arribarem al vespre.
      A la posta el conductor va cridar al passatger: «Parem una estona, pot baixar. Ens queda una hora per Roma». Però aquest va refusar baixar. Era un home d'edat, gairebé un ancià. Vestia robes fosques de qualitat, com si fos un magistrat o un comerciant adinerat. Arraulit al seient, destacava el seu rostre crispat. Només una hora, va pensar. Per acabar aquell viatge que no volia emprendre, per ultimar el seu lliurament. Com el tractarien? El seu cor va bategar accelerat. El protegiria la seva antiga amistat amb el Papa? No l’havia pogut lliurar del procés per la publicació del seu llibre. Alguns deien que el personatge de Simplicio representava a Urbà. Quina neciesa! Però el Papa havia deixat actuar als seus enemics. I aquests voldrien venjar-se amb jocs cruels, com el gat amb un ocellet indefens. Va fregar les seves mans humides contra les seves robes. S'acontentarien amb una reimpressió del llibre expurgat? No. Si pogués accedir al Papa.... Impossible, estava apantallat per l'espessa burocràcia vaticana. Ara havia d'enfrontar, sol i en el seu cau, la gossada de cardenals de la Inquisició. Els seus experiments eren una protecció molt feble enfront dels contundents mètodes inquisitorials. El podien esbocinar impunement. Va sentir la boca seca, però no tenia aigua a mà.
      Van continuar. A Roma, el conductor va guiar el carruatge fins a l'enorme palau seu del Tribunal:
      —Ja hem arribat —va dir en aturar-se.
      —Molt bé —va replicar el passatger— som-hi.
      Va baixar i es va dirigir a la mola de pedra. Dos sentinelles armats guardaven l'entrada. El seguia el cotxer jove portant les maletes, que semblaven disminuïdes. Va trucar, van obrir i van entrar al vestíbul. Hi había un parell de soldats y un home corpulent. El cotxer va dipositar les maletes a terra i va desaparèixer. Ell va dir el seu nom. L’home el va mirar fredament:
      —Tinc ordres de portar-vos a la vostra estança. Allà us serviran els àpats. Demà se us informarà de quan s'obre el vostre procés. Seguiu-me.
      Va caminar després d'ell, amb les maletes. Li seguien els soldats. Després d'una successió de corredors i escales, l’home es va aturar davant d'una porta, que va obrir:
      —És aquí.
      Va entrar. Va sentir la porta tancar-se, seguida d'un parell de voltes de clau. Un calfred li va recorre l’esquena.
      Tres setmanes després, entrava de nou en aquesta estança. Venia de l'última vista del procés. Estava pàl·lid, desencaixat. Fills de mala mare, va murmurar quan van tancar la porta. Es va ensorrar a la cadira. L’havien amenaçat amb la tortura. Si no es retractava. Li havien ensenyat els ferros, algún tenia sang seca. Va agafar el gerro, va intentar tirar aigua al got. La va vessar per tota la taula, les seves mans tremolaven incontenibles. Va beure, es va sentir una mica millor. «Si col·labora el tractarem bé, però si no ...» les paraules del president del tribunal ressonaven al seu cap, obsessives. Demà era la nova vista; agònic, cercava la decisió menys dolenta. La porta es va obrir, li portaven el sopar. «N-no prendré r-res» va respondre, no va reconèixer la seva pròpia veu ara ronca i tartamuda. Fills de mala mare, es va repetir a si mateix. S'havia de retractar que els astres giressin al voltant del Sol com baldufes? Si ho podia veure qualsevol amb el telescopi. Però això no els importava als cardenals, només els interessava controlar el pensament per mantenir el poder. Tenia sentit sostenir? Fins que no es retractés hi hauria tortura. Segur. Una parpella saltava anàrquica, la va subjectar amb una tremolosa mà. Quedaven tants problemes per desllorigar... Podria estudiar-los si no el destrossaven. Però retractar-se era trair-se! Com quedaria davant dels seus iguals, enfront dels seus deixebles? Tenia alguna opció? Digués el que digués els astres seguirien movent-se igual, els cardenals no els controlaven. Potser un altre astrònom, anys més tard, ho descobrirìa...
      A finals de Juny, Galileo Galilei va ser condemnat a presó perpètua. Després de retractar-se, el Papa la va commutar per arrest domiciliari de per vida. Corria l'any del Senyor de 1633.

      Dimarts

      Dimarts

      “Here comes Johnny singing oldies, goldies, Be-Bop-A-Lula babe what I say...”. Ah, com m’agraden els Dire Straits, són perfectes per caminar a la feina i començar bé el dia. Avui no plou, i això a Oxford sempre és motiu d’alegria. Tampoc fa sol, però segur que cap al migdia el veurem una estona i podrem sortir a dinar a la terrassa.

      - Bon dia, Jep! –em saluda una noia mentre em passa pel costat en bici.
      - Ei, bon dia Susan! –contesto, somrient.

      Anar al laboratori caminant és un plaer. Més que anar a la feina, és com fer un petit passeig matutí entre els majestuosos edificis que allotgen la majoria de Colleges i laboratoris de la Universitat i que alhora amaguen jardins que són petits oasis de tranquil·litat. I mentre camines, penses i t'organitzes el dia, i al teu voltant els murs traspuen història i et xopen la imaginació d’aventures i descobriments d’altres èpoques. “He do the walk... he do the walk of life...”. Encara cantant, arribo a l’Institut on treballo des de fa tres anys. Pujo els quatre esglaons que em separen de la porta i acosto la banda magnètica al petit panell a l’esquerra de la porta. Avui és dimarts, i entre setmana no he d’introduir el codi de seguretat. El panell em saluda amb un blip i un parpelleig de llum verda, i tot seguit la porta s’obra cap enfora automàticament. Pujo l’escala de cargol fins el segon pis tot xiulant la part final de la cançó. Entro a un gran rebedor emmoquetat i giro a mà esquerra, cap a la sala on tenim els despatxos. Deixo la meva bandolera a la taula i en trec el portàtil, l’encenc i el connecto a la pantalla gran que tinc a la taula. Com que sé que també li costa despertar-se, agafo la tassa del costat de la pantalla i em dirigeixo a la cuina per fer-me un cafè.

      Mentre netejo la tassa el meu cervell ja maquina i dóna voltes a les coses que tinc per fer. "Potser enlloc de fer més experiments avui m’hauria de posar seriosament a acabar l’anàlisi de dades". S’han acabat les càpsules del cafè de Brasil, però veig que hi ha una caixa nova amb les de Guatemala. N’agafo una i premo el botó de cafè llarg. "I també ens hauríem d’asseure amb l’Alex i començar a perfilar l’article". Obro la nevera i agafo el pot de llet, n’aboco tres dits al cafè acabat de fer, hi afegeixo dos terrossos de sucre, i poso la tassa a escalfar al microones. No hi ha res pitjor que el cafè tebi. "Ostres, i l’home del servei de seqüenciació genòmica no m’ha contestat. Serà millor que li escrigui ara mateix, que ja fa una setmana que m’hauria d’haver enviat els resultats i realment necessito saber quina és la mutació que fa que les mosques caiguin adormides. Podria ser la confirmació del que fa temps que sospitem". Agafo la tassa del microones i me’n torno cap al meu escriptori. Saludo la Susan, que baixa les escales cap als laboratoris, al primer pis, i que em fa hola amb la mà, quan de sobte gira cent-vuitanta graus i desfà les escales baixades.

      - Jep! Què tal? –pregunta amb un somriure ullerós.
      - Bé, i tu? Fas cara de cansada. –dic, mentre faig un glop al cafè.
      - Sí, no ens ha deixat dormir, avui, la criatura. Fa setmanes que no dormo més de 4 hores seguides... Escolta, sabeu ja quin és el canal iònic que heu descobert?
      - Doncs no... tot just ara anava a enviar un correu per fer pressió als del servei de seqüenciació, que sembla que estiguin de vacances... –en sentir això, la Susan riu.
      - Sembla mentida que després de tres anys aquí encara no sàpigues que els correus no serveixen de res amb aquesta gent. Si vols fer pressió de debò, planta’t a la seva oficina i demana’ls els resultats en mà! Segur que els tenen impresos sobre la taula. I quan tinguis els resultats, si el canal no té nom crec que li hauries de posar “Mr. Sandman”!
      - Mr. Sandman? Com la cançó? –m’exclamo, sense poder contenir una riallada–. Ostres tu, mai se m’hauria acudit!
      - És perfecte! Una proteïna que si deixa de funcionar fa que les mosques caiguin en un son profund? Au, va, es mereix un nom com cal!
      - Tens tota la raó... –responc, mig capficat.

      Mentre ella se’n torna escales avall, jo em dirigeixo a la meva taula. Deixo el cafè al costat del teclat i obro el correu electrònic. "Si no em contesta abans de dinar, m’hi presento en persona". Al cap i a la fi, la Susan té raó. "Mr. Sandman. M’agrada". Somric, faig un glop al cafè i començo a escriure.

      El Complot dels Elements

      El Complot dels Elements

      L’ ésser humà acabaria descobrint-los a tots! Els elements n’eren ben conscients de la seva situació crítica, ja no quedaven amagatalls on evitar ser descoberts. El temps s’acabava i no hi havia volta enrere!

      Feia uns 14.000 milions d’anys la gran explosió, el conegut “Big Bang”, havia creat l’univers. Passats només tres minuts, la sopa còsmica ja s’havia refredat prou per permetre els primers processos de nucleosíntesi que, uns anys després, formarien els primers àtoms d’hidrogen (H) i d’heli (He). Sí, ells havien estat els primers, això no ho podia discutir ningú! Eren els fundadors del club més exclusiu de l’univers i, per tant, es consideraven responsables de l’alarmant situació actual però... anem a pams!

      Dos elements i tota una eternitat! Avorrits de conviure sols en una mena de paradís universal, dissenyaren entre els dos un pla per produir nous companys en els estels: els processos de fusió nuclear! Com més serem, més riurem! L’arribada dels nouvinguts, cada vegada més complexos i sofisticats, va posar fi a la seva solitud: el liti (Li), el beril•li (Be), el bor (B)... anaren apareixent fins que, amb l’arribada del ferro (Fe), tothom es va donar per satisfet: ja n’eren 26!

      El pla havia estat tot un èxit, però malauradament va tenir conseqüències no desitjades... L’enorme gravetat d’uns estels tan massius no va poder ser compensada per unes reaccions nuclears cada vegada més endotèrmiques i els estels es van col•lapsar, explotant com supernoves fent aparèixer de cop 66 elements nous! Potser s’havien passat, n’eren 92 i ben diversos! Des del lleugeríssim hidrogen (H), pare de tots els elements; passant per l’inestable tecneci (Tc), el bell or (Au) i el pesat plom (Pb), fins a arribar al radioactiu urani (U), el més gran de tots!... Calia posar ordre!

      Reunits en assemblea, decidiren que ja no els calia ningú més! Les discussions, llargues i intenses, van portar finalment a un acord! La creació d’una franja d’inestabilitat nuclear impediria la formació de nous elements i si algú en el futur, intentava crear-ne de nous desistiria, en veure com l’element creat es desintegrava espontàniament! Les modificacions produïdes en les lleis d’estabilitat nuclears tenien però un gran risc: si s’arribava a l’element 120 les conseqüències serien catastròfiques!

      Una zona de seguretat tan ampla els va retornar la tranquil•litat i van començar a combinar-se entre ells formant compostos, alguns formaven parelles tradicionals H2, N2, O2... o trios com l’O3 però, sens dubte, el més agosarat de tots va ser el carboni (C) qui va demostrar una gran vida social formant llargues cadenes gairebé infinites mentre que d’altres, com els gasos nobles, van preferir dedicar-se a una vida més solitària i contemplativa.

      Tot canviava al seu voltant però, ells, els 92 elements, eren els amos i senyors immutables de l’univers... i així va ser fins que, molts anys després, amb la formació del Sistema Solar i l’aparició posterior dels primers homínids sobre el planeta Terra tot es va complicar: mai una espècie animal havia evolucionat de manera tan sorprenent, des dels primers espècimens d’Australopitecs fins a l’actual Homo Sapiens! Els elements, veien perillar el seu anonimat... Seria l’ésser humà, amb la seva ànsia de coneixement, qui posaria en perill el seu pacte?

      Els primers en ser descoberts, fruit de les seves imprudències, van ser el ferro (Fe), el coure (Cu), el carboni (C), el sofre (S), l’argent (Ag), l’or (Au), el mercuri (Hg), l’estany (Sn), l’antimoni (Sb) i el plom (Pb)... feia d’això tant temps que cap d'ells en sabia la data exacta! L’hidrogen (H), com a degà i president vitalici, els va recordar les terribles conseqüències què patirien si descobrien la seva naturalesa i s’arribava a sintetitzar l’element 120! Tots els elements, conscients del perill, es van conjurar a amagar la seva identitat i no deixar-se descobrir mai...

      Augmentant les mesures d’autoprotecció personal, l’ésser humà no va descobrir cap nou element fins l’any 1669, quan l’alemany Brand va descobrir el fòsfor (P), concentrant residus d’orina, iniciant així una cacera implacable que en només 200 anys va aconseguir desemmascarar la identitat de 53 elements nous.Lluny d’aturar-se el procés s’havia accelerat en els darrers temps, descobrint-los a tots un rere l’altre i quan l’any 1937, els italians Perrier i Segrè aconseguiren sintetitzar el darrer element, el més fugitiu de tots: l’inestable tecneci (Tc)... van saltar totes les alarmes, s’havia arribat a l’inici de la franja de seguretat dissenyada com a protecció del darrer element!

      Ara, l’any 2017, segons els darrers rumors, els científics acabaven de sintetitzar l’element 119 i el final s’apropava. Res impediria el descobriment del gran secret i el complot dels elements arribaria a la seva fi. L’única incertesa era saber quan tindria lloc l’apocalipsi perquè, amb el descobriment de l’element 120, es produiria una nova gran explosió, un nou “Big Bang” i tot començaria de nou!

      El meu gos Dick

      El meu gos Dick

      Al parc més gran de la meva ciutat es trenca el silenci amb els meus crits desesperats:
      - Dick! Dick! Vine, Dick!
      No hi ha pràcticament ningú a aquestes hores de la nit. Però mentre corro i crido, veig a una dona i em dirigeixo a ella.
      - Perdoni – li dic esbufegant. No ha vist un gos d’estatura mitjana que anava tot sol? És de raça semblant a un pastor alemany.
      - No – respon la dona amb sorpresa i prudència.
      - Se m'ha escapat de casa i he vist que s’acostava cap aquí. Però l’he perdut la pista. No porta cap placa d’identificació, ni corretja, ni res – dic donant-li explicacions
      - Doncs no l’he vist.
      I després d'una pausa, aprofitant que jo estava recuperant l'alè, afegeix la dona:
      - Tampoc l’he sentit. Perquè amb el silenci que hi ha, de ben segur que l’hagués sentit. Però no es preocupi que estaré a l’aguait. Els gossos em donen una mica de por, nogensmenys, si el veig trucaré a la policia.
      - Gràcies! Ja m’haurà sentit cridar-lo. Respon al nom de Dick.
      - Dick! Dick! – segueixo corrents i cridant.
      A cada persona de les tres o quatre que m'he anat trobant els pregunto el mateix i, malauradament, responen més o menys el mateix que la primera dona. Així que, tot i que m’atanso cap a casa, segueixo buscant el Dick. Vull fer uns cartells on oferiré una gratificació a qui el trobi, i aniré enganxant-los als arbres i fanals del voltant.
      Quan arribo a casa, truco per telèfon a uns quants amics i els comento la història per si el veuen pels seus respectius barris. Estranyament, tots em comenten que no sabien que tenia un gos. Potser no els hi havia comentat mai. I, és clar, no saben com és. Així que busco fotos a l'ordinador per posar-les al cartell però estic tan nerviós que no en trobo cap que aparegui el Dick.
      Mentrestant, arriba la meva dona a casa i quan l'hi estic explicant es queda bocabadada, sense dir res, amb els ulls humits mirant-me fixament, i amb les celles i el nas arrufats. Al cap d'una bona estona d'haver acabat l'explicació, reacciona i em diu:
      - No m'espantis, amor meu! – em diu mentre m’abraça. No comencis amb les teves ximpleries – diu en to calmat i maternal.
      - No són ximpleries! Se m'ha escapat i ha estat culpa meva – li dic una mica alterat. Però ara el que hem de fer és trobar-lo per qualsevol mitjà. Estic intentant fer un cartell però no trobo cap foto del Dick.
      - M'estàs espantant! Nosaltres no tenim ni hem tingut mai cap gos!
      -Però, com que no? – li dic exaltat. Dick! Que me’l vas regalar pel meu aniversari de fa quatre anys. Amb qui hem anat de viatge, hem passejat pel camp, el passegem diverses vegades al dia i dorm amb nosaltres al llit. Aquest gos!
      Em giro i vaig a buscar la seva corretja, el seu collaret i alguna joguina per quan el trobi.
      - Agafaré la pilota rosa de tennis que tant li agrada i el vaig a buscar – li dic a la meva dona
      Després de buscar totes les coses del gos i no trobar cap, decideixo sortir a buscar-lo. Però des d’aquesta discussió vaig rumiant per què ningú no m'ajuda i m’intenten amagar tot el que és del Dick. Com si mai hagués existit. La meva dona sempre em diu que quan tingui l’Alzheimer no se’n adonarà perquè sempre m’oblido de les coses. Però és a l’inrevés, perquè malgrat que és veritat que sóc molt despistat, sóc jo qui recordo tot i d’altres se’n obliden.
      Un cop al carrer i com en altres ocasions, la meva dona em segueix a una certa distància i jo faig veure que no me’n adono. Suposo que és la seva forma de ajudar-me a buscar el Dick i s’ho agraeixo moltíssim. Però es fa acompanyar pels metges de sempre que, segurament, l’endemà em faran moltes preguntes. I això em fa la guitza, ja que sovint l’he sentit que deia que la ciència no avança amb prou rapidesa i no m’ho trobaran a temps.
      No sé que m’han de trobar, però jo el que vull és trobar el Dick. Tot i que em fa l'efecte que ja no el trobaré mai més. Que haurà desaparegut per sempre.

      El naturalista

      El naturalista

      Quan va sortir a coberta, el sol l’enlluernà. L’olor persistent a salobre, barrejat amb el vent que bufava de llevant, li omplí els pulmons. Encara que estava mig sord de l’últim brot de schorbuyck, que patí recentment, va poder escoltar el crit de les gavines que venien a tafanejar a la recerca de carronya.
      Acostumant-se a la claredat del dia, va tornar a veure aquella illa. En John estava fastiguejat. Altre cop aquella illa. Ja feia dues setmanes que el patró va donar l’ordre d’alto en el recorregut que els portava arreu del món. Dues setmanes varats, i el que era pitjor, la previsió de llevar l’àncora i salpar del lloc no s’endevinava gaire propera. Feia més de 4 anys que no veia Woolwich, on la seva dona l’esperava i on la seva filla era a punt de contraure matrimoni amb el fill del senyor Brown. Si les coses seguien així no podria assistir a les núpcies. I tot per culpa del naturalista.
      Estava avesat a les excentricitats dels viatgers que portava el vaixell on estava enrolat,. Ara a l‘HMS Beagle, bergantí de la Marina de Sa Majestat. Mariner de tota la vida, havia cregut que un vaixell destinat a la hidrografia, seria un alleujament, després d’anys de patir la feina feixuga de l’ofici. Res més allunyat de la realitat. En John ja havia participat en l’accidentat primer viatge del vaixell, anys enrere, on s’hi havia enrolat, a la seva ciutat natal i a les ordres del comandant King. Havia viscut les penúries de la mar, el perill de la verola i l’incident que va desencadenar la designació del patró actual, el tinent Fitz-Roy.
      “Mal llamp!”, va renegar. Preferiria veure’s a glops l’aigua salada de la mar, que romandre un dia més en aquelles costes. Era habitual que el vaixell es desviés del rumb fins illes recòndites, pel menester d’algun cartògraf de traçar alguna línia més en algun del seus mapes. Aquestes incidències es resolien amb rapidesa. Com a molt, dues jornades de més si el vent no era propici. Però, aquella aturada semblava no tenir fi.
      El naturalista s’embarcava en un bot de bon matí, acompanyat per alguns dels mariners, i vogava vers a l’illa. Un cop allí, es dedicava a fer les coses més inversemblants. En John ja havia pogut observar la conducta erràtica d’aquell home en les últimes amarrades als ports d’Amèrica del Sud. Mentre la resta de la tripulació gaudia d’un merescut descans, a qualsevol adrogueria en la companyia d’algun espirituós autòcton, ell, defugia i es dedicava a passejar per les rodalies, observant les bestioles a l’abast i descrivint les fulles de les plantes. Coses que pels demés no tenien interès, a no ser que es poguessin destil•lar o aprofitar d’alguna manera. A la Patagònia, fins i tot, va desaparèixer durant 3 mesos, endinsant-se a l’interior d’aquell ermàs. Ens havíem cregut que ja no el tornaríem a veure, però, sorprenentment, va reaparèixer per embarcar-se en el vaixell, un dia abans de la data assenyalada per a salpar. Quan va tornar, se’l veia més endormiscat que de costum, com si hagués emmalaltit a causa d’una malura indígena . Per un temps, ens preocupà que propagués una epidèmia per tot el vaixell. Recordo que vaig remugar i que, amb d’altres camarades, demanà prendre precaucions abans que pugés a bordo. El patró, però, no accedí a les nostres queixes. El viatge del naturalista en el Beagle prosseguiria fins arribar a Anglaterra.
      A l’illa on érem ara ancorats, reblerta de tortugues gegants, es dedicava a fer el mateix. Observava el comportament dels moixons i procurava capturar-ne algun per a observar la forma que tenien els seus becs. I també, la forma de les fulles de les plantes. Tanmateix, classificava els mol•luscs segons el disseny de les seves cloïsses. Quin disbarat! Quan han interessat a algú aquests assumptes! L’HMS Beagle és un vaixell de l’Armada de sa Majestat, que es dedica a la lloable missió de cartografiar el Món. Comparada amb això, la feina del naturalista és irrisòria i mancada de sentit. Des que va embarcar, aquest home sempre ha anat en surada, no comprenc com el patró va accedir en incloure’l en aquest viatge tant llarg. Tinc entès que vol fer-se un home de renom en la Societat Geològica de Londres.
      Ja se’n pot oblidar, senyor Darwin, a ningú dels intel•lectuals de la Royal Academy li pot interessar aquests estudi absurd que vostè fa. No cal que s’hi esforci. No crec que ningú recordi el seu nom, ni el seu viatge en aquest vaixell. Ja és hora de tornar a casa.

      El Rescat

      El Rescat

      Andreu es despertà desorientat dins d’una cambra obscura i humida. No sabia des de quan estava allí ni com hi havia arribat. No se’n recordava de res. L’haurien segrestat? No deuria de fer molt de temps que estava allí tancat perquè es trobava bé, un poc desorientat però sense fam ni set. No pareixia haver patit cap lesió. Es mirà els peus i les mans, podia menejar els braços i les cames, no tenia res trencat. No tenia tampoc cap dolor, però es va adonar que estava nu. Li havien tret la roba i no li havien deixat cap manta o llençol per a cobrir-se les vergonyes. Tampoc tenia cap banqueta ni llit en l’habitació, però clar, tampoc cabria dins d’aquella cambra, que era tan estreta que podia tocar les parets amb només estirar els braços. No hi havia porta, només l'envoltaven parets. Les parets no eren gens fredes. Al contrari, eren d’un teixit suau, càlides, com si volgueren animar-lo a quedar-se tancat durant un temps indefinit.

      Malgrat això, ell no es deixava entabanar. Volia eixir d'allí quant més prompte millor. Es més, sentia que les parets se li tiraven al damunt, cada vegada hi havia menys espai. No sabia quant de temps més podria suportar-ho. Rondant-li estos pensaments, li entrà una desmesurada ansietat i començà a colpejar les parets. El teixit era encoixinat i absorbia els impactes dels punys i les puntellades. També intentà alçar la veu, cridar i demanar ajuda, però cap soroll pareixia travessar aquelles estranyes parets.

      De sobte, escoltà veus que provenien de fora de l'habitació. Aleshores, va decidir quedar-se quiet i callat per tal d'escoltar les veus. Per desgràcia, les veus arribaven molt difuses i no comprenia el que deien. Estarien parlant d'ell? Hauria de descobrir-ho si volia traure informació per a poder eixir. Si podia parlar amb els seus captors, podria negociar la seua alliberació. Però, què podria ell oferir? No tenia res, no podia oferir diners, ni propietats. Mentrestant, les veus callaven i tornaven a començar de tant en tant, però no pareixia que estigueren interessades en parlar amb ell.

      El desànim creixia dins d'ell. Les hores passaven i res canviava. Ell seguia allí tancat i ningú volia parlar amb ell, explicar-li què feia allí dins i perquè l'havien tancat. Per molt que s'esforçara, no aconseguia recordar què havia fet per merèixer aquell càstig. El cap el traïa i hi havia moments que plorava desconsolat. De vegades la desesperació era tan gran que espentava les parets amb totes les seues forces, colpejava amb els punys, els peus i, fins i tot, el cap, però cap tècnica era suficient. Desconsolat, va decidir rendir-se i deixar passar el temps fins que el destí li explicara què tenia preparat per a ell.

      No va saber si havien passat hores o dies, però de sobte va escoltar una cosa que li cridà l’atenció. Les veus de fora el cridaven. Si més no, estaven parlant d’ell. Reconeixia les veus, parlaven amb un to tendre, eren les persones que havia estat escoltant tant de temps fora de l’habitació, que mai li havien volgut escoltar, però que ara li resultaven tan familiars. Això no era tot, hi havia més gent amb ells, persones que no reconeixia. Començà a posar-se nerviós. Què estaria passant? Anaven a ajudar-lo? Malgrat tots els esforços que havia fet durant tot este temps, no havia aconseguit eixir. Podria ser ara l’oportunitat de la seua vida? Calia intentar-ho.

      S’omplí de valor i, sense perdre ni un segon, espentà amb totes les seues forces la paret. Bé perquè tenia una esperança renovada per eixir o perquè confiava en que les noves persones estaven allí per a ajudar-lo a eixir, va vore amb sorpresa que la paret cedia. Amb més il·lusió si cap, tornà a espentar amb més força encara i va descobrir que la paret s’obria davant d’ell.

      Un fil de llum inundava la cambra i casi el cegava quan li queia sobre els ulls. L’esforç era molt gran i no sabia si podria seguir endavant. Aleshores escoltà una de les veus que havien vingut a ajudar-lo. “Espenta! Espenta més fort!” Estes paraules l’animaren a seguir. En eixe moment va decidir emprar totes les energies que li quedaven per a eixir d'allí. Ficà el cap per l’obertura, la forta llum l'obligà a tancar els ulls. Tragué el braç esquerre i intentà agafar alguna cosa de la que estirar per tal d'eixir d'allí. Ja no hi havia marxa enrere. Anava a ser lliure per fi.

      En eixe mateix moment, unes mans fredes li agarraren el cap i estiraren d'ell. Isqué de colp. El trauma ja havia passat. Ja era lliure. No va poder evitar l’emoció i trencà a plorar. Mentre plorava alleujat i feliç, no va escoltar aquella veu que deia: “Enhorabona, es un nen.”

      EMPATIA REFORÇADA

      EMPATIA REFORÇADA

      EMPATIA REFORÇADA

      ─Maria, et presento la nova minyona: ER-10! ─va dir l’Eduard, amb èmfasi, després que els transportistes la traguessin de la seva caixa i li activessin els circuits.
      ─Bon dia, senyora ─va dir aquesta amb un somriure.
      La dona se la va mirar amb desconfiança. Aquella robot domèstica era molt hominoide: de la seva mateixa alçada, ulls clars, cabells foscos i una expressió exageradament simpàtica al rostre. Sabia que el marit estava buscant-li una ajuda per a la casa, més que res perquè li fes companyia, sobretot d’ençà que el ginecòleg li havia confirmat la mala qualitat del seus òvuls i, al final, havien decidit no optar per una fecundació “in vitro” amb òvuls aliens.
      ─És un model molt avançat ─continuà ell, que era un executiu d’alt nivell i guanyava molts diners─, especialment dissenyat per ajudar dones que es trobin ensopides, com tu. Té l’empatia reforçada, d’aquí l’ER, i la pots considerar com una amiga de confiança en tot el que precisis. Ha estat carregada amb informacions detallades de la teva personalitat, i no farà res que a tu et desagradi.
      La Maria, que de més jove havia estat model, era una dona molt atractiva i a vegades pensava que, després d’haver signat el Contracte de Matrimoni Indefinit, li havien anat retallant les ales. Per això s’ho va prendre inicialment amb calma, si bé, un cop transcorregut un breu període de reticències, va acabar acceptant ER-10 com un membre més de la família.
      Deixant a part les feines més quotidianes de neteja de la llar, ho compartien tot: cuinar, cuidar del jardí, passejar, jugar a escacs o a altres jocs de taula i llegir. Bé, en realitat era la robot la que li llegia llibres tot sovint, amb aquella veu lleugerament vellutada, mentre ella s’estirava al sofà de la sala i es relaxava. ER també l’escoltava quan ella sentia la necessitat de confessar els seus pensaments més íntims, sobretot després que el marit va començar a arribar a casa més tard del que era habitual, i es mostrava menys interessat en anar al llit a la mateixa hora que ella.
      Quan la Maria va trobar probes contundents de l’adulteri, com la clau d’un apartament desconegut, factures de joies que ella no havia rebut mai, taques de carmí a la camisa... va ensorrar-se. Abraçada a ER-10, plorava amb desesperació, sanglotant el seu dolor. La robot li acariciava el cap amb unes mans de suau plàsti-pell, li donava copets amigables a l’esquena i li deia que tot s’arreglaria, que no patís. I, mentrestant, unes gruixudes llàgrimes li regalimaven dels ulls digitalitzats. Sens dubte els dissenyadors havien cregut que aquella funció li donava una imatge de més tendresa en el seu tracte amb els humans.
      La Maria va empassar-se el disgust per uns dies, va intentar amagar el que sentia, fins que tot el seu despit va esclatar durant un sopar. L’Eduard intentava dissimular i, en principi, va negar les acusacions però, a mesura que ella insistia en els fets i aixecava la veu, ell anava irritant-se fins que, donant un fort cop de puny a la taula, es va desfogar:
      ─Prou! Estic a casa meva i no puc acceptar que m’escridassis com si fos un criat!
      Ella, desesperada per la violenta situació i plorant, va llançar el seu plat ple de menjar cap al marit que, descontrolat, va aixecar-se de sobte i va començar a bufetejar-la amb ràbia. Aleshores tot va passar molt de pressa; mentre la Maria cridava de dolor, el poderós braç motoritzat de la robot va impactar amb l’esquena de l’Eduard, que va sortit disparat i va xocar contra la paret, per acabar relliscant per ella fins que el cap se li va esclafar en el cantell de marbre d’un moble auxiliar. L’home va caure a terra com un sac i no es bellugava gens, mentre una escandalosa taca de sang creixia sense aturador al seu costat.
      La Maria va deixar de cridar i mirava, amb ulls desorbitats, el cos mort del seu marit. Després va girar la mirada aterrida cap a ER-10, que estava paralitzada, els braç culpable immobilitzat en l’aire i una expressió petrificada i buida, fins que es va desplomar a terra, amb tots els circuits positrónics curt circuitats sense remei pel que havia fet.
      Sens dubte els enginyers robòtics tindrien molta feina en esbrinar com una simple programació addicional, pensada per reforçar l’empatia d’aquell robot domèstic, havia estat capaç de superar totes les proteccions implantades al seu cervell artificial perquè mai, MAI, pogués fer mal a un ésser humà.

      Jordi Badia

      Fabricant una estrela

      Fabricant una estrela

      El capitalisme havia fugit cap al espai. La fam malaltissa per recursos naturals havia espitjat als inversors cap a la aventura de convertir el sistema solar en l'oceà i els continents a traves dels quals les naus nodririen l'industria terrestre. Desde aigua fins metalls, tot lo rentable es recollit. La humanitat havia abandonat la cuna per pura necesitat. Les idees romàntiques de la conquesta de noves fronteres quedaven per a les propagandes que mantenien tranquiles a tantes persones.

      Durant dècades la contracció havia estat imperceptible, però constant. Les zones del planeta que encara disfrutaven de una societat en la que qualsevol, mes o menys, podía consumir, van minvar fins la baixamar, i la civilització que un dia va somiar amb el món, havia descobert lo mateix que incontables imperis abans: el món sempre es mes gran que tú. Dècades de supervivència, d'intentar controlar el colapse de les muralles, havien deixat un punt d'equilibri extremàdament estret.

      I llavors AE ho va canviar tot. Per primera volta en la història de la humanitat una intel·ligència artificial havia recollit informació, i l'havia transformat en una nova visió del univers on vivim.

      Construir un Isaac Newton, o un Albert Einstein, era necesari perque havia massa informació disponible i els científics s'havien especialitzat massa per a que un sol individu formulara en un moment d'inspiració un canvi de paradigma; o almeys eixe era el consens entre la majoria de la comunitat en les últimes dècades. Ja mai seria posible que un sol individu s'alçara com un heroi al damunt d'una ona de descobriments feta per una miriada de genis en els seus camps. Era una moda, fins els mes racionals dels humans son permeables a les modes. AE va contar amb l'ajuda de tot un exercit de científics, ingenyers, experts en IA, tècnics, electricistes, cambrers, fontaners, obrers, ... el lloc on s'albergava AE funcionava gràcies a un incontable nombre de cèlules humanes que conformaven un sistema orgànic que s'extenia mes enllà del propi recinte. La fama se l'havia endut la màquina, pero la pretesa inspiració havia sigut fruit del esforç conjunt d'homenets i donetes que havien dirigit la investigació i garbellat els resultats que anava vomitant la ment electrònica. De fet alguns qüestionaven l'autoria de l'avanç, i es resistien a donar crèdit a la capacitat de les inteligencies artificials de descobrir... massa direcció, remugaven els crítics.

      Però Artificial Einstein, a pesar de no ser autònom (quin humà realment ho és?), o espectacularment inteligent, havia funcionat. A lo millor no era veritat que fora necesaria la intervenció de una inteligencia artificial, però AE ja s'havia fet un lloquet a la història. Havia aportat una nova visió del univers que trencava els parametres amb els que treballaven diariament milions de físics arreu del món, un punt d'inflexió que excita la fantasia de milions a la vista de les posibilitats que obre. Ho havia aconseguit, es veritat, com la majoria de les màquines que el van precedir a traves de la força bruta; la inspiració, la intuició, la fantasia, eren encara conceptes no computables que deixaven als experts mes experts sempre bocabadats i amb un sac ple de carrerons sense sortida si es plantejaven traslladar-los a un software o a un hardware. AE utilitzava el seu múscul, principalment, en l'aplicació de la selecció natural a les equacions matemàtiques, per a triar les que funcionaren dins del corsé amb que el vestien.

      Potser el comité que dirigia la operació havia fet el recull final i havia triat les conclusions que eren realment útils o rellevants, deixant en un caixó tota una escòria de tesis alternatives fetes per AE, i que els crítics senyalaven com a prova de la no inteligencia, però les prediccions quedaven a la vista de tothom per a ser comprovades o rebatudes. La maquineta s'havia atrevit a formular una teoría sobre la matèria i la energía oscures a partir de tota la informació sobre el univers visible amb que l'havien alimentat. Un nou univers havia nascut deixant als Einstein, Bohr, Heissenberg, Faynmann en la taula dels xiquets, on van ser rebuts amb un bufit per Newton i un grapat de Grecs.

      Mentre es construeix un altra màquina que deixe obsoleta a AE, no tot l'univers oscur quedarà revelat quan les seues deduccions hajen sigut desenvolupades, una gran part de lo que tenim davant dels ulls quedarà encara en el territori de lo desconegut. Però la visió quedarà; estem en l'amaneixer de noves tecnologies d'observació; la vida no s'origina en sopes, sino que es una constant en l'univers que necesita només de medis propicis per a collar; La gravetat ja no es tan exigent, la tecnologia de cohets ha quedat obsoleta; construir naus en òrbita ha permés viatjar entre planetes a bord de catedrals, I hem pogut escapar d'una terra consumida per la nostra voracitat.

      guants liles

      guants liles

      estic preparada, estic preparada, estic preparada

      Lisa, para de remugar, no em deixes descansar

      és que estic anguniosa, tinc por de que no ho fem bé

      tranquil.la, portem molts dies preparant-nos, els guants liles han cuidat fins l’últim detall, ja estan ells prou nerviosos per que nosaltres els hi posem més

      Elisa, t’he de confessar una cosa

      què?

      em fa molta por la foscor

      apa, amb que surts tu ara? però si sempre estem a les fosques per que no ens passi res

      si, tens raó, però demà serà diferent, m’imagino sorolls, corrents fortes i potser monstres que ens voldran engolir, no paro de donar voltes.

      és clar, si ets una boleta

      va, no te’n riguis

      si et dic la veritat jo també estic com un flam, és la primera vegada que ens envien a aquest destí, ja sé que estem molt entrenades, hem passat totes les proves, som les escollides!
      te’n recordes quan els guants liles van fer el primer assaig?

      si, i tant, ens van aixafar a totes, qui els ha vist i qui els veu, ara en comptes de guants liles li hauríem de dir guants de seda, ens tracten amb tanta cura que sembla que siguem de cotó fluix
      segur que ells tampoc no poden dormir

      Lisa, vina cap a mi, no ens separarem en tot el camí

      ostres, ja sento la ventosa de la porta de l’incubador, estàs a punt?

      a punt Elisa, intentem passar ben a prop de l’imant i serem les primeres a alliberar la càrrega, ja en tinc ganes, tots aquests factors de creixement que portem a la motxilla em fan pessigolles, els vull deixar anar d’una vegada.

      Lisa, Lisa, estàs bé? em sembla que hem arribat, noto que no ens movem, quin Dragon Khan eh? casi ens fagociten els monstres, ho hem fet molt bé!!!!

      no m’imaginava que el cervell de l’Estela fos així.

      ara ens haurem d’estar aquí uns quants dies, a veure si els pinxets dels factors de creixement són tan espavilats com nosaltres.

      Elisa, estic avorrida, fa un mes que som aquí i no ha passat res interessant, em sembla que els guants liles no l’han encertada

      pobres guants liles, ho havien assajat amb tanta cura, porten anys preparant-nos per a aquesta missió
      ara ens tornaran a enviar al cervell del ratolí i jo allí sempre em marejo, el maleit ratolí no para quiet.

      Lisa, Lisa, no ho notes?

      què?

      L’Estela ha donat la mà als guants liles, l’Estela pot moure la mà!! .

      escolta, escolta, els guant liles li han dit a l’Estela que es diuen Irene i li han explicat que els factors de creixement que nosaltres hem portat fins al cervell han fet molt bona feina vascularitzant la zona afectada per l’ictus que ha deixat a l’Estela sense mobilitat del braç esquerra.

      xoca-la companya! fem un bon equip – Lisa i Elisa - les intrèpides nanocàpsules cerebrals magnètiques!.

      HISTÒRIA D'e

      HISTÒRIA D'e

      Deixeu-me que em presenti: sóc un fermió d’espín mig enter, un leptó de càrrega negativa sencera. Així és com m’han definit els físics, entossudits a escodrinyar-ho tot fins al més mínim detall. Però, vaja, no us deixeu impressionar per aquesta definició tan altisonant, jo segueixo sent un electró dels de tota la vida, una d’aquelles partícules fonamentals de la matèria que us ensenyaven a l’escola. Però, calla!, sembla que tenim visita! Avui tindré un dia tranquil, sense corredisses!
      Les visites de funcionaris europeus al CERN perquè els parli de partícules subatòmiques són un pal —rumiava en Jaume, físic de partícules—. Són part de la meva feina però els visitants no paren de badar, estan molt més pendents dels mòbils que de les meves explicacions. Sort dels panells que tinc preparats al llarg del recorregut que em permeten fer via si veig que passen de mi! Vaig a rebre el grup.
      —Bon dia, senyores i senyors, i benvinguts al CERN. Fins a la primeria del segle XX, es tenia com a un axioma el fet que l’estructura d’un àtom estava composada només per tres partícules subatòmiques: un nucli central format per un nombre igual de protons i de neutrons i el mateix nombre d’electrons orbitant en cercles concèntrics al voltant del nucli. Aquest model es coneixia com l’àtom de Böhr, que va ser el físic danès que així ho va definir...
      Amics, estic presoner en una de les pitjors cambres de tortura que us pugueu imaginar. Aquí els científics s’han entestat a esmicolar-nos tant a mi com als meus companys protons i neutrons. Ens acceleren de manera salvatge dins d’immenses presons d’acer, llòbregues i quilomètriques fins a que xoquem entre nosaltres en unes col·lisions tan extremes que fan feredat i de les quals en sortim molt malparats. A mi, però, encara no m’han aconseguit dividir mai i a fe que ho han intentat sotmetent-me a terribles sessions de suplici allà dins! Però, Xsssst! no ho digueu a ningú!, jo tinc una arma secreta: em comporto de dues formes diferents alhora, com si fos una partícula sòlida o com si fos una ona. A més a més, canvio d’una forma a l’altra quan em rota i això els posa frenètics. Els trec de polleguera a aquests ciència-ferits! Són una colla de il·luminats xafarders!
      Diuen que cerquen les partícules elementals amb les quals estem bastits però això em costa de creure i més quan escolto els noms xarons que els posen cada cop que fan una nova troballa: quarks, leptons, fermions, bosons... Si semblen més uns noms de personatges de conte per a nens que els d’unes partícules fonamentals! Decididament, els hi fa falta algú de lletres que els assessori amb els noms bé per no ser tan carrinclons!
      Estic sempre amb l’ai al cor per si algun dia m’enxampen, però, què voleu que us digui? Encara no ha nascut el saberut científic que sigui capaç d’esberlar-me! Hahahahahaha! (la rialla ressona per tot l’edifici)
      —... Com vostès deuen saber i veuen en aquest panell —continua en Jaume— aquí, al CERN, a Suïssa, hi ha l’accelerador de partícules més gran del món. Amb una circumferència de vint-i-set kilòmetres, els científics podem accelerar les partícules subatòmiques fins a que tenen quasi la velocitat de la llum i podem provocar xocs molt precisos entre elles. Això ens ha permès endinsar-nos al seu interior i trencar l’axioma de l’àtom de Böhr que els he parlat a l’inici. Hem descobert més de vint partícules noves i les hem catalogades segons la seva massa, la seva càrrega o el seu espín, la qual cosa ens ha permès donar a cadascuna un nom específic: encant, estrany, cim, fons, quark, muó, tau,... Això sí, reconec que amb els noms no ens hi hem escarrassat gaire! —conclou, entre rialles.
      (De fons una rialla somorta es barreja amb les rialles dels visitants i en Jaume botzina malhumorat)
      —Altre cop aquell maleït esmunyedís electró i les seves trapelleries, ens està ben bé prenent el pèl als nostres nassos!

      Investigadora de raça

      Investigadora de raça

      La Clara i el Gerard parlen per primera vegada a la cafeteria de la facultat de Biologia. L’euro que ell li ha atansat al cambrer cau dins el cafè. La Clara clissa les mans tremoloses i li dóna la moneda que duia a la butxaca. Cinc minuts després seuen en el racó ombrívol de la cafeteria.
      ―Vull ser investigadora de raça, com Semmelweis ―li vessa a la noia―. Però tinc por de no aconseguir-ho.
      ―Qui és Semmeelweiss? ―s’encurioseix en Gerard esgarrapant-se els texans.
      ―Va deduir que la mort de les dones que parien eren provocades pels metges que venien de fer autòpsies. Sense guants ni punyetes ―la Clara esbatana els ulls―. Els va dir "eh, nanos, renteu-vos les mans abans d’assistir els parts". Va costar que se’l creguessin.
      ―Un paio observador!
      La Clara dubta: ho és, ella? Els bons investigadors han de ser-ho. El Gerard es recargola les mans com si volgués amagar-se els dits. La noia li arrencaria la inquietud dels palmells per descobrir el tresor que guarda.
      ―I a tu, què t’apassiona? ―investiga la Clara.
      Mai li ho havien preguntat. Sense voler-ho, la imatge l’ataca: la tela blanca esgarrapada amb els cabells embullats de la Clara. Si els pintés, seria com acaronar-los. El Gerard treu el paper de la motxilla: sol·licitud d’inscripció per al curs 2017-2018 a l’escola d’art La Massana.
      ―Per què fas Biologia? ―incideix ella.
      ―Potser hauria d’acabar-la; estic a tercer.
      La Clara fa una ganyota. El Gerard respon ensenyant-li la caricatura que du entre els apunts.
      ―És el meu pare ―reconeix el noi―. Biòleg. Investigador en...
      ―Tens màgia a les mans ―he trobat el teu tresor.
      El Gerard les fica a les butxaques. La dibuixaria com ara, amb els dits repicant la taula. La Clara s’imagina que el va a buscar cada tarda a l’escola Massana; només és a dos carrers de casa.

      La Clara espia el Gerard, assegut davant d’ella a la classe de microbiologia. L’esquena esprimatxada la crida. L’abraçaria amb la força que s’ha hagut d’empassar durant cinc setmanes. Ha esperat en va que li proposi de fer un cafè. Amb prou feines la saluda. Almenys, l’ha acceptat al Facebook. Es concentra en la pantalla del portàtil; ha d’escoltar el professor:
      "El primer que va observar els éssers microscòpics va ser Leeuwenhoek, al segle XVII..."
      Minimitza el word per encarar-se amb la fotografia de Semmelweis, a l’escriptori: què hagués fet, ell, en la seva situació?
      "...i Pasteur, 200 anys més tard, va descobrir que hi havia malalties transmeses pels bacteris..."
      El Gerard tecleja el portàtil; palmells petits i dits gruixuts. La Clara els deixaria lliscar per on ell volgués, perquè s’adonés que són preciosos. Les mans de Semmelweis també ho devien ser quan s’hi va clavar el bisturí.
      "...Finalment, Joseph Lister va implementar les tècniques asèptiques als hospitals..."
      La Clara s’alça de cop:
      ―I Semmelweis? Va ser ell el primer, i no Lister!
      Tots la miren com el ramat de xais alertats pel gruny del llop. El Gerard no entén que s’hagi posat vermella: si fos com ella, no s’avergonyiria ni de les mans.
      Se sent rebombori a la classe contigua: hora de plegar. Tothom s’aixeca; la Clara no. Si semmelweis va tallar-se amb el bisturí fet servir en una autòpsia per demostrar que la seva teoria era certa, ella encararà el que calgui. El Gerard surt de la classe. La Clara tanca el portàtil amb un cop sec. Recull la motxilla. Corre rere el Gerard per l’ample passadís. Li toca l’espatlla. Té la boca eixuta. Ell es gira; fa una passa enrere com si l’empenyés la tramuntana.
      ―Gerard, t’he de dir una cosa.
      Ell s’empassa saliva, assenteix.
      ―M’agrades molt; vols dinar amb mi?
      Al Gerard li tremolen els dits a les butxaques.
      ―És que tinc pràctiques...
      ―I demà?
      ―Demà? ―hauria de marxar d’hora perquè...― No puc, Clara.
      ―Per què? ―confosa.
      El Gerard no pot evitar-ho, ella li arrenca les paraules:
      ―Em fas por.
      ―Per què? ―incrèdula.
      ―Ets molt valenta ―i gira cua.
      La Clara no sap si estirar-li els cabells a ell o a ella mateixa. Un cop a casa, rebot la motxilla contra el llit i, ennuegant-se amb les llàgrimes, jura que l’endemà no li permetrà que deixi la conversa a mitges. Semmelweis també va ser valent; va morir de la infecció provocada pel bisturí.
      El Gerard no torna a classe ni l’endemà ni el mes següent. Al Facebook, la Clara el veu al costat d’un quadre fet de cabells esbullats; porta una samarreta de La Massana. De fet, l’escola d’art és a prop de casa seva. La cremor li escala el pit; Semmelweis va suar molt. En això consisteix, ser investigadora de raça? Surt decidida de casa i conclou, sense dubtes, que ja ho és.

      L'ILLA VERDA

      L'ILLA VERDA

      Ja ha de faltar poc, ja ha passat el pitjor vaig pensar per a mi mateix. Acotxo a la meva família que ara dormia aprofitant la calma regnant i escodrinyi ansiós l'horitzó. Enrere van quedar aquelles terribles muntanyes d'aigua grisenca i escumosa, onades capaçes d'encongir l'ànima de l'home més valent i que en més d'una ocasió van amenaçar amb fer sotsobrar el nostre vell vaixell. A nosaltres no ens movia el valor sinó la necessitat ja que en realitat fugíem d'una cosa molt pitjor que aquella mar embravida. A les terres conegudes ja no era possible viure: inundacions, sequeres, fam ... I el pitjor de tot, la implacable pujada dels mars!

      El problema del Canvi Climàtic es va agreujar dràsticament a la dècada de 2040. Va ser llavors quan la variabilitat natural va conjuminar la seva fase més càlida a l'escalfament produït pels gasos d'efecte hivernacle amb terribles conseqüències. Les capes de gel flotant que envoltaven l'Antàrtida i que ja estaven afeblides es van fondre en menys de 5 anys. Això va ser desastrós ja que el gel flotant, a més de reflectir la radiació solar limitant l'escalfament regional, també funcionava com una mena de contrafort que frenava el flux cap a l'oceà de les glaceres assentats al continent blanc. Un cop perdut el gel flotant les immenses glaceres antàrtiques es van precipitar a l'oceà austral a un ritme vertiginós. En menys de 20 anys tot el gel terrestre es va fondre i el nivell del mar va pujar gairebé 60 metres, ¡una catàstrofe!

      La meitat de la població mundial vivia a la costa i, al costat dels milions de desplaçats per sequeres i inundacions, es van veure obligats a emigrar a les terres més altes fugint del desastre. No obstant això, les terres altes ja albergaven una població excessiva i l'arribada d'onades de refugiats climàtics va generar nombroses tensions pels ja limitats recursos. Passar gana va començar a ser alguna cosa comú i el pillatge i els abusos van proliferar per tot arreu. Finalment va esclatar la violència i tot l’ordre i seguretat aconseguits en els segles anteriors es va esfumar en qüestió de dècades. Llavors vaig tenir clar que havíem de fugir, no hi havia futur en aquestes terres castigades. Amb la meva família vam caminar durant dies al llarg de la nova línia costanera fins a trobar aquest vell vaixell que havia quedat encallat en un llit sorrenc durant la baixamar. Llavors vaig tenir una visió, vaig recordar una de les històries que explicava el meu avi sobre un lloc tan remot i agrest que mai va albergar poblacions humanes estables. Em vaig adonar que l'única manera de fugir de tota aquesta bogeria humana era arribar a aquest lloc. Convençuts vam embarcar en el vell vaixell amb les nostres escasses pertinences juntament amb algunes provisions i llavors, esperant l'arribada de la marea alta per a hissar les veles i posar rumb a una nova vida.

      - Muntanyes pare! ¡Muntanyes verdes plenes de vegetació i ocells volant!
      - Per fi hem arribat fill meu. Aquesta és l'illa la qual us vaig parlar. El que va succeir en aquesta immensa illa ho va canviar tot. A les fotos del meu avi científic aquestes terres eren tot gel i roca. Ell m'explicava que només els vents trencaven el silenci infinit de les terres interiors. Ara però l'aigua brolla per tot arreu i la vida ha prosperat aliena a la presència humana. Demà començarem a apilar queviures per l'hivern el qual arribarà en uns mesos. No patiu per la seva arribada, explicava el meu avi que durant la llarga nit hivernal el cel s'il·lumina de manera espectacular amb llampecs de colors.

      L’ARXIU AMADEUS

      L’ARXIU AMADEUS

      Després d’un ben merescut descans, tot el grup es troba al peu de la sala esfèrica situada al costat de la genbibliomarteca. L’accés és fàcil. No és necessiten ni claus especials, ni contrasenyes estranyes, ni reconeixements tàctils.
      És una sala oberta a tothom i centre de recerca universal. Només cal acreditar que són estudiants cosa que fan presentant una credencial que tenen tots els marcians. Aquestes es distingeixen pels colors diferenciats en funció de l’estatus que es tenen dins del planeta.
      - Bones, credencials si us plau- els hi diu un autòmat situat a la porta d’entrada de l’edifici
      Ells les van traient i posant sobre una safata que l’autòmat te subjectada amb una ma. A l’instant es reflecteix un color blavós que es la forma de valida l’acreditació del seus nivells estudiantils.
      - Bon viatge tingueu dins de l’Univers i que trobeu el que cerqueu- els va dient el robot a mida que les van presentant.
      No hi havien estat mai en aquesta secció de l’edifici i mentre van entrant es van quedant bocabadats del que van veient al seu voltant
      - Renoi quines naus!
      - Són les primeres que van viatjar pel món. Algunes són dels terrícoles i d’altres són pròpies del nostre planeta Mart.
      - Oh! Quins aparells més impressionants
      - Amb ells pots viatjar a qualsevol planeta de l’Univers conegut on no.
      Van entrant i agafant lloc al costat d’uns grans finestrals amb vistes a la gran foscor Universal. Als teclats que tenen a sobre de les taules escriuen les paraules relacionades amb l’objectiu del que estan recercant
      “Amadeus, harmonia, terrícoles, emocions, àtoms, comunicació, música, cant, sentiments, copies, vibracions”
      Mentre les memòries dels ordinadors comencen a treballar buscant les paraules que han introduït, ells esperen relaxadament, mirant pels immensos finestrals i deixant-se transportar per la uniformitat del paisatge que podien veure.
      Sobtadament les taules comencen a vibrar per convertir-se en un estat viscos i alhora fluid deixant pas a una conversió transparent del que havia sigut un material sòlid. Després una projecció de llum entre violada i rogenca els deixa quasi en sense veure. Les taules on havien estat els teclats-ordinadors deixant pas a una transparència ombrosa. L’espai ara està al tocar de les seves mans.
      - És com si estiguéssim volant dins d’una nau
      - Quina passada!
      - A l’infinit i més enllà –van dir tots a l’hora
      Davant seu van passant planetes, asteroides i altres materials que van perduts per l´espai. Passen ràpids o lents en funció de com ells els volen percebre.
      - Ep! Anem en compta. Cal que busquem àtoms semblants als que componien a en Amadeus per tal de poder després buscar un terrícola que contingui la mateixa composició. O sia que anem més lents en les lectures d’estructura atòmica
      Així es van passar força estona. Estaven aclaparats i el temps els passava de pressa.
      - Ep! Mireu, mireu aquell material que va per allà a la llunyania jo diria queee...
      - Mireu ràpid pel telemarscopi d’àtoms
      - Siii tens raó sembla que acomplexi quasi tots els requisits que estem buscant
      - Feu-ne una captura ràpida amb els sensors de matèria interna
      - Rapit que no se’ns escapi
      - Fet
      - Ara amb el focus de fixació atòmica
      - Anàlisis ràpid d’estructura i composició hominoide
      - Fet
      “Desapareixent de la visió l’element escollit. Dades recollides en l’arxiu Amadeus”
      - Ostres quin ensurt! I això que ha estat?
      Tan capficats i concentrats estaven que no se n’havien adonat que mentre estaven fent les seves recerques havia entrat la Rona i els havia estat observant en silenci i a la vegada llegint en el teclat on havien introduït les dades de la seva recerca. Ella havia donat l’ordre d’anomenar a l’arxiu Amadeus.
      - Uix! Hola Rona – diuen tots amb cares d’espant
      - He estat jo qui ha donat el nom a l’arxiu
      - Que és el què esteu fent aquí? Quines són les vostres curiositats?
      - Uf! Nosaltres estàvem intentant saber un a mica més dels terrícoles
      - I de la seva manca de comunicació emocional
      - És el que ens vas dir que féssim no?- va intentar camufla la Nira
      - A mi em sembla que em porteu alguna de cap- diu la Rona
      - Nosaltres noooo. Només estem fent la feina que ens vas demanar
      - Bé, bé ja ho anirem veient. Ara ja es hora de marxar, l’Univers reclama el descans de tots els seu membres.
      MIRABUNDA

      La Rosa oblidada

      La Rosa oblidada

      Els premis són pel als vius, el reconeixement per als homes. Era una tarda plujosa aquella de 1962 i unes llàgrimes d’aigua regalimaven sobre un epitafi que intentava resumir una curta però intensa vida dedicada a la ciència: “La seva investigació i els seus descobriments en matèria de virus queden com un benefici a la humanitat”. Cap referència al seu més gran descobriment, pel qual en aquell mateix moment tres homes s’enduien la glòria amb un premi Nobel.

      Una noia jove en un laboratori no era un fet freqüent, ni tampoc ben rebut per tothom. Ella treballava dia i nit amb aquell defractor de raig , n’havia arribat a ser tota una experta. Havia deixat Cambridge després d’una exitosa formació en química i havia viatjat fins París per treballar en un dels laboratoris més prestigiosos del país. EL seu objectiu: resoldre un dels majors misteris de la ciència en aquells temps, el secret de la vida, l’estructura de l’ADN.
      - Et veig molt concentrada Rosalind, sembla que siguis a un altre món- ja tornava a ser allí, aquell home descarat i sempre inoportú.
      - Ho estava, però tu sempre estàs disposat a trencar el silenci, veritat Wiklins?
      - Silenci? Si aquesta maquineta fa més soroll que un tractor, no serà perillosa veritat? – va dir fent broma i apartant-se fingint terror.
      - Aquí la única perillosa seré jo si no em deixes treballar. Que no tens feina tu? – va dir ella ja de mal humor.
      - Sempre és més divertit veure una noia maca jugant amb raig X.
      Tornava a mofar-se, una tàctica molt poc efectiva per seduir una dona, però ella ja no l’escoltava. Tenia a la mà la fotografia que acabava d’extreure de l’aparell, la 51, un seguit de taques borroses que formaven una X. Les mans li van començar a tremolar, i després les cames, va seure al tamboret sense apartar uns ulls com a plats d’aquella meravella.
      - Ei, que m’escoltes? Et dic si vols anar a ballar aquesta nit, t’invito a una copa.
      - Ho tinc, la doble hèlix – ho va pronunciar en veu baixa, encara amb por que no fos real.
      - Que dius? – a ell li va costar un moment retornar tota la sang al cervell per entendre el que li deia.
      - Hem fotografiat l’estructura de l’ADN! On és el Gosling? L’he d’avisar! – Ara ja cridava arrossegada per l’eufòria al mateix temps que sortia corrent a buscar el seu alumne.
      Ni tan sols l’havia escoltat, ja estava fart, portava mesos intentant tenir una cita amb aquella noia, però ella només tenia temps i ulls per la feina. La ràbia es va apoderar d’ell. Li faria pagar, recuperaria el seu honor i el seu orgull. Aquella nit Wilkins entrava al despatx de la dona a la que ara detestava. La fotografia estava sobre la taula, era massa fàcil. La va guardar a la seva maleta i va marxar amb un somriure fosc a la cara. L’endemà a primera hora ja tornava a ser al seu lloc, ningú l’havia trobat a faltar, però el mal ja estava fet. Aquell institut no era l’únic que buscava la composició de l’ADN, i ara els seus competidors tenien la clau per resoldre el problema. Watson i Circk no van trigar a publicar un article amb l’estructura química de l’ADN, mai van dir en què s’havien basat i l’article de Rosalind amb la fotografia 51 es va vendre com un fet que recolzava el treball dels primers. Una jugada mestra que fins i tot ella es va empassar. Mai va saber que tot el seu treball havia estat robat ni que amb cada hora passada a aquell laboratori replet de radiació li havia estat robant la vida.
      Rosalind Franklin va morir als 37 anys per un càncer d’ovari. James Watson, Francis Circk i Maurice Wilkins van rebre el premi Novel de Medicina el 1962 quan tothom ja havia oblidat aquella gran científica.

      La veritable història dels fets

      La veritable història dels fets

      Digues-me Ismael, soc periodista i editor de la revista “ciència ara”, encantat. Hòstia, si que ha llegit aquest, almenys no és caçador de balenes. Vaig mirar d’explicar a l’Ismael, entre glops de gintònic amb cogombre, que jo també era físic i que recentment havia trobat una nova funcionalitat a unes nanopartícules magnètiques. Busco històries científiques interessants sobre noves investigacions i potser puc fer que la revista “ciència ara” parli de la teva feina sobre nanopartícules magnètiques.
      Al “Lower East Side” hi anava per oblidar la feina, per veure gent nova i per beure cervesa. Va i em trobo l’Ismael, un físic i periodista, que em proposa un article a la revista “ciència ara”. Mira que odio haver de fer el merda als bars i aconseguir coses d’aquesta manera però la seva revista la llegeix moltíssima gent.
      L’estudi és excel·lent, s’entén molt bé i té ganxo—la revista ciència ara ha decidit que en farà un article. Un expert del tema ho escriurà i nosaltres ho editarem. Encantat, ara si que estic encantat jo, collons. Vaig córrer a dir-ho als meus col·legues i coautors de l’estudi. Entre ells hi havia dos doctorands molt treballadors, el meu antic director de tesi, una professora jueva americana que havia escapat de Hitler i que tenia cent cinquanta o cent seixanta anys i que encara tenia idees brillants i un cara dura de Boston que no havia fet res de res. Els vells, els que pràcticament no havien fet res en aquest estudi, havien participat feia molt de temps en la primera síntesi de nanopartícules magnètiques.
      T’envio una copia de l’article que sortirà demà però no ho comparteixis amb ningú encara. ¿Doncs perquè cony m’ho envies? Havien encarregat l’article a en Bob Illy, que era un vellet excèntric americà que vivia al peu dels Alps i que també havia participat en la primera síntesi de nanopartícules magnètiques fotia 30 anys. En Bob era l’arxienemic del meu antic director de tesi, de la professora brillant i del cara dura de Boston; tots s’atribuïen la primera síntesi de nanopartícules magnètiques i no volien reconèixer la contribució de l’altre—com si a la ciència les coses es descobrissin d’un dia per l’altre.
      En Bob havia acceptat de fer-ho només per poder escriure una línia on s’atribuïa la primera síntesi de nanopartícules magnètiques. Una línia que passaria desapercebuda per tothom menys per tres persones. L’article era correcte i penso que feia justícia a la nostra feina—llevat de la maleïda frase, és clar. Ismael, crec que seria millor si elimineu la frase sobre la primera síntesi de nanopartícules per evitar mals de cap. Els articles a la nostra revista no són pròpiament científics sinó un simple un punt de vista d’autor i no serveixen per donar crèdit als descobriments passats sinó per donar a conèixer el treball actual. Collons, té sentit.
      L’article es publicà l’endemà. En menys d’una hora, la professora jueva parlava d’ofensa i d’escriure immediatament a la revista per demanar una reparació dels fets, el meu antic director de tesi escrivia en temps record un text titulat “la veritable història dels fets” on exposava com havia anat la cronologia del descobriment d’aquella maleïda síntesi, el cara dura de Boston obria la boca per primera vegada només per afegir llenya al foc i els doctorands repetien com cacatues les frases inflamatòries dels seus supervisors.
      No m’ho puc creure, estan sonats? I el nostre treball? Intento apagar el ànims i conciliar. Reunió d’emergència amb tots els coautors. La professora jueva apareix amb dos dels seus col·legues, russos, que també van participar en aquella síntesi. Jo no tinc collons de dir el que penso, ni tampoc d’aixecar-me i fotre el camp, i només els dic que l’article a la revista “ciència ara” és positiu per a nosaltres i sobretot pels més joves que no tenim cap conflicte amb la història, encara. Intento recuperar l’esperit inicial del treball i l’alegria d’haver arribat als resultats que tenim però aconsegueixo només que se m’acusi a mi de ser amic de l’Ismael i de no haver fet prou per aturar aquell desastre.
      Què cony m’estic barallant jo per un frase sobre la primera síntesi. La veritable història diuen—us imagineu Napoleó escrivint la seva pròpia historia? Escric a l’Ismael demanant disculpes per les trucades i correus que segurament rebrà o potser ja ha rebut i me’n vaig a casa, trist i emprenyat.
      Laura, els científics vells només pensen en ells, els doctorands no tenen criteri i l’Ismael podia haver pensat una mica més abans de demanar aquella feina a en Bob i en Bob... Nen, em diu la Laura, trobo que és ben curiós que en aquesta història tu ets l’únic que ho ha fet tot bé.
      Va, anem a fer cerveses al Lower east side.

      Les tres ones

      Les tres ones

      Na Maria, n’Emma i na Júlia, són tres ones completament diferents. Cadascuna es considerava la més forta i ràpida, després de diverses discussions es posaren a prova.
      Acordaren començar amb una prova de velocitat de Mart a Júpiter. En començar la cursa na Maria i n’Emma sortiren disparades a la mateixa velocitat. No pareixia haver-hi cap guanyadora, fins que na Maria decidí fer-li sa punyeta. Utilitzà els seus poders atractius augmentant momentàniament la força gravitatòria terrestre, fent caure n’Emma al mig d’un bosc amb un llampec. Al final n’Emma es reimpulsà des d’allà, arribant un minut després que na Maria, qui s’havia estat mitja hora en arribar. Quant a na Júlia, la pobra no podia propagar-se sense matèria, es quedà parada. S’enfadà tant per la derrota que generà un tro tan fort que mitjpartí Mart impulsant-lo a 4km/s. Tardà quatre anys en arribar.
      Tocava la prova de força. Cadascuna havia d’elegir una lluna(de Júpiter) i treure-la del sistema solar.
      Podeu creure que na Maria intentà tot el que tenia en mans, però la força gravitatòria dels asteroides que voltaven fora del sistema solar no li bastà per impulsar la seva lluna. A na Júlia li anà un poc millor, utilitzà el mateix mètode que a Mart, quedant segona. N’Emma les superà de manera estrepitosa, la seva lluna tenia un nucli metàl·lic que fàcilment pogué impulsar a gran velocitat amb un dels seus camps.
      Na Júlia fou la que quedà pitjor parada. No era gaire ràpida, ni tampoc gaire forta. Així que els va proposar una prova definitiva, un desempat. La que guanyàs seria la millor, la més poderosa. Les seves companyes es confiaren, no creien que na Júlia tengués cap possibilitat així que li deixaren elegir la prova.
      La prova la guanyaria la primera que aconseguís donar vida a algun dels planetes del sistema solar.
      Cap de les seves companyes ho aconseguí. Per moltes voltes que li feren al seu planeta, per molt que l’agitaven, no generaren més que gas carbòni(CO2), els seus planetes s’encalentiren per l’efecte hivernacle i no foren habitables.
      Na Júlia, però, podia controlar la matèria. Va elegir Venus. L’atmosfera era massa pesada i calorosa, així que va decidir reduir-la mitjançant sismes amb els quals introduïa el carbonat càlcic de l’exterior del planeta cap a l’interior del planeta, on reaccionava amb el gas carboni formant calcita. Al final Venus assolí unes temperatures i pressions similars a les terrestres, permetent sublimar-se el vapor d’aigua formant oceans. Milers d’anys més tard, Venus vessava de vida.

      Pols d'estels

      Pols d'estels

      Les sondes, com pètals caient, es tornen roges en l´horitzó d’esdeveniments del supermassiu forat negre. Atrapades en l’eternitat, s’enfonsen en les profundes foscúries per desaparèixer com espurnes a les brases. Abans, però, llencen a l’espai missatges com nàufrags desesperats. «El centre de la Via Làctia...», pensen els hereus generacionals dels tripulants de l’Argo II. De les sondes moribundes els hi arriba, als ordinadors de la nau, informació desbordant. En temps pretèrits, aquell viatge hagués estat una utopia; ara es transforma en una realitat inqüestionable.

      Des de la distància, els viatgers siderals observen, reverencials, la imponent superfície esfèrica del radi gravitacional; envolta, com els exèrcits de paladins al seu rei, l’horror còsmic. La mateixa llum mor allà, igual que els vells elefants als seus cementiris llegendaris. Mentre, els minuts i la incertesa s’adhereixen a la pell. Tothom sap que només hi ha una oportunitat —boja i suïcida, a través de l’efecte del túnel quàntic—, de creuar l’espaitemps. Una... Tot per tornar a una llar on no queda ningú dels que van veure marxar la nau ni cap de l’Argo II que retingui records. Són fills dels pàries d’un planeta blau que va esdevenir carbó, enviats a un perillós viatge per desempallegar-se de la brutícia. No obstant això, l’esperit explorador de l’ésser humà és insistent i sempre ha fet el possible per aplacar els seus anhels.

      Verinosa, dècada a dècada, la paraula Terra ha contaminat la sang dels navegants de la nostàlgia pel bressol de la vida. La nau, una llauna rovellada a la deriva, els ha oprimit l’alegria. Desitgen, abans de tornar-se pols d’estels, viure la natura, no artificioses mentides. En la llarga exploració espacial no han trobat planetes o llunes segures per tornar a començar, així que necessiten amb urgència assaborir els vents, tastar la terra, acariciar l’aigua, escoltar els càntics del dia i la nit, fer l’amor amb els ulls tancats als murmuris dels arbres... Morir, despullats, a cel obert. Abans, però, han de fer un salt de fe per creuar l’hipotètic forat de cuc del cau negre, embornal de l’Univers.

      L’aerodinàmica Argo II, amb la gegantina vela solar desplegada, plantada en mig del no-res amb la seva tripulació, desafia el que és inexorable: un David contra un Goliat. I el duel no trigarà a lliurar-se.

      De sobte, els altaveus s’activen i una alarma intermitent es propaga per la nau. El comandament de l’Argo II ha decidit que la tripulació pugui escoltar una de les músiques més melancòliques de l'Univers: la del forat negre. Ni esbojarrada ni desafinada ressona com milers de salts d'aigua. L’Argo II, mentre l’acompanya l’últim rèquiem, es posa en marxa per abandonar-se a una abraçada plena de misteri. Però els cosmonautes, tot i la por de quedar atrapats en una presó eterna, pensen: «Que bé ser aquí i que això estigués escrit als nostres destins».

      L’Argo II s’estira com un xiclet al profanar i desafiar els territoris prohibits de la bogeria. I, sobtadament, s’esvaeix com espurnes a les brases. Potser viatjarà al passat, o potser a una realitat alternativa... Sigui como sigui, ara és record; una engruna de temps en l’oceà de l’Univers.

      Primera lliçó

      Primera lliçó

      Estimades compatriotes, benvingudes. Totes les aquí presents heu demostrat valentia, compromís, intel.ligència i il.lusió. La meva tasca és introduir-vos en aquest nou món, tan fascinant com complex. El meu deure és convèncer-vos que la missió en què avui us embarqueu és curulla de reptes, arriscada i essencial. Heu decidit formar part de l’exèrcit més gloriós, dedicar les vostres vides a vetllar per la seguretat i el benestar d’aquest cos humà. Formar part del sistema immunitari és un privilegi i una responsabilitat, i tinc plena confiança que totes vosaltres estareu a l’alçada del càrrec que avui estreneu. Cadascuna de vosaltres, cèl.lules B i T, macròfags, neutròfils i demés, disposarà d’un precís arsenal. Cada grup serà entrenat per desenvolupar certes comeses, serà instruït per adquirir la destresa en determinades tècniques, per desenvolupar l’art i el talent en l’ús d’armes concretes.

      Regla numero u: distingir allò que és propi del que no ho és, allò al qual pertanyem i del què formem part del què representa una amenaça. Us pot semblar una trivialitat, però res més lluny de la realitat, estimades amigues. Com distingir els patògens que ens envaeixen i ens volen mal de les criatures que ens habiten el nas i els intestins, i que ens són indispensables per a la supervivència? Com discernir l’alienabilitat inofensiva d’una poma o un perfum, de la dels innombrables bacteris, virus i fongs que ens són nocius? No heu d’oblidar que per cada cèl.lula humana en tenim deu que no ho són, i totes i cadascuna d’elles són tan diverses com imprescindibles. Cal ser rigoroses i fer la feina ben feta, ja que els errors, companyes, es paguen cars. Fenòmens com les al.lèrgies o la autoimmunitat són productes de la negligència. Us demano, doncs, dedicació, esforç, concentració. No volem trobar-nos en situacions en què hem generat no tan sols lluites fútils, sinó respostes excessives contra substàncies, objectes o éssers innocus, com ara els cacauets. No volem malgastar forces atacant i destruint parts del propi cos com les fibres nervioses o les articulacions, originant malalties mordaces com l’escleoris múltiple o l’artritis.

      En comptades ocasions sereu subjectes del que anomenem vacunes. Preneu-vos-les com un simulacre, com un entrenament seriós i útil que us ensinistrarà, de manera específica i efectiva, en la lluita contra futures invasions. Amb el temps sorgiran nous reptes, i cal estar preparades. No sé si heu sentit a parlar del càncer o els tumors, que representen un desafiament únic. Ens trobem aquí davant d’amenaces letals que no venen de fora, sinó de dins. Parlem de masses de cèl.lules pròpies que han sofert un procés de transformació, convertint-se en malignes i posant en risc la nostra supervivència. Identificar-les és, sens dubte, una tasca d’allò mes àrdua. Un cop reconegudes cal combatre-les amb eficàcia i rapidesa, ja que sinó, les conseqüències poden ser funestes.

      En determinades ocasions , òrgans i teixits d’aquest cos poden ser danyats i la seva funció pot veure’s altament compromesa. En casos extrems, un transplantament de ronyó, pàncrees o fetge pot ésser vital. El repte aquí consisteix en ser capaços de donar la bevinguda a aquest nou òrgan, d’abraçar-lo i acollir-lo, de tractar-lo i percebre’l com a propi, sense establir una resposta immune. Tals accions provocarien un rebuig de l’òrgan en qüestió, posant el benestar i la supervivència del nostre ésser humà en una situació d’allò més perillosa.

      M’agradaria acabar aquesta primera lliçó parlant-vos d’una de les situacions més excepcionals, delicades, i a la vegada boniques, amb què podeu topar-vos. Aquest cos que avui us aixopluga i que us heu compromès a protegir és el cos d’una femella. Això vol dir que conté la maquinària necessària per fer-hi germinar i créixer una vida, per desenvolupar i nodrir un nou ésser. El procés es coneix amb el nom d’embaràs i té una durada aproximada de nou mesos, durant els quals una nova vida es gestarà dins d’aquest cos fins que serà expulsada a l’exterior. Aquest és el miracle de la vida i estic segur que si algun dia teniu l’oportunitat de presenciar-lo, en sabreu assaborir la màgia. Ara bé, no tot són flors i violes. Aquest nou ésser no deixa de ser una criatura aliena i diferent. Aquesta nova vida és, en tota regla, un paràsit que ens xucla l’energia i els nutrients. Un cop més, cal prestar màxima atenció, ser capaços de reconèixer aquest esdeveniment únic, desar les armes i deixar-lo créixer. Una mínima confusió, un descuit, un error per petit que sigui i les possibilitats de rebuig i mort seran malauradament elevades. Així doncs, ulls ben oberts i màxima precaució.

      Tinc el temps just per concloure felicitant-vos i agraïnt-vos la vostra entrega, el vostre desig de protegir, l’afany de tenir cura i vetllar pel benestar i la supervivència d’aquest cos que, de ben segur, us necessitarà. Gràcies i fins la propera.

      Quina classe d'elements!

      Quina classe d'elements!

      Ell m’anomenava petit electró. Mai ho he entès. Els electrons sempre són petits. I jo s’ho deia. Ell, però, continuava una i altra vegada.
      Jo era la típica xica amb ulleres i un llibre d’Einstein sota el braç. Em sentia com l’Hidrogen, que no encaixava en cap lloc. Tenia massa diferències amb els altres grups de classe. De manera que, si algú em parlava, jo mantenia una conversa amb aquesta persona, però sols s’acostaven a mi per a demanar-me els apunts o els deures. Com l’Hidrogen, que cedeix els seus electrons.
      El xic electró (així em referia a ell) era com els halògens. Per què? Era homosexual i anava amb altre xic, altre halogen. Després estava la xica Plata, sempre envoltada de gent interessada i aprofitada. A ella no l’importava. Donava els seus electrons a qui els volia (sabeu a què em refereixo, veritat?). També estaven els anomenats gasos nobles. Ja podeu imaginar com eren. Sí, efectivament. Molt tancats. Uns marginats. No com jo. Ells eren molt diferents. No parlaven mai i, quan ho feien, ningú els escoltava.
      En tota classe hi havia un grup agressiu, i en la meua no faltava. Els alcalins, que exploten amb l’aigua. Eren els delinqüents juvenils. De vegades eren bones persones, volien donar-me un electró. Però jo no solia acceptar-lo. Solament, quan estava molt trist.
      I vos preguntareu: on estava el grassonet? També n’havia un. L’Urani. Era molt graciós. Mai li deien res ofensiu perquè quan l’Urani s’enfadava, millor que no estiguessis a prop.
      Per descomptat, Mendeleiev apareixia tots els dies entrant per la porta i ens assignava unes notes. Ens classificava segons aquestes notes i jo era la primera de la classe. No era massa difícil.
      Per sort, no estava atomitzada, jo estava en forma de molècula amb altre Hidrogen: el meu reflex de la finestra, que era com un mirall. El mirava tot el dia i sols em separava d’ell quan algú interaccionava amb mi.
      Així eren els meus dies. Fins que vaig conèixer a Carboni, Carles per als amics. Però jo li deia Carboni. Em volia. Érem l’un per l’altre i mai em separaria d’ell. Al principi jo li posí el nom de Cavendish, perquè m’havia descobert en mig de tot allò que m’envoltava. Però jo era com l’Hidrogen, així que el nom de Carboni era perfecte. L’orgànica que ens formava era àmplia i perfecta.
      Estiguérem molt de temps junts. Però la pressió dels estudis y la relació va fer que ens allunyàrem i torní a ser Hidrogen, simplement.
      Amb el pas del temps, he descobert que Carles va fer-se ermità i va ser definitiu que Carboni era ara diamant.
      La meua classe era molt particular. Potser no. Potser la vida quotidiana es química i res més. Potser. Però jo segueixo davant el mirall sense trobar res més que un protó com a cap.

      Retrobament a Port Mart

      Retrobament a Port Mart

      El creuer ML-5770HO va travessar l'atmosfera marciana com una exhalació de foc, i va baixar cap a la superfície fins a posar-se, amb suavitat, en la plana desolada. Rere la massa de pols i roca violentament aixecada pels motors de frenat s'endevinaven les formes de la ciutat...

      ****
      L'arribada d’en Rikk a Port Mart es va produir després de gairebé vint anys d'absència. Dues dècades enrere, el Rikk havia abandonat aquest assentament, de tornada a la Terra. La majoria dels antics habitants de la colònia, inclosos els seus tres amics més íntims, havien decidit renunciar als seus cossos orgànics, i els escassos colons que havien optat per no fer-ho, com ell mateix, s'havien vist forçats a abandonar el planeta. Al llarg dels anys el Rikk s'havia preguntat en més d'una ocasió si la seva decisió havia estat la correcta. En qualsevol cas, la seva negativa a adoptar un cos metàl·lic havia suposat la inevitable expulsió de la colònia.

      El retrobament amb els seus amics va ser rar. L'última vegada que el Rikk havia vist en Kadar era un home alt, de pell morena, sempre somrient. El vell Mawee era menys alt, però més corpulent, de caràcter afable. I en Tanabe, el més jove, un personatge inquiet de cabells rossos i ulls astuts. Però tots els trets que el Rikk recordava tan vivament s'havien esfumat. Davant seu s’alçaven tres cossos robòtics de lluent aliatge, amb extremitats poderoses, funcionals, articulades, cares anguloses de trets simètrics i semblant immutable, i detectors fotònics de vermell brillant a manera d'ulls.

      Malgrat l'impacte inicial, el Rikk va acabar acostumant-se a la nova aparença dels seus amics. Al cap d'una setmana els quatre conversaven animadament mentre visitaven la principal planta energètica de Port Mart. En Rikk observava l'àrid paisatge a través del finestral, i es preguntava com un planeta tan inhòspit podia exercir una atracció tan forta en ell. Finalment, amb aspecte seriós, es va dirigir als seus companys:

      - Heu de conèixer el veritable motiu de la meva visita: he pres la decisió d'abandonar la Terra i tornar a la colònia.- els va dir.

       - Però Rikk ... – el Mawee l’interrompé.- No pots quedar-te a Mart llevat que ...

      Els tres marcians el van mirar fixament. Començaven a endevinar les intencions del seu bon amic.

      ***
      El Rikk va recobrar la consciència bruscament, com si hagués rebut una sobtada descàrrega elèctrica. Se sentia atordit i desorientat, el seu cos no semblava respondre a les ordres del seu cervell.

      ¡El seu cos! Tot d'una les peces encaixaren, i va recordar: estava sent trasplantat al seu nou medi vital. Però alguna cosa anava malament, no es podia moure! La foscor l’envoltava, va intentar incorporar-se, però els seus músculs no van respondre. El pànic s’apoderà d'ell, va tractar de cridar ...

      - Iniciant protocol final en 3, 2, 1 ... - L'estranya veu el va sobresaltar, però immediatament va tornar a sumir-se en un somni profund.

      Va despertar més tard, confús. Aquesta vegada podia percebre la llum tènue de l'estança. Va voler incorporar-se, i immediatament el seu cap s’aixecà uns centímetres sobre la plataforma en la qual estava estès, sense cap esforç aparent. Va desitjar alçar un braç i apropar-lo a la seva cara, i de nou va ocórrer sense esforç. Era una sensació estranya: el seu cos simplement executava els desitjos de la seva ment. Llavors va enfocar la vista sobre la seva mà.

      No va veure ungles, ni bell, ni les formes irregulars de pell i venes. Només una mà metàl·lica amb dits fins i llargs, perfectament articulats, de to blau-platejat. Va moure els dits, i va observar com aquests s'arquejaven i estiraven a voluntat.

      Va voler incorporar-se, i amb un moviment ràpid i precís quedà assegut sobre la plataforma. Va ser llavors quan va veure als seus amics, observant-lo, molt a prop. El Tanabe li va fer un gest alhora que l'animava:

       - Va, aixeca't! Observa el món amb els teus nous ulls!

      En Rikk mirà cap a terra, cap endavant, i després de dubtar uns segons saltà de la plataforma. Va caure de peu, estenent els braços en un esforç per mantenir l'equilibri. Llavors donà diversos passos lents i insegurs cap a la finestra, i mirà a través d'ella. El que va veure el deixà meravellat. Infinitat de detalls que abans eren invisibles es revelaven ara amb claredat. Una amplíssima varietat de matisos i formes semblava encrespar-se davant els seus ulls. Va sentir que es marejava i trontollà cap enrere.

      - A poc a poc, Rikk! Has d'aprendre a fer servir un munt de coses.- En Kadar l’ajudà a mantenir-se en peu. Ja veig que has descobert la visió millorada. Espera a provar la visió-n, o el mecanisme anti-gravetat ...

      El Rikk s’aixecà i continuà observant la ciutat marciana, abstret.

      Terraformant planetes

      Terraformant planetes

      La tripulació comença a despertar, hem estat en animació suspesa dos-cents anys, el viatge ha estat llarg. Formo part d’una de les trenta expedicions que es van enviar per tal d'explorar nous planetes per a la humanitat.
      Anem a TRAPPIST-1, una estrella nana roja coneguda per tenir set planetes orbitant, així tindrem més oportunitats. D'entrada ja es descarta trobar un planeta directament habitable pels humans, és una missió més a llarg termini que consistirà a terraformar el planeta i avisar a la Terra de les condicions d'habitabilitat i quan serà el temps òptim per venir, poden ser centenars o milers d'anys, nosaltres ja no ho veurem ni tornarem a casa, però haurem contribuït a preparar un planeta per albergar la humanitat per quan al nostre ja no hi hagi esperança.
      Jo sóc un dels biòlegs de la tripulació, encarregats de les diferents variants d'algues que tenim a la nau, algunes naturals i moltes dissenyades amb trets específics per tal de cobrir totes les possibilitats, la idea és que en alguns planetes podrem trobar una atmosfera amb aigua, nitrogen i diòxid de carboni i que aquestes algues poden transformar en matèria orgànica i de passada reduir la quantitat de diòxid de carboni en el procés.
      Ja es veu el sistema estel·lar al qual ens dirigim i comencen a arribar dades sobre l'atmosfera dels planetes. És estrany, l'estrella brilla molt, en cap cas sembla una nana roja, em diuen els companys que el sistema que ens permet saber la nostra posició no funciona temporalment, segurament la intel·ligència artificial que comandava la nau mentre dormíem ens ha desviat a un altre sistema. Ja estava previst, contínuament li arriben lectures dels sensors i ha degut trobar algun altre planeta prometedor.
      Arriben les anàlisis de les atmosferes. La del tercer planeta, TRAPPIST-1 «d» si fóssim on ens dirigíem, és molt encoratjadora: té atmosfera, magnetisme, superfície sòlida, aigua, oxigen i matèria orgànica! I molt possiblement vida! El clima és molt calorós i inhabitable, els nivells de diòxid de carboni són alts i deuen fer efecte hivernacle, les meves algues aniran molt bé!
      Els sistemes de comunicació funcionen i enviem informes del nostre estat a la Terra però no esperem resposta. TRAPPIST-1 està a 39 anys llum de casa, per tant un missatge tardaria tot aquest temps a arribar-los i el mateix a tornar, no ens quedarem esperant la resposta. Però només hem viatjat durant 200 anys fins que la intel·ligència artificial ens ha despertat, això vol dir que som molt més a prop, però encara prou lluny com perquè passin anys abans no rebre comunicacions.
      Arriben les primeres imatges, veiem un clima desèrtic però amb petites clapes de vegetació: vida vegetal! Un moment, això és un edifici, aquestes punxes, aquestes columnes... és la Sagrada Família a Barcelona!

      Hem de terraformar la Terra.

      Trinity

      Trinity

      La imatge de l’home que els parlava des de la pantalla del televisor era la d’un vell derrotat, derrotat pel seu propi èxit, el que deia devia ser pràcticament incomprensible per a molts espectadors. Però la seva mirada trista era hipnotitzant i tenia més significat que les seves pròpies paraules.
      —Qui és aquest home, avi? —la veu de Julia es va fer sentir per sobre les paraules del vell.
      —Es diu Robert. Vaig treballar per a ell durant la guerra.
      —Tu vas fer la guerra, avi?
      Semblava com si preguntés per l’època dels primers colons. Va mirar-la amb tendresa.
      —Sí, Julia, vaig fer la guerra.
      —Vas matar algú?
      Va dubtar un moment. Ella el mirava inquisitivament i hauria estat deshonest no dir la veritat a aquella noieta tan espavilada.
      —No, bonica; però no tinc les mans netes. Ni jo, ni aquest home de la pantalla, ni molts com nosaltres.
      Ella no el va acabar d’entendre. Es va asseure al seu costat, davant el televisor, esperant trobar-hi més respostes mentre el vell derrotat desgranava el seu estrany discurs i l’avi es refugiava en els seus records.

      Malgrat els acuradíssims càlculs previs, el flaix de llum va ser inconcebible. Un nou Sol més immens i terrorífic va il·luminar el desert polsegós en aquella matinada freda. Durant uns instants va semblar que l’Univers s’havia tornat a crear.
      Les ulleres de protecció que duien molts d’ells no van impedir que aquella resplendor els encegués un segon. Després ningú va dir res, només podien mirar hipnotitzats com s’elevava cap al cel l’enorme arbre infernal.
      Mig minut després l’ona de xoc els va colpejar com si fos una onada de mar. Breu però intensa, va ser com si els desvetllés d’aquell malson que havien creat.
      —Ara som tots uns fills de puta —digué Ken Bainbridge.
      El doctor Robert Oppenheimer, al seu costat, no va replicar. Al seu voltant alguns van començar a cridar, d’altres reien i molts altres mantenien un silenci respectuosament cerimonial. Ell sentia un alleujament infinit i una inquietud nova.
      Bainbridge va notar un fort cop al muscle.
      —Ho hem fet, doctor, ho hem aconseguit!
      El general Groves semblava que acabés de rebre un ascens, fet que segurament seria cert al cap de poc temps.
      —Felicitats per la prova, Ken, tot un èxit —digué Oppenheimer.
      —Sí, m’estalviaré molts maldecaps.
      —És impressionant, oi? Vull dir, el que hem aconseguit en tan poc temps.
      —Impressionant, sí. I pervers.
      Es va girar cap a Oppenheimer. El director del projecte seguia mirant la massa d’aire i pols brillant que s’aixecava ominosament cap al cel de Nou Mèxic. No, no semblava més fill de puta que un minut abans. Amb aquelles ulleres gruixudes semblava més aviat un ésser d’un altre planeta.
      El retruny d’un tro de mil tempestes els va fer estremir. Un tro que no s’aturava.
      —Almenys han estat cinc quilotones! —va bramar Rabi.
      —Més i tot! —va exclamar Chadwick, perdut l’aplom britànic.
      Fermi va aparèixer darrera d’ells amb el seu regle de càlcul i uns paperets a les mans.
      —L’ona expansiva els ha desplaçat tres metres de mitjana. Un càlcul inicial em dóna deu quilotones.
      Els altres li van discutir una estona el mètode. Bainbridge els sentia sense escoltar-los, la mirada fixa en aquella bola de foc que seguia enlairant-se sense aturador.
      Els col·legues es van apropar per felicitar-los. Excitats com criatures el matí de Nadal, els regals que tenia per oferir-los aquell arbre que seguia enfilant-se cap al cel els devien semblar tan prometedors: la pau per fi, l’èxit acadèmic, una infinita font d’energia... Però Ken Bainbridge, només hi veia un futur esfereïdor.
      Encara els quedava molta feina per fer, però: infinitat d’anàlisis, càlculs i calibratges. Però aquell va ser un dia de grans celebracions. També el dia en què, mentre les festes s’estenien per barracons i laboratoris, un vaixell va partir de San Francisco cap a l’oest amb les peces d’un altre giny.
      Li deien Little Boy. I aquest ja no seria una prova.

      Quan el programa va acabar, Julia es va girar.
      —Avi, ahir vam fer un exercici a classe. Va sonar una sirena i ens vam amagar sota la taula. Ens van dir que tanquéssim molt fort els ulls. Semblava un joc però vaig tenir por.
      Ell es va desensopir i li va passar una mà pel cabell rinxolat. Aquells ulls entremaliats ara brillaven.
      —Ho sento, bonica.
      Ella el va abraçar.
      Ken Bainbridge va tancar els ulls. Sí, sense ell segurament res hauria canviat; i sí, després havia lluitat per posar ordre en aquella escalada de bogeria. Però un home hauria de deixar als seus descendents quelcom del que se sentís orgullós i el petit cos de Julia arraulit contra el seu era el viu representant del que ara sentia tota la Humanitat.
      Aquest era el seu llegat.

      Una vida nova

      Una vida nova

      El President no recordava unes dades i havia hagut de sortir a cercar-les a l’arxiu. Era una eminència en el camp de la biotecnologia però darrerament se li començaven a notar els anys. La Rosa, la seva ma dreta, l’esperava gaudint de les vistes espectaculars que oferia el seu despatx. El sol il·luminava l’angle dur del seu rostre, suavitzant-lo un xic. Junt amb la seva mirada determinada feien que la gent la veiés com una dona amb caràcter. Mirava la ciutat mentre pensava la quantitat d’històries que amagava cada una de les seves finestres.
      Va baixar un moment l’esguard i els seus ulls es van aturar a l’elegant escriptori. Entre un munt de papers impresos, un pergamí groguenc hi destacava com una llum. La Rosa va girar-se cap a la porta i en veure que ningú s’apropava, el va agafar. Era rugós al tacte. Semblava a punt de trencar-se. Amb mans tremoloses va començar a llegir el contingut. Era adreçat al President, distingit membre de la Germandat d’Inguz. Se li comunicava que quan desitgés podia procedir a adquirir la seva nova vida. Passant a indicar l’adreça on s’havia de dirigir a realitzar la transacció. El text finalitzava recordant la importància de fer valer el vot solemne de silenci. Lligam del selecte grup de ments privilegiades que formaven la Germandat. El cloïa un segell de cera vermella format per dues ics, una enfilada damunt de l’altre. Se li va encongir l’estómac. Malgrat la inversemblança del que acabava de llegir, intuïa que era veraç. Amb delicadesa, va deixar el pergamí allà on l’havia trobat. Just a temps de que el President no l’enxampés. Al vespre, fent una cerca a internet va descobrir que el segell de la Germandat era la runa Inguz. Símbol de fertilitat i nous començaments.
      La Rosa havia estat capaç de memoritzar l’adreça però ella s’havia imaginat un escenari complertament diferent. En obrir la porta de la ferreteria els seus narius es van inundar d’un aroma metàl·lic intens. No hi havia ningú més a la tenda. Va encaminar-se cap el taulell amb pas insegur. Va esperar a que algú l’atengués, sense poder parar de fer ballar el peu dret. De sobte, per uns moments, va creure veure un monjo sortint d’una cel·la. El botiguer era molt vell, amb una barba blanca llarga fins el pit. Els pocs cabells que li quedaven també d’un blanc lluent.
      -Què necessita?- va demanar-li l’ancià amb veu embolcallant.
      La Rosa va tombar-se de cop cap a la porta.
      -N’està segura què vol marxar?- l’interrogà.
      Ella es va girar lentament.
      -Vull una vida nova- va dir amb un bri de veu.
      El botiguer malgrat estar rodejat només d’eines, no va canviar el rictus. De forma molt professional va passar a explicar-li el procediment a seguir per poder fer l’adquisició. Primer havia de signar un document. Aquest pas havia d’estar previ a saber entre quines vides podria triar. Amb la seva signatura acceptaria una sola condició. Un cop adquirida, la nova vida no es podia retornar.
      Ella li va demanar uns segons per rumiar-s’ho. Creia haver viscut una vida correcte. Còmode però insatisfeta sinó no es trobaria allà. Un buit petit però massa molest es trobava sempre al seu estómac, impedint la seva felicitat complerta. Inesperadament, va decidir-se a signar el document. Volia desfer-se’n d’aquell buit d’una vegada per totes i amb la nova vida que triaria ho aconseguiria. Expectant va demanar entre quines vides podia triar. L’ancià pausadament va nomenar-ne tres: escriptora consagrada, líder política o científica d’èxit. La Rosa va tancar els ulls. Havia d’intentar encertar quin d’aquells perfils de vida la satisfaria i a la vegada vindria sense espais buits. Es va decidir per l’escriptora consagrada. Darrera la recerca molecular, el seu entreteniment favorit sempre havia estat intentar plasmar amb paraules la naturalesa humana. El botiguer va regalar-li una carta antiga per segellar el tracte. Amb el dibuix d’una escriptora, com a símbol de la seva nova vida.
      La Rosa malgrat sentir-se mig ennuvolada va abandonar la tenda amb pas decidit. Va avançar però només uns metres. Estava molt marejada. Es va ficar la ma a la butxaca i cercant un àncora, va prémer amb força la carta que hi duia. La va treure i en apropar-se-la al rostre va descobrir que el dibuix de l’escriptora amagava un punt minúscul sense tinta al seu estómac. La seva nova vida venia amb la mateixa tara que l’anterior. Mai es podria desempallegar d’aquell buit molest que l’impedia ser feliç. Ho havia perdut tot per res. Un crit esglaiador va fer vibrar, per uns instants, la monotonia aliena d’aquell matí.

      Utopia

      Utopia

      I un dia, la ciència va ser tant perfecta, que la naturalesa es decidí a imitar-la

      VISITA AL PORT

      VISITA AL PORT

      Era el mes de juliol i en aquells dies havien arribat al port un munt de vaixells. Hi havia molts que eren molt antics i deixaven visitar-los. El petit Ramón al costat dels seus pares es disposava a visitar els vaixells. Era voluntat de Ramón anar a veure els vaixells ja que en alguna ocasió havia passat amb cotxe prop del port i els havia vist. Ramón es quedava pegat a la finestreta mirant-los i preguntant als seus pares. Podem anar a veure'ls? Sí, sí? Va,va!.- exclamava Ramón. Davant la seva insistència els seus pares decideixen portar a Ramón a visitar-los.

      En arribar al port hi havia moltes persones que s'amuntegaven en els voltants dels vaixells. Ramón s'acostava als vaixells i com més s'acostava més havia d'aixecar el cap per poder veure'ls sencers. Què grans són! – comenta Ramón - Anem a pujar!. Ramón s'adona que la coberta dels vaixells està uns metres per sobre del sòl on està juntament amb els seus pares. Per on es puja? – pregunta Ramón. Els seus pares li contesten que hi ha una rampa i que han d'anar allí. Ramón corre cap a la rampa de pujada però veu que els seus pares no corren tant com ell i es queden enrere. Va! Que se'ns cola la gent! – insisteix Ramón.

      Finalment aconsegueixen pujar al vaixell. Es tracta d'una caravel•la antiga i està atracada al costat d'un creuer immens. Ramón pregunta - Per què està fet de fusta?
      El seu pare li contesta: “És un vaixell antic, de l'època en què no hi havia cotxes ni televisió, i llavors havien de fer els vaixells de fusta que era el que hi havia”.
      Ramón dedueix: “Llavors la fusta sura”. El seu pare assenteix amb el cap. Ramón mira fixament al creuer que estava atracat al costat de la caravel•la i pregunta: I el ferro sura?. El seu pare contesta que no, al que Ramón diu: I per què aquest creuer no s'enfonsa?. “Bé, Ramón, veuràs…”-respon el seu pare alhora que es grata el cap. “Queda't quiet, que et vaig a empènyer amb la meva mà i tu hauràs de mantenir-te recte, val?”- indica el pare de Ramón. Ramón contesta: “No em canviïs de tema, vull saber per què suren els vaixells”.-“Tranquil, tot al seu temps. Fes-me cas, Ramón”.
      En aquest moment el pare de Ramón col•loca la seva mà sobre el pit de Ramón i a poc a poc comença a exercir força. Ramón per mantenir-se recte ha de fer força en el seu pit contra la mà del seu pare de manera que aconsegueix mantenir-se recte.

      Pare: Te n’adones, Ramón?
      Ramón: Em vols fer caure?
      -No, Ramón – somriu el seu pare – que els dos estem fent força i no passa res, no caus. Tots dos apliquem forces iguals però en diferent sentit i això fa que s'equilibrin.
      -Llavors?-pregunta Ramón.
      Pare: Doncs que és el mateix cas de la força que exerceix el casc d'un vaixell sobre l'aigua i de l'aigua sobre el casc del vaixell. La meva mà seria l'aigua i el teu pit seria el casc del vaixell. Existiria un empenyiment de l'aigua contrària a cada punt de la superfície del casc del vaixell igual al pes del vaixell.

      Ramón: Empenyiment i pes?
      Pare: Encara ets jove per saber això, però el pes és una força en la qual influeix l'acceleració de la gravetat i…-
      -Bé – interromp Ramón - llavors si el vaixell de metall sura és per l'equilibri de les forces. Però el de fusta sura igualment, no? Perquè hem dit que la fusta sura.
      Pare: Si tu tires una taula de fusta a l'aigua veuràs que sura, per la densitat de…
      -Home!- es queixa Ramón – no siguis rotllo.
      Pare: Ramón, si m'has preguntat tu…
      Ramón: Doncs aquest vaixell, com és de fusta, no es podrà enfonsar mai, encara que li facin molts forats perquè la fusta sura, a què sí?
      Pare: No, Ramón. No vull avorrir-te amb històries, però et posaré un exemple que entendràs fàcilment…
      -A veure…- rondina Ramón mentre es creua de braços.
      Pare: Quan posem la meitat de la pela d'una nou en l'aigua, com està feta de fusta sura, no?
      -Sí- contesta Ramón.
      Pare: Però si posem dins de la pela plastilina veiem que pesa més i en col•locar-la en l'aigua s'enfonsa, perquè el pes, o la força que té la pela és molt major que la força que l'aigua exerceix sobre la pela.
      Ramón: Val, ja em queda clar... I ara potser hauríem de fer la visita que només se et sent parlar, papa!.
      El pare de Ramón es resigna i decideix fer cas al seu fil, qui ara presta atenció a un membre de la tripulació.
    • Arrazakeria digitala

      Arrazakeria digitala

      –Esnatu zaitez, X3X, berandutuko zaizula bestela!
      Ahotsaren kutsu metalikoa jasanezina zen. Horrenbeste urtetako eboluzioa, eta teknologiak ezin behar bezala erreproduzitu giza ahotsa. Goizetan zitzaidan bereziki gogaikarria: robot batek esnatzea munduko torturarik zitalenetarikoa iruditzen zait.
      –Banoa, banoa… baina utzi nazazue bakean, makina alaenak!
      Zerbaitek esaten zidan ez nituzkeela horrela tratatu beharko, baina badakit ez zaiela apartekorik gertatuko. Horiek eta okerragoak jasateko diseinatuta daude. Gainera, ez dut beste robot baten beharra garaiz esnatzeko.
      Lantokira garaman tren-bidaia robotez inguratuta egiten dut. Beraien prozesadoreak hibernazio egoeran egon ohi dira, ahalik eta energiarik gutxien kontsumitu dezaten. Baten bat, hala ere, Sarera konektatuta doa, informazio eskuratzen edota robot batek bakarrik uler dezakeen aisialdia gozatuz. Ez dira gutxi izan beraien programazioan aukera-askatasun hori mantentzeak sortu dituen eztabaidak: robot batek aisialdia behar izatea oraindik iritzi kontrajarri asko sortzen dituen gaia da gurean.
      Xelebrea da gizarte-zientzien inguruan dugun ezagutza eskasa, batez ere zientzia teknologikoekin aldaratuz gero.
      Gizakiz inguratuta bidaiatzen nueneko garaiak faltan ditut. Egia da gizaki gehienek beraien mugikorrei so eta irakurtzen eta entzuten eta jolasten eta komunikatzen eta erosten eman ohi zutela bidaia, baina gizaki batek soilik izan dezakeen bakantasuna zuten, gizaki batengan eta beste inon ez aurkitu daitekeen ezustekotasuna soma zenezakeen haien keinu guztietan. Beste garai batzuk ziren haiek. Garai hobeak seguruenik, edota nik hobeak bezala oroitzen ditudanak behinik behin.
      –Egun on –opatu zidan Y4Z7k lantegiko sarreran.
      Ez nion erantzun, ondo bainekien hitzek ziotena ez zela bere nahi zintzoa: gerturatzen zen orori harrera arretatsua eskaintzeko zuen programazioa baino ez zen. Eta nik benetako sentipenak baino ez nituen baloratzen. Banekien, gainera, Y4Z7 robotik hilgarriena izan zitekeela beharra agertuz gero, harrera lanpostukoek programazio bikoitza zuten-eta. Hobe halakoengandik urrun mantentzea.
      Makinekin lan egiten nuen nik. Gauzak eraikitzen nituela esan nahiko nuke, baina egiatan makinek gauzak nola fabrikatzen zituzten kontrolatu baino ez nuela egiten aitortu behar dut. Zientzia eta teknologiak, aspaldidanik, gauza birtualak sortzen baino ez digu uzten; gauza fisikoak sortzea makinen esku dago.
      Eta hala ere, sarri, makinak eta robotak bereizteko ezintasuna agertzen dut. Erraza da gizakiak robotengandik bereiztea, baina makina eta roboten arteko mugak lausoak dira sarri. Agian horregatik ezinezkoa dut bata zein bestearengatik inolako enpatiarik sentitzea. Nahiz eta, egia esan, robotek nazka gehiago sortzen didate, edozein makinak edo izakik baino askoz gehiago. Apika, ondo pentsatuz gero, bai bereizi ditzaket.
      –Atseden ordua dugu –entzuten da orduan bozgorailuetatik–. Ez ahaztu 30 minutu barru produkzioa abian jarriko dela berriz, beraz ordurako zuen postuan bueltan egon beharko duzue.
      “Robotek zerbait ahaztu ahal izango balute bezala esaten dute egunero esaldi hori. Ez dakit zertara datorren hau antzezteko beharra!” pentsatu nuen, baina ez nuen halakorik ozen esan, badaezpada.
      Eguerdiko orduak atsedenaldi izaten jarraitzen zuen. Aspaldiko ohitura, nonbait. Gizakiek bazkaltzeko zerabilten ordu hori robotek bateriak kargatzeko eta prozesadoreak arazteko erabiltzen dute. Ez da gauza bera, baina nolabait mundua aldatu ez dela agertzeko behar horretan laguntzen du. Nik, egia esan, atseden une hori eskertzen dut.
      –Gaurko produkzioa aurreikusitakoarekiko desbideraketarik ez du! –esan zuen T1Mek atseden hartan. Zenbait robotek horrelako elkarrizketak mantentzeko beharra agertzen dute, bere garaian gizakiek egin ohi zuten moduan.
      Beste robotek irribarre bat izan nahi zuena agertu zuten, eta buruarekin baiezko keinua egin zuten, T1Mren hitzek ospatzeko zerbait ekarriko balute bezala. Jadanik ezaguna ez zitzaien datu bat ekarriko balute bezala.
      Giza konportamenduak akatsez beteriko modu batean antzezten zuten robotak baino ez nekusan nik. Bizitza antzezteko ahalegin traketsak baino ez. Begietara so egin nien, edo begiak izan nahi zuten kamera haietara. Ez nuen batere atsegin ikusten nuena.
      Ez zen lehen aldia. Egunero gauza bera sentitzen nuen, egunero esaldi huts haiek jasan behar. Halakoetan isilik geratzen nintzen, baina egun hartan ezin izan nion gehiago eutsi.
      –Lelo hutsak zarete! Datu horiek axola zaizkizuela bezala egiten duzue, eta hori baino gezur handiagorik ez da!
      Isiltasuna egin zen orduan, eta begirada guztiak (edo kamera guztiak) nigana itzuli ziren. Harridura, gaitzespen eta ezusteko “aurpegiz” inguratuta nengoen. Baina berdin zitzaidan, bost axola niri robot lelo haien zirkuituetatik zebilena. Robotak gorroto nituen, eta haiek gabe bizitza hobea zatekeela argi nekusan.
      –Zenbaitetan, X3X –esan zuen orduan T1Mek ahots patxadatsuaz–, zu ere robot bat ez bazina bezala hitz egiten duzu!
      Eta nire programazioak ahalbidetzen zidan gorroto guztiarekin gorrotatu nituen.

      Darwinismo ilustratua

      Darwinismo ilustratua

      DARWINISMO ILUSTRATUA
      - Zientziak ez du mundua salbatuko baina agian, zure txikitasunean eta zure modura, zuk salba dezakezu zientziaren mundua…
      Hala bota zidan orain dela 37 urte kimikako irakasleak, kurtso amaierako festan. Institutoko soinketa-gela dantzaleku bihurtu genuen egun hartarako eta kanpora zigarro bat erretzera irten nintzenean, hantxe topatu nuen bere bakardadean. Musugorrituta eta kantari ari zen irakasle hura, parrandan ere maisu izan zitekeela otu zitzaidan. Bere ikasgaia 5 bateko notaz estu-estu gainditu ostean, zergatik esan ote zidan hori itaundu nion.
      - Ez zara onena, argiena edo jakintsuena… baina zure inguruari ederki egokitzen zara! – bota zidan eta balantzaka, berriro sartu zen soinketa-gelan; festa berriro serioski ospatzen jarraitzeko asmoz.
      Eta nire burua zalantza berri haiei egokitu nahian, festari jai ematea erabaki eta etxerantza abiatu nintzen, hark nigan zer ikusi ote zuen ulertu ezinik. Denek zekiten letretan hobea nintzela eta zientzietako nire emaitza zehatz bakarrak, nire zalantza eta duda-muda infinituak zirela. Hitz batean, gizateriaren hasierako izaki zelula-bakar haiek baino buru gutxiagorekin ikusten nuela nire burua.
      Unibertsitatera salto egin nuenean, antropologia eta biologia ikasteari ekin nion. Eta unibertsitateko fauna hartan, berezko selekzio naturalak bere lana egiten zuela ohartu nintzen: institutoko ordutegi zehatz, ziur eta baldintzatutik, unibertsitateko kaos kontrolatura denok ez genuen, antza; jauzi bera egin. Batzuk jauzi eta beste batzuk, jausi egin zirela, alegia. Norberaren askatasunaren jabe izateak, arduraren menpeko gisa jokatu behar izatea ekartzen duelako. Eta hala, institutoko notarik altuenak ateratako haiek eguneroko parranda eta diziplina faltan nola galtzen ziren ikusi nituen, nik nire bidea lurra lehenengo aldiz zapaltzen duen narrastiaren baldartasun sigi-sagatsuan egiten jarraitzen nuen bitartean. Bidean, behin lizentziatzen nintzenean, nahi adina parranda egiteko lizentzia izango nuela agindu nion nire buruari.
      Behin lizentziatuta baina, ikerketa munduan sartu nintzen eta bertan, laborategiko xaguak ikertzaileok ginela konturatu nintzen. Batzuetan, gizarteak mespretxatzen gintuela iruditzen zitzaidan, munduak gure sentimenduekin esperimentatzeko joera zuela. Ikerkuntza oso inguru zaila zela ohartu nintzen, guk etorkizuna orainaldira ekartzen genuelako baina gizarteak ez zekielako hori estimatzen. Ikerketan buru-belarri jardutea baino, hobe zela denen buru, belarria jartzea hobetsi nuen: bekak noiz irtetzen ziren jakiteko, diru-laguntzak nola lortu ikasteko, merituak non eta nola egin… Aire goxorik gabeko inguru zurrun bat begitandu zitzaidan burua oraindik haizez beteta zuen ni bezelako gazte batentzat. Brankien bidez lehorrean nekez arnasten ikasi zuten lehenengo arrain-ugaztun haien antzera, hura ez zela nire testuingurua konturatu nintzen.
      Beraz, irakaskuntzara salto egin eta nire buruaz “beste” egingo nuela otu zitzaidan: nire burua besteei eskainiko nien irakasle modura. Eta ikasgela, nire eta nire ikasleen eboluzio pertsonalaren laborategi bihurtuko nuela; belaunaldiz belaunaldi pasatuko ziren ikasleen bilakaera aztertuz.
      Eta egun, hamarkada batzuk irakaskuntzan igaro ostean, esan dezaket XX eta XY kromosomadunak berdin garatzen direlako, neska-mutilek bilakaera bera izaten dutela; eta nire garaiko akatsak berdin berdin errepikatzen jarraitzen dituztela belaunaldi berriek. Hominido modernoenek ere, nerabetzaroko tximukeriak egiten jarraitzen dute, batez ere XY kromosomadunek. Y horren formak adierazten duen bezala, haietako asko bidegurutzean daudelarik ez dute asmatzen norabide egokia hartzen eta bidegurutzea, gurutze-bide eterno bat bilakatzen zaie, aukeratu duten inguruari egokitzen asmatzen ez dutelako; unibertsitatea kasu.
      XX kromosomadunei berriz,X formadun gurutzeak leku okerretan iltzatzeko itzelezko gaitasuna izaten dute eta haietako batzuk, euren etorkizunari ateak ixten jarraitzen dute, antza oraindik, XXI.mende honetan, uste dutelako hainbat lanbide ez daudela emakumeen DNA-n txertatuta.
      Eta nik esaten diet, DNA ez dela DeNA. Haietako batzuk, eurek propio inguruneak aukeratu baino; inguruneak berak aukeratzen ditu haiek.
      Niri dagokidanez, nire irakasle laneko ibilbide bukaeran aurkitzen naizen honetan; homo-sapiensaren moduan tente ibiltzen ikastea baino, arazoen aurrean ez makurtzen jakitea garrantzitsuagoa dela ikasi dut.
      Gure inguruari egokitzeko, gugan sinistu behar dugulako lehenik, gero aurrerapausoak emateko. Makurtzea, atzeranzko aurrerapaso bat delako, inora eramaten ez gaituen bidezidorra. Eta sentimentu enpirikoen bidez frogatu ahal izan dut, bihotza dela guzti hori lortzen laguntzen digun zati arrazionala.
      Nire ile-urdinduak dantzalekuetara joateko zahartuegia nagoela esaten didan bitartean, orain kongresu eta simposium-etara joaten hasi naiz. Bertan, bere buruaz zalantza egiten duen gazte bat topatu eta hauxe esan nahi diot: “Zientziak agian ez du mundua salbatuko baina agian, zure txikitasunean eta zure modura, zuk salba dezakezu zientziaren mundua”.

      XALO

      Euli ikertzailea

      Euli ikertzailea

      Platerkada makarroia irentsi ondoren, ogi zati handi batekin ezabatu ditu Mikelek tomateak platerean utzitako arrastoak. Horren zain nengoen, bada, ni, inguruan, hegan … Alferrik, ordea, ogia makarroien bidelagun egin duenean, edalontzian zeukan freskagarria edan, eta korroskada ozen batez eman baitio amaiera bazkariari. Sofan etzan eta aharrausika hasi da. Traganarrua zirudien aharrausietako batek xurgatu nau. Neu izan behar Mikelen bazkariari falta zitzaion proteina!
      Murtxikatu ez, baina listuaz mela-mela eginda utzi nau; orduantxe etorri zait gogora, behin, eskola hartan, irakasleak digestioaz zer esan zien ikasleei, eta, bat-batean, larritu egin naiz, neure burua Mikelen digestio-prozesuan ikusi baitut, bete-betean sartuta.
      Lagun bat eraikuntza bat eraisten aurkituko bazenute, eta, eraistearen arrazoiaz galdetuta, erantzungo balizute eraiki zenean erabilitako materialak – zementua, harea, ura, burdina, egurra, pintura … − berreskuratu nahi dituela, beste zerbait eraikitzeko, zer pentsatuko zenukete lagun horretaz? Zoratuta dagoela, ezta? Bada, antzeko zerbait egiten dugu guk, egunero, elikagairen bat ahoan sartzen dugun bakoitzean.
      Elikagai oro mantenugaiz osatua dago; hau da, karbohidratoz, proteinaz, gantzez, bitaminaz edota mineralez − horiek dira mantenugaiak −. Eta digestio aparatuaren egiteko nagusia elikagai oro mantenugairik sinpleenetan deskonposatzea (apurtzea, ez eraldatzea) da, gure gorputzak horiek erabiliz bere beharrak bete ditzan.
      Elikagaia ahoan sartzen denean hasten da digestioa …
      Hara! Hortxe nago, bada, ni, eta, teoria egiaztatzen bada, txikituta amaituko dut.
      Listuaz blaituta irristadan igaro ditut Mikelen faringea eta esofagoa. Urdailean harrapatu ditut makarroiak ore bihurtuta – irakasleak bolo deitzen zion ore horri −; ni ere boloaren parte egin naute; gero, urin gastrikoekin dutxatu gaituzte eta irakasleak kimo deitzen zion ahi bihurtu. Duodenoan hango eta hemengo urinekin eta behazunarekin beste dutxa bat hartu, eta birrinduta heste meharra zeharkatzera; handik, odolera pasatzen joan gara, poliki-poliki: karbohidratoak glukosa bihurtuta, eta proteinak aminoazido. Gure taldean denek amaitu dute glukosa izaten neuk izan ezik.
      Odolera iritsi bezain pronto basokada kafesnea jariatu digu pankreak. Argi samarra begitandu zait, esnetan kafetan baino gehiago duena, alegia. Gero, irakasleak esandakoa gogoan, ohartu naiz ez dela kafesnea izan, baizik eta pankreak ekoizten eta jariatzen dituen hormona biren nahastea: intsulina (esnea) eta glukagoia (kafea).
      Pankreak modu orekatuan ekoizten eta jariatzen dituenean intsulina eta glukagoia, oso ondo konpontzen dira elkarrekin; ezin hobeto kontrolatzen dute apetitua, eta pozik mantentzen dute garuna. Intsulinaren zeregin behinena odolean dagoen glukosa maila jaistea da eta glukagoiarena, berriz, igotzea. Intsulinak odolean atzemandako glukosa gibelean metatzen du, eta glukagoiak gibeletik askatu, garunak haren premia daukanean; izan ere, garuna glukosaz baino ez da elikatzen.
      Karbohidratoek bultzatzen dute pankrea intsulina ekoiztera eta jariatzera, eta proteinek glukagoiaz beste horrenbeste egitera. Antzeko proportzioan ekoitzi eta jariatuz gero, bata eta bestea, dena doa ongi. Baina zer gertatuko litzateke, digestioan odolera heltzen den glukosa (karbohidrato) kopurua aminoazidoena (proteina) baino handiagoa balitz? Pankreak glukagoia baino intsulina gehiago ekoitzi eta jariatuko lukeela.
      Zein proportziotan dauden glukosa eta aminoazidoak odolean, horretantxe daude intsulina eta glukagoia pankreak jariatzeko prestatzen duen kafesnean. Hortik kafesne argia jariatu izana guri, Mikelek jan duen karbohidrato (makarroiak) kopurua, proteina (eulia) kopurua baino askoz handiagoa izan baita.
      Ikustekoa izan da ere intsulinaren lan egiteko modua. Intsulinak, glukosa maila jaisteko, gibelera eta giharretako zeluletara jo du, esanez: “Har ezazue glukosa odoletik eta meta ezazue zeuen biltegietan”. Giharretako zelulek eta gibelak bete egin dute mandatua, baina biltegi mugatuak dituztenez, glukosa kantitate bat odolean geratu da; orduan, intsulinak gantzei eman die glukosa hondakin hori metatzeko agindua: hortik, mitxelinak.
      Intsulinak bere lana bukatu duenerako, glukosa maila odolean puntu kritiko batetik behera jaisten hasita egon da, eta garuna glukosa eskatzen, hori baino ez baitu hartzen. Glukosa gibelean metatuta eduki arren, hori askatzeko adina glukagoirik egon ez denez − kafesne argiak kafe gutxi −, protestaka hasi da garuna. Ernegatzen eta haserre jaiki da Mikel siestatik, goseak iratzarrita. Molestatzea da garunaren protestatzeko modu naturala.
      Horren aurrean, ohiko eran erantzun du Mikelek: karameluak eta galletak janda; hau da, karbohidrato gehiago irentsita. Jaki horien digestioa arina denez, zer apurtu handirik ere ez dagoelako, laster iritsi dira odolera glukosa bihurtuta. Orduan, garunak, eskerronez, baretu egin du protestaldia, eta, une batez, bederen, ongi sentitu da Mikel; baina pankrea hasita dago intsulina jariatzen odolera glukosa maila jaisteko. Beraz, laster izango da, berriro ere, haserre, gose … Eta horrela egun guztian. Jesus, Maria eta Jose, beti jan eta beti gose!
      “Beti jan eta beti gose” esaldiak, paradoxikoa dirudien arren, ez du paradoxikotik ezer ere; ez, behintzat, karbohidratoek eta proteinek intsulina eta glukagoi hormonen ekoizpenean eta jariapenean duten eragina ezagututa.
      Aspalditik zekiten nutrizioan adituek gramo bat karbohidratotan gramo bat koipetan baino kaloria gutxiago zegoela; orduan, arrazonamendu hau zabaldu zuten munduan barrena: karbohidratoak gehituz eta koipeak kenduz, argaldu egin behar duzu, nahitaez. Hainbat pertsonak jarraitu zuen aholkua; harrezkero, inoiz baino lodi gehiago dago munduan.
      Non egin zuten huts adituek? Ez zekiten karbohidratoek zelan eragiten zuten intsulinaren ekoizpenean; ez eta intsulina zela karbohidrato soberakinak gantzetan metatzen zituena ere.
      Hurrengo bizitzan gizakia banintz, jakingo nuke zer egin otorduen artean goserik ez izateko, eta, bide batez, mitxelinak saihesteko: karbohidratoak eta proteinak proportzio berean jan, eta kito.

      Jostailu-ikerlaria

      Jostailu-ikerlaria

      Bizkarrean eguzki-plaka zuen jostailu tamainako eguzki txirrindula hartu nuen eskutan. Soseguz ari zitzaien oinpekoei ematen: horrats! Egun horretan eguzki printzak hodei artean ari ziren barreiatzen, ez ziren txirrindulariaren bizkarrera heltzen ari. Argi zegoen horren printza gutxirekin ez genuela bero saparik izango.
      Presioa makilez erakusten zuen fraidea begiratu nuen hurrena: erdi-erdian zuen besoa goraka altxatua, beraz, aldaketa handiegirik ere ez genuen izango. Txaketa orlegia nahikoa nuen kalera ateratzeko.
      Irribarre egin nuen. Esperimentuz betea nuen etxea eta senarra eta haurrek nire grina bera zuten. Ura hartu eta balkoian genituen udareondoak ureztatu nituen alai: “fotosintesia, denok behar dugun oxigenoa sortzea, hau bai misterioa eta ez nik eraikitzen ditudan babukeriak”. Kaio baten hegaldi perfektuak areagotu egin zidan nire konbikzioa.
      Zientzialaria omen nintzen, baina zientzia nire inguruan zegoena interpretatzen jakitea zela zen nire leloa. “Eman hegoak zientziari” esaten nien “Eguneroko zientzia” irratsaioan entzuleei. Ni “zuhurtzia jauretsi, zientzia erdietsi” eta halakoekin hasita ere, leloetan leloena zen “eman leloak zientziari” erantzun zidaten isekari etxekoek.
      “Bota lehen leloa!” esan nien behin batean erretxinduta eta “zu zeu lehena!” izan zen etxekoen erantzun abila abailan. Ez neukan hor ezer asko argitzerik eta nire buruaren neuronen konexio abiadura ez zegoela nire esku argi sumatu nuen larruazalean. Amore eman nuen haiekin eztabaidan.
      Bi txalo egin nituen eta ogi-txigortua nahiz kafetera piztu nituen zapatak jantzi ahala. Senarraren muxu hezeak aztoratu ninduen berriki eta anatomia-kimika loturak ekarri zidan plazera irudimenera. Sukaldaritzan ematen den kimika edo gure hormona erreakzioetan, ezin uka.
      Zorabioa sentitu nuen. Lanparak balantza batzuk egin zituen. Lurrikarek Añarbe urtegia lehertuko balute Donostiako erdiguneko etxeen 4. solairura iritsiko zatekeen ura.
      “Eremu magnetikoak ez dira aldatu azken milioika urteetan, baina gure hanka-sartzeko gaitasuna areagotzen ari gara etengabe, limite ezezaguna duen serie baten antzera. Eta limitea gero eta gertuago, gu gero eta ahulago... agintari-mariek eta sasi predikatzaileek esanak esan” ahapeka hitz egin nuen nire ahalketasuna askatu beharrean.
      Eta orduan berriz ere errealitate gordin-samurrera ekarri ninduen alabari begiratu nion. Delleman sindromearen ondorioz lehen sei asteetan gaizki garatu zen gizajoa, baina hura bai pertsona osoa, ezer faltan ez zuena, burmuineko hemisferio erdia ezik. Ez zen sekula ni bezala pentsatzeko gai izango, ezta lan egiteko ere... baina, karanba! Nik bezala ludian sakabanatuak zeuden uhinak hartzeko gai zen: optikoak, soinu-uhinak... eta dena gune orokorrean prozesatzeko.
      Besarkatu egin nuen eta hark musu bat eman zidan. Hozkailuan zeuden imanekin ari zen jolasten bere lau urte bete berritan. “Pegatzen ez den kola” gisa azaldu zidan imanen ahalmena. Zergatik ez? Zientzia nola azal genezake ea sinple-sinplean bestela...
      Kafetera eta ogi-txigortzailea bere kabuz itzaliak ziren eta esku mugimendu batez jangelako argia piztu nuen. Mahaia prestatu nuen elkarrekin gosaltzeko, ez baitzegoen eguna ondo hasteko denen berotasuna eta maitasuna baino zientzia hobeagorik eta...
      “Ama, noiz deskubrituko duzue eremu magnetikoekin jostailurik?” Laster, haurra, laster.
      Nire haurrentzat munduan dagoen profesiorik zoragarriena nuen, jostailuak egiten zituen zientzialari ikertzailea bainintzen. Eta irribarre egin nuen, ogi txigortua esnetan nola biguntzen zen zientzia-prozesua erreparatuz...

      Kaiola ikusezina

      Kaiola ikusezina

      Ni eta nire bikotea erdigunetik gertu bizi gara. Hemendik iskanbila handia dugu beti, gehien bat bero egunetan, horregatik dut gustuko. Denak presaka dabiltza, alde batetik bestera, ziztu bizian, ondokoari begiratu ere egin gabe. Beti izan dut buruan noizbait istripuren bat izango dugula, baina ez, azkenean ez da ezer gertatzen; azkeneko momentuan batzuek eta besteek elkar eskibatzen dugu, nanometrora neurtuak ditugun mugimendu zehatzak erabiliz. Berarekin, nire bikoteaz ari naiz, bizi naizenetik, mundutik isolatua sentitzen naiz; ez dugu beste lagunik, ez datorkigu inoiz inor bisitan. Aspertuta nabil, deprimiturik esango nuke. Hala eta guztiz ere, onartu beharra dago, hemen ez dugula gonbidatuak modu egokian antolatu eta eroso sentiarazteko lekurik. Hau da erdigunean bizitzeak daukana, etxebizitzak oso txikiak direla, eta, hiru, jendetza dela dagoeneko. Suposatzen dut aspaldi ohitu nintzela berarekin bakarrik bizitzearekin, indar ikusezin baina boteretsu baten eraginpean elkarri erakarrita, eta dena popatik hartzera bidali eta nire bizitza beste leku batean hasteko erabakia hartu ezinik.
      Goiko bizilagunak denboraldi luzeak botatzen ditu etxetik kanpo ordea. Valentziakoa omen da, hori diote behintzat, eta bereak bisitatzera joango dela suposatzen dut. Behin, bi urtez egon ginen bera ikusi gabe; bidai luze bat egingo zuen ziurrenik, leku berriak ezagutzen. Hau bai zorte ona madarikatu horrek duena, bere kabuz joan-etorrian ibili daitekeela, ni kaiola ikusezin honetan harrapaturik nagoen bitartean.

      Barkatu, barruan nuen guztia bota dizuet eta orain konturatu naiz zakar hutsa naizela, ez bait dut nire burua aurkeztu. (2pz)2 da nire izena. Sodio atomo batetako 2pz orbitaleko bigarren elektroia. Hori uste dut behintzat.

      PSIKOLOGIA ORTZADARRA

      PSIKOLOGIA ORTZADARRA

      Duela milioika urte, Nominolandia izeneko planeta bat zegoen. Bakarrik gnomoak bizi ziren han eta berezitasun bat zeukan planeta horrek: beti ortzadar bat zegoen. Nominolandian, gnomo filosofo bat zekoen, Mikel izenekoa eta psikologoa zen. Ospe handia zuen herritarren artean eta gnomo asko joaten ziren berarengana terapiak egitera.
      Mikelentzat ez zegoen ezer ezinezkoa eta egun batean ortzadarrean ibiltzea bururatu zitzaion. Bere familiakoei hau kontatzean zoratuta zegoela pentsatu zuten, baina berari ez zion axola izan. Bokata bat egin zuen, motxilan sartu eta badaezpada lo-sakua sartu zuen, ez zekielako zer luzera izango zuen ortzadarrak.
      Harantz abiatu eta harrituta geratu zen hain handia zela ikustean. Miel gnomoa oso pozik zegoen. Ortzadarra zeharkatzeko zazpi bide zituen: bat urdina, ur betetaz eta txalupa batzuekin zeharkatzeko; beste bat morea, dena ispiluz beteta zegoena; beste bat laranja, jokoak zituena; bide arroxa bat ere bazegoen, kotoizko hodeiaz betea; berde bat, belar zelaia zena; bestea gorria, bihotzez berea eta azkenekoa, horia, eguzkia zeukan bidea zena.
      Pixka bat pentsatu eta gero, ide laranjatik joatea erabaki zuen. Mikel pozik zegoen, baina konturatu zen bide laranjatik joatean asko dibertitzen zela, dena joko baten modukoa zelako.
      Ordu erdi pasata, beste bide batetara zeharkatu zuen, gorrira. Gorrian, bihotz pila bat zeuden eta hortik ibiltzen kriston maitasuna sentitzen hasi zen bere familiarekiko, bere lagunekiko,…
      Bide bakoitzean gertatzen zitzaiona ikusteko, bide bakoitzetik joan zen, baina laugarren bidetik zihoanean, bokata jaten gelditu zen, bazkaltzeko ordua zela eta. Falta zitzaizkion bideak ikusi zituen eta denak zeharkatzen bukatu zuenean, honetaz konturatu zen: bide horia optimismoa ematen ziola, gorriak maitasuna, urdinak sinpatia, berdeak esperantza, laranjak dibertsioa, arroxak goxotasuna eta moreak konfiantza.
      Mikel gnomoa etxera bueltatu zen, oso pozik, aurkitu zuengatik eta etxera heldu bezain laster familiakoei kontatu zien. Bere buruari bueltak ematen pasa zuen gau osoa eta ideia galanta izan zuen. Ortzadarra bere psikologia terapietarako erabiliko zuen!

      Mikelek zekien kolore guztiak elkartzean kolore beltza ateratzen zela, isiltasunaren, ilunpearen eta heriotzaren kolorea. Baina, gorputzarekin talka egitean, beltza txuria bihurtzen zen, bakearen, lasaitasunaren, zintzotasunaren eta libertatearen kolorea.
      Hori jakinda, ondorio bat atera zuen: gnomoak ortzadarraren kolore guztietatik ibiltzen bazen, kolore beltza bereganatuko zuten eta danba egitean, txuria bihurtu eta gero, gnomo guztiak hobeagoak eta libreagoak izango ziren, beraien arazoak konponduko zirelako. Eta horrela bihurtu zen Nominolandia planeta zoriontsuenean.

      ZAPLAZTEKOA

      ZAPLAZTEKOA

      ZAPLAZTEKOA
      Juliak arnasestuka ireki du aldageletako ataria. Squash partidak leher eginda utzi du, agian gaur ez zen egun egokiena kiroldegira joateko. Erraketa aulkian utzi, besoak hanken gainean pausatu eta burua makurtua arnasaren erritmoa normaldu arte egarriak itxoin dezakeela erabaki du. Partida eskasa, gaurkoan, Alfredok nahieran ibili du kantxan. Orain, irabazlearen nagusikeria jasatea tokatuko zaio.

      Jasangaitza suertatzen da horrelakoetan. Ariketak sortutako serotoninak, dopaminak eta endorfinak gehi lehiaketan garaile suertatzeak gizonezkoei sortzen dien euforiak etengabeko berriketa eragiten dio. Orojakileak berea botatzeko eta solaskidearen hitzei entzungorrarena egiteko duen gaitasunaren laguntzarekin, maisutasun intelektuala erakusten saiatuko da.

      Oinak txankletetan sartuta eta bainu-bata jantzita, badoa saunara. Ia ehun gradutan egoteak atsegina dela sinesteak lanak ematen baditu ere, maite du hamabosten bat minutuko saioa egitea. Atsegina zaio bai, ura harrien gainera botatakoan, azalean sentitzen duen mina eta biriketako estutasunaren ondoren dena bere onera etortzen denaren sentsazioa.

      Atea ireki duenean Alfredo albo batera mugitu da, ondoan esertzeko gonbidapena luzatu nahian edo. Desesperazioz konprobatu du Juliak ez dagoela beste inor. Bakarrik eutsi beharko dio hitz-etorriari.
      Ez dio aurreikuspenak huts egin:

      - Ederra gaur eman dizudan jipoia, eh? – esertzeko betarik ere ez dio eman- Gaurkoan geldiezina nintzen! – taktikaz hasiko zaio orain- Pilotari abiadura eman diot, kantxan mugiarazi dizut, txotxongiloen pare ibili zara !

      Juliak zurezko ontzitik burruntzalia hartu eta ura gutxika-gutxika bota du harrien gainera. Lurrunak jarioa eteteko balio izan du behintzat. Etenaldi laburra hala ere:

      - Gainera arnasa hartzen ikasi dudanetik, nabaritzen dut errendimendu muskularra biderkatu egin dudala- bota du Alfredok, hitzok lepoko ezker-eskuin mugimendu azkarrarekin lagunduaz.

      - Hogeita hamar urte eta ez zenekien arnasa hartzen? Zorionak Alfredo! Zein da hurrengo urratsa? Esfinterren kontrola? Begiak kliskatzen ikastea? – ironiak ez du hizketa-laguna kikildu:

      - Frogatu beharko zenuke Julia! Meditazio saioetara joaten naizenetik sekulako aldaketak nabaritu ditut; zerbait espirituala da. Begira, meditazioak benetako nia aurkitzen lagundu dit. Beti presaka, inoiz baino gauza gehiago egiten nituen; eta aldi berean, inoiz baino gauza gehiago egin gabe uzten nituenaren sentsazioarekin bizi nintzen. Estresatua, depresioak jota; erratutako txorien antzera nenbilen, Julia. Etxea nahi nuen, lana, bikotea, arrakasta, dirua … nahi, nahi eta nahi! Dena nahi izate horrek sufrimendua baino ez zidan sorrarazten, frustrazioa! Ez nintzen zoriontsu.

      Juliak lehenengo izerdi tanta nabaritu du bekainetik masailerako bidea egiten. Besoan erori denean, distiratsua duela konturatu da; gorputza bero, burua irakiten! Ohikoa baino laburragoa izango da gaurko saio; badoa:

      - Bueno Alfredo, gaur ez nago oso katoliko …

      - Ba zuk ere meditazioarena landuko bazenu aldaketa sentituko zenuke- Alfredok ez du tregoarik eskaintzeko inongo asmorik- Zientifikoki demostratuta dago gainera, arnasketak odol zirkulazioa hobetzen duela eta bihotzaren lana errazten duela; gihar tonua erlaxatzen du, egoera emozionala orekatu … – etsita, Juliak burruntzalia hartu eta ura brastakoan bota du harrien gainera- Gaur egun zientziak demostratzen du hori, baina budismoak milaka urte ditu, pentsa!

      Zer edo zer esan beharra sentitu du Juliak:

      - Aizu, Alfredo, gauza bat da …
      - Eta ez hori bakarrik, zientzia berresten ari da ZEN filosofiak intuizioaren bidez aspaldian aurkitu zuena!
      - Ah bai?!?- lepoa biratuta, idi begirada eskaini dio Juliak. Keinua ez zaio oharkabean pasa Alfredori; garailearen harrokeriaz mintzo da orain:

      - Harrituta eh? Bada arnasketarena ez da zientziak ZEN filosofiari buruz balioztatzen duen datu bakarra. Azken ikerkuntza zientifikoek diote atomoa osatzen duten partikulen artean hutsunea nagusitzen dela; hau da, espazio hutsak materiak baino gehiago okupatzen duela! Konturatzen zara Julia! Materian bertan, hutsunea da nagusi! Buda-k aspaldi aurkitu zuen hori nahiz eta hitzez ezin adierazi: munduaren hutsaltasuna! Errealitatea ez da existitzen, gure buruen asmakuntza besterik ez da! Hutsuneak inguratzen gaitu! Ilusio batean bizi gara! eta horregatik sufritzen dugu hainbeste Julia, horregatik. Sufrimendu hori erauzi egin behar dugu. Ez gara gai existentziaren benetako izateaz jabetzeko.
      - Hutsunea da nagusi beraz. Errealitateak ez duela existitzen, hori esan nahi duzu?
      - Bai bada Julia, horixe!

      Juliak besoa luzatu du hirugarren burruntzalia ur goritutako harriei botatzeko intentzioz. Zerbait gertatu da orduan Juliaren burmuinean. Zer edo zer arraroa, ez ohikoa: disfuntzioa. Juliaren neuronek alarma abisua jaso dute; sistema linbikoaren aktibitate indizea disparatu egin da. Amigdalak garunaren erabateko kontrola eskuratu du: estatu kolpea! Neokortexak ezin izan du ezer egin: motel, motelegi ibili da.
      Giharrak itxiz burruntzaliari eusteko agindua zuten neuronek kontragindua jaso eta eskua zabaldu egin dute; burruntzalia gora jasotzekoa zutenek abiadura handitzekoa; besoa goian mantentzekoa zutenek ezkerrera jotzekoa, ziztu bizian!

      Agindu eta kontraginduen emaitza hauxe izan da: Juliaren eskuineko ahurrak talka egin duela Alfredoren ezkerreko masailaren kontra orduko ehun eta hamahiru kilometrotako abiaduran.

      - Eta? hauxe zer izan da? Hutsunea? Zaplaztekoa ez da erreala izan? Zure buruaren asmakizuna agian?

      Julia zutitu egin da. Aterantz egin du. Ez du kulpa sentimendurik. Kopeta-hezurreko lobuluen arteko lehian, ezkerrekoa nagusitu da, emozio negatiboei bidea itxiz. Atea ireki baino lehen, Alfredo eskutik hartu du. Garunaren alde primitiboak soilik funtzionatzen dio, arnasteko eta bihotzaren taupadak mantentzeko balio diona. Elkarrekin egin dute, mutu, gizonezkoen eta emakumezkoen aldagelak bereizten dituzten ateetarainoko bidea.
    • 78° 30' S, 61° 00' W

      78° 30' S, 61° 00' W

      Cando espertou, xa pasara un século. A carriza desconxelárase, e paseniño retomou os seus movementos, tentando erguerse. Esculcou ao seu redor, mais non advertiu a presenza doutros conxéneres. Se cadra non foran tan serodios coma el e xa se atopaban recompondo as súas vidas noutras rexións. Malia que non se esquecera da súa contorna, o panorama actual non cadraba coa idea que gardaba. Grandes bloques níveos flutuando ao garete. O seu porvir esvaecíase coma o grande astro ao descender polo sendeiro do solpor. Capaz de aturar as condicións máis límites, abranguindo temperaturas extremas, radiación ionizante e mesmo o baleiro espacial, ficaba impotente perante a nova situación.

      Cando espertou o tardígrado, xa pasara un século, e os ventos catabáticos empurrábano irremediablemente cara aos remanentes da antiga plataforma de Ronne. A criptobiose, aínda que incerta, podería presentarse como unha saída.

      A aparición

      A aparición

      Ós pés do outeiro comezaba a congregarse unha morea de xente, o suceso non era para menos. A primeira en ser testemuña del era unha grande devota, unha muller de fe que fora dar un paseíño e dera con aquela aparición no alto do outeiro. Naturalmente, aquel encontro debía ser compartido e non tardou en chamar a máis e máis xente para que fosen partícipes daquel milagre.
      Outro dos primeiros en presenciar aquel acontecemento fora un membro da asociación de amigos dos ovnis, como non podía ser doutra maneira, avisou rapidamente ós seus compañeiros da asociación do encontro e, pouco a pouco, encheuse de xente abraiada que ollaba pampa para o cume do outeiro.
      No medio dos devotos e crentes dos encontros extraterrestres estaban, tamén, algúns escépticos e curiosos que só querían saber que diaño era aquela estraña luz no alto do outeiro. Un dos que acababan de chegar preguntou abraiado.
      —Que é esa luz? Que pasa alá arriba?— Interrogaba sorprendido ós presentes que chegaran alí antes ca el.
      —Non o ves, filliño? É a Santa Virxe María! Claro, ti non a ves porque non es un home de fe.—Respondía unha das mulleres devotas.
      —Non lle fagas caso a esta fanática! Son visitantes! Por fin imos presenciar un contacto!— Dicía un seguidor dos ovnis.
      Para os devotos, estaba ben claro que era unha aparición mariana, vían como a luz saía do medio da inmaculada figura, a figura da Santísima Virxe que tantas veces viran nas igrexas e outras representacións relixiosas.
      Todos os devotos se axeonllaron e rezaban Ave María tras Ave María, entre oración e oración aproveitaban para suplicarlle á virxe que intercedese por eles ante o Altísimo. Meu home leva seis anos sen atopar traballo, virxeciña roga por nós. O meu fillo está moi enfermo, axúdalle, ti que es tan santa e tan pura. Deus te salve, María, chea es de gracia, o Señor é contigo, bendita ti es entre tódalas mulleres e bendito é o froito do teu ventre, Xesús. Santa María, nai de Deus, roga por nós, pecadores, agora e na hora da nosa morte. Amén.
      Claramente era un milagre, aquela luz só podía ser celestial para destacar tanto a pesar de que ía un día bastante soleado.
      Da outra banda, os que crían que estaban ante unha visita dos alieníxenas, vían entre a luz unha figura de aspecto humanoide pero que claramente procedía doutro planeta, doutra galaxia, dun lonxincuo recuncho do espazo exterior. O raio de luz por veces conectaba cunha sospeitosa nube xusto enriba, moitos deles especularon con que esa nube non era máis que a camuflaxe da nave espacial na que viñeran. Non era nada novo para eles, pensaban, había centos de documentos confidenciais de gobernos de todo o mundo con fotografías secretas que amosaban casos semellantes. Cada un tentaba destacar sobre os demais e pedíalle ó visitante que o escollese a el para que fose o seu embaixador na terra.
      Os que só eran curiosos simplemente miraban para o alto do outeiro aquela luz, sen saber se era unha aparición mariana ou se era unha aparición marciana.
      Por volta dunha hora despois, apareceu, no medio daquela concentración de xente, a señora Encarna visiblemente alterada.
      — Ou baixas de aí ou voute buscar eu cunha vara!— Berraba a señora Encarna a aquela luz.
      — Perdóaa virxeciña que non sabe o que está a dicir. — Murmuraban entre rezos algunhas das devotas.
      — Que fai esta señora? Aínda nos van tomar por un pobo hostil! —Falaban os que crían que era un extraterrestre o aparecido, preocupados porque de todos é sabido que os aliens teñen unha tecnoloxía a anos luz da nosa e non convén de os alporizar.
      — Non baixas? Xa baixarás, xa, e vas ver como te deixa a miña zapatilla. — Insistía Encarna.
      Desde o alto do outeiro, todas aquelas persoas parecían formiguiñas. Algo así debeu ver Moisés cando baixou das montañas coas táboas e, do mesmo xeito que Moisés amosaba os Sagrados Mandamentos de Deus ó pobo xudeu, estaba Tomasiño alzando o seu espello e saudando ós presentes co reflexo do sol. Se ata ese momento o que estaba era enfurruñado porque ninguén lle devolvía o saúdo, agora o que estaba era aterrado ó escoitar as ameazas da súa nai entre aquela xente. Para uns aparecera a virxe, para outros aparecera un alieníxena, a Tomasiño apareceulle o mesmísimo demo.

      A choiva vermella

      A choiva vermella

      As nubes son caprichosas, ás veces brancas, ás veces negras, ás veces?vermellas??!!
      Aquela mañá o sol brillaba pálido no horizonte, apenas unha pincelada de luz anticipaba o comezo do novo día cando estalou un estrondo terrible, unha especie de trono ou unha bomba quizá, que axitou nas súas camas a todos os habitantes, incluso os máis dormilóns, daquela pequena cidade da India.
      Os máis madrugadores levantaron a vista ao ceo e alcanzaron a seguir o percorrido dunha luz cegadora que se extinguiu a toda velocidade, moitos quilómetros de lonxe, mentres escoitaban aquela explosión sobre as súas cabezas. Parecía unha escena doutro mundo.
      Logo volveu o silencio e a todos volveulles a dominar a sensación de bochorno que bañaba desde cedo a aquela xornada tan estraña.
      As primeiras pingas non se fixeron esperar e en cuestión de minutos desatouse un enfurecido diluvio. O sol desapareceu, oculto baixo un escuro manto de nubes vermellas!!, si, vermellas!!. Non era a luz do amencer, era outra cousa que ninguén alcanzaba a entender.
      Todo na rúa tinguiuse de vermello: os charcos sobre a terra arxilosa, os baldes metálicos para recoller a choiva, dous cans que corrían perseguíndose pingando coma pitos, unhas sabas tendidas axitándose co ballón entre uns postes. Parecía que alguén estivese espremendo o mollo dunha granada e salpicando ao mundo enteiro con aquela choiva vermella.
      Houbo quen pensou no peor: unha maldición, a man do demo!!. O propio Satanás descargara aquel trono e espertado ao pobo con aquela choiva vermella para avisarlles de que alí chegara o fin dos tempos. Xa podían rezar!, xa!, que os seus pecados non terían solución!...a menos que? a menos que...procurasen en "Google" o que aprendeu un señor de Zamora, cando logo de recoller unhas mostras de choiva vermella no patio da súa casa, e pasados uns días, recibiu a seguinte chamada: "Bernardo, son algas, as algas da choiva vermella!!. E chámanse Haematococcus pluvialis".

      Claro que na India todo é distinto, máis exótico e misterioso, incluso as algas da choiva vermella. Non era tan fácil aclarar naqueles lonxanas terras o que sucedeu. Pasaron varios anos antes de pescudar a natureza daquelas partículas vermellas que arrastrou a choiva.
      Resultou que o demo non tiña nada que ver con aquel fenómeno. Tampouco chegaron doutro mundo viaxando a lombos dun meteorito como algúns imaxinaron. Eran algas!, sí, pero das que adoitan atoparse nas árbores, vivindo en simbiose na súa cortiza e protexidas nos líquenes.
      Das árbores ao ceo...¿pero cómo? ¿levadas polo vento, ascendendo no ar entre as follas? ¿transportadas coma o polen por insectos voadores e paxariños? Ninguén o sabe, pero unha vez remontan ata as nubes, gústame pensar que as nubes as reciben e envolven na súa morna e húmida aperta e as multiplican ata o infinito, como na "illa nube" verde de Cunqueiro. E logo chove, xa sexa na India ou en Zamora, e todo se tingue de vermello. Natural, é a cor das algas que viven nas nubes...

      A FORZA DA INERCIA

      A FORZA DA INERCIA

      Eu nada fago.
      Só me deixo escorregar por un tobogán parado.
      Un tobogán como un morto, unha cousa.
      E sen nada facer, baixo a toda velocidade.

      Vin ao mundo para deixarme levar.
      Vin a non facer. Pero crezo, respiro, apártanme, arrástranme e chego.
      E, mesmo foi a inercia, mais eu estou na meta, ao final.
      Quizais creas que a túa meta é máis meta porque montaches un negocio, compraches billetes de avión, casaches dúas veces, produciches unha chea de pezas de coche, renaciches tras a bancarrota e agora vives cós netos.

      Eu deixei que un paxaro pousase en min.
      Vin moitas veces a posta de sol e moitas tamén a saída da lúa.

      Quieto, sen intervir, servín de freo a un neno que corría e contestei aos gatos que miañaban. ¿Enchiches ti máis segundos?

      Convertinme en oínte, convertinme en árbore, en amado, en testemuña, en almofada, en obstáculo no teu camiño, en gato no teu colo, en colo onde deixar ao bebé cando chora.
      Sen nada facer (a inercia mesma ocupouse) fun iso todo .
      A man na que collerse, o ollo que contempla, a boqueada que che contaxia o sono, o modelo que foi debuxado, recheo na masa de xente...
      Fun quen estorba ao pasar, quen comentan as veciñas.
      E logo que vai ser máis ¿o teu corricar diario abaixo e arriba ou os meus pensamentos?

      A moda das matemáticas

      A moda das matemáticas

      Coma tódolos días, despois do lusco-fusco, María quedaba a espreitar o bó facer coa agulla e a tesoira da súa tía Luisa. Dende ben cativa, María sabía que detrás do que facía a súa tía ademáis dunha bonita saia, un vestido de festa ou un elegante traxe sastre, había algo máis que moda e beleza. E non estaba errada. Detrás daqueles cortes de tea, dos patróns de papel, dos abelorios de cristal había moita ciencia, en concreto moita matemática.
      María aprendera case sen darse conta a contar, a sumar e a restar a través dos abelorios que usaba súa tía para bordar os corpos dos vestidos de festa. Anos máis tarde, daríase conta que entre os diferentes abelorios cos que durante tantos anos estivera a xogar enriba da mesa de traballo da súa tía Luisa, había cilindros, dodecaedros, prismas pentagonais, esferas ou troncos de pirámides cuadrangulares que ademáis, contaban con un oco interior a modo de cilindro baleiro, polo que entraba o fío da agulla cando eran cosidos ós tecidos.
      Algún que outro día, María preguntáballe á súa tía como era capaz de transformar as medidas dos corpos en tres dimensións das clientes, en patróns de papel en dúas dimensións. "O truco está nas matemáticas, María", lle respondía a súa tía Luisa. Así María aprendera varias cousas relacionadas coas matemáticas que servían para confeccionar e deseñar roupar. Dende calcular fraccións para facer as divisións na tea coas que se podían costurar as dobras da saia ou se confeccionaban os tecidos plisados, a medir os ángulos cun transportador para cortar correctamente a escave dunha manga e o tiro dun pantalón, ata calcular o perímetro de circunferencias usando o número pi para facer os pescozos dos vestidos e camisas. Coma súa tía Luisa era unha boa modista, aprendeulle a María a dividir as medidas tomadas coa fita métrica correctamente para facer os patróns de papel e unha vez postos sobre o tecido, aproveitar ó máximo a tea sen que faltara para a peza de roupa e que puidera sobrar certa cantidade, para facer un bolso ou un mantón xeitoso.
      Só cando as circunstancias o mereceran, María aprendera a bordar usando os abelorios e fíos de cores construíndo figuras simétricas moi variadas, donde o principal eixe de simetría era o borde do papel que usaba como patrón. De maneira colateral, cando predominaban os estampados florais nos bordados ou nos tecidos, María aprendera a reproducir as diferentes especies de flores silvestres que anteriormente observara cando ía de paseo polo monte co seu pai.
      Todos esos recordos de infancia fixeron que moitos anos máis tarde, cando María estaba a piques de presentar o seu traballo de fin de grao na escola de deseño e artes plásticas Mestre Mateo, co motivo da súa graduación como deseñadora de modas, decidira nomear a súa colección de roupa coma "A moda das matemáticas". A través dela, María prentendía que o seu futuro público e compradores, entenderan que o verdadeiro truco dun bo deseño e unha boa confección de roupa está na beleza escondida das matemáticas, repetindo a ensinanza que tantos anos atrás lle compartira súa tía Luisa, a primeira modista da familia.

      A nai da ciencia

      A nai da ciencia

      Eu non sei moitas cousas. E o que sei ensináronme os meus pais. Eles sabían as herbas que curaban os resfríos, e as flores que espantaban os cínifes. Ademáis facían emplastes con arxila nas feridas para que non se infestaran e fervían plantas para as doenzas moitas do corpo. Cando crecín aprendín a adiviñar o tempo polo andar das formigas ou polo traballo da araña, e a conservar o leite mesmo cando ai haber tormenta e a face-lo pan e que dure toda a semana ben tenriño. Tamén sei compoñer os osos que se saen do seu oco, e aliviar os males das costas e da cabeza. Toda a miña vida vivín neste eido que antes era dos meus pais e antes aínda dos meus avós.
      Pouco a pouco a aldea fíxose mais grande e a xente da cidade viño vivir aquí. Estamos preto da vila, neste alto dende onde se ve a mar polo oeste e a montaña polo este. E a xente empezou a preguntarme cousas: cando non estaban ben viñan a verme, e eu facía o que sabía e llo dicía e non lles ía mal... e un día chegou a tele. ¡A que se armou! Empezaron a dicir que eu son unha mentireira, e que o que fago son trapalladas de vella. Vella son, e verdade, pero non digo nada que non sexa certo. Tanto falouse de min, e tan mal, que un día un home e unha muller viñeron a miña casa cun xornalista. Estivemos a falar moitísimo tempo, sobre a natureza e as cousas do campo, e da terra, e do mar. E o final dixeron que, á miña maneira, eu son coma eles, unha persoa de ciencia. ¡¡Quen mo ía dicir a min, a min, que sei tan poucas cousas!!

      Mensaxe do Sistema.

      Mensaxe do Sistema.

      Mensaxe do Sistema.



      Levaba toda a vida diante dun ordenador. Lara pasaba alí a maior parte do seu tempo, vagando por paisaxes medio “pixelizadas” que para ela eran normais. Relacionábase coas persoas que estaban ao outro lado coma se as tivese diante fisicamente, sen botar de menos para nada a súa auténtica presenza. Non era raro que esquecera o propio corpo, e só as necesidades fisiolóxicas máis inaprazables, a fame ou sede atroces, a facían darse conta de que o seu ser residía dentro dun ente biolóxico.

      Ao principio tiña o rato, o teclado, o monitor e os auriculares. Pero a tecnoloxía avanzou velozmente, e as formas de relacionarse coa máquina fóronse volvendo cada vez máis directas, complexas e instintivas. Entrada táctil, manexo só coa mirada, implantes cibernéticos... Para mediados do século XXI, os nano-robots que circulaban polo seu cerebro xa a conectaban sen fíos coa computadora, e máis alá: coa propia Rede. Daquela abriuse un novo mundo de posibilidades. A súa intelixencia ampliouse coa axuda das máquinas, e a maior parte da información que recibía xa non lle chegaba a través dos sentidos, senón que era o Sistema o que enviaba bits e máis bits directamente ao soporte lóxico da súa mente. Ao mesmo tempo, o universo virtual medrou exponencialmente, tanto en cantidade coma en calidade, ata chegar a ser indistinguible do mundo real, e mesmo a resultar máis atractivo: alí, Lara podía facer o que quixese e divertirse de infinitas formas, case sempre sen responsabilidades e sen consecuencias.

      Un bo día fixouse nunha alerta, unha mensaxe do Sistema referente a certo “dispositivo de hardware”. Para dicir a verdade, xa facía tempo que a estaba recibindo. Primeiro fora un sinal amarelo, despois volvérase vermello, e nos últimos días obtivera a categoría de “erro crítico”. Mais nunca antes lle fixera ningún caso, tan entretida como estaba no grande universo dixital. Cando por fin se dignou a mirar, non o podía crer. A derradeira entrada, anunciaba:

      “O seu corpo biolóxico faleceu por fallo multiorgánico”.

      Repasou en microsegundos, agoniada, o historial das mensaxes, ordenadas cronoloxicamente da máis nova á máis antiga:

      “O seu corpo biolóxico precisa atención médica urxente.”
      “O seu corpo biolóxico precisa auga con urxencia.”
      “O seu corpo biolóxico sufre anemia por falta de alimento.”

      E así continuaban, relatando con claridade a historia dunha persoa que falecera abandonada, por sede e inanición.

      Tranquilizouse, porque sabía que estaba viva. “Penso, logo existo”, deduciu a súa super-intelixencia sen marxe de erro, e o seguinte foi tentar volver ao corpo; mais o Sistema insistíalle en que era totalmente imposible. Así que fixo o único que podía facer: en tempo real, accedeu a unha das ducias de cámaras instaladas no cuarto do ordenador (o sitio onde deixara a súa forma humana) e observou. Roupa ciscada, desorde, restos de comida en pratos, moitas botellas de auga valeiras; e xusto no centro, a cómoda cadeira de brazos na que adoitaba sentarse para voar polo ciberespacio. O seu corpo continuaba alí sentado, pero inerte, e con aspecto de levar así moitos días. Foi terrible ver o propio cadáver en descomposición. Sen embargo... como era posible, se seguía pensando?

      A Rede deulle a resposta inmediatamente: a verdade era que Lara deixara de utilizar o seu cerebro humano facía tempo; agora, a ferramenta que empregaba para ser consciente de si mesma eran os super-computadores, os servidores, a propia Rede. Estaba viva na nube, o seu ser non tiña ningunha localización física determinada. Era aínda humana?

      Nado para migrar

      Nado para migrar

      A casa da tía Tareixa era coñecida en toda a aldea pola beleza das súas roseiras. Durante os meses de inverno, tía Tareixa multiplicaba os arbustos, cravando anacos de talo en macetas de barro. Ao chegar a primavera transplantábaos, elixindo para cada un o mellor emprazamento.

      Nesas andaba a muller cando Avión chegou ao pobo, despois dunha longa viaxe que se iniciara en África. Tras sobrevoar a contorna, decidiu instalarse baixo o tellado da tía Tareixa, por seres un lugar tranquilo, soleado e abrigado do vento e a chuvia. E para celebralo comezou a xirar arredor da casa, dando voltas e máis voltas, mentres entoaba unha alegre canción.

      Ao cabo, unha femia acoplouse á súa danza. A parella desprazábase cunha sincronización perfecta, interpretando unha elegante marcha nupcial.

      Así foi como Anduriña e Avión emparellaron e iniciaron a construción dun fogar común. Ramiña a ramiña, co barro e o cuspe para fraguar a mestura, ambos os dous paxaros inauguraron un niño que axiña comezou a facerse pequeno coa posta dos primeiros ovos. A femia apenas os abandonaba, quecéndoos coa calor do seu pequeno corpo negro azulado e branco.

      Os ovos escacharon despois de dúas semanas. Tristán e as súas tres irmás viron a luz un fermosísimo día do mes de abril. Anduriña alimentaba aos seus cativos con pequenos insectos. Tanta fame tiñan que calquera deles era devorado con avidez, entre un concerto de rechouchíos! Mais o padal de Tristán comezou a facerse esixente o día que probou unha exquisita libélula e unha tenra bolboreta. Que insípidos resultaron entón todos os bocados anteriores!

      Os pitiños foron medrando, e tras vinte días sen saír do niño, os pais decidiron que xa era o intre de comezar as prácticas de voo. Toda a familia, en ringleira, iniciou a andaina camiñando polo borde do beirado, ata chegar a un cable tenso ó que a tía Tareixa chamaba liña telefónica. Os cativiños desprazábanse por ela coidadosamente, intentando manter o equilibrio, coma os funambulistas dun circo imaxinario. Papá empurraba coa cabeza ás femias, que axiña perderon o medo e planearon con decisión. Mais Tristán aferrábase ao fío coas súas pequenas unllas. Había tantos estímulos ao seu redor que non era quen de concentrarse no seu propio sistema de navegación! Que estoupido de cores! O sol radiante sobre un ceo intenso; o tellado vermello; a delicada herba; e, contra a resplandecente parede, aquel pequeno arbusto con follas de borde serrado entre as que asomaba un bico amarelo de delicada fragrancia.

      Tan absorto estaba na contemplación da roseira que o empurrón de Mamá pillouno desprevido. Caía a unha velocidade de vertixe, e sen saber que facer, comezou a mover desesperadamente as ás. De xeito torpe conseguiu manterse no aire, para, finalmente, se pousar na herba dando tombos. Aquela non fora a mellor das aterraxes!

      Un tanto aturdado achegouse dando choutiños ata a parede branca. E, sen darse conta, descubriuse á sombra da roseira. Intentou trepar ás ramas, seguindo o rastro dun perfume que se metera tan dentro dos seus miolos coma as espiñas nas súas febles patas. E o que atopou foi un labirinto amarelo e mol. Como gozaba despegando co seu pequeno peteiro aqueles pétalos pechados! Que suave o seu contacto sobre as plumas! Tristán atopara o seu paraíso particular, e non precisaba coñecer ningún outro.

      E así, mentres as súas irmás acumulaban horas de voo explorando novas e perigosas paraxes, Tristán percorría, incansable, o circuíto comprendido entre o cable, a roseira e o niño, coma un hámster facendo xirar eternamente unha roda.

      Con esta rutina, os días foron pasando. Mais non todas as xornadas eran iguais. Ao principio as horas de luz non deixaban de medrar: eran cada vez máis longas. Ata que nunha delas, chegando o mes de xullo, o proceso inverteuse: pouco a pouco, a noite empezou a gañar minutos, para, a finais do mes de setembro, chegar ao empate entre os períodos de luz e escuridade.

      Daquela, Tristán xa era unha ave experimentada, aínda que as súas exploracións non o tiveran levado moi lonxe. Por iso, a súa persistente capacidade de observación permitiulle descubrir que algo cambiara no xardín. O céspede xa non estaba tan verde nin tan limpo. Agora aparecía cuberto por unha alfombra de follas secas que cruxían ó seren pisadas pola tía Tareixa. E a roseira xa non tiña aquel aspecto tan lustroso. Mesmo algunhas pólas comezaban a tinguirse de ocre, e as flores, cada vez máis escasas, agachaban a cabeza.

      Tamén no niño as cousas cambiaran. A familia medrara cunha nova rolada, e o nerviosismo e a inquietude contaxiábanse entre os irmáns.

      Algo no interior de Tristán dicíalle que a gran migración chegaba. Entón tivo a certeza de que, cando as roseiras volvesen agromar, el estaría pousado novamente no cable para seres testemuña.

      O banquete dos xenes

      O banquete dos xenes

      Coñecino despois dun congreso, na festa de clausura do congreso, para sermos exactos. Achegueime á barra para pedir o derradeiro gin-tonic e faloume co aquel de querer saber qué me levara a estar alí naquela noite. E foi entón tamén cando me tocou explicar por quincuaxésima vez na miña vida iso da bioqué? Si, a biotecnoloxía. Non quixen entrar en moitos detalles, e tampouco estaba nas mellores condicións de facelo, así que lle expliquei que a biotecnoloxía é o estudo da vida en tódolos aspectos para tentar dar solución aos problemas do ser humano e do planeta en xeral. Paréceme lembrar terlle contado algo das bacterias que comen petróleo, e que nos botaran unha man na limpeza do Prestige, pero vendo o xesto estraño da súa cara decidín falarlle dos transxénicos. Entón entendeu, entendeu que eu formaba parte dese grupo de xente desalmada que desfruta xogando a ser Deus, e confesoume que non lle facía nin chisco de graza iso de comer xenes. Deixando as nosas diferenzas irreconciliables a un lado quedamos para cear o día seguinte.
      Ceamos na miña casa, el suxeriu que pedíramos algo por teléfono ou que o encargáramos nun restaurante, pero quixen ocuparme eu persoalmente. Era a nosa primeira cita e eu quería que todo saíra perfecto. Preparei algo da terra: unha ensalada de granito e area da praia das Catedrais. E de sobremesa unha lambetada, milfollas de xornal do día anterior con terra dos xeranios do balcón. Cando viu todo aquilo quedou apampado. A súa cara de sorpresa foi aínda maior cando me viu poñer un bo solombo de tenreira enriba da mesa só para min. Convideino amablemente a que sentase e gozase comigo daquel banquete, pero el só se atreveu a preguntarme qué clase de broma era aquela. Respondinlle que eu non tiña ningún problema en comer xenes, que me prestaban bastante, sobre todo se os xenes daquel solombo eran das tenreiras criadas na montaña de Lugo. E que inda no caso de que aquelas fosen transxénicas íanme sentar igual de ben. Porque os xenes que hai nos alimentos transxénicos non son outros que os que hai nos seres vivos do noso planeta.
      Non nos volvemos ver nunca máis, inda que tempo despois souben que casara. E aquí inda non morre o conto, porque non é un conto, senón parte da realidade do século XXI. Pode que tampouco comeran perdices, ou polo menos non modificadas xenéticamente.

      O espirro de Deus

      O espirro de Deus

      Einstein decía que Deus non xogaba aos dados, Galileo, que a matemática era a linguaxe coa que Deus escribiu o universo. Todo iso son bonitos eufemismos porque en realidade Deus non tiña dados nin sabía escribir.
      Deus estaba so, pero non era consciente da soidade porque non existía nada agás el, e a soidade soamente pode concebirse co transcurrir do tempo. Deus era un ente atemporal, non tiña pasado nin presente nin futuro; era inmaterial e individual, pero non era un solitario no sentido que nós lle damos, en canto relacionamos esa palabra co que nos rodea, porque a Deus non o rodeaba nada. Deus era un solipsista, soamente tiña conciencia de si mesmo.
      É imposible, dentro do contexto material no que nos atopamos, explicar que pasou, pero temos que dar por feito que algo pasou que fixo que Deus espirrara, tusira ou vaia vostede a saber se non aconteceu algo semellante pero máis escatolóxico… O que é certo e que a esa anomalía na existencia de Deus, os astrónomos chámanlle Big Bang.
      Considerar que o Universo coñecido é unha excrecencia de Deus semella un tanto irreverente, pero iso é o que creía o científico tolo ao que chamaremos Dr. X.
      O Dr. X era obxecto do ludibrio dos seus colegas e das burlas dos seus alumnos, pero el mantíñase á marxe de todos isos escarnios.
      Un día nunha clase, alguén preguntoulle:
      –Dr. X, se o Universo é unha excrecencia de Deus, nós que somos?
      –A bile — respondeu con retranca o Dr. X – a bile.

      O profundo desacougo epistemolóxico

      O profundo desacougo epistemolóxico

      Trato de camiñar afastandome da ignorancia absoluta. Normalmente fágoo a présa, preocupandome máis daqueles que me xulgan, que esperan o fracaso do meu ambicioso proxecto. Crecín entre dúbidas e receos varios, ao carón de dous irmáns: por unha banda o fillo mediano, desexado, aquel ao que todo o mundo aspira a ser, o que sustenta o rigor e a precisión e presume de asepticismo e neutralidade. Por outra banda, o maior dos irmáns, aquel que un día foi mentor do mediano e hoxe ostenta o primeiro posto no podio do esquecemento. A cal dos dous me asemello máis? Pois ben, iso depende de a quen lle preguntemos.
      Como fillo menor, temo en ocasións ser unha copia imperfecta dalgún dos meus irmáns, pois son os espellos nos que me mirei durante a miña etapa de desenvolvemento. Trato de forxar unha personalidade loitando para conxugar as heteroxéneas voces que rondan o meu pensamento. En ocasións fico aterecido nun mar de incerteza, cheo de dúbidas epistemolóxicas, preso dunha esixencia que limita a miña capacidade de producir coñecemento.
      Tendo presente isto diríxome cara ao meu irmán mediano e pregunto: Acaso para que se me tome en serio, teño que aferrarme ao teu método?. Realmente teño que ter por finalidade a busca de verdades transhistóricas e supranacionais?. Ogallá puidese facer iso, querido irmán, mais coido que non podo inquirir dando paus de cego algo que carece de existencia fóra das formas a priori da nosa percepción. Mentres ti cres que hai que ver para crer, eu creo que hai que crer para ver. Mentres ti contemplas a existencia dunha soa mirada obxectiva eu contemplo a existencia de múltiples e diversas miradas subxectivas. Mentres ti tratas de fotografar á perfección unha realidade estática, eu tento tomar varias fotos dende distintos ángulos dunha realidade dinámica. Mentres ti emprendes a heroica tarefa de ordenar o caos, eu, que sempre fun máis desordenado ca ti, déixoo fluir e procuro estudalo a través de métodos máis flexibles mediante os cales poida formular un relato creíble. Ás veces mesmo opto por claudicar da empresa de obter un coñecemento sistemático acerca dalgúns fenómenos.
      Os que me lembran todos os días que debería parecerme máis a ti non teñen en conta que ambos somos necesarios. O teu positivismo frea o meu escepticismo posmoderno, frea as pulsións nihilistas que latexan no meu corazón irrigado de sangue pirrónico. O meu relativismo frea as túas pretensións universalistas, trata de lembrarche as lagoas existentes nas túas xeralizacións e despoxarte do androcentrismo que te escolta dende a túa constitución.
      Poderíase dicir, entón, que nos complementamos un ao outro e nos regulamos a modo de homeostase. Tratemos de avanzar, pois, con este equilibrio de forzas, cara ao progreso social. E neste páramo sen fin denominado coñecemento o noso irmán maior posúe unha función capital: vixiar que os nosos achazgos disten de destinarse a controlar e sirvan para nos emancipar. Animo a fuxir daquel coñecemento que nos amarra con cadeas e nos condena a vivir na cova da modernidade. Pretendo acadar a entelequia de que a ciencia, entendida en toda a súa diversidade, se sitúe allea ao capital e se destine a rachar as cadeas que nos atenazan.
      Por certo, soltei todo este rollo sen me presentar. O meu nome é ciencia, e apelidome social. Se teño que porme un segundo apelido, opto por crítica. Os nomes dos meus irmáns deixollos á súa imaxinación.

      OQuímico

      OQuímico

      Chamábanlle o Químico. Manoel González Soutullo non estudara ningunha carreira. Nin sequera rematara a educación básica. Pero facía o mellor augardente de herbas de toda a comarca. Todo aquel que o probara chegaba a mesma conclusión: que carallo lle botará este home ao augardente?

      Daba gusto velo traballar. Era moi metódico, e seguía os pasos coma nun ritual. Primeiro prendía a fornalleira con cepas vellas das viñas e a deseguido colocaba a pota enriba. Xa co lume acendido metía unhas pólas da propia vide máis un feixe de palla para que o bagullo non se pegara á pota. Movíase devagar pero coa confianza que lle daban anos de experiencia. Engadía o bagullo a capachos e o mollo a garrafas. Calquera ollo profano pensaría que aquilo ía sen medida pero o químico tiña ben controlado o asunto. Cando a pota estaba chea sacaba do bolso unha mestura de herbas e botábaas por riba. –Aghora aghardar a que ferva. O fume diranos cando tapar a pota–. E así era. Cando o fume comezaba ascender en forma de remuíños era o momento de colocar o capacete. Selaba as fugas de vapor con masa feita de fariña de centeo mentres escoitaba atento o repenique do alcol na ola. –O truco estache en manter o lume constante.

      Pero o verdadeiro segredo do seu augardente estaba na misteriosa combinación de herbas que usaba: menta, macela, herba luísa, romeu, tomiño. Algún aventurábase a dicir que tamén flor de toxo; outros que ourego ou canela. Pero ninguén soubo nunca a composición exacta, nin moito menos as proporcións.
      E é que de herbas sabía unha chea. De herbas e de árbores. A súa nai fora unha menciñeira de moita sona nos tempos nos que nas vilas non había médicos nin boticarios. Coñecía o nome de todas as plantas da fraga e para que se usaban: as estrugas en infusión como diurético ou en cataplasmas para as varices, o fiúncho como analxésico e para eliminar os gases, as follas de noxo mesturadas con graxa de porco curaban os furúnculos, a casca do sanguiño como purgante, o loureiro para as dixestións e o reuma. Incluso chegou a facer “café” con landras de carballo. E seica estaba bo, ou iso dicía.

      Non só lle gustaban as plantas tamén devecía polos animais. Non era raro atopalo botando unha man cando paría a besta dalgún veciño. Unha vez inventoulle un trebello ao can da Dosinda que quedara inútil das patas traseiras. Coas rodas vellas dun carro da compra fíxolle unhas próteses rodantes. Chamábase Ney pero dende aquela os rillotes da vila rebautizámolo como Schumi, de Schumacher. E a verdade é que parecía que corría máis ca antes o condenado!

      Pero a gran paixón do Químico era a astronomía. Pasaba horas, noites enteiras mirando para as estrelas. –Alghún día os homes viaxaremos de estrela en estrela coma quen colle o tren para ir a Vigho–. Eu, que daquela non chegaba aos dez anos, abría os ollos coma pratos e coa boca aberta mirando o ceo deixaba voar a miña fervente imaxinación.
      Non tiña telescopio. Nin prismáticos nin nada. Simplemente levantaba a cabeza e sinalaba co dedo:
      –Aquela que máis brilla éche Venus, e non che é unha estrela; é un planeta– dicía fachendoso da súa sabedoría.
      Lembro o día da eclipse. Levaban varios días anunciándoo na prensa e na tele e o Químico non falaba doutra cousa. –É unha eclipse anular. Faiche máis de 75 anos que non se vira unha ighual– dicía ilusionado a todo aquel que o quixera escoitar.
      Para poder ver o fenómeno e non perder detalle chegou a facer unhas lentes coa montura dunhas gafas de sol e unha radiografía de ósos que tiña por casa; aínda que logo tirounas porque escoitara na radio que as radiografías non protexían os ollos o suficiente. Acabou por ir onda meu pai a pedirlle prestada a máscara de soldar. Ao final non lle serviu de moito. O día da eclipse amenceu cun manto de nubes grises tan mesto que non había quen de adiviñar onde estaba o sol. –Isto éche Ghalicia– dixera resignado –. Por iso aquí non hai telescopios.

      Cos anos o Químico volvérase máis taciturno e silandeiro. Deixara o oficio de augardenteiro e case non se relacionaba coa xente. Polas noites deambulaba só sen rumbo polas rúas valeiras. –Toleou! – dixera algún –. As estrelas sorbéronlle o siso.

      Atopárono morto no prado unha mañá de agosto, deitado cara arriba cos ollos abertos, cun aceno entre marabillado e satisfeito. Mirando o ceo. Mirando as estrelas que tan ben coñecía.
      Manoel González Soutullo, coa súa chaqueta raída, os seus pantalóns remendados e a súa boina calada, non era químico pero sen dúbida algunha foi o mellor profesor de ciencias que tiven nunca.

      OS SOÑOS DOS NENOS DE AGORA

      OS SOÑOS DOS NENOS DE AGORA

      Nacín nos anos setenta, no setenta e un para ser exactos. Así que, para os que xa coñecedes esa época nos vos custará poñervos en situación e para os que non, recoméndovos ler un pouco de historia. O malo é que para a maioría das cousas que vos quero contar, non ides atopar nada neses libros, pero recoméndovos ler igualmente...calquera cousa.

      Non recordo exactamente a que idade comecei a ler e escribir, pero sei que era moi pequena...máis do habitual para os nenos daquela. Non é que sexa importante o cedo que empecei a ler, iso é anecdótico. O importante foi que dende aquela nunca deixei de facelo. Era un encordio para os meus pais...un encordio no bo sentido, porque en realidade o que pasaba era que non había letreiro, etiqueta ou anuncio que quedase sen ler. Calculade o que sería percorrer cincocentos metros comigo por unha rúa de comercios, por poñer un exemplo.

      Hoxe en día isto non pasa. Ós nenos de agora nos lles gusta ler, len mal e escriben peor. Son das que pensa que non é por ese idioma endiañado dos textos do whatsapp e similares, que tamén, é porque non len. Hai demasiada tecnoloxía inútil ó alcance...si demasiada. Isto non sei se verdadeiramente está relacionado, pero voume arriscar: penso que eu tiña moita capacidade de estudo porque non me custaba ler. Tiña curiosidade, as palabras descoñecidas levábanme a outras e, entre todas aquelas lecturas, a bioloxía non me deixaba pestanexar.

      Penso que me gustou dende sempre, pero o namoramento definitivo produciuse naquel curso de C.O.U, Curso de Orientación Universitaria, que hoxe en día xa non existe. Para min as siglas non significaron nada, eu xa o tiña claro. Pero aquela profesora de ciencias de C.O.U. ¡Deus! ¡como lle gustaba contar o que sabía a aquela muller!! Era incansable no seu afán de facerse entender, ¡como amaba aquela profesora a bioloxía e a súa profesión! E practicamente sen medios audiovisuais, non como agora.

      Os nenos de agora non aman nada, non valoran nada, non respectan nada e non lles gusta nada. Repito, demasiada tecnoloxía inútil ó alcance. Perdoade que sexa tan negativa. Obviamente non estou en contra da tecnoloxía, pero si daquela mal usada e sobre todo deses pais “aparcanenos”. Os meus pais nunca me aparcaron tras dunha tablet ou aparello similar, vale si, tampouco os había, pero dubido moito que aínda así o fixeran, porque os meus pais lían e facíano diante miña por razóns obvias.

      Había tempo para todo, ler, estudar, xogar...soñar. Eu soñaba con ser bióloga. Dubido moito que os nenos de agora teñan soños, agás o de ser o futbolista famoso de quenda, que é o único que maman na televisión.

      Fixen bioloxía e teño que dicilo, foi sacrificado. Quería obter as maiores puntuacións para acceder ás mellores becas. Conseguín facer carreira investigadora que tampouco foi un camiño de rosas. Imaxinade facelo sen soños. O meu primeiro traballo foi de bióloga nun centro de investigación. ¡De bióloga na miña cidade! ¡Onde viven os meus! Non podo describir con palabras a miña ilusión do reto conseguido, pero co paso dos anos, mentiría si dixese outra cousa, está sendo unha das miñas maiores decepcións. Non imos afondar en detalles, non merece a pena...a competencia, a crise, o mal ambiente, pero sobre todo ese desgusto constante de sentir que ese non é o lugar que che corresponde. Pero non nos poñamos tristes, porque esa non é a mensaxe.

      A lectura é que ó mellor o meu/noso lugar no mundo é o daquela profesora de C.O.U. que amaba contar o que sabía, que fomentaba a creatividade e a curiosidade por desenmarañar o descoñecido. Aquela profesora que motivaba dende o momento que entraba pola porta, todos e cada un dos días do ano no que tocaba clase de ciencias naturais. A miña profesora de C.O.U., a que me fixo soñar con que eu tamén podía amar á ciencia.

      Non me arrepinto de nada do que fixen porque hoxe sei que a ciencia non é solo investigar e ser un recoñecido investigador. Hoxe sei que se che gusta ler, sóbrache a metade do mundo e porque hoxe sei que si amas contar o que xa sabes, os nenos de agora tamén poderán saber o que é soñar.

      Tecendo no mar

      Tecendo no mar

      Cheiraba ben forte a mar, paredes cubertas de salitre que amosan o apelido costeiro. A avoa marchara temperán, tanto que nin sequera puiden vela liscar.

      Ó serán do día anterior chamaron á casa, souben que fora a confraría polo xesto do meu pai. Andábamos a rir no salón antes de coller o teléfono e todo cambiou despois da irrupción. Téñolle zuna á confradía xa que corta o tempo, rompe a familia egrexio visitante se avisaren.

      A nerviosidade da miña nai topaba coa tranquilidade da avoa Mariña, que seguiu tecendo teimuda o meu xersei. Fibras acrílicas formadas pola unión de acrilonitrilo feitas para abandoar á la cobran senso coma aparellos de pesca nas mans dela. Grazas ó dominio e a súa aptitude de redeira, aínda a chaman para subir ó buque de baixura co perigo que acarrexa.

      Ela lembra os bous, boliches e palangres feitos de cánabo, mulleres abeiraban ó mar no porto cosendo e arranxando, alicerce da polimerización das redes actuais. Polímeros de poliamida 6,6 nos anos trinta, PVC ou polivinil cloro nos corenta e polipropileno nos cincuenta; fibras todas elas con introdución tardía no noso país.
      As fibras continuas semellan monómeros que, segundo o pano do medio ou do esmallo que leve, encarnan usos diferentes do patrón. Non tódalas son iguais, cadanseu o seu emprego.

      As chumbadas repartidas entre as pernas e a fisga das rapetas lembran os átomos e grupos funcionais culpables das propiedades dos materiais, coma culpables son da pesca e fondeo.
      Mariña non sabe nadar, por iso entrou a brétema na casa onte. Seguen as actividades: miña nai lava a roupa, eu fago os deberes ceibe no alpendre, mailo meu pai nin sequera voltou a casa. Entendes a brétema?

      Asemade os animais o lamentan tamén, decántase da ausencia, dos seus coidados a cotío.
      O que me chistaba de neno era xogar a buxaina fóra se non chovía, pero cando volvía do mar á avoa Mariña, deixaba o xoguete e gozaba escoitando as andanzas dos mariñeiros, os mares que cruzaran xa e parases por visitar. Tamén lle interrogaba coma nun xuízo de cómo arranxou das palangres no pasado para pescar polbos, moreas, melgachos ou congros.

      Non sabe ela quen é Straudinger, mais revolucionou o seu traballo coas fibras sintéticas derivadas do benceno, fenol, acetileno, etc. Colchar ou torcer o fío a reo a ó xeito das redes actuais que se arman de poliamidas e poliésteres, grupo de fibras sintéticas unidas por adición ou condensación, cuns patróns para izar o treo con ventos fortes.

      Os nós da avoa son átomos de sofre na química do entrecruzamento, unindo os fíos ou polímeros lineais que adoitan rixidez e reforzo estrutural.
      De socate voltaba a avoa, cansa de tanto traballar. Reaccións de polimerización que seica non esquecerá o mar.

      Unha raiola de razón entre tebras

      Unha raiola de razón entre tebras

      “Mantén a candea firme, Salai, e aluméame aquí… baixo esta cavidade”. Aínda que firme, a voz do mestre soaba ronca, baixa, case coma se quixera fundirse coas sombras que cubrían a cripta. Nos máis de quince años que levaba ao seu carón, Salai tiña visto absorto moitas veces a Leonardo. Sabía ler os mil pequenos signos que se debuxaban na faciana do mestre cando este entraba en transo: o levísimo tremor ma súa pálpebra dereita, as engurras que se lle marcaban nas comisuras e que corrían ata perderse baixo a espesa e enmarañada barba, a cadencia lenta da súa respiración. Poucas veces, nembargante, recordábao tan concentrado. Á luz da buxía, Salai descubría agora un descoñecido brillo aceirado nas pupilas de Leonardo. Na súa man dereita, á altura dos ollos, o mestre sostiña o corazón que acababa de abrir: terroso, reseco, cun colgallo de músculo branco pendurado dun dos seus ventrículos. A Salai semelláballe un ravo arrincado demasiado tarde da horta. Co puño esquerdo, tisnado de carbón e coágulos, aferraba aínda o escalpelo. Semiagochado entre as sombras, nun extremo afastado da cripta, Salai cría distinguir a mortalla que cubría ao ancián a quen só unha hora antes o mestre lle practicara a autopsia. O mozo volveu a sentir coma o frío lle punzaba nas costas.

      - ¡Salai, esa candea…! –roncou de novo Leonardo. Co cello engurrado, o mestre avanzou dous pasos e posou o corazón e o escalpelo sobre a mesa na que deixara aberto o seu caderno. Fretou as mans contra o mandil de liño que levaba atado a altura das cadeiras e reclinouse sobre as súas notas.

      – Morreu tan en paz…

      – ¿Mestre? –musitou Salai.

      – Sen febre, sen estertor… E velaquí a explicación, oculta á vista de quen prefire non ver. -A cada murmurio de Leonardo elevábanse dos seus beizos febras de hálito que se perdían na escura bóveda da cripta. Salai situouse á dereita do seu mestre, quen seguía encurvado sobre o caderno. Con coidado aproximou a candea para alumear as follas nas que Leonardo xa comezara a debuxar con movementos áxiles. Da punta de prata da súa pluma brotaban liñas e sombras. O mozo creu distinguir un esbozo das arterias que coroaban aquel vello ravo. O fedor acre que emanaba da tinta mesturouse co cheiro doce do sangre coagulado e os retallos de carne morta, en descomposición.

      – Mestre, non prefire que suba a pedir unha das candeas do hospital? Teñen moitas alí que non usan. –apuntou Salai.

      Por primeira vez en toda a noite, dende o instante en que fendeu o escalpelo na pel macilenta e engurrada do cadáver, Leonardo pareceu emerxer do seu transo. Xirou o pescozo e percorreu a face de Salai ata cravar os seus ollos escuros nos do aprendiz. Á luz da candea, o mozo apreciou coma o brillo aceirado das pupilas do mestre parecía diluírse pouco a pouco, afogado nunha película acuosa. A pesar do frío que castigaba a cripta, Leonardo tiña as aletas do nariz perladas de pequenas gotas de suor. Suspirou. Elevou a vista ate a bóveda.

      – Se queremos ver, Salai, tócanos facelo entre tebras.
    • La misteriosa fuerza

      La misteriosa fuerza

      Cuando tenía seis años padre me dió un juego muy raro. Me dijo que era su juego favorito a mi edad.
      En la caja ponía “Geomac”. No sabía lo que quería decir.
      Abrí la caja y me encontré con unos palitos de colores de la medida de mi pulgar y unas bolitas muy relucientes.
      Al coger un palito todos se pegaron entre sí al instante. Me asusté pero continué tirando de ellos hasta formar una gran línea que se rompió por la mitad.
      Con dificultad saqué uno de los palitos pero “una fuerza misteriosa” quería que no se separaran.
      De golpe, la otra punta de la “cuerda” se engancho a mi coche de juguete, ¿cómo podía ser eso?.
      Mi madre entró en mi cuarto a coserme los bajos del pantalón y cuando dejó el costurero cerca de las bolitas los alfileres corrieron mágicamente hacia ellas. Se formaron bolitas “erizo”, ¡qué divertido ¡
      Cuando conseguimos quitar todos los alfileres decidí ir al cuarto de mi hermano a enseñarle mi “magia”. Puse los palitos y las bolas encima de su escritorio y la pantalla del ordenador empezó a distorsionarse. De pronto se volvió toda azul. Mi hermano me pegó un buen grito y me echó a empujones de su cuarto. Tras cerrar la puerta oí que decía : “¿ a quién se le ocurre jugar con imanes cerca de un ordenador?!”.
      Fui corriendo a buscar a mi padre, le conté lo sucedido y tras ponerse la mano en la cabeza y salir pitando hacia el cuarto de mi hermano , descubrí que la fuerza de atracción provocaba misterios de risa y misterios de no tanta risa.

      ¡Ay!

      ¡Ay!

      ¡Ay!, mi querida tele, aquella que dijo que beber 2L de agua al día era lo mejor, porque claro, la comida no lleva agua para nada, nos pasamos el dia bebiendo, gastamos todos exactamente la misma cantidad de energía todos en todo momento… ¿Tiene sentido, verdad?

      ¡Ay!, mi querida tele, aquella que dijo que el mejor plato para empezar el día era uno con un 73% de colesterol (lo mejor para el corazón, obviamente).

      ¡Ay!, mi querida tele, aquella que pone anuncios en las campanadas, aquella de los documentales falsos, entrevistas falsas, noticias falsas e intenta dejar mal a Internet a la mínima que encuentra.

      Aquella que habla de noticias sin fuentes, sin investigación, la del copiar-pegar, aquella que predice el futuro, la de los 7 minutos de anuncios cada 30 segundos.

      Y es que la tele ya no es, ni podrá volver a serlo, la fuente más fiable y segura de información.

      Se han ganado la fama de estafadores a pulso, solo para conseguir esos miles de espectadores más.

      Internet les ha afectado, mucho más de lo que parece. Con ella, la información no se canaliza por una única vía, sino que puede ser contrastada entre Wikipedia y diversos blog de forma casi infinita, verificar fuentes y cambiar los errores que encuentres, en solo unos minutos.

      Ya no hace falta esperar hasta las 10 de la noche para ver tu programa favorito, ni aguantar esas interminables horas de anuncios. Internet ofrece la posibilidad de ver todo lo que quieras, cuando quieras y como quieras, sin pausas para anuncios.

      ¡Ay!, mi querida tele.

      ¡BANG!

      ¡BANG!

      El furgón estaba repleto. En su interior se encontraban ocho de los mejores hombres del cuerpo de policía de Arizona. Cada uno de ellos llevaba; como de costumbre en todas las intervenciones, su equipamiento especial. Tenían una casco en la cabeza, con una visera que les cubría la cara con un cristal oscuro con el que no se les reconocería. En el pecho, un chaleco antibalas, y en las manos un subfusil con balas del calibre 9.

      El furgón se detiene, y por la puerta del copiloto sale otro hombre con una indumentaria distinta: unas gafas de sol, y el mismo chaleco antibalas, pero esta vez con una simple pistola en la mano derecha. Sin duda era el que mandaba en esa operación. Se dirige hacia la puerta trasera y la abre, dejando salir a los ocho hombres.

      -Ya sabéis el motivo de la operación y no quiero fallos. Llevamos dos meses detrás de él, y no me gustaría que se escapase el actual narcotraficante más buscado de Estados Unidos. A mi señal-.Dice el hombre de las gafas de sol mientras les indica que le sigan.

      Ante los ojos del grupo está una pequeña puerta que daría a la gran mansión de Alberto de la Sierra, un conocido narcotraficante. Tyler (el jefe de la operación) empieza a hacer señales de todo tipo a los diferentes hombres del grupo. De repente uno de ellos derriba la puerta y todos entran rápidamente. Delante de ellos, para su fortuna se encuentran a el mismísimo Alberto de la Sierra junto con una acompañante. Los hombres, siempre en guardia, esperan la señal de Tyler. El jefe espera, y tras varios segundos alza su arma y... ¡BANG!

      Tyler realiza el movimiento previo al disparo, en el que desliza la `corredera´para así cargar el primer disparo, y puede que el único. La `corredera´ ha montado al `martillo´, sujeto atrás y está listo para después actuar. Entonces arrastra el primer cartucho del cargador y lo mete en la recámara del cañón. La pistola ya está dispuesta para realizar el disparo...

      El hombre de las gafas de sol, que llevaba más de dos meses deseando que llegara ese momento aprieta el gatillo. En menos de medio segundo el gatillo desplaza la pequeña pieza en el interior del arma que sujetaba el `martillo´. Permitiendo así la actuación de un muelle situado verticalmente en la empuñadura, que tendiendo a recobrar su situación de equilibrio antes perturbada por la fuerza del `martillo´ vuelve a su posición natural aumentando así su longitud y golpeando al percutor (cuya aguja se encuentra en el interior de la parte de atrás de la `corredera´). Esta aguja golpea la parte trasera del cartucho, provocando su funcionamiento y que la bala salga disparada.

      La bala surca el aire con una velocidad que obvia aparentemente por varios segundos la fuerza de rozamiento que provoca el aire sobre ella. El pequeño aunque letal objeto; debido a su gran velocidad, avanza siguiendo una trayectoria aparentemente recta. Hasta que de repente se encuentra un obstáculo, sin duda previsto por el tirador: el cuerpo del narcotraficante.

      El proyectil penetra en el cuerpo de la víctima, rompiendo así las tres capas de la piel (epidermis, dermis e hipodermis) y atravesando algunos vasos sanguíneos y otros tantos receptores nerviosos los cuales provocarán durante un instante la sensación de dolor y presión sobre el cuerpo de Alberto de la Sierra. Este cuerpo, reconocido ya por las células que le rodean como extraño, no cesa su avance y perfora la pierna por completo.

      La arteria femoral baja desde la cintura hasta el fémur Su objetivo es oxigenar los músculos de la pierna, cuyo diámetro es de 7 milímetros como en cualquier adulto corriente. La bala ha roto el fémur, seccionando la arteria femoral en la trayectoria. Pese a ello el corazón de este hombre de casi dos metros de altura sigue bombeando sangre hacia la pierna derecha dañada, provocando la acumulación de células en el espacio que la bala dejó vacío.

      El cuerpo del delincuente empieza a perder sangre, un motivo por el que sin ninguna duda podría haber fallecido. Afortunadamente, el cuerpo posee ciertos mecanismos de defensa ante la rápida pérdida de sangre: primero, el sistema vascular reacciona y evita enviar sangre a las extremidades, centrándose en alimentar a los órganos vitales. Lo que ocurre en el mismo momento en el que uno de los brillantes hombres del cuerpo de policía de Arizona le tapa la herida rápidamente, ya que solo así será posible el correcto desarrollo del proceso anterior.

      Los hombres cargan con el herido y se dirigen a toda velocidad hacia el hospital policial más cercano para su posterior juicio y segura entrada el la cárcel, de la que no será muy fácil salir.

      ¡Menudos elementos!

      ¡Menudos elementos!

      El Bromo no podía entender como los demás elementos del laboratorio no lo oían llorar. Nadie se preocupaba de él ni de su gran problema.
      —¡Por favor, una ayuda para este pobre No Metal! —suplicaba a voces.
      Desde su humilde tubo de ensayo, solo podía observar las probetas cercanas. En una de ellas, lucía la razón de su existir: el Hidróxido de Litio. Era preciosa. Siempre vestía su traje blanco como la nieve que tanto hacía sonreír al Bromo. Él, en cambio, tenía un color naranja oscuro muy feo y desagradable. Pero ese no era el problema. La rabia del Bromo surgía del vecino de su amada: el Flúor. Siempre a su lado, todos los días pegado a ella. ¡Qué pesado! Pero el Bromo no podía hacer nada, solo presenciar como su rival embaucaba a su querida con el contoneo de sus brillantes partículas.
      —¿No podía entrar algún día por esa puerta un alquimista? —imploraba. —¿Tanto costaría convertirme en Oro o en Plata? ¡Hasta el Cobre me sirve!
      Fue un día cualquiera cuando el químico encargado del laboratorio irrumpió la soledad del Bromo. No lo vio venir. Cogió su tubo de ensayo y lo zarandeó un varias veces.
      —¡Estroncios y arsenios! ¡Qué está pasando! ¡Aaahhh!
      Se lo llevó a una mesa y lo colocó sobre una gradilla. El Bromo, enturbiado y asustado, observó como el científico tomaba otro tubo y dejaba caer su contenido en una probeta. Era Hidrógeno. El Bromo ya se temía lo peor. El químico cogió también su tubo y vertió al Bromo en la misma probeta.
      —¡No! ¡No, por favor! ¡Nooo!
      En esa probeta se produjo una reacción química. El Bromo estaba desorientado. Sus partículas iban y venían. Se reorganizaban con las del Hidrógeno. Poco a poco, se fue sintiendo más firme. Más fuerte. Ambos reactivos se convirtieron en un producto más complejo. Una maliciosa sonrisa quedó enmarcada en el rostro del dueño del laboratorio. Gracias a su precisa medición de masas no quedaría nada del Hidrógeno y tampoco del Bromo. El resultado final pasaría a llamarse Bromuro de Hidrógeno.
      Tras la experiencia, el químico se marchó. El Bromuro de Hidrógeno estaba confuso, pero se sentía perfectamente. Ahora su color naranja oscuro se volvió más claro y luciente. Se sentía en la gloria.
      —Ahora el Flúor a mi lado parecería un triste Sintético —dijo orgulloso. —Ahora solo tengo que llegar hasta el Hidróxido de Litio…
      Tras varios minutos pensando, le dio por mirar hacia el techo del laboratorio y, sin quererlo, descubrió la solución a su problema. No era un alquimista. Ni siquiera era un ser humano. Eran gases. El Bromuro de Hidrógeno se vio salvado.
      —¡Eooo! —gritó con todas sus fuerzas.
      Se volvieron. Era nada más y nada menos que una pequeña familia, encabezada por don Helio y doña Neón; detrás de ellos, fluían sus criaturitas: Kriptón, Xenón, Radón y el pequeño Argón.
      —¡Por favor, llévenme hasta aquella probeta de allí, se lo suplico!
      —¿Perdone? La nobleza no realiza ese tipo de cosas. Para eso ya están los gases plebeyos. Vámonos niños —alegó tajante doña Neón.
      Don Helio no dijo nada. Parecía que era doña Neón quien llevaba los protones en aquella familia. Rápidamente los dos se marcharon, y tras ellos iban fluyendo sus pequeños. Primero Kriptón, seguido por Xenón y Radón. Para fortuna del Bromuro de Hidrógeno, quedó flotando sobre él su última esperanza: el pequeño Argón. Parecía que el travieso gas estaba dispuesto a ayudar.
      —¡Vamos Argón! ¡Seguro que puedes levantar el tubo! —animaba la recién formada sustancia.
      El pequeño elemento rodeó con su masa gaseosa el tubo de ensayo, lo elevó y lo dirigió lentamente hacia donde se encontraba la probeta del Hidróxido de Litio.
      —¡Vamos, vamos! ¡Ya casi está! —gritaba entusiasmado de nuevo.
      Finalmente el Argón logró situarse sobre la probeta que contenía a la amada del Bromuro de Hidrógeno.
      —¡Hidróxido de Litio, por fin nos encontramos! ¡Cuánto he esperado este momento!
      —¿Q-Quién eres? ¿Qué haces ahí arriba?
      —¡Soy yo, el Bromo, aunque ahora puedes llamarme Bromuro de Hidrógeno!
      —Estás muy cambiado… ahora tus colores son más vivos y tu estructura es más compleja…
      De pronto, el Bromuro de Hidrógeno notó como el Argón se cansaba. El pequeño gas no podría mantener suspendido el tubo por mucho más.
      —¡Nooo! ¡Esto no puede acabar así! Aunque… pensándolo bien, así podré estar pegado a ella para siempre, ¡y en una misma probeta!

      Finalmente, el Bromuro de Hidrógeno acabó cayendo en la misma probeta que el Hidróxido de Litio. Pero lo que no sabía era que los ácidos como él atacaban a las bases como ella, y lo que le había parecido una buena idea acabó siendo lo menos esperado. La nueva sustancia que se formó pasó a llamarse Bromuro de Litio, Bromito para los amigos.

      ¿Dónde empieza la realidad y dónde acaba la ficción?

      ¿Dónde empieza la realidad y dónde acaba la ficción?

      Todo el mundo alguna vez en su vida desearía poder tener, o haber tenido, un súper poder. Por ejemplo leer mentes, viajar en el tiempo, ser invisible, ser veloz, poder volar, o bien encontrar una cura para todas las víctimas de un cáncer terminal.

      Pero, ¿dónde acaba nuestra imaginación para poder empezar la realidad? Creo que las personas no nos damos cuenta, o no queremos hacerlo, pero estamos rodeados de héroes, que sin querer, nos hacen flotar, vivir y sentir un poco más.

      Dime, ¿como le explicas a un niño por qué el cielo es azul? ¿cómo le explicas que la Tierra gira alrededor del Sol? ¿cómo le explicas el paso de oruga a mariposa? ¿cómo le das las gracias al bombero que salvó un edificio entero de una intoxicación? ¿y cuándo te enamoras y vuelas tanto que solo sientes antigravedad? O trata de explicarme la voluntad de un ejército para hacer detonar una bomba que matará a tantas personas, por salvar a tantas otras. ¿Y cuándo se para el tiempo en tu primer beso? Dime, ¿tú también has sentido esa adrenalina cuando tu madre te perseguía alrededor de la mesa? Exacto; acción, reacción. No vuelvas a pegar a tu hermano.

      Leer mentes es como mirar a tu mejor amigo a los ojos, y sin pronunciar media palabra, ya sabes que quiere decirte; la complicidad. ¿Y qué me dices de viajar en el tiempo? ¿Acaso no revives tu niñez en los brazos de tu madre? Como cuando un ser querido se recupera de un cáncer en el cual parecía que ya no había vuelta atrás. Como los que no se recuperan, y a cada paso que das sientes pedacitos de esa víctima más dentro de ti. Como el niño que se siente invisible porque en el colegio no lo valoran, pero llega más lejos que el resto; la valentía. O la fuerza que intentan transmitirte para que sigas luchando y soñando, cuando tus sueños se hacen realidad en los brazos de otra persona; el amor.

      Recuerdo que de pequeña, cuando hacía frío dibujaba en la ventanilla del coche, y aunque a pesar de que ahora me expliquen que la diferencia de temperatura de la humedad del exterior y la temperatura del interior provocan la condensación, yo siempre pensé que ese era un lienzo en el que debía dibujar, igual que la alegría que sientes cuando aprendes a columpiarte. Descubres que cuanto más te balanceas más impulso coges, y más alto llegas, e imaginas que puedes volar; la inocencia, supongo.

      ¿Todo esto es ciencia ficción o realidad? Quizás la ciencia forma parte de la realidad y juntas hacen magia, hacen vida. Lo que está claro es que quien no siente un poco de esta magia, no vive. ¿Cuántos muertos hay en vida y cuántos muertos siguen vivos? Donde uno siente y transmite sus frenazos y sus aceleraciones. Pero finalmente, nos arrastra a todos los demás con ello.

      Vivimos en un sueño manchado de ciencia mezclada con personas que se expresan por y para emocionarnos, aunque lo hagan sin querer, es como la inercia de un sentimiento, donde uno siente y transmite sus frenazos y sus aceleraciones. Pero finalmente, nos arrastra a todos los demás con ello.

      ¿Es posible vivir en otro planeta?

      ¿Es posible vivir en otro planeta?

      De momento no hay planetas con las condiciones atmosféricas adecuadas para nostros, hay un planeta en el que ya están investigando, que es Marte.
      El curiosity es un pequeño robot que se desplaza por los paisajes de Marte, pero no todos podrían viajar a Marte porque tiene un precio muy alto, sobre unos 500.000 dólares.

      No solo es el problema del dinero, también hay mucísimos problemas mas como la agua, si no hay agua tendríamos que llevar grandes dispósitos, la temperatura que gracias al Curiosity sabemos que durante la noche hay una temperatura de 130º bajo cero y con esa temperatura nos congelaríamos, la radiación allí es muy elevada, con un solo intento de respirar nos provocaría la muerte. Las condiciones con la Tierra también serían complicadas. El echo de llamar por teléfono sería casi imposible. Se necesitarían entre 3 y 21 minutos para transmitir un"hola", incluso a la velocidad de la luz.
      Durante dos semanas cada dos años, Marte y la Tierra están en lados opuestos, las comunicaciones serían imposibles. Todo esto solo son algunes problemas que hay en Marte.

      Los astronautas podrían esconderse de las tormentas solares en las partes blindadas, supondría un riesgo de radiación para toda la vida: Daños en la piel,daños en el sistema nervioso central. ¿Se podria ir a Marte?. Solo hay una respuesta, solo tienes que esperar y cuando suceda ya se vera que es lo que han hecho.

      ¿infinito?

      ¿infinito?

      -¿Eh vecina? ¿Hola? ¿Alguien me puede decir porque estoy sola?
      No lo entiendo… llevo aquí derecha sin abrirme y cerrarme muchísimo tiempo y aun nadie ha venido a cogerme de mi brazo corto i con una curvatura de 45º.

      Por fin, oigo voces… es la voz de un chico, dice que se tienen que sumar un numero mas, no entiendo a lo que se refiere pero siempre oigo la misma voz i nunca cambia, pero empiezo a estar harta de que nadie venga a decirme nada ni siquiera un “no molestar”.

      Otra vez esa voz… ahora decía que todos tenían que multiplicar su numero por dos, y que las libres eran las impares. Todo seguía igual pero… un momento, ¡mi numero es impar! ¿Por fin me abrirían? ¿O solo es una ilusión?
      Espera escucho pasos, veo a alguien que emoción!
      Que cosquillas me están abriendo. ¡¡¡Si!!! Tengo a alguien que me haga compañía.
      Ya es un nuevo día con una nueva compañía pero… ¿porque se va ya? Aun falta una hora por el almuerzo.

      Me han vuelto a dejar sola, estoy muy enfadada con Hilbert por haberme construido en el número 3003, no creo que nadie vuelva a abrirme, y no puedo hacer nada porque estoy cerrada con llave, que mala suerte.

      ¿Pelo liso o pelo rizado?

      ¿Pelo liso o pelo rizado?

      ¿Porque algunos tienen el pelo rizado y otros liso?
      Seguro que alguna vez te lo has preguntado, pero seguramente no habrás sabido responder. Pues yo voy a darte una explicación la cual recomiendo que no sigas leyendo, NO SIGAS, voy a quitarte la ilusión. El que avisa no es traidor...
      Bueno, en un principio pensé que cuando nacemos unas mágicas hadas vienen y nos hechizan, el resultado es el pelo que tendremos en un futuro no muy lejano. Pero no es así(por eso no deberías haber seguido leyendo).
      Continuemos, la realidad es que nuestro pelo depende de los genes de nuestros padres.
      Pues sí, depende de unos minúsculos bichitos que andan en el núcleo de tus células, en cada una de ellas, sí.
      Por lo que si tu madre tiene el pelo rizado y tu padre también pues tienes un 99% (1º) de que tu tengas el pelo rizado.
      Sin embargo, si tus padres(los dos) tienen el pelo liso tienes un 99% (2º) de posibilidades de que tu tengas el pelo liso.

      Ese 1% es la posibilidad de que:

      1º Tengas el pelo liso
      2º Tengas el pelo rizado

      Pero las chicas tienen la posibilidad de tener el pelo liso o rizado, según les apetezca, porque hay unos maravillosos utensilios llamados “planchas” o “rizador”.
      Las planchas sirven para el pelo rizado/ondulado para que se pueda alisar y así poder aparentar ser otra persona pero con pelo liso.
      Y el rizador sirve solamente para los pelos lisos, de esta manera podrás rizarlo.
      Pero, corren el peligro de quemarse el pelo.

      ¿Y qué pasa con los que su madre tiene el pelo liso y su padre tiene el pelo rizado o viceversa?
      Pues tiene un 50% de posibilidades de tener el pelo liso y otro 50% de tener el pelo rizado, por lo que sería como jugar a la lotería solo que con porcentajes y genes.

      Espero no haberte quitado la ilusión y que así puedas saber un poco mejor porque tu pelo es liso o rizado.


      CDAB

      ¿Podrá la ciencia?

      ¿Podrá la ciencia?

      Navegando en los tranquilos mares de mi conciencia un día de los no muy buenos, donde todo era lúgubre me planteé el por qué de nuestra existencia, y me detuve a pensarlo. Es una pregunta que posiblemente tú alguna vez también te has formulado y no has conseguido una clara e inmediata respuesta. Y la verdad es que yo tampoco. Seguro que has oído el punto de vista de la antropología, en el que el humano es creado en un medio idóneo para realizar la vida. O posiblemente tu respuesta sea que existimos porque sí, sin ninguna finalidad ni motivo. Y tal vez hayas oído muchas otras razones que intentan contestar a la pregunta. Bueno, pues ahora, es hora de que oigas mi reflexión, la que aquel día guardé en mi interior, en el cajón de dudas sin resolver.
      Por una parte pensé que estamos aquí solo para un momento. Un breve suspiro que pronto acabará con un fatídico final para algunos, como es la muerte. Un periodo de tiempo en el que lo que hagamos, con el tiempo será borrado y llevado al olvido. Y me pregunté que si era así por qué éramos tan perfectos; entonces me desvié y empecé a preguntarme por qué éramos como éramos y por qué no de otra forma. Pero eso mejor lo dejo para otro momento.
      Por otra parte me planteé que por qué tanta pregunta sin respuesta, si al fin y al cabo no somos nada comparados con la inmensidad infinita del universo que nos rodea. Lo que a nosotros nos parece importante en estos mismos instantes es diminuto y minúsculo mirándolo desde otra perspectiva. Podremos ser grandes mirando desde aquí, desde dentro. Así que como dijo Carl Sagan, lo que nos hace grandes, es el hecho de poder ver lo pequeños que somos.
      También pensé que en realidad solo somos una etapa más de la evolución, pero esta opción no me llevó tanto tiempo pues me percaté de que cada respuesta me llevaba a nuevas preguntas.
      Después de pensar tanto en tantas cuestiones sin respuesta y que posiblemente de momento no tengan, decidí levantarme del sofá y salir a la calle, a disfrutar el planeta en el que vivimos. Porque puede que aun no sepamos el por qué de muchas cosas, ni siquiera el por qué de nuestra existencia, pero lo que si sabemos es que es nuestro momento de disfrutar las maravillas de la ciencia y de la naturaleza. Así que dirigiéndome hacia un parque cercano a la ciudad a observar las constelaciones me acordé de que, ahora que lo pienso, quizá no somos solo lo que pensamos que somos. Cada uno de nosotros somos un universo único e irrepetible, siendo un gran cúmulo de células, arterias, energía, emociones…que lo hacen funcionar. Pero la gran cuestión es, ¿conseguiremos algún día que la ciencia encuentre respuesta a todas nuestras preguntas?

      ¿Por qué llora?

      ¿Por qué llora?

      ¿Por qué llora?
      Era un día tan normal como cada día, su primera cosa que pudo decir es llorar, llorar y no parar el llanto ese que nos hacia imposible pasar desapercibido. Nacho y yo no sabíamos que debíamos no sabíamos lo que le pasaba había comido, había dormido y no paraba de llorar sin caerle ni una simple lagrima. Al cabo de una semana ya había pasado su primer mes de vida y continuaba igual, la mayor parte del día se la pasaba llorando mientras estuviera despierto, pasaban los días las semanas y volví a mi segunda rutina que llevaba olvidada durante tanto tiempo atrás. Luana la chica que se quedaba en casa con Pablo nos llamaba desesperadamente dos o tres veces en el día diciéndonos lo que nosotros no habíamos podido asumir en sus seis meses de vida, ahora ya lloraba por sus primeros dientecitos. a veces, aunque sus necesidades básicas de alimento, sueño y abrigo están cubiertas, el bebé puede seguir llorando. La mayoría de las veces se debe a la necesidad de contacto físico, ya que el pequeño necesita nuestro calor y nuestra protección, pero leí que la mejor solución es estar en brazos, antes de que naciera Pablo ya me era inevitable evitar el llanto de un bebé por mucho que no lo conozcas de nada te hace tener ese nudo en el cuello y las preguntas infinitas que se te pasan por la cabeza: ¿Qué le habrá pasado? ¿Tendrá frio? ¿Habrá comido? Me informe en mil paginas y leía cosas diferentes en cada una de ella pero al cabo del rato me di cuenta que todas decían una cosa igual es inevitable pasar de un llanto de un bebé por que te das cuenta que es su única forma de expresarse o lo único que puede decir, el otro día leí que los padres más cariñoso podrían tener menos hijos problemáticos en el colegio, dicen que el llanto de un bebe no puede manipular a los padres para que hagan lo que el quiera o para hacer todos los antojos que a el le parezca. Esta realmente probado y es imposible que los bebes puedan llegar a poder manipular a sus padres, no hablemos de ciencia con la simple lógica vemos que un bebe de tan solo meses no puede saber que si hace esto a continuación tendrá lo otro a cambio, es incapaz de simular o actuar de una forma concreta para conseguir lo que quiera. Al leer esto pensé que seguramente tan mal no lo estaría haciendo ellos lloran por que es lo único que saben hacer. Pasaron bastantes meses y Pablo ya estaba a punto de cumplir su primer año de vida ahora ya no solo usaba el llanto pero solo podía decir (mama, papa) sus primeras pasas… Volviendo a las paginas webs que mirábamos tanto antes descubrimos que es lo único que pueden hacer…

      ¿QUÉ HA SUCEDIDO?

      ¿QUÉ HA SUCEDIDO?

      Era una noche cualquiera, una noche apacible aunque fría. Era una noche cualquiera, sí, o eso pensaba. Lo cierto es que no sabía que todo iba a cambiar, viajando por la nada. Me había perdido, no sabía qué hacer, de repente, a lo lejos, se veía una luz, entre lágrimas, y un sitio tan oscuro lo veía todo borroso. Temblaba temerosa y esa luz cada vez se acercaba más.
      De repente, algo vino hacia mí a una velocidad incalculable e impredecible, imposible de ver, no recuerdo nada más, pero… al despertar vi un montón de masas; era increíble.
      Al momento, ¡no podía respirar! Me desperté de ese sueño y no le di más importancia. Al fin y al cabo, era un sueño cualquiera, ¿no?
      Lo escribí todo para no olvidarlo. Pasaron los días y siempre tenía el mismo sueño; pensaba que me estaba volviendo loco porque era como un pensamiento que recorría cada rincón de mi cabeza.
      Un día llegué a una parte del sueño que nunca había visto. Era como si varias de esas masas se juntaran. Cada vez tenía más intriga ya que todo aquello me recordaba a algo. Sin embargo, no sabía a qué.
      Puede que todos pensaran que no era nada. Al fin y al cabo era solo un sueño.
      Pero yo no dejaba de darle vueltas, ¿por qué siempre el mismo sueño? ¿Por qué a mí? ¿Qué significaba todo eso?
      Como no dejaba de pensar en lo mismo, intenté relacionarlo con algunas cosas pero no encontraba la respuesta. Además, solo tenía catorce años…¡qué iba a saber yo del mundo!
      Pasó el tiempo hasta que un día, en el año 1905, esa gran explosión que me atormentaba al fin salió y se convirtió en una de las teorías más aceptadas del mundo: el Big Bang.

      ¿qué le ha pasado a la piscina?

      ¿qué le ha pasado a la piscina?

      Era por la mañana y nada más cerrar su caso, el inspector Ramírez, decidió salir a darse un chapuzón. Se puso su nuevo bañador, sus gafas extravagantes y su gorro, y es que el inspector era de lo más ridículo en cuanto a moda. Salió de la comisaría acompañado por su ayudante Sánchez y fueron caminando y hablando, tan felices hasta la piscina municipal.
      -Como sabrás Sánchez, la piscina no es muy sana, ya que tu cuerpo está todo el tiempo sumergido en sustancias químicas.
      - ¿Cómo cuáles?
      -Pues verás Sánchez, depende de la piscina, hay algunas cuyos componentes químicos son salados, por lo cual no tienen por qué afectar a tu piel o a tu salud. Sin embargo, hay otras que son tratadas con cloro o ácidos.
      -Dígame usted señor, ¿con qué sustancia se trata el agua de la piscina municipal?
      -Pues a la piscina municipal le echan cloro.
      -Entonces, ¿por qué hemos venido hoy a bañarnos?
      -Verás Sánchez, con el tiempo que hace, si no queremos morir de una insolación, tenemos que refrescarnos.
      El inspector había sido un poco exagerado, pero no le faltaba razón, ya que en su ciudad, Madrid, hacía un calor de 35º a la sombra, y de más de 40º al sol.
      Nada más cruzar las puertas de la piscina un grupo de gente desesperada, se tiró encima del inspector.
      -¡Inspector venga aquí y ayúdenos!
      -¡Sí, con este calor, y encima no podemos bañarnos!
      ¿Cómo que no podían bañarse? El inspector se puso furioso, ¡con el calor que hacía! Se asomó por la puerta de la piscina y su asombro fue enorme.
      -¡¿Quién me ha quitado mi baño?!
      El agua ya no estaba transparente, sino de un color oscuro, más bien negro. Alguien, algún gamberro había tintado el agua.
      -¡Yo cogeré al culpable!
      Gritó el inspector.

      A la mañana siguiente el inspector vagó por las calurosas calles de Madrid, acompañado por su ayudante Sánchez. Su objetivo era preguntar a todas las personas que se habían bañado ese día, y al hacerlo se dio cuenta de que entre todas ellas una había usado otro tipo de crema solar.
      -Pero inspector, tranquilícese, no creo que sea por la crema.
      -Bueno Sánchez cállate, no te he pedido opinión. Bien señora, ¿podría dejarme ver su crema?
      La mujer entregó la crema al inspector. Él, impaciente, le pegó la vuelta al bote y comprobó sus ingredientes.
      -Señora, ¿ por qué compra usted ésta crema?
      - Verá inspector este mes estoy un poco apurada con el dinero…
      -Muy bien señora, pero no me cuente su vida y vaya al grano.
      -Estaba en oferta.
      El inspector se dio cuenta de que la crema llevaba un ingrediente que las demás no llevaban.
      -¡Yodo!
      -Inspector, eso no tiene sentido, no puede ser el yodo, el yodo no es colorante, ni artificial ni natural.
      Tras darle la razón a Sánchez dejaron a la señora y se dirigieron a la piscina, para investigar.
      -Bueno señor, ¿ahora quién se va a meter en las negras aguas para registrar el fondo?
      -Sánchez, para algo eres mi ayudante.
      El inspector le ordenó ponerse un bañador, unas gafas y meterse al agua. Pasaron unos segundos y Sánchez salió de la piscina con una especie de piedra de color negro.
      -Querido Sánchez, ya se lo que ha pasado, eso es carbón vegetal.
      -¿Carbón vegetal?
      -Sí, el carbón vegetal, además de para encender las fogatas, se utiliza como colorante natural.
      -¡Bravo inspector, ya sabemos lo que ha pasado! Ahora solo nos queda encontrar al culpable.
      Según la gente que estaba en la piscina, ya estaba así nada más llegar el vigilante, así que el inspector y Sánchez decidieron interrogarle.
      -Dígame usted, ¿a qué hora llegó?
      El vigilante estaba más nervioso de lo normal, su cara estaba roja como un tomate y unas finas gotas de sudor le recorrían la frente, de repente un trozo de carbón se le cayó del bolsillo.
      -¡Ajá! ¡Fue usted!
      -No es justo, todo el mundo está divirtiéndose, bañándose y esquivando el calor, sin embargo, yo tengo que estar aquí vigilando, con este traje de manga larga y sin hacer absolutamente nada, quería venganza.
      -Escuche amigo, la próxima vez pensará mejor, y ahora le condeno a bañarse.
      Por fin, el vigilante podía bañarse mientras vigilaba, y después de cada jornada el inspector iba a bañarse, en las transparentes aguas de la piscina municipal.

      ¿REALIDAD O NO?

      ¿REALIDAD O NO?

      Una textura aterciopelada acariciaban sus robustas manos, una sensación entre relajación extrema y excitación de todos los músculos de su cuerpo le recorría de arriba a abajo.

      -¡González! Tú que estás tan atento.¿ Puedes contestar a la pregunta que le he hecho a tu compañera?- dijo el maestro intentando llamar la atención del alumno.

      -No, lo siento señor, no he escuchado la pregunta.- dijo el alumno que no había prestado atención en todo lo que llevaban de clase, solo pensando en su novia.

      -Bueno, tú sabrás si quieres seguir así y acabar suspendiendo todo el curso. Como iba diciendo, los seres humanos tenemos un campo electromagnético en cuál nos impide tener contacto alguno con cualquier otro cuerpo, es decir, nunca tocamos nada realmente, porque siempre nuestro campo electromagnético nos separa unas milésimas de todos los demás objetos o cuerpos en el mundo. Otra peculiaridad sobre esto es que nuestro campo de fuerza es más fuerte que la gravedad, lo que implica que nunca estamos tocando el suelo.

      Un escalofrío helado y a la vez ardiente le recorrió toda la piel. ¿Era verdad lo que acababa de decir el maestro? ¿Era verdad que nunca había acariciado realmente la piel de su novia? No podía ser, eso era imposible.¿Como quería el profesor que él se creyera que todo aquello que él puede ver nunca lo puede tocar? Un impulso le hizo levantarse y dirigirse al profesor.

      -¿Pretendes que me crea que todo esto, todo lo físico yo no lo puedo tocar?- dijo el alumno dirigiéndose a su profesor de u modo desafiante.

      -González. ¿Se puede saber que te pasa? Yo no pretendo que te creas nada y tampoco intento convencerte, pero está demostrado por verdaderos científicos. Pero realmente no me sorprende tu opinión ya que hay millones de personas que desconocen este echo y de las que lo conocen muchas veces se niegan a creerlo- dijo el maestro dejando al alumno con cara de decepción y desacuerdo.

      El alumno decidió sentarse en su lugar y dejarlo pasar.
      Esa misma noche mientras el alumno intentaba dormir le volvió a pasar por la cabeza el concepto que el maestro le había planteado por la mañana, el chico empezó a darle vueltas hasta llegar a la conclusión de que esa sensación que tanto le gustaba, acariciar a su novia durante horas, solo había sido una ilusión del cerebro.
      Pensó que que ya nada tenía sentido, que si no podía realmente experimentarla sensación más excitante para el, que ya no podría sentir nada.

      Decidió enviarle un mensaje de texto a su novia explicándole lo que le había pasado y explicándole el lío que se le pasaba por la cabeza. La chica le contesto diciéndole que eso no eran más que tonterías y que para ella eso no tenía ninguna importancia, le dijo que si hasta entonces había podido sentir su suave piel podía seguir sintiéndola sin ningún tipo de problema más que olvidarse se esa ley física.

      ¿Reflejo o reflejado?

      ¿Reflejo o reflejado?

      La niña de los ojos grandes me miraba fijamente. Aquellos ojos tan familiares pero tan desconocidos a la vez. Era imposible quitarles la vista de encima, era como si un halo verde surgiera de ellos y se enroscara al rededor de mi rostro, haciendo que mi mirada y la suya chocaran. Y al chocar, un nexo inexplicable pero tan evidente se hacia presente. Todos aquellos pensamientos que habían estado rondando por mi cabeza, las compras que debían hacerse, los quehaceres que debían llevarse a cabo, los mandados sin concretar, todo parecía carecer de valor alguno.
      Aquellos ojos conocidos, tan distantes y tan cercanos a la vez seguían mis movimientos sin parpadear, y pude notar como nuestros movimientos se conectaban, como si sus movimientos y los míos fueran los mismos. Su mano izquierda se alzo en busca de mi mano derecha, sin quitar ni por un segundo los ojos de mi cuerpo, que tensamente seguía sus movimientos mecánicamente. Seguía sus movimientos como si fueran los míos propios, como si pudiera anticipar cada acción que ella llevaba a cabo. Como si aquellos movimientos, aquellos gestos, hubieran estado siempre ahi.
      Un parpadeo, dos parpadeos, tres parpadeos… Un minuto, dos minutos, tres minutos, y aquella muchacha y yo seguíamos con esta nueva y a la vez antigua conección harmoniosa, que mas que mecánica ahora era orgánica. Copiarla, o que ella me copiase era natural, era tan natural como respirar. Mi mano tocó mi pelo oscuro, su mano tocó su pelo azabache sin un segundo de diferencia.
      Aquella conección era hipnotizante, pero a la vez podiá sentir como me enloquecía lentamente por dentro. Se copiaba de mis movimientos, los movimientos que por voluntad propia había creado estaban siendo copiados sin descaro por aquella extraña cuya familiaridad me abrumaba. Moví rápidamente mis brazos de un lado a otro, de arriba a abajo, y de un lado a otro nuevamente pero sin importar cuanto me esforzase, nuestros movimientos eran ahora uno. Lo que era mío era suyo, y lo suyo a la vez era mío.
      Lentamente, la muchacha me dirigió una ultima mirada antes de voltearse, obligandome a su vez a voltearme, y al marcharse ella de aquel cuarto, debí yo marcharme del marco. Hasta que decidiera venir a jugar conmigo otra vez.

      ¿Se puede viajar en el tiempo?

      ¿Se puede viajar en el tiempo?

      Hola me llamo Carla, ¿Nunca os habéis preguntado si se puede viajar en el tiempo?
      Bueno, yo sí. Así que os voy a explicar mi experiencia:
      Cuando tenía seis años vi una película sobre los viajes en el tiempo, me interesó mucho y le pregunté a mi padre si esto es posible, él me respondió que lo tendría que averiguar yo sola. Y aquí empieza mi historia.
      Ese mismo fin de semana le pedí a mi madre que me llevara a la biblioteca para poder investigar. Ya allí, no fue fácil encontrar información sobre este fenómeno, ya que era tan pequeña que nadie me tomaba en serio.
      Después de un mes investigando todos los fines de semana, encontré algo muy interesante. ¡Descubrí la paradoja de los viajes en el tiempo! Esta se explica de esta manera:
      Se parte del supuesto de que un viajero viaje al pasado y mate a su abuelo antes de que éste conciba a su hijo (el padre del viajero). De esta manera este no habrá nacido y por extensión su hijo (el viajero) tampoco, entonces no podrá viajar al pasado para matar a su abuelo, su padre será concebido y el viajero también; de esta manera sí puede viajar al pasado y asesinar a su abuelo, pero no sería concebido, y así indefinidamente.
      Esto me supuso una motivación para seguir interesándome por el fenómeno de viajar en el tiempo. Ya con catorce años era una experta sobre este tema, pero aun así, todos los días descubría algo nuevo.
      Y llegó el día que encontré un artículo muy interesante, que cambió mi forma de ver los viajes en el tiempo. En él explicaban que se puede viajar en el tiempo solo con mirar el destello de una estrella lejana, ya que esta luz la proyectó la estrella hace millones de años luz (la cantidad de años que tiene el destello es igual a la distancia que hay entre la estrella y el observador). De la misma manera si una persona se coloca en esta estrella y observara la Tierra con un telescopio vería cómo era la Tierra hace millones de años.
      En cuanto comprendí este descubrimiento fui corriendo a contárselo a mi padre. Nunca olvidaré ese momento cuando me dijo: ``Cariño has conseguido descubrir como poder viajar en el tiempo; desde el momento que me lo preguntaste esperaba con que llegara este día, para poder regalarte este telescopio y así tú podrás viajar en el tiempo todas las veces que desees.´´
      Con dieciocho años realicé la carrera científica con una media de matrícula de honor. Ahora trabajo en un instituto científico en Inglaterra donde estamos investigando sobre este fenómeno. Y todas las noches utilizo el telescopio que me regaló mi padre y viajo en el tiempo.

      "Descubriendo las ciencias ocultas"

      "Descubriendo las ciencias ocultas"

      La ciencia surgió en el mismo instante que el universo comenzó a fluir. En ese preciso momento, una reacción en cadena de formación de distintas ramas de la ciencia había comenzado y, además, era imposible de detener. La primera ciencia que emergió de la oscuridad fue las Matemáticas, con sus números, parámetros y operaciones. Sus conocimientos se extendían rápidamente y ninguna parte del universo primitivo quedó libre de la hermosa influencia de esta ciencia.

      La explosión originada en una diminuta cantidad de materia densa y caliente, también llamada Big Bang, ocasionó la aparición de la Física . La materia, la energía, el espacio y el tiempo aparecieron junto a la frenética expansión del universo y esta nueva ciencia tomó la responsabilidad de abarcar estos conceptos. Las fuerzas de atracción influenciaron a las microscópicas unidades subatómicas, provocando la unión de protones, de neutrones y de electrones para formar estructuras más complejas llamadas átomos. A continuación, los átomos comenzaron a asociarse de diferentes formas, originando la gran diversidad de elementos de la esquemática tabla periódica. Los gases nobles, los alcalino-térreos, los anfígenos y demás grupos fueron adoptados por la Química, que tomó la iniciativa de estudiar la composición, estructura y propiedades de la materia en mayor profundidad. Algunos elementos con una composición inestable comenzaron a vincularse entre ellos formando compuestos químicos mucho más estables (excepto los gases nobles, que siempre han preferido permanecer sin compañía). Después de millones de años, el universo contempló el nacimiento de una nueva ciencia, la Astronomía, que ocasionó la aparición de concentraciones de masa con mayor tamaño. Las galaxias compuestas de un conjunto de estrellas, planetas, nubes de gas, polvo en suspensión y energía se multiplicaban a una velocidad vertiginosa. Los meteoritos y los asteroides viajaban sin rumbo aparente hasta colisionar con algún astro. Sin embargo, un joven planeta del Sistema Solar destacó sobre todos los demás cuerpos celestes similares, un joven planeta llamado Tierra. Junto a nuestro primitivo mundo brotó la Geología, encargada de analizar su composición y estructura interna. Esta ciencia estudió con gran interés la evolución de la Tierra: la aparición de los océanos y mares, el desplazamiento de los continentes o el alzamiento de grandes torres de roca denominadas montañas. La estructura del joven planeta variaba rápidamente y constantemente. Entonces, la Biología, ciencia que estudia los seres vivos, germinó en las profundas aguas del globo terráqueo gracias a unas condiciones ambientales idóneas. Las primeras bacterias fueron el inicio para una evolución imparable que resultó en la gran biodiversidad de especies antiguas y contemporáneas. Además, la evolución de una especie de primate primitivo no cesaba su avanza. El desarrollo del cerebro dotó al resultado final de esta evolución de gran conocimiento y amplia sabiduría, el ser humano recibió el don del pensamiento racional. La Antropología, la ciencia que estudia al ser humano, había nacido.

      Finalmente, el ser humano, gracias a su curiosidad por el planeta Tierra y el universo, fue consciente de la existencia de las ciencias ocultas en su mundo. El ser humano descubrió las Matemáticas, la Física, la Química, la Astronomía, la Geología, la Biología y la Antropología; ciencias que siempre estuvieron ahí, ciencias que esperaron ser reveladas algún día. No obstante, el interminable afán por conocer nuevos conceptos o datos sobre el universo llevó al ser humano a descubrir muchas otras ciencias como la Medicina, la Tecnología, la Ciencia Política… ¿Quién puede asegurar que no existe un mundo repleto de ciencias desconocidas para el ser humano? Estas ciencias, todavía ocultas, están esperando a jóvenes científicos que despierten su largo letargo y trabajen estrechamente junto a ellas.

      "Todo lo que se va, vuelve"

      "Todo lo que se va, vuelve"

      Hace más de un centenar de años, doscientos habitantes de la Tierra (entre ellos mis abuelos) decidieron emprender una aventura que duraría el resto de sus vidas, irse a vivir a Marte. Este proceso, aparte de ser muy complicado y selectivo, incluía pagar una gran cantidad de dinero para emplearlo en los científicos encargados de llevar a cabo esta investigación, para la nave, la comida necesaria… Al margen de sus ganas de explorar un nuevo planeta, los afortunados tenían que tener una serie de características para ser elegidos, tales como: tener la capacidad de reproducirse, un trabajo que pueda ayudar a consolidar una sociedad más completa (médico, arquitecto, profesor…), no tener constancia de enfermedades, ser menores de cincuenta años para poder tener descendientes y, presentar gran variedad de culturas entre ellos. Tras el paso de veinte años consiguieron formar una comunidad multicultural y mucho más grande que al principio, se establecieron como si de La Tierra se tratase y empezaron a cultivar sus alimentos (gracias a fertilizantes y fuentes de luz artificiales).

      Mientras tanto, en la Tierra, los conflictos entre religiones no dejaban de suceder y cada vez estaban más tensos los aires entre los representantes de cada una de ellas. Francia era el objetivo de todos los formantes del Daesh porque abundaba entre su población la religión musulmana. Estados Unidos y Rusia eran las dos grandes potencias mundiales que competían contra el Isis pero, por ese mismo motivo, su población había disminuido hasta en un 50% causado por sus ataques.
      Tras cincuenta años de lucha constante, los mayores representantes del Daesh tenían bajo su poder bombas nucleares y no les causaba ningún temor utilizarlas, para demostrar a su Dios que sus creencias estaban por encima de la matanza más grande de la historia de la humanidad.

      Nuestra vida en Marte era muy feliz, tranquila y completa, puesto que teníamos que probar nuevas técnicas para ver cómo el ser humano es capaz de vivir mejor sin la presencia de la gravedad. En cada rincón de Marte se respiraba una inmensa felicidad, hasta el momento en el que nos comunicaron desde la base de información de La Tierra, que, en menos de cinco minutos, una bomba nuclear (con la capacidad de destruir todo el planeta) iba a ser lanzada allí. Una gran angustia nos invadió porque todo lo que habíamos conocido hasta el momento de ese planeta, iba a desaparecer.
      Nuestros sentimientos eran muy confusos porque no entraba en nuestros planes que acabaran con la Tierra de una forma tan artificial. Pasados cuatro minutos, en Marte se sintió un gran temblor, el cual no causó daños que no se pudiesen curar con un poco de croscarmelosa de sodio. Aunque todos estábamos desconcertados, se encontraba entre nuestras posibilidades el hecho de que el planeta que conocíamos como La Tierra, se hubiese extinguido para siempre. Perdimos la conexión con la base de información, los satélites no podían reconocer a nadie allí y, a penas quedaban restos de la atmósfera.
      Durante los próximos meses, la impotencia cada vez era mayor, así que decidimos crear un plan para re habitar La Tierra y, así fue. Puesto que teníamos bastantes recursos tecnológicos en Marte, fuimos capaces de ampliar y mejorar la nave que poseíamos, nos equipamos con las previsiones y ropaje adecuado y decidimos partir.

      Como bien hicieron nuestros progenitores hacía cien años, un grupo de habitantes de Marte decidimos volver a nuestro planeta de origen para recuperarlo y reconstruirlo. El viaje fue muy duro y muy muy largo pero, lo peor vino después del aterrizaje. Todo estaba completamente destrozado y los únicos seres vivos que pudimos encontrar fueron unas mutaciones que mezclaban cucarachas con mariquitas. Todas las construcciones estaban derruidas, las pertenencias de su población esparcidas por el suelo y se podía sentir una gran sensación de vacío en cada paso que íbamos dando. ¡Era increíble como se podía apreciar la debilidad de La Tierra! Trabajamos duramente durante varios meses y, gracias a ello, conseguimos crear una pequeña comunidad que fue creciendo con el paso del tiempo.
      Gracias a nuestra decisión de volver a habitar La Tierra, el planeta azul y el rojo están cada vez más juntos porque, por muchos kilómetros que haya entre ellos dos, ambas poblaciones provienen del mismo lugar.

      "Un simple final"

      "Un simple final"

      Todo comienza con un avance increíble en la ciencia, un logro que cambió la vida de miles de millones ya que curaba todo tipo de enfermedades sirviendo como recambios por si nuestro cuerpo fallaba en algún aspecto médico. A este avance increíble se le trataba como algo inferior que a pesar de ser tan parecidos a los humanos en todos los aspectos,"los simples" ( humanos formados orgánicamente) que únicamente se les distinguía con una pulsera fija que les diferenciaba. Este avance provocó que la gente fuera más descuidada provocando un aumento en el consumo de drogas, total para ellos solo era usar su estúpido "simple" para acabar con tu problema de salud y estar como nuevo unos años más. Lo peor es que dicha sociedad solo los veía como una mascota ya que los medios de comunicación manipulaban a las masas y ellos se lo tragaban todo sin cuestionarlo. Decaían: no sufren, no sienten nada, son solo máquinas... todo mentiras.

      Poco a poco fueron creando modelos más económicos para las clases bajas y llegaron al punto de costar lo mismo que un coche y ser tan comúnes como tener un móvil provocando así el abandonaran de los modelos antiguos. Pero la codicia de algunos por conseguirlo todo se pagó con la vida de miles de millones de personas inocentes, ya que estos "simples" económicos te alargaban la vida pero por un alto precio ironicamente ya que nadie vio la letra pequeña. Los órgano y las células de "los simples" que eran sustituidos tenían una fecha de caducidad ya que se deshacía envenenando todo el organismo en cuestión de segundos haciendo que este muera al cabo de unos días si no se compraba otro modelo y lo volvías a remplazarlo. La gente los volvía a comprar pero poco a poco la duración era menor y se deshacían más rápido: años, luego meses y finalmente en minutos. La gente se queda sin que pagarlos y por culpa de su insensatez notaban como su propio cuerpo les devoraba poco a poco por culpa del dinero y lo único que podían hacer era pasar los tres días de media que tenían con sus familias y sus seres queridos antes de que el veneno le consumiera de una manera lenta y dolorosa. En mi opinión la mejor opción era la de aceptar que te la habían jugado y afrontar tu error tomándote un wisky mientras te fumas el puro más caro que encontraras o lo que se te ocurriera con tal de relajarte mientras te deleitabas con la sintonía de Moonlight de Beethoven de fondo mientras una bala te atravesaba rápidamente la sesera con una sonrisa de oreja a oreja sabiendo que tú habías elegido tu propio final y no permitiría que esos cerdos te robaran hasta el último céntimo. Pero como se solía decir "a gustos los colores" y cada uno podía elegir su final.

      Fue un golpe duro que costó millones de vida que se intentarían olvidar destruyendo a la mayoría de "los simples" y odiando a dichas compañías mediante todo tipo de ataques. "Los simples" que quedaron al ser tan odiados por algo en lo que no tuvieron nada que ver se ocultaron haciéndose pasar por seres humanos normales y adaptándose a la sociedad me imagino, como bien dije no había casi maneras de saberlo solo que ellos llevaban una pulsera. Lo digo por experiencia propia, mi nombre era UN-261020 de clase 3, aun que mi antigua "familia" me llamaba Roby. Su final fue trágico ya que antes de que pudieran utilizarme John me mando a la compra y a la vuelta lo encontré en el suelo con la nariz sangrando y el corazón fuera de servicio. Seguramente murió de sobredosis o por consumir algo que no sería lo que él quería y vi mi oportunidad de vivir sin miedo. Pero los finales felices solo existente en los cuentos y cuando sucedió la catástrofe alguien se enteró de mi identidad y después de unos días desde la catástrofe me veo metido en el baño escribiendo esta nota con un vaso de agua en una man y en la otra el revólver de John con los golpes y gritos de los vecinos gritando de fondo. Creo que este es el fin y que solo quedará constancia de mi en este rollo de papel por desgracia.

      3 DE 7

      3 DE 7

      Habrás oído alguna la frase popular que dice que los gatos tienen siete vidas. Pues resulta que yo soy un felino y perdí tres de mis vidas.

      La primera fue por querer conquistar a una gata preciosa. En realidad no era una gata como yo sino que era un juguete de peluche. Allí fue cuando mi corazón se rompió a pedacitos minúsculos como los de un vaso de cristal que acaricia el suelo. La presión que sentí en el momento del impacto fue como la de un gas caliente atrapado en un globo. PUM!

      La segunda tuvo lugar en la calle. Una señora muy amable con una bata blanca me llevó en sus suaves brazos a un gran recinto. Desafortunadamente, este resultó ser uno de los laboratorios más importantes de la ciudad donde preparan medicamentos para veterinarios. Algunos compañeros me habían hablado de él pero ninguno había vuelto para explicarme su experiencia. A los poco minutos de llegar allí, la dulce mujer llamada “Srta. Starlow” según su placa de identificación, me ofreció una mezcla homogénea de color azul. Esta pócima me sentó tan mal que me hizo perder otra mi segunda vida.

      Finalmente, la tercera vida tiene relación con un bebé. En el momento en que llegue a la escena de la acción, el bebé no solo había sido abandonado por su madre sino que estaba en peligro. Desgraciadamente, iba a ser atacado por una anaconda y no lo podía permitir. Así, para salvar al bebé reuní toda mi valentía y me situé entre ellos. Y como era de esperar, la gran serpiente me tragó enterito. Sin embargo, en su interior bebí un líquido espeso de olor no agradable que me convirtió en un felino mucho más grande que era un tigre. El estruendo de mi rugido hizo que la anaconda enemiga abandonase el lugar. Ya a salvo revisé al bebé. Todo era correcto excepto que mi renacer me había costado otra vida.

      En la vida, a veces, hacemos locuras y podemos perder vidas. Sin embargo, los humanos no tienen este poder y por eso tienen que tener mucho más cuidado. Pero… humanos… tranquilos... para eso estamos nosotros: para salvaros la vida.

      38 semanas

      38 semanas

      Estoy encerrada en lo que creo que es un cuarto oscuro y húmedo. No sé cómo he llegado aquí, no me acuerdo de lo que pasó antes de que llegara a este lugar; es como si me hubieran borrado la memoria, es como una especie de amnesia, o como si tuviera una conmoción cerebral que me hace olvidar toda mi vida anterior. Mis pupilas se han dilatado y me familiarizo con la oscuridad, pero aún así, no se ve nada.
      Sé que me quieren con vida ya que de vez en cuando me traen algo de comida, pero es un alimento extraño; es líquido, pero tiene distintos sabores dependiendo del día.
      No puedo moverme mucho, estoy atada por una especie de cuerda que me rodea el abdomen, así que no sé por dónde escapar.

      Llevo 28 semanas aquí, si no he perdido la cuenta. Hoy he podido oír sonidos procedentes de gente de fuera de este cuarto.
      No sé cuánto tiempo más podré aguantar aquí.
      Parece que van aflojando la cuerda que me rodea.


      Duermo, como y me muevo; pero todavía no he tenido ninguna interacción con otro ser humano en estos ocho meses que llevo aquí.
      Noto que en este tiempo he crecido mucho, pero aun así no logro acordarme de nada. Antes estábamos solamente yo y mis pensamientos pero últimamente logro oír algunas voces y algunos ruidos del exterior.
      Lo único que deseo es irme de este lugar. Doy patadas y golpeo las paredes esperando alguna respuesta. Pero nada, todo permanece como antes.

      Si no he perdido la noción del tiempo, este será el noveno mes que llevo en este lugar. De repente veo una luz, se ha abierto una especie de túnel que alumbra el cuarto oscuro en el que estoy, que ahora que el sol se refleja en los colores de la habitación, puedo decir que es de un naranja oscuro. Intento salir de aquí por el túnel de luz, pero algo me mantiene en mi sitio; la cuerda en la que estoy atada.Me muevo mucho y veo que es inútil, el túnel se cierra. Por culpa de los movimientos me he enredado con la cuerda y no puedo respirar, me estoy asfixiando con ella y no me la puedo quitar del cuello.El oxígeno no llega a mi cerebro. De pronto se forma una gran grieta en el techo y aparecen dos ganchos de cinco puntas enormes que me sacan de este húmedo sitio. Debido a mi falta de aire no puedo ver muchas cosas ni moverme demasiado. Lo único que puedo percibir antes de perder el conocimiento son personas de desmedido tamaño cortándome la cuerda.

      Hace 14 años de esta historia, de hecho, es del día que nací: el día que mi madre recibió a su primera hija por cesárea.

      60 y fuera

      60 y fuera

      60 y fuera

      Me muevo, la respiración se me acelera, encuentro mi voluntad a mi lado acompañándome hasta el final, venga ya falta poco, la autopista cada vez se recorta, ahora sí que sí. Noto la satisfacción recorriendo mi interior, moviéndose por todo lo alto. Cuándo llego a la meta, me siento orgulloso, una vez más he hecho mi deber y cuando veo la larga odisea me acuerdo que no se termina nunca, he pasado otro peaje de la carretera de mi vida. Cuando muera, nadie se acordará de mí, alguien vendrá y retomará mi largo camino, que no he podido disfrutar y esto sí que me duelo, aunque sí al que sirvo es feliz, yo ya soy feliz.
      Me muevo, la respiración se me acelera, encuentro mi voluntad a mi lado hasta el final.
      Estoy cansado moverme, la respiración ya no cambia, y ya nadie me acompaña, estoy harto de esta vida, 60 segundos, de arriba a bajo, de dedo a pierna y con ganas de conocer el mundo del exterior. 60 segundos más 60 segundos, así es mi vida y como he me he dicho muchísimas veces, la quiero cambiar.
      Cada vez que pasó por la central de la vida pienso, soy esto pero podía haber sido otra cosa, y porque no. Corriendo entre 60 y 60, moviéndome entre la vida y la no vida.
      Pienso en como puede ser la vida en el en el exterior, ese Mundo donde las flores florecen y todo tiene diferentes colores, donde cada cosa tiene funciones diferentes y no trabajan para un bien común, donde no han sido creados para eso. Ese mundo en el que la sociabilidad es necesaria hasta en los rincones más oscuros. Ese mundo del que me gustaría formar parte. Me miro a mi mismo y veo desesperación, ya me da igual todo, sólo quiero ver que hay en el mundo real, podría soportar a la mismísima muerte por tan solo vivir la experiencia de ser de los pocos de mi especie que han superado los muros.

      ¿Qué es esto?¿Que está pasando? Todo está siendo un alboroto, nadie sabe que está pasando, las paredes se empiezan a tiritar, la superficie en la que nos sostuvimos se mueve de forma viscosa, y de repente, una de las paredes se derrumba creando un caos inhumano en toda la zona donde estamos nosotros, la pared empieza a desgarrarse y pronto se separa de su posición original, dejando una gran marca. En ese momento vi lo que estuve esperando, vi el exterior, y una gran fuerza me impulsaba hacia fuera. Dejé de forzar y solté toda mi carga, el oxígeno se fue. Como bueno glóbulo rojo que soy, he recorrido todo el cuerpo en 60 segundos, y ahora me toca explorar el mundo. En forma de sangre, y gracias a una hemorragia, salgo de ése cuerpo para ir a parar a un suelo frío y limpio, hay gente vestida de verde y con mascarillas, creo que estoy en hospital. Aquí empieza mi nueva aventura, de los conductos sanguíneos a los conductos de la alcantarilla, ¡bueno es un progreso!

      A 400 quilómetros en el aire

      A 400 quilómetros en el aire

      Litus Iribarren Posa

      Al fin me dije para mis adentros. Ya eran las cinco de la tarde hora de ir a casa. Pero tenía deberes de ciencia los hice, entonces mire un rato la televisión i me puse manos a la obra para hacer la maleta. Me iba una semana a la China. Solo. Me iba de intercambio con un amigo que vivía allí en la China. Era un amigo que había conocido en un campamento de verano. Cuando me estaba haciendo el equipaje caí en la cuenta que le debía hacer-le un regalo a mi nuevo amigo. Le compre un poco de comida típica española i un jersey. Después de hacer-me el equipaje fui a la cocina a comer. Eran las nueve de la noche i tenía que comer un poco. El plan era Madrid –Dubái en avión, Dubái-Shangai también en avión i allí me encontraría con mi amigo Wan – Lee. Durante la noche no pude pegar ojo, estaba muy nervioso. Al despertarme por la mañana no pude ni desayunar. Mi madre llamó a un taxi que acompañara al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas. El viaje fue plácido, hubo un poco de turbulencias pero por todo lo demás estuvo perfecto. Pero el viaje Dubái – Shangai fue todo lo contrario. Tenía un niño pequeño que no paro de llorar. Al llegar a Shangai vi a mi nuevo amigo. Primero fui a su casa deje mi equipaje descansamos un poquito i me propuso hacer una ruta en tren por Shangai y yo acepte encantado. Cuando llegamos a la estación me dijo que cerrara los ojos porque quería enseñarme una sorpresa. La sorpresa era que el tren en el que íbamos a viajar no iba por el suelo. Mi amigo me dijo que el tren tenía imanes en las ruegas y en la vía también había imanes. Me dijo que los imanes constan de dos partes llamados polos (polo norte, polo sur) y que cuando dos polos iguales se intentan ajuntar se repelen , y es por eso que el tren no va por el suelo porque los imanes de las ruedas y los imanes de la vía tienen polos iguales. Fuimos en el tren e iba muy rápido. Fue un viaje para enmarcar. Cuando regresamos a Shangai le dije a mi amigo que el viaje fue espectacular. Pasamos el resto de la semana en Shangai y el día de mi regreso a España le dije que ha sido la mejor semana de mi vida i que nunca la olvidaré. Cuando regresé a España me sentí muy contento porque había regresado a mi país pero triste porque eche de menos volar en tren.

      Adiós

      Adiós

      ¡Qué sed tengo! Normal, está haciendo tanto calor… no parece primavera. Si no fuera por el viento … y eso que este aire sofocante no me alivia mucho, la verdad. Al contrario: juega conmigo y me hace bailar a su son, me desnuda, me agota. Necesito beber un poco y no puedo. Hace días que me falta el agua. Cada vez llueve menos y hay más sequía a mi alrededor. Y menos vida. Pero lo de hoy es exagerado… a menos que… no veo muy bien… el día no está muy claro con esta calima… aunque… allá, al fondo, en el horizonte.. parece …

      ¡¡ Nooooo!! ¡Lo han vuelto a hacer! ¿Por qué no tienen cuidado? Saben que es peligroso, que luego se les va de las manos y no lo pueden controlar… y es nuestro fin. Y a la larga el suyo también. ¿Habrán dado ya la señal de alarma? ¿Se habrán enterado ya de lo que está pasando? ¿Habrán avisado ya?

      No oigo nada, eso es que no vienen aún. Pero ÉL sí que viene. Lo veo acercarse. Claramente se desplaza en esta dirección. ¡Qué horror! Y ellos sin hacer nada todavía. Por eso estaba todo tan silencioso: el aire y la tierra, el campo y el bosque parecían dormitar bajo el sol. ¡Era por su culpa! Los demás han huído, se han marchado antes de que ÉL llegue… Yo no puedo. Aquí estoy desde hace años, mucho antes de que ellos nacieran, y aquí me quedaré hasta que ÉL me quite la vida. Y quizá ese momento vaya a ocurrir hoy si ellos no vienen. Y presiento que no lo harán. Me han dejado solo, nos han dejado solos con el enemigo, con ÉL. Veo que mis compañeros sucumben uno tras otro a su paso. Pronto sus brazos rojos me rodearán a mí también y sus lenguas humeantes me darán el beso de la muerte. ¿Pero por qué no vienen ya? ¿Dónde están? ¿No van a hacer nada para salvarnos, para salvarme? Se aproxima muy deprisa, ahora ya distingo sin ninguna duda su olor característico, lo trae el aire que se ha vuelto irrespirable, sucio, pesado…

      ¡¡Por fin!! Ya vienen, oigo su vuelo ensordecedor, veo su cesta salvadora… pero creo que es demasiado tarde para mí. Me duele ya mi piel ardiente, siento cómo se deshacen mis extremidades, mi cuerpo entero… Pronto no seré más que ascuas sobre la tierra, cenizas volando en el cielo. Por su culpa… ¿No se dan cuenta de que detrás de nosotros, irán todos ellos, también? Me quemo, me muero … Adiós.

      AGUA EN EL PLANETA ROJO

      AGUA EN EL PLANETA ROJO

      AGUA EN EL PLANETA ROJO

      Érase una vez, una oscura noche del día 1 de marzo del 2005. Todo era silencio pero, de repente, comenzó a sonar un horrible ruido de alarma. Provenía de la casa de Miguel, quien de un salto se despertó pues sabía que aquella alarma era de la NASA. Miguel se vistió corriendo cogió el coche y se fue. Al llegar, le dijeron que el cohete que habían mandado al espacio una semana antes tenía fallos en el motor y de un momento a otro se podría detener y caer al vacío. Muchos astronautas de la NASA incluyendo a Miguel, decidieron ir en otro cohete hacia el espacio para poder salvar a los astronautas. Así el 8 de marzo despegaron hacia el espacio dispuestos a salvar a sus compañeros, pero un hecho horrible sucedió, no pudieron llegar a tiempo. Pasado el gran disgusto Miguel dijo que no podían volver a la Tierra, que debían realizar la misión que los otros astronautas debían haber hecho, llegar a Marte.
      Después de un largo viaje de 39 días, los astronautas ya podían observar la roja superficie de Marte así pues, el día 17 de abril del 2005 los astronautas llegaron a Marte. Tras un par de días investigando por Marte, Miguel se sobresaltó por algo que parecía alucinante. Contactaron con la NASA rápidamente para contarles que… ¡Habían descubierto agua en Marte! Para estar convencidos de ello mandaron a varios científicos al planeta. Cuando llegaron se pusieron rápidamente a investigar, estaban seguros de ello pero aún les faltaba la prueba física la cual llegó gracias a la sonda Phoenix. Una semana después la NASA observó que Marte alguna vez, tuvo formas de vida. La afirmación de esa teoría se hizo tras el análisis de un robot, (el robot Curiosity) Sobre la muestra de una roca marciana
      Miguel, que era un buen amigo del científico Stocok consiguió tener información que ningún otro astronauta aún no sabía la cual era que no iban a decir a los ciudadanos de la Tierra este descubrimiento pues no querían que a pesar de todo lo que habían descubierto al final fuese falso y no supieran explicar a la gente el por qué.
      Cuando la parte de investigación en Marte hubo acabado se montaron todos en los cohetes y viajaron a la Tierra. Por desgracia parecía que los problemas nunca iban a acabar en este largo viaje. Llegó un mensaje al cohete de los astronautas que se había enviado desde el cohete de los científicos, el mensaje decía que como al haber ido a Marte para comprobar lo del agua habían ido rápido, la NASA no se había dado cuenta de que el cohete no tenía casi gasolina y que ahora no les quedaba, entonces todos los científicos se tuvieron que poner el traje espacial e ir al cohete de los astronautas.
      Al llegar a la NASA el 3 de agosto de ese mismo año tuvieron una reunión los jefes de la NASA y los científicos y astronautas que habían ido a Marte sobre que no debían contar nada.
      Pasados uno años ya con toda la información clara, el día 19 de junio del 2008 anunciaron la gran noticia.

      Ahora no, por favor

      Ahora no, por favor

      No tengo tiempo, tengo que correr. Solo tengo cinco minutos para el café, tres para llegar al trabajo, dos más para llegar a mi piso y uno para llegar a la mesa. Tengo dieciséis minutos para hacer un informe, veinte para enviar el borrador de la noticia y lo siento pero no tengo tiempo ni para presentarme.
      No me lo puedo creer aún estoy haciendo cola para el café y solo me quedan dos minutos. Cuando ya estoy me para una joven voluntaria de una organización y me para. No puede ser me quedan 30 segundos para llegar a mi mesa y aún estoy en el ascensor.
      Ahora me llama el médico que ya tiene los resultados de mis pruebas psicológicas obligatorias y quiere que vaya urgentemente. Pero a les cinco debo ser en el colegio a recoger a mis hijos y a en diez minutos llegar a sus clases de repaso. Luego tengo veinte minutos para llegar al médico, que me atenderá cuando llegue y en cinco minutos seré fuera y dispuesta a ir a hacer la compra para que a les seis pueda recoger a los niños e ir a casa. Allí en treinta minutos debo dejarlo todo bien recogido para que cuando llegue mi marido podamos cenar y a las diez en punto los niños vayan a la cama y yo pueda acabar mis informes. Y para acabar el día a las once y media a dormir porqué mañana toca madrugar.
      Ya son las cuatro y cincuenta y tres y aún no he llegado al colegio. Llego muy tarde y no sé como remediarlo. Ya sé cogeré un atajo. Pero en él aún hay más gente, no seque voy a hacer.
      Por fin he llegado al colegio y como no, mis hijos aún no han salido. Vamos con tres minutos de retraso. Pero llegamos justo a tiempo y yo ya puedo irme corriendo hacia el médico. Esto de vivir en la ciudad es una pérdida de energías porque siempre tienes que ir corriendo de arriba a abajo sin poder parar y para colmo siempre hay atascos.
      Después de veintiún minutos llego, por fin, al médico, que como ya os había dicho, me hace entrar sin tener que hacer cola. Ya en su despacho me mira con cara de preocupación y me dice:
      - Señora Pascual, ¿ha sufrido mucho estrés con el cambio de su pueblo natal a la ciudad?
      A lo cuál yo respondí:
      - Un poco. Pero es lo normal, ¿no?
      - En algunos casos si, -me respondió- pero usted ha estado tan estresada últimamente que las pruebas le han detectado inicio de esquizofrenia. Lo siento. Últimamente ha habido muchos casos en los que el estrés ha provocado esta enfermedad.
      - No lo sienta doctor, pero ¡ahora no, por favor!, no tengo tiempo.
      - Señorita Pascual, yo le recomendaría reposo absoluto, y no bromeo con lo de absoluto, para ver si desaparece, si no desaparece y va a más deberá ser hospitalizada de inmediato para más pruebas e intentar que no avance.
      No me lo puedo creer. Reposo absoluto. No puedo no hacer nada. Esto va a ser un golpe muy duro. Espero superarlo. Una enfermedad no puede acabar conmigo.

      Alquimía

      Alquimía

      Todos estaban reunidos aquel día. A pesar de la guerra que asolaba el mundo, todos los magos celebraban el éxito de la investigación.

      -¡Esto podrá ser una fuente de maná ilimitada! gritaba uno de ellos con una euforia humillaría a cualquier hincha del mejor de los equipos.

      A pesar de lo peligroso que era la manipulación de la alquimia, los resultados eran innegables incluso para los mayores detractores de esta.

      -Ojalá Becerel estuviese aquí, él se merece este éxito mas que todos nosotros ¡Él fue el padre de la alquimia por dios!.

      La sala se inundó con un amargo silencio que duró unos segundos, hasta que alguien interrumpió.

      -No nos olvidemos tampoco de May Currin, ¡Un brindis por los que no pudieron llegar aquí con nosotros!.

      El choque de las copas provocó una vibración con la que se podría fácilmente provocar una avalancha, o puede que simplemente fuese la alegría del ambiente la que la provocaría.

      Al acabar la celebración, el archimago Intein se acercó a un pequeño grupo de los mas brillantes científicos, y con una calma que haría dudar de su propia cordura, les preguntó si querían cambiar el mundo. Este les explicó como se había reunido con el ministro supremo y habían organizado un equipo de investigación, les advirtió que el proyecto estaba relacionado con la alquimia y que era alto secreto, así que si aceptaba no había vuelta atrás. Todos asintieron sin dudarlo.

      Poco después fueron transportados a unas instalaciones de las cuales desconocían hasta la propia localización, y rápidamente se pusieron a trabajar.

      -Necesitamos 500 gramos de rubedo en la zona de pruebas C, es urgente, repito. Necesitamos 500 gramos de rubedo en la zona de pruebas C.

      -Vale, pero no perdáis de vista el medidor de usurpación antrostópica, no queremos provocar una cascada de resonancias.

      Feinchmen se había acostumbrado a este tipo de charlas en su ajetreado ambiente de trabajo. Sabía que lo que investigaban acabaría con la guerra, pero... ¿A qué precio?

      Jamás se olvidara de la conversación que tuvo con Closedhaimer, el director del proyecto.

      -Oye, ¿Tú crees que lo que hacemos aquí...está bien?
      -No lo sé, y la verdad, no me importa, solo quiero terminar con esta guerra de una vez por todas. Respondió Closedhaimer con un tono de superioridad.
      -Entonces ¿no tienes ninguna duda? Deben ser cosas mías. - dijo Feinchmen con intención de terminar con la conversación, pero mientras este abandonaba el habitáculo:
      -Yo no dije eso...lo que estamos haciendo aquí...lo que podemos causar... creo que todos tenemos dudas, pero ¿Tenemos otra opción?

      Aquella conversación le había dejado un sabor amargo, pero también un mensaje. Debía centrarse en su trabajo y dejar las nimias morales para filósofos.

      Pasaron pocos meses hasta que se terminó el proyecto. El archimago Intein pronunció un increíble discurso al que casi nadie hizo caso, todos estaban impacientes por ver los resultados. Habiendo llegado ya a Nuevo México, las pruebas comenzaron. Todos llevaban gafas protectoras en aquel momento menos Feinchmen, quien por voluntad propia las había rechazado.

      Todo empezó con una luz, la detonación de aquella Piedra Filosofal había provocado una orgía de destrucción que satisfaría a la más condenada de las almas en el noveno infierno. Las pocas cosas que estaban vivas en aquel desierto murieron en cuestión de centésimas de segundo, y lo que estaba muerto, murió dos veces. Este espectáculo era tan maravilloso como horrendo, Feinchman ni si quiera pudo asomarse a visualizar tan morbosa demostración.

      Al acabar, solo quedó una nube con una forma particular y un rastro de corrupción que haría inhabitable el área por unos años.

      - Si Dios existe, ahora nos ha abandonado- Dijo Closedhaimer
      - Y todo esto... ¿Por qué?- Pregunto horrorizado Feinchmen.
      - Por el Proyecto Manhattan hijo, por el Proyecto Manhattan.- termino el archimago Intein.

      Oh queridos magos
      ¿Qué paso con vuestro invento?
      Quisisteis darle luz a la humanidad
      y al final les disteis fuego.

      Analizando el Universo

      Analizando el Universo

      ¿Alguna vez has pensado en lo que compone el Universo? Seguro que lo que se te viene a la cabeza son: planetas, estrellas, cometas… Pero, ¿has pensado en la materia oscura? Ese tipo de materia que no se puede ver, pero que se hace evidente a través de su atracción gravitatoria sobre otros cuerpos celestes. La materia oscura constituye 25 % del universo, no brilla, absorbe o refleja la luz, lo que la ha hecho indetectable, excepto por la gravedad. ¿Nunca te has parado a pensar que secretos podría ocultar la materia oscura?
      En mi opinión, es posible que pudiera haber indicios de vida, simples microorganismos, pero a lo mejor no hay nada, es decir, solo hay materia y ya está. Según algunos estudios, las partículas de materia oscura se conocen como WIMP, siglas en inglés de Weakly Interacting Massive Particles, que en español podría traducirse como Partículas Masivas que Interactúan Débilmente. Al decir que son partículas que interactúan débilmente, se refiere a que no son como las nuestras, sino que son diferentes. Y lo de masivas se refiere a que tienen masa, no por su tamaño. Otros estudios se basan en que la materia no solo es oscura, sino que también es fría. En resumen, hay muchas teorías sobre la materia oscura, pero no sabemos exactamente que es, ni de que se compone, o sus orígenes. ¿Encontraremos respuestas a ella o será un misterio para nosotros?

      Arqueología marítima

      Arqueología marítima

      Arqueología marítima

      En el 27 de mayo de 2012 mi equipo de arqueología y yo descubrimos un objeto único.Un objeto el cual era del precio como construir 30 torre Eifels,entonces descubrimos aquel objeto supimos rapidísimamente que era una reliquia de Egipto.Cuando lo fuimos a dar en el laboratorio para que investigasen ese raro cuerpo o objeto, pasado dos semanas y media me comunican los investigadores del laboratorio que esa pieza ya no puede salir más del laboratorio porque tiene alta radioactividad, el resto de los investigadores me han confirmado que fue una prueba una Bomba nuclear en el Océano Pacífico, gracias a las nuevas tecnologías pudimos ver del año que era y del recorrido que había echo estos restos de bomba nuclear. Le pedí ayuda a un gran arqueólogo,Jacques Spoon, el decidió ayudarnos a mi y al equipo a descubrir más información sobre esta bomba nuclear, de momento solo hemos encontrado más piezas de bomba. Hoy día 27 de junio de 2013 hemos encontrado posiblemente la solución de este caso. Nuestro argumentó es:El 11 de 1932 hubo una gran guerra entre Alemania y Estados Unidos, esta guerra aún no se sabía nada de ella, y en esta guerra según los historiadores murieron más de 4 millones de personas. Se tiraron varias bombas nucleares en el Océano Pacífico hasta que finalmente estalló la guerra y Alemania y Russia se juntaron y durante tiempo estuvieron planeando de lanzar una bomba nuclear, finalmente cuando Estados Unidos iba ganando la guerra Alemania y Rusia decidieron lanzar una bomba nuclear a estado unidos. No solo destruyó el centro de Nueva York, esta bomba destruyó todo México.La bomba llegó en parte a Noruega y murieron muchos animales y los que no se murieron se quedaron con radioactividad. Los animales que se quedaron con radioactividad murieron al cabo de semanas. Acualmente según los investigadores queda de un poco de radiación. Pero es una radiación mínima que esta fuera de peligro,Como ya e dicho anteriormente estas piezas son muy valiosas porque solo existen 3 o 4 bombas nucleares en el mundo y estas bombas son muy buscadas por los paises en guerra como Syria que actualmente están en guerra, los paises mas desenvolupados son los que están sufriendo más, hay países desenvolupados que están en guerra y no se les ayuda nuestro equipo también aparte de recoger tesoros, etc. También cuando vamos a los paises que nos an llamado para que hagamos una excavación,a habido momentos en los cuales eh traído comida y ropa a los paises más pobres en guerra porque en esos pueblos también hay niños sufriendo y animales y madres embarazadas que cada día luchan para sobrevivir ella y su familia.La experiencia donde eh pasado más miedo es cuando fui A Russia a hacer una excavación donde en teoría me habían dicho que donde tenía que escapar en el parking de un hospital de psiciatrico. Alli es donde todos los que en ese momento estábamos escarbando pasamos un miedo terrible porque estábamos en un parking subterráneo y se escuchaban los chillidos de la gente que estaba en el hospital.En cambio donde mi equipo y yo donde nos lo pasamos más bien es en las Islas Baleares, estábamos haciendo arqueología marítima porque nos habían mandado que teníamos que hacer una excavación porque habían restos de un avión que se había estrellado hacia serlos en la guerra civil y justo en es momento cuando restábamos haciendo la excavación vinieron unos delfines que hacían círculos al lado nuestro.Pero a veces también es muy peligroso. No lo parece pero es muy peligroso.Personalmente conozco a arqueólogos que se han clavado corales venenosos y han tenido que dejar la excavación a media para ir al médico porque la mayoría de los corales son morrales menos los de tocando a la costa o los del Mediterráneo. En el Mediterráneo es hecho bastantes excavaciones pero una de las más grande que eh encontrado ha sido en Tossa de Mar donde encontré barcos piratas,restos de cañones y bastantes balas de cañón lo curioso es que normalmente estas excavaciones las hacemos en lo profundo del mar porque en esa época eran bastantes grandes los barcos, y ese barco lo encontramos justo casi tocando la orilla pero estaba debajo de la tierra durante estos años la tierra ha ido escondiendo el barco.Este barco era como un barco mediano de hoy en día pero para esa época era posiblemente el barco más grande que había en esos tiempos, el barco se ve claramente por la decoración que se a podido conservar que era un barco pirata.Y esta ha sido mi historia sobre lo que he encontrado en el mundo de la arqueología y lo mucho que me queda para encontrar.

      Arrepentimiento

      Arrepentimiento

      Todos nos arrepentimos de cosas, todos hemos hecho algo de lo que no nos sentimos orgullosos, cosas que al recordarlas nos provocan un sentimiento de rabia hacia nosotros mismos, pero tenemos que aprender a vivir con ello. Aunque quizá esa no sea la única opción.

      Creo que he encontrado una manera de cambiar el pasado, de librarme de esos arrepentimientos, pero hay varios problemas, no sé si funcionará y tampoco cuáles serán las consecuencias de cambiar el pasado, aunque sea un pequeño cambio, dado el efecto mariposa ya que el más mínimo cambio puede tener consecuencias desastrosas en el futuro.

      Hace unos meses logré que me dieran acceso a uno de los mayores proyectos del CERN, donde llevo trabajando desde que me gradué en física cuántica. Hace bastante tiempo, los científicos del CERN crearon dos agujeros de gusano partiendo de la espuma cuántica, en la que se crean (naturalmente) agujeros de gusano en miniatura y mediante el uso de materia exótica (una materia con energía negativa y antigravedad) consiguieron aumentar su tamaño y estabilizarlos evitando su desaparición.

      Se crearon desde una misma fuente coherente lo que provocó que se entrelazaran cuánticamente, es un estado en el cual los estados cuánticos de dos o más objetos se deben de escribir mediante un estado único que involucre a todos los objetos del sistema, sin importar que los objetos estén separados en el espacio. Esas correlaciones provocan la influencia del sistema en otros con los que esté entrelazado lo que sugiere que alguna influencia ha de estar propagándose instantáneamente, a pesar de su separación espacial.

      Luego pusieron uno de los agujeros de gusano en una nave y la mandaron a un agujero negro que encontraron en medio de la galaxia, donde estuvo orbitando .Debido a la gravedad supermasiva del agujero negro, el tiempo pasaba más despacio en el agujero de gusano de la nave que en el que había en la Tierra por ello mientras que en la Tierra han pasado 22 años, en el agujero de gusano de la nave apenas han pasado 2. Tras realizar el viaje de vuelta a la Tierra, había dos agujeros de gusano en los que al entrar por el que permaneció en nuestro planeta aparecías en el lugar donde se encontraba el otro con la peculiaridad de que apareces 20 años antes.

      He decidido mandar una carta dirigida a mi “yo” de hace 20 años, en la cual escribo las cosas de las que me arrepiento y lo que me gustaría haber (o no haber) hecho. Utilizaré la muerte de Draco a quien aplasté sin querer (ya que todo el mundo cree que se escapó) para que demostrarle que soy "él".

      “A Draco lo aplastaste.

      Levy del pasado, aquí se hallan una serie de errores que cometerás y cómo solucionarlos o evitarlos.

      1.-Trágate tu orgullo y vuelve a hablarle a Samu, sin importar que te haya roto el móvil sin querer, va a ser un buen amigo que te apoyará siempre que lo necesites.
      2.-Deja de pensar si apuntarte o no a baloncesto y hazlo. Con el tiempo aprenderás a divertirte sin importar el resultado.
      3.-El día de la fiesta del décimo octavo cumpleaños de Jesús, evita que se pelee con Sergio por la última cerveza, cógela tú.
      4.-Ahorra dinero, o te volverás a quedar sin comprar nada en la Dreamhack de Valencia.
      5.-Deja de comer tanto dulce o acabarás con diabetes y te aseguro, que no tiene gracia.
      6.-Habrá una excursión hacia final de curso, estarás agobiado por un examen de castellano y decidirás no ir, ve, es a la Universidad de Salamanca, no dejes que ese examen lo arruine, siempre quisiste ir.
      7.-Cuidado con la excursión al campo que habrá en un mes. No convenzas a Lucía para ir, si ella toma la iniciativa convencela de lo contrario la perderás y créeme, no quieres perderla.

      He puesto sólo 7 cosas, hay muchos errores de los que no me acuerdo y otros tantos que te harán crecer como persona, además quería destacar lo más importante, para que te centraras en ello. A partir de aquí yo ya no puedo hacer más, cambiarlo o no depende de tí."

      No sé si logró cumplirlo, pero ahora sé la solución a la paradoja de los gemelos, los acontecimientos que intenté cambiar en el pasado se dieron en otro mundo y mi consuelo está en la posibilidad de haberla salvado, a la que fue y será mi único amor.

      Dado que se ha producido una decoherencia cuántica, no he podido volver a enviar nada, es como la teoría del gato de Schrödinger, cuando se abre la caja la función de onda colapsa y se muestra un solo estado (vivo o muerto) y no una combinación de ambos.

      Átomos Acomplejados

      Átomos Acomplejados

      Este chaval es bastante fantasma. Se cree lo más con sus espectros de colores extraños. Venga ya. Todas se mueren por atravesarlo. Se funden nada más verlo. Luego dicen que es la bomba. Le encuentran ionizante, electrizante. Sus pulsos se aceleran y giran a lo largo de la pista, sucumbiendo a un magnetismo que trata de atraparlas. Pero a mi esas cosas no me funcionan, ya puede librarme de todas las cargas del mundo, que por ahí no paso.

      ¡Huy, pero dónde están mis modales!, no me he presentado. Soy una partícula con carga negativa, aunque probablemente ya lo habrías adivinado. Perdón por la perorata de antes, es que estoy algo alterada. El espectrógrafo de masas no para de intentar detectar la masa de los isótopos individuales de mi muestra, es todo un hito por estos lares. Primero nos vaporiza, y luego nos bombardea con un chorro de electrones de alta energía. Mis amigas están encantadas, ya se han pasado al bando de los iones positivos. ¡Ay!, pero que va a ser de mí. No me apetece experimentar algo así. ¿A ti sí? Esta claro que no, es de locos. Después de dejarlas "catiotónicas", las pasa a través de agujeros con placas paralelas, dónde son aceleradas. Esto le permite llevarlas a través de un camino circular con un campo magnético y hacerlas girar según la relación masa carga, a esto los entendidos lo llaman deflexión. Al final, detecta nuestro peso, porque con el haz de electrones la carga se queda en 1 y por tanto la relación masa carga es igual a la masa. Sinceramente, no entiendo porque los humanos se quejan tanto cuando tienen que enfrentarse a la báscula. Si ellos tuvieran que pasar por toda esta movida para pesarse... Entonces si que estarían de los nervios.

      Tampoco entiendo por qué les da por imponer sus teorías extrañas sobre nosotros los átomos. Al menos el señor Dalton se dio cuenta de que existimos. No obstante, dijo que somos indivisibles y hasta que no llegó Faraday para corregirle, nadie creía que la materia fuera discontinua. Lo que realmente me molesta es que el señor Thomson comparara nuestra maravillosa estructura con un pudín de pasas, ¿en que estaba pensando? Seguro que en comida, tendría hambre. Ya le gustaría a él parecerse a una magdalena. Y luego, por si fuera poco, el señor Rutherford empezó con los bombardeos de helio ionizado. Aquello parecía la Segunda Guerra Mundial. En fin, tampoco soy quien para comparar una masacre de tal escala con los rayos gamma, pero captáis la idea. El Señor Rutherford no estaba pensando en comida cuando decidió pintarnos. Más bien, en planetas. Pudines de pasas, planetas... ¿En que nos parecemos si se puede saber? El pobre hombre se cargó el modelo, porque con todo ese rollo de los planetas acabo por afirmar que la energía era continua debido a las órbitas ilimitadas. Ya me gustaría a mi tener energía continua y forma de Vía Láctea. Y no solo eso, sino que a Rutherford le dio por afirmar que nuestros electrones eran estables. Según él, la atracción ejercida por los protones del núcleo, era la misma que les haría salir a estos despedidos por la fuerza centrífuga. ¿Estaría pensando en lavadoras? Realmente, sus ideas no estaban tan mal, pero claro, la comunidad científica no tardó en ver los fallos. Con el desarrollo de la óptica, empezaron a sacarnos fotografías. No soy muy fan de la radiación electromagnética, pero he de admitir que las fotos, o la espectroscopia si quieres ponerte fino, es bastante bonita. Con ella se reveló que había pocos niveles energéticos, por lo que Rutherford no debió afirmar aquello de las órbitas ilimitadas. El electromagnetismo de Maxwell se encargó de decir que cualquier partícula cargada en movimiento desprende energía, así que Rutherford y sus ideas de condición de estabilidad también cayeron. Finalmente, el señor Plank se cercioró de los de los niveles energéticos, y con su ecuación fue incluso capaz de calcular la "línea" que se ve reflejada en el espectro. ¡Booom! El modelo de la visión planetaria cayó totalmente. Llegados a este punto, no se si reír o llorar. Mejor reírse. Bohr intentó adaptar un nuevo modelo a última hora, amoldando las teorías de Plank. Pero ya no había quien lo negase, los átomos somos muy complejos. Esta es mi parte favorita, porque todo el mundo se revoluciona... ¡Atención damas y caballeros, han llegado los cuantos, el Congreso Solvay, la relatividad...! ¡Bravo, bravo! Este ha sido el inicio de mi gran carrera. A día de hoy, me dedico a contar mi historia, a subir fotos espectroscópicas en las redes y a divulgar sobre mis mayores ídolos de la mecánica cuántica. Si quieres recibir actualizaciones a diario, sólo tienes que darle like y suscribirte a mi canal. ¡Cuanto contigo!

      Atrapada

      Atrapada

      No sé donde estoy. Estoy totalmente desubicada y a oscuras. Voy andando y tocando las paredes para intentar buscar una salida. Me cuesta mucho moverme, no tengo fuerzas. Tampoco sé cuánto tiempo llevo aquí pero sé que esta estancia se me está haciendo eterna. Sigo tanteando las paredes, parece ser una habitación vacía. ¡Espera! Recuerdo algo… ¡sí! ¡El agua!, de eso se trata. Pero… ¿por qué me siento tan mal al hablar de ella? Siento una sensación de agobio y de falta de oxígeno cada vez que lo hago. Voy a dejar de pensar en ello y centrarme en buscar una salida. Llevo horas o incluso días rondando por esta habitación sin llegar a mi objetivo. Sin embargo, por primera vez, veo algo a lo lejos, parece a una salida, un punto blanco entre toda esta oscuridad a la que ya estoy acostumbrada. Empiezo a escuchar la voz de gente que no conozco y que dice: “No lo hará… Su estado… Ha tragado mucha agua…”. No sé de qué hablan pero solo sé que necesito encontrar a alguien que me saque de esta pesadilla. Seguidamente escucho unas voces conocidas. ¡Son mi hermana y mis padres y… mi mejor amiga! Pero, ¿por qué lloran? ¿Por qué dicen que voy a morir? ¿Qué me pasa? Empiezo a correr hacia la puerta mientras oigo voces en mi cabeza que repiten: “¿Tan solo veinte minutos en coma? Y todo por aquella excursión al río…Tienen que hacer algo, solo tiene 9 años”. Espera, ya lo recuerdo todo, el otro día fuimos de excursión con la clase al río pero por qué iba a quedar en coma por ello? En cualquier caso, no lo estoy, simplemente será una broma pesada de mis compañeros intentando hacerme creer que son mis padres y que estoy a punto de morir. Corro desesperadamente hacia la puerta y cuando casi alcanzo mi objetivo éste desaparece y a la vez que lo hace mi cuerpo empieza a tambalearse. ¿Qué significa esto? No escucho esas voces agitadas que me perturbaban mientras que corría hacia aquí. Hola… chicos… sacadme de aquí… esto ya no tiene gracia... sigo sin oír nada. Claudia… Laura… no tengo fuerzas ni de hablar… desisto en llamarlos… de repente mis piernas cedieron y caí precipitadamente al suelo, sentía como todo se derrumbaba a mi alrededor, caí en la cuenta, no se trataba de una broma pero no tenía nada que hacer. Me quedé quieta, no podía mover ni un músculo, todo ello mientras mis ojos se cerraban lentamente. Dejé que la muerte se apoderara de mí, ya era demasiado tarde para luchar contra ella.

      big bang.

      big bang.

      -¿ Veis eso que viene por la izquierda?.
      - ¡Sí! Parece cómo una nueva estrella ¿no?.
      - Ya veréis que será uno de esos satélites, como siempre.
      - ¡Fijaos, por la derecha viene otro!.
      - Saturno, aparta, ¡que no veo nada!.
      - Chicos, se está aproximando.
      - Marte, Venus, tened cuidado, ¡se dirige hacia vosotros!.
      - ¡Dios!¡Creo que me he quedado sordo!.
      - No seas exagerado, Mercurio.
      - Pues se ve que tenemos otro miembro en nuestro sistema.
      - Parece que ésta es “miembra”, Neptuno.
      - Esperad, ¿Qué está apareciendo en ella? Parecen unos seres enormes, ¡Qué miedo!
      - Tienes razón, Urano, ¡que dientes más grandes! Además hay algunos que tienen cuellos larguísimos, otros alas, ¡Y hay hasta algunos que se sostienen a dos patas!
      - Mirad, ahora están apareciendo bichos más pequeños, que se sostienen a dos patas y se comunican entre ellos ¿Que deben ser?
      - No lo sé, Júpiter, pero están evolucionando muy rápido, y parece que no le están haciendo nada Bueno a nuestra nueva huésped.
      - Creo que aquí tenemos al tercer ocupante del Planeta Azul; los humanos metálicos.
      - ¿De dónde habrán aparecido? ¡Son rarísimos!
      - Me temo, Marte, que nunca lo descubriremos, porqué el globo se está haciendo pedazos.
      - Pues tenías razón, Júpiter, porque ya no queda ni resto de nuestra amiga, los humanos esos la han destruido, se han autodestruido.
      - Sí, que pena... me empezaba a caer bien.
      - Ei, pero no os disgustéis, que me parece que por ahí vienen otros dos meteoritos más.

      BORT

      BORT

      De repente iba a una velocidad increíble. Acababa de despertar. No sabía dónde estaba ni que pasaba. Mis pies no tocaban el suelo. Luego, mis pies tocaron algo, no era el suelo, porque no era duro. Era una especie de moco morado. ¿Dónde me encontraría?
      Miré a derecha e izquierda; arriba y abajo; delante y detrás. Sólo había moco morado.
      Empecé a escarbar, era cómo el moco blandiblú de la nariz, que daba un poco de asco, y encontré algo aún más asqueroso (yo que tú no lo leería, si no lo quieres saber, sáltate la línea siguiente).
      Los intestinos de algo raro que estaba al lado.
      Era cómo una mezcla de E.T. color azul con orejas de elefante, unas Converse de color amarillo, se las habría pintado, y un vestido del color del moco morado. Tenía un gran agujero por la zona de intestino, y por eso sabía que eren los intestinos lo que tenía al lado. ¡Ups! Si no querías saberlo lo siento, se me ha escapado. Bueno, ahora ya lo sabes, y da igual. A lo mejor no eran intestinos, a lo mejor esa criatura no tenía intestinos. Miré los supuestos intestinos, se movieron, la cosa de al lado también. Oí que de algún sitio de la criatura salió un:
      -Lrmk SPOTILMANR.
      Pensé que me hablaba y dije:
      -¿Hola? ¿Hablas mi idioma?
      -Siii. Tu venir de Tierra. Yo “lliamar” Pistuam, pero tú poder “lliamar” Pis.-Contestó con un acento medio chino medio ruso.- ¿Y tú cómo “lliamar”?
      -Yo soy Félix, ¿dónde estamos?
      -Estar en Molt, vosotros lliamar Sol. Vosotros creer que ser amarillo. ¡Molt ser morado! Nosotros vivir bajo excrementos de mascota.
      -¡Qué!-exclamé- Jolín, que asco. ¿Cuáles son vuestras mascotas?
      -Ser cosas muy bonitas. Todos tener una.-descubrí que hablaba por el agujero de su tripa- Ser piponoide. Ser cómo vuestras lombrices. Pero ser más grande. Molt ser un planeta, no una estrella.
      -¿Y por qué en la tierra hace calor y lo vemos amarillo?
      -Porque vosotros ver del color que dar la gana desde lejos. Y lo del calor yo no saber.
      -¿Cómo sabes nuestra lengua?
      -Ver tele. Yo ver todos los días Clan.-dijo entusiasmado- Por eso vosotros a veces tener poca cobertura, porque nosotros robar conexión de satélite. ¿Por qué tú venir?
      -No lo sé. No sé ni cómo he llegado. ¿Me enseñas tu casa?
      -Nosotros no tener casa.
      -¿Y tu televisión? –pregunté con curiosidad
      -No tener tele. Nosotros ver por mente. Orejas ser antenas.
      -¿Qué coméis?
      -Excrementos de piponoide. Estar muy ricos. ¿Tú probar?
      -No gracias. Yo tengo chocolate en mi bolsillo. Está muy rico. ¿Quieres?
      -Vale.
      Lo probó, hizo una mueca de asquerosidad, y dijo:
      -Ser muy malo. Excrementos mejor sabor. Probar, probar.
      Lo probé, estaba delicioso. Nunca pensé que la caca de las lombrices era comestible.
      De repente empecé a dar vueltas y me dormí.
      Me desperté dando vueltas. Caí en una cápsula con el símbolo de la N.A.S.A.
      Ya me acuerdo cómo llegué al Sol o a Molt. Cuando salí de la cápsula, me dijeron:
      -¿Cómo es el Sol? ¿Es cómo lo imaginábamos? ¿Hace color?
      Les conté con todos los detalles mi aventura en Molt. Me felicitaron.


      Fdo. Matamoscas

      Capgras

      Capgras

      Hola, soy Jorge.
      Generalmente escribo estas cartas para recordar a mis conocidos y familiares y llegar a reconocerlos en un futuro. Seguramente te preguntarás por qué. Pues es que, según los médicos, sufro un trastorno neuropsiquiátrico que afecta a mi capacidad de identificación y eso hace que piense que una persona cercana a mí es una impostora. Este trastorno también es conocido como el síndrome de Capgras.
      Entonces todas las veces que salgo de mi habitación solo veo a gente que finge ser otra, esto es muy duro para mí. Mirar a la gente y fingir que… que… que los reconozco, que sé que no son unos impostores. Simplemente, no puedo hacerlo y, por este motivo, evito salir de esta sala.
      Vivo en un centro psiquiátrico en Madrid. Mis “familiares” me visitan de vez en cuando, pero yo suelo no dirigirles la palabra, ¡¡son dobles!! Y yo soy el único que lo ve.
      No sé si de verdad estoy solo en esto, los expertos del centro no paran de repetirle a mis padres lo mismo, “su hijo no es el único, hay diversos casos en el mundo y estoy seguro de que le podremos tratar y al cabo de un tiempo su hijo no os mirará como si fuerais desconocidos”.
      Lo más raro de todo esto es que actúan muy bien, de hecho, ayer mi madre me vino a visitar y como siempre me traía chocolate, cómics y fotos de paisajes. Me miraba como de costumbre y me decía que lo mucho me quería (aunque fuera una impostora), poco después me besaba y una lágrima asomaba desde sus ojos amenazando con derramarse. Yo sufría porque no era mi madre y la quería ver, pero por otro lado también por ella, sufre, llora… pero no puedo confiar en ella, aunque quisiera, mi mente me dice que no es quien dice ser.
      Solía tener más amigos en el hospital psiquiátrico como Julia, ella era esquizofrénica (tenía unos trastornos mentales graves que hacían que tuviera una conducta extraña y que no percibiera la realidad como es). Al día siguiente de conocerla desapareció, bueno mejor dicho se suicidó. También estaba Luka, él tenía Párkinson (es un trastorno que hace que la cantidad de neuronas disminuya provocando que no seas capaz de hacer varias actividades) pero crearon un aparato, Activa RC, que lanza una leve estimulación eléctrica que bloquea algunas señales del cerebro. Resumiendo, que los únicos amigos que conocí, se han ido.
      Hoy en día, no existe ningún remedio para este síndrome y aunque lo descubrieran, ya sería demasiado tarde para mí. Pero en un futuro me gustaría salir más allá de estas 4 paredes, y descubrir los inmensos misterios de este mundo. Pero antes de todo, tendrán que solucionar este pequeño caso entre miles. Porque que yo sepa, somos como partículas en este universo, que generalmente miran a otro lado en el momento en el que se les presenta un problema. Pero yo confío en que esto cambiará, si hemos podido definir que es la energía, que es la capacidad que tiene la materia de producir trabajo en forma de movimiento, luz, calor, etc. ¿Por qué no podemos solucionar este síndrome?
      Así que, si estás leyendo esto, recuerda quién eres, de dónde vienes y para lo que puedes servir. Y sobre todo quiénes son tus familiares y amigos.
      De: Jorge
      Para: Alguien

      Carlos el descubridor

      Carlos el descubridor

      Hola soy Carlos, hoy es 23 de abril, mi día favorito del mes, ya que es mi cumpleaños. Son las 7:30 de la mañana y toca despertarse para ir al instituto.

      A primera hora tengo lengua, hoy dan las notas de la segunda evaluación.
      Siempre saco muy buenas notas y pienso que los demás se enfadan por ellas porque suelen ser superiores a las suyas. El profesor las va diciendo en voz alta una por una sin hacer comentarios, hasta que cómo no, siempre se para en mí para hacer un comentario global que va más dirigido a ellos que a mi propia persona: Si él puede vosotros también.
      Segunda hora: Matemáticas (mi asignatura favorita) llega el profesor, pasa el tiempo muy rápido y me doy cuenta de que, quedan 5 minutos de la clase y me toca a mí salir a hacer el ejercicio más difícil, como siempre lo tengo todo bien.
      Tercera hora: Historia. Esta asignatura es una de las clases “tostón” de las que nadie atiende excepto mi compañera de mesa, yo misma y unos cuantos más. A la siguiente clase yo no voy a ir porque tengo médico.
      En el hospital está todo normal, mucho ruido, toses, etc. Mi madre me encarga una tarea impresionante que ni yo se hacer: descubrir un exoplaneta. Tengo tres días de plazo, si lo consigo me comprarán la nintendo swich.
      Paso a la consulta y el médico me dice que con unas aspirinas para el dolor de cabeza voy muy bien y que si noto algo más que vuelva a ir.
      Ya en casa mi madre me sugiere que empiece con la tarea que me ha asignado. Necesito un telescopio, pero ella me dice que me las apañe sin su ayuda. Llamo a mi abuela pero ella dice lo mismo que mi madre, seguro que se han puesto de acuerdo para que no me lo comprara. Hora de la cena, mi madre me pregunta cuánto he avanzado y yo le respondo que nada. Hay un silencio en la cena, no sé porqué. Mi padre no dice nada sobre el tema pero seguramente, mi madre ya se lo habrá contado.

      Día 1:
      Después de comer llamo a mi amiga Laura para ver si me quiere ayudar con esto y queda en preguntárselo a su madre, que al final acepta.

      Corro a decírselo a mi madre pero ella me responde lo siguiente:
      -Hijo, a mi me da igual que lo hagas con compañeros o sólo, tú simplemente lo tienes que intentar porque yo sé que puedes.
      A Laura la dejan venir a casa y quedamos por la tarde.
      Son las cinco y media, Laura acaba de llegar y nos tenemos que poner manos a la obra. Enciendo el ordenador, me meto en Google y busco.
      Materiales:
      - Una pieza de cartón ondulado de unos 64cm (24 pulgadas) de longitud
      - Dos cristales de aumento del mismo tamaño
      - Pegamento fuerte
      - Tijeras
      - Un lápiz.
      Conseguimos las instrucciones y empezamos a construirlo. Yo pensaba que era mucho más difícil, ya que nunca me había interesado en hacerlo.
      Una vez terminado solo nos falta que se haga de noche para poder contemplar las estrellas en el firmamento, y para ello su madre le da permiso para que se quede a dormir durante estos días de “trabajo”.
      Son las once y media de la noche y estamos mirando pero nada, muchas nubes y poco que ver.

      Día 2:
      Ya por la noche, por un momento pensamos que hemos descubierto algo pero solo era una estrella, qué pena.
      Pasan las horas y empezamos a comentar la clase de por la mañana de biología ya que fuimos al laboratorio. La profesora nos encargó hacer un slime.
      El mío era azul y el de Laura verde y fue muy divertido.
      Volvemos otra vez a mirar por el telescopio y después de haber bebido unas tres o cuatro latas de refresco, divisamos algo increíble:
      Es algo muy pequeño, casi desde aquí no se puede ver. Estamos muy asombrados y, como nadie se lo va a creer lo vamos a grabar en video, con nuestras voces.
      Después se lo enseñamos a mi madre, -¿Qué queréis? Son las cinco y media de la mañana.-
      -Mira esto-
      -Sabía que seríais capaces de conseguirlo-
      Al día siguiente el video salió en las noticias y se quedaron asombrados cómo dos niñ@s habían hecho algo que muchas personas “mayores” no son capaces de hacer.
      Nos llovieron muchísimas llamadas de amigos y de familiares felicitándonos.
      Al día siguiente fuimos al instituto y nos recibieron con aplausos y algunas personas nos dieron regalos. Acto seguido nos surgieron un montón de entrevistas, y en todas dijimos que todo el que quiere lo puede lograr.

      Cartas entre el muro de Berlín

      Cartas entre el muro de Berlín

      14 Julio 1969
      Hola Tom,
      el muro sigue en pie así que no recibirás esta carta. Al igual que las anteriores, te la daré cuando nos volvamos a ver.
      Quedan dos días para el despegue del Apolo 11 y estoy muy entusiasmado. Con el dinero de la propina me he comprado otro libro sobre cohetes y el espacio. Ya tengo diez. Espero que mamá no se entere, ella quería que me comprase herramientas para el campo. Dice que esas tonterías de astronauta no me darán de comer, pero también dice que no haga esfuerzos en el huerto, ya sabes cómo es ella. De todas formas, no le hago caso. Voy a clases con el profesor Alex. El último día vimos las estrellas de la constelación de Orión con su telescopio, se lo pedí yo. Orión es mi favorita, me recuerda a ti, a él le acompañan sus perros Canis Maior y Canis Minor, igual que Dala y Manchas a ti.
      Mamá no quiere que sea astronauta, pero sé que tú me apoyas. Ojalá vuelvas pronto.
      Daniel

      16 Julio 1969
      Querido Tom,
      ¡Hoy despega el Apolo! No pensaba escribirte tan pronto, pero tengo demasiadas noticias.
      Ayer fui a clase del profesor Alex y me había traído un periódico de Febrero, no entendí por qué hasta que leí la noticia: "Fritz Sebening y Wener Klinner realizan el primer trasplante de corazón en Alemania". Si ellos han conseguido eso, ¡cualquier cosa es posible, Tom! Cuando se lo dije a mamá, se echó a llorar. Ahora ya no me puede decir que los libros de cohetes no me servirán para nada, ¿Lo entiendes, Tom? Ahora podemos encontrar un médico que me cure. Si un hombre se ha trasplantado el corazón, cualquiera puede curarme a mí. ¡Me voy a curar, Tom! ¡Podré ser astronauta! ¡Voy a dejar de estar enfermo!
      El espacio me espera, Tom, y yo te espero a ti.
      Daniel

      21 Julio 1969
      Hola Tom,
      ¡Están en la Luna! Los astronautas están en la Luna, no sé si al otro lado tendrás tele, pero yo lo he visto desde la de los vecinos. He leído que allí la gravedad es muy diferente y que alunizaron en el Mar de la Tranquilidad. En la tele, cuando Neil andaba parecía que estuviera flotando. A mí me duele mucho al andar así que me dio un poco de envidia, pero estoy bien porque mamá ha estado hablando con médicos. Neil dijo una frase que me hizo pensar: "un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad". Yo también quiero dar un paso así algún día, Tom. Te echo de menos. Mamá últimamente está muy cariñosa conmigo, pero yo quiero abrazarte a ti también.
      Nos veremos pronto,
      Daniel.

      31 Diciembre 2007
      Querido Daniel,
      llevo tiempo perfeccionando esta carta, no sabía cómo expresarme. Cuando la termine la quemaré y a lo mejor el viento la lleva contigo, dondequiera que estés. Así por lo menos el fuego recordará para siempre lo que me gustaría haberte dicho en persona.
      El muro cayó, Daniel, aunque muchos años después, y fuiste el primero al que quise ver. El problema es que ya no estabas.
      Mamá me dio todas tus cartas. Me dijo que de verdad tenías esperanza y por eso no te contaba lo que los médicos decían. Lo siento mucho, Dan. No llegué a tiempo.
      Para guardar tu memoria di pasos por ti. Me hice astronauta, pero no de los americanos que tanto te gustaban. Fui al espacio por ti.
      El año pasado fui el astronauta, ni ruso ni estadounidense, que más tiempo pasó en el espacio. Es como una especie de logro, aunque lo único que yo pensaba era que no quería volver a casa sin ti, quería quedarme en el sitio que siempre habías soñado. Quería verte. Y ya no estabas.
      Te echo de menos, Daniel.
      Te echo mucho de menos.
      Thomas Reiter.

      Cero negativo

      Cero negativo

      Mientras nosotros seguimos con nuestras vidas, la vida de Carlos nunca volverá a ser la misma y es que ahora está frente a una puerta sin saber si llamar o seguir con su vida como si tal cosa pero… ¿Quién iba a pensar que un accidente de tráfico trastocaría de esa manera su vida?
      Para entender lo que le sucedió debemos retroceder un mes, exactamente al día en el que Carlos tuvo que ser ingresado en el hospital después de que su vehículo, el cual iba exclusivamente ocupado por el conductor, se estrellara contra el de una mujer que se encontraba bajo los efectos del alcohol.
      Al llegar al hospital y tras haber sufrido un traumatismo, fue trasladado directamente a Urgencias y pocos minutos después a un quirófano donde, afortunadamente, todo salió bien. El paciente fue atendido con eficacia de la grave herida que había sufrido en el costado izquierdo tras haberse roto la puerta del conductor.
      Sin embargo, Carlos había perdido demasiada sangre y necesitaba una donación. Todo iba a ser sencillo porque los médicos aseguraron, debido a su constitución (varón de 24 años de 76 Kg), que con una transfusión de sangre de entre dos y cinco bolsas del propio banco del hospital serían suficientes para su correcta recuperación, eso sí necesitaría unas semanas de reposo para poder recuperarse de la cirugía.
      Pero no todo fue como se esperaba, debido a un fallo informático el Banco de Sangre de España no había sido informado sobre su petición de reposición de bolsas de su grupo sanguíneo: 0-. Aunque es poco común, la persona con este grupo tan solo puede recibir la donación de otro con 0-; en cambio, puede donar a todos (A+, A-, B+…).
      Como consecuencia, contactaron con sus padres, que llevaban largas horas en la sala de espera de aquel hospital, aunque más relajados después de que el cirujano les avisara de que la operación de su hijo había sido exitosa. Tras ser informados, ambos estuvieron dispuestos a hacerse pruebas de compatibilidad, ya que sería la manera más rápida porque siempre hay más posibilidades entre miembros de la misma familia.
      Al ser hijo único, los padres eran los únicos familiares más cercanos, aún así siempre uno de los dos progenitores suelen tener el mismo grupo sanguíneo. Extrañados tanto los médicos como los padres por el extraño caso, primaron el encontrar las bolsas de sangre necesarias a averiguar el por qué de aquello.
      El hospital decidió avisar a hospitales de la zona por si les podían proporcionar la sangre, ya que, aunque al salir de la operación Carlos se encontraba estable, cada vez estaba más débil. Afortunadamente, el hospital más cercano de la zona les proporcionó las bolsas de sangre necesarias y en menos de una hora al paciente ya le estaban transfundiendo. La variación de sus constantes aseguró su rápida recuperación y tras unas horas de reposo Carlos ya pudo hablar con sus padres.
      Tras haber solucionado la donación, para los médicos seguía siendo una intriga que los padres no fueran compatibles con el paciente, puesto que aseguraban ser sus padres biológicos. Para asegurarse se hicieron una prueba de ADN y, efectivamente dio negativa, sus padres biológicos no eran ellos. Toda la habitación 311 de aquel hospital estaba anonadada, se sentía el tenso ambiente, nadie era capaz de explicar el por qué de aquella situación.
      Los padres, aunque dolidos al haber sido engañados por no sabían exactamente quien, no querían investigar acerca de lo sucedido, al fin y al cabo su hijo era el que estaba tumbado en aquella camilla, era a él al que habían criado desde que nació y al que habían querido y siempre querrán incondicionalmente. Sin embargo, Carlos tenía muy claro que quería averiguar quiénes eran sus verdaderos padres y tras ser dado de alta dos semanas más tarde, volvió a la pequeña ciudad donde nació con la finalidad de hablar con quién hiciera falta en el único hospital que había allí para conseguir todos los datos que le ayudaran a seguir la pista de su familia biológica.
      Sorprendentemente, no le costó mucho dar con información ya que hace un año también había llegado una joven con la misma fecha de nacimiento que él haciendo las mismas preguntas que estaba haciendo Carlos en ese momento. Aunque hace un año no le habían dado demasiada importancia en el centro porque solo se había encontrado ese caso en aquellas fechas, bueno y, de hecho, nunca les había sucedido nada parecido. En cambio, un médico amigo de la familia no dudó en echarle una mano y le proporcionó los datos de la joven que dejó cuando vino.
      Y ahora que tiene los datos de su familia biológica y con grandes dudas toca esa puerta desconocida sin saber cómo serán los que se encuentran tras ella.

      CHARLES DARWIN Y SU NUEVA EXISTENCIA

      CHARLES DARWIN Y SU NUEVA EXISTENCIA

      Había una vez, en una cabaña cercana a un pueblo, nació un niño. Su padre era abogado y por desgracia su madre había fallecido al dar a luz a su hijo. Su madre antes de fallecer, le susurró al padre en el oído: “nuestro hijo se llamará Charles Darwin”.
      ¡Claro! – dijo el padre. Su mujer siempre estaba diciendo de llamar Charles a su hijo. Pero lo que no entendió fue de ponerle de apellido Darwin. John (que era su nombre) fue a preguntarle a que venía ese nombre, claro él no tenía ningún conocimiento acerca de la ciencia, era demasiado tarde su mujer ya había fallecido. Pasaron los años….
      Y John empezó a investigar, pero es esa época solo existían los periódicos y revistas. Al cabo de unos meses John averiguó a que se debía ese nombre, procedía del científico Charles Darwin, el científico de la teoría de la evolución. A John todo le cobró sentido, a su mujer, Hanna siempre le había entusiasmado la ciencia. John siempre había creído que estaba un poco loca.
      Charles fue creciendo y fue relacionándose con la ciencia el solo por su parte.
      Cierto día, su hijo de 5 años invadió su oficina decidido a ayudarle a trabajar porque estaba aburrido y no le quedaban revistar ni periódicos que leer. Su padre, furioso por la intervención, le pidió que se fuera a otro lado a jugar. Viendo que era imposible sacarlo, John pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención. De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba. Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: “como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie”.
      Entonces John calculó que tardaría 10 días en hacerlo, al cabo de unas horas Charles apareció en su oficina con el rompecabezas acabado. John sorprendido, le preguntó que como lo había acabado si nunca había visto un mapa como ese. Charles le respondió: “Papá yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de Isaac Newton.
      John se quedó paralizado y le preguntó: “¿Quién es ese?”
      Charles le respondió: “Es mi mayor ídolo, de mayor voy a ser como el, el descubrió la gravedad, yo quiero descubrir nuevas cosas.”
      El padre furioso le dijo: “¡¡Tú vas a ser abogado, vas a seguir la tradición familiar!!”
      Charles le respondió muy enfadado: “A mamá le hubiera gustado que hubiera sido científico”
      Al cabo de unos años Charles se hizo mayor y cogió la carrera de científico, y lo mejor era que su padre le apoyó a hacerlo. Charles Darwin se hizo mayor y se convirtió en un famoso científico como quería. Y será recordado hasta la eternidad. Hizo muchos descubrimientos para la ciencia que serán recordados para siempre.

      Ciencia, policía y crímenes

      Ciencia, policía y crímenes

      El 14 de abril de 2050 en el hotel Prit se produce un crimen, la dueña del hotel aparece apuñalada en el vestíbulo. A las 9:36 de la mañana llega la detective Katherine Simon, la mejor detective del mundo debido a su arma especial, al cabo de una hora el culpable está siendo arrestado, había sido el amante porque quería adueñarse del hotel, pero le salió mal el juego.
      A la mañana siguiente Katherine Simon tenía la mañana libre, por lo que fue a casa de una amiga llevándose la sorpresa de que allí había alguien esperándola.
      Cuando Katherine llegó a la casa de Diana Sanchez ve que la puerta está abierta, así que como buena detective y amiga decidió entrar a ver por qué estaba así, allí encontró a su amiga atada en una silla, por lo que entró corriendo a desatarla y cuando estaba en ello, notó una sensación extraña, empezó a sentir que todo le da vueltas, y un pañuelo le tapaba la boca y la nariz, así que al no poder respirar acabó desmayándose.
      Katherine empezaba a despertarse y cuando recuperó la conciencia se dio cuenta de que ya no estaba en casa de Diana, pero si con ella, estaban en una habitación oscura y llena de dispositivos electrónicos, en ese mismo instante apareció un hombre, Katherine no consiguió reconocerlo, pero Diana sí, era el exmarido de Katherine. Ambas se pusieron histéricas e intentaban escaparse, pero fue inútil, lo único que consiguieron fue malgastar fuerzas, John, el exmarido le pidió a Katherine su arma secreta debido a que gracias a esta, Katherine consiguió convertirse en una gran detective y al centrarse tanto en el trabajo rompió su relación y él no había podido superarlo; Katherine se negó, pero en ese insiste, mientras Diana confusa al no conocer nada pidió respuestas de por qué estaba ella allí.
      Diana, la mejor amiga de Katherine es científica y uno de sus inventos fue el arma especial de la que tanto hablaban todos; Diana se puso a pensar y consiguió recordar que uno de sus inventos se lo regaló a Katherine, pero como ella no había llegado a probarlo no sabía que hacía. John intentando no cambiar de tema volvió a pedir el arma, y como vio que Katherine no accedía decidió soltar a Diana para amenazar a Katherine con ella.
      Tras un par de horas de tortura donde Diana casi muere Katherine decide contar todo y que John se salga con la suya. Katherine le entrega a su exmarido unas gafas, pero no unas gafas normales y corrientes; esas gafas contenían en los cristales de grafeno un chip conectado con todas las seguridades, por lo que cuando ocurría un crimen ella tan solo tenía que ponerse las gafas y estas con sensores detectaban el lugar y podía acceder a todos los sistemas de seguridad y ver quien había realizado el crimen, su único trabajo y en el que era bastante buena era el de identificar caras con las bases de datos de todos los ciudadanos. John le quita las gafas a Katherine y deja libre a Diana, pero este se lleva la sorpresa al ver que las gafas no se rompían por mucha fuerza y calor que ejercía sobre ellas, en ese momento, John se metido en un problema gigantesco, debido a que los compañeros de Katherine habían rastreado su móvil ya que ella no había ido a trabajar.
      John es encerrado, Diana acaba en el hospital para su recuperación y Katherine deja de ser la maravillosa detective, porque se convierte en la mejor detectora de caras del mundo, un trabajo que puede hacer con su mejor amiga, Diana, ya que juntas forman el equipo de búsqueda DKD, la ciencia y la policía más juntas que nunca.

      CIRUGÍA DE PRECISIÓN

      CIRUGÍA DE PRECISIÓN

      Las nuevas tecnologías conllevan la aparición de muchos robots y otros sistemas autónomos en nuestra vida cotidiana que hacen que progresemos y veamos que cada década haya un avance muy sustancial. Los avances pasan por controles rigurosos técnicos, mecánicos, de seguridad, legales, éticos, etc. que permitan su uso. En Estados Unidos, son más las empresas que trabajan en desarrollar proyectos innovadores. También en Europa se investiga y se expande el desarrollo de robots que ayudan en la cirugía quirúrgica.
      En España los robots están introducidos en la medicina y es parte importante en las intervenciones de Cardiología, Urología, Ginecología, cirugía Digestiva, Oftalmología, ofreciendo facilidades al cirujano.
      La tecnología va ganando terreno y los facultativos se adaptan ya que son más precisos y menos invasivas para el paciente, tanto para diagnósticos como para las intervenciones. Parece algo nuevo todo esto, pero lleva ya unos 20 años de investigaciones.
      Es muy valorado el uso de los robots porque el tiempo de operación es más corto, el paciente pierde menos sangre, tiene menos dolores, su estancia en el hospital es menor y su recuperación más rápida.

      El doctor Richard Gastón, francés, está dedicado a estas máquinas que hace que sus métodos ayuden a los médicos a realizar su trabajo.
      En 1997 inventó la prostatectomía radical laparoscópica (sacar la próstata sin abrir al paciente). Además, desde 2004 entra todos los días al quirófano, para realizar operaciones con robot, y está considerado como uno de los maestros mundiales en el manejo del robot Da Vinci.
      Gracias a una técnica milimétrica y a su compenetración con otro médico, por ejemplo, con el doctor Fernando Gómez Sancha (urólogo y director del programa de Cirugía Robótica de su clínica), ambos realizan una intervención. Uno está pegado al paciente y atento a los monitores y el otro, viendo la operación a través de las gafas 3D que incorpora la máquina, y los dos manejando los cuatro brazos del robot, y en poco menos de 1 hora finalizan la intervención.

      Actualmente miles de robots ya están involucrados en actividades médicas: diagnóstico, vigilancia de la salud o la recuperación de los pacientes física y psicológicamente. Si bien, todavía se espera que el sector de la robótica en España tenga su mayor auge en los próximos años, sobre todo en lo que se refiere al ámbito quirúrgico. Lo único que imposibilita que la apuesta por los robots se dispare es el precio de los robots. Aproximadamente dos millones de euros es lo que tendría que pagar un centro para poder poseer un Da Vinci dentro de sus instalaciones.
      ¿Qué tipo de robots existen? Hoy en día hay cuatro grandes tipos de robots médicos: para la navegación, donde el instrumento quirúrgico es movido por el brazo de una máquina; para la replicación de movimiento de la mano del cirujano a través de una interfaz de robótica pasiva; los que llevan incorporado un dispositivo de imágenes montado en un brazo robótico para obtener ilustraciones en 2D o 3D; y robots para la rehabilitación con dispositivos mecatrónicos que pueden apoyar el proceso de recuperación de los pacientes con accidente cerebrovascular. Hay otros proyectos que buscan facilitar las tareas sanitarias como crear sillas de ruedas y prótesis de robots que pueden ser controlados por el cerebro humano. También el avance tecnológico también ha dado lugar a la llegada de Dronlife, una flota de drones que puede transportar los órganos humanos de manera más eficiente que los métodos convencionales.
      ¿Realmente suponen una ventaja? Para los especialistas, en un área tan sensible, como la medicina, son beneficiosos e incluso necesarios, ya que se ha demostrado que contribuyen a una cirugía más precisa y también reducen el tiempo de recuperación del paciente. Para el paciente la cirugía mínimamente invasiva que se realiza por un sistema robótico, es un procedimiento menos estresante: hay menos que curar, menos área expuesta a la infección, y menos trauma general para el cuerpo. La única desventaja es el coste, cada robot puede llegar a costar 2 millones de euros.
      ¿Cuáles son los países más desarrollados? Estados Unidos es el país más avanzado en estas tecnologías. El mejor ejemplo es el sistema Da Vinci, que fue aprobado por las autoridades de EE UU en el 2000 y, sin embargo, a España no llegó hasta 7 años después. La mayoría de los hospitales estadounidenses cuentan con uno y solo una veintena de centros españoles lo utilizan. En Europa, Francia sería el modelo a seguir en cuanto a avances tecnológicos en medicina se refiere.
      ¿En qué lugar se encuentra España? España va con más de 5 años de retraso respecto a los pioneros, los estadounidenses, en todo a lo que se refiere investigación y progreso. Aquí, el robot por excelencia es Da Vinci.

      COMO DOS GOTAS DE AGUA

      COMO DOS GOTAS DE AGUA

      Como dos gotas de agua, así somos yo y mi hermana. Al principio era un poco molesto el hecho de que todo el mundo, incluso nuestros propios padres nos confundieran. Sin embargo, ahora ya nos hemos acostumbrado. Es lo que tiene tener una gemela idéntica... No todo es malo, también hay cosas buenas. Tenemos el doble de ropa, el doble de juguetes, el doble de galletas, el doble de todo. Vamos, que no nos falta de nada. A pesar de ser gemelas somos muy diferentes. Mi hermana es muy graciosa y se lleva bien con todo el mundo mientras que yo soy más bien tímida y empollona.
      Nuestra vida era perfecta hasta que nos pillaron la semana pasada en el examen de sociales y catalán fingiendo ser la otra. A ver, os cuento. A mi sociales no se me da nada bien pero en cambio a mi hermana se le da de fábula. Asi que tuvimos la fantástica idea de intercambiarnos en los exámenes para obtener mejores cualificaciones. Hoy tenemos los trimestrales y me he pasado medio curso sin atender en las clases que no se me daban bien. Asi que mi hermana y yo lo tenemos crudo. Faltan 10 minutos para que empiece la clase y nos entreguen los exámenes. Voy a la clase de mi hermana y rápidamente le deseo toda la suerte del mundo. La necesitará. Hasta ayer no supo resolver las ecuaciones de segundo grado... Vuelvo a mirar el reloj, falta 1 minuto. Vuelvo a mi clase, me siento en mi sitio y me preparo mentalmente para lo peor. Suena la campana, entra la profesora y todo el mundo se sienta. No se oye ni una mosca mientras reparten los exámenes. La profesora deja el examen en mi mesa y me sonríe con cara de suficiencia diciéndome en secreto: nos vemos en septiembre. Intento concentrarme en el examen, lo intento y lo vuelvo a intentar mil y una veces pero sin resultado. Empiezo a imaginarme un 0 grande, rojo y redondo en el papel y el sermón que nos darán nuestros padres al ver las notas finales.
      De repente oigo una voz en mi cabeza:
      El movimiento modernista acabó el 1911.
      -¿Júlia? -pregunté un tanto indecisa- ¿Eres tu?
      -¿Mireia? -preguntó con voz incrédula- Si si, soy yo. ¿Me oyes?
      -Alto y claro hermana.
      Madre mía esto es increible -dije sin podérmelo creer-.
      ¿Realmente estaba hablando telepáticamente con mi hermana gemela? Sabía que los gemelos comparten un gran vínculo pero no sabía que podíamos hacer esto.
      Utilizamos este gran vínculo que acabamos de descubrir para comunicarnos durante el resto de los exámenes las respuestas de las diferentes asignaturas.
      Se podría decir que somos la misma persona. Éramos 1 entre 300.000 pero ahora sabemos que somos únicas en este mundo.

      Como seria todo?

      Como seria todo?

      Como sería todo? En toda una vida se calcula que andamos unas tres vueltas al mundo. Como serían esas vueltas? Con quien serían?
      Quizás en la escuela primaria tendría pocas amigas, quizás solo una… Kathy. A lo mejor nos pelearíamos solo dos veces en nuestros 6 años de amistad. Puede que al entrar en el instituto nos distanciáramos, que tan solo un par de años más tarde ni siquiera nos saludáramos al cruzarnos en esa cafetería de la esquina. Probablemente conocería a otra amiga, puede que aún mejor que Kathy, esa podría ser Adara.
      Seriamos las mejores amigas. Sería ella quien me consolaría cuando Fernando, el apuesto chico de un curso superior, me partiera el corazón. Ella me escucharía a las 2 de la madrugada cuando estuviera molesta con mi madre. A ella le contaría la bronca de mi padre por suspender un examen, el primero de mi vida quizás. Seria a mí a quien acudiría cuando necesitase ayuda. Ella sería la primera en saber todos los detalles de mi primera cita. Quizás empezaríamos el bachillerato más unidas que nunca y sería ella la que me fotografiaría con mi chico en el viaje de fin de curso. Posiblemente al empezar la universidad nos distanciaríamos. Mis horarios de mañana serían incompatibles con los suyos, de tarde. Hablaríamos diariamente al principio pero a lo mejor perderíamos el contacto. Poco a poco, día tras día.
      Quizás en mi tercer año de universidad conocería a Pablo, el amor de mi vida. Me graduaría en derecho con las mejores notas de mi clase seguidamente encontraría un trabajo. Empezaría como una simple becaria y terminaría siendo socia del bufet. Pablo y yo nos pasaríamos unos años maravillosos viajando. Dubái, Jamaica, Tailandia, India, Nueva York… un sinfín de destinos que visitaríamos. Puede que nos casáramos en las Vegas, en un arrebato de locura. Pocos meses después de celebrar mi trigésimo primer cumpleaños nacería Laura. Un par de años después quizá llegaría Carlos y tres años más tarde adoptaríamos a Nashi. En la adolescencia de Laura seguramente nos pelearíamos por muchas cosas, un teléfono móvil mejor, poder ir a una fiesta, llegar tarde a casa… Esas discusiones se repetirían, seguramente, con mis otros hijos. Al cumplir los cincuenta y nueve años Pablo y yo habríamos ahorrado lo suficiente para mudarnos a Sídney y vivir tranquilamente. Puede ser que viviéramos en una casita cerca de la playa, donde a lo mejor saldríamos a pasear cada mañana. Posiblemente serían unos años maravillosos, puede que los mejores de mi vida. Quizás todo acabe en el Hospital General de Sídney a los 82 años, a causa de neumonía, quizás sea a causa un accidente de coche, a lo mejor se incendia mi casa, quizás…, pero solo quizás. Todo depende de este momento.
      -Todo correcto señorita. Desea usted seguir con el procedimiento?
      -Yo... Creo que…
      No, por favor di que no. Por favor mama di que no, piensa…

      Corazón roto

      Corazón roto

      Ha roto conmigo. Me ha dejado por otra.
      Por un momento la rabia me invade y creo que voy a arrancarle la cabeza como hace la viuda negra después de aparearse.
      Pero en el momento que llego a mi casa y me tumbo en la cama, me asaltan los sentimientos. Me pongo a llorar y siento un dolor lacerante en el pecho. Siento como si mi corazón se hubiese roto en mil pedazos, como si hubiese dejado de latir. Como si fuera una gigante roja, que al consumir toda mi energía y morir, me hubiese convertido en un agujero negro que poco a poco va consumiendo todo a su alrededor.
      Va cayendo la noche y la luz que entra por mi ventana va disminuyendo. Estaba tan absorta en mí, que no he oído ni la puerta principal ni la llegada de mi madre. Supongo que dentro de poco tendré que ir a cenar, así que tengo que calmarme un poco.
      Intento calmarme pero no consigo dejar de llorar. Finalmente, consigo inspirar y expirar a un ritmo regular. Lentamente me incorporo y veo mi mochila tirada al lado de la cama. Eso me recuerda que debería hacer los deberes de química, pero no estoy de ánimos para hacer problemas de termodinámica. Estoy más motivada para la física y calcular a que distancia se tiene que poner “el innombrable” para que el proyectil de un avión le caiga encima.
      Solo es lunes y ya estoy harta de esta semana. Necesito un botón para adelantar a cámara rápida. No quiero verlo mañana en clase. Con su sonrisilla de niño comprador, su pelo desmarañado pero sexy…
      Llaman a mi puerta. Es mi madre. Me pregunta que qué me pasa y le digo que estoy bien. Que solo estoy un poquito cansada y no me apetece cenar hoy. Antes de dejarme sola, veo que vacila. Supongo que su instinto maternal le dice que me pasa algo, pero decide no presionar.
      Cojo mi portátil y lo enciendo. Enseguida me doy cuenta que soy estúpida. Mi salvapantallas consiste en una foto nuestra. Quiero hacerla pedazos, romperla y quemarla. Pero pensándolo bien, no puedo vivir sin mi portátil. Así que me conformo con cambiar la foto y esconder nuestras fotos en una carpeta perdida entre los datos de mi portátil.
      Ya es más de media noche y estoy más despierta que una hormiga. Mañana pareceré un zombi. Necesito despejar mi mente de toda esta negatividad, sino no podré dormir.
      Cojo el móvil para programar la alarma y veo que tengo un Whats de mi mejor amiga. Eso me recuerda que no estoy sola, y que tengo en quien apoyarme. Apago la luz y me acurruco como un gatito. Cierro los ojos y me digo que si las ranas son capaces de volver a la vida al calentarse después de congelarse, yo puedo superar mi corazón roto.

      crecer,madurar,investigar

      crecer,madurar,investigar

      Que buen día , hoy he crecido mucho , mamá me está dando de comer y de beber , por suerte hoy la vida nos ha sonreído ya que mis hermanos cayeron del balcón y murieron en las fauces de los terribles gusanos. Ya han pasado dos dias desde que me puse morenita , están tardando mucho. Hoy estamos todos tristes mi 16 hermana ha muerto por un terrible accidente provocado por un pájaro, no le para de golpear con el terrible y afilado pico de ese indeseable cuervo. Ya nos tocaría morir porque llega octubre, algunas servimos al hombre como comida, otras servimos para recrear nuestra especie. Cada día me siento mas débil si no me recojen ya voy a acabar terriblemente aplastada contra la tierra que hay debajo.
      Llega la hora de la verdad , se acerca un hombre de media alzada, moreno , expresión facial muy masculina , muy flaco y con una mirada penetrante . Se sienta a leer debajo de mí apoyada en nuestra madre, mientras no golpee a mi mamá y no arranque de sus sillas a mís hermanos y hermanas a mi ese hombre me da igual. Pasan dos horas y el hombre sigue leyendo me siento débil , voy a caer pero de repente llaman al hombre a nombre de Isaac, se levanta mira a su alrededor no ve a nadie y … caigo sobre su cabeza y reboto contra el suelo, me quedan pocos minutos de vida, me coje me examina mira hacía arriba para ver que ocurría, toma nota y empieza a dar saltos ya gritar, que le pasa a este hombre? Me empiezo a montar una paradoja , y pienso que acaba de descubrir algo no se lo qué es pero ha hecho un gran paso para la humanidad.

      Crónicas de un entierro anunciado

      Crónicas de un entierro anunciado

      Que bonito sería poder rehacer tu vida cada vez que te sucede alguna cosa sin que te deje ninguna secuela ¿verdad?. Mi vida no es que haya sido la mejor pero bueno. Todo empezó cuando empecé a deslizarme. Era súper feliz en mi hacienda cultivando el subsuelo. Cuando era ya un adolescente digamos que es la etapa más dura. Todo empezó a desmoronarse cuando me fui de vacaciones. Yo no sabía lo que me esperaba al volver y es que mis padres, justo al yo volver, me contaron que se iban a divorciar. Una parte dentro de mi se desintegró. Esa parte no se iba a reponer. Para más inri ese mismo día mi abuelo padeció un fallo cardíaco. ¡ Qué más me podía pasar! Yo ya no sabía que hacer, pensaba que me moría pero hay una cosa que me marcó, mis amigos. Sí, los amigos, esos que están en las buenas y en las malas, esos son los que me sacaron de ese pozo. Era todo tan bonito que hasta yo pensaba que se iba a torcer. Mi vida estaba empeorando, me empecé a sentir excluido de ese grupo de amigos y yo no quería pasar por otra depresión. Así que encontré otra amiga, las drogas. Es un tema que me llevó al subsuelo. Ahora que ya no vivo me doy cuenta lo bajo tierra que caí. Me da vergüenza hablar de eso porque en parte destrozaron mi vida. Una vez superada este error con ayuda de profesionales me propuse ser algo en esta vida. Todo me había ido tan mal que quería cambiar, y de hecho lo hice. Acabe los estudios, empecé a trabajar como excavador, que no lo había contado, pero siempre había sido mi deseo. Entrar en el trabajo, tener unas obligaciones, ser autosuficiente e independiente me hizo madurar. Años más tarde mi padre sufrió un fallo cardíaco, lo mismo que a mi abuelo. No se pudo reponer y murió. Eso me cogió desprevenido, me partió el corazón. Me repuse pero yo no sabía que el fallo cardíaco tenía un aumento de probabilidad por herencia. Mis últimos años de vida los pasé con un corazón, dolido por todo lo que me había pasado pero yo iba a continuar viviendo como lo llevaba haciendo hasta ahora. Pero un día me di cuenta de que no me volví a despertar. No hizo falta que me enterrasen porque siempre había vivido enterrado. Yo esperaba que mis cuatro de corazones durasen más pero veo que no. Y aunque haya sido una lombriz toda mi vida siempre tuve sentimientos de humano.

      Cuestión de perspectiva

      Cuestión de perspectiva

      Le dije a mi madre que no veía bien de un ojo y que también veía doble, como si con el ojo derecho solo viese la mitad de una imagen, como una luna partida, como una luna menguante, que solo le toca la luz del sol en su mitad de la cara y no se le ve la otra. Mi madre primero se preocupó por mí, como lo hacen todas las madres, o casi todas, y primero me hizo una prueba por su cuenta, me tapaba el ojo izquierdo y me ponía delante tres dedos, y como decía bien cuantos dedos me ponía delante, ya no se preocupó más.
      Luego, al cabo de un tiempo, cuando tenía cinco años, en una revisión rutinaria pediátrica, se quedaron boquiabiertos al ver que, si me tapaban el ojo izquierdo, no veía ni las letras más grandes de la pantalla, yo veía como si las letras no estuvieran a mi alcance, como si fueran estrellas de otra galaxia, como si yo estuviera en otro planeta, a miles y miles de kilómetros de distancia de esas letras. Mi madre me llevo al oculista y me hicieron varias pruebas utilizando técnicas para ver que me pasaba, me hacían radiologías, resonancias, electrofisiologías y otras cosas. Y efectivamente no veía bien del ojo derecho. Y me diagnosticaron una alteración irreversible de la macula, la macula es la parte más importante de la retina y es el inició de la transformación de la imagen que vemos y que después se descodificará en el cerebro, por lo tanto, era importante. Entonces intentaron encontrar una solución, pero, era demasiado tarde y no pudieron encontrar ninguna, pero yo no entendía nada, era una niña con problemas de vista, perdida como en la ciencia, que tengo muchas preguntas, pero no respuestas ni soluciones.
      Por suerte no tengo del todo mal el ojo derecho y del izquierdo veo perfectamente, veo como un lince, que se dice que pueden hasta ver a través de las cosas.
      A veces cuando miro algunas personas u objetos, veo a la persona, en el caso de que sea una persona, la cara completa y su lado la mitad de la misma cara, como si fuera el reflejo en un espejo roto por la mitad, como si estuviese repetida pero mal y eso a veces me frustra porque me molesta que no sea la realidad, sino una distorsión de la imagen.
      Cuando era pequeña me costó mucho aprender a leer, y sin querer volvía a leer la misma línea que ya había leído anteriormente, como si fuese un disco rayado que repite lo mismo una y otra vez.
      Pero lo importante no es encallarte ni recaer, sino concentrarte e intentarlo una y otra vez hasta conseguirlo, y cuando lo consigues sientes una gran satisfacción, tan grande que hasta sientes como se te acelera el corazón, que te late más de 60 o 80 veces por minuto, más de lo normal y respiras más rápido o por lo contrario te falta el aliento, se te dilatan las pupilas… Lo que quiero decir con todo esto, con mi historia, es que a pesar de mis dificultades conseguí salir a delante y que si yo pude tú también puedes.

      De como Platinio conoció a Ferrosio

      De como Platinio conoció a Ferrosio

      Platinio construyó una flota de naves crionauticas y mandó a sus mejores protonautas a explorar planetas recientemente descubiertos. Un día, una nave crionautica regresó al Planeta Rojo con noticias sorprendentes: se había encontrado una civilización de androides de nombre desconocido para los planetos.
      Platinio se interesó por esta raza y, tras planearlo todo decidió viajar al planeta al que decidió llamar Planeta Ferroso, por su color plateado. Cuando llego al planeta y aterrizó en la capital, Ferrosia, unos androides lo recibieron. Le dijeron que eran los ferros y que habían sido creados por el único planeto del Planeta Ferroso. Platinio quiso saber más sobre el creador de los ferros y les preguntó sobre él. Los ferros los llevaron al Castillo Ferroso, una gran edificación hecha únicamente de hierro, en la que vivía el planeto Ferrosio. Ferrosio se había coronado rey del Planeta Ferroso y había creado una nación formada enteramente por androides. Platinio le contó a Ferrosio como había llegado al Planeta Ferroso y le enseño su nave crionautica. Ferrosio le llevó al Hangar Ferroso y le enseñó una gran flota de naves cónicas propulsadas por protomotores. Platinio pregunto sobre estos artefactos y Ferrosio le contó que se construían de una aleación de un metal llamado níquel que los protosabios del Planeta Rojo desconocían. Ferrosio le dijo que podría darle los planos de las naves cónicas a cambio del mayor avance científico del Planeta Rojo. Platinio aceptó y le contó que dentro de poco tiempo volvería con un bote de antimateria. Pasaron días, meses y años, pero Platinio no regresó al Planeta Ferroso. El rey Ferrosio se impacientó y dirigió su flota de naves al Planeta Rojo para pedirle a Platinio el mayor avance científico de su planeta. Platinio le enseño el bote de antimateria y le dijo que si lo reclamaba para él ahora destruiría el Planeta Ferroso. Ferrosio por avaricia y estupidez cogió el bote y se lo llevó y por la inestabilidad de este elemento hubo una fuga de antimateria, pero por desgracia ocurrió antes de que Ferrosio saliera del Planeta Rojo. Así, la avaricia de Ferrosio terminó matando a la gran mayoría de Planeta Rojo, incluyendo a Platinio.

      De Flor en Flor

      De Flor en Flor

      Puedo decir con seguridad que, cuando pudimos distinguir La Tierra entre la oscuridad del espacio profundo, lo primero que pensamos el equipo y yo fue, si realmente ese planeta estuvo habitado por nosotros tantos milenios. Las redes afirman que nuestra civilización tuvo que dejar La Tierra en el año solar 2818, por los altos niveles de toxicidad en la atmósfera y los océanos, toda forma de vida perecería si permaneciese en La Tierra unas décadas más, ese fue el motivo por el que llevamos viviendo 3000 años en Nova Terra, a años luz de nuestra madre ancestral.
      La nave Old Memories, del sector de Investigación y Exploración, fue enviada con un equipo de investigación, el objetivo era comprobar si La Tierra, seguía siendo nociva, o se había recuperado. Como todos esperábamos, La Tierra, había dejado de ser nociva, hacía unos 1800 años, la vegetación había crecido masivamente, y por consecuencia, los niveles de oxígeno habían subido de un 21% a un 33%. Se podían distinguir aun nuestras antiguas construcciones desde el espacio, algo bastante raro.
      Dejamos a Old Memories en órbita y descendimos James, Julio, Dimitri, Víctor y yo en una nave de exploración llamada Apolo. Desde Old Memories, Rick, Lamar, Hong y Lauren nos guiarían e informarían de novedades en nuestra travesía.
      Apolo se posó en una playa, en la antigua Barcelona, España. Al salir de la nave, nuestros aparatos, empezaron a recibir sutiles estímulos que apuntaban a posibles formas de vida, la gravedad aquí era menor que en Nova Terra, y el aire se presentaba en su más pura forma. Dimitri liberó sondas de exploración en el mar, que enviarían datos a Apolo, y junto con Víctor, se quedó en la nave de exploración para estar en contacto con Old Memories, ya que nuestros transmisores solo llegaban a Apolo.
      Cuando James, Julio y yo nos adentramos en la oscura selva junto a la playa empezamos a ver cientos de insectos y reptiles, esto significaba que, habían nacido nuevas especies en La Tierra. Aquellas raras criaturas tenían además un tamaño descomunal para lo que eran, mosquitos de 30 centímetros, lagartos de 2 metros… como podía ser posible… la vida no evoluciona tan rápido en tan poco tiempo… ¿Sería por el alto porcentaje de oxígeno de la atmósfera? Según nos adentrábamos en la selva en busca de algo más, nos topamos con una enorme escultura muy extraña, la escultura no parecía humana, y no tenía vegetación por encima, por lo que parecía relativamente reciente. Aquella escultura de metal semi-oxidado tenía en su parte inferior, caracteres escritos no humanos. Mientras investigábamos aquella misteriosa escultura, de entre la oscuridad apareció una araña de unos 90 centímetros de envergadura y mordió a James, inmediatamente Julio y yo lo agarramos y lo llevamos a Apolo, James apenas podía moverse tras la mordedura.
      Cuando llegamos a Apolo, no vimos ni a Dimitri ni a Víctor, solo se oía a Lauren desde Old Memories preguntado por la radio con voz asustada. Julio fue a dejar a James en la enfermería del Apolo y yo le pregunté a Lauren si sabía porque no estaban ni Dimitri ni Víctor en la nave. Con voz quebradiza, Lauren me respondió que Dimitri hacía 10 minutos le dijo que Víctor había desparecido cuando fue a mear cerca de la selva entre gritos de auxilio, mas tarde, Dimitri desapareció también entre gritos. Mientras Lauren me contaba esto, se oían a Hong y Lamar gritando que teníamos que volver ya. Al parecer Old Memories con sus radares había detectado núcleos masivos de vida por toda La Tierra y uno cerca de nosotros, esto significaba que estaba habitando alguna civilización posiblemente inteligente en La Tierra, de ahí la rara escultura, y las violentas desapariciones de Dimitri y Víctor.
      Yo asustada se lo fui a decir a Julio y James. Ni Dimitri ni Víctor respondían por su transmisor, así que, muy asustados los 3, despegamos en Apolo y volvimos a Old Memories. Una vez ahí, pudimos comprobar los datos recogidos. Rick, el biólogo de la nave, que había estado estudiando estos datos, nos dijo, que había altas posibilidades de que una civilización avanzada, había dejado su planeta moribundo y se habían asentado en La Tierra como hicimos nosotros con Nova Terra y se habían llevado el ADN de los animales de su planeta para clonarlos después en La Tierra, también como hicimos nosotros.
      Tras un largo y duro debate decidimos volver a Nova Terra dejando a Dimitri y Víctor muy a nuestro pesar. No vimos naves alienígenas, ni a los mismos alienígenas, pero los datos apuntaban que hace unos 700 años, una posible civilización alienígena se asentó en La Tierra.
      Sin embargo esto no quedaría así, estábamos dispuestos a volver a La Tierra acompañados, a rescatar a Dimitri y Víctor vivos.

      Déjà vu

      Déjà vu

      Cuentan los libros antiguos, que hace tiempo, más del que te puedas imaginar, las personas eran tratadas por igual. La gente modificada genéticamente no existía, y solo se jugaba con la experimentación en alimentos y animales. Paso por paso, los científicos descubrían maneras de hacer tomates más grandes o vacas que produjesen más leche, hasta que un día todo cambió. El doctor Lamark dio con la fórmula para crear personas transgénicas, las cuales se beneficiarían de ciertos rasgos y dominarían en todos aspectos la sociedad en la que vivimos.
      Estas personas que he nombrado, son superdotadas, pero no sólo mentalmente, también físicamente y psicológicamente, no sufren ninguna enfermedad y su piel y órganos se regeneran con rapidez para una calidad de vida impecable. Pero claro ¿ Qué voy a saber yo? Un pobre chico del norte de España, que vive en una casa con dos habitaciones y tres hermanos pequeños y que sueña con una futura igualdad entre seres humanos, cosa que a gente como yo, ya no se nos considera.
      Eso es, irónico, ¿verdad? Que seamos la raza original, y que se nos tache de defectuosos e inútiles. Yo no tengo mucho derecho a quejarme de mi situación, por lo menos tengo un techo bajo el que vivir y no me falta comida... normalmente.
      Mis padres trabajan para el tipo de gente que os he descrito. Ambos en la misma familia: mi madre se asegura de que sus casas estén limpias y sus hijos se porten bien, vayan aseados y adecuadamente vestidos, y mi padre mantiene los jardines en buen estado y todos sus coches impecables y sin rasguños. Es un trabajo bien visto para nuestra condición, es lo más alto a lo que podemos aspirar.
      Pero no os voy a mentir, es una basura. Se dice, que como las modas, la historia se repite: aquí estamos, sin derecho al voto, con beneficios económicos casi nulos y restricciones a privilegios, como viajar en los transportes públicos o usar los mismos aseos que las personas transgénicas.
      Os preguntaréis, ¿Por que nos está contando todo esto? Bueno, es para poneros en situación, ya que en estos momentos estoy en un lío.
      Mi nombre es Martín, como Luther King, sí, debía de estar predestinado a revolucionar la sociedad, por que me encuentro como cabecilla de un grupo de rebeldes -o así es como nos llaman- luchando por los derechos que nos han robado.
      Llevamos años rebelándonos contra las injusticias, hemos recurrido a los peores métodos, hemos quemado edificios, herido a gente, amenazado y organizado mil y una tretas para salirnos con la nuestra, por si no os hacíais a la idea del nivel de desesperación. Tengo familiares muertos, amigos en la cárcel y conocidos con miedo de salir a la calle por si les acosan. La verdad, no estamos muy bien vistos en los tiempos que corren, especialmente los jóvenes.
      Es imposible luchar contra ellos. Están preparados para todo. Tienen la mejor equipación armamentística, sin contar con sus propias cualidades. Algunos de ellos pueden hasta volar, se teletransportan, son capaces de vivir sin comida y agua durante 3 semanas y tienen de su lado al gobierno, y dime, ¿ cómo luchamos contra eso? Pues bien puede que no se haya tenido en cuenta, pero genética y naturalmente existen personas por encima de la media, y no es por hacer el relato más interesante, pero da la casualidad de que yo soy una de ellas.
      Soy un peligro para la sociedad, el FBI busca a gente como yo para exterminarla y ahorrarse cualquier futuro problema. Soy capaz de idear planes brillantes y razonar de manera humana, sé priorizar y mantenerme a salvo, algo que los modificados no pueden hacer.
      He preparado un plan un tanto loco, lo voy a apostar todo al blanco, y si muero, podrán decir que lo intenté. He conseguido adentrarme en los laboratorios más prestigiosos del mundo mediante un sistema de túneles subterráneos, y tengo en mi mano derecha el modificador genético madre. El cual permite que se creen organismos transgénicos. Sin este, sería imposible la realización de actos seguros, poniendo en peligro futuras vidas. En la izquierda, tengo las herramientas necesarias para destruir todo el sistema informático que contiene la información recopilada durante años y gracias a la cual todo lo creado, es posible.
      He dejado pasar por alto que si destruyo este sistema, con él, mueren millones de fetos en fase embrionaria, los cuales son futuras personas transgénicas en potencia. Y si no, mueren los derechos que se merece tanta gente. Buen momento para reflexionar.
      Si solo hubiesen escuchado nuestras plegarias... ¿cuántos silencios cuesta aprender a escuchar? Pero no voy a rendirme, por mi familia y gente que quiero, cierro los ojos y desactivo el sistema.
      Me duele la cabeza al abrir los ojos... ¿Dónde estoy?

      desde el punto de vista de un pajaro

      desde el punto de vista de un pajaro

      DESDE EL PUNTO DE VISTA DE UN PAJARO


      Era una cálida mañana de invierno, en el nido mis hermanos y yo dormíamos. Algo me tocó el ala y me dijo –“Timy, venga levántate, ya es la hora”- Entreabrí los ojos, lo veía todo borroso, todavía estaba algo dormido. Cuando por fin conseguí distinguir a mis hermanos de las castañas vi una cara enfurecida que tenía una mirada profunda y penetrante, era madre. Entonces me dijo con aire burlón –“¿El señorito se va a quedar aquí para siempre o vas a ahuecar el ala ya, porque el señorito acabó la escuela de vuelo hace un mes y todavía no ha ido ni a mirar que árboles hay por esta zona, porque te recuerdo que estos árboles son buenos y tienes que elegir uno con categoría, y cuando emigremos a África tendrás que buscar un buen Baobab, si no ¿cómo vas a quedar bien delante de tus amigos?—“Pero mamá yo no quiero quedar bien delante de mis amigos”- Respondí yo. "Eso ya lo veremos dentro de quince años"-me dijo ella. Yo con un pequeño suspiro la miré, me despedí de mis hermanos y salí de aquel pequeño nido en el que me había criado y había soñado con ser un gran águila, lo abandonaba, pero ahora no tenía que preocuparme por eso, lo que de verdad importaba era encontrar un buen árbol donde pasar la noche porque parecía que iba a llover y no me apetecía especialmente mojarme.
      Un rato después vi la ventana de un pequeño piso. En el interior había una niña que se lamentaba, estaba escribiendo cosas en un trozo de papel en el que ponía un motón de palabras y signos que yo no entendía, pero de todos modos entré por la ventana, la niña me miro de arriba abajo, y de repente se le iluminó la cara con una gran sonrisa y me dijo- "Eres súper bonito, quiero quedarme contigo. Me llamo Carolaine. Te haré una cama con almohadas y jugaremos a princesas. ¡Que ilusión me hace!". Yo la mire preguntándome que era una princesa, pero no me importó porque al sentarme en una de esas almohadas era tan blandita que me hundí en ella como un trozo de metal se hunde en el mar.
      Llegó la noche yo estaba cómodo y calentito en mi almohada, pero entonces un montón de luces se encendieron y en dos minutos me pusieron unos vestidos para muñecas que me quedaban muy ajustados y no me gustaban nada, estaba algo aturdido, todo había sido muy rápido. Entonces pensé " Esta mañana tranquilamente dormido en mi querido nido, y mírame ahora, tomando el té vestido de princesa". Por la mañana mientras Carolaine estaba en el colegio me dediqué a mirar todo lo que tenía en la habitación: La cama estaba llena de muñecos blanditos (pero solo dormía con uno), el armario estaba lleno de ropa que apenas se ponía porque según el colegio solo podía ir con uniforme, también había varias cajas llenas de juguetes que utilizaba porque le compraban nuevos juguetes y esos no los quería. Entonces entendí que las personas tienen demasiadas comodidades.
      Quedaba media hora para que Carolaine volviera del colegio. De pronto una gran mano morena y arrugada me cogió por una pata y me echó por la ventana. Eché a volar y fui en busca de otro hogar. Pasé por el patio de una cárcel, estaba lleno de gente que iba vestida de naranja. Pensé en posarme en la gran encina que había en el centro del patio y bajé volando cuando una piedra me pasó a la velocidad de la luz rozándome las plumas y deduje que no era un buen sitio para dormir sabiendo que podían pasarme muchas cosas malas, así que salí pitando de allí.
      Volé durante horas y encontré un gran edificio del que salía un apestoso humo negro, miré al río de al lado, estaba lleno de basura, y no había ni un solo pez. No lo dudé ni un momento, me fui sin ni si quiera ver si había algún árbol. Estuve unos cuantos años volando por el mundo, vi sitios preciosos, sitios llenos de edificios y gente que solo pensaba en trabajar, sitios llenos de desgracias y pobreza, pero sobre todo vi un pequeño planeta que estaba destrozado, devastado. Al final volví a la ciudad donde había nacido, quería ver a mi familia para contarles todo lo que había visto, pero cuando llegué el castaño no estaba, lo habían talado. Fui por toda la ciudad buscando a mi madre, la encontré a ella y a mis dos hermanos en un pino. Les conté todo lo que había visto y les dije que podíamos irnos a Brasil o al Ecuador, que había mucha biodiversidad e íbamos a estar mucho mejor.

      Desesperanza

      Desesperanza

      Como otro día más, salimos a la recogida de muestras para analizar los niveles de agua magmática encontrada en la superficie de la Luna.

      -Joan, los niveles de oxígeno empiezan a estar en estado crítico, deberíamos volver.
      -No puedo dejar esto a medias, vuelvo en seguida -me respondió-

      De repente, vi que mi compañero se quedaba mirando fijamente en dirección a la Tierra. Seguí su mirada y me di cuenta de que había extraños destellos. Mi compañero y yo corrimos rápidamente en dirección a la nave para poder comunicarnos con la base.

      -¿ Qué está pasando ahí abajo, comandante?

      *Silencio*

      - Albert, las conexiones fallan, algo está ocurriendo.

      Desesperados, intentamos restablecer la comunicación, pero no nos fue posible. Toda la conexión que nos proporcionaban los satélites, había quedado interrumpida. Al mismo tiempo, la Tierra se había quedado totalmente a oscuras.

      No sabíamos que estaba ocurriendo, pero de pronto, oímos entrecortadamente una voz procedente de la radio. En esa emisión pudimos descifrar algunas palabras: "catástrofe, radioactividad, apocalipsis". Nos quedamos perplejos mientras nos miramos a los ojos atónitamente.

      ¿Qué habrá sido de nuestros familiares?¿cabe la posibilidad de que queden supervivientes? ¿será el fin de la raza humana?

      Mi cabeza no podía parar de hacerse preguntas, y de pronto, me di cuenta de que mi compañero estaba sufriendo un ataque de ansiedad. Infructuosamente, lo intenté tranquilizar pero para cuando me di cuenta, ya era demasiado tarde.

      Durante semanas estuve intentando establecer comunicación con la Tierra pero nadie respondía a mis desesperadas llamadas de socorro.

      No podía creer lo que estaba pasando. No podía volver a la Tierra a causa de la radioactividad, y solo podría sobrevivir aquí unos meses más, no tenía nada que hacer. Estaba solo, sin ningún ser humano vivo.

      Me di cuenta que era el fin de la humanidad. Finalmente, desesperado por todo, comprendí que no tenia sentido alargar mi sufrimiento. Una lágrima se deslizaba por mi mejilla mientras me quitaba el casco espacial.

      En mi último aliento de vida, puede oír una emisión de radio que decía: " comandantes de la base Lunar, aquí el arca 1B34, al habla el comanda...

      Nunca hubo respuesta desde la Luna.

      Destino

      Destino

      Todo empezó el dia que decidió dar el paso.

      Hacía mucho tiempo que tenía planeado hacerlo pero no se lo había planteado en serio, cogió el coche y se fue a la protectora. Sabía que era un cambio muy radical pero ella lo quería ver como una responsabilidad. De aquel dia no pasava, no pensava volver a casa sin un perrito.

      Cuando llegó a la protectora le mostraron todos los perros que tenían. Al cabo de un rato ella ya sabía cual escogería. Se había enamorado de una perrita que parecía muy traviesa. Era muy parecida a un Husky aunque possiblemente fuera mestiza. Era de dos colores, blanco y negro. Decidió llamarla Kala, nombre muy común entre perras pero que aunque era bastante popular le gustaba mucho.

      La llevó a casa i decidió pasar el dia con ella. Se fueron al parque a jugar un ratito, mientras le estava lanzando la pelota se dió cuenta que la perra cojeaba un poquito pero no le dió importancia, pero cuando regresaron a casa se dió cuenta que aunque fuera todavia una cachorra, le costaba demasiado subir la escaleras, así que decidió ir al veterinario a comprobar que no fuera nada grave.

      Una vez visitada la llamaron y el veterinario le dijo que eso no era normal que sucediese en perras tan jovenes así que tendrian que hacerle una ecografía para descubrir lo que era. Cuando le hubieron hecho la ecografia y examinada con todo detalle, le dieron la mala noticia. Le dijeron que tenia Displasia de cadera, que es una enfermedad hereditaria y que afecta a los huesos, de manera que les produce cojera y dificultades para hacer según que actividades.

      Le recomendaron que no expusiera al perro a ejercicio físico excesivo y que llevara una dieta sana para no tener sobrepeso. Le explicaron que era una enfermedad común en los perros de raza grande o gigante. También le dijeron que esto era una enfemedad crónica y progresiva, es decir que cada vez iría a peor, pero tenia tratamiento. El veterinario le recomendó de comprarle una silla de ruedas para perros, que le ayudaría a no usar más la patas de delante que las de atrás y perdiese músculo en las traseras, producinedo un efecto negativo para ellas. Por último le recetó antiinflamatorio para que le reduciera el dolor.

      Cuando regresó a casa estaba demasiado triste y se tumbo al sofà. La perra se quedó mirandola desde abajo del sofá y con el hozico le dió unos pequeños golpecitos para darle a entender que quería subirse. Fue en aquel instante cuando se dió cuenta que aunque fuera una perra con unas habilidades físicas muy reducidas llegaría a hacer cualquier cosa como todas la demás pero con la necesidad de que su dueña o cualquier persona le ayudase.

      Diario de investigación: Los tres sujetos.

      Diario de investigación: Los tres sujetos.

      Sigmund Freud fue un médico neurólogo austriaco que creó el psicoanálisis, esto es, según la RAE, una doctrina para investigar y tratar los trastornos mentales mediante el análisis de los conflictos inconscientes.

      DÍA 1. Hoy hemos comenzado con lo que llevábamos tanto tiempo preparando. La actividad de hoy ha consistido en separar a los tres sujetos: el primero de ellos se negaba a alejarse del resto, hemos recurrido a la fuerza y potentes tranquilizadores; el segundo también se oponía, pero no nos ha supuesto trabajo, ha llorado e intentado golpear a los nuestros, nada de gran importancia; el último se ha mostrado más obedientes, nos ha informado de su desacuerdo y ha entrado en el habitáculo.
      DÍA 3. Cuando le han llevado la comida, el sujeto número dos ha intentado atacar a uno de los miembros del equipo; por su parte, el individuo tres nunca se termina todo lo que hay en la bandeja, creemos que desconfía de nosotros.
      DÍA 5. Hemos comenzado con las pruebas, para poder colocar los sensores hemos recurrido a tranquilizantes, no nos ha supuesto gran problema. El individuo tres ha efectuado las pruebas con una sorprendente rapidez; el segundo sujeto se mostraba nervioso y perdido, ha tenido un ataque de ansiedad y lo hemos sacado de la sala; el número uno se ha negado a realizar nada.
      DÍA 11. Comenzamos a preocuparnos por el tercer sujeto, aunque no observamos ningún cambio en sus competencias intelectuales, sí en su manera de actuar, ha reducido su ingesta de comida y no permite que se le toque, él mismo se coloca los sensores. Por su parte el individuo primero lleva tres días sin salir de su habitáculo, intentó morder a uno de los nuestros.
      DÍA 21. El individuo número uno está desarrollando una conducta extraña, no intenta atacar a nadie, acepta la comida sin oposición e incluso ha comenzado a realizar las pruebas propuestas; a muchos de mis compañeros les agrada esta nueva faceta dócil, en mi opinión no deberíamos fiarnos, no creo que tenga buenas intenciones.
      DÍA 27. Hemos cometido un error, pero debemos continuar adelante. Hoy el sujeto número dos y el tres han coincidido en los pasillos cuando uno salía de su habitáculo y otro volvía a él; el segundo individuo ha intentado llegar hasta su compañero golpeando a las personas de nuestro equipo que le acompañaban, han tenido que tranquilizarle; el tercer sujeto se ha paralizado, hemos tenido que ayudarle a continuar, ya no realiza las pruebas, ya no come, ya no habla. Algunos de mis colegas opinan que deberíamos detener el experimento, me niego a tirar a la basura todos los años de investigación por un error humano.
      DÍA 29. Hoy a las 20:10 el sujeto número tres se ha consumido a sí mismo, se ha suicidado, ha conseguido realizarse un profundo corte con la bandeja. Muchos de mis compañeros han optado por abandonar el proyecto, cobardes, los que hemos decidido quedarnos nos hemos debatido durante un momento entre informar o no a los individuos que quedan, no lo vamos a hacer, lo consideramos perjudicial para el desarrollo del experimento.
      DÍA 33. Como ahora contamos con menos personal, debemos doblar turnos para que nadie se quede solo en las instalaciones. El sujeto número uno me preocupa cada vez más, ha comenzado a no hablar ni mostrar emociones; el sujeto dos discute consigo mismo.
      DÍA 37. Algún incompetente ha decidido por sí solo comunicar a los dos individuos que quedan la muerte del tercer sujeto; el número dos se ha golpeado la cabeza contra la pared y lo hemos tenido en observación; el uno se ha reído, una risa potente que ha resonado en mi cabeza hasta mucho después de oírla.
      DÍA 45. Cada vez quedamos menos y casi no somos capaces de repartirnos los turnos, los nocturnos han comenzado a ser individuales. El sujeto dos sigue autolesionándose.
      DÍA 47. Hemos tenido problemas con la administración y las pruebas han tenido que ser aplazadas, quieren acabar con el proyecto. No lo permitiré.
      DÍA 51. Esta mañana el sujeto dos se ha dado un golpe demasiado fuerte en el cráneo, no hemos podido salvarle. Me encuentro en el turno nocturno, sola, el sujeto uno no aparece en las cámaras, no está en su habitáculo, sé que viene a por mí, me queda poco tiempo. Escribo esto para decir que nunca nadie vuelva a intentar separar a estos tres sujetos, ni reprimirlos al extremo, estos se equilibran solos y, mierda, está aquí.

      Sigmund Freud hablaba de tres instancias psíquicas: ello, yo y superyó. Tres instancias en una mente. Tres sujetos en un solo individuo.

      Diario de otro hombre corriente

      Diario de otro hombre corriente

      Había pasado cerca de un año, desde que las nuevas prótesis mecánicas de última generación. Decidí comprar una, porque cuando una serie de droides se descontrolaron en una fábrica en la que trabajaba, perdí un brazo reteniendolos, me frieron las terminaciones nerviosas. Y parecían buenas, y no les digo que no de verdad, pero óiganme ustedes, yo soy más de prótesis de toda la vida, las de aluminio, que aunque no se movían por impulso, al menos se articulaba. Es que estas artimañas son incomprensibles, y si les dijera que les cuento esto desde una cornisa, de un barranco en medio de la nada. Y es que yendo a casa, (no me discriminen por vivir lejos de cualquier civilización, soy más de campo) se ve que por un desafortunado resbalón me quede ahí, a 30 metros de un suelo lleno de rocas, tierra y espinas. Eran las 14:10, tenía hambre. Si se lo preguntan el motivo por el cual no me decanté en trepar tras esos cinco minutos agónicos es que me estaba agarrando con, adivinen, el brazo biónico de prótesis. Estos trastos modernos suelen funcionar con energía del sol, por favor, esto no debería ni decirlo, es obvio, en pleno siglo XXIII. El problema es que este modelo perdió la placa porque estaba mal ensamblada al cabo de unos días, así está, me salió a poco precio. Pero como estaba rota le metí una batería de estas viejas, ya saben, me parece que del año 2246 o así. Y no tenía batería, mi única opción es esperar, porque está agarrado firmemente al saliente y tengo dos opciones. Si cambio de mano, con la poca fuerza que tengo seguro que me precipito antes de agarrarme, pero si me lo quito me soltaré antes de agarrarme. Estoy jodido.
      Ya eran las 15:00, y encima un lunes, ¿saben?, odio los lunes, ir a trabajar desganado después de un domingo es peor que pillar el tren de alta velocidad en china, si, esos que van a más de 740 km/h, los lentos, que a mí me ponían enfermo, que si llegaba tarde, que si estaba lleno de impresentables y raritos en fin… espero que alguien me saque, tengo mucha hambre.
      17:00… Dios… estoy por soltarme ya, pero estoy famélico, llevo sin comer desde las 8:00, solo una de esas barritas en las que sale dibujado el tipo este que salía en las serie esa… ya saben… ese… se llamaba… ¿Cimotty Jonhson? Creo que tengo que ir al baño.
      20:00, no, no he ido al baño, pero el fluido que recorre mi pierna desde mi entrepierna hasta el tobillo me ha dado ganas de beber, hace calor… es posible que empiece a desvariar… llevo casi seis horas aquí… agarrado… solo espero que este brazo resucite por arte de magia…
      20:30 ¿saben? Esto de la tecnología es irritante… solo sacan lo mismo con otro nombre y varias funciones triviales más… es como las impresoras… dejaron de servir porque hasta los microondas podían imprimirte una lista de la compra o los teléfonos… que pueden proyectar cualquier dibujo arquitectónico o permitir hacer los deberes, por lo menos cuando yo estudiaba… llevo 5 años sin ver un solo libro en las tiendas y bibliotecas, ya nadie lo usa, el papel es abandonado por igual… me gustaría vivir como antaño, hace doscientos años…
      Ya son las 23:46 pero no se preocupen, no estoy desvariando… ¿pero saben qué? Odio las tortugas, parece que no les importa el problema de recursos global ni el avanzado crecimiento de la pobreza, ¡solo cobro 20.000 al mes! ¡Quiero vivir! ¡Un jodido paquete de galletas vale como 30 jodidos euros! ¡Me fundo el dinero en galletas!
      Esto me está afectando… han pasado unos días, creo que es martes y por la posición del sol serán las 16:00… esto me recuerda a una historia que me contó mi abuelo, de porque en las fábricas solo podían trabajar droides ¿queréis saber el motivo? El motivo es que desde la tercera guerra mundial, en la que murieron muchos obreros civiles, debido a la creciente tensión después de un personaje importante que di en historia de pequeño… como era… Chuck… Chuck… ¿Larson?... no… ¡Norris! ¡Chuck Norris! Después de morir en el 2187, EEUU incitó a Austria a culpar a Serbia, que desencadenó el conflicto, para evitar estas muertes en el futuro se les prohibió a los hombres trabajar allí… si…
      Día 4, son las 18:19… tengo bastante sed y hambre… creo que voy a desengancharme… no merece la pena seguir intentándolo… esta época ha nacido del odio y el pecado, y la tecnología… que la verdad… en el fondo me parecía segura… miren esta prótesis… me ha salvado… esperen… se está resquebrajando la cornisa… si salto rápido podré alcanzar un saliente en plen caída… allá voy; uno, dos, tr….

      DICEN QUE SOY YO

      DICEN QUE SOY YO

      Entre llegar a ser algo que se quiere ser y quedarse parado en los cánones de una sociedad, hay diferencias. Yo intenté que se notara y creo que mis esfuerzos no fueron en vano.

      “Venían, estaban viniendo, no me querían aquí. Deseaban que me retirara con mis queridas estrellas. Pasaría a ser parte de mis estudios, iría al firmamento que observaba cada noche y cada día”. Eran las frases que me repetía constantemente en mi cabeza. Sabía que en algún momento llegaría a pasar.

      “¿Qué haces tú aquí?” Me solían preguntar esos jóvenes a los que les proporcionaba todo mi conocimiento. Mi respuesta era siempre la misma “Yo os doy la clase”.

      Y en ese momento empezaban a hablar por lo bajo o directamente se retiraban a ver a alguien al que consideraran digno de conocimiento.

      Creo que en el mundo de la ciencia yo no era bienvenida. En cierto modo era raro verme a mí en medio de todos aquellos con un rasgo muy distinto al mío. Pero me daba igual, yo continué.

      La inteligencia no se veía, pero estaba.

      Esa que hizo que me respetaran fue la que causó mi trágico adiós.

      Me perdieron pero también yo la perdí a ella, a mi filosofía, astronomía y matemáticas.

      Yo espero que no sea extraño dedicarse a la ciencia en el siglo XXI porque en el mío no fue fácil conseguir lo que me propuse.

      Y, es que, yo viví hace muchos años. Concretamente entre los siglos IV y V. Mi nombre es Hipatia, primera mujer matemática, que a muchas he abierto este espléndido camino.

      DIME MAMÁ

      DIME MAMÁ

      Dime mamá… ¿qué es vivir?

      Vivir es un paseo. Un paseo que empieza en el momento en que desde la barriga de mamá empiezas a escuchar y sentir. Sientes la voz de los que te rodean y sientes su cariño así como su protección. Por eso se llora al nacer porque de repente te encuentras en un mundo distinto, frio y desconocido hasta que mamá te abraza para que vuelvas a sentir su cariño y protección que ya nunca más vas a dejar de tener.
      Los lloros se convierten en risas junto a los amigos que vas encontrándote por el camino. Aquellos con los que compartes aficiones, bromas, secretos y temores.
      Vivir es preguntarse sobre los cambios que comporta tu cuerpo y tu mente. Ser un niño con cuerpo de hombre y un hombre con mentalidad de niño. Será complicado pero juntos te ayudaremos y lo superaremos.
      Tendrás que tomar grandes decisiones y saber qué es lo que quieres ser: arquitecto, futbolista, empresario, obrero o médico. Pero lo más importante es que aquello que elijas lo decidas tú. Las decisiones en la vida las tendrás que tomar desde la parte racional de tu cerebro pero no olvides a tu parte emocional. Utiliza el corazón.
      Cuídalos, tu cuerpo y tu mente necesitan de ti. No los maltrates, dales alimentos sanos y practica algún deporte. Desarrolla tu mente y no dejes de cultivarla con juegos y estudio. Lee y memoriza. Tu vejez te lo agradecerá.

      Encontrarás con quien compartir momentos más intensos e íntimos y quizás tendrás la oportunidad de vivir la más grande de todas las experiencias, el gran milagro de la vida.
      Porque no olvides hijo que, como seres vivos, tenemos que cumplir con las tres funciones vitales, la nutrición, la relación y la reproducción. Si no somos capaces de esto, la vida desaparece y con ella los seres vivos.

      Distancia cercana

      Distancia cercana

      Como un río que busca su mar, como las olas buscan un océano donde habitar, así nos buscábamos nosotros con la certeza de que siempre nos íbamos a encontrar. Tu mano sobre la mía, nuestros ojos perdidos entre ellos y nuestras sonrisas tan radiantes como nunca. Nos miramos y entendemos que pese a todo, el amor perdura. Nos hablamos con tanto cariño que realmente olvido todas las batallas que hemos luchado. Puedo ver como tus ojos miran los míos, como tu taza de café aún se mantiene caliente por el humo que produce, puede ver tus manos tan suaves como siempre y recordar las tardes en las que me acompañabas a pasear, siempre cogidos de las manos. Observo tus uñas mordidas posiblemente por el estrés y cuando alzo la vista observo tu rostro. En él diviso tu frente manchada de expresiones faciales que me recuerdan a tus enfados y riñas, me es imposible no sonreír. Contemplo tu pelo y recuerdo como me hacías el mío para ponerme guapa, aunque a tu lado, era muy difícil brillar.
      Han pasado tantos años en los que lo único que quería era estar bajo tu cobijo que a veces lo extraño tanto que no puedo parar de pensar cómo la vida pasa tan deprisa. El tiempo es un buen acompañante hasta que te das cuenta de que es demasiado efímero como para no aprovechar su compañía. “Hoy estoy frente a ti y mañana estaré a mil cien kilómetros” desde que te dije eso ya han pasado tres años y parece que fue ayer. Me fijo en tu pelo y veo como su decoloración me va dando muestras del tiempo transcurrido.
      Hoy, nos miramos los rostros como cada dos días, te hablo y me hablas y puedo observar tus expresiones corporales. Veo como estás sentada en el sofá en el cual veíamos películas y leíamos libros, donde me dabas lecciones que hoy me han hecho estar aquí. Sé que estamos lejos, demasiado en algunas ocasiones pero te puedo ver, mamá, nos podemos mirar. La tecnología ha podido unir a personas a distancia, ha resurgido pasiones, ha provocado sonrisas y lágrimas de felicidad. Te miro y solo quiero que sepas que estoy contigo a la distancia y que ojala pronto esté más cerca de ti. No pierdo la esperanza de poder volver y de abrazarte, ya que, pese a poder verte aún no puedo hallarte físicamente conmigo. Tiempo mamá, solo necesitamos tiempo, no te vengas a bajo cuando me extrañes, recuerda que los días pasan muy rápido y más si podemos mirarnos y escucharnos. Recuerda que, en este siglo característico por los avances tecnológicos es inevitable pensar cómo serían nuestras vidas sin la tecnología y es imposible tirar atrás y llegar a pensar que dos personas podrían llamarse desde la otra punta del mundo, por lo tanto, esta parte de la ciencia nos da esperanzas de que lo que ahora es imposible, sea posible en un futuro no muy lejano. Además, creo que debemos dar gracias a todas esas personas que luchan cada día para mejorar nuestras existencias, que no falten nunca y que siempre encuentren una meta por la que luchar durante su camino de la investigación tecnológica.
      Para terminar, mamá solo quiero desearte las buenas noches, llevamos tres horas hablando y hasta hemos cenado a la vez, esto cada vez es más maravilloso. Adiós mamá, nos vemos en dos días. Te doy las gracias más profundas por ser mi compañía cuando todo está patas arriba, y para ello, te las doy desde mi corazón. Y recuerda que todo, cada día, gracias a la ciencia será mejor que ayer.

      Donald el científico!

      Donald el científico!

      Había un científico loco estadounidense que se hacía llamar Donald i un día dejó de lado los experimentos y se preguntó el motivo por el cual solo había vida en la Tierra y en los demás planetas no. Este pensamiento lo planteó a sus compañeros y decidieron hacer un tipo concurso para dar a conocer un poco más a los planetas y también, exponer su trabajo al público.

      Todos empezaron a informarse y dar una respuesta al pensamiento de Donald. Después de semanas, todos tenían ya resultados y uno a uno los compartieron.

      -¡Y bien! después de semanas sin vernos por esta investigación ya era hora de presentarla y luego saldremos a la calle y daremos respuesta a la pregunta que me hice.
      ¡Venga! Empecemos por tí Petter!

      -Gracias Donald, mi trabajo consistía en buscar información sobre Marte y Ceres.

      Ceres es un planeta enano pero el único que se acerca más al Sol (entre todos los planetas enanos que hay), tiene más agua que en el planeta Tierra, tiene una temperatura de -38ºC entonces el agua pasa de estado sólido a gaseoso y una atmósfera muy delgada. He llegado a pensar que si hay un océano subterráneo se podría pensar en que hubiera alguna forma de vida primitiva.

      -Ahora Marte

      Puede ser que en un pasado lejano pero ahora mismo no se encuentra nada de vida, se dificulta la vida en Marte por las bajas temperaturas que con un -41ºC ya puedes tener una muerte cerebral aunque su temperatura mínima es un -87ºC y máxima un -5ºC Tal vez este no sea un problema, puesto que con abrigo y alguna fuente de calor externa podría solucionarse, pero las temperaturas en Marte no son aptas para una persona.
      El agua está sólida aunque podría ser que bajo tierra hubiese líquida. La atmósfera de Marte es muy tenue. Dicen que es el planeta más similar al de la tierra que hay en todo el Sistema Solar.

      -Ahora vamos con David- dijo Donald.

      -Bueno pues yo me encargaba de Júpiter y Saturno. Así, vamos a empezar con Júpiter.

      Es el planeta más grande de todo el Sistema Solar, el gigantesco planeta tiene unos cinturones de radiación enormes, entrar en la atmósfera de Júpiter es enfrentarse a rachas de viento de entre unos 400 km/h hasta unos 650 km/h, una temperatura de 152ºC y al núcleo del planeta unos 30000ºC, es imposible vivir en Júpiter sería un infierno indescriptible. Ahora con Saturno carece de una superficie rocosa a sólida sobre él no podríamos caminar, nos hundiríamos en su atmósfera que tampoco es respirable como aquí en la tierra. Además la temperatura en Saturno es muy baja dada su distancia al Sol, su temperatura media de 130ºC bajo cero. Un infierno.

      -Muy buen trabajo David! Si no os parece mal sigo yo y acabamos con Eric- dijo Donald. Yo buscaba información sobre Mercurio y Venus.

      En relación a Mercurio, la atmósfera es tan fina que es prácticamente imperceptible y las temperaturas van del calor extremo durante el día, a temperaturas bajo cero durante la noche. Temperatura Promedio: Día: 427 °C Noche: -183 °C. Tampoco se podría vivir en el planeta Mercurio por la falta de oxígeno y existencia de gases letales.Tiene muchos cráteres y luce un poco como la superficie de la luna. En este planeta moririamos por el simple hecho de la temperatura y la atmósfera.

      I Venus tiene una atmósfera rica en CO2 y muy densa que lo sumerge en un efecto invernadero terrible y produce temperaturas de hasta 400 grados en su superficie. A Venus le pasa lo que contrario que a Marte: tiene mucha atmósfera. Demasiada, 90 veces más "gruesa" que la Tierra. Además está hecha de dióxido de carbono (muchísimo dióxido de carbono) y ácido sulfúrico, muy poca agua.

      Por último, llegó el trabajo de Eric con los planetas Urano y Neptuno y no dijo que tienen características similares a los planetas anteriores. Así, vida como la nuestra no es posible ni en Saturno ni en ninguno de los otros gigantes gaseosos (Júpiter, Urano o Neptuno).

      Después de compartir esta información entre ellos, quisieron transmitir todo su saber a los ciudadanos y para ello prepararon un stand donde poder llevar a cabo la comunicación. Durante dos semanas prepararon la exposición y llegado el día, mucha gente se interesó por un tema de actualidad como era el suyo. Sobretodo se interesó una niña de 15 años de nombre Júlia. Quería ser astronauta y por eso se interesó por Marte. Concretamente, les propuso ir allí y quedarse durante un mes porque veía que era el planeta más similar a la Tierra. Ademàs, quería comprobar si alguien podía vivir allÍ. Así fue, empezaron a buscar dinero para ayudarla ya que a todos les hacía mucha ilusión.

      Ecuación sin Final.

      Ecuación sin Final.

      Mi profesor de matemáticas siempre fue un apasionado del álgebra. Investigaba ecuaciones complejas que para los alumnos carecían completamente de sentido y hacía que nos sumiéramos en un sopor absoluto. Su gran afición le llevó a soltar frases en jerga algebraica. En cualquier momento podía llamarnos”monomio inútil”o”eres tan imprevisible como el cambio de signo”. Una de sus favoritas era”eres un cero a la izquierda”y solamente reservaba a los más listos su frase de”veo el futuro brillante que vas a tener, monomio. Da gusto ver cómo la ecuación se resuelve por si sola”y cosas así.

      Cierto día entró a clase muy pálido. Nos mandó un par de ejercicios y se dedicó a echar miradas temerosas a la puerta de clase mientras hacía girar el boli que siempre llevaba enganchado a la corbata, como un adorno indispensable de su vestimenta. En un momento dado nos dijo:
      - Todos somos incógnitas. Somos un punto de polvo en todo lo existencial. Una simple quimera que está ahí por algo, descubriendo a otras. Y a veces la incógnita se equivoca y provoca el caos en una simple ecuación de denominadores. Lo peor de todo es que estamos rodeados por un planteamiento muy complejo. Y resulta muy difícil averiguar el valor real de la incógnita. Muy difícil -terminó la frase, se levantó y dejó el magnífico y adorado boli en la mesa, a modo de regalo u ofrenda, de consuelo o simplemente un despiste.

      Para los pocos que lo oímos no tenía sentido. Nuestro profesor ya era viejo, y seguramente empezaría a perder facultades. No habíamos entendido nada.

      A la mañana siguiente apareció un simpático policía a la hora de matemáticas. Cuando le preguntamos donde estaba nuestro profesor, toda expresión de alegría desapareció de su cara. Se sentó con parsimonia y dijo:

      -Digamos que ahora mismo es la raíz cuadrada de menos uno. Ya sabéis, no existe la raíz cuadrada de menos uno- carraspeó y continuó- en él ya no existe rastro de vida. Ha aparecido muerto en su apartamento. En la frente tenía una equis y un igual a un interrogante. En el dorso de la mano derecha, la raíz cuadrada de menos uno. Os lo cuento porque al fin y al cabo es vuestro profesor-el policía se levantó, trató de componer una sonrisa y añadió:

      -Por lo menos no haréis exámenes. ¡Una muerte bastante enigmática!.

      Solo hasta aquel momento comprendí la frase que nos había dicho ayer. Todos éramos incógnitas y él era una ecuación sin final.

      El Agua es Vida

      El Agua es Vida

      Hola, me presento. Mi nombre es Pablo Román. Tengo 13 años, vivo en Valladolid y actualmente estoy cursando 1º de Educación Secundaria Obligatoria en el Colegio Compañía De María "La Enseñanza", Valladolid.
      Redacto este documento con el propósito de hacer una reflexión que me gustaría transmitir a todo el que lo lea.
      Dicho esto, empecemos pues:
      Esta última Semana Santa he visitado La Coruña, que para quien no lo sepa es una ciudad situada en el noroeste de la Península Ibérica, en Galicia, España. Coruña es mayoritariamente una península, es decir, una gran parte de ella está rodeada de agua.
      Sin duda alguna el agua es una parte esencial de nuestras vidas, es decir, pensad ahora mismo que beberíais si no existiera, o de que estarían nuestros cuerpos, en su mayoría, compuestos. No nos demoraremos demasiado para llegar a la conclusión de que es imprescindible para la vida. Y quiero hacer hincapié en lo de que es imprescindible para la VIDA. Dado al cambio climático que estamos presenciando y a los temporales propios del territorio gallego, estos últimos años tanto dos de las playas de la ciudad de La Coruña como el Paseo Marítimo de la misma están sufriendo cada otoño grandes embestidas del mar, quien arrastra la arena y a su paso farolas, papeleras, etc.
      Esto se ha ido convirtiendo en algo cada vez más frecuente, y es por eso que desde hace unos años utilizan arena extraída de la orilla de la playa para hacer barricadas que retengan el agua, impidiendo así que se inunde el Paseo Marítimo.
      Al extraer tanta arena de la orilla se han ido formando poco a poco pozas profundas que no serían demasiado peligrosas de no ser porque las playas de Riazor y Orzán tienen una característica resaca que te atrae con mucha fuerza mar adentro. Esta resaca junto con las pozas han ido provocando a lo largo del tiempo más de un susto. Sin ir más lejos, en 2012 esta playa se cobró la vida de tres policías y un estudiante checo, que se había ido a bañar a la playa a altas horas de la madrugada. La última víctima ha sido la que me ha llevado ha transmitiros esta reflexión. El pasado lunes 10 de abril el joven Moussa de 17 años falleció al ahogarse en la playa tras intentar recuperar un balón. Este niño de tan solo 17 años acababa de llegar de Senegal ya que su padre había conseguido el dinero suficiente como para pagarle su viaje a España. Yo tras ver la noticia me decidí a redactar esto, y es que amigos, el agua no solo te da la vida, sino que también te la puede quitar.

      Pablo RB

      El agua nos da vida

      El agua nos da vida

      Irene y sus compañeros de segundo de primaria van a visitar una depuradora, puesto que un día en clase surgió la duda de si el agua que salía cuando abrían el grifo venia directamente de los ríos y mares. Cuando llegan a la depuradora, Ana la monitora les está esperando; comienza la visita, Ana les empieza explicando de donde viene el agua que utilizamos.

      - El agua se obtiene mediante el proceso de captación que consiste en extraer el agua del medio natural; más tarde el agua tiene una serie de tratamientos: primero es el filtrado: el agua pasa por unas rejillas que retienen los objetos grandes que contiene el agua; después la desinfección: esto consiste en echar desinfectantes como cloro u ozono para poder destruir los microorganismos; por último se almacena: el agua ya potabilizado es almacenado en unos tanques.
      La última parte de este proceso es la distribución a todas las viviendas.
      Más tarde la monitora les explico que ocurre con el agua después de ser utilizada.

      - El agua después de ser utilizada está contaminada por sustancias que pueden dañar nuestra salud, para conseguir limpiar estas aguas contaminadas se llevan a la depuradora. En el proceso de depuración hay cuatro partes: primero el cribado en el cual grandes filtros retienen objetos de gran tamaño; segundo la sedimentación: la materia sólida se deposita en el fondo y forma unos lodos que se separan; tercero el tratamiento biológico y aireación: los restos orgánicos son digeridos por organismos descomponedores; y por último la restitución el agua se devuelve a mares y ríos.

      Tras terminar esta explicación Ana les explico el consumo de agua que hay en España y como hay que tener un desarrollo sostenible para evitar que se agote.

      - En España un 75% del agua que se utiliza es para la agricultura y la ganadería, un 12% sirve para el uso doméstico es decir para lavarnos para cocinar, el 10% para la industria y un 3% en servicios es decir para las tiendas bares restaurantes etc.

      - Ahora os voy a explicar cómo tener un desarrollo sostenible: cuando os estáis lavando no debéis dejar el grifo abierto sino lo estáis utilizando, también en vez de bañaros es mejor ducharse porque así se gasta la mitad de agua.
      Como podéis daros cuenta está siendo un año poco lluvioso y nuestros pantanos están por debajo del 50% de reserva de agua por lo cual tendremos que tener todavía más cuidado y no desperdiciar el agua


      Por último los niños pudieron hacer preguntas a Ana.

      Andrea una compañera de Irene le preguntó:
      ¿Si los embalses se quedan sin agua que pasará?

      Ana la respondió:
      Si el agua de los embalses desapareciese los municipios cercanos se quedarían sin agua, tanto como para el consumo humano como para los campos.

      Nicolás otro compañero de Irene le pregunto:
      ¿Qué proporción de agua hay en los océanos?
      La proporción de agua en los océanos es del 97% mientras que la del hielo glaciar es el 2,1% y la del agua dulce es del 0,9%.

      Jimena otra compañera de Irene le pregunto:
      ¿Porque no se podría vivir sin agua?

      No podríamos vivir sin agua ya que el agua es esencial para la vida del ser humano, porque todas las células del cuerpo necesitan agua para poder funcionar, Aproximadamente las dos terceras partes del cuerpo del adulto son de agua, El agua que hay en la sangre es la encargada de transportar los nutrientes y el oxígeno hasta las células y retirar los productos de desecho, No podemos vivir sin agua dulce porque es necesaria para las funciones digestivas, de absorción y circulatorias, así como para la utilización de las vitaminas liposolubles, Actúa como lubricante en las articulaciones, Evita que la piel se seque y se agriete, Mejora el funcionamiento de los riñones y Regula la temperatura del cuerpo.
      Bueno chicos este es el final de la visita, espero que os haya gustado y hayáis aprendido mucho, adiós.
      Después de esta visita, Irene y sus compañeros se fueron muy contentos porque habían conseguido resolver sus dudas y alguna respuesta le hizo pensar.

      De camino al colegio en el autocar todos se dieron cuenta que como era un año en el que había llovido poco y si la cosa seguía así iba a haber mucha sequía decidieron que iban a ser más responsables con el uso del agua .

      El agua, ese bien tan preciado, tan violeta, tan gelatinoso.

      El agua, ese bien tan preciado, tan violeta, tan gelatinoso.

      Existen tantas propiedades en el agua como partículas en el universo, como gotas en el vaso, como conexiones neuronales en el cerebro. Sí, el agua, ese bien tan preciado, tan violeta, tan gelatinoso. Nuestro sol y sus rayos de colores o de ningún color se refractan en cada charco. Nuestro planeta y sus inspiraciones y exhalaciones.

      El agua es el motor de nuestra vida aquí. Cada vecino tiene un pozo en el jardín delantero, abasteciendo cada grifo de su casa. Los pozos consisten en agujas microscópicas en forma de tubo, que absorben el vapor de agua de nuestra atmósfera. El mismo pozo lo condensa y lo transforma en agua líquida. Recuerdo cuando de pequeño me acercaba al cristal del pozo, y veía turbinas en movimiento, trabajando como varitas mágicas, convirtiendo ese polvo violeta que respiramos en el agua que bebemos.

      Anécdotas como esta marcaron mi tierna infancia. Estudié en el Valle del Algodón, una universidad prestigiosa, la carrera de hidrogradía, que consistía en analizar agua, construir pozos... No era necesaria la gestión de residuos en nuestro planeta, pues el agua siempre era pura, y ella misma se potabilizaba y se limpiaba al estar en contacto con la atmósfera. Con el tiempo se volvía a esfumar, volvía al sitio que la vio nacer (el cielo), lista para que otros pozos pudieran removerla en sus turbinas, lista para que más agujas microscópicas le hicieran cosquillas.

      Trabajé para una central y también hice rondas de reparaciones de pozos. Hasta que me llegó aquel extraño mensaje láser.

      Di gracias a que en la universidad me habían enseñado la asignatura de Idiomas Extraterrestres, que en un principio consideraba inservible, pues en esta ocasión la necesité. Era de día, y el mensaje láser atravesó la ventana del desván, bajó las escaleras y llegó al salón. Yo lo cogí con mis manos y lo conecté a la televisión.

      Me costó llegar a comprender aquel mensaje. Eran muchas imágenes que se sucedían rápido. Costumbres extrañas, comida muy exótica, seres abriendo mucho la boca, moviendo su cuerpo, haciendo sonidos sirviéndose de aparatos. La cinta acababa con la imagen de un planeta diminuto, de colores azul y verde con nubes blancas.

      Intrigado, busqué en La Gran Enciclopedia Intergalaxia aquel planeta (o satélite). En la página 4028 encontré uno muy parecido, pero seguí buscando. En la página 7305 encontré el que debía ser ese planeta, el N76-S34-E18-W05. Me quedé fascinado por las criaturas que albergaba; no sabía que en un planeta podían convivir ciudadanos tan diferentes entre sí. Algunos nadaban, otros eran verdes y sésiles, otros construían sus casas con un material gris que brillaba, y otros corrían con los pies descalzos. En las fotos de aquella enciclopedia todos eran felices. Sentí envidia, pues nuestro planeta, aunque plácido, era muy estático. En él no ocurrían grandes aventuras, y todos los habitantes nos parecíamos.

      Investigué más y más sobre ese planeta enano. Me había cautivado. Era mi gran secreto. Siempre que podía entraba en la nube bibliotecaria, memorizaba información sobre cristales y lentes, ahorraba mi salario para poder conseguir la lente más cara del mundo, de cuarenta mil años luz aumentos.

      Y llegó el momento de mi jubilación. Me faltaba dinero. Hice públicas mis intenciones, recaudé fondos y acepté donativos, y fue gracias a la caridad de los vecinos que cumplí mi sueño. Auné varios materiales que encontré en mi casa y le añadí aquella cara lente, que a duras penas había conseguido, dando mi vida por ella. Al aparato que inventé, lo llamé vistacopio.

      Aquel día acerqué mi vistascopio a mi ojo central. Vi polvo de estrellas, galaxias, agujeros negros, a cuarenta años luz de mi planeta. Me sentí realmente dichoso. Y volví a concentrarme. El planeta. Dirigí el vistascopio a las coordenadas adecuadas...

      En cuanto acerqué el ojo a la primera lente, me quedé petrificado. Era un planeta gris, amarronado, color crudo, desértico, inerte. Desprendía una humareda que formaba una atmósfera turbia y espesa.Revisé las coordenadas, aquello debía ser un error. Hice un esfuerzo con la vista y con el vistascopio para divisar a los seres extraterrestres. En el norte, todo parecía ir correctamente, como en la cinta, si bien vivían en casas subterráneas y los ciudadanos verdes y sésiles habían desaparecido. Mas en el sur, unos seres con manchas en la piel y desnudos hacían lo posible por sobrevivir a la intemperie en un mundo árido. Su agua, su principio vital, tenía un color pardusco no muy saludable.

      No pude evitar compararlo con mi planeta. ¿No tenían pozos? ¿No todos tenían accesibilidad al agua? ¿No cooperaban norte y sur? ¿Dónde estaba el bienestar, la alegría por la diferencia? ¿Dónde estaba la vida que emanaba anteriormente? En ese momento no supe qué preferir: si la monotonía o la desigualdad.

      El amor de una madre.

      El amor de una madre.

      Una de las mejores noticias que se le puede dar a una persona con dificultades para quedarse embarazada es que va a ser madre, por eso la alegría que tenía Julia al acudir a su primera ecografía 3D para ver a su bebé era inmensa. Nunca se habría imaginado que la médica traería una trágica noticia. Su hijo/a era portador de SIDA. Intentó mantener su compostura en la clínica pero le fue imposible y por eso nada más salir rompió a llorar. Fue tal lo abrumada que se sentía que necesitó estar media hora tomando el aire en un pequeño parque cercano al hospital. Fue a casa decidida a encontrar información sobre esta enfermedad que tenía su futuro hijo/a sin plantearse la posibilidad de abortar y eso fue algo que sorprendió mucho a su marido. Decidida a encontrar información y folletos que le ayudasen a mantener a su familia unida, contactó con cientos de clínicas y vio decenas de artículos y documentales hablando sobre los tratamientos para el SIDA. Fue tal su empeño que estuvo un mes entero sin salir de casa, pegada al ordenador, recabando información y convencida de que había algo que podía hacer para que su hijo naciese sano. Hubo un artículo que le pareció muy interesante que decía que en un futuro se descubriría una vacuna que se les inyectaría a las madres embarazadas que haría que el bebé naciese sano. Había cientos de comentarios, no se saltó ninguno y algunos le sirvieron de gran ayuda. Envió muchos correos a aquellas personas que habían comentado algo que a ella le hubiese llamado la atención. Uno de esos correos pertenecía a una trabajadora de un laboratorio que aseguraba que ella tenía esa vacuna pero que el gobierno le había ofrecido una gran cantidad de dinero si no daba a conocer ese medicamento. Como buena profesional ella rechazó esa propuesta pero al gobierno americano no le gustó su elección ya que ganaban mucho más dinero si aquellos enfermos consumían diariamente pastillas en vez de comprar una vacuna contra esa enfermedad, y por ello, este se puso en contacto con todos los laboratorios y multinacionales ofreciéndoles grandes cantidades de dinero si no comercializaban esa vacuna. Lógicamente el dinero fue la perdición de muchas empresas al igual que la inmunidad penal, por lo que todas y cada una de esas empresas aceptaron el dinero y rechazaron la propuesta de esta científica.
      Julia, indignada, creó un foro que fue creciendo conforme se acercaba la fecha de nacimiento de su hija, Adela. Gobiernos de todo el mundo se enteraron de la situación de Julia y miles de donaciones llegaron a las manos de la futura madre. Pero desafortunadamente Julia descubrió algo que el dinero no podía comprar. La vacuna para su hija. Enfadada con el mundo Julia hablo con embajadas de todos los continentes y logró dar con muchas familias que se encontraban en su misma situación. Con todo el dinero ahorrado por parte de todas las familias y todas las donaciones lograron construir un pequeño laboratorio donde la científica elaboró la vacuna. Pero no se les había ocurrido que quizá esa vacuna no fuera apta para seres humanos ya que la doctora no pudo probar sus efectos secundarios en los humanos por problemas de financiación. Julia estaba desesperada, estaba apunto de salir de cuentas y su
      hija seguía teniendo SIDA así que en contra de la voluntad de su marido, decidió medicarse. Tras tres días en la cama preocupada, en los que su hija no había dado ninguna patadita, la madre lloraba desconsolada pensando que había cometido el mayor error de su vida. La doctora analizó todas las mezclas y toda su tesis desde el principio buscando dónde se había equivocado. La noticia se hizo viral y medio mundo aguantaba la respiración confiando en que la pequeña valiente seguiría viva y más sana que nunca. Por eso cuando la madre sintió un pequeño golpe en el vientre, salió en los telediarios de todo el mundo. Una madre había logrado salvar a su hija de una enfermedad incurable. Fue una gran lección de que cuando la ciencia y las ganas por conseguir algo se juntan no hay nada que se pueda parar y una vez más la ciencia salvó la vida de millones de personas gracias al esfuerzo y la perseverancia de otras.

      EL AMOR POR LA CIENCIA

      EL AMOR POR LA CIENCIA

      Jorge, es un científico británico que siempre ha deseado tener un taller electromecánico en casa. Se pasaba todos los días trabajando duro para poder tener y crear objetos que nadie pudiera imaginar que existiría algún día . Hasta que un día reunió todo el dinero y pudo hacerse un taller en casa. Jorge, es un fanático de la ingeniería automotriz. Se pasaba casi todo el día pensando y pensando como inventar coches voladores… Hasta que un día logró tener una formula matemática que tendría que modificarle unas cosas para que pudiese volar. Tardó unos tres años solo para encontrar una formula y una explicación para su proyecto. Intentó hacerlo, pero no había manera de que el coche volará.. Intentó hacerle un cambio brutal al motor, pero nada.
      Hasta que un día, un amigo suyo, Marien, le planteó una idea que cambiaría su vida, hacer un laboratorio. Jorge, no tenia ni idea de laboratorios, pero decidió y emprender esta idea. Esta idea supondrá un éxito de los dos al futuro. Marien, era un empresario y científico. El 10 de marzo, se puso en marcha la obra del laboratorio,
      Después de 8 meses de obras, por fin terminaron. Y enseguida empezaron a trabajar duro. En sus mentes, el primer objetivo que tendrían que cumplir es crear una curación de los canceres. Obviamente, para ellos seria un esfuerzo y una dedicación increíble, pero se pusieron en marcha. Al cabo de los 3 meses encontraron un remedio increíble de curar la ebola, un método costoso pero rápido. Tuvieron tanto éxito que salieron en la televisión y la gente donaron dinero para poder llevar a cabo otra curación.
      Pasaron 11 meses, pero no encontraron ningún remedio para curar ninguna enfermedad… Jorge, estaba muy decepcionado de él mismo. Estuvo pensándolo bien, y decidió tomarse un apuro y formar una pareja, pero no por amor, sino de ciencia, no sé si me entenderás. Él quería casarse con la mejor científica de Londres, Adele, menos mal que se conocían.
      Estuvieron juntos unos meses hasta que se casaron. Jorge la llevó al laboratorio y le enseñó todo por allí, para que se pusiera a trabajar. Marien, Adele y Jorge tenian un nuevo plan, evitar el efecto invernadero. Podríamos decir que es una cosa casi imposible, pero su magnifico plan, podría servirles. Adele estaba planeando el plan, y Jorge acaba de llegar, y los dos se pusieron mano a la obra. Después de una semana, logró hacer un liquido verde que les serviría para poner a las chimeneas para reducir el CO2. Pasaron unos días y… funcionó! Esta pareja estaban muy contentos de poder lograr reducir el efecto invernadero. Salieron otra vez en la televisión, y Marien, muy decepcionado, puso un poco del liquido verde en un vaso de color negro que contenía el zumo de aguacate del Jorge.
      Al día siguiente, Jorge estaba muy mal, mareado, con vómitos, con fiebre… Inmediatamente Adele cogió al Jorge y lo llevó al hospital, después de unas horas esperando, el doctor salió y le dijo que tenía una enfermedad muy rara, es decir, tenia como un liquido verde en el estómago, y le preguntó que había bebido, y le contestó que un zumo de aguacate. Entonces el doctor mandó a internarse al hospital. Adele estaba muy preocupada por él. Lo dejó para irse al laboratorio para intentar hacer algún remedio para curarle. Estaba tan concentrada...hasta que le llamaron desde el hospital comunicándole de que su esposo había fallecido… Tiró el teléfono contra el suelo, y de repente, llega Marien con una pistola. No tardó ni tres segundos para disparar a la Adele, y finalmente, él también se suicidó.

      El amor y otras enfermedades del corazon

      El amor y otras enfermedades del corazon

      Estimados señores:
      Como he sido conocedora de su interés de mecenazgo en la comunidad científica les adjunto mi experimento por si se diera el caso de que estuvieran interesados:
      Es verídico que en pleno apogeo de la Segunda Guerra Mundial hubo un gran número de conspiraciones contra Hitler, pero no todas con la directa intención de matarlo. Una de las más pintorescas y la que nos atañe hoy aquí, consistió en mezclar estrógenos, también conocidos como hormonas femeninas, con su comida con el fin de hacerlo más sumiso y manejable.
      Parece del todo innecesario señalar que este experimento no dio ningún tipo de resultados.
      Se especuló sobre este fracaso, alegando lo complicado que era, dadas las circunstancias, añadir cualquier substancia extra a la comida del Führer, o las pocas cantidades que se le suministraron, que hubieran tardado años en dar resultados palpables.
      Aun así, la idea de utilizar ciertas hormonas para cambiar el carácter de otra persona según sea nuestra conveniencia sigue siendo interesante.
      Y de esa idea parte este estudio que, si tienen ustedes a bien, patrocinaran.
      Hace años se tenía al amor como algo raro e incomprensible, casi una enfermedad que hacia mutar la personalidad de los que lo padecían. Gracias a la ciencia actual somos conocedores de que esta mutación no es más que un incentivo de nuestro cuerpo a encontrar pareja mediante la segregación de una hormona llamada oxitocina que nos hace estar, como se dice de forma coloquial, enamorados.
      El experimento consistiría en sintetizar una toxina (o droga si así prefieren llamarlo) de oxitocina creando en las personas una falsa sensación de enamoramiento.
      ¿Cómo se conseguiría eso? Si suministráramos de forma paulatina oxitocina a un sujeto haciendo que siempre estuviera cerca a una persona en particular, al final su organismo relacionaría a esa persona con ese artificial sentimiento de amor, y con felicidad. (No es una idea tan descabellada, no sería más que una variación de la tradición de dar chocolate a los enamorados (un alimento, de hecho, muy alto en oxitocina) sustituyendo el chocolate por fármacos).
      Utilizado durante el tiempo suficiente si de repente se dejara de suministrar de forma radical, se podría dar la situación de que el organismo relacionara a esa persona con el efecto de la oxitocina y por si solo la generaría de forma natural.
      Creo que esta toxina nos podría traer muchos beneficios.
      Solo piensen en la posibilidad de que Eva Braun, amante y esposa del anteriormente nombrado Hitler, hubiera sido una espía. Imagínense todas las ventajas que hubiera conllevado para los Aliados tener a alguien así en esa posición tan privilegiada.
      Ya en la edad media los nobles exhibían a sus hijas como a ganado ante el rey de turno, con la esperanza de que alguna le cayera en gracia consiguiendo así un trato ventajoso entre la familia y la corona. Además de que algunas de estas amantes llegaban a desbancar a la misma mujer del rey, adquiriendo privilegios para ellas misma, e incluso poder político.
      Esto último prueba que se pueden sacar beneficios inmensurables si se sabe controlar el corazón de alguien influyente. Sería una lástima desperdiciar esta valiosa idea cuando abre un abanico tan amplio de posibilidades.
      Por eso según mi punto de vista lo mejor sería venderlas a agencias de inteligencia, como la CIA, o como mínimo, en el caso de que consideren oportuno comercializarlo a un público un poco más amplio, que nunca llegara a ser accesible a todo el mundo. Puesto que le quitaría valor al productor y dejaría de ser una posible arma para no ser más que una mera curiosidad.
      Espero que allá sido de su interés, y recibir noticias suyas pronto.

      Atte: Dra. Melanie Jean Hoffman
      Instituto científico y psicológico de Richmond
      para la búsqueda de enfermedades psíquicas
      y del comportamiento.

      El cielo a tus pies

      El cielo a tus pies

      Hoy os quería contar una historia, o mejor dicho la historia de un sueño en el que esta vez Isaac Newton no vio caer una manzana de un manzano, sino que la vio flotar hacia lo más alto, al igual que todos aquellos objetos de poca masa, mientras que los de mayor masa quedaban a escasos metros de la Tierra.
      Os voy a contar todo lo que me sucedió en el sueño de una noche, que a mí me pareció una vida.
      Todo parecía normal. Estaba en mi casa tumbado en la parte superior de la litera. Cuando me levanté noté algo extraño. Al principio no me lo podía ni creer: todos los objetos que me rodeaban estaban flotando. Me levanté y fui a desayunar, pero era increíble: no iba caminando como de costumbre, al contrario estaba volando. Me di cuenta que yo no estaba alucinando. Todo lo que había en este planeta estaba flotando. Al acabar de hacer todas mis tareas matinales me dirigí al coche que, por supuesto, también estaba suspendido en el aire.
      Al llegar al colegio todos los niños corrían, bueno no, volaban hacia clase. Aún me resultaba extraño utilizar las palabras flotar, volar, suspendido, para referirme a cuerpos que solían estar con los pies en tierra.
      Al acabar las primeras clases y llegar el recreo les pregunté a mis compañeros si todo esto no les parecía extraño. Ellos me contestaron “¿El qué?”. Ante esta respuesta yo decidí simplemente callarme y no hablar más sobre el tema. Tendría que descubrir por mi cuenta lo que estaba sucediendo. El viernes ya había acabado y me fui a la cama a acostarme.
      Llegó la mañana del día siguiente, me levanté y fui a preguntarle a mis padres si podría salir a explorar los alrededores. Me preguntaron cómo me movería y yo les contesté que iría en bici. Ellos me preguntaron que qué era eso. Otra vez me paré a pensar. Aquí una bici no serviría, ya que las ruedas no tocan suelo y no avanzaría. Ellos me preguntaron si me refería al flyboard. Yo no sabía a qué se referían, pero les dije que sí para no preocuparles.
      Fui al trastero y allí encontré los flyboard. Eran una especie de tablas que tenían unos propulsores en la parte trasera, los cuales te hacían avanzar. Cogí uno y fui a explorar mundo. Pasé cerca de un aeropuerto, me pareció cómico que en este mundo los aviones estaban por debajo de los coches.
      También fui a visitar la zona costera. Tenía curiosidad por saber cómo estaban dispuestas las aguas de los océanos, ya que la gravedad de este mundo era diferente. Llegué al paseo. Desde allí se podía observar las claras aguas del océano y su silencio. Me quedé asombrado. ¡Era increíble! Está vez lo que vi superó todas mis expectativas. No sabría bien cómo explicarlo. Se tenía que estar allí en aquel momento para contemplar la enorme barrera de agua que se había formado justo delante de la orilla. Había un espacio entre el agua y la arena que se iba estrechando a medida que avanzaba hacia el interior del océano.
      Era tarde, tenía que volver a casa. Me tumbé en el sofá y por fin comprendí el porqué de este fenómeno, la Tierra en este mundo estaba compuesto por otros materiales que hacía que los objetos estuvieran menos atraídos al núcleo.
      Ya era domingo y fui a la parte trasera de mi casa para hacer un poco de ejercicio y practicar las acrobacias, pero no sirvió para nada ya que estaba flotando continuamente. Aunque hiciera una, diez o millones de dominadas o flexiones no me resultaría complicado, ya que estaba flotando. Pero sí que podía hacer una cosa: realizar triples e incluso decuples mortales y lo mejor de todo sin hacerme ningún rasguño.
      Otra vez se me volvió a hacer de noche. Mis padres me llamaron para cenar. Durante la comida pensé en todo lo que podría hacer en el mundo en el que ahora estaba viviendo. De pronto comencé a escuchar en mi cabeza una música, que no percibí bien en aquel instante, pero que rápidamente se fue avivando. De pronto, todo a mi alrededor se fue desvaneciendo y al final todo acabó en una imagen oscura.
      Escuchaba la música de mí despertador, al abrir los ojos completamente me alcé tan rápido como pude y vi que había vuelto a la realidad, todo estaba en su sitio, en tierra.
      Escuché un imperceptible ruido que me pareció una ilusión, pero al darme la vuelta, vi que uno de mis libros estaba flotando. En un abrir y cerrar de ojos, el libro había vuelto a su lugar.
      Yo no sé si esto fue real o no, simplemente sé que fue extraordinario.

      EL CIENTÍFICO LOCO

      EL CIENTÍFICO LOCO

      Érase una vez un científico, loco que vivía en lo alto de su ciudad en una montaña muy alta. Se podría decir que vivía en una torre terrorífica. Tenía a toda la ciudad muy aterrada ya que nadie podía hacer nada contra él, porque tenía todas las formulas muy bien estudiadas por lo cual preocupaba que realizara pociones muy malas. Robinson, el científico estaba enamorado de una chica preciosa de la ciudad llamada La Tierra, pero como todo ser humano, tiene una parte de él que es buena pero en aquel científico nadie la encontraba. Todos los habitantes de la ciudad estaban en contra de él y cuando le veían iban directos a acabar con él. Pero un día Robinson, por la noche decidido a bajar a la ciudad para dejarle un regalo a su ser querido, La Tierra a la cual le regalo La Luna. Robinson entró a la casa de La Tierra mientras ella estaba durmiendo relajada en su grande y bonita cama. En su mesita el científico junto a La Luna le dejó un jarrón de flores que dentro había una nota, romántica.
      Paloma le enseñó el regalo a su padre, que era el alcalde de la ciudad. Su padre se dispuso a ir con toda la ciudad a la torre del científico, pero La Luna sabía que Robinson era buena persona y que le amaba, Robinson al saber que iban a por él, realizó varias pociones en las que las dos estaba constituido por el ácido, un compuesto maligno para todo ser vivo.
      Robinson supo defenderse de la ciudad, pero él en verdad se sentía muy mal al saber que no recibía cariño por su ciudad.
      A lo largo de los años Robinson insistía en seguir demostrando que realmente es buena persona, pese a eso afronto sus miedos y bajó a la ciudad a plantar cara para que todos supieran como era realmente. Al fin y al cabo, la ciudad le entendió y como no La Luna se enamoró de él…

      El científico loco

      El científico loco

      Cuando era pequeño soñaba con ser un científico loco. Lo sé. Siempre he sido un tanto peculiar. Lo sigo siendo. Pero es que...yo no quería ser futbolista como esos otros chicos, ni bombero, ni nada por el estilo. Tampoco quería ser científico a secas. Si mi nombre tenia apellido, entonces mi profesión también debía tenerlo y, supongo que pensé, que "loco" parecía divertido. Así que mientras los otros niños pateaban balones, yo me sentaba solo en el césped y diseccionaba toda clase de pterigotos. Disfrutaba descubriendo su interior, recogiendo resina de los árboles y fabricando peligrosos "venenos", hablando solo en una esquina. Aun me acuerdo de aquel día en que encontré en la pared un miriápodo o aquel otro en que me caí en el patio y por fin pude observar algo de mi propia sangre. Con el tiempo mis profesoras terminaron por disimular su preocupación rebautizandome como "el pequeño investigador". "Enternecedor", suspiraban.
      No fue complicado alcanzar tal oficio, el tiempo para estudiar acostumbra a sobrar cuando no tienes amigos. Al fin, era científico, y uno bueno además. El apellido tardó más en llegar...
      Durante años, todo fue como aquel ciempiés del patio, extraordinario. Quería descubrirlo todo y parecía que podía hacerlo. Tejidos, fluidos,humanos enteros, vertebrados e invertebrados de cualquier tipo, bacterias, virus. Cada día comportaba al menos diez nuevos misterios por descubrir al alcance de mi mano. Comencé a investigar. Tras mi aclamada tesis, mis posteriores análisis exhaustivos y algún que otro descubrimiento, mi reconocimiento se hizo mundial. Empresas internacionales se peleaban por mí y yo solo quería estar solo. Demasiada presión. Comencé a delirar. Me decanté por trasladarme al mejor centro de investigación de Norteamérica. Fue una decisión difícil, hasta que me prometieron un ala entera del edificio solo para mi y todo espécimen que se me antojara tener a mi disposición. Y la bendición se convirtió en tortura. En insomnio. Veinticuatro horas diarias dedicadas al adictivo microscopio. Nadie interfirió nunca en mis asuntos, aunque sé que resulte ser temido por algunos y falso mito para otros. A este hecho, yo decidí llamarlo "capa de invisibilidad" porque era precisamente eso lo que me confería. La ciencia me condenó de nuevo a esa esquina del recreo, detrás de un cristal opaco. En el regazo de la curiosidad interminable hallé respuestas que nadie antes supo descubrir. No las apunté, no las difundí, eran mías, solo para mí.
      Años sin apenas dormir, sin hablar y sin cambiar el gesto fueron lo que siguió.
      Mi oculta presencia en el centro me dio acceso a todo cuanto quise y fue así que lo encontré.
      Hace 2 días 3 horas y 26 minutos. Ese es el tiempo exacto que ha transcurrido desde que lo averigüé, desde que, en medio de mi locura, hallé la más cruel verdad que el universo, hasta ese momento, había escondido. Yo lo hice. ¡Yo! Y de la misma forma me arrepentí. Por una vez en mi vida quise la ignorancia en su lugar. Fue un segundo, solo un segundo en el que palidecí, respire hondo y me proclamé Jesucristo.
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      Cogí mi capa y mi cristal y de puntillas tome la cepa idónea. De entre mis caprichos inicialmente satisfechos sin tan si quiera mover un musculo, los virus fueron siempre mis favoritos. Hartos de mis insaciables estudios recibí una copia de las claves de "el centro de investigación más seguro del sistema solar"...ingenuos. En mi situación de sabia demencia escogí el que mejor se adaptaría a mi plan. La muté.
      Y me infecté.
      Esa era la salvación. No cabía duda. Me negaba a aceptar el destino que, había descubierto, nos aguardaba. Me negaba a verlo. Era inevitable. Tenía que moverme a contrarreloj. Tomé un billete de tren Amtrak de larga distancia, con paradas turísticas y sin retorno, de un lado a otro del país.
      <>
      Pasaré una noche aquí en Nueva York y mañana a primera hora me acercaré al aeropuerto para comprar un asiento del primer avión con destino China, de nuevo me recorreré el país y seguiré viajando durante 19 días, 21 días después de la infección. Lo he estudiado a fondo. No hay forma posible de frenarlo. En poco mas de dos semanas los primeros síntomas aparecerán en territorio americano. Los especialistas tardarán meses en descubrir la enfermedad a la que se enfrentan...bueno, las enfermedades. El fin de la vida en la tierra está calculado para dentro de 2 años, 5 meses y 28 días, justo a tiempo.
      Este mensaje está programado para ser enviado y subido a la red el día en que tendrá lugar mi fallecimiento y, espero, desate el caos. No hay cura. No hay salida.
      -Caballero, tiene que bajar del tren.
      -Claro, disculpe.
      El científico loco os ha asesinado a todos.

      EL CONCURSO DE CIENCIAS

      EL CONCURSO DE CIENCIAS

      Como todos los años, este también se celebraba el concurso de ciencias, en el que participan alumnos de diferentes colegios de la provincia. Y como viene siendo habitual, nuestro colegio se presentaba. Este año, como somos el último curso, nos ha tocado la responsabilidad de participar. Y si digo que es una gran responsabilidad es porque no podemos dejar en mal lugar al colegio.
      Lo primero que hizo la profesora de Física y química fue pedir voluntarios. Y sinceramente, no fueron muchas las manos que se levantaron. Este trabajo teníamos que realizarlo en horas extraescolares y a las alturas del curso en la que estábamos, casi terminando, entre trabajos y exámenes finales, no nos sobraba mucho tiempo para preparar un trabajo de este tipo. Y si a eso le añadimos, que de todos los grupos que nos presentáramos, solo acudiría al concurso uno. Solo podía haber un representante por colegio. El grupo sería elegido por la maestra, ella nos tenía que valorar a todos y elegir el que ella considerara mejor. Nos dio un par de días para presentar candidaturas, así que esa, mañana en la hora del patio fue inevitable sacar el tema en nuestras conversaciones.
      -Tendremos que hablar del concurso. Dijo, Joan.
      -Supongo que tenemos claro que pasamos de liarnos en un proyecto de este tipo, ¿verdad?, porque a mí no me apetece nada. Se apresuro Carlos en dejarlo bien claro.
      -Yo tampoco quiero, pero ese puntito que nos subirán en la nota final, a mi me vendría muy bien, ya sabéis que voy justito en esta asignatura. Dijo Sebas.
      Uno tras otro fuimos dando nuestras opiniones.
      -La cuestión es, de donde vamos a sacar tanto tiempo. Yo tengo fútbol, ya sabéis que tengo entrenamiento tres días a la semana, sin contar el día del partido. Y no puedo fallar porque si no, no podré jugar.
      -Y yo tengo repaso, y mi madre me obliga a ir, y si Carlos además va a inglés, difícil lo tenemos para cuadrar las horas libres.
      -Sí, todo eso lo tenemos claro, ¿pero alguien se ha parado a pensar en el premio? ¿No habéis oído como ha dicho que será para los ganadores?, ¡¡¡y son nada más y nada menos que mil euros!!!
      -Salimos a 250 por cabeza, no está nada mal.
      -Siiii, yo con ese dinero, más con lo que tengo ahorrado podría comprarme la Play.
      -Y yo… bueno yo…, la verdad de momento no se me ocurre en que gastarlos pero algo se me ocurriría.
      -Pues, a mí se me está ocurriendo una buena razón, y creo que a todos os va a gustar.
      -¿Si?, ¿a ver cual esa razón?
      - Él, no lo ha dicho pero todos sabemos por qué motivo Miguel no vendrá al viaje de fin de curso. Y es una pena que no pueda venir con nosotros, por eso se me ha ocurrido dar mi parte del premio para pagarle el viaje, aunque hará falta algo más.
      -Vaya, esa si es una buena razón por la que pelear por ese premio.
      -No podemos dejar a Miguel sin viaje, y además tenemos claro que no será lo mismo sin él. Yo añado mi parte.
      -Y yo la mía.
      -Entonces, ¿a qué esperamos para ponernos manos a la obra?
      Teniendo claro que íbamos a participar y darlo todo, comenzamos a pensar en posibles proyectos. Y tras deliberar decidimos fabricar pólvora. En realidad el experimento consistía en enseñar la fabricación de este explosivo. Todo el trabajo debimos grabarlo en vídeo y para ello contamos con la ayuda de Miguel. Él fue el encargado de grabar y luego de ayudarnos montar las imágenes. Aunque no viene con nosotros a clase de Física, se empeñó en ayudarnos. Quería que nos lleváramos ese premio sin saber realmente que haríamos con él.
      Nos repartimos algunas tareas, como la de comprar los diferentes productos que íbamos a necesitar, o el buscar información de cómo llevarlo a cabo. Y cuando lo tuvimos todo bien claro, nos quedamos un día después de clase para realizarlo en el laboratorio del colegio, bajo la supervisión de la profesora, claro. Para evitar posibles desastres.
      Tuvimos la suerte de que todo salió bien a la primera y no hubimos de repetir el experimento. No es porque lo diga yo, pero nos quedó un gran trabajo. Por eso fue el elegido por nuestra profesora para que representara al colegio.
      Unas semanas más tarde llegó una carta diciendo que estábamos clasificados dentro de los diez mejores y que estábamos invitados a la ceremonia de entrega de los premios finales. Así que, allí nos plantamos con toda la ilusión del mundo esperando poder cumplir nuestro sueño.
      Creo que nuestros gritos de alegría se oyeron por toda la ciudad. Nos llevamos el primer premio y Miguel pudo viajar con nosotros.

      El corazón enamorado

      El corazón enamorado

      Amanecí con la tranquilidad de quién sabe que todo sigue igual que el día anterior, y que así seguirá al día siguiente, sucesivamente. El oxígeno recién recibido por las células rojas no traía noticias nuevas, por lo que deduje que seguíamos en el mismo lugar en donde nos acostamos anoche. Un abrir de ojos me lo confirmó unos segundos más tarde. Ah... monotonía, dulce y cómoda monotonía. No había tenido que esforzarme por latir a más de 85 por minuto desde hacía ya más de una década. Simplemente me no había habido situación alguna que lo requiriese. Y las cosas eran mucho mejor así.
      Sentí como la ya anciana Miriam se levantaba con dificultad de la cama y se dirigía a la cocina para hacer el desayuno.
      Al ser la víspera de su décimo octavo cumpleaños, no pude evitar recordar con melancolía todos los momentos por los que habíamos pasado juntos. Reviví aquella vez en la que Miriam se quedó atrapada bajo una ola que la revolcaba con violencia una y otra vez hacia el fondo del mar, en aquella paradisiaca playa del Atlántico. Tuve que trabajar como nunca con tal de que todo el oxígeno posible les pudiera llegar a los pulmones.
      ¿Y que me decís de cuando le dieron a Miriam su primer beso?-pensé- ¡Me puse a latir como loco de la emoción!
      Ay...el amor. Es curioso, ese sentimiento que solo los humanos son capaces de sentir se atribuye con facilidad a la figura retórica de un corazón. Pero yo jamás he sentido tal cosa. Toda mi vida me he dedicado a hacer para lo que fui creado. Después de todo, por eso se me otorgó esta gran responsabilidad.
      Los días, las horas, los minutos pasaban y se consumían incansables uno tras otro. Todo permanecía siempre igual.
      Al menos, hasta que...

      -Hola. ¿Hay alguien más aquí?

      Ni en mis mayores sueños podría haber llegado a imaginarme lo que me pasaría aquel 14 de Junio. Nada podría haberme preparado para ello.

      - ¿Perdón? -musité sorprendido, pensando que aquella vocecita que acaba de oír había sido producto de mi imaginación.
      -¡Gracias al cielo! Ya pensaba yo que me estaba volviendo majara...Dime, ¿quién eres?

      Su voz era dulce y expresaba una inmensa alegría, como si conocerme fuera lo mejor que podría haberle pasado. Me presenté, y lo mismo hizo ella. ¿Quién hubiese dicho que el corazón de Miriam también disponía de un ventrículo derecho? Su función era bombear la sangre oxigenada que recibía gracias a mí al resto del cuerpo.
      Siempre veía la parte buena de todo y todos, y hablar con ella acababa siempre provocándome una sonrisa.
      Las horas ya no pasaban en vano, ya no desfilaban ante mi los días, interminables. De repente, era como si todo hubiera cobrado sentido.
      Tener compañía me había dado la energía que necesitaba para seguir adelante, y me sentía más vivo que nunca.
      Entonces, poco a poco, fui reconociendo los síntomas que mi dueña atribuía al amor, y ¡me di cuenta de que yo los tenía todos! Pero eso era imposible, ¿no? ¡Yo no podía enamorarme! Sin embargo, solo de pensar en ella me entraban unas ganas enormes de prometerle que siempre estaría a su lado (aunque físicamente fuera imposible no estarlo).
      Y así, un buen día, se me ocurrió.
      ¿Qué sentiría si la viese?
      "Es una locura..." -me dije- "Eso nunca ocurrirá"- Pero sin embargo, no podía dejar de preguntármelo, una y otra vez... Me corroía por dentro. Era lo único en lo que podía pensar, día y noche.
      Pero fue solo aquella calurosa tarde de Agosto que se me ocurrió la idea más disparatada de todas.
      Eran aproximadamente las 3 de la madrugada cuando decidí llevar a cabo mi plan.
      Poco a poco, fui ascendiendo de ritmo. Un latido, luego otro. Cada vez más rápido.
      Hasta que llegó un cierto momento en el que sentí que ya no podría continuar, que si seguía así lo más probable sería que dejase de latir, y no temporalmente.
      Pero aún atendiéndome a las consecuencias, continué. Queriendo reventar la capa de tejido que nos separaba, imaginándome maravillas sobre lo que pasaría cuando al fin la contemplara. Oí como el Septo me gritaba que parase, que estaba desestabilizando el equilibrio del cuerpo de Miriam, que el resto de órganos no podrían aguantar la creciente presión arterial.
      Entonces, ella pronunció mi nombre. Su aterciopelada voz me acarició, y al instante comprendí que aquello era una locura. Que era mejor vivir una vida a su lado, oyendo el ronroneo de su risa, que poder verla un mísero segundo.
      Pero ya era demasiado tarde.
      -Lo siento... -dije- te...te quiero.
      La oí vacilar.
      -Yo también te quiero- me susurró- siento que todo haya tenido que acabar así.
      Y eso, es lo último que recuerdo.

      El cromosoma despistado

      El cromosoma despistado

      ELCROMOSOMA DESPISTADO

      Había una vez una población de cromosomas, llamada Cromo dónde habitaban veintitrés mujeres y veintitrés hombres, haciendo el conjunto de cuarenta seis cromosomas. Este pequeño poblado, tenía una misión en común que realizar; agruparse en parejas para poder formar un nuevo humano.
      En la población Cromo todo iba bien, las parejas se estaban agrupando de manera ordenada.
      Hasta que el cromosoma veintiuno, tenía dos candidatos que escoger como pareja.
      Todos sabían que si el cromosoma veintiuno se formaba por tres habitantes, el humano que esperaban tendría Síndrome de Down. Esto era un gran problema para la población de Cromo. Todos en el pueblo hablaban de esta mala noticia.
      Para el cromosoma veintiuno era los peores días, ella estaba enamorada desde bien pequeña de otro cromosoma, uno de los candidatos, pero sus padres insistían en que se emparejan con el otro candidato.
      El cromosoma veintiuno fue a pedir ayuda al cromosoma más sabio del poblado, al contarle la situación en la que estaba, el viejo sabio, le dio la solución a su problema, para poder estar con el cromosoma que ella deseaba.
      La solución era que anunciara delante de todo el pueblo que se quería emparejar con los dos, el poblado al saber la desgracia que esto comportaría, presionarían a sus padres para dejarle emparejarse con su estimado.
      Al anunciar esto, los habitantes no respondieron como el cromosoma Sabio pensó. Estuvieron de acuerdo, querían que el humano saliera con Síndrome de Down, para hacer al cromosoma veintiuno su amor tan caprichoso.
      Una vez realizado emparejamiento, fue dónde empezó el desarrollo del humano en el vientre de su madre.
      La población Cromo fue condenada por haber hecho el mal y el hijo que esperaban salió del vientre de su madre con Síndrome de Down pero siendo muy querido por todas sus familiares.

      El despege

      El despege

      -¿Ya tienes ganas de volver a casa?
      -No, aquí lo tengo todo, esta es mi vida.
      -Chicos, chicos ya empieza! –Gritó la comandante, y seguidamente encendió la pequeña televisión de la nave espacial.
      -Hoy día catorce de setiembre el cohete Marte ha despegado hacia el espacio en línea recta dónde comprobaran si pueden llegar en una hora. El cohete lo forman cuatro tripulantes; la comandante Wilson, el piloto Jack Smith, el especialista de carga David Jackson y finalmente el ingeniero de vuelo Ben Hernández.

      -Estoy muy nervioso, no lo puedo hacer, solo falta un mes para el despegue.
      -Por eso un mes, en un mes tienes tiempo de sobras para decirle a tu amante/comandante que resulta ser que sois primos.
      -¿Qué quieres, que la llame y le diga: ei, hola mi amor llevamos juntos mucho tiempo pero sabes que? Somos primos.
      -Mira que eres negativo eh.. Una cosa si que vas a hacer, la vas a llamar i le vas a decir que quieres verla i luego le cuentas que te has enterado de una cosa…
      -No puedo, no pue… -antes de acabar la frase mi mejor amigo ya estaba llamando al teléfono.

      Lo primero que hago en cuanto acabo la ‘cita’ con Wilson es llamar a Henry, mi mejor amigo.
      -Ei…-Mi tono es apagado, triste
      -¿Qué, como ha ido?¿Como ha reaccionado? ¿Se ha enfadado? -su tono al contrario que el mío como siempre es feliz.
      -Ay, no me hagas tantas preguntas. La verdad es que…no se lo he contado. –y durante unos segundos se hace silencio.
      -Que no que? Como se entere en la misión, la has bien cagado amigo…
      Me muerdo la lengua para no decir nada fuera de sitio, pero la verdad es que tampoco puedo decir nada.


      -¿El despegue ha ido bien no? –a medida que las palabras de la comandante van saliendo de su boca mi cara se va poniendo como un tomate. No puedo aguantar más, ¿le digo la verdad?
      -Si…muy bien.-decido callarme.

      Finalmente, hemos llegado al espacio con una hora i dos minutos, la misión ha sido todo un éxito. Ahora ya se podrá decir que puedes ir al espacio en una hora. De repente empiezo a escuchar gritos, obviamente iban dirigidos a mí.
      -¡Ben! ¿Se puede decir porque demonios no me habías dicho que éramos primos? Te aprovechaste de mi! Tu lo sabias desde el principio.
      -No, escucha yo no tenía ni idea tampoco, me enteré hace poco.
      -Ah muy bien y que esperabas para contármelo?
      -Te largaste de tu casa cuando tenías 10 años, eras demasiado pequeña, pensábamos que te habían secuestrado. ¿Te piensas que te reconocí? Pues no. Al cabo de un tiempo de estar juntos me enteré que éramos primos, y te juro que intente decírtelo muchas veces, pero era incapaz.
      -Claro, y mejor enterarme por otros personas no? -su tono es furioso, nunca la había visto así.
      -Que te parece si lo hablamos cuando lleguemos a casa? Disfrutemos de la misión. ¡Que hemos ido al espacio en una hora!-Wilson se gira y se marcha, al menos se ha calmado un poco.

      El doble

      El doble

      Lo dual es, sin duda, incómodo. Esto es porque tendemos a pensar que las cosas sólo son iguales a sí mismas, y no consideramos la posibilidad de que algo se comporte, a la vez, de dos formas distintas.

      El mundo quedó sorprendido cuando la física moderna halló un ejemplo tangible de esto. Porque, por supuesto, nos han enseñado siempre que equis es igual a equis, pero una variable cambia según el sistema al que se le someta.

      Pensando así, un alemán convenció a un grupo de gente para que le dieran mucho dinero, de manos de un rey, proponiendo una cosa tan descabellada como la que hemos planteado nosotros: una cosa puede ser entendida como dos al mismo tiempo.

      Pensemos, por un momento, que queremos medir la velocidad de una partícula. Pensemos que ya tenemos su velocidad y que queremos saber su posición. En la realidad, a nivel atómico (aunque se demostrará que también a nivel social), no podríamos lograrlo.

      A esto le llamamos el principio de incertidumbre de Heisenberg. Casi parece no tener sentido que no podamos saber velocidad y posición exacta de una partícula o electrón al mismo tiempo, pero eso sólo es absurdo si consideramos que esa partícula es siempre una partícula. Este genialísimo postulado, que dio pie a la teoría cuántica, es verdad porque un mismo objeto puede actuar como partícula y como onda a la vez. En dos palabras: una locura.

      Pensemos, por ejemplo, en este señor, aquí parado, lavando sus manos. Las lava porque acaba de jugar con sus dos niñas en el parque y se las ha ensuciado. Sabemos dónde está. Es un hombre-partícula sumido en la lentitud, en la inmovilidad. Sí, en definitiva se mueve al ir al trabajo y realizar sus actividades. Pero esto es igual todos los días, y trabaja sentado frente a un escritorio dejando correr su vida como se deja correr el agua fría antes de meterse a bañar. El absurdo de la vida puede ser entendido a través de una inmovilidad total: una existencia donde no pasa nada.

      Pero ahora fíjese bien, señor lector, en lo que va a suceder porque sucede muy rápido. Fíjese cómo nuestro sujeto pierde su trabajo, de la nada: dizque la economía, dizque las finanzas. Mire bien cómo estas palabras que tenían sentido en la boca de su jefe no las entiende la esposa que llora. Fíjese cómo ella habla de la casa, de las compras y de los viajes y cómo nuestro hombre-partícula se sorprende de que su esposa pueda ser tan superflua. Fíjese: ¡la esposa ya no es idéntica a sí misma! Está llorando y amenaza con irse con el otro… ¿El otro? ¡Fíjese, señor lector, no pierda noticia de cómo la mujer ha dejado de llorar y ahora ríe nerviosa! ¡Fíjese cómo el hombre con la esposa perfecta, no sospechó que las mujeres perfectas a menudo se comparten!

      Mire usted cómo corre nuestro sujeto, después de haber conseguido la información, fíjese cómo en el mismo día perdió a su esposa y su trabajo, y su confianza en sí mismo, y su inmovilidad, esto es, su calidad de hombre-partícula. Mire cómo llega a la cafetería y encuentra al otro saliendo en ese preciso momento de su trabajo como barista. Mire qué rápido mueve las piernas nuestro sujeto, ¡tanto que no se sabe dónde están los pies! Mire qué rápido van sus pensamientos, ¡tanto que no se sabe dónde está su cabeza!

      Un golpe y se meten los dos al callejón, otro golpe, y uno más, hay sangre y muchas patadas, y el otro se retuerce en el piso con el rostro desfigurado, y nuestro sujeto llora sin poderse contener.

      Note usted, señor lector, qué rápido es todo esto, qué rápido el hombre se hizo asesino y qué común es ver este relato en los periódicos nacionales. Vea usted que ya no podemos precisar dónde está este hombre que iba a la iglesia que le heredaron sus padres, que iba a las subastas de caridad y que jugaba con sus niñas en el parque. Fíjese usted, señor lector, que ahora que la vida del hombre-onda perdió su inmovilidad y la rapidez lo poseyó, no podemos saber dónde está, sólo qué tan rápido se precipita a la nada, a la muerte, al absurdo.

      Aquí se ve una vez más: una cosa puede ser muy distinta a sí misma si se le coloca en otro sistema. ¿Cuánto más el ser humano?

      Nuestro hombre-onda que saludaba con cordialidad a los policías ahora tendrá que escapar de ellos. Nuestro hombre-onda que antes se estaba lavando las manos después de jugar, ahora se las lava, literalmente, de sangre. Y sabemos, entonces, que está parado allí en frente del lavabo tallando aquel líquido vital con jabón, pero ¿de verdad podemos precisar dónde está su corazón?

      EL DOCTOR LOCO

      EL DOCTOR LOCO

      Era un día como cualquier otro en nuestro pueblo, vivíamos en otro mundo, cada uno con lo suyo, unos jugando a pelota, otros nadaban en el lago, todo tranquilo hasta que llegaron ellos, unos sabelotodo que arruinaron nuestro pueblo con su egoísmo y sus ganas de vivir más y sin importar lo que pensaran los demás.
      -Así me contaba Javier, un chico que se mudó en la ciudad hace tiempo y ahora es uno de mis mejores amigos.
      Vinieron con dos coches negros y de este salieron dos hombres trajeados y otro con el pelo divertido y parecía un poco loco y sin decir nada se fueron a nuestro lago y empezaron a coger agua, después de esto, nos dijeron que éramos las personas que más vivíamos, aparte de estar apartados del tubo de escape y rodeados de naturaleza, era porque estábamos ingiriendo una bacteria, llamada la bacteria de la vida eterna que afectaba a nuestro sistema haciendo que no enfermáramos y con esto, vivir más.
      -Después de esto, todos seguíamos igual, cada uno con lo suyo., como si eso no hubiera pasado aunque claro faltaba agua en el lago.
      Pero fue de mal en peor, salían camiones de todos lados y empezaron a derrumbarlo todo, perdimos nuestro precioso pueblo y con eso nuestro hogar.
      -Que paso con el doctor loco?
      -Se inyecto la bacteria y no ha enfermado desde entonces, también dice sentirse más sano y fuerte pero creo que su locura acabara con él.
      -Hay que ver que egoísta es la gente, solo por el beneficio de uno lo que hacen!

      EL ESTORNUDO

      EL ESTORNUDO

      Hoy me levanto como cualquier dia, cansado, después de solo dormir seis horas. Por fin estoy en pie después de estar echado en la cama con el teléfono más de diez minutos. Ahora me voy a espabilar y me voy a duchar muy rápido de desayunar. Mmmm que bien sienta una ducha por la mañana; ¡me ha despertado!
      Me pongo el traje que en treinta minutos tengo que estar en el trabajo. ¡Achus! ay que mal sienta la mañana siguiente cuando sales con amigos la noche anterior. Ahora ya después de haver desayunado me dirijo al trabajo con el coche por la autovía. ¡Achus! ¡No!!! Lo que me faltaba, un accidente… Después de haber hecho el parte ahora si voy para el trabajo, ya voy diez minutos tarde, y ahora me espera una bronca, por dios que pesado que es mi jefe, es que no lo aguanto.
      - El próximo dia que llegues tarde te quedas sin paga extra. – Me dijo él.
      Yo le iba a contestar, pero me empezó a picar mucho la nariz, y empecé a notar un cosquilleo, y de nuevo estornudé ¡Achus!
      Le he pedido a mi jefe si me dejaba irme a casa ya que me dolía mucho el cuello al hablar y als estornudar, el amablemente (muy raro que contestara amablemente) y me ha dicho que sí, que cogiera baja, y que recuperara fuerzas para volver al máximo. Salgo del trabajo cojo el coche y pongo rumbo al mecánico, dejo el coche y me voy…
      Vaya dia que llevo, el mecánico me ha dicho que serán doscientos euros...
      Voy a coger el autobús para llegar a casa. De camino a casa no he parado de estornudar, y es muy curioso ya que cuando estornudas, es imposible abrir los ojos, nunca me había fijado en esta curiosidad, a veces la vida te
      sorprende.
      Ahora que entro por la puerta de casa me pica mucho la curiosidad de saber porque no podemos abrir los ojos al estornudar, que interesante es el ser humano, es impresionante las cosas que se llegan a hacer sin que tú te des cuenta.
      ¡Ah por cierto, tengo una idea, voy a llamar al diario de Móstoles, para saber si me podrían dejar publicar un artículo sobre la ciencia. Voy a ir buscando información, así si me dejan publicar el artículo, al menos entretendré a aquellos que lean el periódico, seguro que así también micha gente aprenderá una cosa más. Vamos va, vamos a buscar en google un poco de información...
      ¡Aqui está ya he encontrado la información! Voy a leérosla para que así vosotros también la sepáis: "La mayoría de las personas no puede estornudar con los ojos abiertos, sin embargo existen algunas personas que lo pueden hacer. La razón por la que la gente no puede abrir los ojos cuando estornuda es debido a que el estornudo es un reflejo que conlleva el cerrar los ojos, por lo que nosotros no tenemos control de cerrarlos o abrirlos al momento de estornudar"
      Así de que un acto reflejo se trata interesante, este es el articulo perfecto para publicar en el Diario de Móstoles.

      El futbol levanta pasiones

      El futbol levanta pasiones

      El partido a un no había empezado, los ultras no paraban de gritar y de cantar, era un partido importantísimo, se jugaban mucho, quien perdía bajaba de división, estaba claro que ninguno de estos dos equipos estaba como permitirse el lujo de bajar de división, y estaba claro que, si un equipo baja, tiene menos ingresos, por lo tanto, tiene que vender jugadores, y tiene que fichar jugadores más baratos y más malos, etc. Por suerte, habían instalado el ojo de falcón en cada portería, y, además, ya no había jueces de línea, había robots de línea, estaba claro que la ciencia estaba entrando en el mundo del futbol, lo que pasaba es que, entrando tarde, ya que en Inglaterra hacía ya cinco años que esto se usaba, y en España hacía escasas semanas que lo habían incorporado, pero, aun así, estábamos contentos porque sería un partido limpio, es decir, sin errores arbitrales decisivos. Entramos en el campo, estaba lleno, no cabía ni una sola aguja, estaba claro que el estadio de diez mil personas se estaba quedando pequeño, empezó el partido, era un partido tranquilo, sin aproximaciones pero sin calma, estaba claro que ninguno de estos equipos quería perder el dominio del balón, era aproximadamente el minuto treinta de la primera parte y empezó a llover, aun así las hinchadas de ambos equipos no paraban de animar y gritar, por suerte yo no me moje, ya que estaba en la tribuna, pero hubo una cosa que me fascino, aun así que estaba lloviendo como nunca había llovido, el campo estaba casi seco, es decir que el campo tenía un drenaje espectacular, seguramente otro campo estaría encharcado y no se podría jugar, pero cuando yo estaba mirando la hierba, el equipo contrario marco un gol, era el minuto cincuenta y ya estábamos perdiendo, el marcador electrónico se movió, y puso el cero a uno, pero tan solo cinco minutos después, el colegiado amonesto con tarjeta amarilla a un jugador contrario por hacer una falta peligrosa al borde de la área, el árbitro cogió la espuma y la puso en el suelo, señalando el lugar donde se había cometido la infracción, pero lo mejor, estaba por venir, un zurdazo que entro por toda la escuadra situaba el uno a uno en el marcador, y a falta de cinco minutos para el final, desde la banda derecha, un excelente centro meticuloso y que parecía que lo habia hecho a medida, lo remata de cabeza el delantero que venía en carrera, este gol hacia estallar el estadio, la gente gritando y celebrando el gol que finalmente daba el triunfo al equipo local, yo de ese partido me iba contento, ya que mi equipo se salvaba, pero sobretodo me fui sorprendido porque parece que el futbol es un juego y ya está, y realmente es un juego que todo está estudiado para que sea lo más justo posible y para hacer disfrutar al espectador de un emocionante
      partido.

      El Hombre de la Bata Blanca

      El Hombre de la Bata Blanca

      Otra mañana más. Ya empieza un nuevo día, otro día más detrás de estas gruesas rejas de acero inoxidable. Cuánto tiempo más tendré que estar aquí, encerrado, sin poder oler y respirar el aire de la naturaleza, sin correr, sin poder ser libre. Yo fui creado para esto, para ser el objeto de pruebas del hombre de la bata blanca. Cada mañana este hombre me coge, me examina, me saca sangre y me hace diversas pruebas más. Me pregunto por qué lo hace….
      Yo soy una rata normal, como cualquier otra, no soy nada especial, sólo sirvo para ayudarlo a él, a esa persona sin piedad, y me trata como si fuera basura.
      Por qué no puede llegar a entender que yo tengo una familia, sentimientos y pensamientos. Creo que no merezco vivir así.

      Hoy no es un día como cualquier otro. Hoy, el hombre de blanco, en vez de sacarme sangre y hacerme todas esas pruebas me ha inyectado un líquido. Ha sido muy doloroso. Me picaba todo el cuerpo y tenía muchísima calor, creía que, en ese mismo momento, mi vida se acababa.

      Acaba de abrir la puerta de mi casa, ¿por qué lo hace?. Me coge bruscamente y me saca de mi pequeña y sucia casa. Me lleva hacia esa mesa donde permanece ese maldito laberinto, al que he entrado alguna vez pero nunca he sabido llegar hasta el final.

      Me siento con mucha energía. Tengo ganas de correr, jugar, y de todo. No sé que me está pasando. Seguramente será por ese líquido extraño y desconocido que me ha inyectado hace un rato. Esta vez el laberinto no está vacío. A mi lado hay una rata idéntica a mí, con ese blanco nuclear. Seguramente se siente igual que yo: aterrorizado. Tengo miedo a no poder volver a llegar hasta el final y quedarme sin poder comer otro día más…

      Estamos los dos en la puerta de salida. Estamos dentro. En ese momento noto una olor muy fuerte a queso, esa comida que tanto me gusta. Tengo que empezar a moverme. Mi compañero ya lo ha hecho. Voy a seguir esa preciosa olor…Al cabo de unos segundos corriendo veo ese queso. Tengo hambre. Voy corriendo hacia él. He llegado al final, por fin, pero me empiezo a encontrar terriblemente mal. Me duele todo, cada centímetro de mi cuerpo, en cada pequeño movimiento noto un dolor insoportable. Esa cosa asquerosa que me ha inyectado me está sentando realmente mal. Me empiezo a marear y decido tumbarme un rato en el suelo, pero el dolor sólo hace que incrementarse cada vez más y más. Veo ese hombre mirándome sin hacer nada, dejándome sufrir, sin ayudarme. Este es mi final, no puedo moverme, se me ha paralizado todo mi cuerpo, tengo sueño…

      El iceberg y los humanos

      El iceberg y los humanos

      El gran iceberg recordaba con nostalgia el pasado lejano, mucho más feliz, mientras las olas le mecían, a veces suavemente, a veces enfadadas y amenazadoras, en las aguas cada vez más cálidas del océano, camino del Atlántico sur.
      Había sido un gigante enorme, imponente, anclado con solidez en los altísimos y orgullosos acantilados de hielo polar del Ártico. Era menos denso que el agua marina que le sostenía. Bajo sus pies de hielo habían habitado siempre un sinfín de seres vivos que tenían su hogar en esas aguas frías: ballenas, narvales, focas y morsas, delfines, y muchos peces pequeños. ¡Qué alegría le daba sentirles nadar bajo su cuerpo inmenso! Él también se sentía vivo con ellos. En algunas ocasiones los osos polares y las liebres árticas corrían por su superficie, y si alzaba la vista, podía ver a algún búho nival en busca de presa, un pez o una liebre descuidada…
      Luego, un día, poco a poco, llegaron los ruidos, y los crujidos, y con cada uno de ellos los bloques de hielo ártico se iban llenando de grietas grandes y pequeñas, finas y gruesas. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué miraba al horizonte sintiéndose cada vez menos alto?
      ¡Calor! ¡Es el calor!, graznaban las gaviotas. Ellas estaban bien informadas, lo sabían todo. En sus viajes se acercaban, volando bajo, a las costas y a los barcos, y observaban a los humanos y sus ciudades. ¡Es cierto!, se sorprendió el iceberg. ¿Cómo no lo había notado? ¿Cómo no se había dado cuenta antes? El aire era cada día un poquito más templado. Al principio era poquísimo, casi nada, un cambio mínimo. Pero con el paso de un año, y otro año, y unos cuantos más años, era evidente que la atmósfera a su alrededor era más cálida. Las gaviotas le hablaron de las grandes ciudades de los humanos, máquinas de expulsar humos sucios y contaminantes, que estaban cambiando el equilibrio de la atmósfera, la calidad del aire. ¡Ese CO2 tenía la culpa, el dióxido de carbono que producían al vivir los humanos! ¡Pues vaya!, pensaba el iceberg preocupado, ¿es que no pueden vivir sin molestar a nadie?
      Y un día llegó el gran crujido y todo su mundo cambió de repente. El fuerte puente de hielo que durante cientos de años le había unido a la cadena helada se rompió del todo, después de cubrirse poco a poco y durante mucho tiempo de pequeños huecos y fisuras. El iceberg se separó así de las montañas de hielo. Flotando en el agua marina, fue desplazándose hacia el sur, según le empujaban las mareas, provocadas por la fuerza gravitatoria del sol y la luna, y las corrientes, generadas por el movimiento de rotación de la Tierra y el relieve de las costas lejanas y los fondos marinos.
      Mientras sus enormes pies de hielo se disolvían cada día un poco más en el agua, como un azucarillo, el iceberg recordaba el pasado y miraba al cielo, con su cumbre cada vez más cerca del agua… ¿Y si pudiera volar, como el búho nival? ¡Si pudiera alcanzar las nubes, blancas como el hielo, como icebergs a la deriva en un mar azul inmenso! Y se durmió una noche más, soñando que ascendía al cielo como un vapor ligero, para alimentar las nubes y hacerlas más grandes. No sabía que, transformado en vapor de agua, podía regresar un día al mar, quizá en una tormenta de verano, cerrando el ciclo de agua. El iceberg recordaba y soñaba, día tras día, noche tras noche, enfadado con los humanos, hasta derretirse y desaparecer por completo en el océano Atlántico.

      El Laboratorio

      El Laboratorio

      Hoy me he levantado como otro día cualquiera, otro día más, otro día en este laboratorio en el que sólo hay enfermos graves a los que yo tengo que salvar. Miento, tengo un compañero, un médico y científico muy viejo, de pelo blanco con el que juntos podemos salvar personas en estos laboratorios. Él también se encarga de realizar nuevos medicamentos.
      Yo un día me levanté en una camilla, yo lo sabía todo sobre la medicina pero había un problema, yo no me acordaba de nada de lo que había pasado antes, como si me hubieran creado en ese mismo instante. Y desde ese día yo curo ha personas en este laboratorio.
      Hoy mi compañero ha creado una nueva medicación para la esclerosis múltiple y vamos a poder alargar la vida de una de nuestras pacientes . Se trata de un medicamento de tres dosis. Y así son todos los días. Salvamos a personas o creamos nuevos medicamentos para alargar sus vidas. Para ello yo y mi compañero lo sabemos todo de las nuevas tecnologías y los componentes de todos los medicamentos.
      Pero a mí lo que de verdad me interesa es el universo, lo que hay allí, los demás planetas, la via láctea, lo infinito que es . Y a veces en mis ratos libres me dedico a investigar sobre el sistema solar los componentes de los asteroides, pero sé que yo nunca voy a poder dedicarme ha esto porque estoy encerrado en esta laboratorio sin poder salir. Yo tengo un microscopio y por las noches desde mi ventana con rejas oxidadas puedo observar las estrellas y estudiar el firmamento. Un día le pregunté a mí compañero si algún día iba a poder salir de aquí aunque también me guste salvar vidas; el me dijo que no, que yo había nacido para esto y que jamás iba a poder salir de aquí, yo me puse muy triste porque yo quería dedicarme a estudiar el universo. Un buen día quise poder estudiar los planetas enanos que son esos cuerpos celestes que orbitan alrededor del sol, tienen una forma esférica, pero no son lo suficientemente grandes como para barrer todos los alrededores de su órbita, estos planetas son: Plutón, Ceres, Eris, Makemake y Haumea. Y así pasaron los días, cada día me informaba sobre algo del sistema solar: los planetas interiores y los planetas exteriores, los satélites como la Luna, los cuerpos menores que son los asteroides y los cometas. Todo esto lo complementaba con la medicina.
      Yo quería saber la razón por la que no podía salir de aquel laboratorio y poder dedicarme a lo que de verdad me gustaba. Un día encontré un libro lleno de fotos en el que ponía mi nombre, yo decidí abrirlo pues podría poner algo de mi pasado. Efectivamente en ese libro se encontraban fotos de mi pasado ganando premios de ciencia, uno sobre una maqueta de un satélite de Marte, otro sobre una reacción química, otro sobre el agua y lo necesario que es para los seres vivos . ¿Y cómo podía haber acabado en este laboratorio?, eso es algo que nunca voy a poder saber.
      Adriana.

      El latido

      El latido

      Él estudiaba de noche y trabajaba de día. Ya desde muy pequeño mostró que no era un niño cualquiera a la gente de su alrededor. Cuando tenía tres años, un día, cenando, les dijo a sus padres que la sopa estaba muy caliente. Sus padres muy sorprendidos preguntaron: “¿Si sabes hablar tan bien, cómo es que no has hablado hasta ahora?” y él respondió: “Porque hasta ahora todo ha estado en orden”. Esto también lo dijo Einstein tiempo atrás.
      Con 18 años se graduó en Física y Matemáticas en la universidad. Luego, empezó a dar clases en ella de día y estudiaba biología y química de noche. Fue entonces, hace 225 años, tras un día lluvioso, el cielo se despejó. Commin estaba sentado al lado de la ventana mientras el profesor de Biología les hablaba de las neuronas. Fue allí, en ese instante, cuando se le ocurrió la idea de que las estrellas fuesen neuronas. La luz eran impulsos eléctricos a través de los cuales las neuronas se conectan. De vez en cuando una de ellas se apagaba y moría. También de vez en cuando alguna aumenta de tamaño.
      Pero no podía explicar qué éramos nosotros, el planeta tierra. Lo supo en la siguiente clase de Biología, cuando les hablaron de los glóbulos rojos. Estos llevan el oxígeno por todo el cuerpo. Nosotros somos un pequeño glóbulo rojo que lleva oxígeno a las neuronas. Dentro de 350 años llegaremos a nuestro destino, cuyo nombre es la Estrella espinal. Este largo camino se conoce como Bing Bang. Se produce cada vez que hay un latido en el corazón. Por eso esta teoría se llama teoría del latido. Para nosotros es mucho tiempo, pero para aquel que transportamos el oxígeno, no es nada. Segundos, quizás menos. Esto no lo sabemos con acierto. Pero sospechamos que aquel del que formamos parte también forma parte de alguna cosa aún mayor.
      Bueno chicos hasta aquí llega la clase, por favor leed el capítulo 15 y 16 para la semana que viene.

      El misterio de la tabla periódica

      El misterio de la tabla periódica

      Tarde de otoño, viento fresco mientras paseo por las calles estrechas de Bilbao. Todo trasciende como un día normal. El viento sopla más fuerte agitando las ramas de los árboles de una forma violenta. Los pájaros vuelan en lo alto del cielo y el viento aumenta su intensidad.
      De pronto un folio grande en forma de tabla con unas letras como si al azar estuviesen puestas, o como si de un jeroglífico a descifrar se tratase, choca contra mi persona. No puedo parar de mirarlo y de intentar analizarlo. Reconozco algunas sustancias que aparecen como el hidrógeno o el carbono, pero no entiendo su relación.
      Decido ir a la biblioteca para buscar un libro e informarme de dicho documento. Antes consulto mi teléfono móvil, en el cual recibo un mensaje de “Sabadell”, banco en el que guardo mis ahorros, diciendo: “Banca Catalana No Ofrece Favores ni Negociaciones”. Mi respuesta ante este inesperado mensaje es una cara de asombro. Deduzco que ha debido de ser un error.
      Llego a la biblioteca y escojo un libro. Un hombre de unos treinta años se acerca a mí y me da un papel en el que pone: “Busco Al Ganador Inglés de aTletismo, ¿le has visto?
      Le respondo con una negación de una manera seca aunque educada, acompañado de una cara confusa.
      Salgo de la biblioteca y veo una cafetería con terraza “Mgusta Beber Casi Siempre Barato y Rápido”, este es el ocurrente nombre del local. Me siento en una silla junto a mi consumición y el libro de la biblioteca. Comienzo a pensar en la larga tarde que estaba pasando y en las sospechosas situaciones en las que me había visto envuelto.
      Hojeo el libro. Nada interesante, únicamente datos sobre la Tabla Periódica (nombre que adquiere). Resuelvo mi duda y veo que se trata de la composición de los elementos químicos de la naturaleza.
      Última página. Última frase: “eScaparon Tios Violentos, Crecieron Monjas Feas Con Ninguna Curva, fin. Esa frase sin sentido… y esas letras en mayúscula… y todo después de darme de frente con la tabla periódica…
      En efecto, ahora todo va cogiendo forma, estas letras, estas palabras y estas frases tienen algún tipo de relación con la tabla, pero ¿el qué?
      No paro de darle vueltas y observar la tabla. A mi lado hay una chica, con cara de desesperación de unos quince años de edad estudiando biología. Me acerco a ella y le ofrezco mi ayuda, ella la acepta sin pensarlo. Enfurecida me dice: “Ni Por Asomo Sabré Biología”. La miro con ternura. Sí que debe de estar mal para anunciarme eso sin haberme siquiera dicho su nombre. Pienso en la tabla periódica. Pienso en aquella niña. Mi cabeza no deja de dar vueltas.
      Una vez finalizo con la chica me siento, miro al cielo y me doy cuenta que ya ha anochecido y que las estrellas brillan en el firmamento.
      Entro en la cafetería para abonar mi cuenta y veo a un grupo de hombres nerviosos frente a un plasma. Me acerco y veo lo que me esperaba: un partido de futbol está a punto de comenzar. Espero para ver quién juega, cuando en la gran pantalla aparece: “Fútbol Club Barcelona I Athletic”. ¡Qué partidazo!- pienso. No, otra vez, otra frase con esas misteriosas mayúsculas.
      Finalmente decido volver a casa perdiéndome el partido y descansar de tanto movimiento.
      Y ahora te toca a ti. Si estás leyendo este relato es porque te topaste con él y ahora te toca continuar con este misterio que yo dejé a medias.
      — “Buena suerte” — finalizó leyendo Matías, cuando se encontró un viejo escrito dentro de un libro de la biblioteca.

      El MUSICIENTÍFICO ANDREW WILSON

      El MUSICIENTÍFICO ANDREW WILSON

      Érase una vez un joven científico llamado Andrew Wilson, era diferente a los demás científicos; por una sola cualidad.
      El no hacía los experimentos con líquidos, él los hacía tocando su violín, haciendo música, tenía un secreto que no se lo quería contar a nadie:Con su música inventó una poción de inmortalidad, pero cuando fue a contárselo a sus familiares y amigos, no se lo creyeron y se rieron de él.
      Desde ese mismo momento el joven Andrew Wilson, no volvió a salir de su laboratorio subterráneo, él siguió haciendo sus experimentos ayudado por su música.
      En el laboratorio no entraba nadie, hasta que un día alguien llamó a la puerta.
      ¿Quién será? Se preguntó Andrew
      Volvió a sonar: -¡TOC TOC!
      -¿Quién es? dijo el Andrew
      -Soy el cartero
      -¿Y qué quiere?
      -Tengo una carta para usted.
      Entonces Andrew muy sorprendido abrió la puerta para coger la carta del cartero y esto es lo que ponía en la carta:
      "Querido Andrew:
      Tu madre y yo estamos en Dubái, intentando experimentar con ingredientes secretos y no nos sale el experimento.
      Por favor ven a ayudarnos, que sabemos que tú entiendes mucho de esto.
      Te quieren.
      Papá y mamá"
      Andrew al ver esta carta se quedó preocupado por que no podía ayudar a sus padres, porque llevaba tanto tiempo sin salir de casa y del laboratorio que le daba miedo, pánico y terror. Tenía “agoralabofobia”, y pensaba que le podía pasar algo malo.
      Durante varios días no pudo dormir imaginando lo que le podría pasar, si saliera fuera de su laboratorio.
      Pero un día se armó de fuerzas y preparó todo para salir de su laboratorio, en busca de sus padres. Esa misma noche soñó con Superman, su héroe favorito y recordó que no tenía miedo a nada. Andrew quería ser como él.
      Emprendió el viaje y cuando llegó al aeropuerto, su miedo apareció y quería volverse a casa, pero Andrew se montó en el avión por que se acordó de sus padres. Quería ayudarles, le necesitaban y eso junto a su música, fueron sus apoyos para conseguir superar los miedos.
      Durante el viaje preguntó a las azafatas del avión que si le dejaban un sitio para hacer sus experimentos, ellas contestaron que sí.
      Por la noche el avión empezó a fallar, se dieron cuenta de que le faltaba combustible, los pasajeros estaban aterrorizados, entonces Andrew reaccionó y tocando su violín, inventó un líquido parecido a la gasolina que funcionó. Todos los pasajeros y el piloto del avión se lo agradecieron.
      Llegado el final del viaje aterrizaron en Arabia Saudí y desde allí cogió un todo terreno para llegar a Dubái, pero por el camino pasó algo. Al llegar la noche un león que venía con su manada, les sorprendió. El conductor le dijo a Andrew –Como eres científico inventa algo para protegernos del león.
      Andrew empezó a tocar su violín e inspirado en su música, inventó un ramillete de dardos tranquilizantes, se lo lanzaron a las fieras, fueron muy efectivos, todas se quedaron dormidas y sosegadas, esto hizo que pudieran continuar bien su viaje.
      De madrugada llegaron a Dubái, ya sabía dónde estaban sus padres y les envió un telegrama diciendo: Queridos padres, ya sé dónde estáis, ya he llegado a Dubái, espero veros pronto.
      Sus padres le contestaron:- Hola hijo, estamos deseando de que vengas, un beso muy grande. Papá y mamá.
      Así qué ese mismo día fue al apartamento donde estaban sus padres, cuando llegó allí le recibieron con un abrazo y le dijeron: - En la habitación del fondo está el laboratorio.
      Andrew contestó: -Esa es mi pasión y ¿en qué os puedo ayudar?
      Ellos le contaron que necesitaban transformar una planta en un perro o gato, ya que en ese país no había casi animales.
      Pasaron varios días y el invento no llegaba, aunque al tercer día Andrew se daba por vencido, empezó a recordar unas notas de violín.
      Las probó con la planta, tocó y tocó y funcionó.
      Sus padres estaban emocionados podrían criar gatos y perros para ayudar a las personas de ese país. Se lo fueron enseñar a unos amigos, y sin contar con Andrew lo presentaron a un concurso de Inventaciencia que había en su ciudad.
      Unos meses después llego una carta diciendo:
      Felicidades
      Ha sido el ganador del premio a la mejor transformación de Inventaciencia.
      Puede pasar a recoger el premio Sr. Andrew Wilson.
      Él se emocionó porque era el sueño de su vida y preguntó a sus padres, que como había ganado sin haberse presentado.
      Ellos le explicaron que habían aprovechado su talento musical y presentado su invento al concurso, ya que confiaban mucho en él y en su talento científico inventivo.
      Andrew emocionado tocó su violín y siguió inventando.
      FIN

      EL NIÑO QUE DESCUBRIÓ LA GRAVEDAD

      EL NIÑO QUE DESCUBRIÓ LA GRAVEDAD

      Érase una vez un niño cuyo nombre era Gravy que era muy curioso. Un día cualquiera, en el colegio, le preguntó a un niño que por qué era tan feo. El niño que era muy grande le pegó un puñetazo. El niño, mientras caía del golpe, se preguntó a sí mismo que por qué caía en dirección al centro de la Tierra y no a la luna, el sol o a cualquier otro sitio. A partir de ese día empezó a experimentar con diferentes objetos. Se dio cuenta de que depende del objeto caía con una velocidad u otra depende del objeto.
      Un día tuvo una hipótesis sobre que el núcleo de la tierra atrae a los objetos a diferentes velocidades depende de la densidad, la masa, la forma, etc. del objeto. Esta hipótesis, al cabo de más expediciones, se convirtió en una teoría, Gravy a esta teoría le puso como nombre la teoría de la gravedad. Un día el niño que le pegó a Gravy cuyo nombre era Isaac Newton le quitó la libreta donde tenía todo lo que apuntó Gravy de la ley de la gravedad. Isaac Newton cambió la historia diciendo que le cayó una manzana a la cabeza y que después de eso empezó a experimentar. Isaac Newton después de cambiar la historia fue corriendo hacia la universidad para que puedan convertir la teoría de la gravedad por la ley de la gravedad. Y esta es la historia de cómo Isaac Newton se hizo famoso y recordado como una de las personas más listas del mundo y cómo Gravy, que en realidad fue el que inventó la ley de la gravedad, solo será recordado como una de las muchas personas normales que hay en el mundo, y solo las personas que lean esta historia sabrán lo que en realidad hizo.

      El origen de la gravedad

      El origen de la gravedad

      Estábamos en el año 1687 i yo era un gusano llamado Gus, no tenia donde vivir y buscando un lugar para vivir encontré el sitio perfecto, era una manzana grande y roja que estaba en la parte mas alta de un manzano que estaba dentro de un jardín. Tardé mucho en llegar pero llegue, en todo el tiempo que estuve para llegar a la manzana, me entere de que aquel jardín estaba en la casa de un hombre llamado Isaac Newton i era fisico. Cuando ya llevaba varios días en mi manzana ya me había comido una gran parte por dentro i la manzana empezaba a podrirse i no aguantaría mucho mas. Un dia que hacia algo de viento yo salí de la manzana i me puse sobre la rama del árbol por que la manzana podía caerse i yo estar dentro i eso me daba miedo así que salí, fui al extremo de la rama y vi a Isaac en la sombra del arbol, este estaba mirando fijamente hacia el otro lado del jardín cuando mi manzana le cayo en la cabeza, entonces se quedo pensativo y se pregunto a si mismo ¿porque esa manzana siempre cae perpendicularmente hasta el suelo?. Yo pensé que los humanos estaban locos y me fui a buscarme otra manzana en el mismo árbol.
      Unos días después Isaac, dijo que la manzana se cayo del árbol por algo llamado gravedad, que el describió como una fuerza física que atrae a todos los objetos hacia el centro de la tierra. Yo le empeze a ver el sentido cuando me fije en todas las manzans que se habían caído del árbol por mi culpa estaban amontonadas en el mismo rincón del jardín.
      Pero aquello quería decir que la teoría de la gravedad también tenia méritos míos pero en el fondo me daba igual solo me importaban las manzanas.

      El parto. El amor verdadero.

      El parto. El amor verdadero.

      Llevaba ya mucho tiempo solo, solo escuchaba voces, casi siempre repetidas, yo espera que alguien me sacara de allí, que alguien me hiciera compañía, pero nada, ya iban unos 100 días y nadie había hecho lo más mínimo por sacarme de allí.
      Sobre los 150 días empecé a manifestar mi enfado, para ver si alguien se daba cuenta de que estaba allí y me ayudaba a salir. Para ello empecé a dar patadas, a moverme, pero todo fue en vano, pues nadie hizo nada.
      Conforme iba pasando el tiempo, notaba que a mi alrededor los nervios aumentaban, y yo intentaba con más fuerza hacerme notar, cada vez pataleaba más e intentaba moverme más, aunque cada vez me era más difícil, por que el espacio se había reducido considerablemente.
      Un día, de repente empezó a moverse todo a mi alrededor, cada cierto tiempo sentía como un terremoto, y a medida que pasaba el tiempo, estos eran más largos y más potentes. Además junto con estos terremotos se oían muchas voces que gritaban “rápido”, “que ya viene”, “deprisa” …
      Pronto me di cuenta de que al fin me iban a sacar de allí, que ya no estaría solo nunca más.
      Justo al salir, sentí una alegría tan grande que empecé a llorar.
      Y de repente... la vi, allí estaba ella, guapísimas y esperándome con los brazos abiertos, allí estaba mi madre.
      Cuando me pusieron a su lado, sentí que ella sentía hacia mí el mismo amor que yo sentía hacia ella, y es que es verdad lo que dicen, “el parto es la única cita a ciegas, en la que sabes que conocerás al amor de tu vida”.

      El peluche

      El peluche

      -¡Papa! Hoy no voy a poder ir al cole -¿Por qué? -Porque creo que tengo fiebre y prefiero quedarme en cama -Vale. Cuando te levantes desayuna fuerte y tómate un Actimel, a ver si se te pasa -¡Genial! Venga, adiós -Adiós, pórtate bien Mientras Timmy descansaba en su cama…, dentro de su cuerpo se estaba librando una batalla épica, a nivel molecular, pero épica. Venían una banda de virus y bacterias, con sus microscópicas naves último modelo y con ganas de cargárselo todo. Para defender a Timmy, sus glóbulos blancos liberaron pirógenos endógenos (los causantes de la fiebre). Los primeros pirógenos pudieron con la banda de virus, pero con la de bacterias no. Cayeron. Eran más fuertes. Los glóbulos blancos tuvieron que fabricar muchísimos más pirógenos porque no dejaban de venir más y más agentes externos. La temperatura en Timmy estaba creciendo. Cuando se levantó, desayunó unos copos de avena con leche, un zumo de naranja, una naranja y el Actimel que su padre le había dejado en la nevera. Después de haber desayunado, se quedó un poco en el salón viendo la televisión. La guerra se había calmado pues ya no venían más virus ni bacterias. Se sentía mejor pero seguía con febrícula. A las 9:00 am llegó su madre del trabajo. Era policía y le tocaba guardia por la noche. -¿Qué tal? – preguntó su madre al llegar -Bueno… Tengo febrícula. Desayuné y creo que se me ha pasado un poco -Vale, métete en la cama a reposar Se metió en la cama y se puso a escuchar música con su iPod. Empezaron a venir más virus y los glóbulos blancos liberaron tantos pirógenos que la temperatura subió hasta los 39 grados. -¡Mamá! Creo que me está subiendo la temperatura. Ponme el termómetro -Voy. Pues sí, tienes 39º. Le quiso dar paracetamol pero no tenían. Tampoco tenían ibuprofeno. Las farmacias cercanas estaban cerradas. Su madre le dijo que se quedase otra vez en la cama. La temperatura siguió subiendo. El niño se dio cuenta de que estaba pillando los virus en su cama y decidió abandonarla. Pero ya era demasiado tarde, ya había estado mucho tiempo con su peluche de Bob Esponja, el cual recuperó después de haberlo perdido de camino a su casa. Iban de camino al hospital, Timmy tenía 41 de fiebre y estaba sufriendo convulsiones. Allí le trataron y le metieron en una cama (ahora ya sin su peluche mortífero). Vino su padre muy preocupado y de paso compró medicamentos para que nunca tuvieran que llegar a aquella situación otra vez. Los virus fueron disminuyendo con los medicamentos y ya no tenían los glóbulos que liberar pirógenos para defender a Timmy. Se fueron del hospital, pero a la vuelta sufrieron un accidente de tráfico. Fue más o menos cerca del hospital, pero fue tan fuerte el golpe que los padres de Timmy fallecieron al instante. Al chaval le pudieron rescatar porque fue un golpe frontal. El motor ardió un poco, pero alguien misterioso lo apagó. Ya en el hospital, Timmy sufría un esguince de tobillo, y tenía dos costillas rotas. Tardaría en recuperarse, pero ese mismo personaje misterioso se lo llevo a sus laboratorios donde se recuperaría por completo en poco tiempo. Ese personaje se llamaba Johnson. Tenía una misión para el chaval para cuando fuese mayor de edad. 10 años después -Ahora tienes tu oportunidad. ¡Actúa! -Con mucho gusto Timmy se presentó delante de la persona que había provocado el accidente que acabó con sus padres. No se supo más de él. Timmy ya había vengado a sus padres, pero tenía que terminar con la faena. Johnson le ayudó para encontrar a la persona que había infectado el peluche con el que dormía. Era una chica, y… tampoco se supo más de ella. Timmy ya había elegido su profesión y no tenía marcha atrás. No le gustaba lo que había hecho en su vida ni lo que le había pasado, pero él sabía que no había solución. Se suicidó. Así acabó todo. Y Johnson fue a la cárcel por ser cómplice en dos asesinatos. Pero, ¿por qué ayudó al niño cuando era pequeño? ¿O realmente no le ayudó?

      El peor día de mi rutina

      El peor día de mi rutina

      Era un día normal, un día de mi rutina. Ya era lunes. Me quedaría toda la mañana en la cama si pudiera. Pero tenía que ir a la escuela a enseñarles las partes del cuerpo a mis alumnos. Por, cierto me dolía demasiado la cabeza en ese instante. Algo me pasaría ese día rutinario. Me levanté de la cama y fui a ducharme y relajarme un poco. Esa ducha me ayudó mucho a prepararme para ir al trabajo. De repente me entró mucha hambre y me puse a comer los mismos cereales integrales de cada mañana, pero me falló una cosa, no me quedaba leche en la nevera. Busqué por todas partes y no encontraba nada de nada. Finalmente me comí los cereales sin la maldita leche. Acabé de almorzar y me puse a corregir unos exámenes que tenía pendientes para entregar a los alumnos de cuarto. No los acabé de corregir porque ya no podía más. Me volvía a hacer mucho daño la cabeza. Decidí ir a una cafetería cercana para comprar un café porque en mi casa tampoco había. No hacía casi nunca la compra. Como podéis ver tenía una vida muy desordenada. Bajé a la cafetería y me pedí un café con leche descafeinado de sobre. Me lo tomé y el camarero me preguntó que qué me pasaba. Yo le respondí que no sabía lo que me pasaba pero que llevaba un día muy raro. Me fui otra vez para mi casa porque tenía que ir a buscar mis cosas del trabajo. En el momento en que llegué a casa decidí que cogería la bicicleta. No me gusta contaminar el medio ambiente. Soy bióloga, he de dar buen ejemplo. Salí de casa y desplegué la bici. De mi casa a la escuela habían unos diez minutos pedaleando. Empecé a pedalear y me sentí muy bien porque mucha gente me saludaba con alegría. Me alegraron la mañana. Me paré a saludar a unos viejos amigos que no veía des de hacía demasiado tiempo. Ahí perdí muchísimo tiempo. Ya iba tarde a la escuela. Empecé a pedalear muy rápido y decidí cruzar la calle con el semáforo en rojo. Crucé. Tuve la suerte de que no pasaba ningún coche. A la siguiente calle que tenía que cruzar también estaba en rojo y también decidí cruzar. En esa ocasión tuve mucha mala suerte, muchísima. Crucé y cuando estaba en medio de la calle me atropellaron…
      Ya no me acuerdo de nada más, solo sé que tengo una asimetría bilateral. Esto quiere decir que tengo deformidades por todo el cuerpo. Y no puedo ni caminar.

      el presente ya es pasado

      el presente ya es pasado

      EL PRESENTE YA ES PASADO
      No hay ninguna máquina más perfecta que nuestro cerebro. Ningún robot que pueda pensar tan bien como nosotros lo hacemos; ningún navegador que nos conduzca como lo haríamos nosotros; ningún ordenador que sea capaz de decidir cambiar algo que no sale bien. Pero también nuestro cerebro es un perfecto desconocido.
      Sabemos qué piezas cambiar cuando se estropea un coche, un ordenador o cualquier máquina. Y, a veces, son las máquinas las que nos ayudan a encontrar las averías. Sabemos qué medicinas tomar para curar casi todas las enfermedades del cuerpo; pero sabemos muy poco sobre el funcionamiento del cerebro y como mejorarlo, si no va bien. Por eso las enfermedades del cerebro nos asustan y creemos que todas las personas a las que les falla algo en su cerebro y no se comportan como la mayoría están locos y nos apartamos de ellos, algo que no haríamos con un ciego, un diabético o los que tienen problemas en el corazón.
      Cuando tienes una enfermedad física las medicinas suelen ayudar mucho, y cuando se cura puedes dejar de tomarlas. Pero las medicinas para el cerebro casi nunca funcionan del todo bien, precisamente porque se sabe menos de él que de otros órganos. Además tienen muchos efectos secundarios y a veces hay que tomarlas para toda la vida y acaban provocando enfermedades físicas. Cuando tomas pastillas no tienes una memoria tan grande como las otras personas, que en un momento pueden estudiar dos páginas y recordarlas.
      Además las máquinas se fabrican todas iguales utilizando las mismas piezas y por eso todos los coches de un mismo modelo y todos los ordenadores de un mismo modelo funcionan igual. En cambio, aunque la materia de la que está hecho es en todos los casos la misma, el cerebro de cada persona funciona distinto: unos son más inteligentes, otros tienen más memoria; unos son más tranquilos, otros más nerviosos; unos son más sociables, otros más reservados; unos se concentran fácilmente, y para otros conseguirlo es una tarea que supone un gran esfuerzo.
      Ni siquiera cada uno de nosotros conoce cómo va a funcionar su cerebro: a veces estamos tristes y no sabemos por qué; otras alegres sin que haya ningún motivo.
      Y ¿a quién no le ha pasado que cuando está viviendo una situación se da cuenta de que eso él ya lo había vivido antes en su cerebro? Entonces, eso, que para los demás es el presente, para el que cree haberlo vivido ya es pasado. Siempre que eso ocurre quedamos sorprendidos de lo extraño y complicado que puede ser nuestro cerebro y no podemos dejar de preguntarnos si somos capaces de adivinar el futuro y aun no lo sabemos. Otras veces nos llegan imágenes, que enseguida se van, de algún momento que parecía imposible recordar porque éramos muy pequeños. Y hay quien dice que se acuerda del momento en que nació y de sus primeros meses de vida.
      Quizá algunas personas si hayan conseguido que trabaje esa parte de su cerebro donde están grabados todos los recuerdos; y quizá otros, como los adivinos, no mienten cuando dicen que pueden ver el futuro de los demás, porque para ellos son muchos más esos momentos en que el presente ya es pasado.

      El recorrido de la gasolina

      El recorrido de la gasolina

      Ahí estoy yo, en un tanque encerrado con un tubo extraño que nadie de dentro del tanque sabe que es, todo el mundo dice que te lleva a un lugar mejor ese tubo, pero yo creo que no es verdad lo que dicen. Cada día estamos mas cerca de ese tubo extraño y largo.
      Una noche estábamos durmiendo y de repente salimos disparados por el tubo y llegamos a otro tanque, este era diferente en vez de tener un tubo tenia una apertura que se habría cada vez que el coche empezaba a vibrar, en esta apertura al final solo se veía unos colores amarillos y rojos. De repente el tanque el tanque de gasolina empezó otra vez a vibrar y la apertura rara y extraña se abrió y cada vez estábamos mas cerca y a la par también se veía más grande la apertura. Cuando llegamos a la apertura salimos disparados por un conducto súper largo que parecía que nunca se acababa en ese conducto estuvimos bastante tiempo, hasta que llegamos hacia una cámara metálica.
      En esa cámara hacia mucho calor todos estábamos muy asustados y nerviosos porque no sabíamos que estaba pasando en esa cámara metálica. Después de un rato vimos como una lucecilla amarilla que parpadeaba cada dos por tres.
      Todos vimos que nuestros compañeros estaban explotando arriba del todo cuando entraban en contacto con la lucecilla amarilla, des-de ese momento supimos que ese nuestro final en nuestra. Cada vez nos íbamos acercando mas y mas a la lucecilla esa que parpadeaba, cada vez estábamos mas nerviosos porque sabíamos que era nuestro final. Estábamos al lado ya de la lucecilla hasta que llegó el momento, estábamos delante de la lucecilla y explotamos, y ese fue nuestro recorrido en nuestra miserable y corta vida de gota de gasolina.

      El segundo Gran paso

      El segundo Gran paso

      20/9/2061
      Diario de Michael Johnson:

      Otro día rutinario en mi viaje hacia el tan ansiado destino simplemente observando la oscura inmensidad por la ventana. Arrepintiéndome de entrar en esta cárcel móvil hacia el nuevo mundo habiéndolo dejado todo atrás para un viaje sin vuelta. Echo de menos a mi familia y a mis amigos con los que solo me puedo ver una vez al mes por video llamadas. Hoy he podido hablar con mi familia, están todos bien pero yo no. No sé si podré aguantar seis años más sin perder definitivamente la cabeza solo para lograr algo potencialmente imposible. Ya ni los videojuegos ni los libros que nos envían me entretienen por culpa de la aburrida monótona rutina que simplemente consiste en largas horas de “tiempo libre’’ en las que no hay nada productivo que hacer. Ya no es estimulante ni hablar con los compañeros, ya que después catorce años aquí dentro están casi todos prácticamente locos excepto Matt, pero es muy raro y me da miedo. Yo y él somos los únicos que aún estamos mínimamente cuerdos. Venga, tú puedes, ya llevas catorce años aquí, puedes aguantar, catorce, catorce, catorce, uno y cuatro, uno más cuatro cinco, catorce menos cinco nueve, ¿nueve? ¡Mi número de la mala suerte! ¡Vamos a morir todos, es el fin, el maldito fin! ¡Tengo que largarme de aquí o moriré! Ahí hay una ventana, voy a saltar hacía fuera rompiendo el cristal de 15 cm de grosor con la cabeza. ¡Es un plan sin fisuras!

      Cinco horas después:
      -Creo que se está despertando.
      -Sí, sí está abriendo los ojos.
      -¿Dónde estoy?
      -En el módulo médico, te encontramos con la cabeza abierta al lado de una ventana con manchas de sangre.
      -¿Cómo? Lo único que recuerdo es estar tranquilamente escribiendo mi diario y seguidamente ser atacado por unos alienígenas con tentáculos, un ojo y unas pistolas laser que cambiaban de color, pero no había ninguna ventana, ¿o eso fue en una peli? Probablemente la segunda opción.
      -Sí, seguramente. Vamos, intenta levantarte, te tenemos que hacer unas pruebas.

      21/9/2061
      Diario de Michael Johnson:

      Me acabo de levantar y sigo en el módulo médico dónde ayer me hicieron una serie de pruebas físicas y mentales cómo repetir palabras que iban apareciendo en una pantalla o esquivar pelotas de espuma para comprobar no sé qué de los reflejos o algo así por culpa de una conmoción craneoencefálica si es que eso existe, a mí no me lo preguntéis que yo de pequeño suspendí ciencias. Constantemente llevo a cabo una serie de ejercicios mentales para que no se me vuelva a ir la olla cómo comportarme como si estuviese loco de verdad sin estarlo realmente o intentar investigar de dónde viene mi locura para intentar combatirla. También me han recomendado que cada vez que piense en el tiempo que llevo aquí, en vez de pensar que cada vez llevo más tiempo pensar que cada vez me queda menos para lograr nuestro objetivo. Así que hoy, en vez de contar un día más desde que me fui de casa, voy a tener en cuenta que hoy queda un día menos para llegar a Próxima Centauri.


      Pep Puente Quera

      El tesoro de la ciencia

      El tesoro de la ciencia

      Ohio, 17-02-1995 Mi nombre es Charlie Jackson quizá me conozcan más por "el cientifico" desde pequeño me he interesado mucho por la ciencia, es un tema que me ha fascinado siempre. Cuando cumplí la mayoría de edad me puse a estudiar en ello, mis padres trabajaron muy duro durante muchos años para poder pagarme la matricula de la Mecklenburg University of Science and Futurology esta prestigiosa universidad se encuentra en el condado de Mecklenburg al sureste de Carolina del Norte. Allí estuve cuatro años, estudiando los posibles avances en medicina que podría haber en el futuro, era el mejor estudiante de la universidad, cuando salí de allí estuve tiempo sin encontrar un sitio que me agradara de verdad y se adaptará a mi, mientras no encontraba trabajo el tio Rick me dejó trabajar en su pequeño taller de coches, meses más tarde me llegó una oferta de la Universidad de Stamford para ser profesor en el apartado científico, en la universidad me ofrecían un contrato realmente bueno y muy bien remunerado pero no era lo que soñaba de pequeño, después de días de reflexión decidí rechazar el trabajo. Días más tarde volví a recibir una oferta del Centro de Investigación Thomas J. Watson para ser el ayudante del profesor Watson, quizá fuera la oferta que estuve esperando y no la rechazé. El señor Watson tenia la certeza de que si encontrábamos antídotos contra enfermedades como el cáncer, parkison, alzheimer... Podríamos llegar a conseguir la immortalidad. Al principio de empezar a trabajar en el laboratorio el profesor no me dejaba tocar muchas cosas del laboratorio pero a medida que pasó el tiempo empezó a confiar en mi y me daba trabajo para analizar. Estuvimos más de dos años intentando buscar vacunas pero no encontrábamos nada que pudiera ser fiable a la larga, el señor Watson ya era mayor y estaba a punto de morir. Buscando entre los cajones encontré dos líquidos que nos podían ser muy útiles mezcle formaldehído con sales de aluminio y podía ser la solución para ser inmortales. Hablé con Watson y le dije que había encontrado un remedio para las enfermedades y que podia salvarlo a lo que el respondió que preferia morir y que lo utilizara con otros pacientes que realmente lo necesitaran que el ya había aportado todos sus conocimientos a la humanidad. Yo, Charlie Jackson alias "el científico" había demostrado ser un tipo muy inteligente y que tendría un futuro brillante en el mundo de la ciencia.

      El último adiós

      El último adiós

      20 de Mayo, 1950
      Un año que des de que te conozco, y ya sé que eres la mujer de mi vida.
      Catalina, te escribo porque no sé si aguantaré mucho tiempo más. Poco a poco la enfermedad me está consumiendo por dentro, y no quiero marcharme sin despedirme antes de ti.
      Cuando leas esta carta no quiero que derrames ni una lágrima, dicen que son únicas, no hay dos iguales. Así que no quiero que malgastes algo tan único e irrepetible por mí. Quiero que me recuerdes con una amplia sonrisa siempre.
      Todos los momentos vividos junto a ti me los llevaré siempre conmigo, y serán eternamente mi preciado tesoro.
      Recuerda, yo siempre te amaré y te cuidaré, te guiaré y te protegeré, como cuando vinimos a Cataluña, éramos tú y yo . Y que aunque el camino sea difícil siempre tienes que ir con la cabeza bien alta, que tú puedes con todo.
      Quiero que te enamores otra vez, que disfrutes de tu vida y que seas feliz, porque te lo mereces. Y como alguien te haga derramar una de tus únicas e irrepetibles lágrimas, me las pagará.
      ¿Recuerdas aquel 23 de Diciembre cuando nos estiramos a ver las estrellas, y te dije que eras mi pequeña estrella? Siempre lo serás. Y cuando mires las estrellas otra vez, recuerda que nunca debes dejar de brillar, como ellas, que aunque las separen millones de kilómetros brillan cada día sin parar, para que nosotros las podamos admirar.
      Siempre te querré,
      Mariano.

      Y, mientras mi abuela me leía la carta, vi como un pequeño destello que bajaba lentamente por su mejilla, ese destello único que mi abuelo nunca quiso que derramara por él.

      EL UNIVERSO Y NOSOTROS

      EL UNIVERSO Y NOSOTROS

      ¿Cómo somos nosotros comparados con el universo?
      He estado pensando sobre por qué nosotros somos insignificantes comparados con el universo, y por esa razón describo las principales diferencias entre estos dos factores (el universo y nosotros).
      Respecto al tamaño:
      Pensamos que somos pequeños comparados con otros cuerpos del universo, pero si nos paramos a pensar…
      De todo nuestro sistema solar solo el Sol ya forma el 99% de él, y el 1% sobrante lo forman los ocho planetas.
      Así que imaginaros cuanto de ese 1% pertenece a la tierra, (que para nosotros la tierra ya es bien grande), y eso que no somos los seres más pequeños del planeta Tierra. Solo necesitáis imaginaros una mosca o una bacteria comparada con la Tierra o con cuerpos mayores del universo como las estrellas o incluso galaxias.
      Pero no es solo eso, sino que nuestra galaxia, es decir, la Vía Láctea contiene 400000 millones de estrellas como el Sol o más grandes. Y eso que nuestra galaxia no es de las galaxias más grandes que conocemos en este momento (y no son pocas).Cada vez se van descubriendo más galaxias que van ampliando el universo conocido.
      Por eso mismo los humanos nos extrañamos de que no haya vida en alguna otra parte del universo, aparte de en la Tierra, ya que el universo es enorme, por no decir infinito. Por esa causa lanzan al espacio muchos robots y satélites con el fin de investigar nuevos planetas o sistemas en los cuales hubiera habido vida, pudiéramos habitar u obtener energía en un futuro, ya que nuestro planeta está muy contaminado a causa de las fábricas y de los coches. Pero para ello esos planetas necesitan unas condiciones óptimas para la el desarrollo de la vida como por ejemplo la gravedad, una temperatura adecuada, agua líquida, atmósfera...Pero no es solo eso, sino que no esté muy lejos de la tierra, porque supondría un gran gasto de energía el transporte hasta allí, ya que hay que estar llevando alimentos para poder sobrevivir allí.
      Respecto al tiempo:
      Nosotros pensamos que las tortugas viven muchos años si lo comparamos con nosotros, pero en realidad, en la tierra, hay muchos seres u objetos que viven o permanecen menos tiempo. Sin embargo, en el universo, los cuerpos permanecen más de cien veces que cualquier tortuga.
      Por ejemplo, pensemos que una estrella puede vivir millones e incluso miles de millones de años, que si los comparamos con los que podemos vivir nosotros, (alrededor de 70, 90 años) o incluso con cualquier insecto que apenas viven un día, si no los matan antes, nos da idea de la diferencia de tiempo.
      Respecto a la distancia:
      Para nosotros, doscientos kilómetros caminando a pie nos parece mucho. Pero en el universo, esa distancia no es nada. Es tanta la distancia entre la tierra y las estrellas que cuando las vemos brillar en el cielo no sabemos si ha explotado ya y es la luz que aún está viniendo, o es que no ha explotado y sigue allí brillando.

      En conclusión, lo que para nosotros nos parece mucho, para el universo no es casi nada.
      Luis Fernández Jaramillo
      1º ESO C

      En Plena Caída

      En Plena Caída

      ¿Por qué? ¿Por qué vuelo tan de repente? En realidad estoy cayendo desde mi edificio pero tardo mucho no sé porque, ni como llegué aquí. Por lo menos espero que acabe todo bien. Como que ahora estoy llorando ¡no me puedo controlar! y ¿Por qué las gotas caen más lento que yo? Ya lo entiendo es porque pesan menos que yo. Estoy cayendo más lento que una tortuga pero a la vez más rápido que el resto de cosas que también caen, ¿No lo entiendo? A lo mejor es una ilusión mía, no lo sé pero una cosa sí que sé que poco a poco pero cada vez estoy más cerca del suelo. Que será de mi cuando caiga… ¿me haré pedazos o me desintegraré por el camino? No entiendo nada de nada, es como una ilusión parece que esté cayendo pero no acabo de caer. Claro ahora lo pillo todo esto es una ilusión mía, espero salir de esta.
      De repente acabo de caer he tocado el suelo que miedo pero... ¡como que aún no estoy muerto! Como… ¡que puedo pensar! Veo todo negro, debo abrir los ojos, sé que puede parecer un reto. Me estoy mareando veo raro y noto una voz rara que dice: " debes despertarte" esa voz me suena, parece la de mi madre, ¡ostras! de repente veo borroso, acabo de abrir los ojos, puedo moverme, todo el rato he estado soñando. Espero tener al menos un buen día.
      De repente me levanto, voy al lavabo, me lavo la cara y seguidamente me cambio, desayuno y me preparo la mochila. Mi madre me grita: "Ya es tarde" salgo por la puerta pero no me acompaña nadie, me extraño y vuelvo a oír la voz: ¡ya es tarde levanta ya! Es mi madre, estoy seguro pero ¿cómo que dice que me levante si la estoy esperando delante de la puerta para marcharos? Venga por favor (debo de cerrar los ojos). Cierro los ojos y a la que los abro me veo en una situación diferente: ¡como en otro hábitat! Es mi habitación, veo borroso, es posible que haya vuelto a soñar, porque me habré dormido. Mi madre no puede ser, está enfadada, debo ir corriendo al lavabo y hacer todas mis necesidades antes de ir al cole. Mi madre me repite: ¡Son y media a menos 10 debemos estar en la parada del bus date prisa! Quiere decir que en 20 minutos tendría que estar listo, tengo poco tiempo y en dos segundos debería de estar de pié o haberme despertado. Que día más raro, bueno quien dice día dice día y noche. Ahora estoy desayunando por eso ahora tengo tiempo para pensar, tengo la cabeza como un bombo. Bueno me levanto de la mesa una vez hecho todo, me despido de mis padres y voy de camino al autocar. Una vez que llega el autocar me subo, me siento y me relajo. Tener tiempo para uno mismo y pensar es bueno, y mirar todo el rato afuera en el bus te marea porque la vista no puede captar bien el exterior debido a la velocidad y el espacio reducido, pero bueno que le haremos. Ahora después de todo lo que me ha pasado en el día de hoy, tengo razones para atender en las clases de física y química, para poder comprender todo lo me ha pasado hoy, bueno a mí no, a mis sueños locos o a mi consciencia, yo sigo bien. Ahora estoy a punto de llegar al cole para explicar mi experiencia y sobre todo las miles de cosas que he aprendido soñando, nunca mejor dicho.

      FIN

      Energía

      Energía

      Cómo un día cualquiera me levanté a las siete de la cama. Desayuné, me cambié y me fui a la escuela. Como cualquier día pensé que hoy sería otro día más, un día aburrido haciendo asignaturas aburridas. Hoy hubiera sido un día cualquiera sino hubiera visto como un ciclista era atropellado por un autobús. Eran las ocho menos cinco. Me quedé helada como el hielo. No sabía que hacer. ¿Voy a mirar cómo está el ciclista? pensé. Pero… ¿Y si estaba muerto?Siempre me he preguntado que hay después de la muerte. ¿Hay otra vida? O simplemente desapareces para siempre.Pero, ¿Cómo puedes desaparecer? Volví a la realidad, y vi a un grupo de gente ayudando al ciclista, alguien estaba llamando al 112 para que viniera una ambulancia. Me fui con ellos para ayudarlos pero no me dejaron pasar y me fui para la escuela aún pensado en lo ocurrido. En clase de tecnología nos explicaron la ley de conservación de la energía: la energía no puede crearse ni destruirse, sino que se transforma. Entonces pensé, si los humanos estamos llenos de energía ¿En que se transforma nuestra energía? Seguí pensando en el tema hasta que llegué a casa. Lo había casi olvidado, hoy era mi cumpleaños. Con el tema del ciclista, que aún no sabía como estaba, y mis paranoias con la muerte i nuestra energía había olvidado que hoy hacía dieciséis años. Todos mis amigos y amigas me habían preparado una fiesta sorpresa, la cual, obviamente no me esperaba. La fiesta fue perfecta, nos divertimos muchísimo pero acabó muy temprano ya que al día siguiente había cole, y pues claro, teníamos que madrugar. Me fui a dormir, muy feliz, pensando en mis amigos y en la gran fiesta que me habían preparado. Lo tenía muy claro: tenía los mejores amigos del mundo.
      A la mañana siguiente, mientras desayunaba vi las noticias, ya que mi madre era muy pesada en que tenía que ver las noticias para enterarme de lo que pasaba en el mundo. Y salió una noticia qué decía que un ciclista de veintitrés años había fallecido después de ser atropellado por un autobús escolar. Como ayer, me quedé de piedra. No lo conocía, nunca le había visto, pero me supo muy mal. Vi cómo fue atropellado, y seguramente vi como murió, y sin darme cuenta me puse a llorar.
      -Estos ejercicios para mañana, ¿de acuerdo?-dijo el profesor
      Llevaba todo el día sin dar pie con bola, lo del ciclista me había afectado muchísimo, y aparte no paraba de pensar: ¿Y si existen los espíritus? Tenía una teoría. Si cómo dijo el profesor la energía ni se destruye ni se crea sino se transforma, nuestra energía no puede ser destruida, nuestra energía no muere con nuestro cuerpo, por tanto nuestra energía va a algún sitio. Y tras horas pensando, pensé que nuestra energía iba a parar al aire. Que por tanto esa persona se transformaba en aire, en un espíritu libre. Esta es mi teoría, no se puede demostrar ni negar, como todas las teorías, y todo el mundo es libre de creer lo que quiere creer, y yo creo que existe el cielo. Ya que tu espíritu, tu energía va al aire, ¿y qué es el cielo aparte de aire?

      Engranajes que salvan vidas

      Engranajes que salvan vidas

      Eran las 17:00 horas, por lo menos eso era lo que marcaba el reloj que llevaba parado más de tres horas o eso creo, supongo que la fuerza que tenía que ser ejercida para hacer funcionar los engranajes del reloj, había dejado de existir por lo que las manecillas ya no se movían, en este momento me empiezo a dar cuenta de que va a ser el día más largo de mi vida, o quizás nunca saldría de este día, el reloj tenía las pilas nuevas y seguía sin funcionar, yo ya no sabía qué hacer el tiempo pasaba pero el reloj nada reflejaba, pues seguían siendo las 17:00 horas, seguramente mi turno ya había terminado pero había tanto trabajo en el laboratorio que no podía pensar en manecillas que no se movían, pues teníamos un experimento pendiente.
      Me puse a trabajar con las probetas, con los líquidos, con las fórmulas que ya me sabía de sobras, pero sobretodo me puse a trabajar con los guantes, el traje, las gafas de seguridad y toda mi experiencia como científico. Trabajé durante toda la noche sin descanso alguno, estaba demasiado cansado así que después de toda la madrugada trabajando y demasiado trabajo avanzado me fui a dormir, cuando desperté me fijé en el reloj y pude observar cómo se había adelantado una hora, ya marcaba las 18:00 horas. Después de observar el reloj, fui a ver mi experimento, nada había cambiado la cura en la que estaba trabajando no había avanzado mientras yo descansaba, después de prepárame como todos los días, retomé el trabajo donde lo había dejado ayer. Llevaba ya un rato trabajando y el experimento, empezaba a dar resultados, pues después de dos días, la rata con la que experimentábamos, empezaba a curarse aunque nos faltaba por saber cuál era la enfermedad sobre la que estaba actuando la cura por lo que no sabíamos si se podía dar en humanos o solo en animales. Pasaron varios días y la rata empezaba a recuperar el pelo que había perdido antes de inyectarle la cura, en ese momento en el laboratorio nos dimos cuenta que con todo el trabajo realizado semanas antes, habíamos encontrado la cura contra el cáncer. En ese momento nos dimos cuenta de que el reloj había vuelto a marcar su hora, la fuerza que ejercían los engranajes volvía a ejercerse, pero sobretodo nos dimos cuenta de que trabajar en equipo ejerciendo una fuerza cada uno podíamos conseguir algo que daría potencia a muchos enfermos y a todas sus familias.

      Envío Urgente

      Envío Urgente

      Se levantó temprano, porque los astrofísicos tienen esa dichosa manía de lamentarse cada vez que sale el sol. Posó los pies en el suelo, casi como un ritual, y, girando la cabeza, se dedicó a contemplar el retrato de Hubble que reposaba sobre el cabezal de su cama. Lo observó con desasosiego, como si detrás de ese rostro sereno estuviera guardado un secreto que sólo durmiendo pudiera desentrañarse. Medio soñoliento, tanteó la mesilla de noche y cogió las gafas negras que decoraban diariamente su rostro. Tres veces hizo ademán de levantarse hasta que consiguió despegar las sábanas blancas de su camisón y, con una mueca fruto de los tiempos vividos, se dirigió hacia el baño. La melodía que surgía de sus pasos era irregular y, acostumbrado a sus andares de ochentón, simplemente se apoyó sobre un mueble del cual no recordaba el nombre. Las arrugas surcaban su rostro, que no eran sino un signo de la edad, pero le sorprendió percibir un párpado parcialmente caído que ni con esfuerzos logró poner en su sitio. El espejo que antes mostraba la vitalidad de un joven con sueños y esperanzas devolvía ahora la triste imagen de la vejez. Sí, definitivamente se hacía mayor.
      Camisa, pantalones de vestir y chaqueta oscura, algunos lo tachaban de clásico sin saber que era así como vestían los físicos más influyentes de todos los tiempos. Miró su bastón con recelo y caminó despacio hacía la entrada de su casa. Al abrir la puerta el viento le golpeó la cara. Delante suyo se erguía una gran caja de cartón, con distintas pegatinas que la catalogaban de “frágil”. Consecuencias de la edad, no pudo sino desesperarse por imaginar cómo entraría ese gran monstruo en su casa, pues sus músculos ya no eran los de antaño. Se colocó detrás del cuerpo y empujó con todo su empeño, pero apenas se movió unos centímetros. Pensó en calcular la fuerza necesaria para mover el objeto a velocidad constante, pero eliminó la posibilidad, considerando la cantidad de variables que debía tener en cuenta. Finalmente, optó por abrir el misterioso paquete donde lo habían depositado, mientras se quejaba en voz baja de los repartidores sin escrúpulos que cada día lo sacaban más de sus casillas.
      Despegando la cinta adhesiva de las tapas superiores, se asomó al interior del agujero negro, pero no consiguió ver nada. Sería más fácil si rompía los cartones laterales, y ese trabajo le costo poco más de cinco minutos. Con sorpresa, descubrió un pequeño aparato escondido en la inmensidad de la caja, junto a un sobre con su nombre grabado en él. Lo cogió. Sellado con cera negra, parecía un telegrama de los que ya sólo podía disfrutar en las películas, y levantó la comisura de los labios, haciendo una mueca que pretendía ser una sonrisa. Rompió el envoltorio con parsimonia. Un papel aciguatado con una simple frase en el centro.
      Acabé lo que usted empezó, doc.
      Sólo se le ocurrió reír, pues si él era contrario a algo, ese algo era dejar las cosas a medio hacer. Pensó que sería una broma pesada de alguno de sus ex alumnos, cansados de sus clases magistrales de lagrangianos. Sin embargo, la máquina que yacía en medio del cartón seguía cautivando sus ojos, y con gemidos y alguna dificultad se agachó para verla de cerca. Consistía en un cubo de lo que parecía metal con varios engranajes y cables que le daban aspecto de proyecto de feria de ciencias. En el extremo derecho, un botón negro que conjuntaba con sus lentes. “Acabé lo que usted empezó, doc.”. La frase se repetía en su cerebro, como si un programa informático hubiese entrado en un bucle infinito, y la pronunció en voz alta mientras acercaba su dedo tembloroso al botón del trasto. Lo apoyó suavemente, pero decidió acabar lo que había empezado, pulsándolo con decisión. Nada sucedió. La brisa matutina despeinaba el poco pelo que le quedaba, y esperó diez, veinte, hasta treinta segundos para ver si ocurría alguna reacción misteriosa, producida por la imaginación que en esos momentos desbordaba su cabeza. Y, sin embargo, nada sucedió. Frustrado, dio un puntapié al inútil objeto y ortopédicamente se levantó para encerrarse en su casa de un portazo. El exterior no era una buena idea, nunca lo había sido, y el cielo y las estrellas simples caminantes espolvoreados en un manto azul oscuro. Por eso adoraba la noche.
      Desde la ventana que daba a la espalda del viejo, se asomó repentinamente un joven de mirada perdida que contemplaba la casa. Y, si hubiese observado detenidamente su interior, habría descubierto a un hombre, rondando casi los noventa, que renegaba de un mundo en el que el tiempo no daba margen para los milagros. Y ese hombre era él mismo.

      Érase una vez la ciencia

      Érase una vez la ciencia

      Hubo una vez un niño, le habían llamado muchas cosas, gratas y agradables, hirientes y humillantes, pasando por alguna que otra crítica constructiva con solo propósito destructivo -irónico, ¿verdad?-.

      Se lo habían dicho de muchas formas - ¡preguntón, cotilla, fisgón! ¿Qué importa?, prefería curioso. Sí, curioso. ¿Esperabas que te dijera alegre, inteligente, buena persona? La curiosidad es la mejor de sus cualidades, capaz de concebirle preguntas sobre todo lo que le rodea y más allá. ¿Existía algo capaz de saciar sus inquietudes, antes de que éstas acabaran por corromperlo por dentro? Fue así como emprendió el viaje de su vida, el del descubrimiento.

      Su primera parada, una amplia, ruidosa y espumeante cascada, lago esmeralda de aguas transparentes como espejo, cuantiosas plantas con pulcras flores. El cielo, del azul más puro y celeste que jamás pudo imaginar, solo estaba acompañado por un sol imponente y radiante. No se escapaban a su permanente curiosidad criaturas en el agua o aire; se respiraba sosiego y armonía, se respiraba… vida. En ese preciso instante, miles de preguntas abordaron su mente: ¿Qué eran esas criaturas vivas? ¿Cuál era su origen y evolución? ¿Cómo podían nadar o volar? ¿Existían algunas otras? ¿De qué estarían compuestas?...
      Dudó sobre las cercanas montañas: sobre cómo se formaban, sobre sus materiales…

      Se agarró la cabeza con las manos y se gritó: ¡Para, para! Luchaba con su mente, no cesaba de disparar preguntas, como balas a su cerebro. Se hallaba frustrado, agobiado, así que, lleno de decepción consigo mismo, decidió seguir, no encontraba respuestas.
      Anduvo durante un rato con el fin de animarse; la oscuridad pronto se cernió sobre el ambiente junto a millones de pequeños puntos luminosos.

      Miró arriba y su curiosidad le propició esta vez preguntas mucho más profundas que las anteriores. Lo cuestionó todo al ver la inmensidad del firmamento por la noche. ¿Qué había más allá? ¿De dónde venimos y cuál es nuestro futuro? ¿Habrá vida en alguno de aquellos pequeños focos de luz?
      Por haberse centrado en aspectos tan vastos, terminó pensando justamente en lo opuesto, en los más pequeños. ¿De qué estaba compuesto todo lo que podía tocar? ¿Y lo que no, como la brisa nocturna del momento? ¿Podían estos componentes cambiar, del mismo modo que lo hacía el agua hacia esos copos blancos de nieve con los que le gustaba jugar?
      Aquel último recuerdo le hizo pensar en el tiempo, cosa que, como no, también cuestionó. ¿Qué era en realidad el tiempo? ¿Sería posible retroceder y volver a aquellos felices momentos?
      A su derecha una piedrecita y, simplemente porque le apetecía, la tiró hacia un árbol. Reflexionó entonces sobre el movimiento, preguntándose si habría una ley detrás de este, o pasaba de forma aleatoria.

      Navegando entre dudas acabó conciliando el sueño, casi tan profundo como sus preguntas. A la mañana siguiente, vio en su camino unos árboles con curiosas formas en sus hojas, con estructura y orden de perfección incomprensible.
      Finalmente llegó a un poblado, y mirando a un grupo de ancianos reflexionó sobre la historia de las personas a través de los tiempos y sus relaciones.

      Se acercó tanto al grupo que uno de los ancianos se apoyó en su hombro; tenía una barba sumamente larga y ropajes desgatados, se sostenía sobre un rígido bastón.
      - ¿Qué te ocurre, joven?
      - ¡Verá! hace poco decidí hacer un viaje para resolver todas mis dudas. ¿Podría usted ayudarme?
      - ¡Por supuesto! Siempre estoy dispuesto a ayudar a cualquier curioso en apuros, mi nombre es Ciencia.
      - ¿En serio? ¡No puedo creerlo! Pero entonces… ¿usted lo sabe todo?
      - Bueno, decir todo es ir demasiado lejos, ¿no crees? El conocimiento es una isla, el mar, lo desconocido. Si la isla crece, su orilla también, aumentando nuestra relación con lo extraño.
      - Y, ¿cómo hacemos crecer la orilla?
      - El proceso del que te voy a hablar es el mayor secreto que guardo, así que considérate privilegiado porque vas a escuchar el método que yo, Ciencia, uso para todo: primero, obsérvalo todo a tu alrededor, después, realiza una hipótesis sobre ello, una explicación que puedas probar. Ahora viene mi parte favorita, la de experimentar, comprobar que lo que especulas es cierto. Finalmente, si tu resultado es el que esperabas, has de concluir con una ley final, que perdurará. Si fallas, es hora de hacer una nueva hipótesis.
      Déjame que incluya un paso más para completarlo. La última cosa que has de tener en cuenta es la divulgación; casi tan importante es que descubras un enigma, como que lo difundas, así despertarás la curiosidad de otros como tú o como yo, y enseñarles lo que tanto nos gusta.

      Y fue así como hombre y Ciencia entablan una preciosa amistad y vagan por los confines del tiempo y el espacio.

      Es fácil

      Es fácil

      Esta historia trata de dos personajes, el primero es Adolfo un hombre mayor, jubilado, con un carácter serio , recto y siempre anda con el ceño fruncido, alto, con un gran bigote gris y despeinado y una gran barriga . Su familia contrató alguien que le cuidara, porque a su edad se le olvidaban cosas. La chica que contrataron se llamaba Nuria, ella era una estudiante de biología, de piel morena, alta con el pelo rizado, y al hablar ponía un acento latinoamericano muy peculiar, que trabajaba por las mañanas, ya que por las tardes estaba estudiando en la universidad. En casa de Adolfo cada día era igual se levantaba, Nuria le ayudaba con la higiene básica, desayunaban juntos y luego veían la tele, a Nuria no le gustaba estar ahí porque era una casa muy solitaria sin ambiente, ella se había criado diferente, en su casa eran seis hermanos por eso Nuria siempre le proponía actividades:
      -¿Estaría bien ir a dar un paseo por el parque no cree?
      -No, es demasiado cansado
      -¿Quiere ir a desayunar a la cafetería?
      -Uff…Si podemos desayunar aquí, que es más barato y no tenemos que caminar hacia allí.
      Adolfo cuando Nuria le preguntaba siempre le respondía con mala cara y diciendo que era muy cansado o que no tenía fuerzas. Hasta que un día Nuria estaba cansada de estar siempre encerrada en esa casa con un ambiente tan frio y seco, así que se acercó a Adolfo pero y le susurró algo a la oreja. Esa noche Adolfo se tumbó en la cama boca arriba con las manos encima de su barriga y entrelazando sus dedos, estaba reflexionando sobre lo que le había dicho Nuria. La mañana siguiente Adolfo se levantó con una sonrisa, y la siguiente y la siguiente. Y solo porque una estudiante de biología le dijo:
      -Usted siempre dice: ¡Que pereza hacer esto! o , demasiado trabajo! , yo me pregunto porque pone mala cara? Si cuando fruncimos el ceño movemos cuarenta y tres músculos y al sonreír solo diecisiete.

      Escapar del Tiempo