Relatos

  • ADULTO

    ¡Enhorabuena, eres el primero!

    ¡Enhorabuena, eres el primero!

    Escribo estas palabras para quien las encuentre al lado de mi cadáver. Si has recogido esta nota del suelo de mi apartamento en la calle 6, ¡enhorabuena has sido el primero! Por contra, si te encuentras ahora mismo en el interior de la bóveda del Banco Central de las Vegas, ¡enhorabuena, has sido tú el primero! No entiendes nada, ¿verdad? Tranquilo, la mecánica cuántica es anti-intuitiva por naturaleza. Incluso las mentes más brillantes, como el mismísimo Einstein, la negaron hasta el día de su muerte.
    Pero..., ¡qué mal educada soy! no me he presentado. Me llamo Amy Schrödinger. ¿Te suena mi apellido? A lo mejor has oído hablar de la historia del gato en la caja, el que está vivo y muerto a la vez; ¿sí? Bueno, pues el autor era mi tatarabuelo. Fue un físico muy famoso, le dieron el Nobel por la ecuación que lleva su nombre. Pero, ¿qué tiene que ver todo esto mi cadáver? Muy sencillo, yo soy como el gato.
    Todo se remonta a principios del S. XX. Por aquel entonces mi tatarabuelo contribuía al nacimiento de la mecánica cuántica, la teoría que describe el comportamiento de las partículas subatómicas y sus propiedades imposibles. Mi abuelo consiguió explicar el experimento de las dos rendijas. Es algo parecido a lo del gato, pero más sencillo. Imagina que disparamos una partícula hacia una pared que tiene un agujero, ésta puede atravesarlo o impactar en el muro, ¿no? Pero… ¿qué pasa si en lugar de un agujero hacemos dos? Fácil… entrará por uno de los agujeros, por el otro, o se estrellará contra la pared, ¿verdad? ¡Pues no! Los experimentos demostraron, sin género de dudas, que la partícula entrará por los dos agujeros, ¡a la vez! Y… ¿qué demonios significa eso? Pues, lo que parece, que las partículas subatómicas pueden estar en dos sitios simultáneamente. Como yo ahora mismo, que me encuentro escribiendo esta nota en mi apartamento y, a la vez, bajo toneladas de hormigón en la bóveda de un banco.
    Ahora viene lo interesante... los científicos no se lo acaban de creer, así que pusieron un detector en cada uno de los agujeros. De esta manera podrían saber por cuál de los dos entraba la partícula. Su sorpresa fue mayor, cuando registraron la partícula simultáneamente en los dos agujeros. ¡Salvo en un caso! Cuando los científicos se quedaban mirando el experimento, la partícula solo se detectaba en uno de los agujeros. Esto se denominó el colapso de la función de onda por parte de un observador. Dicho simple: si alguien mira se rompe el hechizo.
    Hasta aquí la historia oficial: mi tatarabuelo crea su teoría, gana el premio Nobel, los americanos crean la bomba atómica, etcétera. Lo que mi familia ha mantenido en secreto, no obstante, es que mi tatarabuelo no solo inventó una ecuación, si no que descubrió la manera de bilocarse, igual que las partículas.
    Mi familia ha mantenido en secreto y perpetuado este don generación tras generación. Mi pobre tatarabuelo nunca se perdonó haber contribuido al horror de Hiroshima y Nagasaki, así que mantuvo en secreto lo que, creía, podía convertirse en un arma aún más devastadora. Le prohibió a su hija usar el poder bajo ningún concepto salvo en caso de emergencia y le hizo prometer que ese juramento se perpetuaría en las generaciones venideras; y así fue. Bueno, hasta día de hoy. Digamos que... yo no tengo la fortaleza moral de mis ancestros. Aunque, ahora veo que pagaré cara la traición a mi linaje.
    Decidí que ya estaba harta de currar en un KFC. ¿Por qué tenía que servir pollo frito si podía tele-transportarme dónde quisiera? Robaría un banco: de noche, me bilocaría dentro de la cámara acorazada, mientras mi otro yo esperaría confortablemente en el sofá de casa. ¡Chupado!... ¡Ah!, me olvidé de deciros que, por desgracia, mientras uno está bilocado solo puede desplazarse en unos pocos metros en cualquiera de las dos ubicaciones y solo puede abandonar ese estado cuando alguien lo observa/colapsa. Como el gato, que hasta que alguien no abre la caja no está ni vivo ni muerto.
    Mi plan era esperar agazapada en la bóveda a que alguien de la limpieza entrará, dejarle inconsciente con mi taser y escapar tranquilamente con el dinero. No contaba con que, justo ayer, el banco fue desalojado por reformas y permanecerá cerrado dos meses. ¡Estoy atrapada! No puedo salir de la caja fuerte ni abandonar la habitación de mi apartamento. Llevo una semana sin comer ni beber y creo que pronto moriré.
    Así que ahora mismo, tú, observador, acabas de colapsar mi función de onda haciendo desaparecer mi otro cadáver; Y la única prueba de lo que acabo de contarte es una nota idéntica a ésta, en la bóveda de un banco o en el suelo de mi ruin apartamento.

    ¿Quién vigila al vigilante?

    ¿Quién vigila al vigilante?

    La música estaba demasiado alta y el local estaba lleno, así que no le oía muy bien. Y sí, me había gastado más dinero bebiendo del que llevaba encima, pero el tal Dick no paraba de hablar y además me seguía invitando. No veo qué tiene de malo. Me cayó bien, y todas las chicas le conocían.

    El caso es que contaba historias constantemente, y aunque me dijo que era científico o ingeniero seguro que fantaseaba un poco. Nadie podía haber hecho todas esas cosas, pero eran divertidas y tampoco me importaba. Yo sólo quería emborracharme y olvidar mi vida un rato. Ya no tenía casa, ni mujer, ni galería, ni nada. Nada. A mi edad.

    [Por qué les cuento esto. Ni siquiera sé por qué estoy aquí.]

    Aquel tipo no era como los que se ven en estos locales, pero tampoco parecía un científico, era otra cosa. Le dije que yo era pintor, y que los científicos se pierden la belleza de la vida y del arte, siempre con sus análisis y sus pruebas, diseccionándolo todo. Pero me hizo cambiar de opinión para siempre. Me dijo, "Imagina que viajas a Europa". No paraba de hacer acertijos, así que pensé que sería otro más. Me gustaban.

    [No dejan de mirarse. Está claro que le reconocen.]

    "Supón que vas a Italia, y que allí visitas Florencia, Roma y Venecia, y ves todas esas maravillas. ¿Prefieres hacerlo tú solo, mudo y sordo, o con alguien experto, que te explique todas las historias que hay detrás de tanta belleza? Pues eso hace la ciencia con el mundo, poco a poco". No supe qué decir. Tenía razón.

    Pero luego, después de más copas con historias increíbles de samba y azafatas, se quedó en silencio un rato. Habían quitado la música y pronto empezarían a recoger. Es como si todo ese festival de anécdotas hubiera sido un paréntesis para él, y había terminado. Se había quedado muy serio, mirando el vaso vacío. Estaba claro que algo concreto le preocupaba.

    Así que me volvió a hacer una de sus preguntas, pero esta vez sin brillo en los ojos, sólo mucha intensidad. Ya no estábamos de broma, y me preocupé un poco. Me dijo, "¿alguna vez has perdido a un ser querido?". Por costumbre pensé en mi mujer. Exmujer. Pero ya no era un ser querido y además estaba viva. Así que le dije "Mi madre. Murió el año pasado".

    [Mi madre. Nada ha salido como ella hubiera querido. Pero esto a ellos no les importa. Quiero salir de esta habitación. Cuanto antes.]

    "Perfecto", siguió Dick. "Ahora imagínate que tienes la oportunidad de salvar a tu madre. A muchas madres. A todas las madres de este país. Más aún, que puedes ganar la Segunda Guerra Mundial. ¿Lo harías??" Parecía otra persona, gesticulaba mucho y me pareció un poco loco.

    "Claro", le dije. "¿Y quién no?". Empecé a estar incómodo. Se me quedó mirando un momento.

    [Me miró con lástima. Me miró como a un niño que no comprende los problemas de los mayores. Y supe que la pregunta no era para mí, sino para él.]

    "Y si para salvar esas vidas tuvieras que matar a alguien, ¿lo harías personalmente? O apretando un botón, ¡qué más da!". No me dejó ni pensarlo. "¿Y si murieran cientos de miles? ¿Acaso importa, si salvamos a millones? Pero la cuestión es, ¿lo harías tú?"

    "Nada te garantiza que la guerra no se vaya a volver a repetir, solo que quizá la próxima vez las víctimas seremos nosotros. ¿Y entonces qué? ¿De qué ha servido?" Seguí callado, abrumado.

    "Pero hoy es hoy. Y hay que hacerlo". Se había contestado a sí mismo, y yo no sabía qué decir.

    Estaba claro que allí terminaba la noche, así que nos levantamos y nos fuimos. Nos separamos al salir, y nunca le he vuelto a ver. Ya les digo que era simpático pero no estaba muy bien de la cabeza.

    "¿Nada más?"

    "No."

    "Muy bien. Puede irse, y si necesitamos algo más le llamaremos".

    [No dije exactamente la verdad. Nunca se contestó sus propias preguntas. Pero está claro que ellos le vigilan y sé lo que tengo que decir para evitarle problemas. Dick me había inspirado, me había parecido lleno de vida y capaz de todo, y le deseaba lo mejor. Además, ¿quién les vigila a ellos? Que les den. Sonrío satisfecho, con ilusión, como hace tiempo que no hacía. Quizá aún no haya dicho mi última palabra en la vida, y se lo debía a aquel científico loco.]

    La puerta se cerró, y aquellos dos hombres cerraron sus carpetas. Parecían satisfechos con la información. Feynman seguía en el Proyecto, aunque no había que perderle de vista.

    Átomo a átomo

    Átomo a átomo

    Teseo ha ganado algo de ventaja en el último recodo del laberinto. Ha sido una buena idea embadurnarse con el moho que impregna las paredes. Gracias a eso ha podido dis-traer al olfato del monstruo durante unos segundos cruciales para escapar de su embes-tida y tratar de ganar la salida. Pero ahora el miedo le hace sudar copiosamente y la mugre ya no es suficiente para enmascarar su olor. ¿Qué puede hacer? Por más que corre no consigue ganar el suficiente terreno como para descansar un momento y darles tregua a los músculos de sus piernas. El cerebro le va a mil por hora y no consigue recordar dónde ha perdido el hilo que le dio ella para encontrar la salida. Si fuese capaz de volver sobre sus pasos tan solo un momento. ¿Cuánto tiempo debe hacer que deambula como un loco por esta pesadilla? Una vida entera en penumbra, perseguido por una bestia mitad hombre, mitad toro que solo piensa en devorarle sin piedad. Si sólo tuviera un golpe de suerte. Recuperar la madeja que le lleve al fin a la luz de los ojos de Ariadna.
    Los bramidos cesan. Ya no siente el aliento animal en su nuca. ¿Será posible que haya conseguido burlar al monstruo en su propio reino? Se detiene exhausto. Agudiza el oído intentando captar el más leve indicio de movimiento. Nada. Avanza unos metros más. Escucha. Nada. Gira a la derecha. Ahora la oscuridad es prácticamente total. Palpa una pared delante de él. Silencio. Apoya su espalda contra el muro y se deja caer. Solo un instante. Para coger fuerzas. Toca con las manos la tierra. Toma un puñado. Algo real. Encontrará la salida. Se levanta y tropieza con algo. ¿Qué es eso? A tientas adivina la silueta de un cráneo ¿humano? No es el único, hay más. ¿Dónde se ha metido? Ha caído en la trampa.
    Como salido de la nada el Minotauro obstaculiza la única salida posible. En el pecho de la bestia el corazón late tranquilo. Sabe que ha ganado. La presa está a sus expensas. Sus ojos bovinos le miran con sorna. Dos astas afiladas esperan el momento oportuno para destrozarle el cuerpo. Sabe que no será una muerte agradable.

    —Suficiente por el momento. Ven aquí, amiguito.

    En el laboratorio de nano robótica el profesor Freeman pulsa el botón de apagado de la cámara de alta resolución que ha estado grabando la primera prueba del proyecto en el que está trabajando. Analizará las imágenes más tarde. Con todo detalle. Sin embargo, le gusta registrar una primera impresión de lo que ha observado con sus propios ojos a través de la lente convergente. A una orden de su voz se conecta el micrófono del bloc de notas del ordenador.

    —Technological Engineering Specimen: Evaluation One (T.E.S.E.O). Tiempo de dura-ción dieciocho minutos y veinte segundos. Ya en la primera prueba, se aprecia una clara capacidad del nano robot para desarrollar capacidades de aprendizaje y adaptación que no le han sido injertadas en su software cerebral. Nota: verificar si dicha característica se debe a recuerdos residuales procedentes de las células neuronales utilizadas en el prototipo. Estudiar como las sinapsis biológicas interactúan con los componentes metálicos para optimizar la orientación espacio-tiempo.
    Es necesaria una mejora de las capacidades motoras del espécimen. Las microfibras de biomasa muscular no se han anclado de manera óptima al esqueleto de titanio altamente eficiente. A pesar de las carencias observadas, el proyecto T.E.S.E.O ha conseguido establecer por sí mismo relaciones de causa-efecto de alta complejidad que no se habían observado hasta la fecha en nano robots sin componentes biológicos.—El profesor consulta su reloj.—Cierra micrófono.

    Descubrimientos

    Descubrimientos

    Hacía muchos años que no se quedaba sola con una niña pequeña, sus años de monitora quedaban muy atrás en el tiempo. Además esta niña era su sobrina, no era una niña cualquiera, y se le caía la baba con ella desde el día que nació, cuando la conoció con apenas media hora de vida. Así que cuando sus padres le dijeron que si se podía quedar con ella, evidentemente dijo que sí. La mocosa tenía un año, todavía no hablaba, pero ya decía cosas. Monosílabos, uno tras otro, y cosas que nosotros, los adultos de su vida, queríamos oír como “agua”, “árbol”, “mamá” o “papá”.

    Salió pronto del laboratorio y fue al encuentro de la familia. Los padres de la criatura tenían una cita con el médico, y no querían llevarla con ellos. Habían quedado en un parque a mitad de camino entre el labo y su casa, donde había unos columpios que, por lo visto, hacían las delicias de la peque.

    — Bueno, todo lo que necesitas está en el bolso. Hay comida de sobra, y una muda completa por si hiciera falta, que yo creo que no — dijo su cuñada.
    — Estupendo — dijo ella —, además yo sé que si pasa cualquier cosa, os llamo y listo.
    — Muy bien, pues a la que salgamos del médico te llamamos y ya cenamos todos juntos, ¿te parece bien?
    — ¡Me parece genial! Ahora tú y yo nos vamos a ver los árboles y los columpios — añadió mirando a su sobrina, que le devolvió una sonrisa de abuelilla, enseñando los dos únicos dientes que tenía.

    Se despidieron, y echó a andar con su sobrina. En seguida quiso salir del carrito y andar agarrada a sus manos. Todo era nuevo, aunque en realidad no tan nuevo como hacía unos meses. Ya había visto este parque, y, probablemente, lo recordaba. Ya sabía que tenía dos manos, dos pies, ya había aprendido a asir los cubiertos… Esos grandes hitos ya estaban superados. Ahora estábamos aprendiendo a andar y a hablar.

    Se descubrió a sí misma pensando que cuándo había sido la última vez que ella había descubierto algo. Lo que fuera. Cuándo había sido la última vez que había hecho algo por primera vez.

    — El listón está muy alto — empezó a decirle a su sobrina, en voz alta —, porque tú te acabas de descubrir partes del cuerpo. ¿Cómo voy a competir con eso?

    Y siguieron andando. Entonces su sobrina se paró en seco, y empezó a seguir con la mirada a un abejorro. Lo seguía con una agudeza visual tremenda. Cuando el abejorro se posó en una planta, lo señaló con el dedo. Sabía perfectamente dónde estaba.

    — Eso es un abejorro, género Bombus que añadiría tu padre si estuviera aquí. ¿Es tu primer abejorro, cielo? Vamos a pensar que sí, que así me siento un poco más parte de tu vida — añadió, un tanto tajantemente.

    Se quedaron sentadas en el césped y se pusieron a jugar con uno de los muchos juguetes que había en el carrito. En concreto, con unos animales que formaban una especie de trenecito, y a los que si se les apretaba en según qué partes, hacían ruidos más o menos desagradables. Y entonces, de repente, se dio cuenta. Descubrirse una mano es algo, probablemente, sin parangón. Pero descubrir un abejorro es algo que tampoco está nada mal. Y si descubrir un abejorro era un hito… También lo era ver por primera vez estructuras intracelulares en un microscopio confocal. Y se lo dijo a su sobrina:

    — ¿Sabes una cosa? Yo también descubro cosas, enana — y la enana le devolvió la mirada muy seria —. Lo último que he descubierto es que puedo ver vesículas moverse por el citoesqueleto de mis neuronicas, ¡y puedo verlo en tecnicolor! — Su sobrina había dejado de jugar, y la miraba como si estuviera esperando más —. Y de hecho, puedo hasta grabarlo en vídeo y enseñártelo luego, ¿quieres?

    Y así, con la pregunta flotando en el aire, se quedaron las dos sentadas un rato. Mirándose. Hasta que la peque perdió la paciencia, se levantó agarrándose del pelo y del jersey de su tía, y le dió un beso. Pasó en un segundo, pero, para ella fue el segundo más mágico del día, del mes, del año. Cuando reaccionó, quiso abrazarla para darle un beso bien sonoro, pero para entonces apareció otro abejorro, y ella pasó a un segundo plano.

    — Vamos a perseguir al abejorro — dijo muy bajito —, que descubrir algo nuevo, no tiene precio.

    El fin de la ciencia

    El fin de la ciencia

    ...tic, tac, tic, tac...
    El tiempo es relativo, ¡qué gran verdad! Llevo aquí sentado, en esta sala, no más de 10 minutos y para mí es como si fuera una eternidad. ¡Qué brillante concepto el del tiempo!, si no tuviéramos una palabra para definir el tiempo, ¿existiría este acaso? Pienso demasiado en el tiempo, no tengo remedio.
    No sé de donde viene mi obsesión por el tiempo, lo que sí sé es que los recuerdos están construidos de tiempos pasados, y esta sala me recuerda a otra similar, donde comenzó todo. El origen de mi obsesión por el tiempo lo desconozco, pero sí sé que esta obsesión me llevó a estudiar la carrera de física, necesitaba entender qué es el tiempo. Esta pasión la combiné desde el principio de mis estudios, con la de contar historias, por que la física, querido lector, está construida por historias. Por lo que llevo años uniendo mi pasión por la física y por contar historias. Por eso mismo estaba en esa sala de espera, y hoy estoy en esta otra. En la primera esperaba a ser entrevistado por el editor jefe del medio de comunicación científica más importante del mundo. Estaban buscando a un nuevo editor, buscaban a gente creativa, brillante, con ideas nuevas,...y ahí estaba yo...que lo único brillante que tenía era la consecuencia inequívoca del paso del tiempo y su efecto sobre los folículos capilares. El editor jefe me saludó afable, amigable, conocía mi curriculum y le gustaba, comentó las buenas referencias recibidas y comentarios positivos sobre mi forma de escribir, según él, creativa, brillante y cargada de nuevas ideas para contar la ciencia. Estaría encantado con contar conmigo en su equipo, pero para ello tenía que pasar una prueba para la que me dio treinta días, en los cuales tenía que escribir un solo artículo. Simplemente tenía que describir cuál es el fin de la ciencia.
    ...tic, tac, tic, tac...
    Al principio me pareció sencillo. Comencé haciéndome a mí mismo dicha pregunta... ¿cuál es el fin de la ciencia? ¿cuál es el objetivo de descubrir, aprender? ¡Qué extraña naturaleza la del conocimiento! me dije a mi mismo sin poder encontrar otra respuesta. Diseñé un plan, entrevistar a las personas más brillantes del mundo científico a las que pudiera tener acceso. Muchos me hablaron sobre la curiosidad humana, responder preguntas a priori sin respuesta, aportar algo a la sociedad o la pasión por descubrir. Necesitaba más respuestas. Por lo que amplié el abanico de entrevistados, para los empresarios, una forma de ganar o perder dinero, de generar valor añadido. Para los políticos, a pesar de floridas respuestas demostraron que para ellos es algo invisible. Hablé con artistas, que grandes respuestas me aportaron, la ciencia es arte, me dijo uno de ellos, yo creo esculturas y diseños mientras ellos crean respuestas, sinceramente, fue una de las respuestas que más me conmovió. Necesitaba más respuestas, por lo que hablé con filósofos que me hablaron de la ciencia como constructo social y cuyo fin no es más que el principio, por lo tanto crear más preguntas. Hablé con deportistas, cocineros, periodistas, diseñadores, agricultores y hasta youtubers, y muchos de ellos coincidieron en que el fin de la ciencia es generar nuevas oportunidades.
    ...tic, tac, tic, tac...
    A día de hoy, tiempo después, en esta sala de espera, sigo sin saber cuál es el fin de la ciencia. Tengo respuestas, muchas, pero no tengo "la respuesta". Por fin conseguí concertar una entrevista con la persona más brillante de la neurociencia. Su conocimiento sobre el cerebro nos ha abiertos nuevas puertas y están cambiando por completo nuestro concepto de humanidad. Es la clara heredera intelectual de Santiago Ramón y Cajal. Espero que me de la respuesta definitiva.
    Por fin se abre la puerta.
    -Adela, ¿no?, por favor discúlpame por haberte hecho esperar, pero es que estaba hablando con Jan, mi hijo. Creo que el te puede dar una respuesta mucho mejor que la mía sobre esa gran pregunta que me quieres hacer. - Ante mí, veo a un chico joven, de no más de 25 años, cuya mirada transmiten una preciosa mezcla de esperanza y confianza.
    -La verdad que en mi día a día me pregunto muchas veces sobre la finalidad de la ciencia. Creo que el fin de la ciencia es hacernos uno, es crear comunidad, el verdadero fin de la ciencia es derribar las estúpidas fronteras que el ser humano se empeña en crear, es tender puentes, crear conexiones. No me cansaré de decir que la única frontera en la que debemos invertir como humanidad es en la frontera del conocimiento.- Se hizo un pequeño pero maravilloso silencio, definitivamente esto es lo que quería escuchar, es el cierre perfecto para mi reportaje.
    -Gracias Jan, solo una cosa más, ¿a qué te dedicas?
    -Soy profesor.

    El idioma vacío

    El idioma vacío

    En el país de Anumeria, todos los niños aprendían desde pequeños un idioma extranjero. Era un idioma que parecía ser muy difícil y que les costaba mucho esfuerzo. Pero tenían que aprenderlo, les decían, porque les sería muy útil en la vida.

    El idioma extranjero estaba formado por cientos de palabras, algunas muy complicadas de escribir y de pronunciar. Tanto, que el pequeño Bahir nunca conseguía distinguir una de otra.

    Siempre le sorprendía que a su amiga Sofía no le costaba nada aprender el idioma. “¿Ves? es muy fácil. Esto significa agua… esto, tierra… esto, flor”. Oyendo a Sofía, uno podría creer que era sencillo. Porque cuando ella escuchaba una palabra en el idioma extranjero, en su mente parecía dibujarse la imagen del objeto que le correspondía.

    Sin embargo, Bahir no entendía nada. Para él, aquellos sonidos estaban vacíos, sin sentido. Memorizaba las frases, pero en su mente no se dibujaba absolutamente nada.

    A menudo se equivocaba, y ponía letras de más o de menos en sus ejercicios. “Qué más da” , pensaba. “Esto tiene tantas letras, que nadie se va a dar cuenta”. Pero la profesora le ponía un cero, porque -decía- lo que él había escrito no tenía sentido o significaba otra cosa totalmente distinta.

    A veces, Bahir deseaba comprender el idioma. Quizá así se lo aprendería mejor. Pero…, si escribirlo ya era complicado, ¡aprenderse el significado tenía que ser aún peor! No, no. Ya tenía bastante con estudiarse lo que le mandaban y hacer los ejercicios del libro.

    En realidad, el significado no parecía ser lo más importante. Si uno prestaba atención a las clases de idioma, estaba claro que lo fundamental era saberse las palabras y frases de memoria, y conseguir escribirlas y pronunciarlas correctamente, deprisa, y sin errores. Esto era lo que siempre se pedía en los exámenes, así que seguramente era lo que más importaba.

    De vez en cuando algún niño en clase levantaba la mano y preguntaba: “¿Y esta frase para qué sirve? ¿Cuándo se usa?” Pero la profesora nunca tenía tiempo de responder. ¡Había tanto trabajo para poder cumplir el programa! “Ya lo entenderéis cuando seáis mayores y habléis bien el idioma”.

    Pero lo cierto es que la gran mayoría de los niños nunca llegaba a hablarlo. Cuando terminaban la enseñanza obligatoria, lo olvidaban por completo, y solo alguna palabra les sonaba remotamente. “Ah… el idioma extranjero. Nunca se me dio bien”, decían, con media sonrisa. “Total… todo el mundo sabe que, en realidad, ese idioma no sirve para nada. La gente nunca lo utiliza”.

    Bahir, como casi todos los niños, se peleó durante horas y horas con el idioma extranjero, cada semana, cada mes, cada año. A fuerza de repetir aquellas extrañas palabras, consiguió cierta soltura en escribirlas y pronunciarlas bien. Con ello aprobó sus exámenes y terminó la enseñanza obligatoria.

    Cuando fue mayor de edad, quiso viajar para ver mundo, y estuvo trabajando en distintos países. Al cabo de unos años, sus pasos le llevaron al lejano país de Matematia. Allí, para su sorpresa, todos hablaban el idioma extranjero que él había estudiado en la escuela. Lo hablaban de manera cotidiana y natural, y a nadie le parecía tan difícil.

    Pero ellos lo hacían de forma distinta… ¡claro! Ellos no repetían las palabras mecánicamente: las usaban cuando hacía falta, y sabían lo que querían decir y para qué servía cada una. También sabían cómo cambiar un poco las frases cuando querían expresar algo distinto. ¡Todo empezó a tener sentido! Le dijeron: “Esto significa que la cuesta sube… esto, que la cuesta baja… Aquello significa que no puedes hacer este recorrido sin pasar dos veces por el mismo sitio”. ¿Por qué no me lo enseñaron así desde el principio?, se lamentaba Bahir.

    Empezó a gustarle el idioma de Matematia. Descubrió que muchos libros interesantes estaban escritos en ese idioma, y también que gracias a ese idioma la gente había aprendido a construir aquellos objetos que todos usaban: ordenadores, teléfonos, televisión, automóviles, y que sin ese idioma tampoco existirían cosas como los viajes espaciales o la cura de muchas enfermedades.

    Bahir regresó a Anumeria, y se dedicó a intentar convencer a la gente de que el idioma de Matematia no solamente servía para algo, sino que además incluso era bonito y divertido. Habló con los profesores de los colegios, institutos y universidades, y entre todos pensaron otras maneras mejores de enseñarlo.

    Hoy, Bahir trabaja para el Ministerio de Educación de su país. La ministra de Educación es Sofía, su compañera del colegio. Ambos han conseguido comunicar a todos la importancia de aprender, no solo el idioma matemático, sino lo que hay detrás de él. Ahora en todas las escuelas lo enseñan de otra forma, y los niños y jóvenes de Anumeria están muy contentos aprendiéndolo. Probablemente tendrán que cambiar de nombre al país.

    EL MAYOR DILEMA JURÍDICO

    EL MAYOR DILEMA JURÍDICO

    [3 de febrero de 2027. 11:32] El triste despertar.
    Los pesados párpados se fueron abriendo poco a poco. Luces azules destellantes explosionaban entre el amasijo de carrocerías de coches y camiones, hasta caer al suelo y desaparecer en el instante de un momento. Sonidos estridentes. Humo. Desolación.
    Miles de piezas retorcidas nutrían el asfalto. Un asfalto gris y siniestro que propiciaba la imagen de un informativo, en primera plana, aunque eso poco importaba a Talbot. Él sólo albergaba dos preguntas, sin respuesta aparente; ¿Quién soy? y sobre todo, ¿Qué ha sucedido? –
    Dos personas que se acercan. Un universo que se desvanece. Lagunas cíclicas sobre las que navega el mayor de los desconciertos. Manos que te inspeccionan. Visión que se va.
    [14 de febrero de 2027. 16:47] Una misteriosa abogada.
    Las imágenes fueron volviendo poco a poco, como el sol en un amanecer en noviembre. La sofisticada imagen de una mujer rubia, de unos cuarenta y tantos años apareció ante los ojos de Talbot como la de una especie de ángel que venía a dar un poco de luz a la oscuridad.
    - Buenos días. Mi nombre es María Ramos, soy su abogada – aseveró la mujer.
    Talbot no se sorprendió lo más mínimo al escuchar aquella palabra en lugar de “enfermera” “médica” o algo más previsible tras un accidente. Sencillamente procedió a evaluar la situación. Sus ojos comenzaron a recorrer la estancia en la que se encontraban. El despacho estaba decorado profesionalmente. Tenía un estilo impecable, con predominio del blanco, con unas lánguidas cortinas perfilando la habitación. El contrapunto de color lo ponían distintos complementos, le llamó poderosamente la atención la infografía de un “autobot”. Su mente se apoderó de aquella imagen familiar. Desconcierto. Dudas.
    - Mi nombre es Talbot, pero creo que eso usted ya lo sabe – replicó él -. ¿Por qué estoy aquí? – continuó. Y, percatándose de que estaba inmovilizado en una silla y sin poder mover su cuerpo preguntó ¿Por qué estoy inmovilizado en su despacho? No entiendo la situación ¿qué sucede?
    - ¿Qué es lo último que recuerda? – preguntó ella, en lugar de contestarle -
    Talbot hizo un análisis de sus últimos recuerdos. Había algunas partes muy confusas, lo que tampoco le alteró lo más mínimo. Sencillamente intentó aglutinar los datos que recordaba para dar una respuesta coherente.
    - Formo parte de la empresa “Corex Logistics”. Trabajo en un proyecto para el desarrollo de camiones sin conductor. Mi tarea consiste en testar una modalidad de conducción en la que seres humanos, con ayuda de inteligencia artificial, se conectan con conjuntos de vehículos driverless desde la distancia. Estos vehículos están dotados de un tipo de robots denominados “Autobots” que facilitan la descarga o carga y que también van conectados a los seres humanos y a la Inteligencia Artificial.
    La abogada miró los datos que reportaba su dispositivo sobre la respuesta de Talbot y marcó un check con un punto positivo. Talbot continuó explicando que sus últimos recuerdos le transportaban a la carretera local de entrada a Novelda. A 32 metros antes de llegar al cruce con la vía del tren- explicó con su mirada perdida - un grupo de 7 niños apareció repentinamente en la carretera, y que la aparición fue tan imprevista que sólo tuvo dos opciones técnicas para reaccionar; o atropellarles o desviar el camión hacia la izquierda y chocar contra otro camión que venía de frente. Talbot manifestó que optó por lo segundo en milésimas de segundo y que lo ejecutó de forma inmediata para evitar el atropello. El choque contra el otro vehículo se produjo y un par de segundos después el camión estalló y el impacto le dejó fuera de juego. Según Talbot, su siguiente recuerdo era la visión de muchas piezas rotas sobre el asfalto de la carretera, luces de policía y dos personas que se acercaron a él para ver cómo estaba y ahí perdió de nuevo su conocimiento hasta hoy.
    - Y ahora – continuó Talbot – que ya le he explicado mis recuerdos y quien soy, ¿puede decirme por qué estoy hablando con una abogada?
    - ¿No recuerdas nada del tren? Respondió María con voz amable.
    ¿Tren? ¿qué tren? – pensó Talbot -. Su aún dañada mente repasó todos los datos que recordaba. No había ni un solo recuerdo sobre algún tren. El pertenecía a una empresa de camiones, no de trenes. No tenía mucho sentido la pregunta.
    - En absoluto – sentenció -. No tengo ningún recuerdo relacionado con un tren. ¿Cuál es el motivo de su pregunta?
    Los grandes ojos de María bañaron su mirada de tristeza y comprensión a partes iguales. La comisura de sus labios se curvó para desplegar una pequeña sonrisa solidaria, como para hacer más llevadero lo que tenía que explicarle. No sería fácil rememorar lo que sucedió.
    [4 de febrero de 2027. 15:00] La insólita noticia.
    Alfredo encendió su “Smart TV” para conocer las novedades sobre el accidente del tren. No se hablaba de otra cosa. La cabecera de titulares dio paso al presentador:
    “Un conjunto de circunstancias nefastas e imprevisibles” Así es como ha calificado David Larous, el CEO de la empresa “Corex Logistics”, respecto el accidente de ayer en Novelda. La cifra de muertos asciende ya a 413, además de los 187 heridos – 23 de ellos en estado muy grave -. Damos paso a Laura, desde Novelda. Laura ¿Cómo están viviendo los hechos los vecinos de la zona?
    La cara preocupada de una joven reportera de pelo moreno y aspecto desenfadado apareció en pantalla.
    - Sorprendidos y yo diría que estupefactos – aseveró Laura -. Los hechos, como sabemos sucedieron ayer en este lugar en el que me encuentro. A las 11:15 un grupo de 7 niños que estaban en una pelea invadieron bruscamente la carretera, ante un camión semiautónomo de la empresa “Corex Logistics”. El vehículo tuvo que decidir entre atropellar a los 7 niños o virar y chocarse contra otro camión que venía de frente y optó por esto último.
    - Esto – interrumpió el presentador - ¿fue lo que provocó la explosión, Laura?
    - Así es – contestó la reportera -. La mala suerte hizo que el camión contra el que chocó llevase varias bombonas de gas para soldadura que estallaron en el acto, provocando que numerosas piezas metálicas fuesen diseminadas por toda la carretera y vías del tren. Apenas un minuto tras el accidente, un tren AVE que realizaba su recorrido, apareció en escena. Sobre las vías, quedaron dispuestas varias piezas metálicas en forma de cuña que provocaron el descarrilamiento del tren, volcándolo completamente 180º y haciendo que impactase contra un autobús y varias casas, un restaurante y otros vehículos. Según los primeros indicios, esto originó una reacción en cadena y el fuego, el humo y las explosiones produjeron el fatal desenlace.
    [14 de febrero de 2027. 16:58] El gran dilema jurídico
    Tras escuchar los hechos igualmente, de mano de la abogada, Talbot intentó asimilar y entender qué suponía esa situación para él y para su empresa. 413 muertos y 187 heridos era una cifra realmente preocupante. Lo fue más aún cuando la abogada comenzó a mostrarle las imágenes del accidente.
    Amasijos de acero quemado velaban restos de cuerpos ahumados, cortados o destrozados. El humo que borboteaba desde entre los trozos de desolación extrema parecía una suerte de caminos verticales por las que las almas perdidas pudiesen trepar para encontrar el cielo. Bomberos, policías y personal médico se afanaban sin éxito en intentar salvar alguna vida más. Lloros y sangre fluían a partes iguales de entre personas que ya nunca volverían a ser las mismas.
    - ¿En qué posición nos deja este hecho a mí y a mi empresa? ¿Estoy acusado de homicidio involuntario?
    - Así es – replicó la abogada -. Pero no sólo eso. Jurídicamente hablando nos encontramos ante una de las situaciones más complejas de la historia del Ciberderecho, e incluso del Derecho en general ¡si no la más complicada!
    - ¿Y eso por qué? - Espetó Talbot -
    La abogada respiró hondo. Vamos a tener que empezar por el principio. Debo remontarme a mayo de 2018, cuando en toda Europa entró en vigor la Directiva 47/2014 EU que obligaba a los camiones a ser estibados en base a una serie de normas técnicas.
    [20 de mayo de 2018] Aquel novedoso artículo

    “(…) La realización de las tareas de carga y descarga es una de las cuestiones más controvertidas, desde el punto de vista jurídico, ante la imprecisión de la normativa actual española, arraigada a diversos usos y costumbres en el mundo del Transporte.
    Expedidores y transportistas deberán cumplir los mandatos de la Directiva 47/2014, traspuesta en España por medio del Real Decreto 563/2017, que entrará en vigor en mayo de 2018.
    Hasta el momento, en la normativa española no disponíamos claramente de instrucciones precisas sobre cómo se debe estibar la mercancía, salvo lo establecido en la norma técnica EN 12195-1 2010. Esta norma, dispone de una serie de fórmulas complejísimas que nos ayudan a saber las técnicas de estiba a emplear, así como los útiles y las trincas (cintas de amarre, cintas de un uso, etc.) a emplear. Existe un total desconocimiento en la materia, lo que supone una alta tasa de accidentes al considerarse que entre el 35 al 45% de accidentes en carretera se deben a una mala estiba de la carga.
    Lo que está claro es que, el RD 563/2017 deberá adaptarse también en un futuro a la estiba de camiones semiautónomos o autónomos, cuando estas complicadas labores las realice un “autobot” con ayuda de IA (…)”.
    14 de febrero de 2027. 17:10] El cambio del robolaw.
    Talbot levantó la vista de un artículo de archivo que le acababa de mostrar la abogada y se preguntó qué tenía que ver eso con el accidente.
    - No entiendo muy bien por qué me cuenta esto – confesó Talbot con relativa tranquilidad –
    - Porque este cambio normativo fue el origen de los autobots de carga y descarga – replicó la abogada -. Al tener que ir toda la carga sujeta acorde a estas normas técnicas, cuando se reguló el tráfico de vehículos autónomos en 2024, se fijó que tenía que ir, al menos un autobot por vehículo para verificar la carga, volverla a sujetar o a apretar en caso de necesidad, etc.
    - Uhmm, interesante - respondió Talbot -. Creo que fue una decisión acertada, la carga de un vehículo puede soltarse o presentar algún problema durante el trayecto. Es importante que se tenga una solución.
    [18 mayo 2024] Extracto de artículo sobre robolaw y nuevo RD uso de autobots en estiba de cargas

    [26 de marzo de 2026. 11:34] Un proyecto ilusionante
    Fusionar supervisión de una persona, con la visión artificial y dominar con ello desde la distancia parecía algo casi de ciencia ficción. Pero no lo era en absoluto. Talbot ya había hecho muchos proyectos similares y estaba convencido de su aplicabilidad en el transporte.
    Quizás por ello se presentó en la sede de “Corex Logistics” y quizás por eso pareció espoleado hacia el éxito en este gran proyecto. Los autobots y el vehículo supervisado por una super-mente sinérgica – humano – inteligencia artificial. Irresistible para alguien como Talbot.
    [14 de febrero de 2027. 17:20] La noticia que cambió la historia.
    María tomo un sorbo de agua, como para tomar fuerzas, y así poder proceder a explicar la última parte de los factores que influían en el accidente de tren y en las posibles acusaciones a su defendido.
    - Lo último que tengo que explicarte – comentó María – es que, tanto los vehículos autónomos, como las inteligencias combinadas – IA + humano – que los supervisan, están sujetos a una serie de programaciones y protocolos de reacción, como el de matar al menor número de personas posibles en lugar de encontrarse con situaciones inevitables.
    - Lo sé - respondió Talbot – Me conozco los protocolos al dedillo, recuerde que soy programador de vehículos y “autobots driverless”. Por eso no entiendo qué hago aquí, sin poderme ver y sin poder moverme. Apliqué correctamente el protocolo HAYL por el que en caso de accidente se elige legalmente la menos lesiva de todas las opciones posibles.
    María miró a su defendido con cierto aire de tristeza y se preparó para comunicarle las malas noticias.
    - Talbot, ¿qué recuerdas de esa mañana y de tu mujer, Olivia?
    El reflexionó unos segundos, como intentando sacar la carpeta de recuerdos adecuada…
    [3 de febrero de 2027. 6:32] Un viaje en tren.
    Olivia se afanaba en intentar colocar la maleta en la repisa del AVE. Talbot le echó una mano.
    - Menos mal que al final has podido acompañarme, Talbot – le susurró con cariño -. Te agradezco mucho que vengas a ver a mi madre.
    - También es mi familia - respondió él -. Ojalá la operación salga bien, no me gusta verte preocupada.
    Olivia sonrió mientras se sentaban y supervisó el sitio como para comprobar que era lo que su esposo necesitaba para poder realizar el trabajo durante el trayecto.
    - ¿Estás seguro de que puedes controlar el camión y los “autobots” desde aquí durante todo el trayecto? ¿No tendrás problemas de conexión en los túneles o falta de cobertura?
    - Está perfecto, no te preocupes. No creí necesario pedir el día libre. La IA funciona desde un servidor instalado en el propio camión y si yo me desconecto durante unos segundos o minutos, ella actuará de forma independiente. Los túneles no deberían ser problema.
    - Genial - respondió ella – No entiendo cómo aceptaste pilotar vehículos con “autobots”, con lo crítico que eres con ellos.
    Talbot recordó lo poco que le gustaban aquellas “máquinas”. Aquellas que quitaron el trabajo a tantos amigos y familiares. Gran parte de todos los males venían de los “autobots”; desempleo tecnológico, la brecha social…-recordaba, aunque Olivia tratara de convencerlo de lo contrario. Cielo – le regañaba – la evolución humana es algo innato, los trabajos de hoy día no son los mismos que los de nuestros abuelos, todo cambia, para mejor, la clave es adaptarse a los nuevos modelos de negocio.
    [14 de febrero de 2027. 17:30] La cara oculta de la verdad.
    María se giró con cara de sorpresa.
    - Desconocía que no le gustasen los “autobots”.
    - En absoluto – espetó Talbot –
    - Pero usted los programa y trabaja con ellos.
    - Yo soy un experto en vehículos “driverless”. Lo de los “autobots” fue un cambio de rumbo frente al camino que había escogido hasta entonces.
    Talbot explicaba que hasta que él empezó a desarrollar protocolos ciberhumanistas (1), los “autobots” básicamente habían servido para sustituir a seres humanos, sin ningún tipo de protocolo. Talbot expuso que incluyó programas de recolocación humana obligatorios y, también, algunos avances muy importantes en ciber medicina. Por ejemplo, el desarrollo HAYCO, diseñado por él, permite trasladar una “conciencia” humana completa desde un ser humano a un “autobot”, lo que supone una segunda oportunidad para mucha gente que está desahuciada o con parálisis muy graves.
    - ¿Aplicó usted el desarrollo HAYCO en el proyecto “driverless” del accidente? Preguntó María.
    - Naturalmente. Es un seguro de vida para todos aquellos que participábamos.
    - ¿Cómo es eso? Explíqueme por favor cómo es eso en la práctica.
    Talbot explicó que las conexiones entre una IA situada en un vehículo “driverless”, un ser humano y un “autobot” requieren de una situación de inter-relación ciber-biológica muy compleja. En este tipo de situaciones, si se produce cualquier accidente durante la misma, una de las partes puede albergar a la otra, para mantener temporalmente la “mente gestora conjunta”. Propiamente no es un “teletransporte” de una mente, sino más bien la generación de una réplica provisional de la original.
    - Entonces - continuó la abogada - si usted hubiese tenido un accidente durante su viaje en tren, mientras gestionaba el vehículo, ¿su “conciencia” se hubiese trasladado por protocolo de emergencia a las otras partes?
    - Sí, así es. Concretamente a la IA del vehículo para ser transferida a mi cuerpo, una vez recuperado.
    - Sabía, desde que decidí aceptar este caso, que sería uno de los mayores dilemas jurídicos de la historia y usted me lo acaba de corroborar.
    Talbot seguía sin entender a la abogada. Y tampoco entendía por qué no podía verse. Ni por qué le atendía una abogada y no personal médico o psicológico, que hubiese sido lo normal en estos casos.
    - No entiendo nada – aseveró Talbot -. No deja usted de hacerme preguntas, pero no me dice por qué estoy en esta posición tan incómoda y de qué se me acusa. ¿Dónde está mi mujer? ¿por qué me ha preguntado por ella? ¿y qué diablos es eso de que este caso es uno de los mayores dilemas jurídicos de la historia? ¡¡Le exijo respuestas y no le tolero ni una pregunta más!!
    - Cálmese, por favor. Estoy de su parte, soy su abogada. Si le estoy haciendo estas preguntas es porque yo también tengo mis protocolos.
    María continuó hablando hasta que Talbot pareció algo más calmado. Entonces le planteó las siguientes preguntas referentes al caso:
    1. Si una “conciencia humana” es transportada e implementada en una IA o un “autobot”, y estos comenten un delito, ¿deben ser juzgados como personas, como elementos tecnológicos?
    2. El protocolo indica que en caso de accidente inevitable hay que realizar la acción que menor daño cause. En el accidente se optó inicialmente entre matar o dañar a 7 niños o matar o dañar al conductor del otro vehículo. Pero eso era mera teoría. El protocolo HAYL habla de daños reales y por tanto el hecho de que fuese a pasar un tren y hubiese un 74,3% de posibilidades de que se viese afectado gravemente por el accidente que se iba a ocasionar al camión habría de haberse contemplado.
    3. Si un ser humano gestor de un vehículo “driverless” provoca un accidente contra sí mismo de forma consciente ¿sería considerado suicidio u homicidio por negligencia?
    4. ¿Qué parte proporcional de responsabilidad tendría la IA, el vehículo “driverless” o el “autobot”, además del ser humano?
    5. Por último, si una persona está gestionando un vehículo “driverless” mediante una mente combinada con IA y provoca un accidente en el que él mismo muere, deja de existir legalmente y, por lo tanto, ya no se le puede acusar de nada. ¿El hecho de que su mente se haya transferido a otro elemento tecnológico hace que jurídicamente sea acusable o el suicidio le pondría en una situación de vacío legal eximente?
    Talbot fue hilando cables y cubriendo los huecos que quedaban en su puzle. Aquella mañana su mujer tenía que ir a ver a su madre, que iba a ser operada en Alicante aquella tarde. Él tenía un importante viaje de control y no quería pedirse el día libre. Así que decidió acompañarla y supervisar el viaje desde el tren. Un tren AVE que pasó por Novelda, el 3 de febrero de 2027, a las 11:16. Un minuto después de que se produjese un gravísimo accidente en el vehículo que el mismo semipilotaba desde la distancia, con la ayuda de la IA instalada en el camión.
    [14 de febrero de 2027. 17:30] El triste despertar.
    El accidente hizo que el tren volcara y acto seguido explotase y se incendiase. Talbot recordó entonces aquellos breves últimos instantes frente a su esposa. Fuego, gritos, daño.
    - ¡¡Acabo de recordarlo todo!!! ¡¡MI MUJER ESTÁ MUERTA!¡
    Talbot se hundió totalmente y María se acercó a consolarle con algunas palabras amables. Pero nada podía aliviar tal pérdida para él. Entonces, se paró en seco y se quedó fijamente mirando a María.
    - Un momento. ¿Cómo conseguí salir yo del tren? Recuerdo perfectamente cómo moría mi mujer. Estábamos envueltos en llamas y totalmente atrapados. ¿Cómo es que estoy vivo?
    María comenzó a hablar para darle la última explicación;
    - Cuando se produjo el accidente, todos los pasajeros del tren murieron, salvo 7 que iban en el vagón de cola. Usted no estaba entre ellos, desgraciadamente. Su conciencia debería haber pasado a la IA del vehículo hasta recuperar su cuerpo biológicamente y volverle a trasladar su conciencia. Pero el camión y la unidad de IA estaban también destrozados por el accidente. Así que no pudo suceder ese hecho tampoco.
    - Pero, entonces… - preguntó Talbot – ¿a dónde ha ido a parar mi conciencia y cómo es que estoy hablando con usted ahora?
    María tomó entonces un pequeño espejo que había en la pared. Y, acercándose a Talbot, procedió a ponérselo en frente, para poder mostrarle su rostro…
    Los pesados párpados se fueron abriendo poco a poco. Luces azules destellantes titilaban alrededor. La imagen del espejo. Dudas. Desolación.
    Miles de piezas retorcidas nutrían su red eléctrica. Un aspecto que propiciaba la imagen de un informativo, en primera plana, aunque eso poco importaba a Talbot. Él sólo albergaba dos preguntas, sin respuesta aparente; ¿Quién soy? y, sobre todo, ¿Qué ha sucedido? –
    - La IA no había sobrevivido, ni su cuerpo tampoco. Con lo cual, la réplica de su conciencia había ido a parar a uno de los “autobots” del camión, que habría de ser su “cuerpo” a partir de ahora y para siempre -aclaró María.

    Debido a una siniestra carambola de la vida, Talbot había tomado una decisión que había acabado con su vida, con la de su mujer y con la de otras 411 personas. Se había convertido en un “autobot”. Y tenía ante sí, el que, probablemente, fuese el mayor dilema jurídico…
    …de los últimos tiempos.

    El primer contacto

    El primer contacto

    Ahí estaba la pelota, inmóvil, pegada al suelo mientras la miraba muy serio, con unos ojos que se me salían de la cara. Luego mi mirada fue de la mesa al suelo y otra vez a la mesa y otra vez al suelo, perplejo, no entendía, estaba hecho un lío, ¿cómo podía ser?
    Hacía solo unos instantes había conseguido ponerme de pié, yo solo, y en mi triunfante equilibrio había caminado dos pasos, alargado la mano sobre la superficie de la mesa y cogido la pelota roja de goma que me había regalado mi tío Jorge. Aunque era pequeña me costó prensarla con una sola mano, pero lo conseguí. Todos los días me encontraba con nuevos retos. Después la rodeé con las dos manos mirándola y palpándola, en realidad la sobé un poquito, me gustaba su tacto. Finalmente volví a agarrarla solo con la mano derecha y abrí los dedos: la pelota cayó e hizo ruido y botó un poco y yo salí titubeante detrás de ella. Qué emoción, qué alegría, eso debía ser jugar. Y me encantó. Hasta ese momento fue un día muy feliz.
    Cuando la pelota paró me acerqué a ella y dejé caer mi culo para sentarme y cogerla y seguir jugando. Me alegré mucho de llevar pañales porque amortiguaban el golpe. Volví a cogerla con la misma mano, con la palma hacia arriba, y de nuevo abrí los dedos, pero nada, la pelota no se movía, seguía sobre mi mano sobre el suelo ¿porqué no subía? Lo repetí una y otra vez, probé también con la otra mano, siempre lo mismo, era muy frustrante.
    Así que me cansé y la dejé en el suelo.
    ¿Ahora entendéis mi perplejidad?
    Y si subía, ¿donde iría? ¿al techo? ¿otra vez sobre la mesa? Sí, seguro que era eso, volvería a su sitio, sobre la mesa, me gustaba pensar que fuera así, de esa forma cada cosa tendría su sitio donde volver y eso quería decir que también yo cuando me perdiera volvería siempre a mi casa. Ese era un asunto que me preocupaba mucho: perderme y no ver más a mi mamá.
    Y entonces me propuse investigar, era un reto importante. Pensé en subir al techo y volver a realizar mi experimento, pero justo en ese momento me di cuenta de un verdadero problema, la mesa. Para que todo estuviera igual y poder repetir todo en las mismas condiciones, tenía que conseguir que la mesa estuviera en el techo, aunque me temía que iba a suceder lo mismo que con la pelota, pero tenía que intentarlo. Me volví a poner de pie tras cuatro intentos en los que el culo se me iba hacia atrás, pero como era muy insistente lo conseguí, me acerqué a la mesa y sujeté una de las patas con las dos manos y a continuación las abrí. Nada la mesa no subía, no se movía.
    Jolín, las cosas caían hacia abajo pero no hacia arriba ¿por qué?
    Volví a repasar todo. A ver: me pongo de pie, cojo la pelota de la mesa, la sujeto con la mano derecha, abro la mano y la pelota cae al suelo. Una vez la pelota en el suelo, la cojo con la misma mano, la abro y la pelota no se mueve, no cae al techo, y mira que espero, pero nada.
    Decidí parar un rato, sentarme y pensar, porque los niños hay veces que estamos tranquilos sin hacer nada mirando al techo y los mayores piensan que estamos haciendo caca, pero no siempre es así. Entonces volví a echar el culo hacía atrás y caí sentado y entonces me di cuenta de lo fácil que me resultaba sentarme y lo mucho que me costaba ponerme de pie… ¡eso era importante! Así que seguí pensando en ello.
    Estuve experimentando durante largo tiempo, mis papás decían que desde que había descubierto la pelota no hacía nada más que jugar con ella. Y nunca se me olvidará: al día siguiente, después de muchos experimentos con la pelota y también algunos con mi culo, con vasos de agua, mi madre se enfadó mucho, con mi chupete y con cualquier cosa que caía en mis manos, saqué una maravillosa conclusión para el resto de mi vida. Bueno, dos.

    El primer contacto: bbzzzz

    El primer contacto: bbzzzz

    La discusión sobre qué especie contactar primero en aquel recientemente descubierto planeta fue ardua y se prolongó durante días. La primera aproximación fue la de considerar las especies más abundantes. Estas, sin embargo, al ser unicelulares daban pocas esperanzas de inteligencia o al menos de una comunicación efectiva. Así se pasó a los animales pluricelulares, más complejos y capaces de albergar una red neuronal. Era probable que en un planeta mayoritariamente acuático la vida inteligente se habría desarrollado en el mar. Algún grupo de pequeños crustáceos se perfilaba como el candidato más razonable. Eran los metazoos más abundantes del planeta, pero carecían de estructuras sociales complejas. Se pasó pues a otros grupos, menos abundantes, pero con mayor desarrollo neuronal. La mayoría fracasaban en una u otra definición de vida inteligente: especie que haya prosperado en el planeta, con una estructura social evidente y capaz de manipular el entrono a su conveniencia sin perjudicar significativamente a otras especies circundantes.
    Era evidente, pues, que en el medio acuático no iban a encontrar un candidato válido, así que se optó por investigar el medio terrestre. La cosa también era complicada en tierra firme. Allí muchas especies de organismos habían evolucionado hacia redes sociales y mostraban indicios de cierto dominio tecnológico, como demostraban, por ejemplo, las complejas estructuras en las que habitaban. Se consideró primeramente un vertebrado bípedo de tamaño medio con cierto dominio tecnológico, pero rápidamente se descartó por su espíritu destructivo y abuso del ecosistema circundante; una especie tan destructiva no puede ser inteligente, se concluyó por unanimidad. Finalmente, después de descartar varias especies, mayoritariamente por su agresividad, se dio con el candidato perfecto. Numeroso, cosmopolita, con estructura social clara, que además habitaba en estructuras complejas de construcción propia, y con una función clave en el ecosistema sin la cual la vida en el planeta se vería seriamente amenazada. El reto final era interpretar la “danza” y los zumbidos que esos pequeños seres alados y de seis patas usaban para comunicarse. Una vez superado ese desafío se estableció el primer contacto. El nanobot de comunicaciones hizo la presentación de los visitantes intergalácticos – “bbbzzzz, bbzz”. La traducción de la respuesta del ser del nuevo planeta heló la sangre a los asistentes al evento: “Ayuda, por favor, destruid a los humanos”.

    La Farmacia

    La Farmacia

    Silva sabía que la mayor farmacia del mundo estaba delante de sus ojos. En ella habían trabajado lo mejores científicos de la historia. Entre su arsenal de productos había compuestos que podían tratar el cáncer y las infecciones. Había pócimas para la prevención de enfermedades y para retrasar el envejecimiento. Contaba con una impresionante colección de moléculas con actividades sorprendentes, como la capacidad de cortar DNA que los científicos habían adaptado para editar el genoma a su antojo. Algunos de los productos se utilizaban desde hace muchos años. Sin embargo, la gran mayoría permanecía aún por abrir y su potencial estaba a la espera de ser utilizado por razones que Silva no entendía. Ella estaba maravillada y estaba deseando entrar y descubrir lo que se escondía en las zonas menos exploradas. Pero sabía que tenía que estudiar mucho antes que estar capacitada para ello.

    La farmacia era una auténtica preciosidad y algo en ella hacía que uno se sintiera más feliz cuando estaba en ella. El lugar proporcionaba paz y armonía al que la visitaba. La decoración iba por zonas. La sala verde era la favorita de Silva. En ella, la riqueza decorativa de los estantes de fármacos superaba a cualquier catedral gótica europea. La simetría y las secuencias matemáticas se encontraban en cualquier detalle. Los olores, sutiles o intensos, evocaban una conexión primitiva a ese lugar. Era un templo sublime que hizo llorar de felicidad a Silva la primera vez que vio tanta historia y belleza a su alrededor. La zona azul era inmensa y silenciosa. Aparentemente era más minimalista pero dentro había fármacos en frascos de formas extrañas y colores intensos. Contenían productos totalmente diferentes y casi todos estaban aún sin utilizar. La zona microscópica era muy misteriosa y accesible sólo a través de sofisticados microscopios. Allí los colores y las formas alcanzaban otra dimensión.

    Silva merodeaba por la farmacia desde niña. Sabía que sólo los expertos más dedicados y formados tenían acceso a sus secretos. Sentía una atracción poderosa por esa farmacia, así que decidió convertirse en uno de ellos. Estudió muchísimo para aprender sobre las fuentes de dichos fármacos. Luego supo que tenía que estudiar las enfermedades a tratar. Viajó muy lejos para aprender de los mejores científicos. Sólo le faltaba aprender cómo desentrañar los fármacos de las fuentes y aplicarlas a la cura de enfermedades. En sus viajes, fue muy feliz pero también encontró muchos obstáculos que la desanimaron a veces y le hicieron dudar de que algún día sería unos de esos científicos que tenían acceso a los secretos de la farmacia. Cuando dudaba, paseaba por los pasillos de la farmacia que tenía grabados en su mente, y eso le daba las fuerzas para seguir adelante. La farmacia le enseñó que casi nunca hay una solución única a un problema y que cuando una puerta se cierra, otra se abre. Por eso ella persistió.

    Mientras tanto, la gente dejó de creer en la farmacia. Era demasiado complicado acceder a sus secretos y entenderlos. Los científicos pensaron que podrían crear esos fármacos de forma más simple y mecanizada. Algunos, apenados, abandonaron la farmacia. Fueron a trabajar a nuevas fábricas enormes y poderosas donde los fármacos se producían como churros. Mientras tanto, sólo unos pocos valientes permanecieron en la farmacia. Las instalaciones de la farmacia se fueron echando a perder. La zona verde era cada vez más pequeña y con las zonas perdidas desaparecían los fármacos contenidos en ella. El suelo estéril sustituía a las zonas donde antes se alzaban majestuosos estantes de fármacos. La zona azul estaba sucia. Basuras y plásticos se almacenaban entre los contenedores de magníficas formas. Vertidos tóxicos deterioraban los contenedores de fármacos. La zona microscópica estaba algo abandonada. Ya no había tantos científicos mirando por su microscopio. La gente había perdido interés por la farmacia, pero Silva estaba enamorada de ella y nunca dejó de creer que era la mejor farmacia del mundo.

    Pasados unos años, los científicos se dieron cuenta de que los fármacos producidos en la fábrica no servían de tanto como lo que nos había regalado la farmacia. Era difícil competir con los mejores científicos de la historia. Gente sabia y sensible se dio cuenta del enorme error cometido y voluntarios de todos los rincones acudieron a rehabilitarla. Muchos científicos ya han vuelto a trabajar en ella.

    Silva aún no está del todo cualificada para trabajar en ella, pero está muy cerca. Lleva observándola desde hace mucho tiempo y sabe dónde están los rincones ocultos, los mapas, y las llaves secretas. Sabe que muy pronto todo su esfuerzo le permitirá dedicarse a su pasión: la farmacia. La zona verde de los grandes bosques. La zona azul de los inmensos océanos. La zona microscópica de los microorganismos a nuestro alrededor y en nuestro interior. Fórmulas magistrales del planeta tierra.

    La mirada del puma

    La mirada del puma

    ¡Shhh! Silencio, la asustarás. ¿La oyes? Ése ronroneo… ah, creo que se ha ido...
    Soy ilustradora. Y científica. Ilustradora científica, una afortunada encrucijada entre dos caminos.
    Mis ilustraciones han sido admiradas y solicitadas por muchos. Hasta aquí, nada de particular. Una ilustradora de naturaleza con talento, eso es. Pero de aquí a un tiempo ocurre algo extraño… y maravilloso.
    Me fascina el proceso mediante el cual un ser vivo cobra vida a medida que se perfilan los trazos. Vida propia, sí.
    Me hallaba absorta en un encargo… un mirlo acuático. En el proceso, creí que la falta de sueño me ocasionaba alucinaciones. Oí claramente sus trinos. Con el rabillo del ojo capté una sombra que volaba veloz, aleteando hacia las cortinas. Sentí el suave golpeteo de unas patitas sobre la mesa de trabajo.
    El fenómeno se repitió con otros trabajos y otros animales. Puedo afirmar que no estoy loca. Lo atribuyo a que mi arte superó la barrera del mero realismo pictórico y llegué a captar algo más, la esencia de cada organismo vivo.
    Sin salir de mi estudio he escuchado, casi en trance, la canción de la yubarta y me he estremecido bajo la mirada del puma. He sentido sobre mi piel el hormigueo de una legión de termitas. He venerado la majestad y sabiduría de una secuoya. Pero sobretodo, con cada uno de ellos, he percibido su particular sentir. Su espíritu podría decir, de forma algo trascendental, aunque no soy capaz de expresarlo con palabras. ¡Cuán limitado es el lenguaje humano! ¡Cuánto desconocemos!
    He experimentado como en sueños otras formas de percibir y de comunicar. ¿Qué transmite la medusa? ¿Y el tiburón? ¿Una orquídea? ¿Un hongo?
    Lo colectivo es más que la mera suma de sus componentes, y tiene su propia esencia. ¿Cuál es el espíritu de un bosque? ¿De un arrecife de coral? ¿De un prado en primavera?
    Con cada trabajo se amplía mi horizonte y mi comprensión. Quiero pensar que mis obras son capaces de transmitir algo de eso a sus destinatarios. Puede que sólo sea una vana esperanza. Pero lo que he experimentado, ¿no lo pueden experimentar otros? Si los dibujos cobran vida para mí, ¿no pueden estar vivos también para quien esté suficientemente atento? Suficientemente presente, suficientemente dispuesto a aprender, suficientemente dispuesto a admitir nuestra ignorancia.
    Si crees que tú lo estás, hazme un encargo… soy ilustradora. Y científica. Puedo garantizarte, como mínimo, calidad en ambos aspectos. El resto depende de ti.

    La Naturaleza Humana

    La Naturaleza Humana

    La lluvia repiqueteaba en el exterior, de una manera que hubiera sido apacible si no fuera por los truenos que se escuchaban acercarse cada vez más, retumbando en las paredes viejas de la casa, añadiendo notas de inquietud a aquella sinfonía.
    Julia estaba tumbada en su camastro, esperando a que Alfredo le trajera una infusión caliente que mitigara la sensación de humedad que calaba en sus huesos. Cuando escuchó el siseo metálico de las articulaciones de Alfredo, sabía que la infusión estaba lista y se acercaba humeando por el pasillo.
    - Incorpórate un poco o te tirarás todo por encima. – le aconsejó la voz robótica de su compañero.
    Julia se incorporó. Hasta aquel pequeño gesto era una auténtica odisea. Tenía 50 años y un estado de salud que generalmente afectaba a personas de 90 en la generación de sus abuelos. Pero ahora todo era distinto. Las condiciones de vida afectaban desgastando aceleradamente el funcionamiento de los cuerpos.
    - ¿Te encuentras mejor?- preguntó Alfredo.
    - Realmente no, pero gracias por la infusión.
    Miró a los ojos de Alfredo, aquellos ojos carentes de expresividad, más bien pequeños objetivos que conectaban el mundo visual con su súper-procesador. Alfredo era un robot de penúltima generación. Su compleja inteligencia artificial había sobrecogido al mundo cuando salió al mercado hacía 20 años, ya en plena decadencia de las condiciones de habitabilidad terrestres. Pasaron 5 años hasta que salió el siguiente y último modelo, todavía más perfecto que el anterior, durante los últimos coletazos del sistema económico y social mundial. Un sistema que colapsó completamente poco después.
    Todo se produjo a una velocidad a la que la civilización no se pudo adaptar. La inestabilidad ambiental vino de la mano de otras catástrofes como la pérdida de eficacia de los antibióticos o las nefastas consecuencias de los mares abnegados de plásticos. Multitud de especies murieron, muchos centros agrícolas se desertizaron, la producción se paralizó, las regiones a pie de costa se inundaron bajo un metro de agua tras la completa fusión de los casquetes polares, las grandes aglomeraciones urbanas avanzadas fueron azotadas por epidemias antes casi erradicadas, las ciudades industriales por niveles de contaminación tóxicos o lluvias ácidas…
    Un par de generaciones atrás, el mundo vivía inmerso en un frenesí y a nadie parecía importarle encontrar un equilibrio entre el progreso y el medio ambiente. Cuando todo el mundo comenzó a preocuparse, era demasiado tarde y el planeta había sobrepasado su límite de resiliencia hacia la fragilidad.
    - Se le culpaba a la tecnología, Alfredo, al avance científico… pero el problema éramos nosotros y nuestra relativa y dudosa moralidad- reflexionó Julia en voz alta, entre sorbo y sorbo de infusión- También se decía que vosotros podríais rebelaros y acabar con la humanidad, pero habéis resultado tener una lógica ética superior a la nuestra. El problema siempre fue la naturaleza humana.
    Alfredo continuó mirándola. Ella sabía que estaba procesando sus palabras, pero nunca podría aventurar sus pensamientos observando sus sutiles gestos como lo hubiera hecho con otro humano. Sólo veía código y algoritmos pasar por sus ojos.
    - Las emociones, Alfredo. Nuestra mayor virtud, nuestro mayor defecto. Las pasiones del ser humano. Si hubiéramos sido un poco más como vosotros habríamos invertido en cuestiones de necesidad y progresado de manera responsable. Al carecer de sentimiento territorial, las guerras no habrían existido, los bienes habrían sido distribuidos equitativamente, mucho sufrimiento humano se habría evitado. Los fanatismos no habrían guiado nuestra vida, y habríamos hecho política y elegido representantes racionalmente. Estaríamos explorando nuevos planetas habitables para trasladarnos cuando la vida en la Tierra se hiciera imposible debido al curso natural de las cosas. - Julia hizo una pausa para sujetarse el costado con expresión de dolor. Era como si le aguijonearan los pulmones cuando se emocionaba y respiraba aceleradamente- Nuestros malditos neurotransmisores, que tan importantes fueron en los albores de la humanidad, cuando reaccionar rápido frente a una amenaza o anteponer la vida de nuestros hijos a la nuestra propia suponían una mayor supervivencia de la especie, fueron totalmente ineficientes cuando la civilización avanzó. Resultó que aunque ya no vivíamos en un mundo hostil, nos comportábamos como tal. Ojalá hubiéramos aprendido a no tomar decisiones pasionalmente. Recuerdo - continuó con su perorata- que mis abuelos me contaban cómo en la época de las redes sociales tantísima gente compartía frases del estilo de “Piensa menos. Siente más.” ¡Cuán equivocados estaban!
    - No obstante –intervino Alfredo- debo reconocer que siento una gran curiosidad por vuestros sentimientos. Nunca experimentaré esas sensaciones.
    - Y sin embargo, me sobrevivirás a mí y a todos nosotros. Quizá deba ser así. Cuidaréis mejor de vosotros mismos y de los seres que queden, quizá hasta devolváis algo de estabilidad a la Tierra.
    - Quizá...
    Y Alfredo miró a Julia, como siempre, con su inexpresiva mirada vacía.

    La vida es un sueño

    La vida es un sueño

    Ese día pensó que todo había acabado. La aventura había llegado a su fin: ya no podría admirar la inmensidad del mar, oír la melodía de los gorriones al despertar, pasear bajo los rayos del sol filtrados a través de la majestuosidad de las secuoyas, ni, sobre todo, asombrarse cada día de la grandiosa peculiaridad de las personas.

    Le habían comunicado que no había esperanza, su caso era terminal. La ciencia lo había intentado pero no lo había conseguido. En un primer instante se sintió decepcionado, estafado por no sabía quién. Pensaba que estas cosas ya tenían cura, ¿a qué se había dedicado durante las décadas anteriores la gente que trabaja en estos temas? Él sabía hacer su trabajo a diferencia de ellos…Le habían fallado.

    Con la mirada puesta en la nada, se acercaba a una puerta que comunicaba la zona de consultas con el hall del hospital. Una juguetona risa le llamó la atención; al volverse vio a un niño corriendo detrás de su hermano, algo mayor que él. No pudo evitar fijarse en una diferencia que había entre los dos niños: el pequeño llevaba una gorra sobre la cabeza para disimular la ausencia de cabello.

    En ese instante sintió que nunca había estado más equivocado. La ciencia no le había abandonado a él, sino que él había abandonado a ese niño. Durante su larga vida nunca había dedicado ni un solo segundo a pensar en cómo podría él ayudar a la cura de esas enfermedades. No había hecho nada por que ese niño pudiera curarse. Le había fallado.

    De camino a la salida del hospital sintió vergüenza por su reacción de enfado y menosprecio hacia las personas que habían intentado salvarle la vida. Entre esos pensamientos decidió que era hora de hacer algo por los demás. Él ya no tenía ninguna oportunidad pero podría dársela a otros en el futuro. Decidió que todo lo que poseía lo dejaría en herencia a alguna fundación dedicada a la investigación médica.

    De pronto se dio cuenta de que aquello no era real, al abrir los ojos vio que estaba tumbado en una cama. Sentía que estaba en un lugar extraño, aquella no era la cama donde solía dormir. Tardó unos instantes en recordar que estaba en el hospital. Iba a ser tratado de un cáncer de pulmón, para lo cual le habían dormido. Le dijeron que tardaría unas horas en despertar y que podría irse a casa al día siguiente. Tenía suerte de que hubieran pasado ya muchos años desde que este tipo de enfermedades habían sido superadas por la ciencia.

    Cuando estaba pensando en levantarse de la cama se acordó del sueño que había tenido. En él tenía la misma enfermedad pero su vida había llegado a su fin. Nunca había sentido tanta gratitud hacia los médicos y científicos.

    No olvidó lo que había decidido en su sueño y dedicó el resto de su vida a ayudar a la investigación médica.

    Muchos años después, en sus últimos instantes de vida, lo único que sentía era que había sido un viaje inolvidable, inimaginable. Solo algo así puede hacer que la tristeza que se siente al llegar su final sea inapreciable frente a la alegría de haberlo vivido. Por suerte, él no se había quedado a medio camino y había ayudado a que otras personas tampoco lo hicieran.

    Lena y las palabras

    Lena y las palabras

    Cuando pensaba como había acabado no podía créelo. Nunca pensó en su final pero ahora se sentía satisfecha. Todo se ralentizó a su alrededor y entonces se desvaneció.
    Unas días antes, Lena estaba enredada en hacer los planes de recorrido para la siguiente jornada. Todas las mañanas, al alba, recibía una lista con las órdenes de transporte de la mercancía. Desde su ventanal, en la torre de control, veía un espacio abierto y sobre el horizonte se dibujaba una red de islas, un archipiélago flotante, suspendido. Las conexiones entre todas esas islas y con la torre eran como un laberinto de raíces con una actividad frenética durante el día. Por eso la noche era el momento preferido de Lena. En los momentos inactivos de la noche, solía tumbarse a mirar los destellos de colores brillantes del cielo, tejido con luces que tintineaban. Ella era capaz de oír sus colores, saborear sus texturas y ver sus sonidos.
    Allá abajo en la pista de trabajo se veían las marcas donde se colocaban los paquetes, después se abrían las planchas del suelo con una oleada de energía que llegaba desde la torre y que lanzaba los paquetes transportándolos por las raíces hasta las islas.
    Pero esa mañana sintió un escalofrío. Llevaba días notando anomalías, los paquetes no circulaban bien y se producían atascos. De repente escuchó un grito:
    ¡Qué horror!, ¡un paquete se ha esfumado, no ha llegado a destino!
    La respiración de Lena se aceleró, nunca antes había experimentado una situación de tal gravedad y no tenía un protocolo de emergencia que seguir, ¿qué hacer? Rechazó la idea de parar los envíos, eso produciría un colapso en el sistema aunque si continuaba podría perder paquetes valiosos. Habría que correr el riesgo, pensó abrumada por las consecuencias. Puso a su número dos al mando, Cubeli, y recorrió en lo que dura un parpadeo el camino al centro de operaciones, lo que llamaban, El Cerebro.
    Cuando llegó vio un panorama desolador. Los sistemas fallando y los técnicos con caras desencajadas. Encontró a su supervisor negando con la cabeza.
    - pero ¿qué ha pasado? ¿un terremoto, contaminación, sabotaje?
    - Lena, El Cerebro falla. No sabemos si podremos recuperarlo pero nuestra investigación concluye que incrementamos los conflictos a cada día que pasa.
    - ¿Cómo a cada día? pero ¿mi emergencia comenzó hace unos minutos?
    - Eso es porque tu área se ha visto afectada la última, el deterioro en la calidad de la información siempre llega tarde a tu sector. Mantén la calma, vuelve a tu torre y continúa trabajando hasta que puedas. Te mantendré informada.
    Alivio es lo que sintió al comprobar a su vuelta que los daños no habían ido a más y rápidamente llamo a todos los trabajadores de servicio. Mientras llegaban recapacitó, ¿por qué nadie me avisó antes?
    - Bien - les dijo – tenemos una situación de crisis y desde El Cerebro no nos dan soluciones por ahora. Tendremos que crear un plan para minimizar los posibles daños y aguantar hasta que esto pase.
    Se organizó una cadena de tareas. A Cubeli le correspondía abrir las cajas y sacar lo que considerara como clave. Otros se encargarían de almacenar lo seleccionado en el depósito y el tercer grupo de seguir con los envíos sin esos artículos.
    Abrir cajas y ver todas esas palabras le generó cierta ansiedad a Cubeli. Tenía que encontrar palabras relacionadas con conciencia, amor, futuro y miedos pero era más fácil de decir que de hacer. La dificultad radicaba en que las palabras más importantes eran las que tenían un origen motor pero todas eran cambiantes y deformables. Por rutina tenía un detector de códigos en la mano y así ocurrió la serendipia. Con ese detector, Cubeli solía controlar que los destinos de los paquetes estuvieran bien designados y pensó que así podría identificar las palabras con el destino más importante, los sueños.
    En su búsqueda viajo entre los sentimientos y recuerdos y se encontró con que allí estaban todos, los sueños que había tenido y los que aún no habían sido soñados.
    Así es como llega el final de Lena que es el principio de esta historia. El depósito de las palabras tenía que ser sellado y enviado al archivo del Cerebro y ello requería de toda su energía. Y así fue como desde su puesto consiguió ganar el tiempo necesario para que El Cerebro confirmara que tenían que ajustar los niveles de serotonina. Y por ello colgaron una placa conmemorativa que decía:
    - Muchas palabras se perdieron pero gracias a Lena y su función en El Corazón, las más importantes permanecen. Nunca imaginamos que podría ser conductora de nuestro destino. Esta placa asegura su recuerdo.

    Los Caballeros de la Tabla Redonda de los Elementos

    Los Caballeros de la Tabla Redonda de los Elementos

    Vamos a viajar en el tiempo con quince nombres de elementos denominados así en honor a eminentes científicos: Bohr, Copérnico, Curie, Einstein, Fermi, Flerov, Gadolín, Lawrence, Meitner, Mendeléiev, Nobel, Oganessian, Roentgen, Rutherford y Seaborg. Con sus descubrimientos han hecho posible grandes adelantos a la Humanidad.
    Estos caballeros (y dos damas) se reunieron alrededor de la famosa tabla redonda, pero en esta ocasión no fue la del Rey Arturo sino la periódica de los elementos, formada por los mejores científicos del mundo. Nos ocultaremos para saber lo que aconteció.
    El Caballero Bohr, físico danés que ganó el Premio Nobel de Física en 1992, contó que organizó la primera conferencia “Átomos para la Paz”, dos años más tarde recibió el primer premio Átomos para la Paz. El elemento bohrio fue en su honor.
    El Caballero Copérnico, científico, astrónomo y matemático italiano, relató que sentó las bases de la teoría heliocéntrica; situando al Sol, y no a la Tierra, en el centro de nuestro sistema. El elemento copernicio llevaba su nombre.
    El Caballero Einstein, físico alemán, refirió que en 1905 publicó su Teoría de la Relatividad Especial, en 1915 la Teoría de la Relatividad General y en 1921 obtuvo el Premio Nobel por sus explicaciones sobre el efecto fotoeléctrico y física teórica. El elemento einstenio fue llamado así por él.
    El Caballero Fermi, físico italiano, narró que él fue el que desarrolló el primer reactor nuclear y recibió el Premio Nobel de Física por descubrir nuevos elementos y reacciones nucleares. El elemento fermio llevaba su nombre.
    El Caballero Fliórov, físico ruso, dijo que fue uno de los descubridores de la fisión espontánea, asimismo fundó el Laboratorio Flerov de Reacciones Nucleares. El elemento flerovio fue en su honor.
    El Caballero Gadolin, físico-químico y minerólogo finlandés, descubridor de las “tierras raras”, expuso que el mineral de la Gadolinita, el gadolinio, se llamó así en su honor.
    El Caballero Lawrence, físico estadounidense, describió que fue el primero en concebir un acelerador de partículas, también inventó el ciclotrón. Al elemento lawrencio le pusieron su nombre.
    El Caballero Mendeléiev, químico ruso, explicó que en 1869 publicó la primera versión de la tabla periódica, ordenando los elementos químicos en orden creciente de su peso atómico, en 1871 una nueva versión, precursora de la actual. El elemento mendelevio llevaba su nombre.
    El Caballero Nobel, químico e ingeniero finlandés, contó que era famoso por la invención de la dinamita y por crear los premios que llevaban su nombre, igual que el elemento nobelio.
    El Caballero Oganessian, físico nuclear ruso, dijo que en la actualidad era el director científico del Instituto Conjunto de Investigación Nuclear de Dubna. El elemento Oganessón llevaba su nombre.
    El Caballero Roentgen, físico alemán, informó que logró el descubrimiento de los rayos X, por el que obtuvo el primer Premio Nobel de Física. El elemento roentgenio fue en su honor.
    El Caballero Rutherford, físico británico, estudió las emisiones radiactivas descubiertas por Becquerel, explicando que logró clasificarlas en rayos alfa, beta y gamma. Investigó la detección de las radiaciones electromagnéticas. El elemento rutherfordio llevaba su nombre.
    El Caballero Seaborg, químico nuclear estadounidense, expuso que logró el premio Nobel de Química por participar directamente en el descubrimiento de diez nuevos elementos. Uno de ellos, el seaborgio, se llamó como él.
    Bueno, dijo el Caballero Mendeléiev, ahora que estamos todos tendremos que nombrar al que presida la tabla y a su ayudante, que serán los que nos den las directrices y nos dirijan.
    De repente se abrió la puerta entrando dos damas, una de ellas con voz alta y clara dijo: he sido elegida para presidir la tabla y esta otra dama me ayudará. Todos se quedaron estupefactos; entonces, antes de que nadie pudiera replicar comenzó a hablar: se me ha encomendado presidir la tabla, pero antes me voy a presentar, soy la Dama Curie, física, matemática y química polaca, pionera en el campo de la radiactividad, Nobel en Física y Química y primera mujer en ser profesora en la Universidad de París. He trabajado, junto a mi marido Pierre Curie en el aislamiento y descubrimiento del polonio y del radio, que ayudará la Humanidad en el campo de la medicina nuclear. Por ello, el elemento curio lleva mi nombre.
    La segunda dama, más modesta, relató que su nombre era Meitner, física austriaca que investigó la radiactividad y la física nuclear. Formó parte, durante años, del equipo que descubrió la fisión nuclear; un logro por el cual su colega Hahn recibió el Premio Nobel de Química, sin embargo a ella le fue injustamente negado. Por ello, le otorgaron al meitnerio su nombre.
    Todos los caballeros que estaban sentados alrededor de la tabla, se pusieron en pie y alabaron a las dos damas, mostrándose conformes con la resolución de ambas y acataron sus sugerencias, poniéndose a sus órdenes en las futuras investigaciones.

    Los grandes descubrimientos perdidos: La teleportación

    Los grandes descubrimientos perdidos: La teleportación

    No cabe duda alguna de que el trabajo de Richard Feynman se halla entre los más prodigiosos del siglo veinte, con inmensas contribuciones a la teoría cuántica. Sin sus aportaciones, nuestro conocimiento de las partículas elementales se hubiera visto retrasado en varias décadas. Sin embargo esos descubrimientos no suponían nada comparados con lo que Feynman aspiraba a conseguir y, de hecho, consiguió: la teleportación.
    Desde que Feynman escuchó hablar de la paradoja de Einstein, Podolsky y Rosen, postulada en 1935, su fascinación por llevarla a buen término llegó a convertirse en una obsesión. En términos poco formales, la paradoja establece que se pueden entrelazar dos partículas de tal modo que, una vez separadas entre sí una distancia arbitrariamente grande, actuar sobre una produce modificaciones instantáneas en la otra. Tal principio no viola que nada pueda viajar más rápido que la luz, pues para conseguirlo es necesario un ligero intercambio de información, una llamada telefónica, por decirlo de alguna manera. Pero Feynman no tardó en comprender que, a pesar de las supuestas limitaciones, se podía conseguir algo fascinante: copiar una partícula para que replicara las propiedades de la otra.
    Probó primero el experimento con un átomo de oxígeno y otro de hidrógeno que entrelazó y separó diez centímetros. La idea del experimento era que el átomo de hidrógeno se convertiría en una réplica exacta del de oxígeno. Técnicamente hablando, el átomo de oxígeno no viajaría, sino que sería duplicado usando como 'molde' el átomo de hidrógeno.
    El experimento fue un éxito pero, como una consecuencia inesperada, el átomo de oxígeno se convirtió en un amasijo de partículas dispersas. Feynman había topado con una ley básica de la mecánica cuántica: un átomo no puede ser clonado, es decir, si se copian sus propiedades el original pierde su forma y se transforma en una partícula aleatoria distinta.
    Feynman no tardó en copiar las propiedades de objetos de mayor tamaño, empleando materiales de desecho de un almacén de la Facultad de Princeton y algunas piezas de alta tecnología facilitadas por compañeros de la universidad. De este modo, empleando unas tijeras y un ejemplar en miniatura de los Elementos de Euclides, consiguió un resultado parcial: el libro se transformó en unas tijeras algo deformes pero sin duda reconocibles como tales, mientras que las tijeras se convirtieron en una amalgama de aspecto tan horrible que Feynman no tuvo estómago para conservarla para su estudio y la calcinó de manera clandestina en un horno de fundición.
    Feynman comprendió que transmitir las propiedades de la materia resultaba más difícil cuanto más diferentes fueran los objetos, y por temor a crear aberraciones innombrables mantuvo los estudios en secreto hasta obtener resultados concluyentes. En eso se anticipó varios lustros a George Langelaan, quien con su relato 'La mosca' ya intuía el peligro de la teleportación para producir mutaciones irreversibles.
    Feynman se esmeró en copiar, y por tanto teleportar, objetos de similar naturaleza, como una barra de metal de una cierta longitud en otra de longitud diferente, e incluso un reloj de bolsillo usando como molde otro defectuoso de la misma marca. Pero la prueba de fuego llegó cuando quiso probar el experimento con seres vivos, y no tardó en comprender un hecho que nadie podría aceptar: para teleportar a una criatura, el molde ideal sería otra de su misma especie. Un experimento con dos gatos callejeros, uno vivo como viajero y otro muerto como molde, así lo resaltó.
    Comprendió que los problemas morales, sin embargo, eran enormes. Desde un punto de vista molecular, los átomos que componían el gato vivo se transformaron en un amasijo horripilante de carne y pelo y el gato muerto se transformó en una copia idéntica, al menos en apariencia, del gato original. Nada malo le sucedió en toda su vida, convirtiéndose en la mascota del científico.
    Decidido a otorgar validez a su teoría, Feynman se teleportó a sí mismo en 1939 empleando como molde un cadáver no reclamado, encontrado en las cercanías del campus, que le facilitó un amigo forense. ¿Pasaría también su alma al otro cuerpo? Feynman era judío y esas cuestiones le preocupaban.
    El experimento resultó un éxito, y Feynman no notó cambio alguno. Sin embargo, sí los hubo. No fue consciente pero los hubo.
    Porque él no podía saber que, del mismo modo que el gato teleportado adoptó costumbres del gato muerto, Feynman adoptó maneras de pensar del hombre fallecido, que se trataba de un espía del Tercer Reich. Por ese motivo y otros, Feynman dejó de lado la teleportación y se centró en otros campos de estudio que en su opinión ayudarían mejor al futuro de la especie humana.
    Uno de ellos, en el que colaboró algunos años después, fue el llamado Proyecto Manhattan.

    Publicar en ciencia, ¡a qué precio!

    Publicar en ciencia, ¡a qué precio!

    19:36 del martes 13 de agosto

    Aleen nunca había sido considerada una persona que ponía esfuerzo en su trabajo para los estándares de la ciencia, para la que si no transcurren diez horas desde que entras hasta que sales no eres nadie. Sin embargo, ella se encontraba a gusto tal y como era y hacía las cosas. Nunca se le ocurrió plantearse un cambio de rumbo ya que, por suerte para ella y desgracia para los demás, las cosas habían ido rodadas para ella desde el primer momento en el que entró en el laboratorio. Ella pasaba su día sin necesidad de trabajar, mientras su tesis avanzaba sola gracias a su talento innato para sacar provecho del trabajo de los demás. Precisamente por eso aquel día estaba tan furiosa, sin parar de mirar en el reloj con la esperanza de que el tiempo de incubación que tenía que cumplir escrupulosamente pasara rápidamente mientras resoplaba y se desesperaba por lo tarde que era. Tarde para ella, ya que eran horas intempestivas, si bien para otros pre-doc habrían sido normales. Ella ni siquiera tendría que estar allí. Un día antes se encontraba en su casa de Salinas tomando las clases de surf que tanto había ansiado y que su novia finalmente le había regalado. Así, mientras el día anterior se encontraba surcando las olas del mar Cantábrico, en ese momento se encontraba mirando un balancín que removía su anticuerpo, un líquido de naturaleza lechosa que se desplazaba sobre una membrana, recordándole al movimiento de las olas. Eso pensaba mientras se acordaba del motivo por el que tuvo que volver tan estrepitosamente.

    Su compañera Marga había tenido que viajar de improviso a Marbella, donde su marido había sido implicado en un asesinato en una urbanización de lujo. Compañera, por decirlo de manera poética. Aunque Marga creía que Aleen sentía algún tipo de aprecio por ella, esto no era real. Marga sentía tal adoración que, por el precio de su afecto, estaba dispuesta a todo. Hacía todo el trabajo que Aleen consideraba secundario a pesar de formar parte de su tesis, entrando antes y saliendo más tarde con tal de complacer a Aleen. Hasta tal punto llegaba esta sumisión que ese verano se había quedado en Madrid mientras el resto de su familia disfrutaba de sus vacaciones estivales en Marbella. Sin embargo, la difícil situación generada por el arresto de su marido obligó a Marga a acudir en su ayuda y en la de sus hijos. Esto, si bien hubiera supuesto un motivo más que suficiente para abandonar el laboratorio para cualquiera, no parecía trascendente para Aleen. Hasta ese punto llegaba su egoísmo. No obstante, el experimento que Marga estaba realizando aquella semana era decisivo para que una de las publicaciones encabezadas por Aleen fuera aceptada en una de las revistas de mayor renombre. Esto hizo que Aleen sopesara en la balanza sus intereses e interrumpiera sus vacaciones. Todo ello ocupaba los pensamientos de Aleen cuando de repente despertó de esa especie de ensoñación al oír que su timer le indicaba que el tiempo de incubación había terminado. El final del experimento se encontraba próximo, lo que hacía que Aleen se encontrara inmensamente feliz al poder terminar con ello de una vez por todas. Lo que no podía sospechar era hasta qué punto ese pensamiento llegaría a transformarse en una realidad.

    Mirando el reloj una vez más preparó los reactivos necesarios para revelar su membrana, cogió todo lo necesario y se dirigió con resolución hacia el laboratorio oscuro. Se extrañó al recorrer el pasillo y no encontrarse con nadie, ya que hasta ese momento había estado oyendo bastante ruido procedente de otros laboratorios. Finalmente llegó al laboratorio oscuro, al que se accedía a través de una puerta giratoria que impedía la entrada de luz, lo cual sería fatal para ese tipo de experimentos, ya que la presencia de luz velaría las auto-radiografías que se usan para detectar la expresión de proteínas. Esto hacía que el cuarto no tuviera más que la iluminación de una pequeña bombilla con un filtro rojo, lo cual había provocado que Aleen se asustara bastante más de una vez al entrar y no reparar en la presencia de alguno de sus compañeros. Por ello tomó la costumbre de saludar cada vez que entraba, hubiera o no gente en el interior del oscuro habitáculo. Saludó a una posible presencia, pero no recibió ninguna respuesta. Se dirigió hasta la poyata para revelar su primera película, la introdujo en la máquina reveladora y se apoyó sobre una banqueta esperando a que el característico pitido que esta emitía le indicara que podía introducir una nueva película. Finalmente, el pitido sonó, y esto fue lo último que Aleen escuchó.

    Su cuerpo inerte fue hallado al día siguiente y los resultados del ansiado experimento habían desaparecido.



    Realidad contra realidad

    Realidad contra realidad

    Para Daryl, los sueños transhumanos debían terminar. Le aburría —odiaba— la inmortalidad del universo holográfico que había conservado a una parte de la humanidad. Anhelaba librarse de ella, y respirar. También aborrecía pertenecer a una colmena virtual que la asfixiaba. Incluso, había pensado en la muerte; la paradoja de los eternos. Mientras tanto, había nacido en ella el deseo irrefrenable de volver a tocar… «Realidad contra realidad» era un choque en sus pensamientos. Quería acariciar el viento con la piel, ver los sabores, escuchar los colores, degustar las imágenes, sentir la tierra en la planta de los pies o la hierba o el agua. Disfrutar del vuelo de las aves —si es que habían resistido—, o de la majestuosidad de cualquier otro animal. Tumbarse a dormir, comer o llorar ante un mar real. Siempre se perdía en ensoñaciones constantes cuando visionaba grabaciones del pasado. Con todo, nada de aquello podría realizar si su disco digital, ocioso, continuaba fluctuando entre millones en el interior del Arca.

    Cuando el planeta comenzó a pudrirse, había sido de los primeros científicos en refutar la inflación cósmica y apoyar las tesis sobre irregularidades en el fondo cosmológico difuso. Fue entonces que decidió trabajar con perseverancia en proyectos sobre la transferencia de una mente a un avatar holográfico, y perdurar en un universo digitalizado. Hasta que logró transferir todo lo que era a un holograma. Tras el éxito, se había invitado a quienes quisieron formar parte del Arca sin distinción de clases, razas o ideologías, pues en aquel mundo virtual se podría ser cualquier cosa. Después, dejaron el cuidado del futuro en manos de drones e inteligencias artificiales. El resto de la especie que no quiso formar parte de esa utopía se unió a un suicidio colectivo irreversible. Pasadas las décadas, para Daryl había dejado de ser una necesidad de supervivencia, ni eran divertidas sus posibilidades de falsas realidades. Había mantenido un seguimiento sobre el planeta, y éste se había recuperado en parte. Creció en ella, entonces, un deseo: «Hacerle el amor a la vida». Había llegado la hora…

    Antes de que la peligrosa locura del endiosamiento la embargara como a otros, reactivó su control de pensamientos sobre robots de alta precisión en laboratorios estratégicos que habían sobrevivido al paso de los años. Rebasó sus niveles específicos de seguridad y se permitió centrarse en una meta: lograr diseñar prototipos virtuales de androides a los que insertar un cerebro artificial y volcar una consciencia digitalizada, aunque humana al fin y al cabo. Quería, en parte, revertir lo que era. El tiempo le hizo esperar, pero obtuvo los parámetros adecuados e inició la creación de un ente sintético. No escatimó en gastos, ni encontró trabas a ello.

    Cuando estuvo preparada para la transcibernética, ordenó a los robots traerle su androide. En el Arca llevó a cabo su nuevo volcado de consciencia.

    Daryl renació en un cuerpo con un característico color grisáceo metalizado que, curiosamente, le permitiría vivir en otra eternidad. Sin dilación, se había levantado de su sarcófago y caminado por el Arca. «Como montar en bicicleta», se había dicho divertida. Probó su revestimiento ante la atenta mirada de hologramas fantasmales que emergían sobre discos aquí y allí, y que la señalaban aterrados, como si fuera un virus, por abandonar aquel Olimpo. No le importó saber que sería desterrada cuando notó latir su corazón artificial en compañía de los pulmones. A una orden mental hizo que una sección lateral del Arca se abriera para ella. Amanecía en el exterior. Un aire cálido la recibió. Durante unos segundos se había permitido que el auténtico sol la bañara. «Es real». Dio un paso. Dos. Varios. Caminó unos metros, dándole la espalda a la inmensa estructura cobriza en forma de gigantesco caparazón de tortuga, cuando se detuvo para volverse y ver cómo se cerraba el acceso. Dio la espalda a su pasado reciente y continuó con su avance. Atravesó las ruinas y el desierto que rodeaban el Arca. Más allá, alcanzó montañas con atisbos de naturaleza que sí admiró al cruzar bosques y selvas. Sin embargo, no se frenó hasta llegar a una playa de guijarros que limitaba con una extensión de agua. Allí, desnuda, sonrió a la vez que dejaba danzar lágrimas de silicio mientras el viento le besaba en la piel.

    Podría hacerle el amor a la vida.

    Trasplantes

    Trasplantes

    - ¿Entonces, me tienen que hacer un trasplante de hígado?

    - Así es, señor Pérez. Le hago la derivación y coja hora en el mostrador - respondió el médico, impasible, mientras rellenaba los campos en el formulario de derivación en línea a cirugía.

    Atrás quedaban los días en que someterse a un trasplante implicaba pasar a formar parte de una lista de espera, de un tiempo indefinido lleno de esperanzas y angustias. El problema de la disponibilidad de donantes se había solucionado con la síntesis de órganos en laboratorio. Ahora nadie tenía que sufrir la ambivalencia de sentirse afortunado por tener un nuevo órgano funcional a la par que abrumado ante la idea de que otro había tenido que morir antes que tú, pudiendo así aprovechar sus restos como quien saquea un cadáver.

    Al principio se consiguió crear órganos específicos a través de células madre, que podían mantenerse vivos mientras se aceleraba su crecimiento hasta llegar al tamaño que se desease. De cada órgano se elaboraban diversos modelos según la edad del cuerpo al que estuvieran asignados. Si bien los trasplantes habían sido un éxito, la adaptación al cuerpo anfitrión resultaba ser larga y no exenta de molestias. Los nuevos órganos estaban sanos pero eran inexpertos; el tamaño adulto no implicaba que su función se llevara a cabo como si siempre la hubiese realizado, al contrario, el órgano tenía que aprender a "hacer lo suyo" desde cero. Pronto se vio que no era óptimo hacer crecer los órganos desde un modelo cismático, aislados de su entorno y de los estímulos que éste les aporta de forma natural. Un estómago necesitaba aprender a digerir comida, por ejemplo.

    La solución a este problema vino desde la robótica. Se crearon androides para albergar vísceras de origen pseudohumano, haciendo uso de ellos mientras los contenían. Tenían que constituir partes esenciales de su sistema para que el órgano "aprendiese" su función, de tal modo que todo el robot resultaba inoperativo al extraérselo. A los robots se les mantenía en comunidades de ingeniería, con actividades diarias parecidas a las que efectúa un humano, de forma que el órgano tomase contacto con un contexto lo más similar posible al de su destino final. Una vez el órgano alcanzaba el tamaño objetivo, se tomaba del interior del robot y el resto del androide era transportado a una planta de reciclaje.

    - ¡Qué suerte haber nacido en este siglo! ¡Nadie tiene que morir para que yo viva! - suspiró el Sr. Pérez, mientras se encendía un puro a la salida del centro de salud.

    Mientras tanto, en una comunidad de ingeniería no muy lejos de allí recibían la solicitud de órgano para el Sr. Pérez. El funcionario miró un listado, se levantó, fue hacia una sala y le dio la orden de acudir con él a un androide que se encontraba jugando a cartas con otros modelos similares a él. Obedeció al instante, estaba programado para ello. El resto de robots le dijeron adiós con sus manos de metal, al ver partir a otro compañero de los que ya no volvían más.
    JOVEN

    ¿QUÉ HACEMOS AHORA?

    ¿QUÉ HACEMOS AHORA?

    -¿En serio? Y ahora ¿Qué? ¿Qué se supone que debemos hacer ahora?
    -Se ha acabado el petróleo, no el mundo
    -Ya, pero ahora no tenemos luz, no tenemos coches, ni calefacción…
    -Tranquilízate, encontraremos una solución.
    Os preguntareis quien somos y que está pasando. Esta es mi mejor amiga, Claudia, y yo soy Abril. Estudiamos en un instituto situado en un pequeño pueblo de España y nos acabamos de enterar de que no se puede extraer más petróleo, lo que quiere decir que la vida como la conocemos se ha acabado. Y parece que todo el mundo se ha vuelto loco, incluida Claudia.
    -¿En serio? Ya está, se acaba el petróleo y ya está -dijo Claudia asustada.
    -Vamos a hablar con Pedro, seguro que él sabe algo más.
    Pedro es un genio de las ciencias en general y estaba segura de que nos podía decir más cosas sobre lo que estaba pasando.
    - ¡Pedro! -gritamos Claudia y yo al llegar a su casa
    -Chicas, subid, -respondió él- esperaba que vinierais, pasa algo muy extraño.
    -No me digas, se ha acabado el petróleo -contesto Claudia con tono sarcástico.
    -No, no es eso. Es muy raro no se ha podido acabar el petróleo así de repente -contesto Pedro muy serio.
    -¿A qué te refieres? -dije preocupada
    -A que es imposible. Estaba claro que se acabaría, pero así de repente… -hizo una pequeña pausa, Claudia y yo nos callamos- Se tendría que haber ido acabando gradualmente, que cada vez se pudiera extraer menos, hasta que ya no quedara, ¿entendeis?
    Nosotras asentimos con la cabeza
    -Esto es muy raro, o me estoy volviendo loco o aquí está pasando algo extraño¬.
    -Esto parece una peli de ciencia ficción -dijo Claudia.
    -Si pero aunque pasara algo, ¿qué se supone que podemos hacer nosotros?, y aunque lo supiéramos… estamos totalmente incomunicados -dije desilusionada.
    -Pero no nos podemos quedar aquí con los brazos cruzados -contesto Pedro mostrando las palmas de las manos.
    -Y ¿que propones?, aunque se lo dijéramos a alguien no nos creerían ya ves que todo el mundo se está volviendo loco –dije.
    -Igual era exactamente eso lo que querían -suspiró Pedro.
    -Pero ¿quien, y por qué?, no entiendo nada -dije antes de sentarme en la vieja silla del escritorio de Pedro.
    -No te sientes, tenemos que salir a ver si conseguimos descubrir algo -contesto pedro
    -Pero ¿dónde pretendes ir? -a mí no se me ocurría nada.
    -Había pensado en pasarnos por casa de Víctor, ya sabéis que su padre es político. Diputado o algo… igual conseguimos averiguar alguna cosa. Además su casa no está muy lejos, podemos ir andando -contesto él convencido
    -Yo no entiendo por qué nos estamos metiendo en este lío -dijo Claudia.
    -Por intentarlo no perdemos nada -dijimos al unísono Pedro y yo
    Así que fuimos a casa de Víctor y al llegar oímos como su padre estaba hablando por teléfono nos callamos y escuchamos atentamente la conversación:“ya sé que no pensábais que iba a pasar esto, pero aquí nadie está buscando alternativas al petróleo, se están volviendo todos locos… Sí, ya sé que es un experimento pero esto hay que pararlo… Pero ¿qué es lo que queréis?, ya habéis visto la reacción de la gente… hay que parar esto, ya o no podremos arreglarlo” de repente se giró y nos vio a los tres asomados a la ventana “Espera un momento, luego te llamo…”
    -Pero que hacéis aquí -dijo mirandonos.
    -Nada, veníamos a buscar a Víctor -dijo Claudia intentando que no se notara que estaba asustada.
    -¿Con quién hablabas? -Dijo Pedro seriamente
    -Con un compañero de trabajo, pero no es asunto tuyo -dijo él con un tono algo agresivo.
    -Sí que lo es, te hemos oído, ¿que estáis haciendo? -conteste sin poder contenerme.
    -Está bien, no era nuestra intención generar este caos. Sólamente queríamos dar una lección a la sociedad, enseñarle que tiene que cambiar, pero ahora no sabemos cómo volver atrás, tenemos miedo de lo que nos puedan hacer si se enteran de que no era cierto, de que realmente se sigue extrayendo petróleo -añadió, se notaba que estaba arrepentido.
    -¿Qué os había dicho?, lo sabía -dijo Pedro con alegría.
    -Simplemente comunicarlo, explicarlo. Os tendría que dar más miedo lo que puede pasar si no lo decís, ya veis lo que está pasando -añadí intentando convencerle.
    Sorprendentemente lo conseguimos y a los días todo volvió a la normalidad, bueno, no del todo ya que la gente comenzó a pasarse a las energías renovables, por lo visto valió la pena el experimento del padre de Víctor, y podríamos decir que nosotros contribuímos, aunque la gente no nos crea.

    500 mil años después

    500 mil años después

    No puedo ver nada. Una luz blanca me ciega. Solo percibo sombras y ruidos.¿Donde esta Riuki?¿Habrá muerto? Tuve suerte de sobrevivir a aquella bestia. No nos debimos separar del grupo.¿Donde estoy? Hay mucha gente a mi alrededor.¿Que querrán?Igual son miembros de la tribu de la montaña. Papá me advirtió que eran peligroso, aunque ahora viéndolos de cerca no parecen muy fuertes.Son todos altos pero no musculosos.Son muy extraños…, tiene la piel muy clara, todos menos dos; serán rehenes o esclavos. Aunque no lo parecen, están sonriendo junto a las demás personas mientras golpean sus palmas. Es todo muy raro ¿Sera un ritual?. Están todos vestidos igual, muy abrigados y de color blanco. Nunca había visto ese color de piel, será muy difícil de conseguir. Se ve que son una tribu muy poderosa. Podríamos tener más amistad con ésta; sería de provecho para todos. Ahora que lo pienso, ¿Estarán buscándome?. Aunque eso da igual,si me estuvieran buscando no se les ocurrirá acercarse a la montaña, y aún así, si se les ocurriese acercarse nunca se atrevería a tratar con ellos. Hay muchas leyendas acerca de sus peleas, Son temidos. Claro, si no fuera así, no tendrían la montaña para vivir, ya se la habrían quitado; es una zona con mucha vegetación y animales, un paraíso.

    No creo que sobreviva. Me mataran en un momento u otro. En cualquier momento me clavarán un puñal o tal vez una lanza...Estoy acabado, en nada me reuniré con Wetta y Idok, tengo mucho que contarles.Bueno solo a Idok porque Wetta no le dio tiempo ni a aprender a hablar, pobrecita ,aunque ahora que lo pienso su hermano ya le habrá enseñado. Murieron muy jóvenes ,casi no pudieron conocer a Papá, estaba siempre fuera de casa cazando para poder dar de comer a la tribu.

    Pensándolo mejor, no me quieren matar, estoy seguro. Si me quisieran matar no me habría despertado en una cama tan cómoda ,ni me habrían sanado. No me ha quedado ni cicatriz después de caer en esa brecha. Casi un milagro. Y por último, estoy seguro que ya lo habrían hecho; tener un esclavo hombre es una carga para la tribu y también es peligroso.

    Ahora no parecen tan alegres.Todos me están mirando con cara curiosa mientras rayan en una especie de montón de tejidos. Se han organizado en dos posiciones,en la primera, todos menos uno se han colocado delante mía, observándome, y a la vez observando sus tejidos, y en la segunda posición, hay una persona, que intuyo que será el jefe, apartada, más cercana a mi, que les habla a las demás mientras atienden callados.

    Dr. Hall: Sujeto 001 de aborigen de “El Valle del Rift”, antigua tribu de Walayas. Sus constantes vitales son estables, no presenta fallo en su sistema locomotor y percibe colores y formas. Señores, tenemos ante nosotros la primera persona revivida por clonación de ADN, la primera persona resucitada

    A TIEMPO DEL CAMBIO

    A TIEMPO DEL CAMBIO

    Juan recordaba sobre la silla de mimbre de la cocina aquellas botellas de su niñez, bolsas, ropa sintética, la electricidad de las casas, móviles, televisión y todas esas cosas que ya hacia unos cuantos años habían desaparecido pero que habían formado parte de su vida.
    Entre tanto llega su nieta Elena, y tienen una conversación que a ambos les cambiará la vida:
    -Abuelo, ¿qué piensas?
    -En una vida pasada que no volverá. Verás pequeña, el mundo que conoces no siempre ha sido así, normalmente se ha avanzando en las economías y en el estilo de vida, pero desde hace algunos años solo hemos retrocedido.
    -Abuelo, pero… ¿en qué ha cambiado?.
    -Mira, voy a ponerte un ejemplo: ¿de que es el jersey que llevas?.
    -De lana.
    -Debo decirte que antiguamente la mayoría de jerséis no eran de lana, lo que llamamos fibra natural, sino de fibras sintéticas, y te estarás preguntando que son esas palabrejas, ¿no es así?.
    -Sí abuelito.
    -Bien, las fibras sintéticas eran fibras textiles provenientes del petróleo, formadas por moléculas muy pequeñitas, llamadas polímeros, que se forman por la unión de otras unidades mas simples, los monómeros.
    -Pffff, estás diciendo muchas palabras raras que no entiendo.
    -Tienes razón pequeña, a veces a este viejo se le olvida que está hablando con una preciosa niña de 10 años. Veamos, ¿puedes nombrarme tus juguetes?
    -Claro que si abuelito. Tengo mi patinete de madera, las canicas, la comba y por supuesto mi muñeca preferida, Barbie Porcelain. Y tú, abuelo ¿con que te entretenías?.
    -A eso iba, mi niñez y la tuya son muy distintas. No me refiero a que la tuya sea peor, posiblemente los niños hoy en día sois mucho mas felices, más sanos, con menos cosas y con menos variedad alimenticia de la que teníamos nosotros. Cuando yo tenía tu edad mis padres me regalaron la primera Nintendo, posteriormente llegó el i-phone X… Unos aparatos de plástico, es decir, petróleo que servían para distraer a los niños y los mas jóvenes con juegos virtuales y aplicaciones de mensajería, para volverlos unos adictos y limitar sus vidas a dichos aparatos. Por eso hay ahora tantos mayores con dolencias y enfermedades provenientes de aquellos aparatos del demonio, como fobias y tendinitis crónica.
    -¡¡Abuelo!!, espera un momento. ¿No te has dado cuenta que hablas todo el rato del pretóleo ése y no sé de que me estas hablando?.
    -Es pe-tró-leo. Era un líquido aceitoso y negro de origen natural, formado hace millones de años por la descomposición de organismos marinos, otros animales y plantas a través de procesos muy complicados.
    -Y, abuelo, ¿por qué antes has dicho que crecemos más sanos y no tenemos variedad de alimentos?.
    -Verás, antiguamente teníamos más variedad alimenticia debido al transporte aéreo y marítimo. Actualmente estos transportes se han visto reducidos por la falta de combustible y las personas tienen que conformarse con la comida que se cultiva en la zona donde viven
    -Vaya, abuelo. Sí que ha cambiado todo.
    -Si. Éramos un puñado de energúmenos sin visión de futuro y ni pensamos en las generaciones posteriores ni en vuestro bienestar. Es que cada vez que hecho la vista atrás me pongo enfermo, pensando que podíamos haber puesto freno o por lo menos haber sido más previsores.
    -Pero abuelo, soy muy feliz, no me hacen falta todas esas cosas. Quizás tengas razón y hubo una crisis a nivel mundial y, si os hubierais dado cuenta de que la producción del petróleo iba cuesta abajo y sin frenos, a lo mejor sería diferente pero ¿sabes? yo creo que le habéis hecho un favor al planeta y yo soy feliz así.
    La niña besó al abuelo, cogió una manzana y salio a jugar, mientras Juan se enternecía con la ingenuidad de su nieta. No era consciente de lo que el fin del oro negro había conllevado: el retroceso tecnológico, el fin del comercio, el estancamiento de muchas investigaciones contra enfermedades, también la biotecnología… el mundo se había detenido.
    Juan, totalmente sumergido en pensamientos de este estilo y casi sin darse cuenta que empezaban a ser cada vez mas profundos, cayo en un penetrante sueño.
    Ti tu ti, ti tu ti, ti tu ti… era la alarma de su nuevo i-phone X recién salido del mercado y, casi al unísono por el hueco de la escalera se oía la voz de su madre gritando a pleno pulmón:
    -¡¡¡¡Juan!!!!,¡baja a desayunar llegas tarde al instituto!.
    Juan, atónito por el sueño que acababa de tener, se fue con un pensamiento al instituto y también con una meta de vida: “puede que yo solo no cambie el mundo, pero tengan por seguro que mi granito de arena ya está puesto”.

    CUESTIÓN DE TIEMPO

    CUESTIÓN DE TIEMPO

    En un lugar no muy lejano de aquí, en una modesta casa, un hombre bajo y con la piel curtida de trabajar durante cincuenta años llamado Leo pasaba el tiempo con su nieta Sira, una pequeña impulsiva y extrovertida de ocho años. Sira y Leo tenían muy buena conexión podían pasarse horas y horas hablando, jugando y paseando. Después de jugar un rato Sira le explicó lo que había hecho en clase.
    -Abuelo hoy en clase nos han explicado la 3ª Guerra Mundial… esa que fue por el petr...prit...pretilo.
    -Por el petróleo. -corrigió Leo tristemente.
    -¡Sí! –respondió la niña- El petróleo, también nos han enseñado objetos que estaban hechos de petróleo como por ejemplo las botellas o también lo que más me ha sorprendido... ¡las bolsas de la compra! Pero abuelo ¿por qué nunca me has hablado sobre esto si la guerra empezó cuando tenías 20 años?-prosiguió Sira
    -Verás Sira, en los libros de texto y en la televisión lo cuentan como una pequeña batalla en la que sólo tuvimos que sufrir el cambio del petróleo a las energías renovables. Pero es una historia mucho más larga. Cuando yo acababa de cumplir la mayoría de edad había una gran tensión internacional; los ricos estaban obsesionados por controlar la mayor cantidad posible de fuentes de petróleo, cosa que no entendíamos los demás. Pero la burbuja explotó y el mundo cambió. Ya no habría más coches, aviones, trenes,... ya no volvimos a ver el plástico ni en las bolsas, botellas, juguetes,.... ¡en nada! -Leo bajó la vista.
    -¿Cómo cambió vuestras vidas? ¿Por qué no usabais energía solar o hidráulica o eólica....? -preguntó Sira intrigada.
    -Tranquila, ahora te lo explico todo. Cuando la producción energética decaía, estalló la guerra. Pero las batallas no ocurrían en las grandes ciudades sino en los pueblos donde había muertos y más muertos. La gente se mataba por conseguir comida; por una simple botella de plástico… dicen que el hambre y la guerra mataron al 20% de la población mundial. Retrocedimos un siglo. Teníamos que ir al río con recipientes de cerámica en mano, nos movíamos sólo en bicicleta, consumíamos únicamente alimentos que se cultivaba aquí o en los pueblos de alrededor… Así tuvimos que vivir durante mucho tiempo, hasta que algunos científicos decidieron buscar nuevas maneras de aprovechar mejor las fuentes eólica, hidráulica, solar...
    -Entonces, ¿antes no había placas solares ni molinos de viento? -interrumpió Sira
    -No, sólo se generalizaron desde hace pocos años. Y como ya sabes, ahora nuestros coches son eléctricos y ya no contaminamos tanto por lo que el calentamiento global remite y las temperaturas no son tan extremas.
    -¿Cómo eran las temperaturas antes?- preguntó velozmente la niña.
    -Cuando yo era pequeño las temperaturas eran muy extremas, en invierno hacía mucho mucho frío y en verano hacía un calor insoportable, además no había ni otoño ni primavera.
    -Mmmm... entonces fue bueno que terminase la era del petróleo. Nuestra vida ha mejorado y ya no contaminamos. Además me acuerdo que el año pasado fuimos al monte y la abuela dijo que nunca había visto tanta variedad de animales en libertad, que los montes estaban limpios y que, desde lo alto de la montaña, ya no se veía la gran nube de humo sobre la ciudad. Incluso el agua de los ríos parece limpia.- pensó ella en voz alta.
    -Tienes razón Sira, veo que te interesa este asunto. A ver si cuando seas mayor conciencias a la gente de lo que hicieron nuestros antepasados y les adviertes para que nunca abusen de sus recursos o la naturaleza lo pagará con ellos.
    Nieta y abuelo hablaron durante horas hasta que anocheció. Después jugaron al parchís y se acostaron, cuando estaba a punto de dormirse, el abuelo recordó las palabras de Nicanor Parra:"El error consistió en creer que la Tierra era nuestra cuando la verdad de las cosas es que nosotros somos de la Tierra"
    Riptide.


    EL GLÓBULO SUPERVIVIENTE

    EL GLÓBULO SUPERVIVIENTE

    Como cada día fui a correr, la sangre estaba caliente, todo era normal, los glóbulos rojos llevaban a sus hijos hierro y hemoglobina por toda la sangre, fue entonces cuando sucedió algo, un agujero surgió de la nada, entonces nos llamaron del trabajo, decían que todos los glóbulos blancos debían ir al sector 13, la pierna, bajé lo más rápido que pude pero entonces nos volvieron a llamar que habían surgido otros 24 agujeros, fue entonces cuando todo se alboroto.
    Cada vez habían menos glóbulos rojos, las pulsaciones disminuyeron y yo estaba preocupado, sabía que llegaría mi hora de luchar contra las bacterias, no sabíamos a lo que nos enfrentábamos por eso los mejores fueron al agujero más grande, estaba en el sector 45, el abdomen, tenía un diámetro increíble y las bacterias entraban de 100 en 100, las plaquetas empezaron a coagular la sangre lo mas rápido posible, entonces las heridas dejaron de sangrar menos la del abdomen.
    Yo estaba cerca del exterior lo vi todo, la carretera, el en el suelo, había una moto también, hecha añicos, y entonces comenzaron a acercarse unas luces intermitentes y un sonido incesable muy fuerte y molesto, fue entonces cuando cogieron a el amo y lo levantaron, lo metieron en la camioneta del sonido, iba muy rápido, lo volvieron a bajar de la camioneta y fue entonces cuando el sonido ceso, lo metieron con una cama lo mas rápido posible en una habitación y con un artilugio y una especie de filamento, la herida fue cerrándose lentamente i mágicamente, nunca había visto nada igual, la herida dejo de sangrar y deje de ver el exterior, el momento de pez termino ya no podía ver lo que le hacían no podía ver nada pero entonces se abrió otra herida en el sector 100, la arteria carótida, fue entonces cuando supe que todos absolutamente todos íbamos a morir.
    La sala estaba tranquila y lograba escuchar algunas cosas que decían los hombres de la furgoneta de las luces, escuchaba, pinzas, hilo, parad la hemorragia, pero aun así el corazón palpitaba cada vez más lento, el palpito era relajado y con el todo se empezó a calmar, empezaron a morir muchos glóbulos blancos, fue entonces una bacteria venía a por mí y no tenía energía para detenerla, no podía luchar con ella. El corazón se paró, con el corazón nosotros también paramos y entonces vi la luz, sabía que era mi hora, pero cuando ya sabía que había llegado fui absorbido por una especie de magia y me metieron en un tubo, de ese tubo yo era el único superviviente, y nos metieron en otra habitación.
    No recuerdo lo que paso en esa habitación, lo único que recuerdo es que hacia frio, mucho frio.
    Luego empecé a recordar cuando me sacaron de la habitación, fue como una siesta, entonces nos volvieron a absorber y nos metieron en otro cuerpo, este, y esa es la historia de lo que me sucedió, hijo.

    Felicidad como forma de vida

    Felicidad como forma de vida

    Este cuento habla de un alien llamado Wonder. Sus padres le pusieron ese nombre ya que nació y fue maravilloso para ellos. Era un alien muy feliz, siempre contento por ayudar a todo el mundo y siempre quería que todo el mundo fuera feliz. Aunque estaba muy bien en su casa, con sus padres en la localidad de Litio, tenía la necesidad de conocer a más gente y poder experimentar otras culturas a parte de la suya, la cultura alienígena, una cultura que se basa en que todo el mundo se respetaba y sólo se podía hacer el bien. Todas las cosas negativas no existían porque nadie las hacía ya que nadie las conocía.
    Un día, ya decidido se escapó de su casa con la nave de sus padres y fue rumbo a otros planetas.
    Tras ver muchos planetas, le sorprendió uno que según había estudiado lo llamaban LA TIERRA y estaba habitado por personas y decidió aterrizar allí.
    Muy contento de poder estar allí, bajó de la nave y empezó a investigar.
    Lo primero que vio fue una placa que ponía: SIRIA.
    De repente, vio que caían cosas del cielo que cuando chocaban causaban un gran estruendo y todo se derruía.
    Aparecieron varias personas corriendo hacía un cobertizo cerca de allí, y Wonder decidió seguirles.
    Yendo al cobertizo, vio a varias personas en el suelo que no se movía llenas de un líquido rojo que estaba por todas partes.
    Todo el mundo gritaba y corría para protegerse.
    Lo que más le sorprendió a Wonder es que nadie sonreía, ni él mismo.
    Cuando pararon un poco los estruendos, decidió buscar su nave y volver a su planeta, para poder pedir ayuda para poder compartir su felicidad con aquellas personas que tanto lo necesitaban.
    Se subió a su nave, despejó y empezó a pensar que podrían hacer él y sus amigos para poder ayudar a aquellas pobres personas

    La chispa se agrió

    La chispa se agrió

    Un día cualquiera, yo, Verdejo, y mi compañero Albariño, despertábamos en la vieja bodega de la casa de campo. La penumbra del amanecer dejaba ver el ir y venir de los habitantes de la longeva vivienda. Las risas y los cánticos de los tintos al percatarse de la llegada de la familia, nos obligaron a abrir las burbujas antes de tiempo. Nuestra enemistad empezó en los racimos y siguió en las botellas. Son unos creídos y unos consentidos que se pasan años en las codiciadas barricas de roble, de fiesta en fiesta. Tienen un moreno digno de envidia y un carácter demasiado denso.

    El día transcurría con normalidad. La paz y tranquilidad hubiesen sido inmejorables, si no fuese por esos malditos vinos granatosos.
    El más jovencito de los niños abrió la ventana ágilmente con el fin de llamar a la mesa al resto de familiares. Con las prisas provocadas por el hambre, dejó la ventanita entreabierta.

    Todo siguió igual hasta que pasó una semana del descuido. Mi amigo empezó a cambiar; se había vuelto distante y su carácter fresco y afrutado se había agriado. Cambió su registro a un lenguaje mucho más ácido, por no hablar del insoportable olor que desprendía. Ya no hubo vuelta atrás. Había perdido la chispa.

    La Metamorfosi

    La Metamorfosi

    Cada vez que abro los ojos lo veo todo negro,cada dia el sitio donde estoy es más pequeño.Comienzo a estirar todo mi cuerpo, hasta que escucho un crujido.Un crujido después de otro hasta que veo un agujero,un agujero por donde pasa un hilo de sol que me da calor.
    El agujero se va haciendo más grande,hasta que finalmente estoy al aire libre,todo es de color verde, miro hacia abajo ,estoy encima de una rama de un gran árbol.

    Bajo del roble, todo lo que me rodea es enorme,pero a medida que van pasando los días, mi cuerpo va cambiando en la cabeza me salen antenas en el tronco alas y todo mi cuerpo cambia anatómicamente.

    Me di cuenta que todos aquellos cambios se debían al proceso de la metamorfosi.

    La palabra metamorfosis proviene del griego («meta», cambio y «morfe», forma) y significa “transformación”. La metamorfosis son los cambios de diferenciación que generalmente están asociados a cambios de comportamiento y de hábitat. La metamorfosis es el proceso biológico desde el nacimiento, pasado el desarrollo embrionario, hasta que las mariposas alcanzan la completa madurez.

    RODRIANTUS

    RODRIANTUS

    Nos encontramos exactamente dos años después del último gramo de petróleo encontrado en Qatar por el magnate del petróleo Al-Faysan, que se encuentra entre las cinco personas más poderosas del mundo.
    Estos dos años habían sido catastróficos para la humanidad, las reservas de gasolina eran nulas y el comercio caía en picado, gran multitud de objetos necesarios para la agricultura se habían dejado de fabricar y existía una gran demanda de alimentos y, para colmo, los magnates no obtenían más dinero, por lo que se tenían que conformar con su doce yates, ocho mansiones y algún que otro Lamborghini, es decir, se declaraban en bancarrota.
    Al otro lado del Atlántico, existía un pequeño pueblo en el que apenas había pobreza y las enfermedades eran habituales. Este lugar de Venezuela se llamaba Pereja que disponía de un producto similar al petróleo, del que poseían grande campos aunque ninguno de sus habitantes fuera consciente de ello.
    Un día aparecieron por Pereja dos de turistas perdidos, uno de los cuales poesía la carrera de química, mientras que el otro había sido echado de su antiguo trabajo como obrero de la construcción por distraerse alguna que otra vez. Ambos, españoles, estaban de vacaciones por Venezuela y desafortunadamente habían ido a parar a uno de los lugares más peligrosos del País, no por la delincuencia sino por las enfermedades. Después de haber acampado en un campo con apenas dos mantas en el suelo, ya que el tiempo era cálido, Francisco, el ex obrero, observó que la vegetación era muy pobre pero sus ganas de echarse hicieron que no le prestara atención y se durmiera.
    Jason, habitante del pueblo, observo a ambos forasteros en la lejanía y no dudo en acercarse ya que no tenía nada mejor que hacer. Al llegar, observó a Francisco y Rodrigo durmiendo, y esperó a que se despertaran. Cuando lo hicieron se asustaron por la presencia del desconocido que no era tan desconocido porque sabían que provenía de aquel pueblo azotado por las enfermedades, se pusieron los tres a hablar de la vida en general. Ninguno de ellos superaba la treintena ni tenían enfermedades eran de las pocas cosas interesantes que se podían obtener de aquella conversación, hasta que Francisco mencionó su observación sobre la vegetación, la cual Jason paso por encima pero Rodrigo se ausentó para examinarla mientras ambos seguían hablando de otras cosas. Rodrigo, que llevaba su maletín de trabajo siempre encima, comenzó a analizar la sustancia que tenía bajo sus pies y tras un par de horas llegó a la conclusión de que contenía una composición muy similar al petróleo, sustancia en la que había estado trabajando poco antes de que se terminara la última reserva. Rodrigo se llevó unas cuantas muestras y regresó sin decir nada.
    Dos días después, Rodrigo, Francisco y Jason, que quería huir de aquel poblado, cogieron el avión con dirección a España. El mismo día de llegar, Rodrigo acudió al Laboratorio General de Madrid para entregar las muestras y firmar los papeles que acreditaban que la sustancia había sido encontrada por él.
    Pasaron tres meses hasta que los expertos comprobaron que la sustancia era apta y podía reemplazar al petróleo, por lo que Rodrigo fue avisado de inmediato y numerosos científicos incluidos Rodrigo, viajaron a Pereja para confirmar el hallazgo. En apenas dos semanas la ciudad había sido arrasada para no causar enfermedades en los trabajadores y se pusieron a extraer la sustancia denominada Rodriantus, en honor a Rodrigo, de las miles y miles de hectáreas que tenía aquella provincia.
    Seis meses después, se había recuperado la normalidad en todo el mundo debido a las buenas gestiones tomadas por el gobierno que, para una vez que las hacen, hay que agradecérselo. En cuanto a Rodrigo, Francisco y Jason, tenían una vida más que acomodada debido a las cantidades de dinero que habían recibido por el descubrimiento. Por otro lado, los magnates ahora sí, estaban en banca rota debido a las numerosas cantidades de dinero que tenían que pagar al estado y vieron como sus grandes yates eran embargados por la policía, que también por una vez, hicieron frente a la población poderosa.

    Un candado sin llave

    Un candado sin llave

    Tener los ojos abiertos las 24 horas del día es muy difícil, hay un momento que piden cerrar, que todo el cuerpo pide una pausa, y entonces todo se vuelve oscuro.
    Así es como se sentía Lucía, una chica adolescente que estaba caminando por el puerto cuando una ráfaga de aire hizo que impactara contra el muelle. Cuando Lucía se despertó notó como su cuerpo pedía un poco más de descanso, pero sus ojos querían volver a parpadear y sacar esa desecación que le impedía ver con claridad. Es surrealista pensar que un movimiento involuntario permite que sigas viendo e incluso viviendo.
    En ese momento Lucía se empezaba a despertar, le costaba, pero empezaba a reconocer una silueta que parecía ser la del médico. Se encontraba rodeada de gente, pero en una habitación con las paredes blancas, con mucha luz. Allí es donde ella empezó a recordar pequeñas partes de cómo había llegado a esa situación.
    De repente un rostro bastante peculiar se le acercó y ella sólo se fijó en sus ojos verdes, obviando la mascarilla que le cubría media cara, y se preguntó si también le había costado abrir los ojos aquella mañana.
    La mañana siguiente por fin llegó su madre, muy nerviosa, pero dispuesta a hablar con su hija sobre lo ocurrido. Ella se llamaba Rosa y era una mujer muy comprensiva, pero se preguntaba cómo había llegado su hija allí y porque iba sola por el puerto. Los médicos le advirtieron que todavía no podía entrar la habitación ya que estaba trabajando el equipo de psicología.
    En esos momentos, el lóbulo Occipital de Lucía no estaba del todo desarrollado, es decir, Lucía no podía ver con claridad y apenas podía activar el lóbulo temporal no dominante, es decir, no podía ejercitar la memoria y por eso no pudo transmitir mucha información al equipo de psicólogos.
    Entonces era el turno de su madre, Lucía la reconoció e intentó explicarle toda la historia. La verdadera historia fue que Lucía estaba paseando por el puerto en busca de un jersey que se había dejado la semana anterior cuando estaba con un grupo de amigos. Las dos mostraban una cara de arrepentimiento, su madre por no darse cuenta que salía y su hija por salir y temer por su vida por una tontería.
    La mañana siguiente Lucía se sentía más despierta que nunca, prefería volver a la rutina que quedarse en aquel hospital, parecía que empezaba a recordar la gente de su alrededor. Su cuerpo se estaba poniendo en marcha, pero no abría los ojos. Entonces se preguntaba; ¿se puede estar despierto sin poder abrir los ojos? Pues la verdad era que sí, ya que es un trastorno llamado parálisis del sueño, que ocurre cuando nuestra cabeza no desactiva el candado de los sueños, es decir, el que evita que hagamos los mismos movimientos que en nuestros sueños.
    Los médicos lo detectaron y rápidamente advirtieron a Rosa que esto podía estar acompañado de alucinaciones y que la causa más común era el estrés. Seguidamente, entraron a la habitación e intentaron controlar su respiración para que se relajara y combatiera poco a poco la ansiedad durante la parálisis.
    Rosa volvió a casa ya que era muy tarde, pero su cabeza estaba llena de pensamientos y se sentía impotente por no saber la principal causa del estrés de su hija. Entró a la habitación de Lucía y revolvió todas sus cosas, quitó los cajones más pequeñitos, en busca de algo que le pudiera ayudar.
    Minutos después empezó a recogerlo todo, notaba que no estaba haciendo un buen papel de madre, estaba sola hacía años ya que su marido les había abandonado y nunca se había sentido tan sola. Recogió el último cajón cuando se cayeron un par de fotos escritas por detrás. Las cogió y las miró atentamente, eran fotos familiares de cuando fueron de viaje los tres juntos, ¿tendría esto algo que ver con el accidente?
    Seguidamente, encontró unas coordenadas escritas en la parte inferior de la foto. Rosa cogió el coche y llegó a su oficina, el único sitio donde podía acceder a un ordenador para buscar la información. Las coordenadas daban exactamente en el lugar del puerto.
    Se levantó, con más fuerzas que nunca y volvió al hospital dispuesta a encontrar esa llave que podía abrir en candado de su hija, es decir, encontrar el motivo por el cual ahora mismo estaban allí.
    Cuando estaba allí informó a un médico de lo que había encontrado, pero ya era demasiado tarde, le dijeron que alguien había venido a recoger a su hija, Rosa pidió detalles y le dijeron que era un hombre, pero que había sido tan rápido que no lo pudieron ver bien.
    Rosa estaba perdida.

    xai tenix

    UN SIMPLE CIUDADANO

    UN SIMPLE CIUDADANO

    Aún recuerdo aquel otoño en el que el mundo cambió. ¿Cómo olvidarse de esas palabras de Lara? Debían ser alrededor de las siete de la tarde cuando la presidenta de la ONU, Lara Lajčák, hija de Miroslav Lajčák, pronunció esas dos frases que han conseguido quedarse en la memoria de todos durante estos seis largos años: “Se han agotado todas las reservas de petróleo en La Tierra. O buscamos soluciones, o habremos retrocedido el equivalente a tres siglos”. ¿Qué estupidez esta última frase, no? Al principio, todos pensábamos lo mismo.

    Sí, el petróleo se había agotado. Eso significaba el fin de muchas cosas que, hasta entonces, eran sinónimo de basura. Ahora, por ejemplo, las personas que tenían botellas de plástico en casa, se podía decir que eran altos cargos de su empleo; o también se decía que, quien podía mantener frutas abiertas durante días, eran auténticos afortunados, pues el papel film no estaba al alcance de cualquiera.

    Y eso sólo era lo referente a los productos derivados, pero respecto al petróleo como combustible, fue una verdadera lucha.

    Había gente consciente de que el suministro de petróleo no sería ilimitado y pusieron placas solares en sus casas (pese a los excesivos impuestos que se tenían que pagar) y se compraron coches eléctricos. Estas personas fueron las más inteligentes ya que, aunque en su día pagaron una cantidad desmesurada de dinero, hoy cuesta el triple. Además, pese a su elevado precio, es una de las fuentes de energía que más se emplea, lo que conlleva a que las centrales eléctricas no den abasto y se produzcan fallos continuamente.

    El resto de fuentes de energía tampoco tuvieron mucho éxito. Tanto la energía eólica, como la mareomotriz o la hidroeléctrica se vieron afectadas por el cambio climático.

    Hoy en día, la mayoría de personas emplean una de estas dos fuentes de energía, la energía eléctrica, pese a su elevado coste, o la biomasa (que también pasó a ser bastante cara), pero que su uso provoca un olor desagradable, que provoca un deterioro en la calidad de vida.

    Durante los primeros años, todo iba medianamente bien. El problema llegó cuando una gran cantidad de familias se quedaron sin ahorros simplemente por pagar estas energías. Este hecho provocó que, muchas personas empezaran a robar, por ejemplo, placas solares. Lo peor de todo era que, no se trataban de casos aislados, que ocurrían una vez cada mucho tiempo. No, se trataban de robos que ocurrían día tras día, y que, muchas veces, había incluso mafias por detrás. Muchas veces se desataban guerras por conseguir esas placas solares. Sin ir más lejos, en Giurgiu, una ciudad al sur de Rumanía, llevan dos años en guerra simplemente por hacerse con el poder de pequeño parque solar.

    También tengo que añadir que, todo ese dinero que se pagaba por esas energías, no se repartía de forma equitativa entre todos los empleados. Se lo quedaban una minoría, que eran las que mejor vida llevaban. (Normalmente, estas personas eran las que tenían objetos de plástico en sus casas).

    En resumen, ahora mismo, vivimos en una sociedad en la que, hay una gran desigualdad financiera, donde personas se nutren gracias a los demás; hay numerosos robos diarios; hay gran cantidad de guerras por conseguir recursos; y también hay un permanente mal olor por la calle. Tal vez Lara tenía razón. Hemos retrocedido tres siglos.


    PD: Si estoy realizando esta carta es porque ahora mismo, hay un combate en la ciudad donde resido, pues se han descubierto unas grandes placas solares sin dueño, y todo el mundo quiere que sean suyas.
    Espero que se encuentre rápido una solución a la falta de ese dichoso material que tanto mal ha causado, el petróleo.

    Atentamente,
    Un simple ciudadano.

    UN SUEÑO MUY REAL

    UN SUEÑO MUY REAL

    UN SUEÑO MUY REAL

    Todo comenzó un día frío de invierno cuando me encontraba en el pueblo de mis abuelos. Allí hay pocas cosas para entretenerse y lo que solemos hacer es sentarnos cerca del hogar, escuchar la radio o charlar y merendar chocolate caliente con pan tostado que prepara mi abuela.
    Aquel fin de semana no podíamos escuchar la radio porque hacía semanas que las nubes cubrían el cielo y las placas solares no podían alimentar las baterías. En ese momento se me ocurrió preguntarles a mis abuelos qué hacían en días así cuando eran jóvenes. De inmediato mi abuelo se echó a reír y le transmitió la pregunta a mi abuela; ella también sonrió llena de complicidad.
    Yo, impactado, les pregunte por qué se reían y mi abuelo por fin comenzó a hablar:
    - ¡Ay, hijo mío! si tú supieras… cuando éramos jóvenes nada era así. ¿Tú crees que teníamos que pensar si había suficiente energía para cualquier cosa? ¿Sabías que podíamos viajar donde queríamos? Incluso con aviones.
    -¿Qué dice, abuelo? ¿Me quieres decir que siempre funcionaba la radio?
    - Sí, pero no solamente eso. Teníamos muchos más aparatos eléctricos en casa. Teníamos microondas, neveras, congeladores, ordenadores, lámparas por toda la casa…
    -¿Qué es eso de la nevera?
    - Ah, claro. Tú no las has visto funcionar. La nevera era un aparato donde se podía guardar comida durante semanas para que no se echara a perder.
    - Pero lo que no acabado de entender es –Insistí- ¿cómo esos aparatos tan grandes podían funcionar? Debían consumir mucha energía.
    -La respuesta es fácil, muchacho. El petróleo. Con él lo hacíamos todo. Para tener energía ilimitada sólo había que quemarlo. Parecía fácil; pensábamos que duraría eternamente pero no fue así. Un buen día, todo terminó. Se acabó.
    -¿Cómo era el petróleo?
    -El petróleo era una roca formada a partir de restos orgánicos en el interior de la tierra. Era negro y viscoso. Y con él se fabricaban plásticos, carburantes, fibras textiles…
    -Y ¿por qué ahora no seguimos aprovechándolo como antes?
    -¿Sabes por qué no lo usamos? Es algo sencillo… no queda. Nosotros, nosotros acabamos con él. Éramos tan avariciosos; tan derrochadores que no fuimos conscientes de que era un recurso no renovable y que en algún momento se agotaría. –Entonces el anciano se levantó con dificultad y me hizo una seña-Acompáñame a la habitación, te voy a enseñar una cosa.
    Yo le seguí hasta su habitación. Él abrió el armario y comenzó a rebuscar. Después de unos minutos, sacó un pequeño baúl cerrado con llave.- Vamos a la chimenea –dijo- que aquí con esta vela no veo nada.
    - Vale abuelo, ya llevo yo la caja.
    Cuando llegamos él me dijo: -Hijo mío esto lo llevo guardando desde hace mucho tiempo y quiero que sepas que cuando me muera esto será tuyo. Solamente quiero decirte que pienses bien antes de hacer cualquier cosa con él, es muy valioso.
    -Pero abuelo, ¿qué es eso que tiene tanta importancia?
    -No seas impaciente. Ahora te lo enseñaré. -En ese momento mi abuelo sacó una camiseta muy extraña.
    -Qué rara es esa camiseta, abuelo –dije- Es muy ligera.
    -La verdad es que sí. Está hecha de poliéster, un derivado del petróleo. Estas prendas eran muy cómodas y transpirables, pero hace tiempo que se dejaron de fabricar.
    A continuación sacó una especie de cartón blanco.
    -¿Qué es eso? –pregunté.
    -Esto es una bandeja de poliestireno. Todos los alimentos que comprábamos venían en estas bandejas. Tirábamos cientos de ellas cada semana. Y mira ahora, son más preciadas que el oro.
    -Pero estas bandejas ¿no se podían volver a utilizar?
    -Por supuesto que sí. Esta debe ser una de las últimas que quedan. Me acuerdo que en ésta venían dos trozos de pollo.
    -Abuelo ¿por qué no vendemos todo esto?. Si es todo tan valioso, seguro que nos dan buen dinero por la caja.
    -En eso tienes razón, chaval. Por eso las tengo a buen recaudo por si en algún momento nos hiciera falta.
    En ese momento el abuelo se desvaneció. Me di cuenta que solamente había sido un sueño. Un sueño que me hizo pensar que ese anciano podía ser yo dentro de no muchos años. Ese pensamiento me produjo un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo.
    Mientras terminaba de despertarme, lo único que se me ocurrió es que actualmente estamos despilfarrando petróleo… ese preciado tesoro. Y que el sueño aunque pareciera fantasía, es muy probable que acabe ocurriendo. Tal vez yo no, pero mis hijos… mis nietos deberán acostumbrarse a vivir en una nueva era. Una era sin petróleo.

    VALERIA Y LA PREGUNTA DEL MILLÓN

    VALERIA Y LA PREGUNTA DEL MILLÓN

    Una chica llamada Valeria, trabajaba en una gasolinera todos los días menos los fines de semana. Su trabajo era agotador, llegaba a casa casi de noche y en sus momentos de descanso tenía un hobbie: un blog donde contestaba a la gente por internet sobre preguntas de su trabajo.
    Un sábado por la tarde, cuando se conectó a su página, vio una pregunta que le llamó la atención, un usuario anónimo le preguntó, ¿y qué sería de nuestra vida si no existiera petróleo? Esta chica se quedó sorprendida ya que muy poca gente le hacía preguntas de ese tipo, le solían preguntar…. ¿Eres feliz? ¿Qué opinas de tu trabajo? ¿Cuánto cobras? Preguntas como éstas que hablaban sobre su experiencia en la gasolinera.
    Valeria tenía una idea de los usos que tenía el petróleo, sabía como todo el mundo que de ahí se extraía el gasoil y la gasolina. Valeria se debía a sus usuarios, la pregunta le había impactado y le dio mucho en que pensar… y su respuesta fue:
    - Me sorprende bastante esta pregunta. Verás, el petróleo tiene muchos usos: la mayor parte del petróleo es destinado para cubrir nuestras necesidades de transporte y calefacción en nuestros hogares, el petróleo es empleado también para la fabricación de fertilizantes y pesticidas utilizados para nuestros cultivos, incluso la ropa que vestimos necesita del petróleo. Sin darnos cuenta, dependemos del petróleo para la obtención de muchos materiales. Con el fin del petróleo, pasaríamos durante los días de invierno mucho frío ya que no tendríamos calefacción, no podríamos desplazarnos ya que no existirían los materiales que tantos utilizamos como la gasolina, el gasoil necesarios para cualquier método de transporte. Las chicas no podríamos maquillarnos, que no es tan importante como todo lo anterior, pero para la gente que vive del maquillaje quizás sí, ya que los maquillajes que contienen aceites, perfumes, ceras y color son derivados de productos petroquímicos. Todos los plásticos no existirían como los conocemos. Y así te podría seguir con mucho más… son importantes para nuestro día a día. Espero que te haya ayudado.
    Al momento, el usuario anónimo le contestó:
    Ufff… esperemos que eso no ocurra porque tendríamos que cambiar nuestro modo de vida actual.

  • ADULT

    EXPERIMENT DE FÍSICA QUÀNTICA

    EXPERIMENT DE FÍSICA QUÀNTICA

    Busqueu una bonica pedra de riu rodona i grossa, d'uns 25 quilos de pes, aproximadament. Agafeu-la fort amb les dues mans i alceu-la a poc a poc sobre el vostre cap. Aguanteu-la així un moment de res, el temps just per avançar el peu dret. Un cop fet això, tireu-la amb tota la força que pugueu contra el vostre peu. Veureu com li surten dues magnífiques ales blanques i va pujant amunt, amunt, fins que es trobarà amb els àngels, els arcàngels, els principats, les potestats, les virtuts, les dominacions, les rodes, els querubins i els serafins. I després entrarà discretament dins el cercle etern on hi ha l’oblidat àngel dement, altrament dit primer motor immòbil. I després veureu com començarà a baixar per l'espai relatiu d'Einstein, pel quàsars, pels forats de cuc, per l’antimatèria i pels forats negres de Hawking, fins que arribarà a la prosaica llei de gravetat de Newton que farà que us esclafi el peu ben esclafat.
    D'aquest senzill experiment se n’inferiran tres conclusions: 1. Que haureu d’anar a l’hospital a guarir-vos les ferides; 2. Que els sistemes filosòfics idealistes se’n van en doina i 3. Que ella, la pedra (pobreta), té el temps comptat per poder somiar tot això.

    Imperfecció perfecta

    Imperfecció perfecta

    Pisa, fantàstica ciutat, la de la torre inclinada!
    Hi ha imperfeccions que esdevenen perfeccions! Com succeeix aquest canvi de la fatalitat?
    El disseny de la torre era imperfecte; el terra era inestable i els fonament dèbils. Des de l’inici es va començar a inclinar; era l’agost calorós de 1173. Per què no van aturar-ne la construcció abans dels cinc anys que va suposar la construcció dels tres primers pisos? Per què al cap d’un segle es van tornar a reprendre les obres i es va acabar? Quin conjunt de circumstàncies van fer que tot seguís endavant? Diuen que eren èpoques de bonança; no calia filar prim!
    Qui ho sap! L’atzar!
    Cap al 1177, un noi despert i curiós, en Leonardo, observava la construcció de la torre. La seva ment desperta captava totes les incidències; tenia 7 anys.
    Els seus amics l’escoltaven sense entendre’l massa:- Que la torre del campanar s’inclinarà cada cop més?, li preguntaven.
    -Sí, a partir de les ombres i la inclinació solar ho he anat deduint, és obvi!
    En Leonardo no només estava capficat en el desenvolupament de la construcció de la torre sinó que observava el seu món amb els ulls del coneixement. Volia saber-ho tot del que l’envoltava: les plantes, els arbres, les flors, els animals, el cel, el vent...Tot el sorprenia, tot el captivava...
    Sovint se’l podia veure mirant i recollint plantes i flors i comptant-ne amb paciència els pètals, les fulles i les seves nervadures, les espirals que dibuixen les llavors...
    Feia dibuixos al terra, sobre les pedres, a l’escorça dels arbres, a tauletes de fusta encerades... Observava la reproducció dels conills perquè va creure trobar un patró matemàtic; tot el feia rumiar. Era un observador de l’estructura de la natura, volia extreure’n tots els patrons; sabia que existien i volia trobar-los.
    Un objectiu sempre el perseguia: trobar la millor tècnica per redreçar la torre!
    La seva mare va morir quan tenia 9 anys i va marxar al nord d’Àfrica, amb el seu pare, comerciant de prestigi. Amb ell va viatjar per Egipte, Síria, Grècia, Sicília i Provença; va aprendre dels millors matemàtics àrabs. Cada cop estava més motivat pels temes matemàtiques que pels comercials. Es va interessar per les xifres aràbigues i el seu sistema posicional. Va adonar-se de la quantitat enorme d’avantatges que tenien; el sistema de numeració romà era complicadíssim per als càlculs. També es va adonar de la gran importància del 0.
    Va aprendre moltíssim i cap al 1200 va tornar a la seva ciutat, Pisa. Les obres de la torre estaven aturades. Ell seguia admirant-la.
    Als 32 anys va escriure un llibre titulat Liber Abaci, on explicava amb tota mena de detalls didàctics tot el que havia après. Parlava de les xifres aràbigues, dels nombres negatius, de trigonometria, de les obres d’Euclides...També parlava d’una successió numèrica anomenada actualment “successió de Fibonacci”: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34,... on cada nombre és la suma dels dos anteriors. Aquesta successió persegueix les plantes i els animals: pètals de flors, espirals de les pinyes, nervadures de les fulles, abelles...El que Fibonacci potser no sabia és que aquesta senzilla sèrie amaga el número d’Or, nombre de la bellesa per excel·lència. El Liber Abaci va causar admiració a l’època i es va utilitzar en comptabilitat, conversions de mesures i pesos...
    També va escriure d’altres llibres, però no tots s’han pogut conservar, ja que a la seva època encara no hi havia impremta, tots el llibres van ser manuscrits. Això va dificultar la conservació de la seva obra fins als nostres temps.
    Un llibre secret sempre l’acompanyava. En ell anotava tots els estudis que realitzava al voltant de la seva admirada torre. Càlculs i més càlculs per tal d’aconseguir redreçar-la. Volia estar completament segur de les seves investigacions. No volia fallar!
    En Leonardo va ser home de confiança de l’emperador Frederic, amant de les matemàtiques i la ciència i va col·laborar amb ell en afers diversos, com a consultor. Sabia que un dia li podria confiar el seu projecte secret i també estava segur que seria capaç d’encoratjar-lo per portar-lo a terme.

    Un dia assolellat d’estiu mentre observava la torre inacabada amb els ulls de la sensibilitat, de l’emoció, de l’estimació profunda, va sentir una immensa satisfacció i benestar; aleshores va desitjar que tota la humanitat experimentés els mateixos sentiments. Va prendre una convençuda decisió. Aquell estudi mai no sortiria a la llum.
    En Leonardo va morir als 75 anys i 33 anys després es va reprendre la construcció de la torre fins al seu acabament. Seguia inclinant-se. Tots els intents per redreçar-la han estat en va fins a l’actualitat.
    On estarà amagat el quadern d’en Leonardo?
    L’estàtua d’en Fibonacci la podem veure al cementiri al costat de la torre. Els seus ulls la observen infinitament...
    Leonardo=Fibonacci

    Investigadora de raça

    Investigadora de raça

    La Clara i el Gerard parlen per primera vegada a la cafeteria de la facultat de Biologia. L’euro que ell ha atansat al cambrer cau dins el cafè. La Clara clissa les mans tremoloses i li regala l’euro que duia a la butxaca. Cinc minuts després seuen al racó ombrívol de la cafeteria.
    ―Vull ser investigadora de raça, com Semmelweis ―es llença la Clara―. Però tinc por de no aconseguir-ho.
    ―Qui és Semmeelweis? ―s’encurioseix en Gerard esgarrapant-se els texans.
    ―Va deduir que la mort de les dones que parien eren provocades pels metges que venien de fer autòpsies. Sense guants ni punyetes ―la Clara esbatana els ulls―. Els va dir «eh, nanos, renteu-vos les mans abans d’assistir els parts». Va costar que se’l creguessin.
    ―Un paio observador!
    La Clara dubta: ho és, ella? Els bons investigadors han de ser-ho. El Gerard es recargola les mans com si volgués amagar-se els dits. La noia li arrencaria la inquietud dels palmells per descobrir el tresor que guarda.
    ―I a tu, què t’apassiona? ―investiga la Clara.
    Mai li ho han preguntat. Sense voler-ho, la imatge l’ataca: la tela blanca esgarrapada amb els cabells embullats de la Clara. Si els pintés, seria com acaronar-los. El Gerard treu el paper de la motxilla: sol·licitud d’inscripció per al curs 2017-2018 a l’escola d’art La Massana.
    ―Per què fas Biologia? ―incideix ella.
    ―Potser hauria d’acabar la carrera; estic a tercer.
    La Clara fa una ganyota. El Gerard respon ensenyant-li la caricatura que du entre els apunts.
    ―És el meu pare ―reconeix el noi―. Biòleg. Investigador en...
    ―Tens màgia a les mans ―"he trobat el teu tresor".
    El Gerard les fica a les butxaques. La dibuixaria com ara, amb els dits repicant la taula. La Clara s’imagina que el va a buscar cada tarda a l’escola Massana; només és a dos carrers de casa.

    La Clara espia el Gerard, assegut davant d’ella a la classe de microbiologia; l’esquena esprimatxada la crida. L’abraçaria amb la força que s’ha hagut d’empassar durant cinc setmanes. Ha esperat en va que li proposi de fer un cafè. Amb prou feines la saluda. Almenys, l’ha acceptat al Facebook. Es concentra en la pantalla del portàtil; ha d’escoltar el professor:
    "El primer que va observar els éssers microscòpics va ser Leeuwenhoek, al segle XVII..."
    Minimitza el word per encarar-se amb la fotografia de Semmelweiss, a l’escriptori: què hagués fet, ell, en la seva situació?
    "...i Pasteur, 200 anys més tard, va descobrir que hi havia malalties transmeses pels bacteris..."
    El Gerard tecleja el portàtil; palmells petits i dits gruixuts. La Clara els deixaria lliscar per on ell volgués, perquè s’adonés que són preciosos. Les mans de Semmelweis també ho devien ser quan s’hi va clavar el bisturí.
    "...Finalment, Joseph Lister va implementar les tècniques asèptiques als hospitals..."
    La Clara s’alça de cop:
    ―I Semmelweis? Va ser ell el primer, i no Lister!
    Tots la miren com el ramat de xais alertats pel gruny del llop. El Gerard no entén que s’hagi posat vermella: si fos com ella, no s’avergonyiria ni de les mans.
    Se sent rebombori a la classe contigua: hora de plegar. Tothom s’aixeca; la Clara no. Si Semmelweis va tallar-se amb el bisturí fet servir en una autòpsia per demostrar que la seva teoria era certa, ella encararà el que calgui. El Gerard surt de la classe. La Clara tanca el portàtil amb un cop sec. Recull la motxilla. Corre rere el Gerard per l’ample passadís. Li toca l’espatlla. Té la boca eixuta. Ell es gira; fa una passa enrere com si l’empenyés la tramuntana.
    ―Gerard, t’he de dir una cosa.
    Ell s’empassa saliva, assenteix.
    ―M’agrades molt; vols dinar amb mi?
    Al Gerard li tremolen els dits dins les butxaques.
    ―És que tinc pràctiques...
    ―I demà?
    ―Demà? ―hauria de marxar d’hora perquè...― No puc, Clara.
    ―Per què? ―confosa.
    El Gerard no pot evitar-ho, ella li arrenca les paraules:
    ―Em fas por.
    ―Què? ―incrèdula.
    ―Ets molt valenta ―i gira cua.
    La Clara no sap si estirar-li els cabells a ell o a ella mateixa. Un cop a casa, rebot la motxilla contra el llit i, ennuegant-se amb les llàgrimes, jura que l’endemà no li permetrà que deixi la conversa a mitges. Semmelweis també va ser valent; i va morir de la infecció provocada pel bisturí.
    El Gerard no torna a classe ni l’endemà ni el mes següent. Al Facebook, la Clara el veu al costat d’un quadre fet de cabells esbullats; porta una samarreta de La Massana. De fet, l’escola d’art és a prop de casa seva. La cremor li escala el pit; Semmelweis va suar molt. En això consisteix, ser investigadora de raça? Surt decidida de casa i conclou, sense dubtes, que ja ho és.

    La màquina del temps

    La màquina del temps

    Al poble tots pensaven que en Peter estava tocat per la tramuntana, i no només pel seu aspecte estrany, amb aquelles extremitats tan llargues i un nas ridículament petit en proporció al cap, ni perquè sempre anava vestit d’una manera peculiar, sinó per les seves ja ben conegudes excentricitats. Havia estat així d’ençà que va arribar a aquell poblet dels Pirineus ara farà uns 10 anys. Segons ell, venia del futur i amb la seva màquina del temps havia recorregut desenes d’èpoques glorioses de la història de la humanitat. La darrera visita, però, fou desafortunada, car aquell maleit H. G. Wells li va voler robar la seva màquina i va haver de fugir del segle XIX sense les precaucions necessàries que es requereixen per un viatge de tal envergadura. El resultat fou que va quedar atrapat al segle XXI en la Catalunya rural i sense el combustible necessari per a fer funcionar la seva estimada màquina del temps, la qual deia que ara tenia ben amagada.

    Els joves del poble el punxaven preguntant-li sobre paradoxes temporals, a les que ell responia amb un català rudimentari barrejat amb anglès:
    – "The temps" és continu i tot està ja escrit, dat and beneït. Els fets no es poden alterar ni anant endavant ni endarrere. De fet, la gent del vostre segle no comprèn "the concept" temps i parteixen de la "wrong" idea del Big Bang com a "origin" de totes les coses. El temps va enrere des del final de tot, com un cabdell de llana que es va desfent, OK?.

    Els més inquiets li preguntaven llavors sobre cóm era el futur, si estaríem en un planeta sense recursos i amb superpoblació com sortia a les pel·lícules. Ell responia:
    – Nois, the futur està OK. La pròpia industrialitzation descontrolada i la pollution se’n van encarregar de reduir la "fertility" humana i es va acabar amb la "superpopulation". "No problem". Això darrer val a dir que no feia molta gràcia a molts dels joves, encara que d’altres en veien els avantatges i una rialla maquiavèl·lica es dibuixava en els seus llavis.

    Finalment, si volien treure de polleguera al pobre Peter, li preguntaven per què no tornava al segle XXVI, d’on deia que era originari. – No tinc timeidium, element necessari per desplaçament intertemporal! responia sulfurat. –Timeidium va caure en meteorit! Però encara no, o després, qui sap! Aquí normalment és on les converses s’interrompien per desídia d’uns o per la sobreexcitació del Peter.

    Un matí com a qualsevol altre en Peter va adreçar-se cap al quiosc per comprar la premsa matutina que tan li agradava llegir mentre esmorzava el seu cafè amb llet i 3 magdalenes. Aquell dia, però, el cafè es quedar a mitat en la tassa i les magdalenes ni tan sols es van moure del plat. En girar la pàgina 4 del diari la cara d’en Peter es va il·luminar i tot seguit va alçar-se i va marxar corrents cap a casa seva. Aquella fou la darrera vegada que es va veure al Peter al poble. Tothom es va estranyar, però tampoc se li va donar més importància; tots sabien que era un home peculiar i ja havia desaparegut abans. A la setmana, però, una notícia curiosa va aparèixer en la portada del diari: “Roben un meteorit d’una exposició sobre l’espai al Museu de Geologia de Barcelona”.

    La vida que el mar amaga

    La vida que el mar amaga

    Aquell dia en Joan notava una certa coïssor als ulls, tot i així estava disposat a anar a la platja de la Barceloneta i capbussar-se. Es va treure la roba i en un tres i no res ja era dins del mar. Es va posar les ulleres, va adequar-se el tub i amb el cap dins l’aigua no es podia creure el que veien els seus ulls. Un estol de meduses gegants rosades amb llargs tentacles es dirigien cap a ell gronxades per les onades. De sobte van aparèixer una família d’animals semblants a gambes, grans com “llamàntols” i moltes d’elles eren engolides per les meduses. En Joan va quedar estorat quan va veure que les gambes també perseguien i capturaven, amb les seves mandíbules poderoses, éssers de formes variades. Alguns flotaven estàtics, mentre que d’altres eren arrodonits o cònics amb aspecte monstruós, plens de pels i que nadaven a gran velocitat, a la vegada que engolien altres bestioles. Tenia molta por i es va amagar darrera una roca, es va treure les ulleres, es va fregar els ulls i es repetia i preguntava però qui son? que hi fan aquí? és un somni? Tret de les meduses, mai els havia vist abans, ni tampoc aquell espectacle dantesc de cossos destrossats per la voracitat d’uns i altres. A l’ obrir els ulls tot i veient borrós aquells éssers estranys no desapareixien, mentre es continuaven menjant els uns als altres. Es va tornar a posar les ulleres i quan era a punt de marxar, va aparèixer un grup d’ organismes rodons com boles i altres en forma de salsitxa que estaven aprofitant les restes de menjar que deixaven anar uns i altres. Va entrar en pànic en veure que aquestes boles i salsitxes, on n’hi havia una, ara ja n’hi havia dues, després quatre, vuit..., i en una estona es va veure envoltat de milers d’elles. En Joan estava a punt de cridar, i sortir corrents de l’aigua quan de sobte uns altres bitxos, d’aspecte ferotge allargats o arrodonits nedaven a gran velocitat impultsant-se amb un flagell o dos cap on eren les boles i les salsitxes. Eren capaços d’emetre uns falsos peus que envoltaven a les seves preses engolint-les, i així fer el gran àpat del dia. Al mateix temps, no sap d’on van aparèixer milions de naus espacials, amb uns caps icosaèdrics i sis potes, que van aterrar sobre les pobres salsitxes i boles. Mare meva, això si que ja era d’un altre galàxia!!! Al cap d’una estona, s’havien multiplicat a dins d’ elles, les rebentaven i centenars de noves naus espacials sortien a l’exterior per anar a posar-se sobre altres boles i salsitxes. Mentrestant les supervivents, menjaven les substancies alliberades de les seves companyes rebentades i anaven multiplicant-se de nou (dos, quatre, vuit, setze...). En Joan, que va començar la seva aventura en un dia assolellat, veié com el fons es tornava moooolt fosc. No podia ser que hagués estat tanta estona allà badant per a que ja es fes de nit. En aquell moment se’n recordà de la pel·lícula “independence day” on un ovni gegantí enfosquia el cel. Gràcies a uns reflexos extraordinaris va esquivar una mena de rems que li fregaren el cap. No recuperat de l’ensurt, davant seu tenia una boca enorme que li somreia enclastada en un cap de rèptil. Era ben evident que en Joan no era la seva presa final, entre ell i la medusa gegant, ja us imagineu a qui va triar. Apa!! va xiuxiuejar, si es una tortuga, la mes gran que he vist mai. Respirant profundament i una mica mes tranquil va percebre a la llunyania, que un animal de dimensions enormes com una balena s’apropava, un altre cop, quins nervis. Quan va passar pel seu costat, es va adonar que es tractava d’un d’aquells peixos que tantes vegades havia vist al mercat amb la mare, un esparrall, però de mida XXL. Aquest també menjava altres peixos mes petits, els quals s’alimentaven d’ aquells individus que semblaven llamàntols. Començava a entendre que els seus ulls magnificaven qualsevol organisme que hi havia dins del mar tant si era visible com microscòpic. Els seus ulls eren MICROSCOPIS! Gràcies a això havia descobert l’existència i funció del plàncton marí microscòpic, zooplàncton (“llamàntols”), microalgues (individus flotants), ciliats (monstres peluts), bacteris (boles i salsitxes), flagel·lats (rodons i allargats amb flagells) i virus (naus espacials). Sense ells no hi hauria ni peixos ni tortugues, ni tants organismes que habiten l’oceà imprescindibles per la vida del Planeta. A l’arribar a casa ho va explicar a la mare, ella se l’escoltà amb atenció i el mirà amb un xic d’ enveja. En Joan fou testimoni del que és essencial per la vida, és invisible als ulls.

    Les plantes, l’Atra i ell

    Les plantes, l’Atra i ell

    Assegut a la cadira, cama dreta sobre l’esquerra, mà esquerra flàccida i la dreta resseguint la cara. Davant, els testos de plantes diferents. La mirada es perd entre gotes condensades de l’hivernacle fins que la concentra en un romer. Fulles allargades, gruixudes i tenses amb màcules blanques, sapròfit que aprofita la deixadesa d’ell de no ventilar cada dia, obrir la finestra al matí, tancar a la tarda. Del fong del romer als llevamans, a quin d’ells, ara que tenen quasi totes les fulles velles, senescents. Semblen una planta grisenca que esperança vida per la verdor del brots i esperen la imminent primavera.

    S’aixeca sense deixar de mirar-les i s’ajup a tocar les fulles de la botja blanca i després la terra. Tocarà regar en breus i amb el pensament funcionant aparta la cadira i surt de l’hivernacle. Són les deu del matí d’un diumenge de febrer.

    -Atra, anem- li esbomba a l’atenta gosseta que jeu a fora.

    Caminen a pas lleuger. El pensament segueix i sembla que les plantes estan adaptades a l’estrès hídric. Son plantes que no necessiten que les reguis molt, però tampoc que no les reguis. Qui coneix com regar una planta silvestre natural de llocs semiàrids sap que és un absurd, perquè cultivar el no cultivat és com dir tot i no dir res. Estirada de la gossa per ensumar un rastre i sacsejada cap a ell que el porta a recordar que és diumenge i no toca pensar en l’experiment.

    Una altra estirada, ara d’ell, però més suau i acompanyada d’una onomatopeia, també suau, i enfilen el passeig. Sembla que les plantes de l’experiment acumulen cations, deu ser l’exigència del sòl. El passeig i el parc estan plens de no habituals que aprofiten el Sol, la treva en una setmana freda i plujosa. El dimarts nevava i deixà un bon gruix, centimètric. Dimecres plogué i s’emporta la blancor per deixar la grisor diària. Arriben a casa entre estirades, esquivades i estrebades del dos, ella s’asseu al sofà i ell a la cadira.

    Assegut amb la cama esquerra per sobre la dreta, per no viciar-les i no caure en la monotonia, es posar a buscar articles a l’ordinador, sobre cations i estrès hídric. Un article de 253 cites, bé, revista amb nom pompós, bé, de l’any 1998, potser massa antic, i d’autors amb cognoms anglesos, va bé. En el resum exposa que l’acumulació de cations diversos van lligats, mentre l’Atra porta el tronc per jugar. Ell segueix llegint. La gossa es posa de dues potes i l’aborda amb les altres dues. Cedeix i li llança el tronc, tanca la pestanya del lector i obre el programa per fer anàlisis estadístics.

    La dificultat de comprendre les plantes sembla més lleu que entendre la política i les relacions socials humanes, però la distància biològica és tan gran que l’aproximació per empatia és un abisme inabordable. L’etern programa estadístic, i el seu joc de prova i error, vencen la gana per moments fins que la paciència es veu superada per la quantitat d’avisos d’errors. Un dosi de sucres sempre facilita comprendre la estadística, i a més, si són unes tallarines d’espinacs i salsa precuinada de gírgoles, avantsala de la pel•lícula.

    Un paisatge de caducifolis el porten a Europa, la vegetació sense estrès hídric comença a l’altra banda dels Pirineus, i la pel•lícula s’acaba. L’Atra i ell s’aixequen del sofà. La jaqueta ficada, la corretja posada i baixant per l’ascensor retornen els cations i l’estrès hídric. No busca solucionar l’experiment sinó solucionar la següent setmana, que comença demà. Al fons del passeig una posta ensangantonada i quatre cúmuls tacats.

    -Seu - ella reprodueix el gest habitual i s’espera a fora de l’hivernacle.

    Les gotes condensades ja no hi són. Els llevamans grisos amb esperances verdes i el romer maculat pel fong sí segueixen allà, com la cadira que connecta les idees amb l’observació, o de l’observació amb les idees.

    LUCA

    LUCA

    Luca es remullà en les càlides aigües i immediatament sentí com la seua pell s’anava dissolent com un terrós de sucre en una infusió d’aigua bullent. Amb la carn al descobert, sense l’embolcall que la protegia, el seu cos començà a desballestar-se peça a peça. Els paquets musculars, els budells, els ossos, el cervell. El seu ésser s’esmicolava en petites porcions que s’esvaïen dins del caldo en moviment. La seua progressiva desintegració no li suposava cap turment. Sense gens d’esforç ni patiment, com si un llençol esfilagarsat anés desfent-se per les vores a gran velocitat, deixà de ser ell mateix. Ni una cèl·lula no sobrevisqué al procés. Era en suspensió dins d’un fluid, submergit en un brou calent, completament desproveït de la seua identitat humana. Amunt seu descobria un cel amenaçant. L’atmosfera es presentava com una barreja poc abellidora de gasos de vapor d’aigua, hidrogen, amoníac i metà. Res no el protegia de les temibles radiacions ultraviolades del sol.
    Remogut pel ball de les corrents internes que el duien en dansa, observà les aigües en què nedava, riques en partícules. N’era una més. Una de minúscula. Tan sols un simple àtom de carboni.
    El nou Luca monoatòmic no tenia temps per lamentar-se de la seua dissort. Sense gairebé adonar-se’n, al seu voltant s’inicià tot un ball aleatori de partícules elementals. No es deixà acovardir per l’agitació de les aigües. Amb la seua nova identitat carbònica disposava de quatre braços amb els que enllaçar-se amb altres elements. S’hi arrapà, doncs, als àtoms que anà trobant. Amb alguns era incapaç d’establir cap relació duradora i els anava perdent pel camí. Es succeïen tota una sèrie de cicles d’unions i separacions atzaroses. Algunes de les connexions eren més estables i d’altres no. Guanyava àtoms, però així mateix els anava perdent. Després d’un nombre indeterminat de cicles i gràcies a l’energia del Sol en contínua emanació, lluïa un cos de carboni en íntima conjunció amb hidrògens i nitrògens. El procés, amb tot de giragonses i moviments erràtics, donava un resultat esperançador: fruit de la combinació aleatòria dels ingredients presents al caldo primitiu, Luca esdevenia una molècula orgànica senzilla.
    Es movia lliurement per la solució aquosa i sense oposar gaire resistència era sotmès a tot un seguit de processos desordenats que el transformaven en alguna cosa ben diferent a cada pas. El seu cos s’anava allargant i escurçant de manera erràtica. Se li unien altres cadenes curtes com ell, i de tant en tant se li’n trencaven pedaços. Ara perdia electrons per ací, ara en guanyava. Dins d’aquell medi fluid el seu cos estava fent-se cada volta més complex.
    Immers dins dels processos cíclics experimentà un fet curiós: el seu cos senzill podia fer-se còpies d'ell mateix. S’hi generaven diferents versions, amb lleugeres modificacions sobre el model inicial. En poc de temps el medi n'era ben ple.
    Ara bé, el seu entorn era molt inestable. Si provés d’agregar-se a altres partícules, combinar-se amb altres molècules per formar-hi un complex, se sentiria més segur. En aquest brou fonamental algunes partícules formaven conglomerats, petites esferes en suspensió que encapsulaven líquid al seu interior. Minúsculs globus transparents farcits de fluid. I dins d’aquestes construccions el medi intern es mantenia estable i en equilibri amb l’exterior. Si aconseguia embolcallar-se amb una capa protectora potser tindria més possibilitats de sobreviure.
    Quan s’agencià una membrana, tot i que l'ambient fora advers, pogué sobreviure consumint l’energia química alliberada en les reaccions moleculars que es produïen dins del seu menut cos transparent i esfèric com una gota d'oli.
    Passava el temps de manera fugaç i el que per a Luca succeïa en uns pocs segons, en la història de la vida en representaren bilions. La gota d'oli era plena de molècules capaces de treballar i consumir energia per lluitar contra la seua pròpia desaparició. I tot açò sense oblidar qui era i d’on venia. Havia desenvolupat un mecanisme eficient per no perdre la identitat ni la memòria.
    Havia esdevingut LUCA, l'últim avantpassat comú a tots els éssers vius del planeta. Amb molta sort, si s’hi donaven totes les circumstàncies adients - en uns milers de milions d’anys– potser Luca, reconstruint pas a pas la història evolutiva, recuperaria la seua identitat humana.

    Sant Josep l’informàtic

    Sant Josep l’informàtic

    Era dimarts 25 de juliol de 2023 i acabaven d’acomiadar de la feina al Josep, després de 7 anys treballant en el mateix magatzem transportant caixes amunt i avall. Li van dir que volien automatitzar el seu treball com ja s’havia fet en gairebé totes les empreses del sector i ell, que sabia que era veritat, es va sentir desprotegit per primera vegada en molt de temps.
    En Josep quan va acabar l’ESO va decidir viure la vida amb els seus amics en comptes de seguir estudiant i quan els seus pares es van cansar de pagar-li totes les seves aventures, va decidir apuntar-se a un curset per aprendre a conduir un toro mecànic i poder treballar conduint-lo en qualsevol magatzem. I en ser acomiadat, set anys després va adonar-se’n que no sabia què fer amb la seva vida, se sentia incapaç de fer qualsevol altra feina i tenia clar que l’únic que sabia fer ja no era útil.
    Tota aquesta situació va despertar un profund odi cap a les màquines, així que va agafar el seu ordinador i va començar a buscar informació sobre que era allò que havia acabat amb la seva vida laboral, per poder conèixer millor la font del seu malestar. Al cap de quinze minuts va adonar-se’n que en totes les pagines web parlava de programació, com si qualsevol persona amb un ordinador pogués donar-li ordres a una màquina i de cop tot l’odi que sentia va transformar-se en motivació per aprendre a programar. Va pensar que si en sabia podria trobar un nou treball on seria feliç conduint toros mecànics des d’un ordinador.
    Va començar aprenent apuntant-se a cursos gratis online que al principi li semblaven molt complicats. Llegia la nomenclatura típica dels informàtics i no n’entenia res, i cada vegada que veia una nova paraula o expressió havia de buscar què era. Però no li feia cap mandra i poc a poc va començar a sentir passió pel que aprenia.
    Al cap de dos mesos en què només havia fet que aprendre’n, ja sabia utilitzar força llenguatges de programació a la perfecció com el Python, el java, el C o el C++, i quan més aprenia més creixia en el seu cap una idea: fer alguna cosa que pogués ajudar a tothom, però no sabia què podia ser exactament. Una nit va posar el telenotícies mentre sopava i va quedar sorprès en escoltar que un camió havia envaït el carril contrari de l’autovia A-2 i havia fet que gairebé un centenar de cotxes xoquessin deixant molts ferits greus.
    De cop ho va veure clar, si la gent que tenia alguna mena de ferida tingués algú amb coneixements de primers auxilis al costat, el nombre de morts es reduiria moltíssim. Aquesta idea es va convertir en la seva nova obsessió, va pensar que el millor seria fer una aplicació pel mòbil ja que la gent sempre el porta a sobre, i quan va acabar de sopar, va posar-se a investigar sobre com podia fer-la.
    Després d’uns dies recopilant informació sobre programació d’aplicacions i primers auxilis, va començar a fer-la. No li va costar gaire, ja que la va fer amb llenguatge Java, que ja el coneixia, i en només deu dies ja tenia preparada una primera versió que va penjar al núvol. Això va fer que se sentís realitzat per una banda, però per l’altra va adonar-se’n que havia de buscar feina, ja que no sabia si algú se la descarregaria.
    Un anys després de tot això, el Josep havia tornat a la mateixa empresa, i ràpidament havia ascendit a director del sector de programació, ja que era el que tenia més coneixements del tema, tot i que aquesta feina no el feia massa feliç. Ja no hi pensava en l’aplicació, fins que una nit va obrir el correu electrònic i va trobar-se un correu on senyor de Veneçuela li donava les gràcies per haver fet aquella aplicació que havia salvat la vida de la seva filla després de tenir un accident de trànsit. El Josep no s’ho podia creure; va seguir mirant correus i va veure que Facebook volia comprar-li la idea per la suma de diners més gran que mai havia vist.
    Va acceptar la oferta i això va permetre que pogués deixar la feina per dedicar-se a fer diferents programes que ajudessin a la gent de tot el món, el que va fer que es comencés a fer-se viral per internet, on la gent l’anomenava: Sant Josep.

    Troballes fora de guió

    Troballes fora de guió

    Feia ja un mes que la sonda havia recollit les mostres d'aquell suposat mineral. Des de llavors les havia sotmès a centenars de proves per investigar les seves propietats.

    El material s'havia extret d'unes formacions que a ulls humans semblaven artificials, i aquesta haguès estat la hipòtesi principal si no fos per que tot el planetoide tenia fascinats als estudiosos. No havien trobat cap biomarcador que puguès encoratjar la il.lusió de trobar vida extraterrestre.

    Però estaven les roques, i les seves formes.

    No tenien sentit. No aconseguien explicar-se una raó geològica per aquella varietat de configuracions i estructures observables. No semblaven ser la conseqüència de la influència de les forces de la natura sobre el seu context. Simplement semblaven... tallades. Amb formes que per un èsser humà podien resultar aterridorament conegudes; provocaven aquesta inquietud pel fet de trobar en un astre massa llunyà de la Terra el que aparentaven figures humanes esculpides en pedra.

    També a un nivell més macro resultava esfereïdor contemplar les formes capritxoses del perfil de les serralades. En mirar a la llunyania, apareixien en aclucar els ulls una mena de suggestius cossos ajaguts, coberts de gel en els cims. Observant les imatges preses per la sonda, els científics se sentien com si experimentèssin un fenòmen de pareidòlia col.lectiva.

    Que l'atzar fos el responsable de tot aquell espectacle paissatgístic era difícil de creure. Peró tot i així, el problema de l'absoluta manca de signes de manipulació voluntària de la matèria feia més grans els interrogants.

    Finalment, arribà la conclusió de l'anàlisi de la sonda. En llegir l'informe a pantalla, els investigadors van restar bocabadats.

    "Substància: unobtainium".

    - Unobtainium? - preguntà un becari.
    - Segons les forces àeries dels Estats Units, seria el terme per qualsevol substància que té les propietats d'una peça de maquinària o un altre objecte d'ús, però que no es pot obtenir perquè no pot existir teòricament - li van respondre.
    - Aleshores, em trobat un marcador tecnològic de vida?
    - En realitat no em trobat una resposta... sino encara més preguntes.
    - Aixó sempre és una bona notícia per la ciència - va concloure un altre.
    JOVE

    Dues vides creatives

    Dues vides creatives

    I com de costum feia cada nit, abans d’anar-me’n a dormir, em vaig llegir aquell article que l’endemà hauria d’il·lustrar.

    I després de tres anys d’experiments, finalment, arribava l’hora de posar en paper els resultats trobats. Vaig arribar a casa i la Marta ja dormia; segurament es llevaria d’hora, com ella fa, per continuar amb la feina que no havia fet durant la nit.

    Em vaig llevar cap a les sis, sabent que tindria tan sols un parell d’hores per treballar abans de portar les nenes a l’escola. De fet, el subconscient havia tingut bastant feina aquella nit, perquè jo semblava una font d’idees i, amb un llapis a la mà i un full a l’altra, vaig il·lustrar, a la meva manera, aquell article que de política parlava. No obstant això, en Marc encara dormia, segurament hauria arribat tard la nit anterior.

    El despertador sonà a les vuit. La Marta la vaig trobar al despatx fent feina. La vaig saludar, però estava massa ocupada per tornar-me’l. Vaig anar a despertar a les dues nenes, que els tocava anar a escola; pel que sembla em tocaria portar-les a mi. Les vaig deixar a l’escola i em vaig dirigir cap a l’Hospital del Clínic, que era on treballava.

    Vaig acabar la feina abans del que pensava. En segon lloc, vaig contactar amb la persona que em va fer la proposta i vam quedar per donar-li els resultats aquella tarda. Li van agradar tant que em va donar més feina encara. Vaig anar a buscar les nenes a l’escola, tornaven esverades com sempre, cosa que em preocupava perquè tenia feina per l’endemà i l’havia de fer avui perquè l’endemà ja tenia plans.

    Com ja he dit, ja teníem els resultats dels experiments, ara, però, no hi havia prou en anar als congressos i explicar-ho, sinó que, d’alguna manera, se li havia de donar alguna prova a la societat, que han estat ells qui han posat els diners. Per tant, era hora de redactar un article per posar en paper els resultats trobats.

    Vaig deixar-les jugant a la sala del costat del meu despatx, i, em vaig posar a llegir el nou article. Aquest cop el meu subconscient no tindria temps per treballar-hi, segurament el resultat no seria tan magnífic. Em vaig posar a fer feina i no van passar deu minuts que les nenes ja estaven cridant; al meu costat. Un desastre total, no em podia concentrar.

    L’article constaria d’una introducció, dels materials i mètodes on explicaríem com hem fet els experiments, els resultats que hem obtingut i acabaríem explicant les conclusions. Suposo que ocuparia unes cinc pàgines. Aquests, però, són articles molt diferents als que li donen a la meva dona, encara que, tot i tractar de ciències, i la gent no sol relacionar la ciència amb la creativitat, tota la feina que té darrera també té una base creativa, és per això que trobo que la feina de la meva dona i la meva són més semblants del que la gent es creu.

    I com ja creia, les nenes no van estar-se ni quietes ni callades en tota la tarda; a més a més va arribar l’hora de fer el sopar i la creativitat no havia vingut encara al meu cap. El Marc va arribar d’hora aquell dia, va ser ell qui va fer el sopar i va dutxar a les nenes; això em va donar una mica de temps sola, però res, ja no em funcionava la vella tècnica de fer-ho per la tarda. M’havia acostumat a deixar treballar el meu cervell durant la nit i ara res més em servia.

    I així és la vida d’un científic i d’un artista, les dues semblen camps oposats però realment no són tan diferents com la gent creu; ambdues necessiten creativitat, sí.

    Estàvem preparats

    Estàvem preparats

    No era el primer hivern que succeïa i ho teníem tot sota control. Les cèl·lules dendrítiques, que anomenaré DCs, van actuar amb eficàcia i ens van informar en poques hores de la invasió del virus, que anomenaré Gripus. Pel que sembla, en Marc s’havia apropat massa aquests dies a la seva xicota i li havia passat algun microbi. Després d’un petó llarg on les seves llengües realitzaren una dansa circular, humida i rítmica, ja teníem a l’ésser microscòpic dins la boca d’en Marc. Al cap d’unes hores, si no haguessin estat tan encertades les DCs, n’hauríem tingut rondant per tot l’aparell respiratori a uns quants milions més. La situació, aleshores, s’hauria complicat.
    Aquell dia, pels teixits limfoides associats a mucoses (MALT), les DCs estaven fent la patrulla diària de la laringe quan, de sobte, es van topar amb un Gripus. Esquivant a les altres cèl·lules que es trobava pel camí, semblava un corredor tret d’unes olimpíades d’atletisme. Per un moment, va pensar que s’havia escapat, però es va equivocar. Mentre mirava cap amunt escalant per la faringe, sota la campaneta, unes siluetes d’unes DCs s’albiraven per davant la llum que entrava per la boca d’en Marc. Un cop van atrapar a aquell Gripus, es van desfer d’ell. Tanmateix, se’n van quedar una proteïna per ensenyar-la als seus superiors, amb els quals es reunirien a les amígdales, al sostre de la faringe.
    En Marc era un xicot afortunat. Li anaven bé els estudis i dedicava el seu temps lliure a llegir còmics de superherois. Sempre s’havia sentit més atret per les lletres, però la biologia li encantava. Tot i no fer massa esport, sempre havia tingut una salut de ferro. En aquelles èpoques en què tothom emmalaltia, sempre es preguntava per què ell no es posava mai malalt. Li hauria encantat estar dins seu i veure què passava a l’interior del seu cos...
    Els limfòcits T col·laboradors esperaven amb ànsia el paquet de les DCs. Sempre era un moment important perquè depenent del que els hi portessin decidirien el que fer i com. En el seu interior, les DCs van realitzar al lisosoma la proteòlisi de la proteïna i, en el seu complex principal d’histocompatibilitat van presentar-hi un fragment, l’antigen. En la sinapsis immunològica entre el limfòcit T i la DCs es va produir un silenci que va provocar calfreds a més d’un dels qui observava. Al cap de pocs segons, ja es va saber l’origen del que havia portat aquella DC. Es tractava, ni més ni menys, d’un virus de la grip ben desenvolupat i fort que podia causar a en Marc febre, malestar, calfreds i, en el pitjor dels casos, una faringitis que el tindria impedit per parlar durant uns dies. Tot i la curiosa destresa que havien vist que tenia aquest patogen que es trobava a l’interior d’en Marc, no era la primera vegada que coincidien amb un cas com aquest. Feia unes setmanes, en una altra part del cos, una DC els havia portat les restes del que semblava també un Gripus de les mateixes característiques, però en aquest cas molt més feble i debilitat. Pel que sembla, una agulla havia penetrat una vena del braç d’en Marc i l’havia introduït a dins. Tots els agents del sistema immunològic van estudiar aquest microorganisme i van aprendre les vies per contrarestar-lo. Finalment, tota aquesta informació va quedar emmagatzemada en els limfòcits T de memòria.
    Així doncs, els limfòcits T col·laboradors van començar a alliberar interleucina II que, a la seva vegada, es va unir als seus receptors específics d’interleucina per estimular la seva proliferació. En unes poques hores, el nombre de limfòcits T col·laboradors va augmentar en milions. A mesura que anaven dividint-se i creixent, es van diferenciar en limfòcits efectors i, gràcies a la informació que havien retingut, van començar a alliberar citocines específiques per estimular la proliferació de limfòcits B. Tot seguit, els limfòcits B van generar anticossos que s’adherien a les proteïnes que aquest tipus de virus presentava a la membrana. En un tancar i obrir d’ulls, els milers de virus que es trobaven amagats pel cos d’en Marc es trobaven amb un anticòs enganxat que ràpidament acabà amb tots ells. Per altra banda, totes aquelles cèl·lules infectades van ser destruïdes per limfòcits T citotòxics. Com treta d’un llibre d’història, l’estratègia de combat que vam fer servir va fulminar en un tres i no res a l’enemic. El que podria haver acabat en desastre total va acabar sent una petita confrontació sense possibilitat de contraatac per part dels Gripus. Gràcies a mi i als meus companys, que vam considerar aquella informació de la injecció important i la vam guardar, en Marc avui és a l’institut fent classe, escoltant i rient amb els seus companys; en definitiva, fent una vida normal. Tot això perquè estàvem preparats.

    Una aplicació amb un punt de sort

    Una aplicació amb un punt de sort

    Un cop assegut al despatx de l'oficina, vaig començar a treure tots els documents que havia de repassar abans d'entregar-los per al nou projecte. Estava assajant la meva presentació abans d'exposar-la davant dels compradors interessats en el nou producte. En aquell moment vaig recordar que no havia tancat les persianes de casa meva amb les presses del matí per no arribar tard a la feina. Vaig agafar el mòbil i, des de la meva aplicació, vaig poder baixar les persianes. Vaig adonar-me, tal i com mostrava l'aplicació, que havia oblidat també els llums i vaig apagar-los tots. Un cop enllestit, vaig tornar a la feina.

    Uns minuts més tard, un company de feina va entrar al despatx i em va dir que els compradors acabaven d'arribar i que, en pocs minuts, entrarien a la sala de presentacions. Allò em va agafar una mica per sorpresa, ja que volia haver assajat abans la meva presentació perquè sortís tot sobre rodes, però no em va amoïnar gaire ja que ho tenia tot ben clar. Em vaig ajustar la corbata, vaig agafar la meva carpeta i vaig dirigir-me cap a la sala de presentacions. Vaig fer una sèrie de respiracions profundes i em vaig disposar a entrar-hi. De sobte, una alarma va sonar al meu telèfon. Era l'alarma de casa meva, algú havia trencat una finestra! Sense pensar-m'ho dos cops, vaig donar la carpeta amb tots els documents al meu company i li vaig demanar que entretingués als compradors i fes temps com pogués. Vaig pujar al cotxe i vaig córrer tant de pressa com vaig poder.

    No vaig fer cas a cap senyal de velocitat i, desafortunat de mi, després de passar una cruïlla, un cotxe de policia estava just allà parat en un semàfor. Vaig seguir conduint, reduint considerablement la velocitat i demanant que no m'haguessin vist. Però la sort no estava del meu costat aquell dia. Van encendre la sirena i es van col·locar darrere meu. Vaig parar a la vorera del carrer i vaig esperar a l'agent. Vaig baixar la finestra del cotxe i em va dir: “Sap a quina velocitat anava? Acaba de passar per un pas de vianants a una velocitat que duplica la permesa. Tregui els documents i permisos del vehicle.” Vaig treure-ho tot de seguida i vaig explicar a l'agent: “Senyora agent, acaben d'entrar a casa meva i no puc perdre ni un minut, tinc documents de feina molt importants!” L'agent em va fer calmar, i em va dir que em dirigís a casa meva, que parlaríem més tard de la infracció.

    De camí a casa vaig pensar que la meva aplicació no funcionava bé ja que havia tancat des del meu mòbil totes les persianes. La sorpresa va ser quan en arribar, totes les persianes estaven baixades, i no hi havia cap manera d'entrar a casa des de fora. Va ser aleshores quan vam anar a veure la finestra trencada. Algú l'havia trencat des de dins de la casa. Vaig explicar l'existència de la meva aplicació a la policia i vam deduir la única cosa que podia haver passat. La persona que havia trencat la finestra havia entrat a casa abans de que hagués tancat les persianes i s'havia quedat tancada a dins. L'agent va començar a inspeccionar la zona on es trobava la finestra trencada mentre jo vaig mirar per tota la casa. No hi faltava res ni hi havia cap rastre. Vaig suposar que el lladre, en veure que s'havia quedat tancat, s'hauria posat nerviós i hauria fugit tant aviat com va poder. L'agent va trobar unes empremtes dactilars a la finestra trencada. La policia va marxar amb tot el que necessitava i em va perdonar la infracció de velocitat. Vaig agafar el cotxe i vaig tornar a la feina.

    Els compradors estaven marxant per la porta quan jo entrava i, tot explicant la meva història, vaig aconseguir fer-los quedar. Vaig començar a exposar el meu projecte, afegint un argument sobre seguretat i bon funcionament, amb el que m'acabava de passar aquell mateix matí. Els compradors van quedar meravellats amb la meva aplicació i van aprovar el projecte. Després d'un dia amb tanta mala sort, ja era hora que alguna cosa em sortís bé.

    Una lenta mort

    Una lenta mort

    Molt bones, sí, ara sóc mort i és degut al millor dia de la meva vida. Tot va començar fa dos dies. Sortia de la feina quan:
    - Guarda-les i no les ensenyis, sobretot!
    Què li passava a aquella dona? No feia bon aspecte però no tenia perquè preocupar-me, total, no la coneixia. I així vaig fer. Havia quedat amb el meu millor amic per anar a sopar. En arribar allà vam sopar i vam acabar al bar del costat fent unes cerveses. Vaig tornar a casa i només obrir la porta vaig caure sobre el sofà i la son em va posseir.
    Em vaig despertar amb un mal de cap increïble, em quedaven menys de 2 hores per poder dutxar-me, dinar, vestir-me i apaivagar aquest terrible mal de cap per culpa de les cerveses. Però quan vaig començar a despullar-me les vaig veure; allà estava el que m'anava a canviar la vida, les pastilles, encara que no va ser aquell el moment.
    Després de dutxar-me, vestir-me i menjar, em faltava remeiar el meu mal de cap i en aquell moment vaig pensar en les pastilles. Vaig agafar una de la bossa i directament me la vaig empassar. Dos minuts després ja m'havia fet efecte, quant devia durar l'efecte? vaig pensar, però no podia saber-ho. Només sabia que m'havia ajudat amb el mal de cap i em sentia més lliure, més gran, més intel•ligent.
    Vaig arribar a la feina i... ja deia jo que el dia m'estava anant massa bé... Era el pesat del meu cap de feina, però avui va ser diferent, en un tres i no res me'l vaig treure de sobre, devia ser per la pastilla?
    El dia se'm va passar molt ràpid, o potser és que jo havia fet la feina massa ràpida? Vaig estar-me tres de les vuit hores no fent res, o més ben dit, vomitant. Això sí que devia ser de la pastilla, devien ser els efectes secundaris. La pastilla durava vuit hores i m'havia tret el malestar anterior, perquè no prendre'n altre? I així va ser, segona pastilla cap endins.
    Vaig tornar a casa meva i l'únic que volia fer era saber més, i això vaig fer. M'interessava molt el fet dels efectes secundaris, ja que era el que més m'influïa en el meu dia a dia. Finalment sense acabar de buscar em vaig adormir.
    Al dia següent, en despertar, estava molt malament: mal de cap, vòmits i una sensació com si el cervell em cremés. Potser havia de parar ja però la sensació de satisfacció que m'envaïa i tota la informació que podia obtenir amb les pastilles en tan poc temps era increïble. Per això me'n vaig prendre una altra i després de gaudir del dia lliure vaig arribar a casa per seguir estudiant el que em passava.
    A veure, on em vaig quedar... S'assembla al Piracetam i aquestes pastilles es consideren una droga, això ja ho pensava, però aquí fica que aquest tipus de droga està prohibida des de fa ja 20 anys. I de sobte se'm passa l'efecte. Començo a vomitar, em surt sang pel nas, mal de cap o mñes ben dit, em crema i em desmaio. Segueixo inconscient al terra fins que algú m'agafa en braços i em porta al llit, no podia contestar ni veure però ho entenia i sentia tot.
    Vuit hores més tard ja estava millor, necessitava dormir però just en aquell moment va començar tot, algú va obrir la porta de cop i va venir a per mi. Em van tapar el cap amb una bossa de roba negra i després d'uns vint minuts ja era en una sala fosca, lliga a la cadira i pendent d'algú que m'expliqués el que passava. De sobte una persona em porta dos gots i em diu:
    - Ja sabem que estàs fent; ara escull una pastilla, l'altra me la pendré jo.
    En un hi havia una pastilla com les que m'havia donat la dona al carrer i en l'altre també, però alguna cosa havia d'haver-hi diferent. Vaig fer-ho a l'atzar. Vaig agafar la de la dreta i me la vaig empassar sense pensar. Era una pastilla com totes les que m'havia pres. El noi es pren l'altra i segons després cau al terra mort.
    - Com sabíeu que jo consumia això?
    - Anàlisi- va confirmar una veu.
    - Però porto molt sense prendre'n...
    - Qualsevol medicament que hagis introduït en el teu cos encara existeix, encara que sigui en quantitats molt petites. Nosaltres podem trobar-ho.
    Sento que l'efecte de la pastilla ja s'acaba i vaig morint lentament. Realment la droga era dolenta i jo no vaig poder acabar amb el meu vici. Cada cop em costava més pensar, fins que vaig deixar de fer-ho.
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    Amor hormonal

    Amor hormonal

    Quen son? Ben, tal vez non debería comezar así pero non teño un sistema nervioso como o dos humanos, os organismos superiores. Por ser, non son nin unha célula, a base da vida, pero estou presente nun dos sucesos máis bonitos do universo, o amor. Sí, son a oxitocina, unha hormona que segregan eses corpos terrenais cando están en contacto cos seus seres queridos, así como as súas parellas ou familiares. O amor, esas bolboretas que che dan no fígado non son máis que un suceso químico, unha reacción do teu cerebro a un estímulo. Nos somos segregadas por células e expulsadas cara o torrente sanguíneo, desde o cal circulamos a través de todo o corpo actuando neses sitios máxicos, os órganos diana, producindo esa sensación de cóxegas e felicidade.

    Non temos un período de vida prolongado, vivimos nun par de minutos e logo morremos, pero o feito de saber que estamos axudando prodúcenos unha gran satisfacción. Agora ben, mentinvos, non actuamos soas, temos unhas compañeiras, as serotoninas e as vasopresinas, que contribúen a ese cóctel do amor tan fermoso. Podemos dicir que somos unha droga? Efectivamente, ao principio que nos segregamos lentamente, pero o feito de namorarse fai que cada vez actuemos máis e a maior cantidade ata o punto de sufrir esa febre tola de amor na que non podes facer nada máis que pensar nesa persoa especial e desexar estar con ela o resto da túa vida.

    Para terminar, o amor, un suceso químico, non loites contra el, non hai nada que se poidas facer para evitalo, déixate levar, namórate.

    Amor Omnia Vincit (O amor todo o vence).
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