FLOTANDO EN ÉXTASIS

Aún recuerdo aquel extraordinario día como si fuera ayer.
Todo empezó en el colegio, cuando mi profesor nos preguntó qué queríamos ser de mayores. Los niños de mi clase habían respondido cosas como arquitecto, ganadero, ama de casa, pero yo tenía un deseo un tanto diferente.
Recuerdo al profesor delante de mí preguntándome: “y tu Fatmagul, ¿Qué quieres ser ? ” Fue entonces cuando le expliqué que quería trabajar en la NASA, que quería descubrir nuevos planetas y ayudar a frenar el cambio climático. El profesor y el resto de alumnos comenzaron a reírse al unísono y yo me iba sintiendo cada vez peor. El profesor me había dicho que una niña pobre como yo nunca podría pagarse los estudios para alcanzar su sueño. Cuando acabaron las clases, intenté llegar a casa lo más rápido posible para preguntarle a mi madre si el profesor tenía razón y si yo nunca podría cumplir ese sueño de llegar a las estrellas. La respuesta fue, inesperadamente, acorde con la del profesor y me dejó mucho más hundida.
Salí y me dirigí al parque donde estaba el famoso columpio de Bali, ese en el que te montas y parece que tocas el cielo. Espere a la cola y, cuando llegó mi turno, me subí porque me encantaba recibir de golpe la corriente de aire en mi cara.
Estaba tan enfadada que no pare de impulsarme y, ajena a los gritos de los hombres cercanos a mí, seguí empujándome hasta que se rompió el columpio y yo salí volando hacia el cielo cual nave espacial.
Cerré los ojos, iba a tal velocidad que me daba mucho miedo abrirlos. De repente paré, los abrí y vi a mi alrededor una infinita manta oscura alumbrada con millones de estrellas que parecían pintadas siguiendo algún tipo de patrón. ¡Qué maravilla! Estaba en la exosfera, numerosos satélites se movían a mi alrededor y un ligero viento muy cálido movía suavemente mi pelo. Empecé a sentir mucho calor; me acordé de que tenía el termómetro en el bolsillo de atrás de mi pantalón y lo saqué.
Casi me desmayo, a 1000 °C estábamos en aquel momento, el calor empezaba a ser asfixiante y comencé a agitarme para poder caer. Estuve
descendiendo un buen rato cuando alcancé a ver auroras boreales. Eso significaba que estaba en la termosfera, pero, por muy bonitas que fuesen, el calor seguía siendo asfixiante y me agite aún más para caer más rápido. Y descendí en picado hasta que una bola de masa me frenó, estaba encima de un meteorito, debía de estar en la mesosfera, la capa de la atmósfera donde se desintegran estos cuerpos. Noté un descenso aún mayor en la temperatura, estábamos a – 99°C.
El meteorito en el cual yo reposaba se empezó a dividir hasta que se deshizo en mil pedazos y yo volví a caer en picado.
Mientras caía, vi que la temperatura se elevaba hasta los – 5°C y pude ver luces violetas.
Me asusté pues eso significaba que estaba en la estratosfera, donde se encuentra la capa de ozono que absorbe las radiaciones ultravioletas emitidas por el sol, e intenté descender a más velocidad para que no me alcanzara uno de estos rayos. Bajé hasta la altura de los aviones, la gente sentada dentro de ellos me miraba y yo les saludaba; supongo que les habría impresionado ver la imagen de una niña descendiendo desde la exosfera. Pasado este último tramo, alcancé a ver la isla de Bali: me estaba adentrando en la troposfera.
La temperatura volvió a descender a – 50°C y seguí cayendo hasta que una ráfaga de viento me zarandeó de un lado a otro y gracias a esto, mi caída no fue en picado sino en zigzag.
El ambiente ya se notaba cálido, mi termómetro marcaba los 15°C y ya respiré más tranquila.
Las corrientes de viento me llevaron hasta mi barrio. Tuve que andar muy poco para llegar a mi casa y volver a ver y a abrazar a mi madre. Nunca se lo llegué a contar aunque fueron muchas las tentaciones de hacerlo pero pensé que ella no me creería y sería el motivo de una nueva discusión.
Este viaje a través de las capas de la atmósfera me sirvió para recuperar la esperanza en mi misma, para convencerme de que debía luchar por mis sueños y para aprender un poco más sobre este tema.
A día de hoy, trabajo en la NASA y gracias a mi experiencia, he podido transmitir mis conocimientos a otros científicos para así poder estudiar el
deterioro de la capa de ozono e intentar buscarle una solución y todo gracias a ese viaje extraordinario.
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